6:00 a.m.


Los cielos caían en pedazos. Cenizas volcánicas flotaban en el aire, planeando su vuelo como naves de guerra. Aullidos furiosos resonaban en el aire mientras cientos de criaturas hambrientas y descontroladas se atacaban entre ellas y corrían por doquier. El cielo era negro, acechado por el humo ascendente del fuego.

-¡¿Dónde estamos?! -preguntó Ron a los gritos. No le importaba gritar. Nadie los oiría, había demasiado estruendo en el caótico ambiente para que incluso pudieran escucharse bien ellos mismos, que estaban uno junto al otro bajo la capa para hacerse invisible.

-¡No tengo idea! -gritó Hermione-. ¡¿Has visto algún sitio que pareciera un camino de vuelta, un acceso de vuelta al túnel?!

-¡No hay vuelta al túnel, Hermione! ¡No hay salida de este lugar!

-¡Vamos por aquí!

Juntos, los dos amigos anduvieron sobre las rocas, esquivando los ríos de lava y las bestias que se movían de un lugar a otro, algunas peleándose entre sí y otras simplemente rugiendo al aire o chillando de maneras escalofriantes. En ese momento, giraron la cabeza y vieron un grupo de niños de no más de seis años que caminaban de la mano, con la vista fija en el suelo y paso mortuorio, como una procesión. Luego de mirarlos con atención unos instantes, Hermione se dio cuenta de que ninguno de ellos tenía rostro: en el lugar en que debía estar la cara, sólo había piel lisa, sin ojos ni nariz ni boca. Pudo contemplar esas figuras aterradoras con demasiada exactitud, más de la que ella quería, porque, en medio de su caminata, los niñitos pasaron junto a ellos. Uno de ellos levantó un poco la cabeza al pasar a su lado, y Hermione apretó el brazo de Ron tan fuerte que le hizo mucho daño. Pero al poco rato volvió a dejar la cabeza colgando hacia adelante, como antes, y todos continuaron.

-Vamos… -Ron apartó a Hermione de allí. Aquel lugar era el sitio más horrendo en toda la faz del universo…

-Mira, allí -dijo Hermione, señalando hacia adelante. Ante ellos, rodeada de un río de lava ardiente y mucho fuego, se alzaba una estructura de piedra similar a un edificio del tamaño de una catedral. Bichos voladores entraban y salían por varios hoyos que tenía a modo de ventanas en la parte superior, así como varias otras criaturas, que ingresaban andando por una suerte de puerta o abertura en un espacio donde no llegaba la lava.

-No entraremos ahí -dijo Ron, decididamente-. ¡Todas las cosas estas se meten allí dentro!

-¡Y eso hace que sea más probable que sea el lugar en el que metieron a Harry! ¡Vamos!

-Maldición.

Ron y Hermione caminaron por el sendero de roca negra similar al carbón que llevaba hacia la entrada. No chocaron con ninguna criatura horrenda, y lograron quedar ante la entrada. Una vez allí, miraron adentro y vieron que, si bien todo estaba muy oscuro, podía divisarse por la luz del fuego que entraba por la ventana un recinto enorme y hueco, sin habitaciones, es decir, muy similar a una catedral por dentro sólo que enorme, oscura y plagada de bestias y criaturas putrefactas, niños diabólicos y lo que parecían ser personas deformes.

Se quedaron paralizados ante el horror de todo aquello… Era como una reunión enorme de monstruos, todos allí de pie, haciendo ruido, gritando, aullando o chorreando sustancias líquidas de diverso tipo.

Y allí en lo alto, sobre todos ellos…

-Mira, Hermione… -dijo Ron, que tenía su largo cuello doblado y sus ojos clavados en lo alto de todo del enorme edificio-. Es Harry…

Hermione miró hacia arriba también, y casi se le cae el alma al piso: Harry estaba colgando del techo del edificio con sogas y cuerdas, oscilándose en su lugar como una hamaca tétrica, amordazado y vendado, colgando a unos siete u ocho metros del techo. Varios palos y lanzas lo golpeaban… Eran las criaturas y monstruos, que desde abajo le lanzaban cosas para golpearlo o lo zarandeaban de un lado al otro con larguísimos palos.

