Capítulo 6. Tormenta en Hogwarts
REPORTE VESPERTINO DE EMERGENCIA
Estimados alumnos, les hacemos llegar el reporte actual del estado de la emergencia actual que estamos viviendo, como todos los días. Esta vez, como decidimos hacer una vez por semana, les daremos información más completa y extendida de lo normal ya que consideramos que los alumnos merecen tener toda la información sobre lo que está pasando:
De los 1026 estudiantes que componen la matrícula actual de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, hay al día de la fecha 514 casos registrados de infectados con Horrovirus, lo que representa el 50,09% del total de alumnos. Se trata en todos los casos de alumnos que manifestaron síntomas, fueron retirados de sus casas y sus habitaciones y llevados a recibir atención médica.
De estos, un 51,66% pertenece a la casa Slytherin; un 29,47% a Gryffindor; un 14,96% a Ravenclaw; y un 3,91% a Hufflepuff, que registró sus primeros contagios durante el transcurso de los últimos dos días.
De estos alumnos infectados, 69 están en cuidados intensivos; es decir, en la enfermería, dormidos por medio de pociones anestésicas y con cuidado intensivo y suministro de pociones permanentes de alta complejidad. La mayoría de los sanadores enviados por el Ministerio, así como nuestra enfermera Madame Pomfrey están aquí, al cuidado permanente de ellos.
Otros 133 alumnos infectados están en cuidados moderados. Ellos también están dormidos con una poción anestésica para desacelerar el avance de la enfermedad; pero estos no están en la enfermería sino en aulas que se adecuaron especialmente para ellos con camas y profesionales a cargo, porque no requieren pociones fuertes ni una vigilancia permanente ya que el avance de la enfermedad no es tan grave como en el caso de los alumnos con cuidados intensivos.
Finalmente, 312 estudiantes están en cuidados intermedios. La mayoría de ellos están bien, con buena respuesta médica. Muchos de ellos están dormidos, otros no. Están en el Gran Salón, que fue llenado de cientos de camas a disposición para este grupo, que es el más grande de todos. También hay sanadores haciendo guardias allí, pero estos niños no requieren un cuidado complejo.
Por otro lado, como lamentablemente ocurre todos los días, hay casos de alumnos y alumnas que han fallecido. Hoy tenemos que lamentar la pérdida de tres estudiantes: Gemma Farley, que estaba cursando su último año y a quien recordaremos como una de las mejores prefectas que ha tenido el colegio; Marcus Flint, a quien siempre recordaremos como uno de los mejores capitanes de Quidditch de Slytherin; y Draco Malfoy, uno de los estudiantes más inteligentes que haya tenido la casa. A todos ellos los recordaremos con mucho orgullo de haber formado parte de nuestra escuela, y por supuesto, con mucha tristeza por su pronta pérdida.
Quisiera aprovechar este reporte para recordarles lo importante que es que respeten la cuarentena, que se queden dentro de sus habitaciones y no salgan de ellas, para evitar contagios. Esta semana ha habido más de una situación de alumnos y alumnas que han violado la cuarentena, y por ende la norma más importante que tenemos que respetar en este momento. Y quiero que sepan que todos ellos fueron expulsados de la escuela de inmediato.
No se trata de una norma más, como otras que hemos tenido antes. Esta vez, se trata de cuidarnos entre nosotros, de cuidar sus propias vidas. Si salen, si se pasean por los pasillos, están en contacto con el virus. Luego lo llevan a sus habitaciones, y contagian a sus compañeros. Durante el transcurso de esta semana, cinco estudiantes han sido expulsados de la escuela y regresado a sus familias por haber violado la cuarentena. No es una buena noticia, no es algo bueno que estén ahora con sus padres. Uno de ellos fue enviado a su casa con claros síntomas de Horrovirus. La escuela se negó a hacerse cargo de su tratamiento debido a la conducta inadecuada del alumno, y ahora, si empeora su condición y necesita asistencia, tendrá que tratarse en otro sitio. Nosotros, por otro lado, tenemos en el colegio a los mejores sanadores del país especialistas en salud de niños, trabajando aquí porque es el lugar con más cantidad de niños juntos en el país. No es un buen momento para regresar a sus casas. Aquí podemos cuidarlos mejor.
Esos estudiantes que fueron expulsados, cuando todo esto termine y se normalice (y sí, todo esto terminará en algún momento), no podrán volver a esta escuela. La expulsión es permanente. La única posibilidad que tendrán de finalizar una educación para el resto de sus vidas será en otro país, y no cualquier escuela de magos acepta niños que han sido expulsados. Pero, no solo eso, sino que, peor aún, son alumnos que han atentado contra la salud y la vida de sus compañeros, y por ese motivo los hemos expulsado.
A partir de antes de ayer, los profesores y prefectos no solo están custodiando los pasillos, sino que ahora también hacen guardias en escoba voladora por fuera de las torres de Gryffindor y de Ravenclaw, custodiando los cielos, para evitar escapes por las ventanas. También reforzamos los controles en las casas de Slytherin y de Hufflepuff, en las entradas y en los pasillos y puertas de cada habitación. No queríamos llegar a instancias de control tan severas, pero nos hemos visto obligados.
No les digo todo esto por querer asustarlos, sino para que tomen conciencia de lo importante que es la cuarentena. Lo importante que es cuidarnos entre todos. Por eso repetiré una vez más, y como todos los días: POR NADA DEL MUNDO SALGAN DE SUS HABITACIONES. Lo que sea que necesiten, pueden llamarnos a mí, a los demás profesores, o a los prefectos, por celular. Si no lo hacen por sus compañeros, háganlo por ustedes mismos. Solo ustedes pueden evitar el contagio del virus.
Les deseo que terminen bien el día, y mañana les escribiré a sus celulares nuevamente con más noticias.
Atte:
Profesora Minerva McGonagall
Harry terminó de leer y miró a sus compañeros de habitación, que también habían estado leyendo el reporte desde sus teléfonos.
-No puedo creerlo -dijo Neville, alzando la mirada hacia los demás, aterrado-. ¿Draco ha muerto?
-Y también Marcus -dijo Dean-. Es decir, eran todos Slytherin, y ninguno nos caía bien. Pero igual. Es… Es terrible.
-Sí, no importa qué tan bien o mal te caiga alguien -coincidió Seamus, sentado a su lado-. Ver sus nombres… aquí… Es escalofriante. No importa quién sea. Sigue siendo terrible.
Harry se sentía fatal también. ¿Draco había muerto? Todo eso parecía surreal. Parecía una película. No podía estar pasando realmente. Primero habían sido nombres que él no conocía, o que quizás le sonaban, pero de lejos. Como esa chica Gemma Farley. Pero luego había empezado a morir gente que él si conocía de cerca, y bastante. Como Lavender. Y ahora Draco… Era gente ya muy cercana, y eso lo hacía cada vez peor.
