Capítulo 7. Casi normal
Golpearon la puerta del dormitorio, y todos alzaron la mirada, nerviosos. Finalmente, había llegado el momento.
-¿Se puede pasar? -preguntó una anciana voz.
Dumbledore estaba de pie ante ellos, envuelto en un traje plástico de cuerpo completo.
-¡Hola, muchachos! -saludó, alegremente.
Harry sonrió como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Él y el director compartieron una cálida mirada fraternal, mientras este último ingresaba al dormitorio, acompañado de Percy y otro prefecto, también con trajes plásticos.
-¿Cómo anda todo por aquí? -preguntó, alegremente.
-¡Bien, profesor Dumbledore! -dijo Neville, contento también.
-¿Se han llevado bien entre ustedes, todo este tiempo solos?
Seamus se rascó un hombro, algo nervioso.
-Claro, profesor -dijo Dean, sonriendo.
-¡Perfecto! Bueno, esto será rápido. ¿Quién quiere ser el primero?
Todos se miraron entre sí, muy nerviosos.
-¿Saben? Haber decidido hacer este procedimiento yo mismo, fue una decisión valiente, debo decir -comentó el director, mirando a los niños del dormitorio-. Pude haberles indicado a los profesores que lo hicieran ellos mismos, y confiar en sus capacidades. Claro que confío en mis profesores. Pero en algo tan delicado como esto, algo de lo que el más mínimo error podría exponer a niños inocentes a un virus letal… No hubiera podido dormir tranquilo sin saber que yo mismo chequeé y comprobé a cada uno de mis alumnos. Sin embargo, fue una decisión valiente, valiente y difícil. ¿Saben por qué?
-¿Porque tendrá que exponerse usted mismo al virus? -preguntó Seamus.
-¡No, claro que no, Seamus! Para eso es el traje -dijo Dumbledore, señalando su traje plástico-. ¡Porque me llevará todo el día, por eso! No haré a tiempo de ver mis telenovelas muggle. Así que vamos, ¡pip!, ¡pip! ¿Tendré que elegir yo al primero?
-Yo lo haré -dijo Harry, poniéndose de pie, con valentía.
-¡Muy bien, Harry! -Dumbledore se acercó a él, y sacó su varita-. Ahora, veamos, ¿cómo era el hechizo este…?
Ron lo miró con el ceño fruncido.
-¡Solo bromeo! Si lo estuve haciendo toda la mañana, me lo sé de memoria -Dumbledore rio, con jovialidad. Luego apuntó Harry al pecho e hizo un movimiento como una onda muy amplia con su varita. -¡Horvidikus Revelio!
Harry sintió algo extraño, una sensación como si estuvieran absorbiendo algo desde el interior de su cuerpo, y ese "algo" saliera por su pecho y hacia la varita de Dumbledore.
-Ustedes aun no sabían que los hechizos se inventan, ¿verdad? -comentó, haciendo conversación mientras su varita recibía "algo" del interior de Harry.
-Yo siempre pensé que ya existían todos y uno solo los aprendía -dijo Neville.
-No, todos los hechizos que existen fueron alguna vez inventados o descubiertos o un poco inventados y un poco descubiertos por algún mago -dijo Dumbledore-. Por eso ayer yo no podía hacer este hechizo. Pero, ahora que alguien en el Ministerio lo inventó y finalmente me hicieron llegar las indicaciones… ¡Ah, aquí vamos, Harry! Mira eso…
Dumbledore cerró los ojos, mientras acariciaba su varita, como si estuviera percibiendo algo en ella. Luego abrió los ojos, y los dirigió hacia Harry. Este miró boquiabierto y asustado, sin poder ocultar el manojo de nervios que tenía dentro. Dumbledore sonrió.
-Estás sano, Harry -le dijo, guiñándole un ojo.
Harry suspiró aliviado.
-¡Ahora yo! -dijo Seamus, dando un salto en la cama, como un resorte-. No puedo esperar más, ¡o voy a volverme loco!
-Tranquilo, Seamus -Dumbledore se acercó a él, hizo el mismo hechizo y se quedó acariciando su varita, con los ojos cerrados-. Sí, Seamus. También estás sano.
-¡Genial! -dijo él, apretando el puño en un gesto de victoria.
-¿A ver yo? -preguntó Dean. Dumbledore se acercó a él y repitió el procedimiento.
