4 a.m.
Ron y Hermione corrían por el eterno túnel, ahora con sus varitas iluminando las paredes, avanzando tan rápido como podían.
-Hermione, creo que allí hay otro…
Efectivamente, los dos haces de luz habían iluminado una figura que se movía delante de ellos.
Hermione pensó a toda prisa. ¿Y si era Mary, que estaba con Harry? En ese caso, debían actuar de prisa contra la niñita…
Pero no. Resultó ser la ancianita, la misma con la que se habían metido al túnel. La vieja caminaba de espaldas a ellos hacia adelante; iba a velocidad normal, por lo que ellos la alcanzaron corriendo… Ni bien pudo percibir los haces de luz, la anciana giró en redondo y abrió grandes los ojos. Produjo y sonido sobrehumano, una especie de grito que retumbó por las paredes de roca e hizo eco por todo el túnel.
Ron se tapó los oídos, sin poder evitarlo, porque el grito había sido garrafal. Pero Hermione, más rápida, aprovechó el momento para matar a la vieja de un solo movimiento de varita. La anciana cayó hacia atrás, de espaldas sobre el suelo, muerta.
-Eso es por Neville… -dijo Hermione en voz baja, muy seria.
-¿Cómo lo hiciste? -preguntó Ron, mirando a Hermione con miedo.
-Un Avada Kedabra mudo -dijo Hermione, que lucía incluso más aterrada y sorprendida que Ron-. Jamás había hecho eso en mi vida. Ni siquiera en voz alta…
-Ya era hora de empezar -dijo Ron, animándola, mientras le daba una palmadita en el hombro-. ¡Vamos!
Siguieron corriendo a toda velocidad, pasando sobre el cadáver de la anciana maligna.
-Ron -dijo Hermione, agitada, mientras avanzaban. Ron supo, por el tono de voz, que Hermione estaba por compartir alguna de sus teorías, seguramente bastante pesimista…
-¿Qué ocurre? -preguntó, sin embargo.
-El grito que hizo… la anciana -Hermione jadeaba mientras hablaba y ambos corrían en línea recta por el túnel oscuro-. ¿No te pareció… que era algo así como… un llamado?
Ron levantó aún más la varita, apuntando al frente, temeroso.
-¿Crees que… con ese grito… la vieja estaba llamando… a los suyos? ¿A las demás criaturas? ¿Advirtiéndoles… que estamos aquí?
-Ron… ¿qué haremos si se nos acercan veinte de esos…? Hemos podido con ella… y con los Inferi… pero eran pocos…
A Ron no se le ocurrió una respuesta para esa pregunta, así que guardó las fuerzas para poder seguir corriendo sin agotarse. Pasados varios minutos, que para ellos se sintieron como una hora, pero en realidad fueron unos veinte minutos, se detuvieron.
Ninguno necesitó preguntarle al otro el motivo por el que habían dejado de correr. De hecho, ninguno de los dos dijo nada. Ambos bajaron sus varitas, de forma que la luz de los Lumos quedó iluminando sus pies y un trozo de suelo, y quedaron quietos con la mirada hacia adelante…
Allí, a lo lejos, derecho por el túnel, había aparecido de pronto un haz de luz roja.
Ambos lo miraban muertos de miedo, sin atreverse a decir nada. Era un haz de luz roja pequeño como un punto, nada más que eso, pero su significado era tan aterrador para ambos como si el mismísimo diablo personificado hubiera aparecido ante ellos. Por un rato, ambos habían olvidado dónde estaban. Correr por un túnel, siempre en línea recta, concentrados sólo en que no apareciera ninguna criatura diabólica, había sido una forma estupenda de no tener que pensar en nada más que en sus propios pasos; ambos habían dejado de pensar en el motivo por el cual estaban allí, y hacia dónde se dirigían…
-Esa luz… -dijo Ron, finalmente-. ¿Crees que sea…?
Hermione respiraba muy agitada, mirando siempre hacia adelante, sin pestañear, como si temiera que algo muy malo de pronto apareciera allí ante ellos.
