8 p.m.
-¡Dios mío! -el grito de Harry resultó casi inaudible en medio de otro rayo que cayó en ese preciso momento, iluminando a la niña en luz blanca. Harry volvió a abrir la boca y gritar, mientras se pegaba contra la pared. Entonces fue que oyó la risa de Ron.
-Que eres idiota, Harry, es sólo una niña de primero.
-¿Eh? -dijo Harry, desconcertado. Entonces miró a la niña más atentamente y vio que estaba llorando.
-Ay, linda, ¿estás bien? -Hermione avanzó hacia ella y la abrazó. La niña venía en camisón blanco.
-Salí de la habitación a buscar a mi amiga y no puedo encontrarla -dijo la niña, entristecida, abrazando también a Hermione-. Tengo miedo de que le haya pasado algo.
-No puedes hacer nada por ella, vuelve a tu casa -dijo Ron, algo insensible.
-¡Ron! -lo reprendió Hermione-. ¿No te acuerdas cuando estábamos en primero y yo me quedé atrás mientras todos se iban a refugiar a sus casas, la noche del Troll, y ustedes fueron a salvarme? ¿Dónde quedó la valentía que demostraste en ese entonces?
-Eso fue hace mucho tiempo -dijo él, como si eso lo justificara.
-Voy a seguir buscando a Mary -repitió la niña-. Aunque me de miedo la lluvia, no me importa.
-No irás sola, vendrás con nosotros -dijo Hermione, lanzándole a Ron una mirada desafiante-. Vamos, te ayudaremos a buscar a Mary. ¿Dónde crees que pudo haber ido?
-Dijo que iría a la biblioteca…
-Genial, nosotros íbamos para allí -dijo Harry-. Vamos, no perdamos más tiempo.
Los cuatro empezaron a caminar por los oscuros y siniestros pasillos, con el ruido del diluvio y los relámpagos ensordeciéndolos.
-¿Cómo te llamas? -le gritó Hermione a la niña, para hacerse oir entre el estruendo.
-Mary -respondió ella, tranquilamente. Ya no lloraba y se la veía mucho mas tranquila ahora que estaba con ellos.
-¿No era tu amiga la que se llamaba así? -preguntó Ron, que sonaba algo molesto.
-Yo también me llamo Mary -dijo ella, y hubo algo en la forma en que lo dijo, quizás un dejo de diversión, que hizo que Ron frunciera el ceño y se la quedara mirando. Entonces la niña giró la cara hacia él y le sonrió algo macabramente. Asustado, Ron apartó la mirada de inmediato.
Cayó otro fuerte relámpago. Bajaban escaleras y recorrían pasillos en los que no había nadie más que ellos. Todos ya habían vuelto a sus respectivas casas a refugiarse.
-¿Cuál es tu apellido? -preguntó Harry, que de pronto se dio cuenta de que quizás esa niña era la hermana menor de algún compañero de ellos.
-Mary Evans.
En ese preciso momento, un relámpago atronador hizo retumbar las pared y todo rastro de luz desapareció, dejándolos en la más temible penumbra.
Todos gritaron.
-¡¿Qué pasó?! -preguntó Harry, que no veía absolutamente nada-. ¿Por qué se fue la luz?
-¡Alguien ha echado polvo de invisibilidad! -gritó la voz de Hermione, entre la tiniebla-. ¡No veo nada!
-Vamos, quedémonos juntos -dijo Ron, acercándose. Harry sintió su mano tomar su brazo. -Si nos separamos, podemos perdernos. ¿Polvo de tinieblas? ¿Pero a quién se le ocurriría justo en esta noche venir a jugar bromas?
-Mary, ¿estás bien? -preguntó Hermione-. ¡No veo nada!
Nadie contestó.
-Mary, ¿Estás ahí? -preguntó Ron, y notaron ciertos nervios en su voz. Nadie contestó tampoco. -Esa niña tenía algo, chicos…
-Ron, no digas estupideces.
-Hermione, de verdad, me dio miedo. ¿Por qué sigue sin poder verse nada?