-Tan sano y cuerdo como yo -dijo Dumbledore, guiñándole un ojo.
Dean y Seamus chocaron los cinco, con felicidad.
-Ahora bien -dijo Dumbledore, poniéndose serio y colocando una huesuda mano en el hombro de Ron, que abrió grandes los ojos con terror-. Recuerden, niños, que si alguno de ustedes obtiene un resultado menos favorable que el que ustedes tres han obtenido…
Ron puso cara de pánico, oyendo eso.
-No tienen nada que temer ni de qué preocuparse -añadió el director, mirando a cada uno a los ojos por encima de sus lentes con forma de medialuna, mientras daba golpecitos al hombro de Ron, que palideció-. No significa que estén graves, ni que tendrán que ir a la enfermería, ni nada. ¿De acuerdo? Solo es un procedimiento nuevo que estamos haciendo para dividir a aquellos que tienen el virus, de los que no lo tienen, para que no se contagien entre sí. Pero si lo tienen, e igualmente no tienen síntomas, ni nada grave de salud, entonces, ¡nada de qué preocuparse! ¿De acuerdo? Si no hay síntomas, no hay problemas. Quizás tienen el virus, sin saberlo, pero en la mayoría de los casos el virus simplemente se va del cuerpo tan simple y sencillo como ingresó, y no ocasiona daños, ni hace nada. Así que, estarán aislados con otros compañeros del colegio que también tienen el virus, pero si luego, un día, este mismo test les da negativo, querrá decir que ya no lo tienen, y podrán regresar. ¿Comprenden?
-Sí, entendemos -dijo Dean.
-Claro, para ti es fácil decirlo, Dean, porque ya te lo hizo -le reprochó Ron, cruzándose de brazos.
-Bien, Ron, mejor sigamos contigo -dijo Dumbledore, y Ron tragó saliva, aterrorizado como si su vida dependiera de ello, mientras Dumbledore lo apuntaba con su varita y le hacía el test.
Harry miró a su mejor amigo apretando sus manos por los nervios y deseando con todas sus fuerzas que estuviera sano.
-Tan sano como un brócoli en el desayuno -dijo Dumbledore, y Ron se dejó caer hacia atrás por el alivio, con los brazos extendidos en la cama, relajado-. Aunque me gusta ponerle un poco de chocolate derretido a mis brócolis -dijo Dumbledore, pensativo-. ¿Alguna vez lo han probado? No estoy seguro de que sea tan saludable, pero les aseguro que…
Miró a Percy, que consultaba su reloj y miraba al director como queriendo indicarle algo con la mirada.
-Ah, claro, debo apresurarme -dijo Dumbledore-. O jamás llegaremos a hacerle el test a todos hoy mismo. Bien, Neville, creo que solo quedas tú…
Neville estaba pálido y parecía a punto de desmayarse. Dumbledore se acercó a él y le hizo el test.
-Sano, Neville. Estás perfecto.
Neville se sujetó el pecho con una mano, respirando aliviado.
-Bien, Percy, pásame los trajes -indicó Dumbledore, y Percy abrió un baúl y empezó a sacar cinco trajes plásticos de su interior. Le pasó uno a cada uno, y se los fueron colocando. Harry se puso el suyo encima de su ropa, y se sintió como un astronauta, respirando dentro de un casco, con plástico cubriendo todo su cuerpo. -¿Ya hicieron su equipaje, como les indicamos ayer?
-¡Sí! -dijeron los cinco, que ya tenían sus baúles cerrados y listos para abandonar esa habitación.
-Bien, Percy los acompañará abajo, entonces. ¡Nos vemos luego, niños!
Harry, Ron, Dean, Neville y Seamus caminaron bajando las escaleras de caracol detrás de Percy; y Dumbledore continuó hacia otra habitación junto al otro prefecto.
-Por aquí, niños -dijo Percy.
Harry se sentía muy extraño estando otra vez en la Sala Común, después de tantos días sin salir de su habitación por un segundo.
-¡Hermione! -gritó, feliz, al ver a su amiga ante él, junto a un sofá, junto a una de sus compañeras de dormitorio.
-¡Hola, Harry! -exclamó Hermione, mirando a Harry a través de una máscara transparente con una sonrisa de oreja a oreja, y una voz extraña, como atragantada por la emoción.
Harry se acercó rápidamente a ella, muy feliz de verla, y le dio un fuerte abrazo. Hermione quedó lívida.
