Capítulo 9. Cita doble – Parte 2


Llegó la noche. Las estrellas centellaban sobre Hogwarts, en un ambiente cargado de magia. Desde afuera, podían verse luces brillando en la torre Gryffindor, contrastando contra gran parte del resto del castillo, que estaba oscura. Allí, un joven de trece años bajaba las escaleras hacia la Sala Común, sonriente y apuesto, sintiéndose todo un galán.

Era una noche perfecta, donde todo saldría perfecto.

Harry Potter estaba vestido con una túnica de gala, su cabello negro peinado hacia atrás con gel para el cabello, tan prolijo como era posible, ya que era un cabello muy difícil de dominar. Llevaba zapatos, que se notaban recién lustrados. Sonrió, exhibiendo unos dientes emblanquecidos mediante magia para la ocasión.

La Sala Común estaba adornada por suaves y tenues velas. Todo tenía un aspecto perfecto para una cita romántica.

Nada podía salir mal.

Harry alzó la mirada y vio bajar por las escaleras del lado opuesto de la sala a Cho Chang. Lucía simplemente hermosa, con su cabello recogido en un rodete, una túnica de gala plateada con brillos, mucho maquillaje y una sonrisa que le sentaba perfecta.

-Estás hermosa -dijo Harry, alzando una mano hacia ella y sonriéndole. Cho permitió que el muchacho le besara la mano, y entonces ambos empezaron a caminar hacia los sofás, tras los cuales crepitaba un pequeño fuego, a pesar de que estaban en primavera.

-Tú también, Harry -dijo Cho, devolviéndole el cumplido.

-Te traje esto -Harry sacó una caja de chocolates y se la dio.

-Oh, qué bello -dijo ella, tomándola. Vio que se trataba de una caja de ranas de chocolate edición especial, con ranas de chocolate con menta, frambuesa, avellanas y hasta con hidromiel-. Son mis favoritas. ¿Cómo lo supiste?

Harry sonrió de oreja a oreja y le guiñó un ojo.

-¿Vamos a sentarnos?

-Claro.

Pero, en ese momento, Ron Weasley bajó por las escaleras y apareció ante ellos. Tenía una túnica de gala también, color rojo oscuro, y su cabello pelirrojo brillaba peinado hacia atrás. Parecía que una vaca le había lamido la cabeza. Y venía con Fay Dunbar y Hermione Granger, que lucían súper producidas, con largas túnicas de gala azul y rosa, zapatos de taco alto y perfumes dulces.

-¿Harry? ¿Qué estás haciendo aquí, con…?

Hermione y Fay se miraron entre sí.

-¿Qué es todo esto?

-¿Qué hacen ustedes aquí?

-Venimos a la cita.

-¿Qué? ¿Cómo que a la cita? Ron, ellas no son nuestra cita.

-¡Ellas son nuestra cita!

-¡ANGELINA Y ALICIA SON NUESTRA CITA!

-¡¿QUIENES?!

-¡Hola, chicos! -dijeron dos voces nuevas. Por la escalera que conducía a los dormitorios de las chicas, bajaron, muy felices y alegres, Alicia Spinnet y Angelina Johnson. Ambas estaban radiantes, con túnicas de gala, peinados muy producidos que aparentaban haber llevado horas de elaboración, con brillos en sus cabellos, pestañas arqueadas, labios pintados, sus cuerpos de chicas mayores exuberantes bajo sus provocativas túnicas de encaje.

-Oh, Dios -dijo Hermione, que parecía a punto de desmayarse.

-¿Qué hacen ellas aquí? -preguntó Cho, furiosa, mirando a las otras chicas. Empezó a armarse todo un revuelo entre ellas.

-¡Esperen! -gritó Harry, agitando los brazos-. Sé que debe haber una muy, muy buena explicación…

-Son dos imbéciles -dijo Alicia, enfadada.

-¡Cho, tú eres mi cita! ¡En serio! Aunque también Alicia…

-No puedo escuchar esto -Cho se acercó a Harry y le dio una bofetada en la cara.

-¡Hermione y Fay eran nuestra cita, Harry!

-¡Claro que no, Ron! ¡¿De dónde sacaste eso?! ¡No me gustan Hermione y Fay! ¿Por qué planearía una cita con ellas?

Las aludidas se acercaron a los dos chicos y les dieron bofetadas en la cara también.

-¡NO PUEDO CREER QUE NOS HICIERAN ESTO! -chilló Hermione. Rompió en llantos y corrió de regreso escaleras arriba. Uno de sus zapatos de taco alto se le salió en la prisa y quedó tendido en el suelo.

-¡Hermione, espera! -Fay fue tras ella.

-¡SON DOS IDIOTAS! -gritó Angelina, hecha una furia-. ¡NO PUEDO CREER QUE ACCEDÍ A TENER UNA CITA CON USTEDES!

-Yo me largo de aquí -Cho se dio la vuelta y se marchó también, no sin antes lanzarle los chocolates a Harry por la cabeza. Las ranas saltaron fuera de su caja y empezaron a atacarlo, enfurecidas.

-¡Esto no va a quedar así! -gritaba Angelina-. ¡ME LAS VAN A PAGAR! ¡ME IRÉ DEL EQUIPO DE QUIDDITCH!

Ron se marchó de allí echando humos también. Al pasar junto al zapato de Hermione, lo juntó del suelo y se lo arrojó a Harry por la cabeza, que tuvo que saltar a un lado para esquivarlo, mientras las ranas de chocolate le mordían la cara.

-¡YA NO EXISTES PARA NOSOTRAS, POTTER! ¡DILE A OLIVER QUE RENUNCIAMOS AL EQUIPO, Y QUE NO JUGAREMOS LA FINAL CONTRA SLYTHERIN!

