6:30 a.m.


-¿Y, Dumbledore? ¿Has conseguido un cadáver? Te has tardado una eternidad…

-Aquí lo traigo, Gellert. Pero no ha sido nada fácil… -Dumbledore, finalmente, volvió a ingresar al vestíbulo, llevando a la rastra y sin cuidado a un cadáver de alguien adulto y con cabello negro a quien no se le veía la cara, por el ángulo en que se encontraba-. Te diré lo que ocurrió, Gellert… Hemos clausurado mediante magia las entradas a todas las salas comunes, lo que quiere decir que no podía matar a ningún estudiante, porque ni siquiera yo puedo deshacer ese encantamiento fácilmente. Así que mi única opción, luego de darme cuenta que ya no hay más alumnos fuera de la cama a quienes usar, ha sido ir a buscar a un profesor… Éste de aquí estaba durmiendo cuando llegué a su cuarto, y me opuso una buena resistencia en cuando notó mis intenciones… Naturalmente, yo acabé venciéndolo… Pero he tenido que sudar la gota gorda para lograrlo.

-De acuerdo, Albus, has tenido que mover aquella vieja varita tuya un ratito. Todos hemos tenido que trabajar para lograr esto… Mira, he cambiado el diseño del círculo. Ahora está mejor, ¿eh?

-Mucho mejor -coincidió Dumbledore, mirando el círculo diabólico pintado en el suelo. Arrastró el cadáver hasta allí y lo depositó junto a los demás. Entonces fue cuando pudo verse claramente la cara de aquel cadáver nuevo.

-¿Quién era este? -preguntó Grindelwald, por curiosidad.

-Severus Snape.

-No lo conozco. ¿Era bueno?

-Ha sido un fiel servidor… Estaba de mi lado, me ha sido útil. Pero no me apena sacrificarlo. Si me lo preguntas, llevaba una vida tan miserable que le he hecho un favor.

-Entonces ha sido una pésima elección, Albus. La zona oscura quiere que le entreguemos vidas, vidas valiosas, vidas que tenían mucho por qué vivir, que estaban felices… como la vida de un niño. Pero la de un hombre miserable no vale nada.

-Es lo mejor que pude encontrar, Gellert. ¿Podemos ya llevar a cabo el hechizo?

-Sí, hagámoslo de una vez.

Gellert y Albus se colocaron en medio del círculo, de pie sobre los cuerpos, se tomaron de las manos y cerraron los ojos mientras empezaban a pronunciar palabras a toda velocidad…


-¡Quédate quieto! -gritó Hermione. La inteligente chica había logrado destruir la cinta adhesiva que les habían colocado en la boca mediante un conjuro. Los imbéciles de los bichos inmundos que estaban bajo ellos a varios metros, saltando y haciendo revuelto, no habían tenido suficiente cerebro para quitarle sus varitas mágicas. Aunque estaba atada con sogas por cada centímetro de su cuerpo, a Hermione no le habían hecho nudos tan complicados como a Harry y Ron, y consiguió sacar su varita del bolsillo, discretamente. Al parecer, las criaturas esas no habían notado nada, pero ella ahora apuntaba con disimulo a Harry para tratar de quitarle la cinta de la boca también. Finalmente, lo logró, y también con Ron, luego de varios intentos. Entonces bajó la vista para ver si alguien se había dado cuenta de algo: Las criaturas bajo ellos saltaban y los picaban con varas, más por diversión que por otra cosa, pero no parecieron notar que pasara nada. Asimismo, aquellas otras criaturas, las que podían volar, seguían girando en torno a ellos, con alas negras llenas de algo similar a moco, pero tampoco parecían haber visto nada.

-¡¿Qué hacemos ahora?! -gritó Harry. Para hablar, lo que hacían era agachar la cabeza y pronunciar las palabras con las bocas ocultas, fingiendo que estaban luchando contra sus ataduras.

-¡Puedo soltarnos, pero caeremos sobre ellos! -gritó Hermione.