-Ron… -dijo finalmente, y su voz sonó igual de débil que cuando habían tenido que contemplar lo que esa vieja horrenda le hacía a Neville, lo que parecía haber ocurrido días atrás, y no sólo hacía una hora-. Ron, creo que… creo que… Harry…
-No -Ron, entonces, giró la cabeza, apartándola de la luz roja, y clavó la vista en Hermione. Ahora su rostro no mostraba miedo, sino shock. -No… No lo digas… Hermione, no lo digas -de pronto Ron estaba como loco, porque había entendido lo que Hermione quería decir. Pero no lo aceptaría. Jamás aceptaría aquello…
-Ron, lo siento, pero… -Hermione también lo miró a los ojos, iluminados por el reflejo de la luz de sus varitas, todo lo demás alrededor de ellos en absoluto silencio mortal y oscuridad. La tristeza en la cara de Hermione era profunda y terrible… -Creo que es tarde, Ron.
-¡No! -Ron negó con la cabeza, una y otra vez, para luego volver a mirar hacia adelante, hacia la luz-. No me iré de aquí, Hermione… Vinimos para salvar a Harry.
-Ron, escúchame -Hermione se acercó a su amigo y lo sujetó del brazo con fuerza, porque Ron había hecho el amague de salir corriendo hacia adelante otra vez-. Ron, eso que ves allí adelante… ¿sabes lo que es, verdad? Lo sabes, ¿verdad?
-Sé bien lo que es -dijo Ron, respirando muy agitado, pero esta vez no por correr…
-Escuchaste a Dumbledore -Hermione miraba a Ron a los ojos, tratando de convencerlo con la mirada, de convencerlo de que no hiciera algo estúpido-. Nuestra misión era rescatar a Harry en este túnel… Nos dijo específicamente…
-¡Sé muy bien lo que dijo! -Ron no gritaba, pero su tono de voz era áspero y exasperado-. Sé que eso es la zona oscura, o como sea que lo haya llamado… Sé que este túnel es un portal que lleva a ese lugar en el que habitan los… los residuos de magia negra, o lo que sea…
-Y Dumbledore dije claramente que, si nos metíamos allí dentro, no había ratorno. Dijo que si no lográbamos encontrar a Harry en el túnel, que volviéramos.
-Aún podemos encontrarlo -dijo Ron, sin rendirse.
-Pero, Ron…
-¡No, Hermione! -dijo él, ahora furioso, y volvió a mirarla a los ojos-. Tú vuelve, ya te he dicho desde el principio que no tenías que venir… Pero yo no me iré hasta que esté seguro de que no hay forma de salvar a Harry… Hasta que no esté cien por ciento seguro…
-¡Ron! -Hermione había empezado a llorar, las lágrimas caían una tras otra por sus ojos mientras lo miraba con súplica-. ¡Sí vas allí, morirás también!
-¡HARRY NO ESTÁ MUERTO! -ahora Ron sí gritaba-. ¡No está muerto, ¿me oyes?! Iré hacia allí. Lo encontraré… Debe estar más adelante… No creo que haya llegado del otro lado aún…
Hermione lo miraba como con lástima, con las lágrimas aún cayéndole por las mejillas.
Ron respiró hondo, para calmarse, y entonces encaró a Hermione de nuevo:
-¿Y si no llegó aún?
-Ron…
-Hermione, respóndeme esto. Si Harry está yendo hacia allí con esa niñita, pero aún no llegó a la zona oscura, ¿cómo te sentirías si pudiste salvarlo y no lo hiciste?
-Ron, pero es que… Ron, Harry hizo este camino al menos dos horas antes que nosotros. Esto no tuvo sentido desde el principio. Odio decirlo, pero las probabilidades de que lo encontráramos a tiempo…
-¡No me hables de probabilidades! Hermione, ¿cómo sabes lo que le ha ocurrido? ¿Y si venció a la niñita? ¡Vamos! ¡Nosotros matamos a seis de esas criaturas, siete contando a la que matamos en el castillo! Harry es fuerte y tenía su varita, ¡pudo haber matado a la niñita! Pero piénsalo, ¿y si quedó lastimado? ¿Si está tendido más adelante en el suelo, herido? ¿Si su única salvación somos nosotros?
