10 p.m.


-¿Qué hora es?

-Las diez, Neville.

-¿Por qué Harry y Ron no han vuelto?

Seamus se dio vuelta en su cama, frotándose los ojos con los puños, y bostezó.

-No lo sé, Neville, estarán en la Sala Común estudiando.

-Vengo de allí y no los he visto.

-Bueno, Neville, ¿qué se yo? No creo que les haya pasado nada, es sólo lluvia.

-Voy a ir a buscarlos -Neville salió de la cama y se puso las pantuflas (que tenían la forma de perritos con largas orejas y la boca abierta).

-¿Cómo se supone que vas a encontrarlos? -preguntó Dean, desde la otra cama-. El castillo es enorme, Neville, quién sabe dónde estarán. Aunque admito que yo también estoy preocupado: esta lluvia es cada vez peor, y dicen que viene un tornado…

Un relámpago atravesó el cielo en ese momento, iluminando de blanco toda la habitación.

-Voy a encontrarlos… con esto -entonces Neville fue hacia la cama de Harry, sacó de debajo de ella el baúl del chico y se puso a revolverlo.

-Neville, ¿qué crees que haces? -dijo Seamus, sentándose en la cama-. Esas cosas son de Harry, no deberías tocarlas.

-Es por su propio bien, sé que me perdonará -entonces Neville sacó una hoja de pergamino amarillenta, la apuntó con la varita y dijo: "juro que mis intenciones no son buenas".

-El mapa del merodeador -dijo Seamus, comprendiendo.

-¿Tú también lo conoces? -le preguntó Neville, sorprendido.

-Bueno, pues, Harry se la pasa leyendo esa cosa todas las noches, es imposible no conocerlo -dijo él, en su defensa.

-Claro, así lo conocí yo. Bueno, iré a buscarlo. A ver, dónde estará…

Neville recorrió el mapa con la vista. Esa noche, no había puntos fuera de las casas. Todos los puntos con inscripciones de personas estaban dentro de las cuatro casas del castillo, no se veía a absolutamente nadie en los pasillos. Excepto…

Se quedó paralizado.

-Neville, ¿estás bien? -preguntó Dean, preocupado.

Neville no respondió. Seguía con la mirada clavada en aquellos dos puntos que caminaban por el pasillo más cercano a la biblioteca. Pero no podía ser real. La inscripción con los nombres tenía que estar mal…

-Neville, ¿a dónde vas?

Pero Neville ya había salido de la habitación, decidido.


-Ron, tengo miedo -dijo Hermione, aferrándose al brazo de Ron con fuerza. Quienquiera que fuera que estaba haciendo aquel ruido, estaba cada vez más cerca…

-Vamos a escondernos tras esa armadura -dijo Ron.

Se escondieron y apagaron las luces de las varitas. En medio de la oscuridad sólo interrumpida por la blanca luz de los relámpagos, se quedaron mirando hacia el otro extremo del pasillo. Pero nada apareció. El tiempo siguió pasando, pero los sonidos se habían detenido.

-¡No! -susurró Hermione, cuando Ron trató de salir del escondite-. Quizás esté esperándonos allí afuera…

-Tenemos que llegar a la Sala Común. Vamos.

-Ron, no podemos ir a la Sala Común. Harry se ha ido solo, tenemos que ir a buscarlo.

-Pero Hermione, él fue el que quiso…

Pero en ese momento, los ojos de Hermione se abrieron de par en par y ella empezó a gritar.

Aterrado, Ron se dio vuelta en el lugar y alzó la varita. Una figura blanca como la nieve y espectral corría hacia ellos con paso ágil en la oscuridad, con ambos brazos levantados, como un zombie.

-¡Avada Kedabra! -gritó Ron, sin pensárselo dos veces. El hechizo no le dio a la figura, sino que la pasó rozando y siguió hasta el otro extremo del pasillo. Un rayo cayó a pocos metros del castillo, haciendo estallar una ventana. Aquella cosa estaba ya a sólo unos pasos de ellos…

-¡Sectumsempra! -gritó Hermione. Su hechizo dio en el corazón del cadáver, que se partió por la mitad y cayó hacia delante, tan cerca de ellos que la blanca, calva y pegajosa cabeza tocó la punta del pie de Hermione, que retrocedió de un salto. -Es un Inferi -dijo-. Lo sabía. Es el mismo que vi en la biblioteca.