-¡Harry Potter! -gritó alguien tras él. Harry se apartó de su amiga y se volvió para ver que Percy lo miraba con expresión atónita. -¡¿Qué crees que haces?! ¡Un metro y medio de distancia entre sí, todos!
-Oh, lo siento -Harry se apartó de Hermione y se reunió con Ron, a un metro y medio de su amiga y la otra chica. Hermione tenía ambas manos en su pecho.
-Hola, Hermione -dijo Ron, saludando con la mano.
-¡Hola, Ron! -dijo ella-. Ella es mi amiga, Fay. Creo que ya se conocen.
-Sí, claro -dijo Ron, saludando a Fay a la distancia con una sonrisa, que le devolvió el saludo, muy contenta-. ¿Están bien? ¿Están sanas, o…?
-Sanas como una rana de chocolate saltando por la ventana -dijo Fay-. O, al menos, eso es lo que Dumbledore dijo.
-¡Genial! -dijo Harry-. Me alegro mucho, Hermione. Estábamos preocupados. Como todas sus demás compañeras…
-Sí, yo también pensé que íbamos a enfermarnos -admitió Fay-. ¡Pero resultó que no! El virus claramente estaba en esa habitación, no hay dudas de eso. Pero, de alguna forma, no nos infectó a nosotras. Ni siquiera lo portamos.
-Hay distintas explicaciones al respecto, y posibilidades de por qué no tenemos el virus siendo que tres de nuestras compañeras de habitación sí lo tuvieron -explicó Hermione, con el mismo tono de voz y forma científica de hablar que la caracterizaba a veces-. Una posibilidad sería que Fay y yo hayamos sido las primeras en tenerlo. En ese caso, quizás no manifestamos síntomas nunca, pero lo tuvimos sin saberlo, luego contagiamos a las demás, y finalmente dejamos de portar el virus al recuperarnos luego, y por eso ya no lo tenemos ahora.
Fay abrió la boca ante aquello, al parecer sintiéndose culpable de que ellas fueran las que llevaron el virus a su cuarto.
-Otra posibilidad, sin embargo, es que jamás lo hayamos portado. Se ha reportado un mínimo porcentaje de personas que han demostrado estar en contacto con el virus, y aun así no portarlo. Lo primero es más probable, pero aun así…
-Lo importante es que están bien -dijo Ron, asintiendo-. Me alegro de eso.
-¡Bien, atentos todos! -gritó Percy, para hacerse oír entre la multitud de niños que charlaban animadamente entre sí, felices de reencontrarse, todos envueltos en trajes plásticos de pies a cabeza y a un metro y medio de distancia. -¡AAAATEEEENTOOOOSS!
Todos hicieron silencio.
-Bien, así está mejor -dijo él, molesto-. ¡Escuchen todos! Esto no es una broma. Es una operación muy delicada que podría ayudarnos a no tener que estar más tan aislados como hasta el día de hoy. ¡Pero solo funcionará si lo hacemos bien! ¿Entendido? ¡Todos ustedes están sanos, sin el virus, pero no son inmunes! Si no toman las precauciones necesarias, podrían agarrárselo en este mismo momento, al no ser cuidadosos y respetar mis indicaciones, las del director y las de los demás prefectos y profesores.
Todos hicieron silencio.
-Bien, ahora dejemos hablar al profesor Lupin.
Harry miró al profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, que justo estaba mirándolo a él. Se sonrieron mutuamente, y Lupin entonces se dirigió al resto de los niños.
-Gracias, Percy. Bien, niños, estamos esperando a que el profesor Dumbledore termine de hacer el test a todos los alumnos de Gryffindor. El procedimiento es sencillo, pero, como decía Percy, es importante respetar todas nuestras indicaciones, ¿de acuerdo? Aquellos sin el virus vendrán aquí abajo, con nosotros. Y los que lo tengan, permanecerán en sus habitaciones por el momento. Cuando hayamos terminado de identificar a todos los que no portan el virus, iremos todos juntos y serán distribuidos entre las aulas del séptimo piso, que han sido preparadas con sillas a metro y medio de distancia. NUNCA, en NINGÚN MOMENTO, podrán quitarse sus trajes. ¿Entendido?
Todos asintieron, mirando al profesor.
-Bien, ahora esperemos quietos en donde estamos, manteniendo la distancia y el orden. Señorita Bell, creo que eso no es un metro y medio.