-¡NO! -gritó Harry-. ¡NO PUEDEN HACERNOS ESO! ¡LAS NECESITAMOS EN EL PARTIDO CONTRA SLYTHERIN! ¡LA GRAN FINAL! ¡LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE OLIVER DE GANAR UNA COPA CON GRYFFINDOR! ¡NO PUEDEN IRSE! ¡NO SABEN CUÁNTO LE COSTÓ REEMPLAZAR A FRED Y A GEORGE! ¡POR FAVOR, NO! ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

Harry, en el suelo, se puso de rodillas, extendió ambos brazos y gritó a todo pulmón mirando al techo.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! -con un grito interminable, Oliver Wood abrió los ojos y dio un salto en su cama.

Estaba sudando. Su corazón latía a toda velocidad.

Había sido una pesadilla. Todo eso. Solo una horrible, terrible pesadilla.

Miró alrededor. Estaba solo en su habitación. Percy no estaba allí.

¿Qué rayos había sido eso?

Se sentó en la cama y tomó su teléfono para ver la hora. Las cinco de la tarde.

Angustiado, se tapó la cara con ambas manos y salió de la cama. Caminó hasta la ventana y se quedó mirando hacia el exterior, hacia los terrenos del castillo donde el sol de la tarde empezaba a menguar. Claro que había sido una pesadilla. Con todo aquello de las ranas de chocolate atacando a Harry… Pero se había sentido tan real…

Desde allí podía verse el estadio de Quidditch, tan vacío y desierto como había estado esas últimas semanas. Proto iría a anochecer, y su pesadilla podría hacerse real.

Todo había empezado unas horas atrás, en la hora del almuerzo. Cuando Oliver salía de su habitación, repasando mentalmente unas tácticas evasivas que quería enseñarle a Harry, se cruzó con dos chicas que venían caminando por ese pasillo y a punto de ingresar a su dormitorio: Alicia Spinnet y Angelina Johnson. Él las saludó y pasó de largo, pero alcanzó a oír que hablaban sobre una cita que Harry había organizado, aparentemente, con ellas dos, y con Ron Weasley. Una cita doble.

No pudo evitar quedarse pensando en eso. Un cruce romántico entre tres de sus jugadores podía perjudicar la dinámica interna de juego.

Pero la cosa no había acabado allí. Luego, había bajado y se había sentado a almorzar. Y, mientras comía, oyó a Cho Chang decir que, esa noche, tendría una cita con Harry. Eso ya era extraño. ¿Dos citas? Pero lo peor fue cuando luego, mientras subía las escaleras, oyó a Hermione Granger y Fay Dunbar hablar de que ellas tenían una cita con Harry y Ron. También. Aparentemente, organizada con Ron. La misma noche. Esa noche.

Era cierto que Harry era atractivo, y bastante heroico, y se notaba que algún día haría cosas muy valientes, derrotando siempre magos oscuros y todo eso. Pero, ¿tres citas? ¿La misma noche? ¿Cómo había convencido a tres chicas distintas de eso?

Entonces, en su habitación, se había tirado a la cama a pensar al respecto. Se quedó dormido, y entonces tuvo esa pesadilla.

Ahora, al despertar, podía verlo con claridad: Aquello debía ser una gran confusión. Si Alicia y Angelina dijeron que habían hablado con Harry, y Hermione y Fay dijeron que con Ron; entonces, quizás había habido un gran, catastrófico malentendido entre todos ellos.

Un malentendido que lo afectaba a él, Oliver, y mucho. Porque si aquella noche ocurría un desastre entre Harry, Angelina y Alicia, el equipo estaría en crisis.

El sol aún estaba brillando en el cielo, y eso quería decir que tenía una oportunidad. Una chance. Tenía aun tiempo para hacer algo, y evitar el desastre.

-¡Esto es inaudito! -gritaba McGonagall, enardecida, dentro de su traje plástico de cuerpo completo-. ¡No tengo palabras para expresar lo furiosa que estoy con ustedes cuatro!

Susan, Ernie, Justin y Hannah estaban todos sentados juntos, hombro con hombro, en una cama de la habitación de Marietta. Todo el dormitorio estaba destrozado: las ventanas, las camas, las mesas de luz. Marietta estaba en otra cama, con algunos rasguños en la cara y el cabello revuelto.

-¡De verdad, me dejan sin palabras! Primero, violaron la cuarentena. Luego, ¡atacaron a una estudiante de forma premeditada, sin que ella les haya hecho absolutamente nada! ¡¿En qué se han convertido?! ¡¿En animales salvajes?!

Justin, entonces, se puso de pie y la enfrentó.

-¡No me arrepiento! -gritó-. ¡Lo haría de nuevo, y mil veces más! ¡Usted debería arrepentirse!

-¡¿Qué tonterías dice, señor Finch-Fletchley?!

-¡Sí! -dijo entonces Hannah, poniéndose de pie junto a su amigo y enfrentando a la subdirectora-. ¡Mejor expúlsenos de una vez! ¡Ya no queremos estudiar aquí! ¡No desde que sabemos que son unos discriminadores, que expulsan gente por su orientación sexual!

Susan se puso de pie también, y Ernie tras ella.

-¡Es cierto! -gritó Susan-. ¡HOMOFÓBICOS! ¡¿CÓMO SE ATREVEN?!

-¡USTED, PROFESORA! -gritó Ernie-. ¡¿CÓMO SE ATREVE A EXPULSAR DE LA ESCUELA A UNA ESTUDIANTE POR SU ORIENTACIÓN SEXUAL?! ¡TODA LA POLÍTICA HOMOFÓBICA DE ESTA ESCUELA ES… ES MALVADA!

