DOMINUS

—Te quiero lista en diez minutos, —escuchó una voz detrás de su cabeza, no se volteo a mirar, el espejo donde ella daba los últimos toques de su sutil maquillaje lo delataba, no hacía falta siquiera mirarle a los ojos— no quiero que mi flamante esposa no llegue de mi mano para la celebración. —comentó esa voz, la silueta de aquel hombre caminaba despacio, con elegancia y soberbia.

—Tu celebración. —reafirmó sin muchos ánimos en su voz, aburrida, dándole una mirada de reproche a través del espejo.

—Marín, querida, bajarás conmigo. —ordenó, la sonrisa lobuna adornó su rostro a través del espejo, mientras ella seguía colocándose sus pendientes de plata sin prestarle atención. El beso que dejó detrás del cuello le erizó la piel, estremeciéndola, una risa cargada de orgullo y satisfacción fue lo último que escuchó de él.

Marín se observó detenidamente en el espejo, ataviada en un vestido Givenchy sin mangas, liso, ceñido al cuerpo y con un corte en el muslo izquierdo, el cabello suelto acomodado en suaves ondas, el maquillaje de tonos tierra que magnificaba el color marrón de sus ojos y unos pendientes colgantes adornados de cristales blancos, no ostentoso, si no que con el toque justo para que brillaran y a su vez no llamaran suficientemente la atención.

A Alberich le gustaba tener todo en orden, desde el pelo hasta los zapatos, pensaba en todo, dominaba todo. Un hombre que descendía de una gran familia cuyo apellido se ha mantenido por largas generaciones, aquellos nacidos bajo aquel linaje han estado siempre en la vanguardia, destacándose por su versatilidad, elegancia, elocuencia e inteligencia.

Su esposo no era la excepción, celebraría en su elegante casa la inauguración de su Best Seller, él dentro de todos los descendientes de los Megrez era el único que se había dedicado a la literatura, una rama que había sido trabajada con tesón por su tatarabuelo y que había engrandecido aún más el gran apellido Megrez en la sociedad.

Aunque en Alberich Megrez había algo más.

Molesta consigo misma de no poder ser nada más que un accesorio para su esposo, Marín le dio la espalda al espejo en dirección a la puerta por donde seguro aparecería si no se apresuraba en salir. No era la primera vez que hacía esto y por lo visto tampoco sería la última.

—Querida, ya es hora. —habló antes de que ella pudiera llegar a la puerta. Respiró hondo, inflando el estómago y botando todo de golpe, preparándose para el espectáculo.

—Ya estoy lista. —responde al salir por la puerta de su habitación. La mirada verdosa de su esposo la escanea de pies a cabeza, encantado por la elegancia y belleza de su mujer.

—Estas radiante. —adula, besando el dorso de su mano, acercándose a ella, apresándola contra la puerta y su cuerpo, la mano de su esposo recorre ahora el borde de su cara con delicadeza, aspirando el olor a Channel que emana su piel, paseando un dedo por sus labios tintados en un rose nude, entreabriéndolos por inercia. Se acercó a tal punto de rosar sus labios con los de ella, sintiendo como la respiración de su mujer se incrementaba impasible, alejándose abruptamente cuando esta dejó escapar un jadeo— Ten, no olvides colocarte esto. —La sonrisa malévola de Alberich apareció de repente acomodándose su propio antifaz, ocultando la mitad del rostro.

Marín lo vio caminar despacio por aquel largo pasillo iluminado por las lámparas, su esposo podía tener todo esas magnificas cualidades que la habían enamorado en su momento, pero había algo más en él, maldad.


Una sonrisa, un alago, un brindis, otra sonrisa, estaba sola, otro trago, otro saludo, otro trago, otra sonrisa. Un joven, una copa, otra sonrisa, una verdadera, más sonrisas. La noche pintaba en convertirse en un encuentro de socialité aburridísimo, pero la llegada de un joven hombre, alto y varonil había llegado para salvarle de su martirio. La elocuencia y la simpleza del joven que vestía un uniforme de marina la había sumergido en una conversación que duró horas, el hombre de cabello azul a quien el antifaz blanco le tapaba la mitad de la cara, le contaba anécdotas tras anécdotas sobre su vida en la marina.

—Debe ser emocionante la vida en el mar. —expresó Marín mientras tomaba otro sorbo del Martini lentamente, ya estaba empezando a sentir los efectos de las copas que había bebido.

—Es a veces algo solitaria. —dijo pensando bien en sus palabras, mirando con interés los hermosos ojos marrones que eran enmarcados por ese antifaz de encaje negro— Y es preciso tener alguna compañía. —dijo acercándose de tal forma que Marín sentía la respiración de aquel hombre a un lado de su oído.

Marín se quedó observándolo con la misma intensidad, esos ojos jade, esa voz grave, su esposo presumiendo por algún lado y la emoción a flor de piel. Delineó con sus finos dedos el borde de la copa y la música se hizo escuchar a dentro del salón. El joven la invitó a bailar, extendiendo su mano para poder tomar la de ella. Marín se dejó llevar, seguía embelesada aquel hombre, llevó uno de sus manos al hombro, era firme, sintió una mano envolviéndole la cintura y como su otra mano era tomada por una más grande y cálida.