-Lo siento, profesor -dijo Katie Bell, separándose un poco más de Angelina y Alicia. Las tres estaban juntas, muy emocionadas de verse nuevamente.
Harry miró alrededor. Dean y Seamus se habían ido hacia otro sector de la Sala Común, y charlaban emocionadamente con otros niños de la casa, luego de tanto tiempo sin verse. Vio todas las caras conocidas que hacía tanto tiempo que no veía, como Cormac McLaggen, Colin Creevey, Oliver Wood, Demelza Robins, Andrew Kirke y Jack Sloper. Miró a un grupo de niños de primer año, y distinguió también a una niña que sabía que se llamaba Romilda Vane, entre otras caras conocidas.
Ya se sentía un poco más en casa.
Se preguntó quiénes habrían quedado en sus habitaciones, portando el virus. La mayoría de las personas que conocía de la casa estaban o allí abajo, o bien en la enfermería desde días anteriores. O bien expulsados, como en el caso de Ginny, Fred, George y Lee.
-¡Oye, Harry! -dijo Oliver Wood al verlo, acercándose muy animado para saludarlo-. ¿Cómo estás? ¿Cómo viene esa cuarentena?
-¡Muy bien! Creo -dijo él.
-Tengo tantas jugadas para ti, Harry -dijo Oliver, hablando apresuradamente y haciendo que Harry por un momento sintiera que todo había regresado a la normalidad y estaban ante un próximo partido del campeonato de Quidditch-. En todos mis días de cuarentena, tuve la oportunidad de diseñar toda una estrategia totalmente renovada, Harry. No veo la hora de que podamos ir al campo de juego para probarla. Tengo justo lo que necesitamos para vencer a Slytherin en la final del torneo. Debo haber hecho como 150 diseños de jugadas nuevas.
-Pero… Oliver -Harry miró a su capitán con una mueca-. El campeonato terminó. Ganamos contra Ravenclaw, pero luego empezó la cuarentena y todo se ha suspendido. Y expulsaron a Fred y a George. Aunque todo salga bien y el tema del virus se termine, no creo que pase lo suficientemente rápido para que nos permitan jugar la final contra Slytherin.
-Eso está por verse aún, Harry. Recuérdalo: es mi último torneo. Luego de esto, terminaré la escuela y jamás podré volver a dirigirlos, así que tenemos que ganar. En cuanto tengas cinco minutos, te enseñaré en lo que he estado trabajando. Y ya tengo los reemplazos para Fred y George.
A Harry le causó algo de gracia que Wood no entendiera que estaban en cuarentena y que debía olvidarse del Quidditch, pero no pudo negar que se sentía bien mantener una conversación así después de tanto tiempo encerrado en su habitación pensando que la vida iba a acabar muy pronto para todos ellos.
Todos en la Sala Común siguieron charlando animadamente, y poco después Dumbledore bajó las escaleras de los dormitorios de los varones junto con el último grupo de estudiantes, el de sexto año.
-¡Eso es todo, niños! -dijo, e hizo señas a Lupin y Percy, que al instante hicieron ademanes para silenciar a los alumnos.
-¡Bien, tranquilos todos! -gritaba Percy, que se esforzaba tanto como podía en denotar autoridad-. ¡Vamos a salir al pasillo, ORDENADAMENTE!
-Que alguien le diga a Percy que se calle -comentó Ron en voz baja, a un metro de Harry-. ¡Es insoportable!
Fueron pasando de a grupos reducidos por el retrato de la Dama Gorda, hacia el pasillo exterior. Harry iba caminando mirando maravillado todo a su alrededor. Se sentía como un prisionero que finalmente había salido en libertad. Caminaron en una ordenada fila, encabezada por Percy y con Lupin al final, y los fueron dividiendo. Algunos subieron hacia el aula de Adivinación, y a otros los hicieron pasar hacia un aula que Harry no conocía, en el mismo corredor del séptimo piso, donde estaban.
-¡Es el aula de Aritmancia! -les explicó Hermione, mientras ingresaban.
-Oh, ¡Harry! -dijo Ron en un susurro asustado, cuando ingresaron tras los demás-. ¡Hay gente de Slytherin aquí! -lo dijo con mucho temor, pero Hermione pasó resuelta a su lado y le dirigió una mirada fastidiosa.
-Son gente sana, Ron -le reprochó-. ¡Y baja la voz!