McGonagall tenía los ojos tan abiertos que parecía que iban a salírsele en cualquier momento.

-¡¿Pero de qué están hablando?! Nadie aquí ha…

-¡Usted expulsó a Ginny Weasley de la escuela porque era gay! -gritó Hannah, apuntando a la profesora con un dedo acusador.

McGonagall se quedó de piedra.

-Ginny Weasley no fue expulsada por su orientación sexual, eso es una locura.

-¡Luna nos lo dijo! -dijo Susan.

Luna, que estaba allí sentada, saludó a la profesora con una sonrisa.

-¡Holis! -dijo, muy alegre.

-Profesora, yo… Ellos tienen razón -dijo Marietta entonces, con expresión de tristeza-. Yo ocasioné su despido porque no me agradaba la gente gay…

-¡Porque ODIAS a la gente gay! -corrigió Ernie.

-Pero, ¿Ginny violó la cuarentena, como se nos había informado? -preguntó McGonagall, mirando a Marietta.

-Sí, sí lo hizo. Para venir aquí con su novia, con ella -señaló a Luna-. Pero no fue por eso que yo la acusé. Fue… Fue por lo otro. Lo siento, profesora. Quise hablarlo con usted. Iba a esperar a que todo esto termine. Quería confesarle que todo fue mi culpa, que solo la acusé porque tenía algo en contra de la gente gay. Pero ya no pienso así. Ahora pude ver que estaba equivocada. Por favor, permita que Ginny regrese a la escuela. Esto fue mi culpa. Soy yo quien debe ser expulsada.

-Luna, ¿tenías una relación con Ginny Weasley? -preguntó McGonagall, curiosa.

-Bueno, sí -dijo ella-. Pero, estoy tan confundida, profesora. A veces no sé qué voy a hacer conmigo misma, ¿sabe? A veces pienso que soy heterosexual, pero entonces creo que no lo soy. ¿Qué puedo hacer?

McGonagall se la quedó mirando con total seriedad y en silencio, y de pronto decidió ignorarla y volver a hablar con los demás.

-Bien, ahora esto tiene otro color -dijo, pensativa-. Claro que estuvo mal, de todas formas, que Ginny violara la cuarentena. Pero, contrario a lo que ustedes piensan, niños, yo estoy muy a favor de la libertad sexual de mis estudiantes.

Los chicos aflojaron sus expresiones, ante aquellas palabras.

-Yo no expulsé a Ginny por eso -continuó McGonagall-. No sabía nada al respecto, hasta ahora. La expulsé por violar la cuarentena.

-Oh -Susan quedó boquiabierta-. Y nosotros no sabíamos eso.

Miró a sus amigos, que negaron con la cabeza.

-Quizás debí aclarar ese detalle -dijo Luna, sonrojada y con una sonrisita.

-Pensamos que la habían echado por ser gay -dijo Hannah, mirando a Luna.

-Bueno, creo que todo fue un gran malentendido -dijo la profesora-. Voy a hacer esto: En cuanto a usted, señorita Edgecombe, me parece que estuvo muy mal de su parte manipular los hechos para ocasionar la expulsión de una alumna por su sexualidad.

-Lo siento -dijo ella, apenada-. Por favor, déjela regresar y expúlseme a mí. Yo merezco ser expulsada, profesora.

-De hecho, sí -dijo ella, y Marietta abrió grandes los ojos-. Creo que usted es la que peor se comportó de todos. Las actitudes discriminatorias y de odio están complemente repudiadas por esta escuela. Su comportamiento, señorita Edgecombe, fue el peor. Y, por eso, no voy a expulsarla, pero la haré cumplir un gran, enorme castigo:

"A partir de hoy, tendrá que ponerse un traje plástico una vez al día, todos los días, y bajar con el profesor Flitwick a ayudar abajo, a la enfermería. Estoy hablando de ver compañeros suyos enfermos. Algunos incluso muertos. Y ayudar con todo lo que está pasando allí abajo. Así, podrá ver en persona los horrores que ocasiona una enfermedad, que no distingue por orientación sexual ni por nada a quienes ataca.

Marietta quedó pasmada. No se esperaba aquello.

-Y ustedes también irán -dijo McGonagall, apuntando al grupo de amigos de Hufflepuff-. Si bien sus intenciones fueron buenas, su comportamiento fue pésimo. Si querían denunciar a la señorita Edgecombe por su actitud, había otros modos. No tenían que venir a su dormitorio a destruirlo todo y atacarla. Miren qué fea quedó, toda rasguñada, pobrecita.

-Creo que ya era así -le susurró Ernie a Justin, al oído.

-Tendrán que cumplir el mismo castigo, junto a ella. Y en cuanto a usted, señorita Lovegood…

McGonagall se volvió hacia Luna, que tarareaba una canción en silencio.

-Bueno, supongo que debes estar pasando un muy mal momento, Luna. Desde luego, voy a escribir al señor y la señora Weasley para decirles que su hija es bienvenida a regresar a nuestra escuela, en cuanto todo esto termine. No sus hermanos, porque ellos sí merecían ser expulsados. Pero, lamentablemente, Ginny no podrá regresar ahora. Ya que está en casa, con su familia, allí debería quedarse, con todo lo que está pasando. Pero, quizás… Si bien el Ministerio recomienda que los alumnos no regresen a sus casas, quizás, Luna, podríamos hacer una excepción contigo, y permitirte dejar la escuela para volver con tu padre, más cerca de los Weasley. Tengo entendido que viven cerca, ¿verdad? O directamente puedes ir a la casa de ellos, si sus padres lo aprueban, a seguir tu cuarentena. De esa forma, estarán juntas de nuevo.

