Capítulo 8. Cita doble – Parte 1


Esa mañana, muy temprano, Hermione estaba en su lugar secreto. Mientras los demás dormían, por lo que había podido comprobar antes de ingresar al baño, ella había bloqueado la puerta, como siempre, y descendido por el túnel secreto hasta llegar a la sala dedicada a su amor por Harry.

La chica sacó unos frascos de poción de su mochila. Había estado trabajando en ello, como todos los días, la tarde anterior. Harry le había preguntado qué era eso que estaba haciendo, y ella solamente le había dicho que, como extrañaba los estudios, ahora preparaba pociones en su dormitorio. No era exactamente toda la verdad, pero tampoco era mentira.

La chica volcó el contenido de los frascos en los enormes calderos que ahora ocupaban el centro de la sala. Revolvió la poción, y subió el fuego con su varita. Cuando todo lució con un buen aspecto, dejó las pociones de lado, y se concentró otra vez en aquello a lo que estaba dedicada aquella sala.

-Oh, Harry -dijo en voz alta, mientras se paseaba junto a los tapices con diseños en forma de rayo, y acariciaba las esculturas con la cara de Harry tallada en ellas-. Qué vuelco tan dramático ha tejido el destino para nosotros. Ahora, en este preciso momento, estás respirando a solo centímetros de mi cama, durmiendo en mi misma habitación…

Hermione empezó a bailar en medio de la sala, abrazando un retrato que contenía una foto de Harry que había sacado de un anuario académico que se publicaba siempre a fin de año, con fotos de todos los estudiantes.

-Si tan solo supieras lo que siento por ti -dijo, bailando entre los sofás-. Si tan solo, por una vez en la vida, tuviera el valor para decírtelo, las fuerzas para revelarte este secreto que llevo dentro de mi corazón. ¿Por qué? ¿Por qué, mi amor? ¿Por qué siempre tengo que ser así? ¿Tan secretista? ¿Tan misteriosa? ¿Por qué no puedo decirte lo que de verdad me pasa, por dentro, y que me ha pasado desde el día en que te conocí? ¿Por qué siempre tengo que hacerme la desinteresada, la que huye a la biblioteca, temiendo aquello que al mismo tiempo deseo tanto?

Empezó a hablar en voz muy alta, confiada de que nadie podía oírla allí dentro.

-¿Por qué, Harry? ¿Por qué? Siempre guardando secretos, siempre manteniendo todo solo para mí misma. ¿Acaso lo sospecharás, alguna vez? ¿Dejaré escapar, aunque sea, una pequeña pista que te ayude a mirar dentro de mi corazón y conocer una ínfima parte de mi tormento? ¿Cuándo llegará ese momento, finalmente? ¿Cuándo?

-Ahora mismo -dijo Ron, clavando su tenedor en un enorme waffle, horas después.

Era el desayuno. Harry y Ron estaban sentados a una larga mesa que habían colocado en medio de la Sala Común de Gryffindor. Era lo suficientemente larga para que diez personas pudieran comer a un metro y medio de distancia entre sí. Por suerte, al menos no tenían que ponerse trajes plásticos para bajar a comer. Bajaban en grupos de a diez. En general, para que pudieran sociabilizar con otras personas, no hacían bajar a todo un dormitorio junto, sino a dos o tres personas de cada dormitorio, y en otro turno al resto. En ese momento, ni Hermione ni Fay estaban con ellos, sino que estaban compartiendo desayuno con unos chicos de Slytherin, un par de Ravenclaw, y un par de chicas de quinto de Gryffindor, que estaban en la punta más lejana a ellos dos.

-¿Qué dices? -preguntó Harry, bajando su vaso de zumo de naranja y mirando a Ron.

-Que ha llegado el momento -dijo él, tomando valor-. Necesito… Harry… Yo…

De pronto, se puso muy nervioso. Harry le puso más atención. A decir verdad, hasta hace segundos atrás estaba pensando en Quidditch. Pero ahora pudo notar que algo le pasaba a su amigo. Algo muy extraño…

-Oye, Harry -dijo Ron, muy nervioso, controlando que Percy no estuviera por allí antes de acercarse a su amigo más de lo permitido, inclinándose por encima de la mesa-. Necesito… Necesito… -hablaba en susurros muy nerviosos, y Harry se asustó por su forma de hablar.

-¿Qué necesitas? -preguntó, preocupado. Ron parecía tener grandes dificultades para pronunciar las palabras.

-Hablar contigo -terminó, muy nervioso.

-Claro, aquí estoy -dijo Harry, encogiéndose de hombros.

-No, escucha -Ron hablaba de una forma que dejaba claro que le estaba costando mucho esfuerzo aquello, y Harry se preguntó qué le pasaría-. Tiene que ser… en privado… ¿Está bien?

Harry miró sobre su hombro. Los demás alumnos comían y charlaban entre sí.

-Cuando regresemos al dormitorio, ¿quizás?

-¡No! -dijo él, agitando los brazos-. No puede ser en el dormitorio. Bajo ningún punto de vista.

-De acuerdo… ¿Qué te parece allí?

Harry señaló los sofás de la Sala Común, que estaban apartados de la mesa. Durante los momentos en que bajaban, eran libres de moverse por la Sala Común, siempre que mantuvieran la distancia. Ron asintió rápidamente con la cabeza, y se puso de pie al instante. Harry tuvo que dejar un trozo de pastel de calabaza que aún le quedaba, y fue tras él, intrigado.

Se sentaron uno junto al otro, muy lejos de cualquier oído ajeno.