Hermione miraba a Ron y luego a la luz roja que se alzaba delante, en la distancia. Estaba totalmente fuera de sí, llorando y abriendo la boca para hablar y luego cerrándola. Parecía al borde de la desesperación.
-De- De acuerdo -dijo por fin, con los ojos muy abiertos y rojos por haber llorado-. De acuerdo, Ron, iremos -hablaba como loca, muerta de miedo, de una forma que Ron jamás la había visto-. Iremos más adelante… Y si, al llegar a la luz roja, no encontramos a Harry… Entonces volveremos. ¿Me lo prometes?
-Sí.
-Ron, prométemelo.
-Te lo prometo, Hermione.
-De acuerdo -Hermione asintió con la cabeza muchas veces, al tiempo que inflaba el pecho, tratando de cobrar valor para seguir avanzando hacia aquella luz-. Corramos, Ron. Si Harry está en la parte del túnel que resta para llegar del otro lado… no tenemos mucho tiempo para salvarlo.
-Vamos.
Empezaron a correr, y al instante Ron notó algo en la mano. Al principio creyó que otra de las criaturas les había tendido una emboscada, pero entonces se dio cuenta de que no era así: Hermione, que tenía más miedo del que hubiera tenido nunca en su vida, lo había tomado de la mano.
Dean Thomas estaba despierto y fuera de la cama. Acababa de consultar su reloj de pulsera: eran las cuatro y media pasadas. ¿A dónde se habían metido sus amigos? Hacía un rato ya que había salido de la Sala Común (antes de que McGonagall anunciara que cerraría las salidas) y no había encontrado a nadie. Había sido una reacción en cadena: Primero, Neville había querido ir a buscar a Harry. Luego, Seamus había querido ir a buscar a Neville. Entonces él, Dean, se había dado cuenta de que estaba solo en el cuarto, y el ruido de la lluvia y lo siniestro de aquella noche lo habían obligado a saltar de la cama e ir a buscar a sus amigos desaparecidos. No podía quedarse solo un segundo más en la habitación.
Ahora, en los pasillos, andaba despacio y trataba de ver si encontraba a alguno de sus cuatro compañeros de cuarto desaparecidos. Había sentido miedo al escuchar a McGonagall decir con la voz amplificada que "la seguridad de cualquiera que hubiera quedado fuera de las salas comunes estaba en grave peligro", pero luego dedujo (igual que había hecho Seamus, aunque él no lo supiera), que eso era sólo un aviso de McGonagall para asustarlos y lograr que vayan al despacho de Dumbledore, para castigarlos.
Entonces, mientras caminaba por los oscuros pasillos del colegio, ensordecido por el estruendo de los relámpagos y la lluvia, se asomó a una ventana y casi pega un grito:
Ante él, a sólo unos metros de distancia, el tornado más gigantesco que hubiera visto en su vida arrasaba con todo a su paso. Y estaba allí, a pocos metros de él: Podía ver con claridad los árboles del bosque prohibido siendo arrancados de raíz y revolviéndose en el tornado, incluso le pareció ver la figura de varios animales girando en el aire y perdiéndose en la inmensidad de ese enorme monstruo de viento y lluvia, hasta creyó ver la figura de algunos centauros…
Las paredes del castillo empezaron a temblar. Dean tropezó hacia atrás y se sujetó de una estatua para no caer. Pensó que, dado lo bestialmente gigante de ese tornado, chuparía el castillo entero y lo demolería hasta sus cimientos… Sin embargo, lo sorprendió mucho comprobar que el temblor desapareció sólo segundos después. Y eso que el tornado estaba ya tan cerca que prácticamente podía ver cada uno de los árboles arrancados que se revolvían en él.
Pero el castillo no se movió un centímetro, permaneció intacto.