-¿Ir con Ginny? -Luna se quedó congelada.

-Podríamos hacerlo -sugirió McGonagall-. Claro que tú portas el virus, así que habría que esperar a que tu test de negativo. Quizás no tarde mucho. Pero creo que debemos enmendar de alguna forma el daño que recibieron, ustedes dos. Esta escuela es muy progresista, Luna. Queremos que estén felices, con su sexualidad, y juntas. ¿Qué dices?

-¿Puedo pensarlo, profesora?

-Claro que sí. No hay ningún problema. Solo avísanos cuando hayas tomado una decisión. Bien, niños, creo que todo ha quedado ya aclarado.

Todos asintieron.

-Gracias por no echarnos, profesora -dijo Ernie-. Lamento haberla acusado de discriminadora. Después de todo, ahora que lo pienso, usted es soltera, ¿verdad? Jamás he oído que tuviera marido. Me pregunto si quizás, de hecho, usted también es…

Hannah se tapó la cara con ambas manos, mientras reía.

-Póngase a limpiar, señor Macmillan -dijo ella, muy seria.

Una música de rock sonaba en la Sala Común. Los alumnos, aburridos de la cuarentena, trataban de adornar la sala con todos los elementos posibles para sentirse más alegres, las cuatro veces por día que tenían permitido bajar. Harry entró allí con Ron para la cena, en ese preciso momento, y buscaron los asientos más alejados.

Ambos estaban más tranquilos ahora, luego de varias horas en su cama distrayéndose del tema de las citas, hablando de otras cosas. Finalmente, Harry le había confesado a Ron que tendría una cita con Cho también, pero le aseguró que todo estaría bien, que sería en otro horario, o en otro lugar, y que no tenía de qué preocuparse. Sin embargo, lo cierto es que aún no lo tenía totalmente resuelto.

Se sentaron uno junto al otro, y Harry le sonrió a su amigo mientras se servía comida.

-Se viene una gran noche, amigo mío -le dijo.

-¿Ya has decidido cómo harás con Cho?

-¡Claro! Te dije que no te preocupes por eso.

-¿Y cuál es tu plan?

-Usaré poción multijugos -dijo él, sencillamente, mientras tragaba un buen bocado de patatas, como si estuviera explicando la cosa más sencilla del mundo. Ron arqueó las cejas.

-¿Cómo se supone que eso funcionará? ¿De dónde sacarás la poción?

-Tranquilo, Ron. No pasa nada. Sé que Hermione tiene un caldero lleno. ¿Has visto que no deja de elaborar pociones en calderos que tiene bajo su cama? Estoy seguro de que alguna de esas es la poción multijugos. La debe estar haciendo de nuevo. Tomaré un poco, Neville se hará pasar por mí, y entonces…

-Harry, es la idea más estúpida que hayas tenido en tu vida -dijo Ron-. Hermione no tiene poción multijugos bajo su cama. Eso debe ser otra cosa. Además, no tiene sentido. Si ambas citas son en el mismo lugar, y a la misma hora, habría dos Harry, uno junto al otro, uno con cada chica. Ellas verían dos Harry allí y, no sé, empezarían a gritar y huirían corriendo.

-Eso sería divertido -Harry vio la cara de Ron y se puso serio-. ¡Solo bromeo! Estás muy tenso, Ron, tienes que calmarte. Te dije que tengo bajo control lo de Cho. No interferirá con nuestra otra cita.

-No lo parece, Harry. Mira, solo no quiero que esto se arruine, ¿sabes? -Ron se empezó a servir un trozo de carne, mientras suspiraba-. Es que he esperado tanto tiempo por una cita con ella.

-Lo sé, Ron -dijo Harry, sonriéndole de forma tranquilizadora-. Sé cuánto te gusta esta chica.

-Estoy loco por ella.

-Vaya, no sabía que era para tanto.

-Claro que sí, Harry. Desde que la conocí en primer año, en el Expreso de Hogwarts…

Harry se quedó pensativo, masticando sus patatas.

-Vaya, Ron. ¿La conociste en el Expreso de Hogwarts? No recuerdo haberla visto yo. Pero bueno, había tanta gente…

-¡Claro, Harry! ¿No lo recuerdas? Nosotros dos estábamos en un compartimiento, y entonces ella entró. Siempre recordaré ese día… -Ron hablaba de forma soñadora, con una sonrisita estúpida, como recordando algo muy antiguo y bello.

-La verdad es que no lo recordaba -dijo Harry, encogiéndose de hombros-. Supongo que yo estaría mirando por la ventana, o algo.

-¡Harry! ¿Cómo no vas a recordarlo? Si hasta hablamos con ella. Ella entró a nuestro compartimiento, preguntando por el sapo perdido de Neville. Vio que yo tenía mi varita en la mano, y me preguntó si estaba haciendo un hechizo. Jamás lo olvidaré.

Harry estaba muy confundido. ¿En qué momento Angelina había hecho eso? No podía recordarlo.

-Quizás yo estaba… drogado, o algo -dijo Harry, pensativo.

-¡Harry! ¡No puedo creer que no lo recuerdes! ¿Me hablas en serio? Pero si ella entró, y ahí la conocimos. Y me ha gustado desde entonces. Ella entró, y empezó a hablar a toda velocidad, como hace siempre, de un millón de cosas. No se iba más del maldito compartimiento.

Harry se quedó mirando un punto distante de la Sala Común, masticando sus patatas muy lentamente, mientras un escalofrío recorría todo su cuerpo.