Intercambió una mirada con Ron, que estaba frente a él, en su cama, y lucía tan mal como todos.
-Y McGonagall hizo un comentario sobre lo de tus hermanos -indicó Harry, con amargura-. Estos días que pasaron desde que los expulsaron no había puesto nada en los reportes, pero hoy finalmente dijo algo al respecto. Y no sé quién será ese quinto niño expulsado, seguramente ese es el que regresaron con síntomas, porque Ginny, Fred, George y Lee Jordan estaban bien…
-Esa bastarda -Ron se mordió el labio, furioso-. Se atreve a nombrarlos aquí, a nombrar sus casos como de "peligro para los demás", y no sé qué.
-Pero tiene razón -saltó Seamus, entonces-. McGonagall está en lo cierto, Ron. Tus hermanos no debieron andar dando vueltas por ahí. Comprometieron la salud de todo el mundo.
-Seamus -dijo Ron de inmediato, mirándolo con rencor-. Tú no tienes idea de nada, así que cállate.
Harry tragó saliva, nervioso.
-No, no me callo -discutió él, enojado-. Si no fuera por tus hermanos, habría menos contagios en el castillo en este momento. Estoy totalmente de acuerdo con McGonagall, y merecían que los expulsaran. Jamás sabremos cuántas personas han muerto exactamente por culpa de ellos, pero de seguro que habrá casos que habrán sido totalmente culpa suya.
-¡TE DIJE QUE CIERRES LA BOCA! -Ron se puso de pie, hecho una furia, y arremetió contra él. Harry saltó de su cama como un resorte y se puso en medio, para separarlos. Neville y Dean lo imitaron al instante. -¡NO TIENES IDEA! -siguió gritando Ron, fuera de sí-. ¡MI HERMANA NO MERECÍA QUE LA EXPULSEN! ¡NO TIENES IDEA DE LO QUE LE OCURRIÓ!
-¡FRED Y GEORGE MERECÍAN QUE LOS EXPULSEN! -bramó Seamus, sin acobardarse ante Ron, que quería lanzarse encima de él, pero que Harry y Neville sostenían de un hombro cada uno-. ¡APUESTO A QUE GINNY TAMBIÉN! ¡YA ES HORA DE QUE TODOS DEJEN DE PENSAR QUE SON UN CASO PARTICULAR, RON! ¡TODOS ESTAMOS EN LA MISMA! ¡NO ME IMPORTA CÓMO FUE EL CASO DE TU HERMANA! ¡SI ELLA VIOLÓ LA CUARENTENA, ESO ES TODO LO QUE TENGO QUE SABER! ¡Y SE MERECE ESTAR EN SU CASA CON MAMÁ Y PAPÁ Y NO VOLVER A PONER PIE AQUÍ JAMÁS!
-¡VOY A MATARTE! -bramó Ron, tratando de abalanzarse sobre él.
Todos los demás empezaron a gritarles que se calmen, pero era tarde. Se había desatado un descontrol, y Dean estaba él solo tratando de detener a Seamus, mientras que Neville y Harry no podían contener a Ron entre ambos.
Un relámpago resonó en el cielo, y todo se oscureció. Gotas de agua empezaron a caer en las ventanas de las habitaciones, mientras esa tarde de abril se volvía más fría y más oscura con la tormenta que se avecinaba.
-Vaya, esto es… No puedo creerlo -decía Hermione, en su dormitorio-. Draco muerto…
-Sí, esto se pone peor cada día -coincidió Fay. Ambas estaban sentadas en una cama, y acababan de leer el reporte de McGonagall. -Aun no hay noticias de Laura. Dicen que está mejor. Que se está recuperando. Que pronto le darán el alta.
-Eso es una gran noticia, Fay.
-Lo sé, lo sé. Sigo pensando eso. Pero lo cierto es que el momento nunca llega.
-Bueno, hay que ser pacientes. Como te decía, la recuperación es muy larga, lamentablemente. No pueden darles el alta hasta que estén completamente recuperados, y eso tarda semanas en muchos casos. Creo que estamos en el momento más oscuro de la enfermedad.
-¿Por qué lo piensas?
-Porque, en este momento, muy pocos alumnos han sido dados de alta, ya que no pasó suficiente tiempo desde que todo esto empezó para que se recuperen. Al mismo tiempo, hay muchos alumnos muriendo, pero esos alumnos están enfermos desde hace mucho tiempo, desde hace una semana o más. Es decir, con la nueva cuarentena dentro de las habitaciones, la situación está mejorando. Pero los niños no ven eso, solo ven gente muriendo en este momento. Pero eso, en verdad, se debe a que es gente que había enfermado antes, antes de que nos aislaran en las habitaciones. Solo la semana que viene empezará a notarse una mejoría, recién ahí empezaremos a ver el efecto positivo del aislamiento.
-Ojalá tengas razón, Hermione -dijo Fay.
-Sí, ya verás que todo mejorará entonces. Tenemos que atravesar estos días oscuros.
Hermione miró hacia afuera, hacia la tormenta que se avecinaba.
-No sé si McGonagall ha escrito ese reporte con demasiado tacto. Pareció más bien que quería castigarnos a todos, hablando así, con autoridad. Temo que su reporte acabe ocasionando más problemas entre los alumnos que soluciones… No creo que ella sea la mejor persona para hablar a los niños en estos días tan oscuros.
-McGonagall es muy estricta y severa -opinó Fay-. En especial ahora, que debe estar sobrecargada de trabajo, cansada y exhausta. Si estos son los peores momentos de la enfermad, quizás alguien más debería haber hecho el reporte de hoy. Lo que hay que hacer ahora es aplanar la curva de infecciones, evitar el contagio. O no darán abasto allí abajo para atender a todos los enfermos. Si, para lograr eso, hay que evitar que los estudiantes salgan de sus habitaciones, entonces alguien con más carisma, a quien los chicos pudieran entender mejor, debió haber escrito ese reporte.
-Espero que esto no ponga más tensos a los estudiantes -dijo Hermione, preocupada.
Un rayo quebró el cielo negro de esa sombría tarde, y el agua empezó a caer torrencialmente en los terrenos del castillo. El profesor Flitwick, que estaba haciendo la guardia en escoba por fuera de las torres, aceleró su escoba torpemente y se marchó de los cielos a toda velocidad, mientras el aguacero se desataba con furia.
-Mi amigo, Michael McManus, me acaba de contar todo -dijo Justin, con su celular en la mano y una expresión extraña en el rostro.
-Dinos -lo instó Hannah, preocupada.
-Bien, esto es lo que me dijo: Hace tres días, Draco Malfoy logró ingresar dentro de nuestra casa con la ayuda de un cómplice interno, Cedric Diggory, a pesar de que estaba ya muy enfermo, en un estado avanzado de Horrovirus.
Los demás lo escucharon con mucha atención, impactados.