-Dumbledore -dijo Dean en voz alta, sonriendo, mientras miraba el tornado pasando exactamente sobre el castillo, por encima del estadio de Quidditch y de la torre de astronomía, sin mover una sola pared, sin causar ningún daño. Se dijo a sí mismo que tenía que felicitar al director, que de seguro había protegido a la escuela con algún embrujo. Debía felicitarlo cuando lo viera, porque aquella protección debía ser la magia más espectacular jamás conjurada por ningún mago…
-Lindo, ¿no es así? -dijo una voz justo tras él. Llevándose un susto de muerte, Dean se dio vuelta, apartándose de la ventana y sacando la varita instantáneamente. Pero se llevó un susto aún mayor cuando se vio a sí mismo de pie ante él, con una sonrisa diabólica.
¿Qué era aquello? Dean estaba cara a cara… con Dean. Una copia exacta de él mismo estaba ante él, mirándolo con una sonrisa horrenda.
No se lo pensó dos veces: Enseguida, Dean levantó la varita y trató de atacar a aquella criatura.
El Dean falso se hizo a un lado y trató de saltarle encima. Dean vio que llevaba una daga en la mano…
-¡No! -gritó, haciéndose oír entre el estruendo del temporal terrible que tenía lugar del otro lado de la ventana. Se lanzó al suelo para esquivar al Dean falso, que se había lanzado sobre él. Trataba de clavarle la daga a toda costa.
-¡Desmaius! -gritó Dean, y por fin consiguió darle con el hechizo justo en medio del pecho al Dean falso.
Jadeando, exhausto, Dean se arrastró por el suelo hasta quedar junto a su doble, su copia. ¿Qué demonios era aquello? ¿Qué hacía una copia de él mismo tendida en el suelo ante él? ¿Sería alguien que había bebido poción multijugos? Era la única explicación razonable.
-¡SORPRESA!
Ese grito lo hizo saltar en el lugar y caer al suelo. El Dean falso había abierto los ojos de una forma macabra y sorpresiva y se había puesto de pie al instante, riendo como histérico.
-¡JAJA! -gritó el Dean falso, ahora de pie y con ventaja-. ¿Creíste que un Desmaius me vencería? ¡Pobre Dean! ¡Un Desmaius no puede matar al gran Shaazam, al poderosísimo Shaazam! ¡SE NECESITA MUCHO MÁS QUE ESO, MUCHACHO! -rió aún más, mientras daba saltitos en el suelo-. Oh, Dean Thomas, puedo ver a través de ti como he mirado a través de mis víctimas durante décadas… Por eso es tan fácil para mí adoptar la forma de sus cuerpos… Porque son tan transparentes, todos ustedes, humanos mortales despreciables. ¿Qué ocurre, Dean? ¿Te sientes inferior? ¿Siempre le daban todo a tu hermano y a ti te dejaban con lo poco?
Dean tragó saliva, contemplando a aquella criatura mientras esta reía como enferma.
-¿Acaso sientes envidia de los demás, Dean? ¿Acaso, cuando eras niño…?
Pero el Shaazam no pudo continuar hablando. De pronto se quedó petrificado, aún con la forma del cuerpo de Dean. Sus ojos se abrieron bien grandes y la sonrisa se borró de sus labios.
Ahora, el Dean auténtico era el que sonreía. Tenía la varita en la mano aún, y la varita, disimulada contra un costado de su cuerpo, apuntaba al Shaazam.
-Vaya, veo que aprendí los encantamientos mudos -dijo Dean, mientras se ponía de pie-. El Avada Kedabra no es tan difícil como creía. ¿El Avada Kedabra sí es suficiente para ti, bestia inmunda asquerosa?
Le dio una patada con toda la furia, y el Shaazam cayó hacia atrás, aún con la forma de Dean, pero ahora muerto.
Dean respiró agitado y se guardó la varita.
-Vaya, que noche de locos -dijo en voz alta, satisfecho con su trabajo. Pero entonces vio algo más allá… Algo que le heló la sangre. -No…
Dean empezó a correr. Había visto el rastro de sangre, y este no era el rastro de sangre de ninguna criatura malvada. El cuerpo que había en el suelo era…
-¡NO! -gritó, lanzándose al suelo. No pudo evitar llorar. -Seamus, no…
Se deshizo en lágrimas, mientras abrazaba el cuerpo sin vida de Seamus.