-Es… es…

Harry inclinó la cabeza a un lado, confundido. ¿Por qué le costaba tanto a Ron decirle eso?

-Ron, tranquilo -dijo-. No es nada grave, ¿verdad? No tienes el virus, ¿no es cierto?

-¡No! No tiene nada que ver con el virus.

-Menos mal -Harry respiró aliviado-. ¿Y por qué estás tan nervioso?

-Lo siento, no soy bueno en esto, ¿ok? Pero tú eres mi mejor amigo, y… No sé a quién más…

-¿Necesitas un consejo, sobre algo? ¿De eso se trata?

Ron asintió con la cabeza.

-De acuerdo -Harry asintió, tomando aliento-. Soy bueno para dar consejos. De veras. Ponme a prueba.

-Es sobre… chicas -dijo él, muy rápidamente.

Harry se quedó pasmado. No tenía idea de chicas.

Se quedó pensativo, tratando de buscar alguna clase de conocimiento interno que pudiera llevar inconscientemente dentro suyo y que lo ayudara a dar un buen consejo romántico a su amigo. No creía nunca en su vida haber adquirido ningún tipo de experiencia en chicas, pero Ron era su amigo, y se notaba que le estaba costando mucho aquello, así que tenía que poner toda su voluntad.

-De acuerdo -dijo Harry-. Te gusta una chica, ¿verdad?

Ron asintió, nervioso. Bien, iba bien. Solo tenía que mantener esa línea de pensamiento, para ayudar a Ron.

-Y no te atreves a decírselo -dijo entonces, adivinando. Ron asintió. -Y, ¿quieres que yo se lo diga por ti?

Eso dejó confundido a Ron, con un dedo en los labios.

-No había pensado en esa posibilidad, para ser honesto -dijo.

-Puedo arreglar una cita para ustedes -dijo Harry, pensando en el momento algo que pudiera servirle a Ron-. Puedo ir y decirle que quieres tener una cita con ella, pero inventar una excusa para explicar por qué yo estoy organizándolo y no tú…

-Será muy obvio -dijo Ron, negando con la cabeza-. Quedaré como un cobarde.

-Bueno, puedes pedírselo tú sino…

Harry alzó la mirada a su amigo, que estaba rojo y sudando solo por mantener esa conversación con él. Se trató de imaginar en qué estado podría llegar a tener una conversación así con la niña en cuestión. Sería imposible.

-Mejor deja que yo lo haga -dijo entonces-. Buscaré una buena excusa. No quedarás como un cobarde.

-No lo sé, Harry…

-¿Quién es?

Ron se empezó a morder los dedos, nervioso.

-No sé si decírtelo.

-Ron -Harry se cruzó de brazos, serio-. Soy tu mejor amigo.

-Está bien, está bien -Ron suspiró hondo-. Es… Es…

Las palabras estaban tardando demasiado en abandonar su boca. Harry no conocía a su amigo en ese estado tan lamentable, y quería hacer algo por ayudarlo a poder hablar, aunque sea.

-Ya sé, no digas nada -Harry le guiñó un ojo-. Ya sé quién es.

Ron se quedó pasmado.

-¿De verdad? ¿Lo sabes?

-¡Claro que sí! -dijo Harry, tratando de tranquilizarlo-. Ron, vamos. Somos amigos, ¿verdad? Mejores amigos. ¿Quién podría conocerte mejor que yo?

Ron sonrió, mirando a su amigo un poco más calmado.

-Sé exactamente quien es la chica -Harry le guiñó un ojo-. Creo que siempre lo supe, ¿sabes?

-¿De verdad? -Ron retorcía sus manos entre sí, por los nervios-. Sí, supongo que era bastante obvio…

-No te preocupes -Harry se puso de pie-. Te organizaré una cita con ella. Esta misma noche. Luego de la hora de cenar, en ese rato que nos dejan estar aquí abajo en la Sala Común antes de ir a dormir.

-Harry, debo decirte que estoy muy nervioso -dijo Ron, aferrándolo del brazo y mirándolo con pánico.

-Puedo notarlo -Harry frunció el ceño-. No te preocupes, ¿sí? Todo saldrá bien.

-¿Me lo prometes?

-¡Claro! Solo tienes que estar tranquilo. ¡Relájate!

-¡Está bien! -Ron infló el pecho, tomando mucho aire-. Me calmaré. Me quedaré tranquilo.

-Ve arriba -dijo Harry, conduciéndolo con una mano por el hombro hasta la escalera de los dormitorios de las chicas-. Te alcanzaré luego.

-Sí, sí -Ron iba caminando como zombie, totalmente nervioso-. Muchas gracias, Harry.

Desapareció escaleras arriba, y Harry sonrió. Siempre había sabido que llegaría el día en que tendrían que empezar a ocuparse de esas cosas, de "chicas", y que tendría que hacer algo así. No era tan malo. Si no se trataba de alguien que a él mismo le gustara, entonces no le ponía nervioso organizar una cita.

Recordaba perfectamente que Ron había dicho que había colocado en la app de "¿Amor Sí?", en el campo para completar la persona que le gustaba, a una chica de quinto año. ¿O era de sexto? No, de quinto. Definitivamente, Ron había dicho que de quinto. Y que tenía "un cuerpazo". Esas habían sido sus palabras. Así que no había ninguna duda. ¿Qué otra chica de quinto año que ellos conocieran tenía "un cuerpazo"?

Solo había una posibilidad.