-¡No creo que caer sobre ellos sea una buena idea, Hermione!

-¡Ron, ten más cuidado! ¡Esconde la boca al hablar o se darán cuenta de que tengo mi varita!

-¡¿No podemos aparecer y desaparecer aquí?! ¡Y no me vengas con que si he leído "Historia de la Zona Oscura", Hermione!

-¡Claro que no saldré con eso, Ron! ¡Ni siquiera creo que exista tal libro!

-¡Hermione, olvida eso! ¿Crees que se pueda?

-¡No, Harry, dudo mucho que se pueda hacer eso aquí!

-¡¿Y qué haremos entonces?! ¡Piensa!

-¡¿Por qué siempre tengo que ser yo la que piensa?! ¡¿Qué acaso ustedes no tienen cerebro…?!

-¡YA SÉ! -gritó Ron, sin disimular al hablar (igualmente, ninguna de las bestias bajo ellos pareció verlo pronunciar palabra). Harry y Hermione giraron las cabezas instantáneamente, asombrados. ¿Ron había tenido una gran idea? -¡Lo tengo, chicos! ¡Ya sé qué podemos hacer!

-¡¿Qué?! -gritaron los otros dos.

-¡Balancearnos!

-¿Balancearnos? ¿Y de qué va a servir eso?

-¡Los tres empezamos a balancearnos de un lado al otro, como péndulos! ¡Ellos no harán nada, porque pensarán que es lo que han logrado ellos mismos al golpearnos con las varas! ¡Entonces, cuando los tres estemos balanceándonos de un lado a otro a toda velocidad, Hermione corta las cuerdas y los tres salimos despedidos por aquella ventana!

-¡Ron, eso es una locura!

-¡Hermione tiene razón, Ron, es una locura! ¡Así que adelante, hagámoslo!

-¡Genial!

-¡Espera!

-¿Qué pasa, Harry?

-¡Yo los he metido en esto!

-¡No empieces con eso, Harry!

-¡No, escuchen! ¡Cuando salgamos por las ventanas despedidos, ellos podrán encontrarnos y matarnos fácilmente! ¡Así que haremos lo siguiente…!

Cinco minutos después, luego de gritar mucho, se pusieron de acuerdo con un plan. Entonces, Ron y Hermione, de a poco, empezaron a balancearse sobre las cuerdas que los sujetaban, girando como péndulos de un lado al otro, ambos en la misma dirección, mientras Harry se quedaba quiero mirando al suelo, tratando de divisar aquello que necesitaba…

-Lo tengo -dijo, en voz alta, cuando finalmente lo vio. Entonces, con disimulo, gritó-: ¡Ya la he visto!

-¡Genial! ¡Bueno, Hermione, un par de vueltas más y hazlo!

-¡De acuerdo! -resonó la asustada voz de Hermione.

Harry miró hacia abajo: Las criaturas miraban a Ron y Hermione, ahora sin hacer tanto barullo. Sus cabezas giraban al mismo tiempo todas hacia la izquierda, y luego todas hacia la derecha, siguiendo el camino que hacían los dos adolescentes colgados en el aire.

-Son tan estúpidos -murmuró Harry, mientras veía a todas las bestias girar sus cabezas de esa forma rítmica.

-¡De acuerdo, chicos! -gritó Hermione, ahora ya sin disimular su voz en absoluto-. ¡AHORA! ¡RELASHIO!

Al mismo tiempo, todas las cuerdas que ataban a Harry, Ron y Hermione se soltaron, dejándolos completamente en libertad.

-¡AHHHHHHHHHHH! -Ron y Hermione salieron volando por la ventana más cercana a toda velocidad, con los brazos extendidos y sin dejar de gritar. Por el contrario, Harry, que no se había balanceado, cayó hacia abajo en línea recta, encima de todas las bestias y criaturas diabólicas… Pero la mayoría de ellas aún estaba contemplando el camino que Ron y Hermione habían hecho al salir despedidos por la ventana, y muy pocos se fijaron en Harry, que sacó su varita del bolsillo a toda velocidad y realizó, dos metros antes de impactar con el suelo, el encantamiento protector que sirve para amortiguar las caídas.