-Y entonces -siguió diciendo Ron, que hablaba muy rápido-, ella dijo que sabía quién eras tú, Harry, porque lo había leído en un libro. Sabes que ella siempre lee todo y sabe todo lo que sea que esté en libros. Y dijo que había conseguido unos libros extra para prepararse más…

Harry ahora había dejado de masticar, y se había quedado totalmente inmóvil.

-Y, entonces -continuó Ron, que sonreía mientras relataba aquello, muy alegre-, dijo que lo mejor sería que nos cambiemos, que ya teníamos que estar por llegar a Hogwarts, y que se iría a seguir buscando el sapo de Neville. Y se fue.

-Claro, sí -Harry se puso de pie de un salto, con tanta efusión que se golpeó con la mesa y sus cubiertos cayeron al suelo. No se molestó en juntarlos, tomó a Ron del brazo y lo obligó a ponerse de pie.

-¿Qué haces? -dijo él, confundido.

-Ven -dijo Harry, limpiándose la boca con una servilleta apresuradamente y tirando del brazo del chico, llevándoselo hacia los sillones, al mismo lugar apartado donde habían hablado en privado esa mañana.

-¿Qué te pasa, Harry? Aún no me termino mi carne…

-La terminas luego. Ven conmigo.

Confundido, Ron fue tras él. Ambos se alejaron hasta llegar a los sillones. Una vez allí, Harry se sentó y le indicó a su amigo que hiciera lo mismo, frente a él. Luego lo miró a los ojos, con una sonrisa muy extraña. Parecía al mismo tiempo forzada y muy ancha, como anormal.

-¿Qué ocurre? -preguntó Ron, evaluando esa extraña sonrisa, curioso.

-Ron -dijo Harry, cruzándose de brazos-. La chica que te gusta… Es Hermione, ¿verdad?

-Sí, claro -dijo este, como marcando algo obvio.

Harry, entonces, rompió en carcajadas.

Ron se quedó estupefacto y confundido.

-¿De qué te ríes?

Harry le hizo un gesto con la mano, mientras las lágrimas empezaban a caerle por la cara. Siguió riendo, más y más, sin poder controlarse.

-¿Por qué te ríes? -repitió Ron, ahora asustado.

-Lo… Lo siento… Yo… No puedo hablar.

Harry estaba tentado. Era como si las carcajadas quisieran salir de su cuerpo todas a la vez, y al intentarlo colapsaran entre sí y le impidieran moverse. No dejaba de reír y llorar.

-Lo… Lo siento, Ron…

-No sé qué es lo gracioso.

-Es que… Es que… Ron, no vas a creerlo -dijo Harry, sin poder dejar de reír-. Es decir, sé que vas a matarme, pero…

-¿Pero qué? -dijo este, sus ojos abiertos de par en par.

-Ay, Ron. Yo… Ay, lo siento tanto. Es que… Es que… ¡Es tan gracioso!

-¿Qué cosa es gracioso? ¡Hoy a la mañana no te pareció gracioso! ¿Por qué te causa gracia que me guste Hermione? Pensé que habías dicho que lo sabías desde hace tiempo, Harry, que siempre lo habías sospechado.

Esas palabras hicieron que Harry lanzara una carcajada tan fuerte que se oyó en absolutamente toda la Sala Común. Ahora, los niños que comían miraban a Harry a lo lejos, intrigados, mientras este lloraba más y más de la risa, totalmente rojo, sin poder respirar.

-¡Harry! -Ron se inclinó hacia adelante y le dio una bofetada en la cara. Harry quedó inmóvil, ya sin reír. -Lo siento, amigo, no me dejaste opción.

-Está bien -dijo Harry. Tomó una gran bocanada de aire, y finalmente consiguió hablar, pero aun sonreía. -Lo siento, amigo. No me causa gracia que te guste Hermione. No es eso.

-¿Y entonces qué es?

-Es que… Tenemos muchos problemas, amigo -dijo Harry, y, por algún motivo, eso lo hizo reír otra vez. Era como si los nervios de la situación tan terrible que acababa de revelarse ante él, como una neblina disipándose y mostrándole algo horroroso, hubieran tenido un extraño efecto de risa en él, obligándolo a reír sin parar.

-¿Ya? -preguntó Ron-. ¿Ya te dejarás de reír?

-Sí, sí. Lo siento mucho. Yo…

-¿Puedes dejar de decir que lo sientes, y decirme qué pasa?

-Ay, Ron, es que… Es que… ¿Hermione? ¿En serio?

-¡Sí! ¡Hermione! ¡¿Por qué ahora te sorprende tanto?! ¡No lo entiendo! ¡Me estás asustando…!

-Es que… Solo para estar seguro… Hermione Hermione, ¿verdad?

-¡Sí, Harry! ¡Hermione Hermione!

-¿Nuestra Hermione?

-¡La única Hermione!

-¿Hermione Granger?

-¡Es la única Hermione en toda la maldita escuela!

-¡Jamás lo hubiera sospechado en toda mi vida! -reveló Harry, luchando por recuperar el aire, tentado otra vez, sin saber qué hacer, si seguir riendo o seguir llorando-. ¡Nunca! Esto es… Estamos en graves problemas, Ron.

-Harry -ahora, Ron tenía una mirada peligrosa-. ¿A quién invitaste a la cita de hoy?

Sus pecas empezaron a brillar, en su rostro blanco como el papel. Su mirada daba miedo. Mucho miedo.

-¿Angelina Johnson? -dijo Harry, con una sonrisita tímida y ambas manos en alto-. ¿Ups?

-¿Ups? -Ron se puso de pie y empezó a caminar hacia él, demente. Harry retrocedió contra el respaldo del sofá, aterrado. -¡¿UPS?!

