9 p.m.


El chirrido se hacía más y más fuerte, parecía como si alguien estuviera corriendo las estanterías de lugar.

-Vámonos de aquí -dijo Hermione de inmediato, apretando sus brazos con fuerza.

-¡No! -susurró Ron, atemorizado-. ¿Y si afuera hay algo peor?

El chirrido resonó otra vez y fue seguido por el sonido inconfundible de muchos libros cayendo: alguien había corrido una estantería de lugar.

-¿Deberíamos preguntar "¿quién anda ahí?"? -preguntó Harry, inseguro.

-¡No! -dijo el susurro aterrorizado de Hermione-. Abrácenme, chicos, por favor.

Ellos obedecieron, rodeándola en brazos y contemplando con las varitas en mano el tramo que los separaba de la sección prohibida. Entonces fue que oyeron pasos.

-Van a vernos si nos quedamos aquí -susurró Hermione-. Vengan, por aquí.

La siguieron, muy nerviosos; a Ron no le hizo mucha gracia andar a gatas en aquella oscuridad parcial, por entre estanterías y libros, el pobre estaba más asustado que nadie más. Finalmente, Hermione los hizo pasar hasta el otro lado del mostrador en que generalmente se sentaba Madam Pince, y, ocultados por el mostrador, se quedaron sentados escuchando los pasos que recorrían la biblioteca.

- Voy a salir a atacar lo que sea que sea eso -anunció Harry, en voz muy baja.

-No seas idiota -lo contradijo Hermione, en un susurro-. Vamos a salir de aquí.

-¿Cómo? -preguntó Ron.

-Una de las estanterías es corrediza -reveló ella, para sorpresa de los otros dos, luego añadió: -Lo descubrí un día y no se lo dije a nadie, ¿qué tiene eso de malo? Hogwarts está lleno de secretos, no podemos pretender saberlos todos.

-Sólo condúcenos a la salida -le dijo Ron.

Hermione les indicó que la siguieran y fueron tras ella por un pasillo. Ante ellos, los pasos se hacían cada vez más rápidos, como si le persona que estaba allí hubiera empezado a correr. Entonces los pasos se detuvieron súbitamente, y también ellos tres.

-¿Por qué nos detenemos?

-¡Cállate, Ron!

Se quedaron en silencio, escuchando. Ya no se oía nada, era imposible saber dónde había alguien, dónde estaba quienquiera que hiciera esos ruidos. Harry, Ron y Hermione anduvieron a gatas muy despacio, sin hacer ruido, hacia la estantería de la que ella había hablado. Se acercaron a una esquina y ella asomó la cabeza para ver que no hubiera nadie allí…

Y entonces fue que lo vio.

-Hermione -murmuró Harry, al ver la expresión que puso ella, pero Hermione extendió un brazo para indicarle que no pronunciara ni una palabra más. Todo lo que Harry veía era la cara de terror de Hermione, que no auguraba nada bueno. Pero no se atrevió a moverse, por temor a lo que sea que ella estuviera mirando.

Entonces, pasados unos segundos, Hermione les indicó que ya era seguro avanzar. Los tres anduvieron a gatas, tan silenciosamente como pudieron, hasta el siguiente pasillo y por él, avanzando entre estanterías. En un momento dado, Hermione se detuvo, se puso de pie lentamente y corrió un libro de su lugar.

Sin hacer ningún sonido, la estantería se abrió un poco hacia un lado: No fue algo muy grande, sólo unos centímetros, pero lo suficiente para que pudieran pasar por allí de a uno. Primero entró Hermione, luego Ron y por último Harry, que miró hacia atrás con temor mientras se metía por la abertura en puntitas de pie. La estantería volvió a correrse y los tres quedaron sumidos en total oscuridad.

-Lumos -pronunció Hermione.

El haz de luz de su varita iluminó un pasadizo estrecho y bajo cuyas paredes y techo eran de madera.

-Síganme -les dijo, aún en voz baja. Los dos chicos fueron tras ella por el pasadizo, avanzando despacio y mirando atrás compulsivamente, como si temieran que algo o alguien les estuviera siguiendo el rastro allí dentro. Anduvieron durante un buen rato por ese secreto pasadizo de techo bajo hasta que este empezó a elevarse un poco y de pronto se convirtió en una serie de escaleras terriblemente empinadas por las que subieron uno tras otro.

-Va directo al quinto piso -explicó Hermione-. Me pareció la mejor forma de salir de allí, sin tener que irnos por la puerta en la que quién sabe quién estaba golpeando para asustarnos, y sin tener que quedarnos allí.

-Eres un genio, Hermione -la alagó Ron.