Ni bien estuvo de pie en el suelo, Harry rompió a correr a toda velocidad hacia la capa para hacerse invisible.

-¡ATRÁPENLO! -gritó una voz gruesa y horrible, resonando por encima de las demás. Pero Harry había sido más rápido y ya había agarrado la capa del suelo y al vuelo, mientras corría a mil por hora hacia la salida de aquel lugar tétrico, se la pasó por encima de los hombros, desapareciendo de la vista.

-¡HERMIONE, SOY YO! -gritó, una vez afuera del lugar, mientras corría hacia Hermione, que había caído en el suelo a unos metros de distancia. Llegó junto a ella y le pasó la capa por encima también.

-¡He hecho el encantamiento para protegerme de la caída, Harry, pero no sé si Ron lo haya logrado! ¡No lo veo por ningún lado, tengo miedo!

-¡MIRA! ¡AHÍ ESTÁ!

Asombrados, vieron en lo alto, contra el cielo negro azabache, cómo una criatura negra y nauseabunda era montada por alguien con la inconfundible melena roja de Ron.

-¡AQUÍ VOY, MUCHACHOS! -gritó. A continuación, Ron descendió de los cielos humeantes a toda velocidad, montando aquella criatura horrible con la misma agilidad con la que lo hacía con la escoba de Quidditch. Ellos sacaron una mano fuera de la capa para que pudiera ver dónde estaban, y entonces Ron tendió una mano y ambos se subieron sobre la criatura, para luego emprender el vuelo nuevamente, justo a tiempo para evitar que las cientos de criaturas furiosas que salían del edificio lograran atraparlos.

-¡RON! ¿Cómo has hecho esto? -gritó Hermione, mientras los tres alzaban el vuelo por encima de rocas, lava, fuego y humo, sobre la pegajosa superficie de ese bicho horrendo, que volaba al antojo de Ron.

-¡Le lancé un Imperius! -explicó Ron, mientras guiaba a la criatura voladora por el aire-. ¡No sabía si funcionaría, pero lo probé y funcionó!

-¡Genial! ¡Has tenido dos ideas brillantes, Ron!

-¡Tres!

-¿Tres? ¿Y cuál es la tercera?

-¡AGARRENSE FUERTE!

-¿Qué? ¡AHHHHHHHHH! -gritaron Harry y Hermione a la vez, cuando Ron bajó en picada hacia el inmenso mar de lava que había bajo ellos, a toda velocidad.

-¡RON, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?! ¡VAS DIRECTO HACIA LA LAVAAAAAA!

Mientras las infinitas "AAAA" de Hermione aún sonaban chillando en sus oídos, los tres adolescentes atravesaron la superficie del mar de lava que cubría gran parte de la zona oscura y entonces, a continuación, cayeron de bruces fuera de aquella criatura voladora sobre un suelo de piedra.

-¡Vaya, funcionó! -gritó Ron, en medio de una repentina oscuridad total.

-¡Ron, estás completamente loco! ¿Dónde estamos?

-¡Volvimos al túnel oscuro! ¡Rápido, seguramente vendrán detrás nuestro! ¡Suban de vuelta al bicho este!

-Pero…

-¡Sin peros, rápido! -Ron empujó a sus dos amigos encima de la bestia voladora, que aún estaba empapada de esa sustancia verde inmunda, y aún estaba al mando de Ron, debido al Imperius, y los tres emprendieron el vuelo (luego de pronunciar un "¡Lumos!") por el túnel oscuro, el mismo que los había llevado hacia la zona oscura, pero ahora de regreso al castillo. Tras ellos podían ver el círculo rojo que había que atravesar para llegar a la zona oscura, y entonces fue cuando Harry lo entendió…

-Aquello rojo -dijo, mientras los tres se alejaban, ahora a toda velocidad debido a que volaban sobre aquella bestia-. ¡Aquel círculo rojo que había que atravesar para entrar a la zona oscura… era lava!

