11 p.m.
-¿Mamá? ¿Papá?
Ya no tan convencido, Neville descendía las escaleras que conducían al segundo piso y al pasillo exterior a la biblioteca.
La noche estaba acaecida por la tormenta aún, las luces seguían siendo inexistentes en todo el castillo de Hogwarts.
Una lágrima seguía suspendida en la mejilla de Neville, pero él ya no se encontraba en aquel estado de tristeza y desesperación. Los latidos apresurados de su corazón habían descendido levemente hasta detenerse. Ahora era el terror lo que lo dominaba.
Porque allí, cerca de la biblioteca, no había sonido alguno. Por más que revisara en el mapa del merodeador y los puntos "Frank Longbottom" y "Alice Longbottom" siguieran allí, no parecía haber señales de vida por allí.
De vida…
El sonido del viento azotó las ventanas una vez más. Neville caminó despacio por aquel pasillo. Las paredes a su lado estaban frías y el corredor era oscuro.
-Mamá… -susurró, ya sin atreverse a pronunciar palabras fuertes. No se sentía seguro gritando. El terror le calaba los huesos, los pensamientos se habían desatado en su cabeza. De alguna forma, ahora sabía, era plenamente consciente, de que todo aquello era una trampa. No eran sus padres los que estaban ahí. El mapa le había jugado una trampa para llevarlo allí abajo, en medio de la noche. Pero, ¿cómo alguien podía alterar el mapa? ¿Cómo era eso posible?
Y lo más importante: ¿Quién lo había hecho?
En ese momento, mientras se planteaba aquello, Neville llegó finalmente ante la puerta de la biblioteca. La abrió y se metió dentro.
-¿Hola? -llamó, tomando valor. Su voz resonó haciendo eco por la desierta biblioteca. Estaba aún más oscuro allí dentro. Sacó su varita y musitó: -¡Lumos!
Ni bien se encendió la luz, vio un rostro macabro corriendo hacia él y riendo a carcajadas.
-¡AHHHHH! -del susto, Neville tropezó y su varita salió volando por el aire, describiendo un círculo en el aire que se tragó la luz en tinieblas. Con el destello de luz de la varita que se encendía y apagaba, pudo verse un rostro de largo cabello blanco, arrugas y lunares, el rostro de una anciana demente, que corría y se lanzaba sobre Neville, riendo histéricamente.
-¡JA JA JA JA JA! -la escalofriante risa retumbó por todo el recinto, mezclada con los gritos de terror de Neville. El mapa del merodeador cayó al suelo, junto a él. La luz de la varita parpadeó una vez más y luego desapareció.
-¿Dónde estamos? -preguntó Hermione, presa del miedo. Estaba temblando, sacudida por temblores. Ron iba junto a ella.
-Vamos a la biblioteca -dijo él-. Ya deberíamos estar por llegar.
-Sí, pero es que no reconozco este pasillo… ¿Tú qué opinas, Neville? ¿Neville?
Cuando Hermione logró localizar a Neville, que iba junto a ellos, con la cabeza mirando hacia delante como un autómata y los ojos en blanco, un escalofrío le bajó por toda la espina dorsal. Hermione frunció el ceño mientras lo miraba, y nadie pudo advertir como el rostro de la chica palidecía, ya que todo estaba demasiado oscuro para notarlo, y cuando un rayo caía y la luz del mismo iluminaba el pasillo, la luz blanca la disfrazaba.
-Sí, Hermione -de pronto, el supuesto Neville giró la cabeza hacia ella a toda velocidad, como volviendo en sí, como un robot al que alguien enciende de pronto, y sonrió con una mueca falsa que le erizó los pelos de la nuca.
-Nada. Sólo… Sólo decía que qué opinas -dijo ella rápidamente, nerviosa, tratando de sonreírle al chico. Neville no contestó, sino que volvió a quedar ausente, caminando junto a ellos como autónomamente.
Hermione le lanzó una mirada de advertencia y horror a Ron… Pero Ron, como siempre ingenuo y despreocupado, iba con las manos en los bolsillos y silbando una canción de Las Brujas de Macbeth, distraídamente.
Hermione sintió ganas de darle un puñetazo.
-Mary, no entiendo qué dices -preguntó Harry. La niña lo había tomado de la mano y lo conducía por los pasillos de las mazmorras. Harry sentía el tacto áspero de su piel, tan inapropiado para una niña pequeña…
Ella no contestó.
-Mary -repitió Harry-. Tus manos…
Una serie de pensamientos lo atravesaron, y el horror volvió a él.
-Tus manos… Tú fuiste la que me sujetó del brazo antes, cuando estábamos con Ron y Hermione y alguien lanzó el polvo de invisibilidad…
-Sí, yo fui -le llegó la suave voz de la niña. El pasillo por el que avanzaban era tan oscuro que no podía ver nada del cuerpo de la niña. Sólo escuchaba sus propios pasos y sentía el tacto de ella y escuchaba sus palabras… Pero no podía verla, tampoco creía oír pasos de ella…
-Mary -volvió a decir Harry, tan nervioso que la voz le temblaba horriblemente-. ¿Quién eres?