-Un Inferi… -Ron dio vueltas alrededor del Inferi muerto, con miedo-. ¿Quién haría esto? ¿Quién dejaría suelto un Inferi en el castillo?

-Alguien que quiere hacernos daño… Ron, tenemos que ir a buscar a Harry.

-¿De qué hablas? Ya hemos acabado con el Inferi, era eso lo que nos había estado persiguiendo, ya no hay peligro…

-Ron, ¡no seas ingenuo! -dijo ella, exasperada-. ¿Cómo sabes que este es el único que anda suelto? La última vez que Voldemort los usó, tenía todo un ejército…

-De acuerdo, vamos a buscarlo.

-Espera -volvió a sujetarlo del brazo.

-¿Lo has oído también?

Un grito parecía haber venido de alguna parte del castillo, a lo lejos.

-¿Será Harry?

-Imposible, él no gritaría…

-¿Qué?

-Es muy valiente -dijo Ron-. Además, sonó como de mujer…

-Bueno, vamos.

Mientras se alejaban por el pasillo, Hermione creyó oír el grito nuevamente, pero no estaba segura de si realmente lo oía o sólo se lo imaginaba.

-Esto es lo que sabemos -susurraba, mientras andaban-. Hay una tormenta, alguien trajo un Inferi…

-No sabemos mucho -razonó Ron.

En ese momento, unos pasos se acercaron a toda velocidad. Ambos levantaron las varitas y apuntaron en la dirección de los pasos al unísono.

-¡No disparen! -gritó una voz-. ¡Soy yo! ¡Neville!

Ron bajó la varita, pero Hermione no lo hizo. Neville llegó junto a ellos y se quedó mirando a Hermione, que no bajaba la varita.

-Soy yo… -repitió Neville, asustado.

-¿Ah, sí? -dijo Hermione, escéptica-. Pues qué extraño, porque vimos un Inferi hace un rato…

-¿Crees que soy un Inferi?

-Bueno, no… -Hermione aguzó el ojo y lo examinó de cerca-. No estás muy pálido… ¿Pero cómo sé que no eres otra persona con poción multijugos?

-¿Y por qué habría de serlo?

-¡No lo sé! -Hermione perdió la paciencia, sin dejar de apuntarlo-. ¡Muchas cosas raras están pasando!

-Tranquila, Hermione, nada pasa -dijo Neville, muy tranquilizador-. Es sólo lluvia… Bajé a buscarlos, porque no los encontraba por ningún lado. Pero tienes que calmarte, ¿sí? Te prometo que todo estará bien…

Luego de soltar un largo suspiro, Hermione bajó la varita y se calmó.

-Bien -dijo, cuando los tres emprendieron la marcha escaleras abajo-. Vamos a buscar a Harry, que está en la biblioteca. Qué bueno que estés aquí, Neville, así somos más…

-¿Cómo supiste dónde estábamos? -le preguntó Ron, mientras avanzaban.

-No lo supe -dijo él, mucho más tranquilo de lo que era normal en Neville; Ron dedujo que debía estar tratando de aparentar más valentía de la que sentiría-. Sólo bajé y empecé a buscar por los pasillos… Y aquí están.


-¿Mary?

Harry trató de tranquilizarse. Al doblar el recodo, más de media hora atrás, en la esquina del pasillo de la biblioteca, había pegado un grito al ver a la niña Mary frente a él. O eso creyó, porque en realidad se trataba del cuadro de una niña con vestido blanco que colgaba en la pared. Una coincidencia. Pero luego de que sus propios gritos cesaran, había continuado el camino, porque había creído ver a la verdadera Mary más adelante, alejándose de él. Había pasado la última media hora persiguiendo el rastro de la niña, cada vez más abajo, hasta llegar al vestíbulo.

Ahora, la vio dirigirle una sonrisa y luego desaparecer por el pasillo de las mazmorras.

Se detuvo. ¿Se atrevía a ir allí abajo, a las mazmorras, en medio de aquella tormenta, con el miedo que tenía y todas las cosas que estaban pasando?

Decidió que sí, que se atrevía.