Ron y Hermione quedaron helados ante aquello, helados, a pesar del fuego infernal que rodeaba aquel edificio de piedra carbónica. La imagen de Harry era la de una marioneta patética que colgaba de sus hilos, o quizás la de un prisionero atado en público para ser humillado… Y estaba vivo. Se lo veía claramente abrir los ojos y recorrer el recinto con ellos, aterrado por lo que veían sus ojos, ya que un haz de luz roja intensa que se filtraba por la ventana más cercana de allí en lo alto daba de lleno en su cuerpo cautivo. Varias de las criaturas malignas que podían volar daban vueltas en círculos a su lado, como cuervos, picoteándolo de vez en cuando. Se le veían varias heridas sangrantes en los brazos y la cara…

-Harry -soltó Hermione con un sollozo y derramando una lágrima mientras se sujetaba el pecho.

Ron miraba a su amigo con terror, los ojos abiertos como platos y la boca semiabierta.

Y entonces, un Inferi que entraba tambaleándose al edificio torpemente, con mucha prisa, tropezó con ellos, provocando que ambos cayeran de bruces al suelo y la capa para hacerse invisible se les saliera, yendo a parar al suelo junto a ellos.


El Cazador Oscuro giró en redondo por un corredor y enfiló hacia el vestíbulo. Había oído gritos, ahora que la lluvia había cesado un poco y el tornado había pasado, haciendo que pudiera oírse mejor lo que pasaba en el castillo. Ya había vencido a una de aquellas bestias horrorosas que andaban dando vueltas por los corredores, por lo que imaginaba que algo terrible había pasado en el castillo…

Tenía que ser lo que él pensaba: Finalmente, Voldemort había irrumpido en el castillo. El viejo inútil de Dumbledore había fallado una vez más, no había logrado llevar a cabo la protección correctamente. Ahora era misión de él, El Cazador Oscuro, destruir a esas criaturas que Voldemort había enviado dentro del castillo, para de esa forma poder cumplir su misión.

Qué inútil era todo lo que estaba teniendo lugar esos días, en la comunidad mágica. El imbécil de Voldemort, un niño pequeño al lado de otros tantos magos poderosos que habían existido en el pasado, tales como el Gran Ísjaki (un mago diabólico que azotó la Tierra de la Edad Media) o Brennisteinn el Terrible, queriendo hacer de las suyas, queriendo entrar al castillo de alguna forma para matar a Dumbledore… que patético era Voldemort. Ni siquiera se atrevía a hacer esa labor él mismo. Le temía. Le temía al bobo de Dumbledore. ¿Cómo alguien podía temerle a ese viejo inútil? Hacía años que él, el Cazador Oscuro, estaba bajo las órdenes de Dumbledore. Pero, aún así, jamás había creído en él. Ni por un segundo…


-Te digo que no está, Gellert -repitió Dumbledore, con voz parsimoniosa, porque Grindelwald había empezado a buscar alrededor por el cadáver.

-¡Pero si estaba aquí hace unos quince minutos! ¡Y luego desapareció!

-Ya deja de perder el tiempo con eso. Usaremos otro cuerpo. Es evidente que ese no estaba muerto del todo. Pero no nos presenta una complicación, ya verás qué fácil podremos encontrar otro cuerpo.

-Tú ve por el cuerpo y yo me encargaré de diseñar mejor el círculo -dijo Grindelwald, mirando el círculo lleno de velas, figuras diabólicas pintadas en sangre y los cadáveres de la profesora McGonagall, Dean y Ginny tendidos en el medio.

-De acuerdo. Volveré en unos…

En ese instante, ambos magos levantaron sus varitas al mismo tiempo y apuntaron hacia la entrada de las mazmorras, porque habían oído un ruido proveniente de allí.

-¿Quién está ahí? -preguntó Dumbledore-. No debe haber alumnos ni profesores merodeando por el…

Pero, entonces, alguien salió de las mazmorras, alguien que venía caminando muy lentamente, y no era ni un profesor ni un alumno de ese colegio…

-Vaya -dijo Gellert, mirando a aquella persona-. Te tardaste demasiado. Creímos que algo había salido mal…

La niña se limitó a negar con la cabeza, con la mirada perdida a lo lejos. Llevaba aún su vestido blanco, y estaba pálida como el papel.

-¿Potter está bien custodiado en la zona oscura, Mary? -preguntó Gellert. Dumbledore, mientras tanto, bajó su varita y se alejó de allí, para ir en busca del cadáver que les faltaba.

