1 a.m.
-Hermione… -Ron tomó a su amiga de la mano, porque acababa de oír algo en el pasillo en el que estaban. Era difícil de saber qué era, porque estaba oscuro como boca de lobo y la luz de los relámpagos no les llegaban, ya que no había ventanas en ese pasillo. El sonido entonces cesó, pero Ron sintió a Hermione acercarse más a él mientras le apretaba la mano con fuerza.
-Vamos, Ron, tenemos que ir a la biblioteca -dijo ella, con la voz temblorosa por el miedo-. Ha… Harry está en peligro. Debemos ir a la biblioteca a buscarlo…
-¿Crees que esté ahí? Ya ha pasado más de una hora desde que…
Pero, entonces, los dos pegaron un salto atroz, y Ron no pudo terminar la frase; Hermione lo abrazó con fuerza, muerta de miedo, porque una voz amplificada mágicamente había empezado a resonar por las paredes. Tardaron unos segundos en darse cuenta de que era la voz de la profesora McGonagall:
-Atención, alumnos -decía la voz, amplificada, resonando por encima del ruido de los rayos y la lluvia-: El tornado que les he mencionado hace unas horas está cerca y viene en dirección al castillo. No hay nada de que temer, repito: No hay nada que temer. Todos estarán seguros y a salvos por medio de protección mágica, en sus salas comunes, donde les ordené ir. A partir de este momento, la puerta de las cuatro salas comunes se cerrará mediante magia y no existirá forma de que ningún alumno entre o salga de las casas. Confiamos en que todos han obedecido y se encuentran en sus camas, a salvo. PERO, en caso de que alguno de ustedes esté merodeando en los pasillos, se les ordena inmediatamente, Y POR SU SEGURIDAD, dirigirse en este mismo momento y sin retraso al despacho del profesor Dumbledore, en el séptimo piso. Nadie será castigado. Repito: Nadie será castigado, es por su seguridad. Se ingresa por las gárgolas y la contraseña es "Días soleados"… Así es, irónicamente, la contraseña resulta ser "días soleados". En fin, espero que nadie haya desobedecido, pero, de ser así, no pierdan un segundo en ir hacia allí. Debo repetir que su seguridad está en juego.
La voz se apagó, y la lluvia volvió a sonar inmensamente en sus oídos.
-¿Y ahora nos lo dicen? -protestó Ron-. ¿Qué estaba esperando esta mujer para anunciar esto, que todos muriéramos a manos de niñitas diabólicas o…?
-Cállate, Ron -urgió Hermione, con impaciencia, porque había oído sonidos extraños de nuevo. Aferró la mano de Ron y tiró de él para que la siguiera. -Vamos, no perdamos tiempo.
-¿Por qué me llevas a las escaleras? La biblioteca está hacia el otro lado.
-No vamos a la biblioteca, Ron. Vamos al despacho de Dumbledore.
-¿Qué? ¡No, Hermione! ¡Vamos a buscar a Harry!
Hermione se detuvo en seco y miró a Ron con brusquedad. Ron no dijo nada, porque pudo percibir la impaciencia en la mirada de ella.
-Escucha, Ron. No creo que Harry esté en la biblioteca. Acabo de mandarle un Patronus y no ha respondido…
-¡¿Qué?! -ahora era Ron el sorprendido-. ¿Cuándo hiciste eso?
-Recién, mientras McGonagall hablaba. ¡Eso no importa, Ron! -añadió, cuando vio que él iba a protestar-. ¡No creo que siga en la biblioteca! ¡Ni siquiera sabemos si alguna vez llegó allí! ¡Ahora, lo que tenemos que hacer, es ir a decirle a Dumbledore que Harry está en peligro, para que él vaya a buscarlo!
Ron lo pensó un instante, luego asintió y ambos subieron las escaleras a toda prisa.
No se cruzaron con ninguna criatura maligna en su camino al séptimo piso. En solo unos minutos, ambos estaban ante la gárgola de piedra; pronunciaron la contraseña y subieron hacia el despacho del director. Ni bien los oyó golpear la puerta, Dumbledore abrió en persona.
Adentro del despacho estaban él, McGonagall, Slughorn y la profesora Sprout.