-Ron, quiero que sepas que lo siento mucho -dijo Harry, pero Ron ahora se había tapado la cara con ambas manos y se quedó así un largo, largo rato. -¿Ron? ¿Ron, estás…?

-Sí, estoy bien -dijo él, sacando del interior de sus manos una expresión más seria y al parecer renovada, abandonando la demencia y al parecer entrando en terrenos más razonables, dejando que su cerebro tomara el control de la situación-. Entonces, según entiendo -dijo, más reflexivo-, jamás invitaste a Hermione a una cita doble esta noche. ¿Y cómo se te pudo ocurrir que… yo…? ¡¿Angelina Johnson?! Pero, ¿en qué momento…?

-En nuestro antiguo dormitorio, hace unos días -explicó Harry, muy nervioso-. ¿Recuerdas? ¿Cuándo estábamos con la app de "Amor Sí"? Yo te pregunté a quién habías puesto allí, quién te gustaba, y tú dijiste…

-Que una chica de sexto año -dijo Ron, recordándolo-. Oh, rayos.

-De quinto -lo corrigió Harry.

-De sexto -remarcó él, enfadado, con los ojos entrecerrados, mientras miraba a Harry cruzado de brazos-. Y creo haber dicho que no la conocían.

-El punto es que tú dijiste que era una chica de quinto, o de sexto, da igual, con un "cuerpazo". Y yo pensé, bueno, pues, debe ser Angelina Johnson. Así que organicé una cita con ella y Alicia Spinnet.

Ron se quedó en silencio. Harry pensó que le gritaría, que discutiría, que se quejaría. Pero no hizo nada. Curiosamente, se quedó allí en silencio, y de pronto se le formó una sonrisa en el rostro.

Harry se quedó de piedra. No sabía si esa sonrisa significaba que aquello le causaba gracia, o que estaba a punto de sacar un cuchillo para apuñalarlo. Supuso que ambas cosas eran igual de probables.

-Estamos en problemas -dijo Ron-. Porque, aunque tú digas que no invitaste a Hermione a una cita conmigo, a mí Fay me dijo otra cosa.

Ahora Harry estaba confundido.

-¿Qué te dijo?

-Vino a nuestra habitación -dijo Ron, recordando-. Golpeó la puerta, y… Dijo que tenía algo que preguntarme.

Harry lo miró con el ceño fruncido.

-¿Es decir que… que Hermione…?

-Creo que Hermione le dijo a Fay que me invite a una cita, exactamente el mismo día que tú invitaste a una cita a Angelina -dijo Ron, pensativo-. Fay, claramente, estaba yendo allí a proponérmelo. En el momento yo pensé otra cosa, pero ahora, sabiendo esto y recordando su actitud, y todo…

Harry miraba a Ron con una nueva expresión, afligido.

-¿Hermione, entonces, sí te invitó a una cita con ella, después de todo? Es decir, ¿de verdad tendrás una cita con ella hoy, entonces?

-Y tú también, Harry, con Fay. Una cita doble. Todo el tiempo, pensé que tú la habías organizado.

-No…

-Ella envió a Fay a invitarme -dijo Ron-. Yo pensé que me hablaba de la misma cita que tú ya habías organizado. Pero no…

-Bueno, está claro lo que debemos hacer -dijo Harry, respirando hondo-. A ti te gusta Hermione. Así que solo debemos cancelar la cita con Angelina y Alicia, y entonces…

-No tan rápido -dijo una fría voz, entonces, saliendo de la nada misma.

Harry y Ron pegaron un salto, y Ron terminó en el suelo, con un almohadón encima.

Oliver Wood acababa de aparecer de la nada misma, por detrás de un sofá en el que evidentemente había estado sentado, de espaldas a ellos, oculto.

-¿Oliver? -dijo Harry, asustado-. ¿Qué hacías allí?

-¿Estabas espiándonos? -preguntó Ron.

-Sí, niños -dijo él, serio-. Lo siento, pero no lo harán. No cancelarán a Angelina y Alicia.

-¿Por qué no?

-¡Porque eso arruinará mi equipo!

-¿Cuál equipo?

-¡El de Quidditch!

Harry revoleó los ojos.

-Vamos, Oliver. Sabes que la final no se jugará. Estamos en cuarentena. Se ha suspendido todo. Suspendieron las clases, y los exámenes. No nos dejarán jugar un partido de Quidditch.

-No es "un partido de Quidditch", Harry. Es la final contra Slytherin, mi último partido como capitán. Mi última oportunidad de llevarme esa copa. Y tú, Harry, irás a esa cita con Angelina y Alicia, y las harás pasar un momento lindo y agradable. Luego del partido, pueden hacer lo que quieran con las mujeres que los rodean.

-Pero, Oliver…

-Harry, si les cancelas, ellas se enfadarán. Y sabes que los problemas entre jugadores siempre aparecen luego en el campo de juego.

-¿Y si inventamos una muy buena excusa? -sugirió Ron.

-Ron, son mujeres -dijo Oliver-. ¿Has visto la hora? Son las siete de la tarde. En este momento, ya deben haber empezado a arreglarse para la cita. No hay forma de que no se enfaden si les cancelas ahora. Pero, por suerte para ustedes, yo ya me hice cargo de todo.

-¿De verdad?

-¿Qué… qué hiciste? -preguntó Harry, temeroso.

-¡Organicé otra cita! -dijo él, sonriendo de par en par-. ¿No es genial? Una nueva cita doble. Con otras chicas. ¡Esta noche!

Harry y Ron lo miraron con las bocas abiertas, horrorizados.

-¿Otra cita?

-¿Otra más?

-¡Sí! Otra más. No hay tres sin cuatro, muchachos.

