5 a.m.
-Aquí estamos…
-Vaya… Jamás creí que vería una cosa así en mi vida…
Ron y Hermione estaban de pie ante el final del túnel: Ante ellos, el suelo terminaba abruptamente, y todo lo que había hacia adelante era un campo de luz escarlata intenso, como si un sol frío y apagado estuviera precisamente allí, ante ellos.
-¿Crees que… que hay que saltar allí… para pasar del otro lado?
Ron miró a Hermione. Ella examinaba el circular haz de luz roja, que no tenía la forma de nada que hubieran visto antes en su vida: no era una luz, no era una pared, pero tampoco se veía qué había del otro lado… era como un portal.
-Supongo que hay que atravesar esto… Para llegar allí… ya sabes… al punto sin retorno.
-Sin retorno… -repitió Hermione en voz baja, mientras aún miraba hacia adelante, como hipnotizada. -Quizás Harry esté allí dentro…
-Quizás… -dijo Ron, mirando él también el portal rojo-. Este portal nos limita la diferencia entre regresar sin Harry… dándolo por muerto para siempre… o ir por él.
-Marca la diferencia entre… entre volver alguna vez a Hogwarts, a casa, a nuestro mundo… o quizás no poder regresar nunca más.
-Y aún así… -Ron apartó la vista y la clavó en los ojos de Hermione-. ¿Qué decides?
Hermione también apartó la vista de allí y, cuando sus ojos miraron a Ron, ambos se tiñeron del color escarlata del portal.
-Vamos por él.
No necesitaron decir nada más. Ron y Hermione se tomaron de la mano y dieron un paso hacia adelante, para desaparecer a través del rojo, hacia el interior de la zona oscura.
-Taa, na, na -canturreaba Dumbledore, animadamente. Estaba bajando las escaleras espiraladas de la torre Norte. Iba arrastrando dos cosas, una con cada mano, sin mucho cuidado: una era el cuerpo de Ginny, el otro era el de Dean. Mientras bajaba por las escaleras canturreando una vieja canción, las cabezas de los dos cadáveres se golpeaban sin cuidado contra los escalones. El viejo director del colegio no se preocupaba en lo más mínimo por los cuerpos. Cuando acabó de bajar las escaleras, vio a alguien que caminaba derecho hacia él. Era McGonagall.
-¡Profesor Dumbledore! -exclamó la profesora, muy nerviosa, mientras se acercaba caminando hacia él a toda prisa-. ¡Dios mío, ¿qué le ha pasado a esos alumnos…?! ¿Acaso son…? ¡Oh, no! ¡La señorita Weasley! ¡¿Qué ha pasado?!
-Temo que estos niños salieron de la cama… y sufrieron las consecuencias -dijo Dumbledore, sin molestar en sonar demasiado apenado. McGonagall, sin embargo, no advirtió en la diversión en su rostro, porque miraba a los cuerpos con el más profundo horror, mientras se sujetaba el pecho.
-¡Esto es horrible…!
-Profesora, ¿está usted sola? ¿Vino con algún otro profesor hasta aquí?
-N-No, no, yo no… Oh, no puedo creerlo… Esto es lo más horrible… ¿Quiere que llame a algún profesor? Oh, no- Oh, Dios…
-No, no es necesario, profesora, gracias. ¿Puedo decirle una cosa?
-Sí, claro, profesor, ¿qué ocurre?
-Avada Kedabra.
McGonagall cayó al suelo con un estrépito, ni bien desapareció el haz de luz verde. Muy entretenido, y volviendo a canturrear la canción, Dumbledore levantó su cadáver junto con el de los otros dos niños y arrastró los tres cuerpos escaleras abajo…
Habían pasado unos minutos cuando, finalmente, llegó al Vestíbulo. Había alguien allí abajo: Un mago rubio y de ojos azules, casi tan viejo como Dumbledore, quizás de la misma edad. Estaba de brazos cruzados y se quedó observando cómo Dumbledore bajaba los tres cuerpos por las escaleras, sin inmutarse.
-Hay otro más arriba -dijo Dumbledore, cuando llegó a su lado y dejó caer los tres cadáveres al suelo-. Enseguida voy a buscarlo, tú puedes ir preparando todo mientras tanto.
-¿Sólo cuatro cuerpos?
-Había otro más… pero una vieja bruta al parecer se ha comido más de la mitad.
El anciano rubio puso una mueca de asco mientras apartaba la mirada.
-Te dije que este plan tuyo era un desastre, Dumbledore. ¿De verdad, la vieja se comió el cuerpo? ¿De dónde has sacado a las criaturas?