-Se encerraron ambos en un dormitorio vacío, Diggory estaba bajo el maleficio Imperius, a partir de cierto punto, pero antes de eso era él mismo, que lo dejó entrar a sabiendas de que no debía hacer eso.
-¿Qué? -dijo Susan, atónita.
-El maleficio Imperius es un maleficio imperdonable -le explicó Ernie-. Es material de estudio de sexto año, pero sé que permite a un mago oscuro controlar a otra persona y obligarla a hacer lo que quiera.
-Sé lo que es -dijo Susan-, el Innombrable lo usó contra varios miembros de mi familia antes de matarlos. Solo estoy sorprendida de que Draco Malfoy lo usara. Me parece…
-Es increíble -dijo Hannah, igual de estupefacta.
-Luego de eso, ambos quedaron encerrados juntos en ese dormitorio -siguió relatando Justin-. Durante casi un día, actuaron con normalidad. Cedric le pedía la comida a los prefectos, decía que se sentía mejor, que quería estar solo allí… Parecía que su plan era quedarse encerrados en ese dormitorio, los dos, a pasar la cuarentena.
"Sin embargo, Draco estaba muy enfermo y cuando entró en la Sala Común infectó varias superficies y lugares donde andan prefectos y profesores, el virus se esparció en Hufflepuff, terminó entre alumnos, y por eso al día siguiente de eso ya hubo los primeros casos de Horrovirus en nuestra casa. Fue Draco el que lo metió aquí.
Todos escucharon tensos y muy afligidos y sorprendidos.
-¿Vieron que en su reporte, McGonagall dice que un alumno que fue expulsado estaba enfermo y fue enviado a su casa en ese estado, porque por su mala actitud le negaron el tratamiento? -continuó Justin. Los demás asintieron con la cabeza, muy nerviosos. -Bien, era Cedric Diggory. Porque, al día siguiente de esto que pasó, su compañero de dormitorio de toda la vida, Anthony Rickett, se extrañó de que Cedric no le respondiera los mensajes que le estaba enviando a su celular preguntándole cómo andaba, si estaba mejor de la supuesta enfermedad que dijo tener antes de dejar su dormitorio. Como Cedric no contestaba, Anthony alertó a Sprout de la situación. A pesar de que Cedric respondía a través de la puerta que estaba bien y que no quería que nadie entre, las sospechas de Anthony de que algo raro pasaba motivaron a Sprout a ingresar al dormitorio a revisar.
"Y, cuando entró, descubrió algo terrible: Malfoy estaba allí, en una cama, muerto. Diggory estaba de vuelta consciente, porque al morir Malfoy se terminó su maleficio Imperius, y estaba llorando y admitiéndolo todo, diciendo que él lo había dejado entrar en la casa y que todo eso era su culpa. Por eso lo echaron del colegio y lo mandaron de vuelta con sus padres.
Todos estaban en shock.
-¿Y por eso McGongall dijo que ese niño expulsado tenía síntomas? -preguntó Hannah-. ¿Porque, como estuvo encerrado con Malfoy en ese estado, Cedric se contagió?
-Exacto -dijo Justin-. Y no solo eso. Malfoy esparció el virus por toda nuestra casa. Es culpa de Malfoy todos los recientes casos que empezamos a tener de enfermos del virus aquí los últimos días.
-Hufflepuff estaba libre del virus -dijo Ernie, con una expresión seria como la muerte en su rostro-. Antes de esto. Cuando se anunció el primer caso, antes de ayer, todos nos sentimos fatal. Pensamos que nuestra teoría de que no había virus en Hufflepuff había sido errónea, y que en verdad alguno debió haber tenido la enfermedad pero no manifestado ningún síntoma hasta muy último momento.
-Pues no -dijo Justin-. De verdad éramos la casa inmune. De verdad fuimos la casa sin contagios. Pero todo eso se terminó cuando Malfoy puso un pie aquí dentro, moribundo. Ahora ya empezó a haber casos, y de seguro con el paso de los días irán en aumento. Ya no estamos a salvo.
Ernie se puso de pie y empezó a caminar por la habitación, nervioso.
-¡Rayos! -gritó, enojado-. Si ese Malfoy no hubiera muerto, ¡te juro que lo mataría yo mismo!
-Pero eso no es todo -continuó Justin-, porque Malfoy no actuó solo con la ayuda de Diggory.
-¿Ah no? -preguntó Susan.
-¿De quién más? -preguntó Ernie, dejando de caminar y mirando a su amigo.
-Michael, mi amigo, tiene una amiga en Slytherin -explicó Justin-, que casualmente comparte dormitorio con Pansy Parkinson. No son amigas entre ellas. Pero me dijo que Pansy y otra chica más estuvieron toda una tarde investigando cómo meter a Malfoy en Hufflepuff.
-¿Quééééé? -dijo Hannah, incrédula.
-Así es -dijo Justin, enfadado-. Primero, la chica no sabía qué estaba pasando, qué se tramaban esas dos. Estaban muy metidas con sus celulares haciendo algo. Pero luego, una de ellas lo soltó: Dijo en voz alta que habían logrado "ayudar a Draco", y que este iba a hacer "algo muy malvado". Esas fueron las palabras que ella oyó, en ese dormitorio. Es decir, que estuvieron involucradas.
-Lo ayudaron a ingresar -dijo Susan, atónita-. Y querían que nos hiciera algo muy malvado.
-Malditos Slytherin… -Ernie chocó un puño contra el borde de una cama, con furia-. ¡Malditos! No pudieron soportar nuestra ventaja, ¿verdad que no? Nos envidian tanto, estaban tan furiosos porque nosotros no teníamos casos y ellos tienen la mayoría… ¡Que mandaron a Malfoy a morir aquí!
Todos se quedaron en silencio, asimilando aquello.
-No es posible, es… Es demasiado siniestro -dijo Susan, que no salía de su estado de shock.
-¡Pero es cierto! -dijo Ernie-. ¡Eso hicieron!
-Vamos, Slytherin nos detesta -dijo Hannah-. Siempre fueron un montón de ratas llenas de celos y veneno. No me extraña para nada que hicieran esto. Planearon infectarnos. A propósito. ¡Está clarísimo! No podían tolerar que seamos la casa sin contagios. Engañaron a Cedric, de alguna forma, y planearon todo para meter a Malfoy aquí y que nos pasara el virus. ¡SON UNOS MALDITOS!
Con un arranque de rabia, Hannah se puso de pie.
-¡No podemos permitir que esto quede así!
-Claro que no -dijo Ernie, que respiraba muy agitado-. A esos imbéciles no les importa las vidas de los demás. No les importa que niños de Hufflepuff mueran por su culpa. No puedo creer que sean tan… tan asesinos.
-Por su culpa, ahora muchos Hufflepuff van a enfermarse, y a morir -dijo Justin, de acuerdo con ellos-. Esto no puede quedar así. Tenemos que hacer algo.