Empezó a bajar las escaleras de las mazmorras, en total oscuridad. Era consciente de que estaba yendo tras el rastro de una niña de apariencia fantasmal, solo en esos pasillos subterráneos del colegio, sin nadie más en absoluto alrededor, rodeado de oscuridad, relámpagos y una lluvia bestial que arrasaba con los muros del castillo golpeándolos como si se tratara de algo mucho más sólido que sólo agua.

Y entonces, mientras caminaba por el pasillo cavernoso que iba hacia el despacho de Snape, que estaba sumido en oscuridad total, oyendo sus propios pasos en el frío suelo de piedra, alguien lo sujetó del brazo con fuerza.

-¡AH! -gritó. Trató de soltarse, pero no pudo. Unos labios fríos como el hielo se deslizaron en la negrura hacia sus oídos.

No podía ver nada, no podía ver a lo que fuera que lo sujetaba. Pero estaba solo en ese pasillo con aquella persona, fantasma o lo que fuera…

-Soy Mary -le dijo una voz tétrica al oído, que se parecía poco y nada a la que la niña había empleado con ellos más de una hora atrás, cuando los tres estaban juntos…

-¿Por qué me traes aquí? -susurró Harry, que tenía esperanzas de que aquella niña no fuera un ente maligno, aunque su sentido de la precaución le advertía que saliera corriendo de allí en cuanto pudiera, en cuanto la niñita lo soltara. -¿Eres un fantasma?

-No soy un fantasma -susurró ella, con la voz tétrica-. Lamento haberles mentido antes. Tuve que decirles que era una estudiante, pero ahora puedo decirte… la verdad…

-¿Qué verdad?

-Sólo hay una cosa que necesitas saber por ahora -continuó la niña, ya pegada al cuerpo de él tanto que, con la escaza luz ocasional que entraba al pasillo por los rayos (venidera del lejano vestíbulo) Harry podía vislumbrar la blanquecina tez de la cara de esa niña, y vio, para su horror, que ella tenía sus negros ojos clavados en él, y bien abiertos… Parecía estar deseándolo…

-¿Qué es lo que tanto debo saber? -Harry empezó a retroceder, aterrado, tirando un poco del brazo, queriendo soltarse. Pero ella no lo dejaría ir tan fácil…

-Lo que debes saber -continuó la niña, con su fría voz-. Es que hay un impostor aquí.

-¿Impostor?

-Así es. Ten cuidado, Harry Potter, porque el mal está cerca… El peor de los males, el más temible que jamás te hayas imaginado. Y el mal no viene en la forma de una niña pequeña, Harry Potter, no es tan evidente. Es decir, ¿quién no tendría miedo de una niña pequeña? No, Harry Potter, el mal, el peor de los males, se disfraza de tus amigos, para confundirte…

-¿De qué estás hablando? -Harry quería soltarse, pero no podía-. ¿De qué amigo hablas? ¿Quién es el impostor?


-¡Mamá!

Neville caminaba por los pasillos del séptimo piso, frenético. Tenía el mapa del merodeador abierto ante él y miraba aquellas dos inscripciones que tanto lo habían desconcertado, que tanto lo habían dejado atónito, obligándolo a salir del cuarto corriendo en busca de aquellas figuras. Allí mismo en Hogwarts, el mapa decía claramente: "Frank Longbottom" y "Alice Longbottom".

Pero, ¿cómo podía ser? Sus padres estaban dementes en San Mungo. ¿Qué hacían vagando en Hogwarts en una noche como aquella?

Tenía que encontrarlos, tenía que ir tras ellos…

Neville bajó las escaleras, cada vez más rápido. Volvió a gritar:

-¡MAMÁ! ¡PAPÁ!

Casi llorando, bajó más y más escaleras. Según el mapa, sus padres estaban justo en el pasillo exterior a la biblioteca…


-Insisto en que escucho gritos -repitió Hermione, obligando a los otros dos a detenerse-. Acaso los gritos decían… "¿mamá?" No lo sé, me pareció oír eso.

-Estamos creyendo oír gritos desde hace rato -dijo Ron, mientras los tres avanzaban con cautela, vigilando todo alrededor-. Yo también siento algo tenebroso, Hermione, como si algo muy terrible estuviera aquí, muy cerca… Pero no sé que es.

Oculto por la siniestra oscuridad que los rodeaba, e inadvertido por los demás, los labios del presunto Neville que caminaba con ellos se curvaron en una sonrisa.