-Tú las conoces muy bien -dijo Dumbledore-. Muchas de ellas, las hemos creado nosotros dos, juntos.
-Ahh, ya veo -dijo el otro mago, comprendiendo-. Has lanzado el Kveikur en modo protector, por lo del tornado, entiendo. Entonces, todas las criaturas malignas que hemos creado juntos a lo largo de nuestras vidas, han venido aquí al castillo, han salido de la zona oscura, han regresado a nuestra dimensión…
-Naturalmente -dijo Dumbledore, muy tranquilo, mientras se rascaba la barba, como si estuvieran hablando muy tranquilos sobre cosas cotidianas.
-No recuerdo que hayamos creado nunca una anciana caníbal…
-¿No lo recuerdas? 1968, si no recuerdo mal. Era la vieja Betsy, la vecina. Le has dado una poción canibaltrofia mientras dormía.
-¡Ahh, ya lo recuerdo! ¡JAJAJ! -el mago rubio rompió a reír como si acabara de recordar algo graciosísimo-. Oh, vaya, qué recuerdos. ¿Y el Shaazam? ¿Qué me dices de él, Dumbledore? ¿Ha regresado también? Esa ha sido nuestra mejor creación…
-No… El Shaazam ha muerto -aunque Dumbledore había llegado allí arrastrando tres cadáveres de personas que había conocido durante años y a quienes les había dicho que quería o cosas similares, arrastrándolos mientras canturreaba una canción, fue recién allí, por primera vez, ante la mención de la muerte del Shaazam, cuando se mostró apenado. -Lo mató un estudiante.
-¿De verdad? Qué mal… Espero que el estudiante haya recibido su castigo.
-Lo ha recibido, lo ha recibido -suspiró Dumbledore-. De hecho, es éste de aquí. Ahora me voy a buscar a su amigo. Es decir, al cuerpo sin vida de su amigo. Tú ve preparando todo mientras tanto, Gellert.
-¡Rápido! -dijo Hermione. Ella y Ron habían aparecido de pronto, sin entender qué pasaba, en un lugar tremendamente catastrófico. Alrededor de ellos había un suelo de roca, más allá se veían montañas de roca y había fuego por todas partes y lo que parecían ser chorros de lava ardiente elevándose hacia el cielo… o lo que parecía ser el cielo, un manto negro muy oscuro sin luna ni estrellas. Había polvo volando por todos lados; había ruidos ensordecedores que les taladraban los oídos; había criaturas volando en lo alto y escupiendo fuego de sus bocas. Parecía como si acabaran de aterrizar en el mismísimo infierno.
-¡Ponte la capa, Ron! -Hermione había sacado la capa para hacerse invisible de Harry de su bolsillo-. ¡Toma, Ron, rápido!
Se la pasó por encima, y ambos quedaron cubiertos e invisibles.
Miraron alrededor con más detenimiento: Había criaturas horrendas de todo tipo caminando alrededor de ellos, desde algunas que parecían humanas en mayor o menor medida (esqueletos, cuerpos deformes, Inferi) hasta otras que realmente era difícil saber qué eran, y parecían ser monstruos amorfos y repugnantes.
Los ojos de Hermione estaban abiertos de par en par, con terror. Ron le apretaba la cintura con fuerza bajo la capa, con ambas manos, como si abrazándose a ella pretendiera ocultarse de todo aquello que veían sus ojos.
Habían quedado como en shock. Estaban en el mismísimo infierno. El sonido de cuchillas, metal, azufre, gritos espeluznantes y chillidos muy agudos les llegaban desde todos los rincones y muchos eran provocados por las criaturas horrendas que caminaban a pasos pesados ante ellos. Estaban aterrados, petrificados, pero parecía que nadie los había visto.
-Debimos ponernos la capa antes de entrar… -dijo Hermione, tratando de que Ron la oyera por encima del estruendo-. ¡Si alguien nos ha visto, estamos muertos!
-Espero que nadie pueda ver a través de capas invisibles -dijo Ron, mientras Hermione lo empujaba a un lado, porque una de las criaturas amorfas había aparecido corriendo tras una roca enorme y casi los atropella.
-Dumbledore dijo que la capa es más poderosa de lo que pensamos -dijo Hermione-. Espero que no puedan vernos… Vamos, por aquí.
-¿Qué haces?