-No todo son buenas noticias, sin embargo…

Nadie le preguntó a qué se refería, porque creían saber de qué hablaba. Salieron al quinto piso por detrás de un cuadro de un grupo de magos bailando el tap dance, y cuando aterrizaron sobre las lozas del pasillo desierto pudieron ver por una ventana próxima la lluvia y los relámpagos, incesantes.

-Vengan, aquí -dijo Hermione, apresurándose a hacerlos pasar dentro de un aula.

-Es el aula de Transformaciones -dijo Ron, reconociéndola, cuando estuvieron dentro. Hermione cerró la puerta tras ellos y le lanzó un encantamiento mudo.

-¿Qué fue lo que viste? -le preguntó Harry, sin más reparos.

Hermione suspiró hondo, cerró los ojos y luego los abrió, clavándolos en los de Harry.

-Lo que estaba allí dentro era un Inferi -anunció.

-¿Qué?

Harry se quedó atónito, sin poder creer lo que había oído. Ron, en cambio, palideció hasta el extremo y no dijo nada.

-Pude darme cuenta por la forma en que caminaba, tambaleándose… -explicó Hermione, perturbada-. No sé quién podrá haberlo soltado allí, y no sé quién era… Ya saben, no sé el cadáver de quién era… Pero estaba caminando entre las estanterías y tuvimos suerte de que no nos viera.

-No puede ser -dijo Ron, negando enérgicamente con la cabeza-. No puede haber un Inferi en el castillo…

-Ron, despierta -dijo ella, muy nerviosa-. Estamos en sexto, Voldemort anda suelto, quizás mandó un Inferi al castillo para atraparnos…

-Para atraparme a mí, querrás decir -la corrigió Harry-. Pero no, estoy seguro de que no fue él, Hermione.

-¿Y cómo lo sabes?

-Porque Voldemort me quiere matar personalmente. ¿Por qué mandaría a un Inferi a hacer el trabajo sucio? No tiene sentido.

-¿Entonces quién es, Harry? Estoy segura de haber visto a un Inferi en la biblioteca. Dime, ¿quién lo envió si no fue él?

-Escuchen, me importa un bledo quién lo envió -dijo Ron, entonces-. Lo único que me importa es que salgamos de esta aula, subamos las escaleras y lleguemos a la Sala Común de Gryffindor a salvo. Sólo allí, en mi cama, me sentiré seguro. Quizás…

-Yo quiero saber quién envió a ese Inferi -dijo Harry.

-Pues ve solo -dijo Ron.

-¿Tan cobarde resultaste?

-¡Chicos, no peleen! -dijo Hermione, poniéndose entre ellos y mirándolos con súplica-. Por favor, yo también tengo miedo, vayamos a la Sala Común.

-Además, ¿se han olvidado de la niña diabólica? -les recordó Ron-. Mary… Debe estar aún suelta por estos pasillos, ¿de verdad quieren quedarse deambulando por aquí?

Cayó un relámpago que se dibujó en una nube del cielo que se veía por la ventana del aula, un rayo blanco cuyo contorno era una línea irregular que bajaba iluminando todo; luego desapareció tan rápido como llegó.

-Vamos a la Sala Común, Harry -pidió Hermione-. Mañana podemos ir a ver a Dumbledore y contarle…

-Ustedes vayan -dijo Harry, valientemente o estúpidamente, dependiendo el punto de vista-. Yo iré de vuelta a la biblioteca.

-¡¿Qué?! -dijo Ron, sin dar crédito a sus oídos.

-Voy a enfrentarme al Inferi y a preguntarle quién lo ha enviado -dijo él, inflando el pecho-. Llegaré al fondo de este asunto.

-Por mucho que me guste resolver misterios, Harry, creo que Ron tiene razón -dijo Hermione-. Es demasiado para una misma noche…

-Pues vayan, entonces -dijo él, desafiante-. Vuelvan a la Sala Común. Ya les dije que yo iré a ver.

-Está prohibido deambular -recordó Ron-. Va contra las normas, Harry, lo dijo McGonagall hace un rato con la voz amplificada, ¿recuerdas? Que nadie podía quedarse en los pasillos porque hay peligro de huracán…

La lluvia entonces cayó más y más fuerte en el exterior al castillo, con más violencia, y el viento golpeó las ventanas de sus alrededores con una fuerza increíble.

-Podemos salir heridos…

-Pues con más razón debemos llegar al fondo de esto ahora -siguió Harry, terco-. Si esperamos a mañana para decirle a McGonagall lo que Hermione ha visto, sólo nos ganaremos un castigo por haber estado deambulando. No lograremos nada.