Diez minutos después, Dean corría por el castillo a toda velocidad. Estaba desesperado, buscando a alguien que lo ayudara. Tenía que decirle a alguien lo que había pasado, que Seamus había muerto. Pero el pobre estaba tan conmocionado que no podía pensar con claridad, no tenía idea de hacia dónde iba. Sólo corrió más y más por el castillo, subiendo escaleras, pensando en que tenía que llegar al séptimo piso para ir al despacho de Dumbledore, donde supuestamente debían haber ido, porque eso había dicho McGonagall con su voz amplificada. Si le hubieran hecho caso, si hubieran entendido lo que quiso decir, que había criaturas malignas sueltas por el castillo, si Seamus la hubiera escuchado o él hubiera llegado antes, podría haber salvado a su amigo…
Y así, mientras sentía que colapsaría en cualquier momento, destruido or dentro por lo que había visto, por la figura de su mejor amigo muerto en el suelo, Dean subió, sin saber lo que hacía, las escaleras que conducían a la sala de adivinación, en lo alto de la torre Norte.
Había llegado arriba de todo cuando se dio cuenta de dónde estaba. Sobre él colgaba la cuerda de la puerta trampa por la que se accedía al aula de adivinación.
Sabía que el despacho de Dumbledore no estaba allí, pero no había tiempo para bajar las escaleras espiraladas de vuelta. Quizás Trelawney estuviera allí dentro. Ella podría ayudarlo…
Dean tiró de la cuerda y la escalera desmontable cayó ante él con un chirrido ensordecedor. El chico subió a toda prisa las escaleras y entró corriendo al aula de adivinación.
Se detuvo en seco. Había dos figuras ante él: Una de ellas era Ginny, que estaba sentada en el escritorio de la profesora Trelawney, mirando como hipnotizada una bola de cristal. Y la otra figura, muy alta, estaba de pie ante ella, y le acariciaba el cabello pelirrojo a Ginny con una mano blanca y huesuda. Esa figura era…
-¿Profesor Dumbledore? -dijo Dean, sin comprender.
Dumbledore alzó la vista, y al instante la bola de cristal dejó de resplandecer en color blanco y, en cambio, se apagó. Ginny pestañeó varias veces y miró a su alrededor, confundida. Por alguna razón, Ginny llevaba un pañuelo en la frente, lo que le daba un aspecto de ninja o luchadora. La chica entonces miró a Dumbledore, frunció exageradamente el entrecejo y se apartó de él a toda velocidad, como si acabara de ver un fantasma.
-¿Profesor Dumbledore? -dijo Ginny, muy sorprendida-. Usted… Usted me hipnotizó.
Dean miraba a Ginny y luego a Dumbledore, sin entender nada.
-Usted me puso ante esa bola de cristal con un hechizo -dijo Ginny-. Lo recuerdo todo, usted… ¿por qué hizo eso? Me dijo cosas horribles…
-¿Qué? -dijo Dean-. Amor, ¿qué haces aquí? -en esta época (sexto año), Dean y Ginny salían juntos.
-Primero, usted me dijo que lo que veía en la bola era mi futuro -dijo Ginny, que no dejaba de mirara a Dumbledore con horror-. Pero, luego de unos minutos, la bola sólo mostraba cosas horribles, asesinatos… Y yo no podía apartar la mirada… Y sabía que usted estaba acariciándome el pelo, pero no podía quitar los ojos de la bola, una fuerza me lo impedía… -Ginny empezó a llorar. Se notaba que acababa de salir de una experiencia aterradora-. ¿Por qué hizo eso? -dijo, mientras le caían las lágrimas-. ¿Por qué me hizo ver todas esas cosas horribles, profesor?
-Por diversión, naturalmente -dijo Dumbledore, con una sonrisa. Parecía que estuviera comentando algo muy natural, como el clima o algo así. Ginny lanzó un gritito y corrió hacia Dean, muy asustada.
-¡Usted no es Dumbledore! -gritó Ginny-. ¡Es un impostor! ¡Dean, él me hizo cosas horribles! ¡Mátalo!