-Exacto -dijo Ron, mientras volaban a toda velocidad.

-¿Lava? -dijo Hermione, que había sido la última en comprender, por primera vez en la vida. Entonces giró la cabeza para echarle un vistazo a aquello rojo, y comprendió que el color era exactamente el mismo que el de la lava que había por doquier en la zona oscura-. Vaya, claro… Tiene sentido, la salida de la zona oscura era por medio de la lava, algo que a nadie se le habría ocurrido intentar… Pero, Ron, ¿cómo supiste…?

-No lo supe -dijo él, con una sonrisa, guiando a la bestia por los aires-. Sólo probé.

Hermione quedó algo consternada por la respuesta, pero no dijo nada.

-¡Harry, estás de vuelta! -dijo Ron, cuando se dio cuenta del pequeño detalle-. ¿Cómo se ha sentido estar allí atado y todo?

-Horrible… Chicos, les debo la vida. Han ido hasta allí dentro para salvarme… Y yo fui tan estúpido…

-No pasa nada -dijo Ron.

-Harry, tú habrías hecho lo mismo -dijo Hermione.

Los tres amigos se sonrieron el uno al otro y dejaron que aquel ave horrenda los llevara de regreso al castillo. Finalmente, luego de unos minutos, la luz de sus varitas iluminó el final del túnel: Una pared negra y sólida. Frenaron y se bajaron del ave; luego Ron, con un movimiento de varita, hizo que la criatura se alejara.

-Bien, ya estamos aquí -dijo Harry-. ¿Cómo creen que se haga para volver del otro lado? Tenemos que descubrir qué está pasando, qué fue ese lugar donde fuimos a parar…

-Oh, no -Hermione y Ron se miraron con fastidio-. Harry no sabe nada…

-¿Qué es lo que no sé? Vamos, chicos, ¿qué tanto hay que contar?

-Para hacerlo simple, Dumbledore nos envió a buscarte, el tornado era una defensa contra Voldemort y tú estabas en la zona oscura, un lugar a donde van a parar las cosas de magia negra mal usadas a través de las épocas.

-Ah, genial -dijo Harry, asintiendo muchas veces con la cabeza-. No se oye tan terrible… ¿Qué demonios han dicho?

-No hay tiempo para explicar todo ahora, Harry, pero escucha, no podremos salir de aquí hasta que sean las siete de la mañana en punto, porque esta pared sólo se corre cuando el reloj marca exactamente…

-¡BOMBARDA! -gritó Harry, apuntando hacia el muro, y el mismo voló en pedazos, revelando así un agujero que conducía a un pasillo de las mazmorras.

-¡Harry! -saltó Hermione-. ¿Cómo lograste eso?

-Sólo probé…

Los tres pasaron del otro lado del muro y empezaron a caminar por el pasillo de las mazmorras.

-Entonces, ¿ahora vamos a ver a Dumbledore?

-Pues sí, claro, él fue el que nos envió allí…

-Ron -dijo Hermione, mirando a su amigo con ojos entrecerrados-. Los tres podríamos haber muerto tranquilamente allí dentro… Sigo pensando que no es normal de Dumbledore enviarnos solos allí…

-Te digo que Dumbledore no es el Shaazam, Hermione.

-¿Shaazam? ¿Qué diantres se supone que es eso?

-Luego te decimos, Harry. El punto es que…

-¡Esperen!

Los tres se detuvieron y se quedaron en silencio, aguzando el oído.

-¿Lo oyen? -dijo Hermione.

-Sí…

Se oía el ruido de gritos, a lo lejos, gritos enojados. Pero no podía oírse con exactitud, porque estaban muy lejos.

-¿Quién creen que…?

-¡Vamos! ¡Corran, acerquémonos a ver qué es!

