Hola a todos! Antes que nada, quisiera decir que no pretendo herir susceptibilidades con esto, sino simplemente crear algún contenido entretenido para pasar el tiempo durante estos momentos difíciles. Espero que alguien pueda entretenerse con esto mientras realiza su cuarentena. Mis mejores deseos!
CUARENTENA
Una historia de Hogwarts
Capítulo 1. La pandemia
-ATENCIÓN, ALUMNAS Y ALUMNOS. SE LES INFORMA QUE, A PARTIR DE ESTE MOMENTO, SE AMPLIARÁN LAS MEDIDAS DE CUARENTENA EN TODO EL CASTILLO. TODOS TENDRÁN QUE PERMANECER YA NO SOLO DENTRO DE SUS RESPECTIVAS CASAS, SINO TAMBIÉN DENTRO DE SUS DORMITORIOS, DE DONDE NO PODRÁN SALIR. POR FAVOR, PREFECTOS, HACER CUMPLIR LA NUEVA NORMATIVA INMEDIATAMENTE Y HASTA NUEVO AVISO. LES INFORMAREMOS MÁS EN CUANTO TENGAMOS NOVEDADES.
La voz amplificada de la profesora McGonagall desapareció.
-Bien… Ya oyeron -Percy se aclaró la garganta y empezó a agitar los brazos-. ¡A sus dormitorios, todos! ¡Ahora mismo!
Harry y Ron se incorporaron, de mala gana, del sofá en donde habían estado sentados junto a su amiga Hermione.
-Bien, Hermione, supongo que es la despedida -dijo Harry, colocando una mano en el hombro de su amiga-. Espero que podamos volver a verte pronto.
-Sí, sí, ya veremos -dijo ella rápidamente, y se quedó inmóvil mientras Harry le daba un abrazo rápido antes de caminar hacia las escaleras de caracol que conducían a los dormitorios de los chicos.
-Cuídate mucho… amiga -Ron le dirigió una sonrisa, y Hermione le tendió una mano que el chico se quedó mirando unos segundos antes de estrechar.
Todos los alumnos de Gryffindor abandonaron la Sala Común de su casa para dirigirse hacia sus habitaciones, sin saber cuándo podrían volver a bajar por esas escaleras de caracol.
-Hace dos semanas que estamos atrapados en la casa de Gryffindor, sin poder salir -se quejó Ron, mientras el grupo de alumnos varones subía a la vez e iban ingresando cada uno a su dormitorio-. Y justo cuando estaba volviéndome loco, y a punto de enfrentar a la Dama Gorda para salir de una maldita vez al pasillo de afuera, porque ya no aguanto más, ¡nos encierran aún más!
-Bueno, Ron, varios niños han muerto -dijo Harry en voz baja-. Hasta que encuentren una cura al virus, supongo que será lo mejor estar aislados.
Ron abrió la puerta del dormitorio, y Harry ingresó tras él. Poco después ingresaron Neville, Seamus y Dean. Una vez estuvieron todos adentro, escucharon la voz de Percy en la escalera exterior. Estaba discutiendo con Fred y George.
-¡Ya déjanos! -se oía perfectamente la voz de Fred-. ¡Podemos ir a nuestra habitación solos!
-No soy tonto, hermanitos -se oyó que decía Percy-. Han intentado huir de la Sala Común diecisiete veces en estas dos semanas de cuarentena. Voy a encargarme personalmente de que no puedan dejar su habitación.
Las voces y discusiones siguieron un rato y luego se apagaron, al parecer habiendo Percy conseguido su cometido de meter a los gemelos en su cuarto.
-Esto es terrible -dijo Neville, sentado en su cama, con tristeza-. ¿Qué vamos a hacer?
-Todo el día aquí, encerrados en este cuarto -protestó Seamus.
-Maldita sea, voy a morir del aburrimiento -Dean se dejó caer hacia atrás en su cama y se tapó la cara con la almohada.
-Vamos, chicos, pronto todo se solucionará -dijo Harry, tratando de ver el lado positivo-. Sé que encontrarán la vacuna, o algún antídoto, o algo. Es decir, somos magos, ¿no es así?