Dio unas cuantas vueltas, sin dejar de observar esos ojos profundos como el océano mientras la música a su alrededor se volvía suave y manejable como pocas veces lo había hecho, todo parecía tomar un rumbo natural, con una fluidez encantadora. El capitán de la marina Kanon Bourousis, era todo espectáculo digno de apreciar.

Otro giro elegante lo hizo congelar una imagen nueva en su cabeza, la mujer lo había embelesado desde que la vio en una de las mesas hablando con un vejete que no paraba de mirarle los senos, vulgar, patético, esa mujer necesitaba otro tipo de atenciones, otra entrega y él era el indicado para ello. Tomó un trago y avanzó hacia ellos, lo demás se dio como si se conocieran de toda la vida. Descubrió que no era solo bella por fuera, sino que también era muy inteligente, dominaba temas complicados y simples, y poseía un humor bastante blanco.

En un arranque la estrechó aún más hacia él sintiendo el calor de su cuerpo a través de su uniforme.

Marianne. —se escuchó una voz, apenas si había terminado la música. Marín se tensó y se separó del capitán sin mucha brusquedad, mirando a su esposo, quien a través de sus ojos podía saber lo que pasaría más adelante—He estado buscándote, cariño. —Marín puede percibir en su timbre de voz tan falsamente agradable que estaba en aprietos— Nos disculpas. —

Alberich tomó fuertemente su mano y en un dos por tres estaban ambos en la habitación, él con nada de delicadeza la lanzó a la cama. Marín iba a reprochar la brusquedad, pero una boca de apoderó de la suya de una forma salvaje, sintió como sus manos eran llevadas sobre su cabeza, mientras los feroces besos descendían por el cuello, haciéndole botar un gemido, las hábiles manos de su esposo bajaban contorneando su cintura hasta posarse en su entre pierna, facilitándole el camino aquel corte en el muslo del vestido. El estímulo producido por los dedos le hizo cerrar los ojos y cuando intentó bajar sus manos notó que estas estaban atadas al espaldar.

—N-No —intentó pronunciar sin tartamudear, pero no pudo, los dedos de Alberich se movían impetuosos, mientras devoraba con su boca uno de sus pechos. Marín arqueó la espalda e intentaba por todos sus medios contener los gemidos que amenazaban con salirse de la boca.

Los cabellos magenta de su esposo se pegaban a su frente, succionando de forma más brusca el otro pezón, mordiéndolo de vez en cuando. Un gemido fuerte escapó sin piedad de sus labios y Alberich sonrió con malicia, tirando de su pezón antes de soltarse, subiendo un poco para llegar a sus labios y volver a besarlos con brusquedad, Marín intentaba seguirle el ritmo y envolver sus caderas con su pierna libre siendo detenida por la otra mano de su esposo, quien no perdió el tiempo en introducir una porción de su dedo en su vagina.

—No grites tan fuerte Marianne, nuestros invitados aún están abajo. —odiaba ese apodo, los ojos vidriosos de Marín se encontraron con la mirada cargada de lujuria e ira, una peligrosa combinación, casi podía ver como sus ojos resaltaban en la oscuridad de la habitación. Otro jadeo le hizo arquear la espalda, otro dedo se metía, no muy profundo, para volver después a juguetear con el clítoris.

La mirada aguda de ese hombre la seguía mientras se deslizaba hacia abajo, abriendo el vestido, posicionándose frente a su entre pierna, Marín podía ver todo desde ahí, las intenciones de su esposo. Llevó la cabeza hacia atrás gimiendo cuando sintió la humedad de la lengua lamiendo en toda su extensión, succionando el sitio exacto, introduciendo la lengua de vez en cuando. El pecho de Marín subía y bajaba, las sensaciones se estaban volviendo cada vez más intensas. Alberich reptaba de vuelta por su cuerpo mientras sus dedos continuaban con su antigua labor.

Succionó un pezón en el camino, besó su cuello, succionó tan fuerte que dejó marcas de inmediato en esa cremosa piel, se detuvo en su oído.

Vendetta. —casi como un jadeo de satisfacción.

El calor y los dedos de Alberich estaban haciendo que llegara a su momento culmine, pero de pronto todo paró. Alberich había quitado sus dedos y se había levantado de la cama, dejándola tendida, amarrada y sin terminar.

Vio a su esposo arreglándose el pelo y el traje que apenas se había corrido un poco. Caminó lentamente hacia la salida de la habitación, no sin antes mirar a su mujer quien respiraba entrecortado.

—¡No puedes dejarme así! —gritó Marín desde la cama, con los ojos llorosos de frustración.

—Por supuesto que sí, cariño. —le dijo mirándola por sobre su hombro— Buenas noches. —


Hola, que tal?. Se que se están preguntando que, ¡¿Cómo demonios se me puede ocurrir semejante mezcla?!, pues la verdad estoy igual que ustedes, no sé de donde vino todo este revoltijo, pero me pareció interesante y bueno, se quedó y se publicó, no hay más.

Ahora son libres de matarme.

Alberich es un maldito, pero un maldito que me encanta, tiene esa elegancia misteriosa y egocentrica, que no sé, me encanta y Marín, pues es una loca, la adoro, pero es una loca, yo que ella voy y le ponía los cuernos con Kanon XDXD

Bueno, ya no los torturo más. Espero de verdad que les haya gustado, así como para salir un poquito de la rutina. Cualquier critica o comentario acerca del fic no dudes en dejármelo en un review, Besos cyberneticos (ya saben, por la cuarentena).

Adiós.