-¿Están bien? -dijo McGonagall, con preocupación, acercándose a ellos y examinándolos de pies a cabeza, como buscándoles heridas o contunsiones. Dumbledore los miraba con expresión aterrada… Nunca lo habían visto así, normalmente el anciano director se mostraba tranquilo y feliz a los alumnos. Pero, en ese momento, lucía trastornado. Hermione se dio cuenta de que él debía saber ya qué era lo que ella iba a decirles, porque el director era muy inteligente y ya habría deducido que el problema allí era la ausencia de Harry…
-Estamos bien -se apresuró a decir-. Pero Harry…
-¿Dónde está? -dijo Dumbledore de inmediato, con su rostro sumido en preocupación.
-No lo sabemos. Dijo que iba a biblioteca, pero…
-¿Lo dejaron solo? -McGonagall los miró con una expresión de reproche que hizo que Hermione no pudiera pronunciar una palabra más y rompiera en lágrimas. Ron se acercó a ella y la abrazó, mientras miraba a McGonagall con enfado.
-No fue nuestra culpa -dijo, en su defensa-. Le dijimos que había que volver a la sala común, pero él se empeñó en…
-No es culpa de ustedes -dijo Dumbledore, de inmediato, y él también le lanzó una rápida mirada de reproche a McGonagall-. Es natural en un muchacho valiente como Harry querer salvar a los suyos. Díganme, ¿había alguien más en peligro? ¿A quién fue a salvar? ¿Quién más está fuera de la cama?
-Nadie -dijo Ron, con el ceño fruncido-. Harry no fue a salvar a nadie, él quería matar a un Inferi que vimos en la biblioteca, nada más…
-Naturalmente -repitió Dumbledore, asintiendo, y Ron sintió ganas de pegarle un puñetazo en su torcida nariz. El viejo siempre defendía a Harry contra viento y marea.
-Pero luego nos dijo que estaba con una niñita -dijo Hermione, y la expresión de Dumbledore se ensombreció-. Y sabemos que es niñita era malvada, porque la vimos, y… y… -tragó saliva-. Sabemos que han echado el Kveikur.
Todos los profesores se miraron entre sí con sorpresa y miedo, todos menos Dumbledore, que estaba sumido en sus propios pensamientos. Sprout pronunció por lo bajo: "si los padres se enteran…"
-Hemos hecho lo mejor que pudimos -dijo McGonagall, en su defensa, entonces le habló a Hermione-: ¿Sabes qué tan peligroso es ese tornado? Dime, ¿sabes quién lo ha conjurado?
-No -dijo Hermione, perpleja.
-¿En qué año están?
-Sexto.
-Ya Sabes Quién lo ha conjurado entonces -siguió la profesora-. Exacto, ¿quién más sino? Estamos en plena guerra, y un tornado de ese tamaño sólo puede ser obra de magia negra. El Innombrable lo ha echado con el propósito de destruir la escuela.
-Creemos que le ha dicho a Draco Malfoy que encontrara una forma de que pueda entrar en el castillo, él o sus Mortífagos, para cumplir una misión -dijo Dumbledore, y revoleó los ojos, como si estuviera hablando de la cosa más aburrida del mundo-. Ya sabes, matarme. El joven Tom aún piensa que la muerte es lo más terrible que le puede pasar a un hombre. Pobre ingenuo, si le hubiera dado un sarpullido en el trasero del tamaño que me tocó a mí el otro día, sabría muy bien que hay cosas mucho… -se detuvo, porque McGonagall lo miraba con expresión de enfado-. Sí, quizás mis sarpullidos no sean lo mejor de lo que hablar ahora. El punto es que el tornado es obra de Voldemort, y para detenerlo hemos echado el Kveikur.
-El encantamiento estaba controlado -dijo McGonagall, con los ojos desorbitados, muy nerviosa-. Ningún alumno saldría dañado. Logramos que el efecto negativo del hechizo no pudiera acceder a las salas comunes, logramos bloquear esa área del castillo… Les dijimos que no vagaran por los pasillos…
-Profesora, es natural que un adolescente desobedezca órdenes -dijo Dumbledore-. Así que yo personalmente me haré responsable de cualquier problema que pueda surgir de esta situación. Iremos a buscar a Potter de inmediato. ¿Están seguros de que nadie más que conozcan ustedes está fuera de la cama?
-Bueno, creímos que Neville -dijo Ron-. Pero resultó ser un impostor.
-¡¿Qué han dicho?! -soltó Dumbledore, con una firmeza tal que Ron tropezó del susto y cayó al suelo.
-Pero no era él -dijo Ron, de nuevo-. Era un impostor…
-Es el Shaazam -dijo Dumbledore, mirando con temor a la profesora.
-¿El qué? -dijo Hermione, muy asustada.