-¡Pero…! -Ron bajó la voz y se acercó más a Harry-. ¡No quiero estar con gente de Slytherin! ¿Y si nos contagian?
-Nadie va a contagiarte de nada peor que lo que ya tienes dentro desde el nacimiento, Weasley -dijo una voz fría. Harry se volvió para ver al profesor Snape pasar junto a ellos, mirándolos desde el interior de su traje plástico con desagrado-. Y ese comentario discriminatorio hacia los alumnos de mi casa no puede pasar desapercibido. Serán, creo yo… ¡Cincuenta puntos menos para Gryffindor!
Snape siguió de largo y se quedó de pie en el frente del aula, en la mesa del profesor. Harry se sentó en un pupitre aislado a un metro y medio de Hermione a la derecha, y de Ron a la izquierda. Afligido, vio por la puerta que daba al pasillo que Lupin pasaba de largo con otro grupo de alumnos, hacia el aula de Adivinación.
¿Por qué tuvo que tocarle Snape?
-Bien, niños -dijo Snape, con frialdad. Harry vio que a su alrededor había una interesante mezcla de alumnos de Gryffindor y de Slytherin. Pero entonces se llevó un sobresalto y casi cae de su asiento al distinguir, dentro de un traje plástico, la cara de Cho Chang. -¿Has visto algo interesante, Potter? -preguntó Snape, con burla.
Todos empezaron a reírse, y Harry agradeció que su cara estuviera oculta dentro de un traje plástico.
-Bien, alumnos, es agradable verlos nuevamente… A algunos -dijo Snape, hablando muy despacio, recorriendo el aula con sus ojos, lentamente-. Como bien saben, no estamos en esta aula para darles clases, sino para separarlos… Mientras los entretengo y vigilo aquí, el profesor Dumbledore y otros profesores y prefectos están retirando de la casa Gryffindor a los alumnos portadores de Horrovirus, que serán llevados a la casa Ravenclaw, que fue la elegida a tales fines. Tal como ya hemos hecho con las casas de Slytherin y de Ravenclaw más temprano.
"La idea es, como habrán adivinado, separar a los portadores de los que no lo son. Todos los alumnos del colegio que porten el virus, pero no tengan síntomas ni complicaciones médicas, vivirán a partir de hoy en la casa Ravenclaw. Los que no porten el virus, es decir ustedes, en la de Gryffindor. Claro que, primero, harán una enorme y larga desinfección en toda la casa Gryffindor, con múltiples encantamientos y hechizos avanzados y que no vale la pena explicarles, por lo que estaremos juntos un buen par de horas aquí mientras lo hacen.
"Ahora bien, ya que no tenemos nada que hacer, porque no hay clases ni actividad académica; y dado que es peligroso cualquier tipo de movimiento que puedan hacer, o disturbios que algunos de ustedes, lamentablemente, están acostumbrados a ocasionar en las aulas… -en ese momento, posó sus ojos sobre Harry-, lo que vamos a hacer es permanecer -dijo, a partir de allí, cada palabra de forma totalmente lenta y pausada-, absoluta… y… completamente… en silencio… y quietos en nuestros asientos… hasta que el profesor Dumbledore nos lo indique.
Varios rezongaron, protestando. Snape, al instante, se puso de pie, los miró fijamente, y todos hicieron silencio de inmediato.
-¿Entendido?
Nadie dijo nada.
-¿Profesor Snape? -preguntó Hermione, alzando la mano-. ¿Qué pasará con las casas de Hufflepuff y de Slytherin? ¿Serán utilizadas para cuidados intermedios? He notado que no hay alumnos de Hufflepuff aquí. ¿Ellos se quedarán en su casa?
Snape la miró como si estuviera mirando a una rata comer basura del suelo.
-Creo que acabo de decir -dijo, con frialdad y desprecio-. Que no se podía hablar, señorita Granger. Una vez más, su incansable e insoportable necesidad de saberlo todo, la impulsa a no escuchar las órdenes directas dadas por sus superiores. Me temo que eso serán otros… Cien puntos menos para Gryffindor.
Harry empezó a clavar las uñas en la madera de su pupitre, furioso.
Snape se sentó ante su escritorio, y empezó a revisar unos libros, en total silencio. Todos quedaron inmóviles en sus sillas, mirándose entre sí y sin atreverse a decir nada. Ron miró a Harry con una expresión que lo decía todo: Ninguno de los dos había extrañado para nada a Snape esas semanas.