-¿Decírselo a Dumbledore? -sugirió Susan.
-¡Dumbledore ya sabe de esto! -protestó Ernie-. Está claro con ese reporte de McGonagall. Ellos ya lo saben todo, pero no van a hacer nada al respecto. Lo único que hicieron como "castigo" fue enviar a Diggory a casa con su familia sin darle tratamiento. Pero no han hecho una sola cosa para castigar a los de Slytherin.
-Ernie, es que no lo entiendes -dijo Justin, cada vez más transformado por la ira-. Esto no se trata de un "castigo" que los profesores puedan hacer. Estamos hablando de asesinatos aquí. Somos nosotros quienes tenemos que vengarnos. Porque la única forma de vengar un asesinato, es con otro asesinato.
-¿De qué hablas? -preguntó Susan, temerosa.
-Slytherin merece que les paguen con la misma moneda -dijo Justin-. Ningún profesor se atrevería a hacer eso. Somos nosotros quienes debemos hacerlo.
-Estoy de acuerdo -dijo Hannah, sombría-. ¿Quiénes saben de esto?
-Todo Hufflepuff sabe de esto -dijo Justin-. El rumor se esparció esta mañana, y ahora toda la casa está hablando al respecto.
-Tenemos que vengarnos -dijo Ernie-. Tenemos que hacerlo, en honor a todos los niños de Hufflepuff que ya cayeron enfermos y que caerán en los próximos días. Esto no puede quedar así.
-Propongo que vayamos a Slytherin -dijo Justin-. Que entremos, y que los ataquemos.
-¿Qué? -dijo Susan-. No pueden hacer eso.
-Susan -dijo Hannah, mirando a su amiga a los ojos-. ¿Qué pensarías si mañana yo caigo enferma? ¿Si me llevan a la enfermería, y una semana después muero? No soy sangre pura, pero tampoco soy hija de muggles. ¿Y si muero? ¿No desearás vengar mi muerte? ¿Sabiendo que fue todo culpa de los de Slytherin?
Susan se quedó pensativa unos instantes. Entonces, lentamente, asintió con la cabeza.
-No podemos ir todos -dijo Justin-. No podemos exponernos al virus más de lo que ya estamos.
-Pero podemos tomar algunos trajes de protección, de esos de cuerpo completo -dijo Ernie-, podemos tomar algunos de la enfermería. Yo sé dónde es la entrada a Slytherin, y puedo averiguar la contraseña. Entraremos, y empezaremos a destruir todo. Iniciaremos un caos, un descontrol.
-Los obligaremos a que todos salgan de sus malditas habitaciones -dijo Hannah, con rabia-. Y, entonces, todos se contagiarán más aún entre sí.
-Les pagaremos con la misma moneda -dijo Ernie, asintiendo.
-Nos expulsarán, claro -dijo Justin-. Pero para mí, mejor. Prefiero que me envíen de regreso a casa de mis padres antes que seguir aquí, viendo cómo todos mis amigos se enferman por culpa de Slytherin.
-Lo mismo digo -dijo Ernie-. Ya no importa ser expulsados. Estamos hablando de vidas aquí. Es algo más importante.
-Tú no deberías ir, Ernie -dijo Susan.
-¿Por qué no?
-Eres sangre pura. Déjame que yo vaya por ti.
-Yo soy hijo de muggles -dijo Justin-. Yo encabezaré el grupo. Hannah y Susan, ustedes son sangre mestiza. Deberán protegerse mucho con esos trajes, pero pueden venir también.
-Bien, yo buscaré otras personas que quieran ir -dijo Ernie-. Debe haber muchos planeando lo mismo que nosotros en este momento, en todo Hufflepuff. Trataremos de reclutar hijos de muggles, y en su defecto, niños de sangre mestiza, para evitar que se contagien. No deberían ir muchos, o la venganza solo nos terminaría contagiando más.
-Pero tampoco podemos ir pocos, o no seremos suficientes para hacerles frente -dijo Justin.
-Vamos a destruir toda su casa -dijo Hannah, con rabia-. A dar vuelta todo. Saldrán de sus habitaciones corriendo a ver qué pasa, y los atacaremos. No dispararemos a matar, no somos así. Les pagaremos con la misma moneda exacta. Atacaremos con maleficios de Petrificus Totalus. La idea es simplemente que se arme un alboroto, y todos salgan de sus habitaciones y se mezclen en los pasillos.
-Para que se esparza el virus entre ellos -dijo Ernie, asintiendo.
-Todos hablan de aplanar la curva -dijo Susan, enojada-. Vamos a entrar a Slytherin, ¡y disparar la curva!
-¡SÍ! -dijeron todos, gritando, de acuerdo con ella.
-Ellos empezaron esto -dijo Justin, apretando el puño-. Pidieron esto.
-Si quieren guerra -dijo Hannah-, pues tendrán guerra.
Otro rayo iluminó el cielo y resonó en torno al castillo, mientras el diluvio se desataba en los terrenos, sobre el Bosque Prohibido y las torres del edificio.
-¿Cómo está tu hermana, Jenny? -preguntó Marietta, mientras masticaba una pata de pollo en su habitación-. ¿Sigue asustada?
-Está mejor -dijo Jenny Turpin, sentada en su cama con expresión de aburrimiento-. Lisa estaba bastante asustada desde que enfermó su compañera de cuarto, Padma Patil. Pero han pasado muchos días y nadie enfermó luego, así que está más tranquila ahora.
Cho, que había pasado los últimos días muy unida a su celular, escuchaba en silencio mientras fingía que leía artículos en internet.
-Qué bueno -dijo Marietta. Al darse cuenta que Jenny no tenía intenciones de iniciar una conversación, se cruzó de brazos y se quedó mirando a Cho con recelo. -Estás muy callada últimamente.
-¿Tú lo crees? -dijo ella, en voz baja.
-Sí lo creo.
Otro relámpago resonó afuera.
Cho dejó su teléfono y alzó la mirada hacia su compañera.
-Debe ser tu imaginación, Marietta -dijo, con sarcasmo.
-No me hables así -le espetó esta, enojada-. ¿Crees que no sé lo que pasa? Has estado rara conmigo desde que pasó lo de las lesbianas de al lado.
-Pues quizás sea porque ya no te soporto desde entonces -dijo Cho, finalmente, sin poder contenerse más.
-Lo sabía -Marietta puso cara de desprecio-. Sabía que estabas de parte de ellas. Supongo que me rehusaba a creer que mi mejor amiga resultaría ser una asquerosa defensora de gays, pero ahora veo que…
-Cierra tu maldita boca, Marietta -dijo Cho, poniéndose de pie y mirándola con furia-. Tú eres la única desagradable aquí. La única asquerosa. La única que me repugna.