Harry se acercó sonriente al final de la larga mesa, a más o menos un metro de distancia de las dos chicas de Gryffindor de quinto año que terminaban su desayuno, y tomó coraje. En ese momento, se puso un poco nervioso por primera vez. Pero se decidió a ignorar los nervios. Tenía que hacerlo. Por Ron.

-¿Angelina? -dijo, aclarándose la garganta.

La aludida miró hacia atrás, sorprendida, para averiguar quién le hablaba.

-¡Harry! -dijo, sonriente-. ¡Hola! ¿Cómo estás?

-Bien, ¿y tú? -dijo él, forzando una sonrisita nerviosa.

-Muy bien -dijo ella, alegre-. ¿Cómo anda todo? ¿Wood estuvo mortificándote con más jugadas de Quidditch?

-No, aún no -le dijo él-. Todavía no nos tocó comer juntos. Pero sé que, en cuanto eso ocurra… Oye, tengo que preguntarte algo -tomó valentía y fuerzas. Por un momento, se sentía como si él mismo fuera el que quería salir con ella, en vez de Ron.

-Sí, dime -dijo ella. Su amiga, Alicia, había parado la oreja y se notaba que estaba pendiente de cada palabra. Harry la ignoró y se preparó para continuar.

Se dio cuenta de que no había pensado en la famosa "excusa" que le había asegurado a Ron que serviría para invitarla sin que él quedara como un cobarde.

¿Qué hacía ahora? No podía pensar en nada. Su mente estaba en blanco.

Lo mejor sería ser honesto, directamente. Sería mejor eso antes que alguna obvia mentira.

-Mi amigo, Ron, quiere invitarte a salir -dijo entonces, decidido-. A una cita. Romántica. Él y tú, esta noche.

Angelina abrió mucho los ojos por la sorpresa. No se esperaba aquello. El tenedor cayó de la mano de Alicia e hizo ruido en el plato.

-No te lo pide él mismo porque, bueno, es un poco tímido. ¿Qué dices?

Sí, eso funcionaría mejor que una tonta mentira.

-Vaya -la chica quedó atónita. Alicia parecía a punto de estallar en un ataque de risa. Unos niños de Slytherin habían parado la oreja también, y ya se estaban riendo. Pero no importaba. No les dio el gusto de mirarlos, a ninguno de ellos. Se quedó mirando a Angelina.

-Me parece… -Angelina estaba meditando las palabras de Harry, sonriendo mucho y sonrojada.

"Qué funcione", pensó Harry, deseándolo con todo su ser. "Qué funcione, por favor…"

-Me parece tan tierno -dijo ella entonces, sonriendo más-. Qué lindo de su parte. Imagino que aun es un poco chico, por eso le da vergüenza pedírmelo directamente. Pero, ¿qué puedo decirte, Harry? No me parece mala idea.

Alicia alzó la mirada hacia su amiga con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

-¡Qué rayos! Dile que sí -dijo Angelina-. ¿Esta noche, entonces?

-Sí, esta noche -dijo Harry, con todo el interior de su cuerpo saltando de felicidad-. En el último turno para bajar, antes de dormir. Aquí mismo.

-Genial -Angelina le sonrió-. Dile que nos veremos a esa hora, entonces.

Harry le sonrió por última vez y se apartó de allí, muy feliz.

¡Lo había conseguido! Le había obtenido a Ron la cita que quería. Definitivamente, eso tenía que colocarlo en el podio del mejor amigo del mundo. Y lo mejor de todo era que a Angelina parecía realmente gustarle Ron. ¡Era simplemente genial!

-¿Qué es lo que acabo de ver? -preguntó Alicia, sonriendo y totalmente asombrada-. ¿Vas a salir con Ron Weasley?

-¿Qué tiene de malo? -dijo Angelina, pinchando un último trozo de waffle, sonriente-. Debo decir que me parecen muy atractivos los hombres Weasley, la verdad.

-Sí, pero… No es un poco… -Alicia buscó las palabras adecuadas-. ¿Pequeño?

-Sí, tal vez -Angelina se encogió de hombros-. Pero ahora que su hermano me ha decepcionado, me he quedado sin intereses románticos. Además, ¿cuál es la alternativa? ¿Quedarme en mi habitación mirando el techo, como las últimas dos semanas? Al menos pasaré un buen rato, será divertido.

-Vaya, quizás tengas razón -Alicia se quedó pensativa-. Rayos, es cierto. ¿Qué importancia tiene la edad? Seguro es más maduro que Fred y George, de cualquier forma. Oye, ¿crees que podrías conseguirme una cita a mí también?

-Pues, estoy segura de que le gustas a muchos chicos, Alicia.

-Podríamos hacer que sea una cita doble -dijo la chica, pensativa-. Y yo podría ir con Harry.

-Harry no es un mal partido -dijo Angelina-. Es muy atractivo.

-¡Lo sé!

-Y además es todo heroico, y se nota que algún día hará cosas brillantes y valerosas. De hecho, ya las hizo.

-¡Tienes razón!

-Le diré a Harry. Será una cita doble, entonces. Esta noche.

Hermione, que acababa de bajar con Fay para ir a desayunar, pasó por al lado de ellas en ese preciso momento, por lo que oyó cada palabra pronunciada por Alicia y Angelina. Estas dos se pusieron de pie en ese momento y se marcharon de allí, escaleras arriba. La chica se quedó inmóvil, reflexionando sobre las palabras que acababa de oír.

Fay giró la cara hacia ella. También lo había oído.