-¿Y cómo es que eso va a ayudarnos? -dijo Harry, deseando que algo se estrellara en ese momento contra la torre Gryffindor y pudiera olvidarse de todo aquello, y despertar días después en un hospital, a salvo.

-Tranquilos, chicos, todo saldrá perfecto.

-No veo cómo otra cita, además de las tres que ya tenemos, va a ayudarnos -dijo Ron.

-Bien, les explicaré. Como sabrán, comparto dormitorio con Percy. Estamos solos, ambos, ahora que nos cambiaron a la parte de los dormitorios de las chicas y los demás de séptimo enfermaron. Y da la casualidad de que yo sabía, cien por ciento seguro, que esta noche Percy iba a ser el prefecto encargado de vigilar los turnos para bajar a pasar el rato antes de dormir. Ya saben, los turnos duran unos cuarenta minutos cada uno, y los prefectos controlan que los alumnos bajen solo una vez a ellos. El primer turno nocturno empieza a las nueve, y el último termina cerca de la una de la mañana.

Harry asintió, preocupado.

-Bien -siguió él-. Da la casualidad de que yo sabía, cien por ciento seguro, que Katie Bell estaba loca por mí. Jamás quise darle esperanzas, porque es miembro de mi equipo y no sería bueno involucrarnos románticamente. El romance en un equipo tampoco es bueno.

-Pero Katie Bell es muy linda.

-Ron, creo que lo mejor será dejarlo continuar.

-Programé una cita con Katie y conmigo, en mi habitación, y le dije que llevara a una amiga. Que sería una cita doble. Con Percy.

-¡¿Con Percy?! -dijo Ron, atónito-. ¿Y él aceptó? ¿Desde cuándo Percy…?

-Percy tiene una gran debilidad, Ron -dijo Oliver-: Las mujeres. Cuando está con una, se olvida enseguida de las normas, de las reglas, de ser el mejor en todo…

-Es cierto -reflexionó Ron-. El verano pasado se la pasaba escribiéndole a su antigua novia, Penélope Clearwater, y odiaba que lo interrumpieran. Y se volvió loco por ella. Muy loco. Hubiera hecho cualquier cosa… Estaba obsesionado.

-Exacto.

-Pero, ¿cómo eso va a ayudarnos…?

-¿No lo ven? Ya le dije a Percy que no se preocupe por vigilar la Sala Común, que se preocupe por la cita. Está tan nervioso, que me dijo que sí de inmediato. Se los dije, es su debilidad. Así que hemos acordado que yo vigilaré aquí, y controlaré que los turnos de la noche estén bajo control en la Sala Común. Le dije que lo haría yendo y viniendo, en medio de la cita, que no se preocupe. No solo podrán estar en varios turnos, ustedes dos, sin que ningún prefecto los mande de regreso a su dormitorio, sino que no permitiré que "ciertos alumnos" bajen durante sus citas.

-"¿Ciertos alumnos?" ¿De qué hablas, Oliver?

-Niños, son muy inocentes -dijo él, con paciencia-. Lo entiendo. Solo tienen trece años. Quizás estas sean sus primeras citas, ¿verdad?

Ellos asintieron.

-Bien, no hay problema. Para eso estoy yo. Déjenme explicarles: Si los demás que estarán aquí abajo los ven teniendo una cita con quien sea, y son amigos de alguna de las chicas en cuestión, ellas se enterarán de lo que han hecho, en solo minutos. Sabrán que tuvieron varias citas la misma noche. Por eso yo controlaré quiénes son los alumnos que bajen, de forma perfecta, para que nada raro pase. Hay "ciertos alumnos" que aman los chismes, en especial románticos. Me encargaré de que ellos bajen aquí a pasar su rato de antes de dormir en los turnos en los que no estén ustedes, para que no vean nada.

"Y, en cambio, en los turnos en que ustedes estén en una de sus citas, pondré aquí todos niños de Ravenclaw, gente callada, desinteresada, que apenas sepan quién eres tú Harry, y solo porque eres famoso, pero no tengan idea de quién es Ron o Angelina. Así no tendrán problemas. Ahora bien, ¿ya han pensado en cómo les explicarán a Hermione y Fay su ausencia durante las otras citas?

Harry y Ron se miraron entre sí, luego miraron a Oliver y negaron con la cabeza.

-Claro, me lo imaginaba. Bien, les dirán que, para darles privacidad y que ellas puedan cambiarse y prepararse tranquilas, vendrán a mi habitación a prepararse allí ustedes. Ellas estarán contentas de que ustedes se hayan preocupado por ese detalle, y les sumará puntos en la cita con ellas. Ya está todo hablado con Percy, él no sospechará nada. Solo vengan, y báñense y todo en mi cuarto. Ahora bien, ya son las siete. Tenemos que apurarnos. Harry, mándale un mensaje a Cho y dile que la verás aquí abajo a las nueve en punto.

-Sí -dijo Harry, nervioso, escribiendo a Cho a toda velocidad.

-Tú, Ron, sube a buscar las cosas de ambos a tu cuarto: ropa, todo, todo lo que necesiten -dijo Oliver-. No olvides un desodorante, deben aguantar tres citas. Diles a las chicas que ya te vas, que las dejarás prepararse tranquilas, que tú y Harry estarán en mi cuarto y que luego bajarán aquí cuando sea la hora de la cita con ellas. La cita con ellas es a las once y cuarenta, ¿entendido?

-Sí -dijo Ron, totalmente nervioso, incorporándose-. Once y cuarenta. Entendido.

-Ve. Rápido. Ellas ya deben estar queriendo prepararse.

-¡Pero faltan horas!

-Pero ellas aún no lo saben, genio, porque no les has dicho la hora de la cita. ¡Ahora ve, rápido!