Dicho eso, Jenny dejó a un lado su celular también y se puso de pie.
-Cho tiene razón -dijo entonces-. Eres desagradable, Marietta. Toda esa homofobia que tienes es insoportable, y fue tu culpa que expulsaran del colegio a Ginny Weasley.
-¡LA MOCOSA SE METIÓ POR NUESTRA VENTANA! -gritó esta, hecha una furia.
-¡Y A TI NO TE IMPORTABA HASTA QUE SUPISTE QUE ERA GAY! -gritó Cho, fuera de sí-. ¡ERES UN SER REPUGNANTE, MARIETTA! ¡NO ERES MÁS MI MEJOR AMIGA, ¿ENTENDISTE?! SOLO ERES UNA… ¡UNA SOPLONA!
Marietta sacó su varita, descontrolada, y la apuntó hacia Cho.
-¡RETIRA ESO! -bramó, amenazándola con la varita-. ¡RETRÁCTATE!
-¡TÚ RETRÁCTATE!
-Cho tiene razón, Marietta -dijo otra de las chicas, harta de la situación. Ahora todas estaban de pie y miraban a Marietta con odio. -Eres repugnante.
-¡VÁYANSE TODAS DE AQUÍ! -bramó Marietta.
-¡NO! ¡TÚ VETE DE AQUÍ! -gritó Jenny.
-¡NO ME VOY NADA! -aulló Marietta-. ¡NO VOY A IRME, ESTAMOS EN CUARENTENA Y NO VOY A SALIR A ESE PASILLO Y MORIR INFECTADA! ¡SI USTEDES VAN A DEFENDER A LAS MOCOSAS, ENTONCES USTEDES VÁYANSE CON ELLAS!
-Yo digo que la saquemos de aquí -dijo Jenny, tomando el control del disturbio-. Lancémosla al pasillo con todas sus cosas y cerremos la puerta, para que no pueda volver a entrar.
-¡Buena idea! -dijo otra de las chicas-. ¡Lancémosla al pasillo!
-¡INTÉNTENLO, DESGRACIADAS!
Marietta empezó a lanzar encantamientos por toda la habitación. Las lámparas estallaron en pedazos, las mesas de luz se quebraron y la madera de los bordes de las camas se partió.
Todas las demás se lanzaron boca abajo al suelo, para esquivar los hechizos.
-Rayos, rayos, rayos -Luna se movía por toda su habitación, nerviosa, mordiéndose las uñas. Acababa de escuchar todo el estruendo de la habitación de al lado, y estaba asustada. -Se están disparando hechizos. Tengo que hacer algo…
Tomó su teléfono y marcó un número. Nerviosa, se quedó esperando a que contestaran su llamada.
-¿Hola? -dijo Morag MacDougal, atendiendo el teléfono-. ¿Quién es?
-Soy Luna Lovegood -dijo la niña-. No sé si me conoces.
-Sí, claro, Luna Lovegood -dijo Morag, asintiendo-. ¿Estás bien? Te oyes nerviosa.
-Sí, es que tenía que hablar con alguien. Las chicas que están junto a mi dormitorio se están lanzando hechizos, se desató una gran pelea allí.
-¿Cómo dices? ¿Qué chicas?
-Pues está Cho Chang… Y una que se llama Marietta.
-¡Pues debemos decirle a Flitwick! -dijo Morag, mirando a sus compañeras de dormitorio, que aguzaron el oído para ver qué pasaba.
-No creo que hagamos a tiempo -dijo Luna, alterada-. No llegará lo suficientemente rápido. ¿Creen que debería ir allí y tratar de hacer algo? No sé a quién más preguntarle. Tengo miedo. ¿Ustedes saben batirse a duelo? Llegarán más rápido que Flitwick.
-No, no podemos ir -dijo Morag-. Pase lo que pase, no debemos violar la cuarentena.
-¿Qué ocurre? -preguntó Mandy, preocupada.
-Las chicas de la habitación de Cho Chang se están disparando hechizos y batiendo a duelo -dijo esta, seria.
-¡Oh, no! -dijo Lisa Turpin, saltando de su cama-. ¡Mi hermana está allí!
La chica se quedó mirando a Morag y se apresuró a tomar su varita.
-Oye, ¿qué haces?
-Voy para allá -anunció Lisa.
-¡NO! ¡LISA, ESPERA! -Mandy saltó tras ella para intentar detenerla.
-¡Mi hermana está allí, puede salir lastimada! -gritó Lisa, muy nerviosa-. ¡Tenemos que hacer algo!
-¡No podemos violar la cuarentena!
-¡AL DEMONIO LA CUARENTENA!
El cielo se iluminó completamente de blanco, y el rayo más furioso de todos rompió justo detrás del bosque prohibido. El viento era atroz y los árboles del bosque se balanceaban de un lado al otro con la intensa tormenta.
-No van a creer esto -dijo Terence Higg, a sus compañeros de cuarto-. Parece que Hufflepuff está planificando un ataque a Slytherin.
-¡¿Qué?!
-¿Qué has dicho?
-Esta información es 100% fiable -dijo Terence, mirando a sus compañeros-. Hay toda una revuelta dentro de la casa de Hufflepuff. En este mismo momento, mientras hablamos, están a punto de venir hacia acá, a atacarnos a todos.
-¡¿A atacarnos?! ¡Pero…! ¡Eso es inaudito!
-Nosotros somos los que más estamos sufriendo esta maldita epidemia. ¿Qué rayos quieren atacar?
-No lo sé -dijo Terence-. Pero esto es grave.
-¿Quieren atacarnos? Pero si somos los que más estamos sufriendo. El 50% de los infectados de Hogwarts son de nuestra casa. ¿Qué rayos les pasa? ¿Se han vuelto locos?
-Está claro para mí que Hufflepuff siempre estuvo esperando una oportunidad para hacer esto -dijo Terence, con la voz ensombrecida-. Nos detestan. Tienen envidia porque siempre hemos sido superiores a ellos en todo.
-¡Sí! Eso es cierto. Pero, Terence, venir a atacarnos, en un momento de debilidad como este… ¿Qué clase de persona hace eso? Venir a atacar al eslabón más débil, en su peor momento, para desquitarse de una vieja rivalidad…
-Bien, no nos queda más opción -dijo Terence, mirando a sus compañeros con ira y cerrando un puño con fuerza-. No podemos permitirlo. No dejaremos que vengan aquí a atacar a nuestros amigos y compañeros que están enfermos, con familiares y amigos internados, en estos momentos tan terribles.
-Tienes razón, Terence. Si lo que dices es cierto, entonces nosotros tenemos que atacar primero.
-Prepárense -dijo Terence-. Tomen sus varitas. Si ellos quieren guerra, tendrán guerra.
-¡SÍ! -gritaron todos los demás, con motivación.
-No podrán atacarnos si nosotros atacamos primero -dijo Terence, con furia-. ¡TODOS A DESTRUIR HUFFLEPUFF!