-¿Acabo de oír que Alicia Spinett piensa que Harry es un buen partido? -dijo Fay, en voz baja.

-Y no solo eso -dijo Hermione, con su corazón latiendo a toda velocidad-. Dijo que planea invitarlo a una cita doble esta noche.

-Lo sé, también lo oí -dijo Fay-. ¿Doble? Es decir… Con Ron, seguramente.

Hermione no podía creerlo. ¿Por qué le pasaba eso? Fay tenía razón. La vida se iba volando, y ella solo estaba allí, inmóvil, sin hacer absolutamente nada, viendo cómo pasaba delante de ella y se escapaba de entre sus dedos.

¿Por qué no tenía la valentía para decirle a Harry que estaba enamorada de él? ¿Por qué se quedaba allí, en silencio, mientras otras chicas se interesaban en él y se lo robaban? Si Alicia Spinett era más rápida que ella, y de seguro que lo era, Harry pronto estaría saliendo con ella. Después de todo, Alicia y Angelina eran dos chicas muy atractivas, maduras, con cuerpos de chicas mayores, curvilíneas, sexys… Y ella, Hermione, era una rata de biblioteca.

Fay parecía estar leyéndole la mente, y la miró afligida.

-Hermione, tengo una idea -dijo entonces.

-¿Cuál?

-No podrán invitarlos a una cita doble si nosotras los invitamos primero.

-¿Qué dices?

-Vamos, Hermione -Fay la miró a los ojos, seria-. No puedes dejar pasar el tren. Solo pasa una vez. Déjame que yo me encargue de esto. Organizaré una doble cita para ti y para mí, esta noche. Con Harry y con Ron. Yo iré con Ron.

-¿Te gusta Ron?

-No lo sé -se encogió de hombros-. De seguro que ya no me gusta Cedric, después de lo que pasó, así que mi mente está abierta a nuevas posibilidades ahora. ¿Qué dices?

Hermione se quedó muy pensativa y sobre todo muy nerviosa, mientras su cabeza parecía a punto de estallar.

-El tren solo pasa una vez, amiga -dijo Fay, tomándola de la mano.

Hermione suspiró y asintió.

-De acuerdo -dijo, tomando valor-. Hagámoslo.

Harry terminó de subir las escaleras, atravesó el pasillo e ingresó en su nuevo dormitorio. Ron alzó la mirada hacia él con terror.

-Ya está -dijo Harry, sonriéndole de par en par.

-¿Qué cosa está? -dijo Ron, con pánico.

-Todo ha sido organizado, amigo -Harry sonreía de oreja a oreja-. Tendrás una cita esta noche.

-¡No es posible! -dijo él, saltando en su cama y quedándose de piedra-. ¿Dijo que sí?

-Dijo que sí, amigo -Harry alzó la mano, y Ron le chocó los cinco, feliz. Pero entonces se quedó quieto y, lentamente, toda esa felicidad se convirtió en otra vez la misma expresión de pánico y horror que antes, inclusive peor.

-¡Esto es terrible! -dijo entonces. Parecía a punto de desmayarse.

-¿Por qué? ¿Qué tiene de terrible?

-¡Será tan embarazoso!

-¿Qué cosa?

-Hermione y Fay acaban de bajar a desayunar, las vi salir -dijo Ron-. Pero en cuanto vuelvan…

-Amigo, todo estará bien -dijo Harry-. ¡Tienes una cita! ¡No te preocupes por nada! Olvídate de Hermione y Fay. Yo te ayudaré a elegir tu ropa, a prepararte…

Tenía sentido que Ron pensara que Hermione y Fay, al ser mujeres, pudieran ayudarlo más que él a prepararse, pero Harry estaba convencido de que tenía que ser él quien apoyara a su amigo en ese momento. Quizás a lo largo de su adolescencia tendrían muchas citas. Pero, en la primera, era importante que él cumpliera correctamente su papel de mejor amigo.

Golpearon la puerta del dormitorio, y Ron dio un salto en la cama.

-¡Oye, tranquilo! -dijo Harry-. Solo golpearon la puerta. Yo voy.

Harry se incorporó y salió al pasillo. Ron quedó solo en la habitación, sumido en pensamientos nerviosos.

No podía creerlo. Hermione había dicho que sí. Hermione quería una cita con él. Pero, ¿cómo Harry podía decir que no tenía nada de malo pasar toda la tarde con ella, en el mismo dormitorio, antes de la cita? ¡Sería totalmente embarazoso! No podría ni mirarla a los ojos. ¿Cómo iba a sobrevivir todas esas horas?

-¿En serio? -dijo Harry, en el pasillo. Angelina Johnson estaba ante él.

-¡Sí! -dijo la chica de quinto año, emocionada-. Alicia quiere salir contigo. Una cita doble. ¿Aceptas?

Harry se quedó pensativo. La verdad es que no le gustaba Alicia. Es decir, era linda, igual que Angelina. Debía admitir que ambas eran chicas muy atractivas, más maduras. Pero no eran la clase de chicas que a él le atraían. Seguramente le atraían a la mayoría de los otros chicos, pero él sentía que otro tipo de chicas, como Cho Chang, le gustaban más.

¿Qué hacía? Si decía que no, arruinaría la cita de Ron. No podía hacerle eso. Tendría que decir que sí. Después de todo, solo era una cita. No tenía por qué convertirse en su novio a partir de ese día, ni nada así.

-De acuerdo -dijo Harry, sonriéndole a Angelina-. Me parece bien. Que sea una cita doble, entonces.