-Tú sólo… sólo sígueme…
Harry sintió cómo el miedo se apoderaba de él, porque la voz había cambiado, se había hecho más gruesa, más tenebrosa. Aquello no podía ser una niñita, tampoco podía ser ningún mago ni ser humano normal que él hubiera conocido…
-¿Y a dónde… a dónde estamos yendo? ¿Estamos yendo a buscar al impostor?
Mary no contestó.
-¿Mary?
Doblaron un recodo. El pasillo bajaba más y más. Parecían estar internándose en lo más profundo de las mazmorras, en partes tan debajo del castillo, tan profundas, que no creía haber ido nunca en toda su vida por allí…
Lo más probable era que, si Mary lo soltaba y lo dejaba solo allí, se encontrara totalmente perdido y no tuviera forma de volver…
Pero Mary no lo soltó. Mary siguió aferrándolo con su áspera mano y lo condujo más y más al fondo de los pasillos de roca vieja, allí donde la tormenta ya no existía, donde el único sonido eran los pasos de Harry y donde lo único que se veía era negro.
Entonces, Mary volvió a hablar, y su voz canturreó con un siseó propio de una niñita, una canción totalmente desequilibrada y espantosamente siniestra:
-Mary tenía un corderito, corderito, corderito -iba canturreando la niñita-. Mary tenía un corderito…
Harry tragó saliva con fuerza y sintió caer el sudor por su frente.
-Ron -susurró Hermione. El Neville falso (Hermione ya no tenía dudas de que era falso) se les había adelantado. Estaban ya en el segundo piso. Pero Ron seguía silbando, despreocupadamente. -¡Ron! -le tomó el brazo y se lo sacudió, luego de comprobar que el Neville no se percatara de que estaba tratando de hablar con Ron a espaldas de él. Ron la miró y frunció el ceño, sin comprender qué quería. Ella volvió a mirar adelante y, cuando el Neville doblaba un recodo, le susurró a Ron al oído: -¡Ese no es Neville, idiota! ¿No has visto cómo se comporta? ¡Cuando yo diga "Ya", lo petrificaremos! ¿Entendido?
-¿Qué dices? -dijo Ron. Doblaron el recodo, y Hermione le lanzó una mirada de reproche a Ron.
-¡Qué cuando diga "ya"…!
Pero entonces se detuvo.
-¿Por qué nos detenemos? -dijo Ron, sin comprender.
Pero ahora Hermione lo sujetaba del brazo con fuerza.
-Ron… ¡Se ha ido!
-¿Qué?
-¡Neville se ha ido!
Miraron alrededor. Luego de doblar el recodo, el presunto Neville se había esfumado en el aire.
-Eso es imposible -dijo Ron, asombrado-. No hay puertas en este pasillo… Y es muy largo para que lo haya cruzado tan rápido…
-Claro que es imposible -Hermione se abrazó a Ron. Su corazón latía a toda velocidad. No dejaba de preguntarse si aquel impostor aparecía ante ellos en ese mismo momento, quizás con una forma distinta, diabólica… Pero Ron interrumpió sus pensamientos:
-Quizás se puso una capa para hacerse invisible…
-Ron, vámonos de aquí.
-¿Cómo dices?
-Vamos a la Sala Común, Ron.
-Pero la biblioteca… Harry…
-¡Ron, escúchame! -gritó Hermione, y en ese momento un rayo feroz cayó a poco metros del castillo, haciendo estallar otra ventana y provocando que el diluvio entrara al pasillo en el que estaban y los empapara, llenándolos de agua de pies a cabeza. Hermione quería decirle a Ron que ya no podía soportar más el miedo, que lo sentía mucho por Harry pero quería volver corriendo a la Sala Común, sin detenerse y sin mirar atrás. Estaba por decirle todo esto, pero no tuvo tiempo.
No tuvo tiempo porque entonces, a través de la ventana que acababa de estallar, pudo ver la forma que estaba tomando el cielo…
-¡Hermione, vamos! -gritaba Ron ahora, tirando de la túnica de ella-. ¡Está entrando el agua! ¡Vámonos de este pasillo!
Pero ella seguía inmóvil, mirando el cielo.
-¡¿Qué es lo que miras, Hermione?! ¡Tenemos que irnos! ¡Me estoy empapan…!
Pero entonces Ron también lo vio.
Afuera, por la ventana que había estallado, no sólo había un diluvio bestial y truenos y relámpagos por doquier: El cielo, cada vez que era iluminado por un rayo, mostraba perfectamente la forma espiralada del tornado más gigantesco que ninguno de los dos pudiera nunca haber imaginado: La forma parecía una continuación de las mismísimas nubes que los cubrían, nubes muy espesas de las que no dajaban de caer los rayos en forma de líneas blancas encendidas en eléctrico, con sus pequeñas ramificaciones; y allí, las nubes bajaban hacia el suelo en el tornado más terrible de todos. Y el tornado, que chupaba todo a su alcance y destrozaba el suelo a la distancia, se estaba moviendo en dirección a ellos, en dirección al castillo…
-Así que ahora lo entiendes, ¿eh? -dijo Ron, con un hilo de voz-. Maldita sea, Hermione, te dije que teníamos que volver a la Sala Común.