Dos horas después, aproximadamente, seguían todos allí sentados en silencio. Entonces, la cabeza de Lupin se asomó de pronto por la puerta, sonriente.
-Profesor Snape -dijo. Este levantó la mirada hacia él, de mal humor. -Ya está todo listo.
Snape, sin responderle nada a Lupin, se puso de pie e indicó a los alumnos que lo imitaran. Todos salieron del aula, caminando despacio por el corredor del séptimo piso, de regreso al retrato de la Dama Gorda. Fueron ingresando de nuevo a la Sala Común de Gryffindor, de a grupos pequeños. A medida que lo hacían, les iban quitando sus trajes, ya que no podían ingresar con ellos. Los trajes fueron retirados por el corredor del séptimo piso por Hagrid, que sonrío mucho cuando vio a Harry, Ron y Hermione.
-¡Muchachos! -les dijo, cargado de alegría, y ellos le devolvieron la sonrisa. Hagrid tenía muchos trajes plásticos, que cargaba en sus enormes brazos. -¿Cómo están, tanto tiempo? ¡Resulta que soy inmune a la enfermedad! Así que me llevo yo estos trajes que podrían estar contaminados por fuera, ¿ven? ¡Por las dudas no se me acerquen! ¡Pero qué alegría verlos!
-Nos alegra verte también, Hagrid -le dijo Harry, sonriente.
-¡Mejor entren ahora, no se entretengan aquí afuera! -les dijo él, haciéndoles señas-.¡Siento mucho no mandarles mensajes por los celulosos esos, no sé usarlos! ¡Y no me dejan mandar más cartas! ¡Pero ya nos veremos otra vez! ¡Cuídense mucho!
Sintiéndose mal por su amigo, a quien extrañaba mucho, Harry saludó a Hagrid de lejos, con la mano, y pasó por el retrato de la Dama Gorda, detrás de Fay.
-Ahora sí -dijo Dumbledore, sonriendo a todos, cuando estuvieron ya todos adentro, sin los trajes-. Podemos decir, con un 99% de certeza, que el procedimiento fue realizado correctamente, y ahora todos ustedes están dentro de una casa libre del virus. Sin embargo -remarcó, alzando un dedo-. No olviden ese 1% restante, que es un margen de error lógico que siempre debe considerarse en cualquier procedimiento como este que uno realice.
"Si, a partir de ahora, todos ustedes olvidan las precauciones que les hemos enseñando estas últimas semanas, y dejan de realizar las medidas de higiene y distanciamiento; y si resulta que, por el motivo que sea, el virus llega a aparecer dentro de esta casa, entonces todos estarán expuestos y habrá sido en vano.
"Lo que quiero decir con esto, es que no nos confiemos. Yo creo que, luego de haberlos chequeado uno por uno, separado de los que portaban el virus, y desinfectado cada centímetro de la casa Gryffindor, esta es ahora un lugar seguro para que vivan más tranquilos.
"La casa de Hufflepuff fue un caso distinto. Como había muy pocos infectados, simplemente tuvimos que identificarlos, llevarlos hacia Ravenclaw particularmente, a aquellos pocos que portaban el virus; y desinfectar el lugar con el resto de los alumnos adentro, para asegurarnos de que vuelva a estar libre del virus, como estaba hace una semana atrás.
"En el caso de la casa Slytherin, ahora quedó completamente vacía y ya no vivirán niños allí. Los que estaban sanos y sin el virus están ahora aquí entre ustedes. Los que eran portadores fueron llevados a Ravenclaw también, donde ahora vivirán todos los niños portadores del virus pero que no tienen síntomas, y los chequearemos diariamente para ver si mejoran o empeoran. Esa será la casa de la que más nos ocuparemos, luego de los que están en tratamiento, lógicamente.
"Así que, en conclusión, lo que quiero que recuerden es que deben cuidarse igual que como vinieron haciendo estas últimas semanas. Está terminantemente prohibido que cualquiera de ustedes abandone la casa Gryffindor por el motivo que sea. Esto incluye salir por ese retrato -señaló el retrato de la Dama Gorda-; lo que, de cualquier forma, no podrán hacer, porque ahora se requiere contraseña no solo para entrar sino para salir, y solo los profesores y yo tenemos esa contraseña. Y, quiero recordarles más que nunca, que está absolutamente prohibido salir por las ventanas. Por eso mismo, mientras no estaban aquí, las hemos sellado mediante magia y ya no podrán abrirse otra vez.