-¡Genial! Le diré a Alicia. ¡Nos vemos a la noche, Harry!

-¡Nos vemos! -dijo él, se dio la vuelta e ingresó al dormitorio otra vez.

-¿Quién era? -preguntó Ron, que estaba pálido, en su cama.

-Querían cambiar el tipo de cita -dijo Harry, con un dedo en los labios, aún pensando en lo que acababa de pasar.

-¿Cómo dices? -dijo Ron, aterrado-. ¿Qué quieren ahora?

-Quieren que sea una cita doble… -Harry seguía pensativo, y de pronto Ron suspiró muy aliviado y pareció relajarse. Harry se dio cuenta de que su amigo debía sentir un peso menor encima suyo, ahora que sabía que él lo acompañaría. Seguro le ayudaría con los nervios, al no estar solo en esa situación. -Te parece bien, ¿verdad?

-¡Es fantástico! -dijo Ron. Estaba tan aliviado. Si Harry iba a la cita con Fay también, en una cita doble, no estaría solo en aquello. Harry estaría con él todo el tiempo. La tarde sería mucho más tranquila en la habitación si todos estaban de acuerdo en salir esa noche, y no solo Ron con Hermione.

Y, entonces, golpearon la puerta del dormitorio otra vez.

-Vaya, estamos muy solicitados -comentó Harry-. Iré a ver quién es.

-¡No! -dijo Ron, poniéndose de pie e inflando el pecho. Ahora se sentía mucho más valiente. Si Harry podía atravesar todo eso sin ponerse nervioso, él no podía ser el cobarde que quedara atrás mientras Harry organizaba todo. -Esta vez iré yo. Déjame encargarme de esto a mí.

-¡Perfecto! -dijo Harry.

Ron salió al pasillo y cerró la puerta tras él. Fay estaba ante él.

-Ah, hola -dijo, fingiendo desinterés. Pero lo cierto es que le temblaba el labio inferior.

-Hola, Ron -dijo Fay, con una sonrisa extraña. ¿Por qué le sonreía así? -Volví a subir porque tengo algo que preguntarte. Bueno, a ti y a Harry, a ambos.

-Sí, puedes hablarlo conmigo -dijo Ron, y tomó valor. Tenía que poner el pecho a la situación, ser valiente. -Mira, Fay, estoy muy emocionado por tener una cita doble con ustedes esta noche.

Fay quedó totalmente petrificada ante aquello. Su boca se abrió varios centímetros. Estaba muy confundida. ¿Cómo sabía Ron que, justamente, ella había subido para invitarlos a él y a Harry a una cita doble, esa noche?

Solo había una posibilidad: Así como ellas habían oído a Alicia y a Angelina, fundamentalmente porque, al tener que estar a un metro y medio de distancia, no se podía hablar precisamente en secreto entre la gente; de la misma forma Harry o Ron debían haberlas oído a Hermione y a ella mientras hablaban sobre eso momentos atrás, abajo.

-Vaya, entonces… Es un hecho -dijo Fay, sonriendo-. Tendremos una cita doble esta noche.

-Claro -dijo Ron.

-Quiero ver si estoy entendiendo bien -dijo Fay, inflando el pecho, algo nerviosa-. Tú, yo, Harry y Hermione, en una cita doble. Esta noche. En el último turno para bajar a pasar el tiempo en la Sala Común. Antes de dormir.

-Exacto -dijo Ron. ¿Por qué Fay quería reconfirmar tanto la cita? Bueno, era entendible. La situación era un poco extraña, estando los cuatro juntos en ese dormitorio, y no podía haber lugar a dudas. -Una cita romántica -añadió Ron entonces. Si iban en serio con eso, no podían dejar ningún lugar a dudas.

Fay sonrió exageradamente y se acomodó el castaño y lacio cabello largo, mirando a Ron de una forma extraña y muy simpática con sus impactantes ojos azul grisáceo.

-Claro, una cita romántica -dijo, guiñándole un ojo-. Será algo extraño, estar aquí juntos toda la tarde, ¿no lo crees? -se le escapó una risita.

-¡Sí! Lo mismo pensé -Ron suspiró, aliviado de que alguien más se sintiera como él sobre aquello. Lo ayudaba a aliviar la tensión. -Será extraño, pero, ¿qué importa?

-Tienes razón -dijo Fay, muy contenta-. ¿Qué importa? Bueno, mejor bajo a desayunar antes de que se me termine el turno. Harry ya sabe de esto, ¿verdad?

-Claro, Harry está muy emocionado -dijo Ron.

-¿En serio?

-Oh, sí -dijo Ron, pensando que quizás Fay estaba muy interesada en Harry. ¿Por qué no? Y, si así era, mejor para él. Si Fay era la mejor amiga de Hermione, nada mejor que si ella salía también con Harry. De esa forma, los cuatro seguirían muy unidos siempre. -Harry está muy emocionado -dijo, y decidió exagerarlo un poco-. Dice que ha estado esperando mucho, mucho tiempo para que esto pase.

Le guiñó un ojo a Fay, y pudo notar que la chica estaba que explotaba de la emoción.

Ella finalmente se fue, de regreso a la Sala Común, y Ron ingresó nuevamente al cuarto, y le guiñó un ojo a Harry.

-Eran ellas de nuevo, ¿verdad? -preguntó Harry.

-Sí -dijo Ron, ahora tranquilo y feliz.

-¡Genial! ¿Qué querían?

-Solo reconfirmar algunos detalles -dijo él-. Harry, creo que tenemos una gran noche por delante, ¿no crees?