-¡BASTA! -gritó Alicia Spinnet, perdiendo la paciencia-. ¡Esta discusión no tiene ningún sentido!
-¡Sí la tiene! -gritó Angelina Johnson-. ¡Ya estoy cansada! ¡Todas no dejan de mirarme como la mala de la película desde que delaté a Fred y a George!
-¡No es eso lo que estábamos diciendo!
-¡Dijeron que desearían estar con Katie Bell en vez de conmigo!
-¡Y tú dijiste que no te importaba ser la mala de la película, con tal de que los echen! Así que, ¿de qué te quejas, de todas formas?
-¡No entiendes nada, Alicia!
-¡Tu no entiendes nada! -estalló ella-. ¡No eres la única que está pasándolo mal, ¿sabes?! ¡Estar encerradas en el dormitorio no es algo que le gusta a ninguna de nosotras! ¡Hace más de una semana que estamos separadas de nuestra mejor amiga Katie Bell, sin poder verla, por el simple hecho de que está en un año inferior al nuestro y por ende en otra habitación! ¿Y crees que somos las únicas con este problema? ¡Debe haber cientos de estudiantes separados de sus mejores amigos en estos momentos, por el solo hecho de que son hombres y mujeres, o de otra casa, o de otro año escolar! ¡Nadie está contento y con las personas que quisiera estar! ¡Pero si no nos llevamos bien entre nosotras…!
-¡¿QUÉ RAYOS TIENE ESO QUE VER?! ¡NO ESTOY HABLANDO DE KATIE BELL! ¡ESTOY HABLANDO DE QUE TÚ NO DEJAS DE JUZGARME POR LO QUE HICE! ¿Te crees que no oí lo que estabas diciendo? ¿Qué soy una soplona?
-¡ENTENDISTE TODO MAL!
-¡NO! ¡LO ENTENDÍ PERFECTAMENTE!
-¡YA BASTA! -gritó otra de las chicas.
-¡PÚDRETE, RON! -gritaba Seamus, tratando de golpearlo con el puño.
-¡TÚ PÚDRETE! -Ron luchaba por liberarse de Harry y Neville, pero estos hacían demasiada fuerza.
-¡NO DEJEN QUE AGARRE SU VARITA! -gritó Dean, que luchaba con todas sus fuerzas por contener a Seamus, pero este era muy fuerte y ya estaba por conseguir liberarse, mientras se esforzaba por llegar a alcanzar su varita, que estaba en la mesa de luz junto a su cama.
-Llegó el momento -dijo Justin, totalmente serio.
Los tres alumnos de Hufflepuff estaban listos. Tenían sus varitas, estaban de pie junto a la puerta del dormitorio, y Justin tenía la mano en el picaporte, listo para violar la cuarentena y salir.
-Háganlos polvo -dijo Ernie, apretando los dientes.
-Todos en Hufflepuff deben estar que arden de furia -dijo Hannah-. No tardaremos en reclutar a unos cuantos. Entonces, saldremos todos juntos e iremos a aplastar a Slytherin.
-Hagámoslo -dijo Justin, respirando hondo con la mano en el picaporte.
Los rayos resonaron en el cielo.
La luz de un intenso relámpago alumbró, como en cámara lenta, la expresión trastornada de Marietta mientras la chica blandía su varita con furia, destrozando todo el dormitorio con sus hechizos.
Cho Chang se cubría la cara con las manos, mientras gritaba.
Jenny daba un salto en el aire, apuntando a Marietta con la varita, y contraatacando.
Lisa trataba de abrir la puerta para salir de la habitación, en ayuda de su hermana, pero Morag y Mandy la sujetaban de los brazos, tirando hacia atrás, para impedírselo. Mientras tanto, Lisa gritaba y trataba de soltarse, frenética.
Otro relámpago resonó en el cielo, más fuerte.
-¡MUERTE A HUFFLEPUFF! -gritaba Terence, su rostro contorsionado por la ira, mientras él y sus compañeros se preparaban para salir de su dormitorio, y destrozar Hufflepuff.
El puño de Ron impactó en la mejilla de Seamus, y la cara de este giró hacia un lado, como en cámara lenta, mientras el niño abría grandes los ojos y el puño de Ron se hundía en su cara con fuerza.
-Vaya, qué tormenta -comentó Fay, mientras ella y Hermione charlaban de "cosas de chicas" alegremente, una junto a la otra-. ¿Cómo crees que estén todos los demás en el castillo?
-Deben estar bien, aburridos en sus dormitorios -reflexionó Hermione.
-¡AAAHHHHHHHHHHHHHH! -Jenny clavó los dedos en la cara de Marietta. Finalmente, logró quitarle la varita y saltó encima de ella, rodeando su cabeza con ambos brazos para impedirle moverse.
-¡ERES UNA ESTÚPIDA, ANGELINA! -bramó Alicia Spinnet, saltando encima de ella con ira.
Lisa puso una expresión de desesperación y demencia, extendiendo su mano hacia el picaporte de la puerta de su dormitorio, mientras sus dos amigas la inmovilizaban contra el piso, impidiéndole moverse.
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! -chilló, desaforadamente.
Los rayos rompieron más y más fuertes, uno tras otro.
Y entonces, en medio de todo el caos…
-¡Alumnos, muy buenas tardes! Les habla el profesor Dumbledore -dijo una voz haciendo eco por absolutamente todo el casillo.
La tormenta se apagó de pronto. Los rayos dejaron de resonar.
-¡Vaya! Qué tormenta, ¿eh? -comentó la alegre voz del director, resonando en el interior de sus cabezas-. Lamento no poder hablarles como siempre, en persona, en el Gran Salón, antes de disfrutar de una agradable cena. No me agrada mucho esto de hablarles mediante magia dentro de sus cabezas. Pero, ¡no se preocupen! Esos días regresarán.
Alicia estaba inmóvil, a escasos centímetros de Angelina, con el brazo en alto, como a punto de golpearla. Pero se quedó petrificada, escuchando la voz del director en su cabeza.
La tormenta se detuvo por completo. Todo se puso en calma.
-Tenía pendiente hablar con ustedes, queridos alumnos -dijo la voz de Dumbledore, optimista y alegre-. Lamento no haberlo hecho antes. A veces, en medio de momentos así, uno olvida lo importante que es la comunicación con los estudiantes, uno se deja llevar por las preocupaciones y por las urgencias de cada momento, y se olvida de prestarle atención a esas pequeñas cosas, que tan importantes son realmente…
Ron y Seamus quedaron inmóviles, en el lugar. Los demás seguían sujetándolos, pero ya ninguno de los dos estaba intentando golpear al otro.
