12 a.m.


-Ron, no seas idiota. Esto no se soluciona yendo a la sala común. ¿Has visto el tamaño de ese tornado?

-Entonces salgamos del castillo -dijo Ron, tembloroso. La figura del tornado se movía lentamente hacia el castillo, chupando todo a su paso. Era evidente que, si los alcanzaba, sólo quedarían restos del lugar que habían conocido como Hogwarts. Nada más que escombros.

-Algún hechizo debe proteger al castillo -opinó Ron, entonces, y Hermione se dio vuelta y se lo quedó mirando con los ojos muy abiertos. Ron se sonrojó, pero con aquella mezcla de oscuridad, diluvio y relámpagos era imposible que nadie fuera a notarlo. -De acuerdo, lo siento -se disculpó, porque Hermione no dejaba de mirarlo con esa cara de asombro-. Soy un estúpido, ¿de acuerdo? Jamás he leído Historia de Hogwarts, no soy tan inteligente como tú…

Pero entonces Hermione lo interrumpió:

-¡Ron, eres brillante!

-¿Disculpa? -dijo él, totalmente aturdido.

-¡Ron! -repitió ella. Se la veía fascinada, algo que parecía muy raro en aquella situación, con toda el agua que entraba por la ventana rota empapándolos, el Neville falso que había desaparecido en la nada y el tornado enorme a lo lejos. -¿No lo ves, Ron? No, claro que no, pero escucha.

-¿Qué ocurre?

-¡Es exactamente lo que has dicho, Ron! ¡Un hechizo protege al castillo! ¿Cómo no lo pensé yo antes?

-¿De qué hablas, Her…?

-Escúchame, Ron, no tenemos mucho tiempo -ahora la cara de Hermione había cambiado. El agua seguía empapándolos, pero no se movían de su lugar. Hermione lucía ahora preocupada, más que asombrada.

-¿Puedes decirme qué diantres…?

-Es el hechizo que protege al castillo, Ron. He leído sobre esto… En Historia de Hogwarts, precisamente. Hogwarts no goza de protección absoluta, es demasiado grande para que un simple hechizo conjurado por un mago normal lo proteja de algo grande como un tornado… Es por eso que los profesores han decidido aplicar el peligrosísimo encantamiento Kveikur para esta situación.

-¿Kveikur?

-No es lo recomendable, desde luego… -Hermione hablaba más para ella misma que otra cosa-. Pero McGonagall debe haber sido alertada del tamaño del tornado y por eso lo aplicó.

-Sí, McGonagall dijo por los altavoces que sabía del tornado. Pero, ¿qué es esa cosa, el Kveikur?

-Es un hechizo muy antiguo… -Hermione se quedó pensativa unos instantes, mientras la luz de decenas de relámpagos le iluminaban la cara-. Demasiado antiguo, de hecho… Es más antiguo que el hechizo de amor que salvó a Harry cuando era un bebé, por ejemplo. Es antiguísimo. Ni siquiera sé en qué libros…

-Hermione, concéntrate. Vámonos a un pasillo donde no llueva, y por favor ve al grano. Normalmente, no me molesta oírte hablar de libros, pero en estas circunstancias…

-Sí, lo siento -dijo Hermione rápidamente, mientras ambos caminaban unos pasos para alejarse de la lluvia-. Como decía, el Kveikur puede proteger un edificio enorme como este de situaciones extremas, tales como un clima tremendo como este…

-¿Y cuál es la parte mala?

-Para hacerlo, abre un portal bidimensional desde el cual pueden filtrarse criaturas horrendas…

-Ya sabía yo que sería una basura de esas -Ron revoleó los ojos, ya a salvo del agua en un pasillo que no tenía ventanas-. Hermione, ¿por qué nunca dijiste que hay muchas dimensiones? Yo no sabía nada.

-No hay muchas dimensiones. Es decir, no es como en The Twilight Zone, o Matrix.

-¿Cómo qué? Hermione, yo soy mago, nunca he visto esas cosas muggle…

-Me refiero a que sólo existe nuestra "dimensión", pero también hay una especie de lugar oculto en el mundo mágico, al que no puede accederse normalmente, donde se alojan los residuos de magia negra… Ron, es complicado de explicártelo en medio minuto. Sólo imagina un espacio en el mundo, algo así como la Sala de los Menesteres, que no figura en ningún mapa, que es negro y vacío y en él hay residuos de magia negra… Es decir, cuando magos como Voldemort hacen magia negra, crean criaturas o cosas horribles, y a veces no saben lo que están haciendo, sin darse cuenta a veces envían esas criaturas o fuerzas malignas a esta especie de dimensión… Es uno de los Diez Problemas Mágicos Nunca Resueltos de Ismael Kaufield, junto con el lugar extraño al que van los elfos después de morir y el misterioso caso de quién es el inventor de aquellos ojos mágicos como los que usa Ojoloco Moody.