-Claro que sí, amigo -dijo Harry, sonriendo también, feliz de que su amigo estuviera venciendo el miedo a las chicas-. Una gran noche. ¿Qué me dices si nos distraemos, mientras tanto?

-Buena idea -dijo Ron-. No podremos hablar de esto en toda la tarde.

-¿Tú crees?

-¡Claro! No podemos. Tenemos que permanecer distraídos, haciendo otras cosas, hablando de otra cosa.

-Es cierto -Harry estuvo de acuerdo. Sería mejor para Ron, para calmar los nervios, no pensar al respecto hasta que faltara poco y tuvieran que bañarse y prepararse. Y aún faltaban muchas horas para eso.

-Esto es lo que haremos -dijo Ron entonces-. Nos quedaremos toda la tarde aquí, en tu cama, con las cortinas cerradas. Saldremos solo para bajar a comer, luego volveremos y nos meteremos dentro de vuelta. Pondremos música, tendremos las cortinas bien cerradas, y no veremos a Hermione ni a Fay, ni interactuaremos con ellas en toda la tarde.

A Harry eso le parecía un poco exagerado, pero le pareció entendible, por otro lado, que Ron quisiera que aquella fuera una tarde "de hombres" y no hablar con Hermione y Fay. Después de todo, tenían una cita para la que prepararse.

-Será una gran, gran noche -repitió, sonriendo a su amigo.

-Una gran noche -dijo Jenny, pasando el dedo por su celular a toda velocidad-. Eso quisiera tener. No estar aquí, aburridas en la habitación.

-Exacto, lo mismo pensé -dijo Cho. Ambas estaban en su nuevo dormitorio en la casa Gryffindor. Era bueno saber que no estaban infectadas, aunque le daba un poco de pena por Marietta, a quien el test le dio positivo y tuvo que quedarse en Ravenclaw.

-Deberíamos planificar algo -dijo Jenny-. Algo como, no sé… Una cita.

-¿Una cita?

-¡Sí! Con algún chico. Alguna de nosotras. Hace tanto que no hacemos eso.

-Me encantan las citas -dijo Cho-. Y los chicos. Lástima que no podamos ir a Hogsmeade. Me gustaría que algún chico me invitara a tomar el té a lo de Madame Tudipié.

-Ya no piensas en Cedric, ¿verdad?

-No, ya no -dijo Cho, resuelta-. Debo decir que, luego de que me rechazó por esa app, ya no pensaba en él de la misma forma. Pero ahora que sé que estuvo involucrado en ese hecho tan oscuro con Draco Malfoy, y fue expulsado de la escuela, él ya no existe para mí.

-¿Y quién te gusta ahora?

-Pues, no lo sé -Cho entonces metió la mano en el cajón de su mesita de luz y sacó una libreta de notas-. Tengo anotados aquí algunos nombres…

-¿Los anotas en una libreta?

Cho sonrió, mientras se acomodaba el cabello negro tras una oreja.

-Sí, a veces -admitió-. Cuando estoy aburrida. Veamos…

Consultó su libreta, tomó una pluma, la mojó en tinta rosa e hizo unas rayas en ella.

-Ya era hora de tachar a Cedric, y quitarlo del puesto número uno.

-Me parece perfecto -dijo Jenny-. Vaya, veo que anotaste muchos nombres debajo.

-El puesto número dos es… -dijo Cho, alargando la palabra, mientras miraba su lista con atención-. Harry Potter.

-¿Harry Potter?

-Sí, Harry Potter -dijo Cho, y se le escapó otra sonrisa-. Ah, sí. Ya me acuerdo. Anoté su nombre aquí luego de ese partido que tuvimos contra Gryffindor hace un tiempo atrás. El último que hubo en el campeonato. Harry jugó contra mí. Yo soy la buscadora de Ravenclaw, y él era el de Gryffindor. Fue muy caballero, porque en un momento se apartó para no golpearme. Oí que Wood lo reprendía y le decía que no tenía que ser caballero, y que tenía que tirarme de la escoba si era necesario.

-Qué imbécil, ese Wood.

-Sí, estoy de acuerdo, es un imbécil. Mejor lo tacho a él también.

Cho tachó el nombre de Wood, que estaba varios puestos por debajo de Harry.

-Así que anoté su nombre aquí, porque me pareció lindo -concluyó-. ¿Qué opinas?

-Me parece bien -dijo Jenny-. Harry Potter es lindo. Además, es una especie de, no sé… de héroe. ¿No lo crees? Como que siento que algún día hará algo importante. Vencerá a algún mago oscuro, o algo así. De hecho, ya lo hizo.

-¿Crees que podría interesarse en mí?

-¡Claro que sí! -dijo Jenny-. Eres linda, y simpática, y tienen algo en común: A ambos les gusta el Quidditch.

-Tienes razón, Jenny -dijo Cho-. Invitaré a salir a Harry Potter. Ahora mismo. Le propondré que tengamos una cita hoy, esta misma noche, abajo, en la Sala Común. Será un poco triste tenerla aquí, en vez de en Hogsmeade. Pero, antes que quedarme aburrida en la habitación, supongo que será mejor esto.

-Una gran idea -dijo Jenny, animándola-. ¿Le mandarás un mensaje?

-Sí -Cho sacó su celular-. Sé cómo conseguir su número: Le pediré a Luna, la chica del dormitorio de al lado del que era nuestro, que me pase el número de Ginny Weasley. Entonces, le pediré a Ginny el número de Harry. Seguro que ella lo tiene, o alguno de sus hermanos, que son amigos de él. Le escribiré, y si se atreve a decirme que no, entonces consultaré quién es el número tres de la lista.