Dumbledore no rió, pero miró a Dean con su mejor cara de bonachón, lo que provocó que Dean no se sintiera animado siquiera a sacar su varita.
-¿Es… es un impostor? -dijo Dean, confundido, porque parecía el Dumbledore real. No era como ese Shaazam, que tenía la misma cara de él, de Dean, pero se notaba algo maligno en su mirada. Esta vez, la figura realmente parecía el verdadero Dumbledore.
-De todas las criaturas que hay sueltas en el castillo -dijo Dumbledore, muy tranquilo, mientras se guardaba su blanca y huesuda mano izquierda en un bolsillo de la túnica-, la única que puede tomar la forma de un ser humano es el Shaazam. Pero él no está aquí ahora, tiene órdenes de matar a cualquier alumno…
-Yo he matado al Shaazam -dijo Dean, mirando a Dumbledore con firmeza y valentía.
La cara de bonachón de Dumbledore desapareció, volviéndose mucho más fría.
-Así es -repitió Dean-. Lo he matado.
-¡No! -gritó Ginny. Dean le lanzó una mirada.
-Ginny, pero ese Shaazam era una criatura malva…
-¡Ya sé que era malvada, Dean, pero eso quiere decir que él es el verdadero Dumbledore!
Señalaba al director del colegio, que seguía allí de pie, mirándolos con mucha atención.
-Naturalmente… -dijo Dumbledore, rascándose la barba distraídamente-. El Shaazam no era inmortal, quizás fue descuidado de mi parte enviarlo solo… A veces subestimo las habilidades de mis estudiantes, para ser honesto. Jamás creí que podrían vencerlo…
-Usted… -Ginny miraba a Dumbledore con una mezcla de terror y asco-. Usted… Dumbledore… Usted está detrás de todo esto, ¿no es así? Usted está detrás de todo lo que está pasando en el castillo, de esas criaturas malvadas que están sueltas por los pasillos… ¿Cómo es posible…? ¿Usted, Dumbledore? No puedo creerlo… No puede ser usted el verdadero…
Dumbledore rió a carcajadas, examinando a los chicos por encima de sus anteojos de media luna con esa mirada tan típica de él.
-Créeme, soy el verdadero Dumbledore -dijo, sonriente. Y ellos se dieron cuenta de que decía la verdad: él era el verdadero Dumbledore.
-¿Dónde están Harry, Ron y Neville? -preguntó Dean, aún con el tono de valentía.
-Ah, me estaban molestando y los he enviado a otro lado -dijo Dumbledore, con un ademán vago de la mano, como si aquel tema lo aburriera muchísimo-. Yo tenía muchas cosas que hacer aquí en el castillo. He estado esperando esta noche por mucho tiempo… Sólo me los saqué de encima un rato, enviándolos por allí, a otro lado, mientras me encargaba de hacer lo que tengo que hacer aquí… Pero basta de charla.
Cuando Dumbledore decía "basta de charla", en general la gente no se atrevía a seguir hablando. Y aquí no fue la excepción. Dean y Ginny se miraron entre sí mientras Dumbledore les daba la espalda y se dirigía a la ventana más cercana, para contemplar cómo el tornado pasaba por encima de la torre Norte, en la que estaban ellos en ese momento. El hechizo funcionaba perfecto, porque, aunque se veía al tornado ahí fuera de la ventana, nada en la habitación se movía, ni siquiera una pluma.
Ginny y Dean llevaban un tiempo saliendo juntos y podían entenderse sin necesidad de hablar. Aquella mirada que se lanzaron decía claramente: "huyamos ahora". Aprovechando que Dumbledore se había puesto de espaldas a ellos, se dieron la vuelta muy sigilosamente y dieron un paso hacia la salida, sin hacer ruido.
Y entonces Dumbledore, aún mirando por la ventana, hizo un muy vago movimiento con la varita por encima de su hombro, un movimiento tan vago y aburrido como si fuera a rascarse algo que le picaba allí, y los dos chicos cayeron muertos al suelo.