Ron no entendía por qué Hermione tiraba de él. ¿No se daba cuenta de que, si se movían, corrían más riesgo de tropezar con alguno de esos bichos y que los descubrieran? Estaba clarísimo que, si alguna de esas criaturas reparaba en la presencia de carne humana fresca en ese espeluznante lugar, morirían en cuestión de segundos…
Pero Hermione lo miró a los ojos, y, aunque seguía muerta de terror, y sus labios temblaron al moverse, dijo:
-Vamos a buscar a Harry.
Se movía por los pasillos, cada vez más cerca… Tenía su varita mágica fuertemente sujeta a un costado del cuerpo. Avanzaba sigilosamente por los corredores, vigilando, atento por si veía u oía algo extraño.
-Qué extraño… -pronunció en voz alta, frunciendo el entrecejo. Algo extraño estaba pasando en el castillo, definitivamente. Había salido a los corredores horas atrás, convencido de que había una razón para que quisieran retener a los alumnos en las salas comunes. Quería investigar, quería saber qué pasaba.
Y entonces se había entretenido un rato mirando por una ventana, a la tremenda lluvia que azotaba el castillo. Ahora, más recientemente, había visto el gigantesco tornado… lo había visto pasar por encima del castillo y alejarse del otro lado. El tornado ya se había perdido hacia el norte, no llegando a pasar siquiera por Hogsmeade, menos mal.
Así que ahora, ahora que la escuela estaba a salvo, alguien tenía que dar una explicación. ¿Por qué no les habían avisado a los profesores nada de todo aquello, de que cerrarían el acceso a las salas comunes y todo lo demás? ¿Y qué eran esos ruidos extraños que parecían provenir de todos lados, como si muchas personas estuvieran caminando por el castillo, allí a esas horas de la madrugada?
Él obtendría una respuesta, desde luego. Porque él era el Cazador Oscuro, y el Cazador Oscuro no podía ser engañado por nadie.
Rió. Había adoptado la denominación de "El Cazador Oscuro" unos días atrás, mientras leía un antiguo libro de Historia de la Magia Negra en la que aparecía un antiguo mago tenebroso que se hacía llamar así, un mago que había existido y provocado el mal hacía más de mil años, mucho antes que Voldemort o que Grindelwald, esos magos oscuros de ahora, de la actualidad, que se creían demasiado, pero realmente no eran tan terribles…
Caminó a través de más pasillos y finalmente lo vio. Se ocultó tras un muro, en una esquina, y asomó la cabeza levemente para ver aquello que caminaba por el otro pasillo: algo que parecía ser un niño de unos ocho años iba caminando más adelante. Pero estaba claro que no era normal… porque estaba desnudo, por lo que se veía con la poca luz, y tenía la cabeza muy torcida hacia un lado. Estaba de espaldas a él, sin embargo. No podría verlo.
"Así que esto es lo que se trae Dumbledore", pensó, comenzando a comprender. "Criaturas malignas sueltas en el castillo… Bueno, pues, esto sólo puede decir una cosa".
El Cazador Oscuro levantó su varita y salió de su escondite.
Seamus abrió los ojos de par en par y escupió sangre. Su boca quedó muy abierta, al igual que sus ojos, abiertos por el horror. El dolor que sentía en todo su cuerpo era atroz, indescriptible. Y lo recordaba todo: recordaba cómo aquella especie de Dean falso se había lanzado sobre él y le había dado una puñalada por la espalda, para luego alejarse riendo como histérico, creyendo que él, Seamus, había muerto. Y, realmente, no había estado lejos de morir, porque la sangre que abandonó su cuerpo era tanta que no entendía de dónde sacó las fuerzas para (una vez que el Shaazam se había ido a través de un recodo) agarrar su varita, apuntarse a sí mismo y realizar el conjuro para sanar heridas que su madre le había enseñado de adolescente…
Así y todo, al perecer había perdido tanta sangre que, por más que trató de permanecer consciente, por si el Dean falso volvía, no pudo evitar desmayarse.
Y ahora acababa de despertar, aún sobre su propio charco de sangre. Pero estaba vivo al menos. Había sobrevivido…
Escuchó pasos.
Enseguida, Seamus se guardó la varita en la túnica a toda prisa y se tendió en el suelo con los ojos cerrados, fingiendo que estaba muerto. Sabía que podía ser aquel Dean maligno, obviamente un impostor de su amigo, que volvía por él. Lo mejor era fingir que había muerto…
Una voz se acercó canturreando. ¿Canturreando?