Jenny espió por encima de Cho, y vio que el número tres de su lista era Ernie Macmillan, de Hufflepuff.

-Esto es sorprendente -dijo Luna, con su voz soñadora, leyendo un mensaje de Ginny en su teléfono. Alzó la mirada hacia sus nuevos compañeros de dormitorio, que estaban allí sentados en sus respectivas camas, ante ella. -Me dice cosas tan lindas. Me siento tan abrumada… Es todo tan extraño. Aun no puedo creerlo.

-Lo que yo no puedo creer -dijo Ernie, con expresión de mal humor-. Es que los cuatro de nosotros hayamos resultado estar infectados.

Justin, Hannah y Susan asintieron lentamente, compartiendo miradas de amargura.

-Malditos Slytherin -dijo Susan, chocando un puño contra su mano-. El virus entró directo a nuestro dormitorio de Hufflepuff por su culpa, y ahora todos terminamos aquí, en la torre Ravenclaw, con los que tienen el virus.

-No es tan malo -dijo Luna, mirándolos soñadoramente y con los ojos algo en blanco, casi como si hubiera olvidado conectar el cerebro varios segundos.

Ernie frunció el ceño mientras miraba a la chica, algo preocupado.

-Y dinos, Luna… -le preguntó Hannah, tratando de ser simpática con la chica-. ¿Por qué estabas aquí, sola en esta habitación? Es decir, tiene cinco camas, pero cuando llegamos aquí tú estabas sola en el dormitorio…

-Sí, es que Ginny se fue -dijo ella, con una mirada triste-. Pobre Ginny… Tuvo que irse, porque la chica del cuarto de al lado hizo que la expulsen.

-¿Qué? -preguntó Justin, alzando la mirada.

-Sí -dijo Luna, que hablaba de forma lenta y se quedaba muchos segundos pensativa, como recordando cosas, o como si olvidara que estaba hablando con otros seres humanos-. Y acabábamos de descubrir nuestro amor, ¿saben?

-¿Cómo así? -preguntó Susan, curiosa.

-Bueno, ella me declaró su amor por mí -les contó Luna, mirando al techo, con las manos en el pecho y su mirada perdida-. Yo no sabía qué hacer, ¿saben? Nunca había considerado mi sexualidad antes. No sabía si me gustaba. Estaba tan confundida.

-Pero, Luna -dijo Hannah, tratando de llevarla de regreso a la realidad-. ¿Dijiste que la chica de al lado hizo que la expulsen del colegio?

-Sí, la que se llama Marietta -Luna asintió, muy lenta y soñadoramente-. Aún está en ese cuarto, porque tiene el virus también. Por lo que oí a través de la pared, hizo que echen del colegio a Ginny porque odia a la gente gay.

Ernie abrió muy grandes los ojos.

-¿Estás hablando en serio? -dijo Susan, indignada.

-¿Estás bromeando?

-No -dijo Luna, en un susurro, negando muy lentamente, los labios varios centímetros abiertos y expresión completamente perdida y ausente. Todos se inclinaron hacia adelante en sus camas, mirándola con atención, a ver si ese era el final de su discurso, o iba a decir algo más. -Así fue -agregó, finalmente.

-Esto es inaudito -dijo Ernie, poniéndose de pie-. ¡Es totalmente injusto!

-¡Esa Marietta realmente se pasó de la raya! -coincidió Hannah, enfadada-. ¡¿Cómo va a provocar que expulsen a una persona del colegio por sus sentimientos, por su amor, por su decisión privada?! ¡Todos somos libres de amar a quienes queramos!

-¡Esto no puede quedar así! -dijo Justin-. ¡Debemos hacer algo! ¡Hay que hacer justicia!

-¡Yo digo que salgamos de aquí, vayamos al cuarto de al lado y le demos a esa Marietta su merecido! -gritó Ernie, enfurecido.

-¡Siiiiiiiiiiiiiii! -gritaron todos, poniéndose de pie, con ira, tomando sus varitas y dirigiéndose hacia la puerta de la habitación.

-Oigan, ¿chicos? -interrumpió Susan, alzando un dedo-. ¿No hemos tenido ya este tipo de… comportamiento colectivo… antes? ¿Y luego no habíamos decidido que éramos buenas personas, y toda una reflexión moral, que hizo que cambiáramos de opinión?

-Yo no recuerdo nada de eso -dijo Ernie.

-Yo tampoco -añadió Justin-. ¡TODOS AL CUARTO DE AL LADO!

-¡SÍ! -gritó Hannah, llena de furia-. ¡A DARLE SU MERECIDO!

-¡SIIIIIIIII! -todos enfilaron hacia la puerta, la abrieron y salieron al pasillo. Susan se apresuró corriendo tras ellos, y cerraron de un portazo al salir.

-Oh, Ginny, ¿qué hago? -dijo Luna, que ni siquiera parecía haberse enterado de la situación, y miraba a la nada mientras tenía un monólogo romántico con una mano en el pecho, angustiada-. Un día creí ser heterosexual. Al día siguiente gay. Y ahora, que no te veo hace tantos días, siento que te extraño, que necesito estar contigo. Pero, al mismo tiempo, todo pasó tan rápido, y tú estás tan enamorada de mí, pero yo siento que, en el fondo, aún no estoy segura de nada de todo esto. ¿Qué soy? ¿Qué me gusta? ¿Soy gay realmente? ¿O solo me dejé llevar por tu hermoso encanto? ¿O soy bisexual? ¿Acaso me sigue gustando Ron? ¿Qué voy a hacer conmigo misma? ¿Qué habrá de comer hoy? ¡Tengo tanta hambre! ¿Chicos?