-El Shaazam -repitió Dumbledore-. Es una criatura…
-Profesor -lo interrumpió McGonagall-. No creo que los niños tengan edad para…
-No fastidies, McGonagall, ya son grandes. Como les decía, el Shaazam es una criatura horrenda que toma la forma de magos reales; o, como ustedes bien han dicho, un impostor. Dios mío, nunca creí… esto ha sido una terrible idea, el Kveikur. Verán, desde luego, debí darme cuenta antes… Muchachos, el Shaazam ha aterrorizado Europa en décadas pasadas, fue conjurado por un mago tenebroso llamado Grindelwald… -se quedó unos segundos con la mirada perdida, luego volvió a hablar-. Desde luego, lo hemos vencido, pero yo siempre supe que no se había ido del todo. Desde que lo vencimos, debe haberse convertido en un residuo de magia negra. Y ahora que hemos abierto el portal… y aquí mismo, en Hogwarts… -Dumbledore estaba tan afectado que les dio miedo que empezara a golpearse a sí mismo.
-Profesor, ¿está usted bien? -preguntó Slughorn, hablando por primera vez.
-Díganme, muchachos -siguió él, sin prestarle atención-. ¿Qué ocurrió con este… con este impostor de Neville?
-Nada, desapareció en el aire -dijo Hermione, y se asustó, porque, si antes Dumbledore lucía afectado, eso no fue nada comparado con la cara que puso al oír aquello.
-¿Se esfumó en el aire ante ustedes?
-Sí, fue algo así -dijo Ron-. Doblamos un recodo y el Neville falso ya no estaba allí.
-¡MALDICIÓN! -bramó Dumbledore, con un ímpetu que los dejó helados. Nadie se atrevía a hablar. Finalmente, fue Hermione la que dijo:
-Disculpe, profesor… ¿qué tiene de malo que haya desaparecido?
-El Shaazam no tiene la libertad de antes -dijo Dumbledore, con una voz oscura que jamás le habían oído-. Está atado al poder del hechizo… Verán, el portal que hemos abierto permite que esas criaturas se paseen por todo el castillo, porque es el área que hemos protegido contra el tornado. Bueno, todo el castillo menos las salas comunes, que están a salvo y selladas. Pero el Shaazam, por eso mismo, no puede tomar la forma de cualquier persona mientras esté bajo las restricciones del encantamiento Kveikur. Sólo puede tomar la forma de las personas que estén en los lugares por los que él puede merodear… es decir, fuera de la cama y en los pasillos del castillo. Si se transformó en Neville, quiere decir que Neville salió de su sala común en algún momento… ¡Maldición, McGonagall, le dije que debíamos sellar las entradas y salidas de las salas comunes antes!
-Profesor, no fue fácil -se defendió ella-. La Dama Gorda se resistía…
-Ahora es tarde -se lamentó él-. Si el Shaazam desapareció ante ustedes, puede ser por una de dos cosas: O Neville ha vuelto a la sala común, lo que significa que ya no podía transformarse en él… O Neville ha muerto.
Todos se quedaron en silencio, con la mirada petrificada. Dumbledore estaba furioso. Furiosísimo…
-Confiemos en que haya vuelto a la sala común…
-Profesor -dijo Slughorn-. Quizás deberíamos enviar a alguien a la sala común de Gryffindor para comprobar que Neville esté allí a salvo. A Filch, quizás.
Filch, que también estaba allí (al parecer, el despacho del director también estaba protegido contra el Kveikur) lo miró con furia.
-Bueno, yo no puedo ir a la sala de Gryffindor -dijo Slughorn, con cobardía-. Yo soy un Slytherin…
-Nadie se moverá de aquí -dictaminó Dumbledore-. Nadie, excepto los que yo diga. Afuera de este despacho no es seguro, quién sabe qué cosas merodean por ahí… Y, por mucho que lo lamento, no hay nada que podamos hacer por Neville: O está a salvo… o está muerto. Ahora, por quienes debemos preocuparnos es por aquellos que podemos salvar. Y Harry Potter es mi prioridad. ¿Lo oyeron? Esto es importantísimo, y quiero que todos lo entiendan: Hay mucho, mucho más en juego de lo que ustedes creen. HARRY POTTER DEBE VIVIR. ¿ENTENDIDO?
Todos asintieron, muy asustados.
-Bien -prosiguió Dumbledore, caminando a largas zancadas por la habitación, mientras pensaba-. Ron y Hermione, ustedes irán a buscarlo.