-¡Harry, por favor, vamos arriba! -suplicó Hermione, abrazándolo, cuando un nuevo relámpago resonó en el cielo.

Harry se la quedó mirando unos instantes: Hermione realmente estaba muerta de miedo, más de lo que él nunca la hubiera visto. Aún así, sus ganas de resolver el misterio eran más fuertes que cualquier cosa, incluso más que las ganas de volver a la cálida y acogedora Sala Común…

-Lo siento, Hermione, iré a la biblioteca -anunció testarudo e irresuelto.

-Bien. Vamos, Hermione -dijo Ron, tomando a la chica de la mano-. Vamos arriba. Cuando estemos en la Sala Común estaremos mejor. Déjalo ir si quiere.

-No podemos dejarlo ir solo… -empezó ella, al borde de las lágrimas-. Los Inferi son peligrosos…

-Él lo quiere así, ¿no lo oyes? -Ron miró a Harry con rencor mientras hablaba-. Le gusta demasiado llegar al fondo de todos los asuntos, no puede resistirse…

-Ya déjalo, Ron, la psicología no funcionará -le advirtió Harry-. Pero estoy de acuerdo en que ustedes dos vuelvan, no tienen por qué venir conmigo.

-Bien -coincidió Ron, enojado, tiró de la mano de Hermione y la condujo hacia la puerta.

-Espera -dijo ella, deteniéndolo-. Arreglemos esto, chicos, encontremos una forma de…

-Da lo mismo, ya me voy -Harry entonces caminó a grandes zancadas, pasó junto a ellos, abrió la puerta del aulta y se fue caminando por el oscuro y tormentoso pasillo, con el ruido del diluvio aullando en sus oídos. Dio una vuelta y se perdió de vista.

-Bien, ya se fue -Ron tomó a Hermione de la mano y la llevó hacia las escaleras más cercanas-. Vamos, esta escalera lleva al sexto piso, sólo estamos a dos pisos de…

Pero entonces ambos lo oyeron, y Hermione se apartó de él para tener la mano de la varita libre y poder apuntarla hacia el extremo del pasillo.

-¿Tú también lo oíste?

-Sí -dijo Ron-. Venía de allí, del lado opuesto al camino que tomó Harry.

-Quizás sea el Inferi que haya subido a buscarnos.

Ambos se quedaron con las varitas en alto y retrocedieron unos pasos.

A varios pasillos de distancia, Harry bajaba solo, por su cuenta, escaleras y más escaleras, a toda velocidad. Llevaba la varita ante él y no podía reprimir el enojo que sentía, la ira que corría por sus venas…

Entonces escuchó un grito a lo lejos y se detuvo en seco.

Su corazón empezó a palpitar a toda velocidad, sus pulsaciones se aceleraron.

Fue en ese momento cuando cayó en la cuenta, por primera vez desde su partida, de que estaba solo. Solo y caminando hacia la biblioteca, donde un cadáver reanimado lo esperaba en medio de esa tormenta y oscuridad…

¿De quién habría sido el grito? ¿De Ron y Hermione? No, ellos estaban a salvo en la Sala Común, era él el que estaba en peligro. Con toda esa lluvia, ese grito se lo debía haber imaginado. Siguió caminando y bajando escaleras, hasta que por fin llegó al segundo piso, caminó por entre pasillos y más escaleras, y finalmente se detuvo ante la puerta de la biblioteca.

Estaba solo. Solo con un cadáver esperándolo…

Puso una mano sobre el picaporte, respirando con dificultad. Ahora toda la seguridad que había demostrado ante Ron y Hermione lo había abandonado. Ahora, la cobardía y el terror se habían apoderado de él.

Justo cuando estaba preguntándose si lo mejor no sería dar la vuelta y salir corriendo de allí a toda velocidad y escaleras arriba, percibió por el rabillo del ojo a una silueta a su izquierda.

Aterrado, Harry giró la cara y vio, en el otro lado del corredor en el que estaba, una sombra que cruzaba por un pasillo anexo y se perdía.

Y supo qué era: era la niña, Mary. La distinguió claramente: La vio pasar por el pasillo anexo y desaparecer por otro…

-¿Mary? -dijo en voz alta. Como era de esperarse, nadie respondió. -¿Mary? -repitió.

Estaba solo, solo y sin ayuda. La lluvia tronaba en sus oídos. La figura de la niña se había ido por el otro pasillo…

Decidió ir tras ella. Tomando valor, Harry caminó hacia aquel pasillo en el que la había oído alejarse. Sólo tardó unos pasos en llegar, entonces giró el recodo, decidido, y enfrentó el lugar en el que ella debía estar.

Y entonces fue cuando empezó a gritar.