-Está bien custodiado -dijo ella, con una voz fría como la muerte y que por momentos mutaba ligeramente, dando la impresión de que era mucho más adulta de lo que parecía. Gellert se acercó a la niña, la tomó del brazo y la miró a los ojos.

-Serás enormemente recompensada por tu labor, Mary -le dijo-. Cuando todo esto termine, tú y yo seremos los amos del universo. Tú, mi hermosa niña, que naciste de mis mismísimos poderes extraordinarios, sin necesidad de una madre o un vientre, sólo de una varita poderosa, un mago excepcional y un caldero lleno de mi sangre… Tú, mi hermosa hija, tú y yo dominaremos este mundo. Y sólo falta muy poco… sólo faltan unos minutos… Te prometo, hija, que, antes de que salga el sol, el hechizo más poderoso jamás conjurado en la historia de la magia y la humanidad será conjurado. Entonces, tú y yo seremos reyes…

Mary llevó su mirada extraña desde la lejanía en la que estaba, casi como perdida en un horizonte que no le otorgaba una cara nada feliz, y fue moviendo las pupilas lentamente hasta que finalmente se posaron en los ojos de su padre, con una mirada diabólica y perversa.

-¿Qué hay de Dumbledore? -preguntó, en un susurro prácticamente inaudible por nadie más que Grindelwald.

Gellert levantó la vista automáticamente y la clavó en el lugar por el que Dumbledore se había ido.

-Ya veremos qué hacer con él, querida… Pero este no es el momento… ¿Segura de que Potter quedó bien custodiado? Sólo hay una forma de salir de la zona oscura. Normalmente, no me preocuparía, pero me han dicho que Potter se caracteriza por lograr escapar de todas las situaciones problemáticas en que se ve envuelto…

-No escapará -aseguró Mary.

-¿Has visto a sus dos amigos? ¿Los que Dumbledore envió allí para que el hechizo sea más potente?

-Los vi correr por el túnel oscuro mientras venía hacia aquí de regreso… Ellos no me vieron.

-Quizás haya sido descuidado enviarlos… Si logran hacer que Potter escape, todos nuestros planes fracasarán…

Seamus escuchaba cada palabra que Gellert le decía a Mary. Estaba escondido tras la pared de la parte del Vestíbulo que llevaba a las cocinas, oculto en el mismo lugar al que había ido corriendo a toda prisa unos veinte minutos atrás, mientras Dumbledore y Grindelwald hablaban sin prestarle atención.

-No, eso no pasará -dijo Gellert, que pensaba en voz alta, mientras Mary estaba de vuelta con la vista clavada siniestramente en él, en Seamus.

A Seamus se le ponía la piel de gallina. La niña ya se lo había quedado mirando unos instantes atrás y él no se había atrevido a moverse. Había dado por hecho que era hombre muerto. Pero la niña luego había vuelto a mirar a su padre, con esa expresión demente, sin mencionar nada de que Seamus estaba espiándolos tras esa pared, a sólo unos metros de distancia. ¿Sería que la niña no iba a delatarlo, o sería que podía comunicarse con su padre por algún tipo de medio mental?

De cualquier forma, Seamus no se atrevía a moverse. Ahora lo comprendía todo, luego de escuchar esas charlas sabía todo lo que había pasado. Los rumores que su madre había oído una vez de la mismísima Bathilda Bagshot de que Dumbledore era amigo de Grindelwald de adolescente eran ciertos… Dumbledore era y siempre había sido un mago oscuro.

-Claro que no pasará -repitió Gellert, que hablaba para sí mismo-. No podrán liberar a Potter, porque todas las criaturas de la zona oscura estarán vigilándolo. Así que, si esas bestias primitivas no destrozan a los dos amigos de Potter, tendremos tres corazones humanos latientes vivos en la zona oscura, que le darán el máximo poder a nuestro hechizo. El corazón de esos dos no valdrá tanto, desde luego, como el de la estrella del espectáculo… Así es, querida, por eso te pedimos que lleves al niño Potter allí. Él es la pieza clave en todo esto.