-¡¿Qué?! -se quejó McGonagall-. ¿He oído bien?
-Ha oído perfectamente, McGonagall, no me discuta -dijo él; estaba más furioso que nunca; al parecer, la idea de que un estudiante hubiera muerto lo ponía de un humor en el que nadie lo había visto antes-. Ron y Hermione son los más adecuados para buscar a Harry. Lo conocen mejor que nadie de nosotros: Saben cómo piensa, a dónde iría… No correrán peligro. ¿Tienen la capa para hacerse invisible de Harry?
-¿Por qué habrían de tenerla ellos? -dijo McGonagall.
-De hecho, la tengo yo -dijo Hermione, sacándola de su bolsillo-. Harry me la pasó hace unas horas…
-Perfecto -dijo Dumbledore, tomando la capa y alzándola en alto-. Esta capa es más valiosa de lo que creen. Un día comprenderán lo valiosa que es… El año que viene, si todo sale bien. Las criaturas malignas que rondan por el castillo no podrán verlos si la usan… es más poderosa que ellos. Pero sí podrán oírlos, así que tengan cuidado.
-¿A dónde iremos? -preguntó Ron, que no lucía muy valiente-. ¿A dónde cree que haya ido Harry, director?
-Ustedes dijeron que se fue con una criatura maligna…
-Sí, una niñita -dijo Hermione-. Pero estoy segura de que es maligna…
-Y yo le creo, señorita Granger, así que esto haremos: Miren, escuchen con atención: Las criaturas que asolan el castillo en estos momentos no aparecen y desaparecer en la nada. Recuerden, nada ni nadie puede desaparecer en este castillo. Ese Shaazam que vieron desaparecer ante ustedes no desapareció realmente, sólo se volvió invisible, porque ya no tenía a nadie a quien suplantar de impostor (esperemos que porque Neville regresó a la sala común). Pero los demás caminan normalmente como tú y yo, y están entrando a este castillo por un lugar específico… Así es, cuando se conjura el Kveikur, el castillo es protegido contra cosas tales como ese tornado, pero al mismo tiempo se abre una grieta en alguna parte del castillo que conduce a aquella "dimensión paralela" de donde salen estas criaturas… Y esa grieta es un lugar en específico, puede ser la puerta de un aula, puede ser un inodoro, puede ser lo que sea. No sé que es, pero ustedes tendrán que buscarla, porque lo más probable es que, si esa criatura no ha matado a Harry sólo al verlo, y se lo ha llevado a pasear, como dijeron ustedes, lo más probable es que quisiera llevarlo a aquella dimensión paralela…
-¿Por qué habría de querer llevarlo allí, profesor? -preguntó Hermione.
-No tengo idea, Hermione -dijo él, con el anciano rostro lleno de miedo-. No sé tanto sobre el Kveikur como me gustaría… pero sí sé que así es como actúan estas criaturas… Nunca antes había conjurado uno; pero las veces que leí al respecto (y leí mucho esta tarde antes de decidir llevar a cabo el hechizo) he leído que eso es lo que hacen estas criaturas… O matan, o te llevan con ellos a la dimensión maligna en la que todas ellas viven originalmente… Muchachos, no es un camino corto. Tengo fé en que Harry aún no está allí dentro, porque de ser así… temo que no habría esperanza.
-¿Y quiere que vayamos allí… profesor? -Hermione lucía tan asustada que Ron pensó en decirle al director que si tan valiente era que por qué no iba él mismo, pero se cayó la boca, porque Dumbledore precisamente contestó aquella pregunta:
-Iría yo mismo… pero no soy el ideal para este trabajo, y tengo otras cosas que hacer. Temo que otros estudiantes hayan quedado fuera de las salas comunes, así que iré a buscar por los pasillos… Además de hacer otras cosas que no les incumben…
Hermione pensó que Dumbledore querría averiguar qué había sido de Neville, y posiblemente (por lo furioso que se lo veía) matar a tantas criaturas oscuras como pudiera.
-Harán esto -siguió el director-: Irán con la capa y buscarán a alguna de esas criaturas… a cualquiera, no importa cuál. Entonces, ocultos y con cuidado, la seguirán. Lo más probable es que la criatura, luego de dar unas vueltas, regrese a su hogar… por llamarlo de alguna forma. Así es, ella misma los conducirá al lugar donde está la grieta entre las dimensiones, al lugar por el que esa niñita se ha llevado a Harry… Y a partir de allí… Bueno, muchachos… A partir de allí, buena suerte.