-Ron, me aprietas el brazo demasiado fuerte -dijo Harry.
-Yo no estoy apretándote el brazo.
-Chicos, miren, aquí ya se ve algo -llegó la voz de Hermione, desde unos metros de distancia.
-Un momento -empezó Harry-. Si Hermione está allí lejos, y tú no estás aferrándome el brazo… ¿Quién es?
Hubo un segundo en el que los tres quedaron en silencio. Entonces un escalofrío horrible recorrió el cuerpo de Harry de pies a cabeza, mientras era plenamente consciente de aquella piel seca y áspera que rozaba su brazo…
-¡AHHHHHHH! -aulló, ya sin reparos, expresando el terror que sentía a viva voz. Se quitó el brazo de encima y empezó a correr. Escuchó pasos tras él: Ron también corría.
-¡Corran! -gritó, a todo pulmón-. ¡Hay alguien con nosotros!
-¡ES LA NIÑA! -gritaba Ron en la oscuridad, huyendo despavorido junto a Harry-. ¡ESTA MALDITA, CORRAN!
Se alejaron a toda velocidad. Corrieron en la oscuridad hasta que, tal como dijo Hermione, empezó a verse luz y pudieron ser conscientes, nuevamente, de cómo se veía la tétrica escenas de diluvio y tormenta en esos pasillos tenebrosos. Pero corrieron varios metros y nadie apareció tras ellos, ni una niña diabólica ni nadie más.
Corrieron y corrieron, asustados, hasta que finalmente llegaron a la biblioteca. Entonces entraron y cerraron la puerta tras ellos inmediatamente.
-Lánzale un conjuro, Hermione -pidió Ron, aterrorizado-. Para que nadie entre.
-Alohomora -dijo Hermione-. Ron, ¿de verdad tuviste que pedirme eso? Estás en sexto, ¿no sabes qué usar para trabar una puerta…?
-Dejen de pelear -dijo Harry, moviéndose a toda velocidad entre las mesas, mientras pensaba a toda prisa. Por supuesto, también estaban solos allí. -Escuchen, esto es lo que ocurre: Alguien nos lanzó un polvo de invisibilidad y luego alguien me aferró del brazo…
-Quizás era la niña -razonó Hermione-. Tenía miedo, y tú empezaste a correr y yo los seguí y terminamos dejándola sola allí…
-Hermione, abre los ojos -dijo Ron-. La niña es diabólica.
-No seas imbécil, Ron -Hermione revoleó los ojos.
-¡Debiste ver cómo me miró! -insistió él-. ¡Me dio miedo sólo su mirada!
-Tenemos que elaborar un plan -dijo Harry, ignorando a sus amigos-. ¿O vamos a quedarnos encerrados aquí?
-Yo no volveré a los pasillos -dijo Ron, aterrado-. De ninguna manera. Nos quedaremos aquí hasta que pase la tormenta… Pasaremos la noche aquí en la biblioteca. Mejor ponle algo más potente que el alohomora a la puerta, Hermione.
-¿Eres mago o qué? -protestó ella.
-¡¿Pueden dejar de pelear?! -gritó Harry, nervioso. Los otros dos terminaron, pero siguieron lanzándose miradas de fastidio mutuamente. -Tenemos que volver a la sala común. Es una locura pasar la noche aquí…
-¿Dónde están los libros? -dijo Hermione, que ahora caminaba entre las estanterías.
-¿Qué dices? -preguntó Harry.
-Los libros que vinimos a buscar, por eso estamos aquí… -dijo ella-. Estoy segura de que los dejé sobre esta mesa de aquí, pero no están.
-¿Lo ven? Algo extraño ocurre -Ron empezó a mirar hacia todos lados, nervioso-. Tal vez haya algo aquí dentro también.
-No seas idiota, te estás dejando llevar por la tormenta, Ron -dijo ella, sin contenerse-. Sé que la lluvia es intensa, pero…
Cayó otro rayo más temible que todos los anteriores, ahogando sus palabras. Por el ruido que venía del exterior, era como si el mundo estuviera cayendo abajo allí fuera. El ruido del agua contra las ventanas era salvaje.