Los tres corrieron durante diez segundos por pasillos distintos de las mazmorras, hasta que llegaron a la escalera que conducía al vestíbulo y se detuvieron. Se ocultaron en la sombra y aguzaron el oído: voces frenéticas llegaban desde el vestíbulo, y se veía la luz de muchas velas que alguien había encendido…

-¡Yo no tengo la culpa, Gellert! ¡Entra en razón de una vez!

-¡Lo hemos perdido todo! ¡¿QUÉ ACASO NO LO ENTIENDES?! -aquella voz sonaba tan llena de ira que los tres se acurrucaron contra la pared, muertos de miedo-. ¡TODO! ¡YA NO HAY FORMA DE LOGRARLO! ¡LA ZONA OSCURA NOS HA NEGADO EL PACTO PARA SIEMPRE, EL CONTACTO SE HA CLAUSURADO Y YA NO PODREMOS VOLVER A ABRIR EL PORTAL NUNCA MÁS! ¿CÓMO DEJASTE QUE PASARA ESTO? ¿CÓMO DEJASTE QUE ESCAPARAN? ¡TE DIJE QUE TOMARAS PRECAUCIONES! ¡SON CASI CIEN AÑOS DE PLANEACIÓN, DUMBLEDORE! ¡CIEN AÑOS! ¡TODA UNA VIDA! ¡DESDE ADOLESCENTES QUE PLANEÁBAMOS ESTO…! ¡AHORA SE HA ARRUINADO PARA SIEMPRE!

-Dumbledore… -dijo Harry en voz baja, alarmado-. Dumbledore está ahí… Tengo que ir a ayudarlo.

-¡Harry, no! -gritó Hermione, pero Harry ya había subido las escaleras a toda velocidad.

-¡Profesor, ¿qué ocurre…?!

-¡…Y HAS SIDO TÚ EL QUE…! -la voz colérica de Grindelwald se interrumpió un instante-. ¡AVADA KEDABRA!

Un rayo de luz verde iluminó las paredes y los peldaños de las escaleras, y las caras y ojos de Ron y Hermione, completamente abiertos de par en par, y sus labios semiabiertos por la sorpresa.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! -el aullido de dolor de Hermione desgarró la piedra de las paredes a su alrededor. Ron la soltó y empezó a subir las escaleras a toda prisa también. En cuanto entraron al vestíbulo, vieron el rostro de Dumbledore, parsimonioso como siempre, como si nada raro pasara y estuviera de lo más tranquilo; y el rostro lleno de ira de Grindelwald, al que vieron levantar la varita hacia ellos…

-Espera, Gellert -dijo Dumbledore, levantando una mano.

-¡NOOOOOO! -Hermione rompió en lágrimas a viva voz y se dejó caer de rodillas junto al cuerpo de Harry, que yacía en una postura extraña en el suelo ante ellos, sin sus anteojos, que habían ido a parar a un metro de distancia y se habían hecho añicos. Ron miraba allí de pie, sin salir de su asombro, sin poder entender qué había pasado…

-¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES QUE ESPERE?! ¡VOY A MATAR TODO LO QUE QUIERA!

-¡No tiene sentido seguir matando, Gellert! ¡Cálmate un poco! ¡Lo perdido, perdido está!

-¡ES TAN FÁCIL PARA TI DECIRLO, ¿VERDAD?! ¡TÚ ERES EL QUE TIENE UNA IMAGEN DE VIEJO BUENO Y GENEROSO, AL QUE TODOS AMAN! ¡PUEDES SEGUIR CON TU TRANQUILA VIDA! ¡PUES YO NO! ¡YO NECESITABA ESTO, NECESITABA QUE SALIERA BIEN!

Ninguno de los dos hombres parecía estar preocupado en lo más mínimo por el hecho de que Harry estuviera tendido en el suelo, muerto, pero Ron no podía pensar en nada más, en nada más que en ese cuerpo y en la figura derrumbada de Hermione, que no dejaba de llorar a los gritos y de sacudirse, temblando.

