Hola! Como parte de la cuarentena (y porque estoy muy aburrido) cambié mi plan original pre-cuarentena de dejar de escribir fics, por un nuevo plan de escribir y publicar muchos fics.

En este caso, se trata de un fic que escribí hace muchos años para otra página, "Una noche de terror en Hogwarts", uno de mis fics que más me gusta. Ya está todo escrito hace años, tiene 13 caps y voy a ir publicando uno por día.

No olviden leer mi fic actual, "CUARENTENA", el que estoy escribiendo actualmente!

Saludoss!


7 p.m.


Harry estaba terminando de cenar, junto con Ron y Hermione. La comida ya iba desapareciendo y la gente de las distintas casas se levantaba y se iba a sus respectivas salas comunes. Había algo extraño en esa noche, una tormenta incesante agitaba el castillo y los fantasmas de las casas no dejaban de aparecer atravesando paredes a cada rato, de una forma que ponía a Harry nervioso.

-¿Estás bien? -le preguntó Ron-. Te ves algo pálido.

-Sí, estoy bien -dijo él-. Quiero que este día termine de una vez.

El día había sido horrible. Un típico lunes cargado de asignaturas en las que los profesores pensaban que nadie más les había dejado deberes y los cargaban con cosas para hacer, cada vez más.

Ahora que por fin había terminado todo, podría distenderse y relajarse un poco en la Sala Común…

-¿No van a empezar con los informes de pociones? -preguntó Hermione-. Van a atrasarse, deberían empezar ahora mismo.

-Danos un respiro, Hermione, fue un día pesadísimo -dijo Ron, mientras salían al Vestíbulo-. Vamos a jugar al Snap explosivo, ¿qué dices, Harry?

-Me parece bien.

-No va a irles muy bien con esa actitud -dijo Hermione. Harry previó una pelea entre ella y Ron, así que se apresuró a sacar tema:

-Cómo llueve, ¿eh?

-Sí, mucho -Hermione se abrazó a sí misma, mirando hacia una de las ventanas más próximas-. Y hace mucho frío. Que tormenta tan horrible…

En ese momento cayó un rayo muy ruidoso y las luces de los candelabros parpadearon al mismo tiempo que las ventanas eran golpeadas furiosamente por el viento. Hermione dio un sobresalto.

-Tranquila, fue sólo un trueno -dijo Harry.

-Es extraño que las luces hayan parpadeado, es decir, son velas -comentó Ron.

-Debe haber una ventana abierta en algún lado y entró viento -razonó Hermione-. Vamos, chicos, apurémonos en llegar a la Sala Común, estamos solos en este pasillo y tengo miedo.

-Oh, no, lo olvidaba -dijo Harry, deteniéndose de pronto-. Dejé tu libro en la biblioteca, Hermione, el que me prestaste de pociones.

-¿Qué? -saltó ella, enojada-. Harry, te dije que ese libro tenía todo lo necesario para los trabajos, no podré hacerlo sin él, y es imperativo que termine ese trabajo esta noche.

-Lo sé, iré a buscarlo -dijo él, de mala gana-. Quizás no hayan cerrado la biblioteca aún. Y si lo hicieron, tengo mi capa para hacerse invisible en la mochila.

-Nos vemos, amigo -dijo Ron, continuando el trayecto hacia arriba, dejando así en claro que no pensaba acompañarlo.

-Espera, iré yo -Hermione se adelantó-. Ustedes no van a hacer el trabajo, no es justo que te haga ir a ti.

-Yo olvidé el libro…

-Bien, vamos los dos.

-¿Van a dejarme solo? -se ofendió Ron, de pie en medio de la desierta escalera. Estaban solos en esa parte del castillo y los relámpagos caían uno tras otro, iluminando de blanco las paredes de piedra tan oscuras y siniestras.

-¿Qué problema hay con que te dejemos solo?

-Bueno, es que… -Ron tragó saliva y miró hacia una ventana, que no dejaba de ser golpeada por la incesante lluvia.

-Dios mío, Ron, ¿tienes miedo? -Hermione trató de sonar burlona, aunque se la escuchaba algo nerviosa.

-¿Miedo? No, claro que no -dijo él-. Los acompañaré, no está bueno que anden solos a esta hora… Ya saben, con todas las cosas que nos han pasado estos seis años de escuela… quién sabe…

-Sí, claro -Harry puso los ojos en blanco-. Acabo de acordar que también dejé el libro del Príncipe en la biblioteca junto con el tuyo, Hermione, así que no hay forma de que no vaya a buscarlo.

-Bien, vamos.

Los tres se pusieron en marcha por los desiertos pasillos. Estaban por llegar al tercero cuando el rayo más fuerte de todos sonó casi encima del castillo mismo, y Hermione pegó un grito al tiempo que las luces de los candelabros se apagaron debido a una ráfaga de viento que recorrió el pasillo en el que estaban de un extremo al otro.

-¡Carajo! -gritó Hermione, muy nerviosa.

-Tranquila, es sólo un rayo… -empezó Ron, pero él mismo sonaba asustadísimo. La tormenta estaba descontrolada, frenética, y en ese momento una voz amplificada mediante magia resonó en todos los pasillos:

-Atención, alumnos… -era la voz de la profesora McGonagall-. Se ha notificado una tormenta grado 9 en las inmediaciones… Existe peligro de tornado, por favor todos vayan a sus salas comunes y quédense allí. Repito: Todos vayan a sus salas comunes, está absolutamente prohibido vagar por los pasillos. Existe la posibilidad de un tornado. A sus salas comunes, ahora mismo.

La voz se apagó, y Harry, Ron y Hermione quedaron solos en la oscuridad.

-Bien, ya la oyeron -dijo Ron-. Tenemos que regresar.

-Pero el libro de pociones… -empezó Hermione.

-Yo no voy a ningún lado -zanjó Harry-. No mientras el libro del Príncipe siga allí abajo. Ustedes suban si quieren.

-Iré contigo -dijo Hermione-. Sólo tomará un segundo hasta la biblioteca…

Cayó otro rayo, iluminando sus asustados rostros de blanco, y una ventana próxima estalló en pedazos empujada por el viento, que se filtró en el pasillo junto con el diluvio, llenando todo el pasillo de agua y empapándolos de agua helada.

-¡Por aquí! -gritó Harry, guiando a sus amigos hacia otro pasillo interno en el que no había ventanas. Acababan de doblar el recodo cuando Harry alzó la vista y vio a una niña pequeña de cabello largo y vestido blanco de pie siniestramente ante él.