-Sí, pero este virus ha matado a más de un millón de magos y brujas en todo el mundo al día de hoy, Harry -dijo Ron, tomando de su mesa de luz una copia de El Profeta de esa mañana y señalando la portada, donde se leía: "confirman hoy mil muertes más en Gran Bretaña, y la suma de magos fallecidos por el Horrovirus asciende a 50 mil en el país".
-Aceptémoslo, todos vamos a morir -dijo Seamus, tapándose la cara con ambas manos y al parecer llorando en silencio, por los gemidos en su voz.
-Tranquilos, tranquilos -dijo Harry, desesperanzado, pero tratando de mostrar una actitud positiva-. Estamos en Hogwarts. ¿Qué lugar puede ser mejor para hacer una cuarentena que este? Somos la escuela de magos con menos muertos en Europa a la fecha. ¿Sabían que en Beauxbatons ya murieron 3 mil estudiantes?
-Sí, pero eso fue por la estúpida de Madame Maxime -dijo Dean, lanzando la almohada por el aire-. ¿Cómo va a decir que las clases deben continuar con normalidad, con todo lo que está pasando en el mundo? No fue hasta esta misma semana que finalmente tuvo que admitir que estaba equivocada, y declarar la cuarentena en la escuela.
-Y ya es demasiado tarde, claro -dijo Ron, ojeando El Profeta-. Por lo que dice aquí, más de media escuela ya está contagiada de Horrovirus. Los padres quieren llevarse a sus hijos de vuelta a sus casas, pero no pueden porque el gobierno no los deja, ya que hay cuarentena en todo el país. Se estima que al menos una cuarta parte de la escuela va a morir en un lapso de dos semanas. Si no se encuentra la cura antes, claro.
-Tienen que encontrarla -insistió Harry-. Los magos están trabajando incansablemente en busca de la cura. Todos los días salen noticias de que podrían estar cerca de encontrarla ya. Sé que lo harán.
-Harry, estamos hablando del virus más letal y contagioso que haya existido en toda la historia de la magia -dijo Seamus-. Ataca a ancianos y a niños por igual, a mujeres y a hombres, a todo tipo de magos y brujas. No discrimina por edad, ni por estado de salud, ni nada. De alguna forma, ataca solo a los magos y brujas, y los mata. Solo los muggles están a salvo. Los hijos de muggles tienen menos posibilidades de contraerlo, pero igual lo pueden tener. A los sangre pura los ataca peor. Pero como nadie aquí es muggle, nadie está realmente a salvo. Te agarra el virus, y una semana después, siete días aproximadamente, te mueres.
-No todos -dijo Harry, cruzándose de brazos-. La mayoría se salva, de hecho. La tasa de mortalidad es de menos del 5%.
-Ojalá tengas razón, Harry -dijo Ron, ojeando el periódico-. Si en algo estamos de acuerdo es que es una suerte que seamos estudiantes de Hogwarts en un momento así. Por suerte, Dumbledore decidió suspender las clases de inmediato cuando empezó todo esto. Y ni bien se supo del primer caso del virus en el castillo, nos hizo guardar cuarentena dentro de nuestras respectivas casas, en las salas comunes.
-Pobre Colin Creevey -se lamentó Neville-. ¿Quién hubiera dicho que él sería el primer contagiado?
-Yo oí que sus padres le pasaron la enfermedad -dijo Dean-. Habían estado de viaje hace poco en Rumania, donde comenzó la enfermedad. En la zona cero.
-Sí, está claro que Colin fue el que trajo el virus a Hogwarts -dijo Seamus-. Por suerte para él, se recuperó a los pocos días y ahora está a salvo en su habitación. Pero ahora hay quien-sabe-cuántos contagiados en el castillo por su culpa, y muchos han muerto ya.
-Vamos, no podemos culpar a Colin -dijo Ron-. Él no sabía que tenía el virus.
-¿Cuántos van al día de hoy? -preguntó Neville.
-Según el último reporte de McGonagall, hay siete muertos ya en el castillo -dijo Dean-. Y más o menos cuatrocientos niños contagiados. Entre todas las casas. Madam Pomfrey está como loca. No da abasto para atenderlos a todos.
-Dicen que no hay ningún contagiado en Hufflepuff -dijo Ron-. Pero no se sabe realmente, porque los síntomas tardan días en aparecer.