Mary no parecía en lo más mínimo interesada en nada de lo que decía su padre. Seguía mirando a Seamus, pero algo en su mirada siniestra le daba a entender a Seamus que no debía moverse de donde estaba, que no debía tratar de escapar. Si movía un solo músculo, quizás no volviera a mover otro en su vida…

-Potter es lo esencial -volvió a decir Grindelwald-. Sabes por qué, ¿no es así? Te lo diré, querida: porque Potter constituye el residuo de magia negra más extraño y a la vez maravilloso que haya existido nunca: Según me dijo Dumbledore, Potter es un ser humano de carne y hueso, con un corazón vivo y en perfectas condiciones… pero con un Horrocrux alojado en su alma. Eso, ese Horrocrux, lo convierte en el residuo de magia negra más poderoso de todos. Es la consecuencia del acto fallido de un mago oscuro que quiso hacer magia negra y le salió mal. Pero ese acto fallido, a diferencia de los demás, no fue a parar a la zona oscura. No pudo ir a parar allí porque él estaba vivo, era un bebé, debía quedarse en esta dimensión. Eso genera una falla en la forma en que funciona la magia… Ahora, al enviar a Potter al lugar al que pertenece ese trozo de su alma, al enviarlo a la zona oscura, la misma zona oscura entrará en deuda con nosotros, por devolverle lo que es suyo. Y nuestra forma de saldar la deuda será pedirle a la zona oscura, por medio de un hechizo y esta ofrenda de cadáveres que ves aquí, que nos convierta en los amos de esta dimensión, en los reyes absolutos. Cuando el hechizo termine, en instantes, gobernaremos el mundo entero, todos se arrodillarán ante nosotros y harán lo que nos plazca… La zona oscura nos otorgará la habilidad de matar al que sea que se oponga a nosotros con sólo mirarlo a los ojos…

Mary ahora miraba uno de los cuadros que colgaba de la pared más cercana, con expresión de aburrimiento mortal. Se notaba que no le interesaba en lo más mínimo nada de lo que le decía Gellert.

-Papi, ¿me compras un corderito? -le dijo, mientras arrastraba el pie por el suelo.

-Sí, claro -dijo Grindelwald-. En la tarde iremos a comprarte un corderito, cariño.


-¡Ron, CORRE!

Ron y Hermione corrieron a toda velocidad por el interior de ese recinto diabólico, mientras todas las criaturas extrañas que había de pie allí giraban de a poco sus rostros (o lo que tuvieran en lugar de rostros) hacia ellos. Algunos los señalaron con dedos enormes y torcidos. Muchas criaturas aullaron aún con más furia.

-¡ESTAMOS MUERTOS! -gritó Hermione. En ese momento, una bestia del tamaño de Hagrid, pero al parecer hecha de roca pura y sólida, se les lanzó encima y los derribó al suelo de un golpe. Dolidos y sangrando, ambos cayeron sobre el sucio suelo lleno de las sustancias líquidas inmundas que emanaban esas bestias.

Harry contemplaba la escena desde lo alto, atado y amordazado. Tenía los ojos muy abiertos y quería gritar del horror, pero no podía, ya que los vendajes que le habían puesto en la boca impedían que saliera ningún sonido. Estaba horrorizado: De pronto, Ron y Hermione habían aparecido allí, en ese lugar, ese lugar al que él había tardado tanto en llegar, siguiendo a esa niñita como un estúpido…

¿Por qué? ¿Por qué había pasado? ¿Por qué Ron y Hermione habían ido allí? Ahora todo su mundo estaba realmente colapsado. Ahora, sí que ya no había esperanza… Lo peor que podía pasarle para él no era su muerte, pero sí la de sus dos mejores amigos.

Contempló, odiándose a sí mismo cada segundo por haber hecho que sus amigos terminaran en ese espantoso lugar infernal, cómo las criaturas enrollaban a Ron y Hermione en cuerdas también y, usando unas poleas que colgaban del techo, los elevaban también, hasta que ambos quedaron junto a él, uno a cada lado, colgando. Los tres amigos estaban colgando del techo de ese sitio hediondo y enorme, chorreando sudor, en parte producido por el calor descomunal de esas paredes de carbón hirviente.

Pudo ver que Ron y Hermione abrían los ojos, miraban hacia abajo, con terror, y luego a cada lado de ellos, hacia Harry y hacia el otro. Los tres amigos se miraron entre sí, sin poder pronunciar una palabra, que de cualquier forma no se hubiera oído con todo el alboroto que había bajo ellos. Aún así, los tres amigos se conocían tan bien, luego de esos seis años de amistad, que pudieron hablar con la mirada, y lo que dijeron se entendió claramente para los tres: "¿Y ahora qué?".