-¡VOY A MATAR TODO LO QUE ME DE LA GANA! ¡ERA EL PLAN DE TODA UNA VIDA, Y SE HA ARRUINADO TODO…! ¡Y TODO POR USAR A ESTOS IDIOTAS, A ESTOS DOS DE AQUÍ! ¡SEGURO QUE ELLOS AYUDARON A POTTER A ESCAPAR! ¡Y TÚ LOS MANDASTE, DUMBLEDORE! ¡¿Y AHORA ME PIDES QUE LES PERDONA LA VIDA?! ¡AL DEMONIO! ¡LOS MATARÉ A AMBOS, PERO PRIMERO TE MATARÉ A TI!

En ese momento, Ron, tuvo que agacharse y lanzarse al suelo junto a Hermione, porque unos doscientos hechizos salieron de las varitas de ambos magos y volaron por todos lados, llenando toda la habitación de miles de colores.

-¡TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ! -Ron tiró de Hermione, apartándola del lugar. Ella no opuso resistencia, pero no parecía tener fuerza de voluntad para moverse, así que Ron tuvo que arrastrarla de vuelta a las escaleras. En ese momento, mientras bajaban hacia las mazmorras, las luces y hechizos terminaron súbitamente. Ron se quedó quieto, aún sujetando a Hermione, y escuchó.

-¡ASÍ DEBISTE YACER DESDE HACE TIEMPO, VIEJO INÚTIL! -dijo la voz de Grindelwald-. ¡MUERTO!

Nadie respondió a eso y no se oyó nada más, lo que les dio a entender que Dumbledore había muerto.

-¡Y AHORA, EN CUANTO A USTEDES DOS…! -volvió a gritar la voz, y Ron apretó fuerte a Hermione del brazo-. ¡EMPIECEN A CORRER!

Ron no tuvo que escuchar eso dos veces. Tiró de Hermione y empezó a correr a toda velocidad escaleras abajo. Ella se mostraba reacia a seguirle el paso, y Ron tuvo que suplicarle con la mirada. Finalmente, Hermione corrió también, y ambos se alejaron a toda velocidad por los pasillos.

-¡Muchachos, por aquí!

-¿Seamus?

-¡Vengan! ¡Aquí dentro!

Se metieron adentro de un aula de las mazmorras y cerraron la puerta. Seamus los había hecho pasar, y, a pesar de que ambos seguían conmocionados, Ron y Hermione no pudieron evitar dar un respingo cuando la luz de sus varitas iluminó el rostro de la niña Mary.

-¡Ella es maligna! -dijo Ron, apartándose de la niña todo lo posible.

-No es maligna -dijo Seamus-. Pero aguarden…

Se quedaron en silencio y escucharon a Grindelwald pasar corriendo y gritando incoherencias por el pasillo exterior y seguir de largo…

-Está muy afectado -dijo Mary-. Normalmente, habría usado la magia y sabría que estamos aquí dentro…

-Déjenme explicarles -dijo Seamus, a Ron y Hermione-. Hace un rato, mientras Dumbledore y Gellert planeaban convertirse en los amos de este mundo, Mary se alejó de ellos y vino a buscarme para pedirme ayuda. Ella quería detenerlos. Así que les hemos enviado ayuda.

-¿Ayuda? -dijo Ron-. Nadie nos ha enviado…

-Mary conoce algunos de los embrujos de su padre -dijo Seamus-. Nada podía hacer que nosotros llegáramos hasta la zona oscura antes que aquellos dos conjuraran el hechizo, pero ella conocía un embrujo para enviar estímulos a la mente de los demás, y ha estado enviando señales a tu mente, Ron (yo le serví de ayuda, porque te conozco), para que hicieras las cosas correctas. Por eso, Ron, has sabido cómo escapar de allí correctamente.

-Pero eso no tiene sentido -dijo Ron-. Esta niña no puede estar de nuestro lado, ella misma ha enviado a Harry a la zona oscura, según nos dijo él mismo cuando nos envió un Patronus hace horas…

-Lo sé -dijo ella, que lucía aburrida-. En ese momento quería que todos murieran, pero ahora he cambiado de opinión… Me he aburrido. Sólo quisiera que alguien me regalara un corderito…

-Le he prometido regalarle uno si nos ayudaba -dijo Seamus, con una sonrisita de complicidad. Al parecer, Seamus no sabía lo que había pasado…

-Seamus, escucha… Harry…

Pero en ese momento, la puerta se abrió de par en par y Grindelwald entró al cuarto, lleno de ira.