Pero no parecía la voz del Dean falso que lo había atacado antes, a menos que de nuevo estuviera adoptando voces de otra persona… Por las dudas, decidió no delatarse a sí mismo. Nadie que fuera de los buenos se pondría a canturrear luego de verlo muerto en el suelo sobre un charco de sangre.
La persona que se había acercado canturreando, fuera quien fuera, se había agachado y lo había tomado de un brazo. Entonces, lo había empezado a arrastrar por el pasillo. Seamus pudo sentir cómo su cabeza golpeaba contra el suelo, y sintió el dolor, mientras era arrastrado por el pasillo. Quien quiera que fuera que lo estaba sacando de allí de esa forma, realmente no tenía nada de respeto por el "cuerpo sin vida" de él… Evidentemente, tenía que ser la misma criatura que lo había atacado, que ahora se acercaba canturreando con una voz distinta (quizás ya no más con la forma de Dean) para llevarse el cadáver y ocultarlo.
¿Qué le haría?
Mientras era arrastrado escaleras abajo por el castillo de manera ruda y sin cuidado, Seamus se concentró en no gritar ni hacer nada que delatara que estaba vivo, y al mismo tiempo pensar: ¿qué haría él, Seamus, si acabara de matar a alguien y quisiera esconder el cadáver? ¿Lo enterraría? Quizás sí… Si ese era el caso, podía esperar a que lo enterraran, quizás en el bosque prohibido, y luego usar algún hechizo que le permitiera respirar (porque tenía con él su varita), y, cuando fuera seguro, salir del entierro con otro conjuro.
El plan parecía bastante complicado. Quizás lo mejor era no ser cobarde y, en cambio, atacar a aquello en ese momento, de ser posible por la espalda, sin que "aquello", fuera lo que fuera, se diera cuenta…
-Vaya, te tomaste tu tiempo -dijo una voz grave. ¿Quién más estaba allí?
Se dio cuenta, por la forma de las escaleras por la que lo estaban arrastrando, que estaban entrando al vestíbulo.
-¿Qué esperabas, Gellert? -dijo una voz, y ese fue el momento en el que Seamus casi delata su propio fraude, porque, evidentemente, si esa era la voz de Dumbledore, no podía haber ningún peligro en abrir los ojos y ponerse de pie… Pero algo dentro de él lo forzó a contenerse y seguir fingiendo el muerto, y pronto estuvo agradecido de eso, porque claro, más allá de que aquello que lo arrastraba tuviera la voz de Dumbledore, estaba claro que no podía tratarse del director, ya que había arrastrado su cadáver sin cuidado y canturreando por los pasillos… Seguramente era la misma criatura que se había hecho pasar por Dean. Tenía sentido, porque esa criatura había fingido la voz de su madre, la madre de Seamus, y le había salido igual. Tenía poderes extraños…
-Me has dejado todo el trabajo sucio a mí, Gellert, no te quejes -dijo la voz de Dumbledore.
¿Gellert? ¿Quién era Gellert?
-Ya apúrate. Puse los otros cuerpos en la pose correcta, y he colocado las velas encendidas en medio del círculo -dijo la voz del tal Gellert.
¿Cuerpos? ¿Había dicho "cuerpos"? ¿Quería eso decir que había muerto alguien más? Bueno, él no estaba muerto, pero, ¿quería eso decir que alguien sí había muerto? ¿Quién sería? Seamus quiso abrir los ojos, pero se contuvo. Tanto Harry, como Ron y Neville habían salido del cuarto. Si era alguno de ellos…
-¿A eso llamas un círculo? -dijo la voz de Dumbledore-. ¿Tienes problemas de pulso, Gellert?
-Ya cállate, Dumbledore, he hecho bien el diseño.
-Hemos estado esperando este momento durante años, Gellert -dijo la voz de Dumbledore-. No quiero que nada salga mal. Si tu círculo de la muerte funciona, entonces no discutiré… Aunque creo que el cuerpo de la profesora McGonagall debería ir un poco más a la izquierda, ¿no te parece?
El presunto Dumbledore hablaba con total naturalidad, realmente sonaba a él mismo, tan tranquilo como siempre. Pero no podía ser, no podía ser que fuera Dumbledore…
-Lo sé, Albus, lo sé -dijo Gellert-. Hemos esperado mucho tiempo…
-Yo diría que décadas.
-¿Recuerdas cuando planeamos todo esto?
-Claro que lo recuerdo, Gellert. Ambos éramos adolescentes, y nos juntábamos a hablar sobre magia negra y las infinitas posibilidades que nos podía brindar…
-Es increíble que el plan haya sobrevivido a todos estos años.