-Quería hablarles, mis queridos alumnos, para agradecerles por el enorme esfuerzo que cada uno de ustedes está haciendo -dijo Dumbledore-. Mantener una cuarentena no es nada fácil. Estar encerrados en sus dormitorios, día tras día, sin poder salir para nada… Es toda una tortura, lo sé muy bien.
Lisa estaba quieta, boca abajo en el suelo, escuchando la voz del director. Ya no intentaba salir del dormitorio, y sus dos compañeras no estaban teniendo que sujetarla contra el suelo.
-Oh, mis queridos alumnos, ustedes son los que están haciendo el esfuerzo mayor -dijo Dumbledore-. Y por eso, les estoy eternamente agradecido. Quería que supieran que, desde que hicimos más estricta la cuarentena, dejándolos dentro de sus dormitorios, el número de contagios bajó drásticamente. ¡Eso es una gran noticia! ¿Sabían que, antes de ese día, el número de contagiados se estaba multiplicando por dos cada un día nada más? El día anterior de que hicimos eso, había 400 contagios. Y desde ese momento, hasta hoy, más de una semana después, solo hemos subido a 500 contagios. ¡Es una gran desaceleración! Y no hubiera sido posible sin la dedicación que cada uno de ustedes puso en esto.
Terence estaba inmóvil, con la mano en el picaporte de su dormitorio, escuchando al director. Los demás a su lado también estaban quietos, oyendo cada palabra.
-Nosotros podemos implementar normas, y reglas, y bla, bla, bla -continuó Dumbledore, con simpatía y carisma-. Pero, al final del día, son ustedes, estudiantes de Hogwarts, los que están tomando la decisión de permanecer en sus dormitorios. Y lo están haciendo por su salud, por la de sus compañeros, y para que todo lo terrible que está sucediendo se termine de una vez.
Justin, que también tenía la mano en el picaporte de su dormitorio, escuchaba cada palabra con atención.
-¡Y hay buenas noticias en camino! -siguió Dumbledore-. He hablado con importantes magos del Ministerio que están trabajando en un nuevo hechizo que permitirá saber, en pocos segundos, si un alumno está infectado o no con el virus. ¿Saben lo que eso significa? Con esa magia disponible, podremos hacerle el test a cada uno de ustedes, para saber si están sanos o no. Si están sanos, no representarán ningún riesgo, ni podrán contagiar a nadie. Así que, seguramente, los haremos abandonar sus dormitorios y dirigirse a una de las cuatro casas, que designaremos especialmente para alumnos sanos; o quizás dos, dependiendo cuantos sanos y contagiados haya, para dividirlos y que queden protegidos de cualquier posibilidad de contagio.
"Aún es muy pronto para adelantarles más respecto a eso, porque el Ministerio aún no me confirma cuándo podrán hacernos llegar los test. Pero falta poco, queridos alumnos. ¡Así que paciencia! Pronto podrán salir de sus dormitorios y reencontrarse con sus otros amigos y compañeros que no estén contagiados. ¡Les diremos más de eso en cuanto tengamos noticias! Y creo que ya se ha hecho un poco tarde, ¿no creen? ¡No olviden mantener un hábito de sueño saludable, irse a dormir tarde solo los hará despertar de mal humor! Así que, ¡pip!, ¡pip! ¡A la cama, niños! ¡Y que tengan unas buenas noches!
La voz de Dumbledore se esfumó y desapareció de sus cabezas.
La tormenta había acabado, y ya no se oían relámpagos afuera.
Justin se quedó allí, inmóvil, con la mano en el picaporte.
-¿Qué esperas, Justin? -dijo Ernie, poniéndose de pie-. ¿No vamos a darle su merecido a Slytherin?
Todos hicieron silencio, varios segundos.
-¿Qué esperan? -repitió Ernie.
-¿Oyen eso? -preguntó Justin, pegando la oreja a la puerta del dormitorio.
-No oigo nada -dijo Hannah.
-Exacto -dijo Justin, mirando a sus compañeros-. Nadie está saliendo de sus dormitorios.
-¿Qué tiene eso que ver? -preguntó Ernie.
-Nadie más en Hufflepuff tiene planeado ir a atacar Slytherin, eso tiene que ver -razonó-. Están en silencio. Dentro de sus dormitorios. Todos aquí saben lo que pasó, saben que Malfoy nos metió el virus dentro de nuestra casa. Pero no están yendo a atacar. No van a tomar represalias. Ellos solo… Solo están en sus habitaciones, haciendo la cuarentena.
-¿Porque son estúpidos? -dijo Ernie.
-No, Ernie -dijo Susan, tomando la palabra-. Porque no son asesinos, por eso.
-Tienes razón, amiga -dijo Hannah-. ¿Qué nos pasó? Por un momento nos volvimos locos. ¿Ir a atacar a Slytherin? ¿Qué clase de locura es esa? ¿Desde cuándo somos un montón de psicópatas que atacan a sus propios compañeros de escuela, con planes malvados para esparcir un virus letal?
Ernie se quedó cabizbajo y pensativo.
-Es cierto -dijo Justin-. Es una locura. ¡Todo esto es una locura! Nosotros somos Hufflepuffs, una característica de nuestra casa es la lealtad, la honestidad, la amistad. No nos comportamos así. No somos malvados. No lastimamos gente.
-Si ellos son así, entonces es cosa de ellos -dijo Susan-. Pero nosotros nos quedaremos aquí, en nuestros dormitorios, respetando la cuarentena. No somos malas personas.
Ernie alzó la cabeza, tristemente.
-Es cierto, amigos -dijo, finalmente-. No sé qué nos pasó. Al menos seguimos siendo la casa con menos contagios, y es en la que menos probable es que nos agarre el virus.
-Salir afuera solo nos haría estar más expuestos -dijo Hannah-. Dumbledore tiene razón. Esto no se trata de respetar normas de la escuela. Se trata de cuidarnos a nosotros mismos. Por nuestro propio bien.
Justin se apartó de la puerta y sonrió a sus compañeros.
-Olvidemos todo esto -dijo, sonriendo-. ¿Qué me dicen si jugamos unas partidas de snap explosivo!
-¡Sí! -dijo Ernie-. ¡Qué gran idea!
Todos aplaudieron, sonrientes.
-No podemos hacer esto -dijo Terence, y sacó su mano del picaporte-. No hacemos más que contribuir a ese estúpido mito de que los Slytherin somos malvados y magos oscuros.
-Sí, es cierto.
-¿Ir a destruir Hufflepuff? ¿Qué locura es esa? -Terence se apartó de la puerta y regresó a su cama-. Quizás ni siquiera vengan -agregó-. Y si lo hacen, supongo que algún profesor o prefecto los detendrá, y los sacarán de aquí.
-Sí, Terence, es cierto. No sé por qué tuvimos esa idea estúpida de salir de aquí. Solo nos exponemos más al virus saliendo del dormitorio. Dejemos que los demás se encarguen, si pasa algo.