-¡ASÍ QUE AQUÍ ESTÁN! ¡AVADA KEDABRA!

Ron tomó a Hermione del brazo y ambos escaparon a tiempo, pasando junto al mago y alejándose de allí a toda prisa.

-¡Seamus! -dijo Hermione, que pronunciaba palabra por primera vez. Ron no dijo nada, sólo siguió tirando de ella hacia el final del pasillo y escaleras arriba, hacia el vestíbulo, tan rápido como podía. No quería ni pensar en Seamus, pero era evidente que había muerto…

-¡BASTA!

-¿Qué ocurre?

Hermione se detuvo en medio del vestíbulo.

-¡Hermione! -gritó Ron, exasperado-. ¡Viene detrás nuestro! ¡Si no corremos, va a matarnos tamb…!

Se dio cuenta de que Hermione miraba al cuerpo de Harry, que seguía allí sobre el suelo, no muy lejos. Entonces, Ron se dio cuenta de que él tampoco podía seguir corriendo. Acababa de comprender aquella realidad tan terrible: Harry había muerto. ¿Podía seguir adelante, correr para salvar su propio pellejo? No… Aquello era el fin…

-Así que aquí están -dijo una voz.

Ninguno de los dos levantó la mirada. Ron y Hermione miraban el cuerpo de Harry y no movían un solo músculo. Sabían que Grindelwald los mataría en sólo instantes. Pero decidieron no moverse. Ya no tenía sentido correr… Seamus estaba muerto, Harry estaba muerto, quién sabía cuántos más…

-Despídanse de este mundo, mocosos. ¡Avada K…!

-¡NO!

Ron levantó la vista: Mary había entrado corriendo tras su padre y lo había detenido.

-¡¿QUÉ CREES QUE HACES, MOCOSA?! -le gritó él, fuera de sí-. ¿AHORA ESTAS DE PARTE DE UNA HIJA DE MUGGLES Y UN TRAIDOR A LA SANGRE?

-¡Pero es que me prometieron un corderito!

-¡Ay, niña, ya te llevaré yo en la tarde a una granja llena de corderos si quieres!

-¿Sí, papi? Bueno, mátalos.

Mary se apartó de allí, distraídamente, y Ron pensó que lo último que habría visto en toda su vida era una escena bizarra entre una niña diabólica obsesionada con los corderos…

Grindelwald abrió la boca otra vez, pronunciando las palabras muy lento:

-¡AVADA KE…!

-¡AVADA KEDABRA! -gritó una voz a toda velocidad y a todo volumen. Grindelwald, desprevenido y sorprendido, giró la cabeza a tiempo para ver cómo una luz brillante lo golpeaba en el pecho, haciéndolo caer muerto al instante.

Ron y Hermione levantaron la mirada a la vez, ambos llenos de sudor y lágrimas, y la enfocaron en la persona que ahora bajaba las escaleras del vestíbulo: Draco Malfoy.

-El Cazador Oscuro lo ha logrado… -murmuró Malfoy, mientras llegaba a los pies de la escalera y le daba una patada al cuerpo sin vida de Grindelwald.

-Draco… -murmuró Hermione. Mary ni se inmutó, al parecer no le interesaba en lo más mínimo que alguien acabara de matar a su padre.

Ron no dijo nada. Miró brevemente a Draco, sin comprender nada, sintiendo que nada de todo aquello tenía sentido. Era tan cruel, tan despiadado. Ahora el sol entraba a chorros, de un color rojo intenso, rojo sangre, por la ventana más cercana…

Y fue allí, en ese preciso momento, en ese confuso y terrible momento, cuando se hicieron las siete de la mañana en punto y la noche acabó.