Dumbledore lanzó una especie de carcajada siniestra.
-Han sido años muy duros, amigo mío… Fingir ante todo el mundo que me peleaba contigo…
-Lo peor fue tener que fingir que me derrotabas en aquella "batalla" allí por los cincuenta.
Ambos rieron a carcajadas, como si hablaran de lo más divertido del mundo.
-Tengo que decir que soy un actor excelente -dijo Dumbledore-. Nadie me ha asociado nunca con la magia negra… y eso que tú jamás disimulaste, Gellert.
-Yo jamás podría hacer lo que tú hiciste, Albus, fingir que no soy un mago oscuro… Ocultar mi verdadera identidad durante décadas… No soy tan buen actor, Albus.
-¿Cómo han sido los años en "Nurmengard"? ¿Aburridos?
Y entonces, para horror de Seamus, que seguía oyendo mientras se hacía el muerto, los dos magos rieron más fuerte que nunca, como si aquello hubiera sido el mejor chiste de la historia.
-¡Sí, amigo, aburridísimos! -dijo Gellert, llorando de la risa.
-Casi como si en realidad hubieras estado en playas paradisíacas, mientras yo, que siempre tuve el control de aquella prisión, le decía a todos que estaban capturado allí, ¿verdad?
-¡Exacto!
Ambos rieron más y más.
-Bueno, Albus, ya basta de cháchara, ¿sí? -dijo Gellert, finalmente-. Hagamos el trabajo de una vez.
-Sí, amigo -dijo Dumbledore-. Hemos esperado décadas enteras por este momento… -se quedó serio.
-Lo sé, Albus, pero créeme, ningún otro mago jamás habría podido lograr esto, ni siquiera si hubieran dedicado sus vidas enteras a intentarlo, como hicimos nosotros… Pero nosotros, esta noche, lo haremos. Nosotros somos más extraordinarios que ningún otro mago oscuro que haya existido jamás, Albus.
-¿Lo crees? ¿Y qué me dices de Voldemort?
Entonces, de nuevo, ambos estallaron en carcajadas, a más no dar.
-¡Voldemort! -dijo Gellert, sin dejar de reír-. ¡Vaya niñito tonto que es ese novato, ¿no es así?!
Rieron un rato más, y luego Dumbledore dijo:
-Tengo que admitir que cuando conjuré el Kveikur, horas atrás, no pensé que me saldría tan bien…
-¿Y Potter? ¿Está ya en la zona oscura?
-Sí -dijo Dumbledore-. Potter está cautivo en la zona oscura. Un par de amigos suyos también están ahí. Como tienen una amistad muy cercana, pensé que la presencia de ellos dos en la zona oscura ayudaría a aumentar el poder del hechizo. Fue fácil enviarlos allí, ni siquiera necesité un señuelo como con Harry. Sólo les dije que fueran a "salvar a su amigo", y fueron solitos.
-¿Mary está bien?
-Mary está vigilando a Potter. Ella está bien.
-La buena Mary… Le has dicho que luego de dejar a Potter allí regresara, ¿verdad? No quiero que mi hija se quede demasiado tiempo en la zona oscura.
-Tu hija Mary volverá para cenar, Gellert, no te preocupes. Ahora, ¿proseguimos con lo nuestro?
-Sí, claro, prosigamos -dijo Gellert-. Oye, el tornado que conjuré fue convincente, ¿no?
-Yo diría que te quedó un poco grande… Pero no te preocupes, nadie sospechará de nada.
-Aún no entiendo por qué tantas precauciones, Albus… quisiste conjurar ese tornado para tener una excusa, una excusa que te permitiera justificar por qué has lanzado un Kveikur en el castillo… ¿por qué te importa tanto? ¿Seguirás fingiendo que eres un mago bueno y noble luego de esta noche?
-Quizás sí, quizás no -Dumbledore suspiró hondo-. Entiéndeme. Luego de tantos años fingiendo, no es fácil para mí develar mi verdadera identidad ante todos así como así…
-¿Ni siquiera cuando seamos los amos del universo?
-Bueno, el tema del tornado es mi coartada por si todo sale mal, Gellert. Supongo. Entiéndeme.
-Nada saldrá mal.
-No lo sabremos hasta que lo hayamos hecho.
-Entonces hagámoslo de una vez.
-De acuerdo, pongámonos en marcha -Dumbledore apartó la cara de la de Gellert Grindelwald y miró alrededor en busca del cadáver de aquel estudiante, Seamus. Pero no estaba allí. -Oye, ¿a dónde ha ido el cadáver?