-Es ridículo tener miedo -siguió Hermione, aunque no sonó muy convincente ya que le tembló la voz-. Sólo es lluvia, y lo de los libros es normal, Madame Pince debe haberlos guardado cuando se marchó de aquí. Y lo de la niña realmente me ha dejado mal, ¿cómo es que los seguí a ustedes en vez de quedarme a cuidarla? Ahora debe estar ahí sola, pobrecita…
-Nos seguiste porque tuviste miedo también -dijo Ron, a la defensiva-. Y tuviste miedo porque percibiste algo extraño. Esa es la verdad, Hermione.
-No, yo… -empezó ella, para discutirle, pero en ese momento alguien llamó tres veces a la puerta de entrada de la biblioteca, y los tres amigos se apiñaron juntos al instante, Hermione clavándole las uñas con fuerza en el brazo a Harry.
-¿Quién está ahí? -preguntó Harry, pero no hubo respuesta. Esperaron…
De nuevo. Tres golpes. Hermione se movió un poco.
-Ni se te ocurra… -empezó a decir Ron, con un susurro aterrorizado, mirando a Hermione con súplica.
-No pienso abrir -dijo ella, ya sin poder disimular su miedo. Entonces se apiñó más entre ellos e hizo que ambos la abrazaran.
Los golpes cesaron. Nadie volvió a dar señales de vida.
-¿Estás bien? -preguntó Ron. Harry miró a sus amigos, porque había estado mirando la puerta fijamente, y vio que Hermione estaba muy pálida.
-Tengo miedo -dijo, al final admitiéndolo en voz alta.
-Tranquila… -Ron la abrazó y Harry se concentró en pensar en qué podían hacer para salir de allí. -No queda otra, amigo -insistió Ron-. Quedémonos aquí…
-Alguien nos persigue o quiere jugarnos una broma -dijo Harry-. Quizás Malfoy…
-¿Tú crees?
-No lo sé, pero pienso que podría haber otras entradas a esta biblioteca.
-No hay otras entradas -dijo Hermione, segura de sí misma.
-Alguien podría aparecerse… -empezó Ron.
-Ron, un día juro que voy a comprarte un ejemplar de Historia de Hogwarts y obligarte a tragarlo junto con la cena… -dijo Hermione.
-Entonces, ¿nadie puede entrar aquí de ninguna forma? -preguntó Harry.
-Ya le puse varios encantamientos a la puerta, no creo que nadie pueda.
-¿Cuándo hiciste eso?
-Recién, mientras ustedes hablaban, hace un rato…
-Eres brillante, Hermione -dijo Ron, impresionado.
Aún asustados, los tres se acurrucaron contra una pared, sentados en el suelo y con varitas en mano, y se quedaron contemplando la aterradora imagen de la oscura biblioteca, y escuchando la salvaje lluvia. El tiempo pasó lentamente…
-Algo me ha llamado la atención -dijo Harry entonces, en medio de un momento de silencio.
-¿Qué cosa? -preguntó Hermione enseguida.
-La niña dijo que su apellido era Evans.
-¿Y? -dijo Ron-. ¿Qué tiene eso de…? Ah…
-Harry… -empezó Hermione, con delicadeza-. Debe ser coincidencia. Es un apellido normal.
-Lo sé -se apresuró a decir él-. Sólo digo que me llamó la atención, nada más. Quizás está emparentada con mi madre de alguna forma… Aunque eso sería extraño, ya que mi madre era hija de muggles…
-Es casualidad, Harry -insistió Hermione, zanjando el asunto-. Aún me siento mal por dejarla allí…
Entonces fue que oyeron un chirrido muy agudo provenir de una de las estanterías de más al fondo de todo, las de la sección prohibida. Los tres guardaron silencio de inmediato, inmóviles, petrificados.
-¿Qué fue eso? -susurró la aterrorizada voz de Ron.