-Ya entiendo -dijo Ron-. O sea que la imbécil de McGonagall quiso protegernos de un tornado, y a cambio trae a un montón de Inferis y Nevilles falsos y Marys diabólicas al castillo que provienen de una dimensión maligna y ahora van a matarnos a todos.

-Algo así -dijo Hermione, nerviosamente-. Pero tengo una teoría, Ron.

-Espero que no involucre a nosotros tres salvando al castillo de esas cosas, Hermione. Te lo digo, estoy harto de que todos los años nos toque a nosotros. Hay como mil alumnos en el castillo y nosotros siempre somos los tres imbéciles que tenemos que salvarlos a todos.

-No, no, nada de eso. Es que Harry se fue a la biblioteca y probablemente fue retenido por alguna de las criaturas malignas.

-Harry no está en peligro -dijo Ron, despreocupado.

-¿Cómo lo sabes?

-Está con esa niña Mary.

-¡¿Qué?! -dijo Hermione, casi pegando un grito, totalmente desconcertada-. ¿Y tú cómo diablos sabes eso?

-Tranquila, ella no es maligna. Tenías razón, Hermione, es buena chica, de verdad. Es que no llegué a decírtelo, pero Harry envió un Patronus con un mensaje hace sólo cinco minutos…

-¿Qué? Ron, ¿de qué hablas?

-Intenté decírtelo, Hermione. Te dije que teníamos que irnos, pero tú estabas como boba mirando el tornado…

-¡RON! ¿HEMOS RECIBIDO UN PATRONUS DE HARRY QUE YO NO VI Y ESPERASTE HASTA AHORA PARA DECIRME?

-¡Hermione, tranquila! ¡Tú me dijiste todo esto del Kveikur y yo quería escuchar…

-¡Ron, eres un idiota! ¡Bueno, olvídalo! ¡¿Qué decía el Patronus?!

-Fue justo cuando tú mirabas el tornado, apareció y se posó a mi lado y dijo exactamente: "Aléjense de Neville. Es maligno", luego añadió "yo estoy bien, con Mary, resultó ser buena. Váyanse a la Sala Común inmediatamente, no se preocupen por mí". Por eso empecé a decirte a los gritos que nos fuéramos a la sala común, y entonces vi el tornado yo también y me olvidé completamente del Patronus…

-¡Ron! -Hermione estaba como histérica-. ¡Harry está en peligro mortal!

-¿De qué hablas? ¿No oíste lo que dije? ¡La niñita no es mala, el malo era Neville! Ahora que relaciono las cosas, veo un sentido en todo esto: La niña debe haberle revelado también a Harry que la Sala Común es el único lugar seguro. Vamos, McGonagall no es estúpida. Seguramente sabía lo que hacía cuando conjuró ese Kveikur, por eso fue tan firme en que volviéramos todos a nuestras salas comunes… -Hermione lo miraba como loca, pero Ron quería terminar su discurso, porque por primera vez era él el que entendía las cosas y se sentía maravilloso explicándoselas a ella en lugar de al revés-…porque allí, en las salas comunes, no corremos peligro. Las criaturas estas deambularán por el castillo un ratito, y cuando se pase el tornado y McGonagall retire el hechizo, entonces todo volverá a la normalidad. La culpa fue nuestra, si lo piensas, por no obedecerla e irnos a vagar por ahí…

-¡Ron, no lo entiendes! -gritó Hermione, que parecía al borde de la locura-. ¡Ninguna de todas las cosas que salen del Kveikur puede ser buena, ninguna! ¡¿No oíste lo que dije?! ¡Es pura magia negra! ¡Esa niña Mary es tan maligna como todo lo demás, o incluso quizás más, si tuvo la suficiente inteligencia para engañar a Harry de esa forma! ¡Harry podría estar muriendo a manos de ella en este mismo momento, mientras hablamos!


-Mary… ¿Estamos yendo a buscar al impostor?

Pero Harry sabía que no tenía sentido seguir preguntando aquello, porque Mary, que lo llevaba delicadamente de la mano por los túneles más profundos, oscuros y subterráneos que nunca hubiera visto en Hogwarts, seguía cantando en una voz que ponía la piel de gallina:

-Maaaryy tenía un cooorderitoo, coorderiito, corderito…

Y entonces, de la nada, la niña dejó de caminar.

El corazón de Harry se paralizó, porque entonces, con el extremo silencio, se dio cuenta de lo lejos que debían estar del castillo. No había un solo sonido: ni la lluvia, ni nada. Estaban en algo que era negrura pura, ni siquiera hacían eco sus voces. Sólo desaparecían al segundo de salir de sus bocas. ¿Dónde demonios estaban? ¿Habría vuelta atrás de aquel extraño túnel, si es que eso era aquel sitio? El miedo lo tenía dominado hasta tal punto, que su voz salió fina y temblorosa cuando reunió el valor para preguntar, en medio de ese silencio atroz:

-Mary… Por favor, di… dime… Dime a d-don… a donde estamos yendo.

Y, entonces, la vocecita de Mary sonó justo a su lado en un susurro, fría y de ultratumba:

-A mi casa.