-Sí, tienen razón, chicos. No quiero contribuir a ese tonto mito de que los Slytherin somos conflictivos y malvados.
-Vamos, miremos una película, ¿qué dicen? -sugirió Terence, alegremente-. ¿A alguien le queda alguna caja de ranas de chocolate?
-Lo siento, amiga -dijo Alicia, apoyando una mano en el hombro de Angelina-. Perdí la cabeza. No sé qué me pasó.
-No, yo lo siento -dijo Angelina-. Yo sabía lo que hacía al delatar a Fred y a George. Tengo que entender que, si no causo simpatía en los demás, es por una decisión que yo misma tomé.
-No, es mi culpa -dijo Alicia-. Tu decisión estuvo bien, Angelina. Fuiste la más madura de todas nosotras. Lo más importante en este momento es que nos quedemos en cuarentena, en nuestros dormitorios. Tú estabas cuidando la salud de todas nosotras, y no supimos verlo. Perdónanos, Angie.
Ambas se abrazaron, llorando.
-Lo siento mucho -dijo Lisa, incorporándose. Sus dos amigas la ayudaron a ponerse de pie. -No sé qué me pasó. Por un momento, me entró la desesperación. Sólo llamemos a Flitwick y digámosle a él. Él podrá encargarse. Violar la cuarentena no ayudará a nadie.
Las otras dos sonrieron, y Morag llamó al profesor por teléfono.
-Seamus, lamento haberte golpeado -dijo Ron, mirando a su compañero de dormitorio con tristeza-. No sé qué me pasó. Lo siento mucho.
-De verdad me dolió -dijo Seamus, masajeándose la cara. Ya nadie sujetaba a nadie, y todos estaban de pie en medio del cuarto, respirando agitados. -Pero está bien, Ron. Yo lamento haber dicho que tu hermana merecía lo que tuvo. La verdad es que no es así. Ahora me doy cuenta de que, si ella violó las normas, debió haber sido por un buen motivo. Ginny nunca pondría en peligro a nadie. Debió haber sido por algo muy importante para ella, y lamento que las cosas hayan resultado así.
-Está bien, no pasa nada -dijo Ron, dejándose caer en su cama, agotado-. Ginny está bien. Le contó a mamá y papá lo que le pasó, y ellos la entendieron. Está en cuarentena en su cuarto por dos semanas, por las dudas, pero nadie se enfadó con ella. Sí se enfadaron con Fred y George, a quienes mamá recibió con un traje plástico de pies a cabeza y metió de inmediato bajo llave en sus cuartos, de donde no podrán salir por un mes. Dice que las primeras dos semanas es por prevención, por si tienen el virus. Y las segundas dos como castigo, por finalmente haber sido expulsados después de cinco años haciendo travesuras y siendo castigados en la escuela.
-Oigan, olvidemos que todo esto pasó -sugirió Neville-. ¿Y si jugamos un torneo de ajedrez mágico?
-¡Buena idea! -dijo Harry, y se apresuró a buscar el juego.
-Bien, ¿qué ocurre aquí? -dijo Flitwick, abriendo de par en par la puerta del cuarto de Cho Chang y sus compañeras, con un traje plástico de pies a cabeza.
-Nada, profesor -se apresuró a decir Cho-. Ya está solucionado.
-No parece solucionado -dijo él, mirando el estropicio que había en el cuarto-. ¿Quién hizo esto?
Todas hicieron silencio.
-Yo… Yo lo hice, profesor -dijo Marietta, alzando una mano lentamente. Las demás la miraron, boquiabiertas.
-¡Has destruido todo el cuarto…! Esto… Esto es motivo de expulsión -dijo Flitwick, cruzándose de brazos-. Si usted tuvo la culpa, señorita Edgecombe, entonces temo que no tengo más remedio que…
-No -dijo Cho, y se puso de pie. Todas la miraron, asombradas. -Marietta no fue la única culpable, profesor. Se armó una disputa, y… yo también estuve involucrada.
El profesor se quedó en silencio, pensativo.
-Pero ya lo solucionamos -añadió Cho-. Todo terminó. Lamentamos mucho los inconvenientes. Enseguida limpiaremos y repararemos todo.
-Sí -dijo Jenny-. Me sé un muy buen encantamiento para reparar muebles rotos -y sonrió al profesor, nerviosa.
-De acuerdo -dijo Flitwick, rascándose la cabeza-. No quiero que más estudiantes sean expulsados, niñas. Hagamos algo. No diré nada de esto… Pero ustedes, prometan no volver a batirse a duelo. ¿De acuerdo? ¡Es muy importante llevarnos bien! Ya oyeron al director. En cuanto traigan esos tests, quizás ya puedan dejar la habitación, todas, y cambiar de dormitorio, o estar con otra gente.
-¡Sí, profesor! -dijo Cho, asintiendo.
-¿Se portarán bien, entonces?
-¡Sí, claro!
-De acuerdo -Flitwick les sonrió-. Buenas noches, entonces, nos vemos luego -les guiñó un ojo antes de cerrar la puerta, y luego se retiró.
Marietta giró la cabeza hacia Cho, pálida.
-Cho… -dijo, con una lágrima cayendo por su mejilla-. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué…? ¿Por qué me encubriste?
-No es nada -dijo ella, bajando la mirada.
-No -Marietta se quedó de piedra, mirando a la chica-. Tenías la oportunidad perfecta para que me expulsaran. Pero me encubriste. Evitaste que me expulsen, cubriéndome. No me delataste.
-Las amigas no se delatan entre sí, Marietta -dijo Cho, y acto seguido Marietta rompió a llorar.
-¡Lo siento! -chilló, entre lágrimas-. ¡Lo siento tanto!
-Está bien…
-¡No! ¡No está bien! ¡Por mi culpa expulsaron a Ginny Weasley! ¡Y la separaron de la persona que amaba!
-Bueno… Pensé que no te gustaban las lesbianas, Marietta -dijo Jenny, aún resentida.
-¡Lo siento tanto! -chilló Marietta, hecha un mar de lágrimas-. ¡Soy una terrible persona! ¡No merezco seguir estudiando aquí, si Ginny no! ¡Cuando todo esto termine, hablaré con McGonagall! ¡Le imploraré que deje a Ginny regresar! ¡Se lo suplicaré!
Siguió llorando sin control, un largo rato.
-Bueno, parece que todo terminó -murmuró Luna, que escuchaba desde su cuarto a través de la pared, con la oreja pegada allí-. Me alegra que todo se haya acabado, y todo esté bien entre ellas.
Sonrió, una sonrisa triste pero eternamente optimista muy característica suya.
-Yo también me alegro, Luna -dijo la voz de Ginny, desde su teléfono, en la videollamada que ambas llevaban en curso.
-Sé que volveremos a vernos pronto -le dijo Luna, mirándola por la cámara.
-Muy pronto, amor mío -dijo Ginny, sonriendo.