-Yo creo que si no salimos de nuestra habitación, y tomamos las medidas adecuadas, estaremos bien -dijo Harry-. Miren, ninguno de nosotros cinco tiene síntomas, ¿verdad? Entonces, con esta nueva cuarentena más estricta, no hay forma de que nos contagiemos.
-A menos que uno de nosotros tenga la enfermedad, pero aún no haya manifestado síntomas -dijo Seamus, mirando a los otros cuatro con desconfianza.
-No podemos pensar así -dijo Harry-. Tendremos que convivir juntos, nosotros cinco, un largo tiempo quizás. Tenemos que confiar en nosotros mismos y, sobre todo, apoyarnos mutuamente.
-Harry tiene razón -dijo Neville-. Si empezamos a perseguirnos o a ponernos paranoicos, todo empeorará.
Hubo un breve silencio. Alguien les golpeó la puerta.
-¿Quién es? -preguntó Seamus, sobresaltado.
-¡La comida! -se oyó la voz de Percy-. ¡No abran todavía! El nuevo protocolo dice que debo avisarles que está la comida, dejarla en estos recipientes cerrados herméticamente del otro lado de la puerta, y luego irme. Ustedes esperarán dos minutos, luego abrirán y tomarán las bandejas. No olviden, luego de ingresarlas al cuarto, desinfectarlas con sus varitas. ¿Recuerdan el hechizo desinfectante, no es así?
-Sí, lo recordamos -dijo Ron, de mala gana-. "Desinfectus". Con un amplio movimiento de varita arriba y luego abajo.
-¡Exacto! ¡Bon appetit, niños!
Oyeron los pasos de Percy desaparecer por la escalera de caracol.
-Creo que el imbécil de mi hermano está disfrutando de esto -dijo Ron, señalando la puerta con los ojos entrecerrados-. Le encanta poder dar órdenes y todo eso.
Harry resopló y se dejó caer en su cama. Cerró los ojos, y toda una serie de imágenes empezaron a deambular por su mente. De pronto, empezó a fantasear conque toda esa horrible pesadilla se terminaba. Podían salir a los terrenos del colegio todos juntos, riendo y bailando. El sol brillaba sobre todos ellos.
Y, entonces, Harry corría por el borde del lago y Cho Chang estaba junto a él. Ambos se miraban a los ojos y se besaban, y corazones empezaban a flotar por encima de la superficie del lago y sobre todos ellos…
-Oh, mi amor, mi hermoso Harry, te amo tanto, eres todo lo que más quiero en este mundo. Tú y yo estaremos juntos para siempre, mi amor, y viviremos felices…
-¿Hermione?
Hermione abrió los ojos y miró a la cama junto a la suya.
-¿Estabas diciéndome algo? -preguntó Lavender, arqueando una ceja.
-No… No, claro que no -Hermione se incorporó en la cama y se acomodó la túnica. ¿Acababa de hablar dormida?
Parvati lanzó unas risitas desde su cama. Ella y las otras dos chicas de Gryffindor con las que compartía el cuarto parecían estar sumidas en una charla muy interesante, en una de las camas, así que era poco probable que la hubieran oído.
Ruborizada, Hermione se dio la vuelta y se quedó boca abajo, la cara hundida en la almohada.
¿Llegaría alguna vez el día en que dejara de soñar despierta, y pudiera de una vez por todas confesarle a Harry el amor que sentía por él? ¿Lo loca que estaba por él desde el mismísimo minuto en que lo había conocido, tres años atrás en el Expreso de Hogwarts?
Quizás, algún día, si sobrevivían a toda esa locura que estaba aconteciendo…
Alguien golpeó la puerta. Debía ser alguno de los prefectos, llevando la comida. La verdad era que no tenía hambre. Estaba pensando en que tendría que pasar los siguientes días, quizás semanas, encerrada en una habitación con cuatro chicas que no le caían mal, pero tampoco eran sus amigas.
Y, peor aún, lejos de su gran amor, el amor por el que siempre había sentido algo pero que se había empeñado forzosamente en esconder sus sentimientos a toda costa, para que nadie lo supiera.
-Seremos solos tú y yo, en sueños, mi amor -dijo en un hilo de voz que quizás solo se oyó en su mente, mientras trataba de dormirse de nuevo.