Miró alrededor, y se dio cuenta de que estaba sola.

-¿A dónde fueron todos? -en ese momento, alguien le mandó un mensaje. Miró su teléfono. -Oh, vaya. Cho me ha escrito. Me pregunto qué querrá...

-Hermione, no vas a creerlo -dijo Fay, tomando asiento a unos veinte centímetros de su amiga en la mesa de abajo, sin que le importara la política de distanciamiento social.

-No juegues conmigo -dijo Hermione, que estaba a punto de desmayarse-. Te dijeron que no, ¿verdad? Oh, Dios. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cómo voy a subir de vuelta a ese dormitorio…?

-Hermione -Fay la miró a los ojos mientras la sujetaba de un brazo, con una sonrisa de oreja a oreja-. Dijeron que sí.

Hermione sintió que su alma salía por su pecho.

-¿Qué dijiste? -preguntó, con un hilo de voz.

-Ambos, dijeron que sí -repitió Fay-. Y eso no es todo.

-¿Eso no es todo? -dijo Hermione, que sentía que flotaba, muy lejos de allí, sobre esponjosas nubes muy, muy alto y lejos del castillo de Hogwarts.

Fay negó con la cabeza, aun sonriendo demasiado.

-Además de que dijeron que sí, Harry dijo que ha estado esperando mucho, mucho tiempo para que esto finalmente pasara.

En ese momento, Hermione sintió que su consciencia desaparecía, y casi cae desmayada al suelo. Fay se apresuró a sostener su silla, que se había reclinado un poco hacia atrás.

-No puedo… No puede ser real -dijo Hermione.

-¡Pero lo es! -dijo Fay-. ¡Es fantástico!

-¡No! ¡Es terrible! -Hermione sentía que caía por un agujero sin fondo. Por un lado, estallaba de felicidad. Sus sueños más alocados se estaban haciendo finalmente realidad. Su corazón finalmente estaría completo. Sus sueños finalmente encontraban un lugar en escena. Pero, por otro lado… -¿Qué haremos? ¿Cómo pasaremos el resto de la tarde allí, en el mismo dormitorio, junto a ellos? ¿Cómo haremos para bañarnos, vestirnos, peinarnos, todo junto a ellos dos…?

-¡Tranquila! -dijo Fay-. Ya pensé en todo eso.

-¿De verdad?

-¡Sí! Haremos esto: Mira, ni bien volvamos arriba, tú y yo estaremos hablando entre nosotras de algo que no tenga nada que ver con esto. Nos meteremos en mi cama, cerraremos la cortina, y nos quedaremos allí dentro toda la tarde escuchando música, con ruidos fuertes, mientras hablamos entre nosotras y nos preparamos sin que ninguno de ellos nos oiga. Los ignoraremos por completo, para que no sea algo incómodo. Un rato antes de la cita, nos vamos al baño, nos preparamos, bajamos antes que ellos, para que ellos tengan un rato solos también. ¡Y listo! Pan comido. Luego de una cita que saldrá perfecta, volveremos al dormitorio siendo ya la señora Potter y la señora Weasley.

Lanzó una risita, y Hermione la sujetó del brazo, clavándole las uñas, aterrada.

-¡No digas eso! -dijo, con pánico-. Es todo tan extraño. Y pasó tan rápido. No estoy preparada. No estoy lista para esto, para nada.

-¡Tranquila! -repitió ella, masajeándole un hombro, tratando de tranquilizarla-. Sólo déjame todo a mí, Hermione. Tú solo relájate, y disfruta. ¿De acuerdo?

Hermione asentía rápidamente, con el corazón latiéndole demasiado rápido para lo que debía ser normal en un ser humano.

-De acuerdo -dijo, abanicándose la cara mientras luchaba por respirar.

Harry, sentado en la cama, estaba mirando videos cómicos en internet. Se sentía bastante tranquilo, en especial en comparación con Ron. Mientras pasaba de una app a otra, aburrido, un mensaje le llegó por whatsapp. Un mensaje de…

Abrió los ojos de par en par.

Aquello no podía ser verdad. Tenía que estar soñando.

Cho Chang acababa de escribirle un mensaje, diciéndole que quería tener una cita con él, esa misma noche.

Con los ojos totalmente abiertos, Harry giró su cara hacia Ron. Su amigo miraba cosas en su teléfono también, notoriamente más nervioso que él hasta unos pocos segundos atrás.

¿Qué iba a hacer? Cho quería que fuera esa misma noche. Pero no podía fallarle a su amigo.

¿O sí podía?

No era justo. Toda la vida había soñado con una cita con Cho. Bueno, desde que la había visto unas semanas atrás por primera vez, al menos.

No podía desaprovechar esa oportunidad. Iba a decirle que sí. No sabía cómo, pero de alguna forma lo haría. Intentaría ir a ambas citas. De alguna forma.

Hasta ese momento, su cita de aquella noche no era nada extraño ni complicado, después de todo. Hasta ese momento, solo habían planeado una cita normal con dos chicas.

Ahora, sin embargo, tendría que ponerse a pensar en serio en un buen plan.

Tomó su teléfono y contestó a Cho:

"¡Claro, Cho! Me parece una idea fantástica. Esta noche, entonces. Es una cita".