-¡Oh, no! -protestó Cormac, alzando ambas manos-. ¡Pero, profesor! ¿Ya no podemos ni tomar un poco de aire?
-Hay medios mágicos de ventilación internos, como siempre -dijo Dumbledore-. Y habrá nuevas libertades, por supuesto. A partir de ahora, podrán salir de sus habitaciones para venir aquí abajo a la Sala Común cuatro veces al día: en el desayuno, en el almuerzo, en la cena y un rato antes de dormir. No podrá haber más de diez alumnos a la vez aquí abajo, así que los prefectos serán los encargados de administrar los turnos.
-¿Podemos cambiar de habitaciones al menos? -preguntó Angelina, alzando la mano.
-Sí, creo que no hay problema en eso -reflexionó Dumbledore-. Hemos removido ese viejo encantamiento que impide a los varones subir a los dormitorios de las mujeres. Siempre lo consideré un encantamiento anticuado, de todas formas. Ahora hay niños de todas las casas aquí, así que ya ha habido una mezcla de alumnos. De cualquier forma, todos los días les haremos el hechizo que les hicimos hoy, para chequear que siguen sin portar el virus. Así que, supongo, pueden organizar quién duerme con quién de la forma que quieran. ¡Todos arriba, ahora! ¡Que somos muchos juntos aquí abajo! ¡A sus habitaciones, pip, pip!
Aplaudió en el aire, y todos empezaron a moverse escaleras arriba.
-¡Genial! -dijo Ron, mirando a sus amigos con una sonrisa-. Ya puedes dormir con nosotros, Hermione.
-Sí, genial -dijo ella-. Y con Fay.
Harry arrastró su baúl, y junto a Ron, Hermione y Fay empezaron a avanzar hacia las escaleras que conducían hacia los dormitorios de las chicas. Se cruzaron en el camino con Seamus, Dean y Neville, que iban hacia el lado contrario junto a Roger Davies y Kevin Entwhistle, ambos de Ravenclaw.
-¡Hey, chicos! -dijo Seamus, al cruzarlos-. ¡Nos veremos aquí abajo, cuatro veces por día!
-Claro que sí, amigo -dijo Harry, levantando un pulgar hacia ellos.
-¡Nos vemos, chicos, fue un gusto compartir la cuarentena con ustedes! -les dijo Neville, saludándolos con una sonrisa.
-Sí, Neville, nos vemos luego -saludó Ron.
Harry subió su baúl por la escalera y ayudó a Hermione con el suyo. Los cuatro ingresaron al dormitorio que solía pertenecer a las dos chicas, y se ubicaron en dos de las otras tres camas que había allí, vacías.
-Empacamos para nada -comentó Fay, volviendo a sacar sus cosas y colocándolas donde estaban antes.
-Sí, yo pensé que nos llevarían a otro lado -dijo Hermione-. A Hufflepuff, quizás.
-Bien, si van a dormir con nosotras, hay algunas reglas -dijo Fay, mirando a Harry y a Ron, mientras estos se acomodaban en el dormitorio.
Ambos dejaron de desempacar sus cosas y la miraron, asustados.
-Claro -dijo Harry, prestando atención.
Fay se cruzó de brazos y los miró fijamente.
-¡Tendrán que hablar mucho! -dijo entonces, esbozando una sonrisa de oreja a oreja-. Y usar poco o nada sus celulares. ¿De acuerdo? ¡Estamos mortalmente aburridas aquí! Tenemos que divertirnos.
Ron sonrió, aliviado.
-Pensé que nos lanzarías un discursito a lo Hermione con muchísimas reglas y normas, y…
-¡Oye! Yo no soy así -se defendió ella.
Harry rio, mientras acomodaba su baúl bajo la cama que había elegido, y se sentaba en ella.
Se quedó mirando a sus amigos con una sonrisa, sintiendo que todo estaba mejorando, sintiéndose más tranquilo y confiado. Sintió que la cuarentena iría mejor a partir de ese día. De hecho, el estar allí, con Hermione nuevamente, y pudiendo tener una charla de Quidditch con Oliver Wood, pudiendo verse con todos los demás de Gryffindor e inclusive de las otras casas, era casi como si la vida hubiera vuelto a ser normal otra vez.
Casi normal.