Ron salió disparando hacia las escaleras.

Oliver resopló, como si estuviera explicándole a niños de primer año cómo apuntar con una varita.

-Bien, Harry, ¿ya le escribiste a Cho?

-Sí -dijo él, que acababa de mandarle el mensaje a toda velocidad.

-Bien, vamos con la cita que más me importa a mí -dijo Oliver-. Angelina y Alicia. Mándales un mensaje a ellas también. Diles que Ron y tú las esperarán aquí abajo a las diez y veinte de la noche.

-Diez y veinte -repitió Harry, moviendo sus dedos sobre la pantalla de su teléfono, con miedo. Se sentía intimidado por Oliver.

-Perfecto -Oliver asintió, con satisfacción-. Yo controlaré personalmente los turnos, mientras Percy se vuelve loco pensando en qué comentario hacerle a la amiga de Katie Bell. Conociéndolo, olvidará por completo sus obligaciones. Y, entonces, me ausentaré de mi cita con Katie tanto como sea posible, controlando aquí abajo que nadie ponga un pie en la Sala Común sin pasar primero por mí. Nadie indebido verá lo que no debe ver. Ustedes tendrán sus tres citas, de a una por vez, una tras otra, aquí en los sillones. Y nadie tiene por qué enterarse, nunca, de lo que han hecho.

-Oliver, muchas gracias -dijo Harry.

-No, Harry, no lo hago por ti -dijo él, muy serio-. Lo hago por el equipo. Somos un equipo, ¿comprendes? Y un capitán debe actuar para su equipo, con lo que sea necesario. Ahora escucha: en la cita con Angelina y Alicia, no deben ser románticos.

-¿Ah no?

-¡No! Nada de comentarios de que están lindas, ni nada.

-Pero, ¿no es una cita?

-¡No! -dijo él, exasperado-. Es importante, Harry. Sean amables. Amigables. Queden bien con ellas, lo suficiente para que no se enfaden. Pero tampoco permitan que se enamoren de ustedes. El mejor equipo es en el que los jugadores no están involucrados románticamente, pero tampoco se llevan mal. Simplemente… Se caen bien, y nada más. ¿De acuerdo? Haz que sea una cita aburrida, de ser necesario. Prométemelo, Harry.

-Lo prometo -dijo él-. Nada de romance con ellas. Ni que se enojen. Entendido. ¿Y qué harás tú con Katie?

-Sé como manejar a Katie, no te preocupes por eso -dijo él-. Ahora, ve arriba.

-Sí, sí, voy a mi dormitorio, y…

-No, Harry -dijo él, deteniéndolo con una mano-. A mí dormitorio, no al tuyo. Ron ya sacó tus cosas de allí. ¿Recuerdas?

-Sí, claro -Harry estaba tan nervioso que no podía pensar-. Al tuyo, entonces.

Oliver asintió, y volvió a detenerlo, sujetándolo del hombro.

-¿Has pensado en qué ponerte?

Harry negó con la cabeza, asustado.

-Bien, yo te ayudaré con eso. Nos vemos arriba en un rato. Anda bañándote, mientras. Sé que tardas mil años.

Harry se marchó de allí, a los tropiezos.

-Niños… -comentó Oliver, para sí mismo, mientras aflojaba el temple y se daba la vuelta, de regreso a la mesa, para terminar de cenar-. Son tan pequeños…

Regresó a la mesa y se sirvió un trozo de carne asada, mientras entablaba conversación con un amigo suyo de Ravenclaw.

Mientras tanto, Ron salía del dormitorio que compartían con Hermione y Fay, y corría por los pasillos, tratando de pensar dónde era el nuevo cuarto de Oliver. Creía que estaba en un pasillo más arriba…

Empezó a subir las escaleras, muy nervioso. Aunque también feliz. A pesar de todo, de todas las confusiones y todo, aún podría tener su cita con Hermione.

Finalmente, luego de tanto tiempo. Y Hermione la había organizado, eso era lo mejor. Ella misma. Ella había hecho que Fay fuera allí, y…

Ron empezó a caminar más y más lento. De pronto, una idea empezó a dar vueltas por su cabeza:

¿En qué momento Fay había especificado quién sería la cita de quién?

Se dio cuenta de que no lo había hecho. Fay jamás había dicho que él iría con Hermione. Había dicho que sería una cita doble, ellos cuatro, pero no dijo quién iría con quién. Así como había pasado con la cita en sí, era como si Fay hubiera dado por hecho que Ron sabía la respuesta a eso de antemano. Aquello no dejaba de empeorar, a cada momento. ¿Existía la posibilidad de que, en verdad, Hermione no hubiera querido invitarlo a él? ¿Existía la posibilidad de que… hubiera sido distinto?

La duda lo dejó allí, de pie, en medio del tramo de escaleras. Estaba solo. Solo se oía el murmullo de la gente en sus habitaciones, lejos, tras las gruesas paredes de roca.

Ron se sentó en un escalón. De pronto, una enorme tristeza lo inundó por dentro.

Sacó su teléfono y abrió la app de "¿Amor Sí?". Una vez allí, abrió los mensajes que él mismo le había enviado a Hermione días atrás. Se puso a leer la conversación. Había sido una corta, aburrida conversación. Realmente, Hermione no le había puesto nada de esfuerzo. Parecía que la chica, simplemente, había querido llegar a las diez líneas de una vez. Luego de eso, había aparecido el enorme "AMOR NO" arriba, y ella no había contestado más.

Una lágrima se deslizó por la mejilla de Ron, que estaba allí sentado en las escaleras de caracol, solo, con la mirada gacha. Su visión se nubló. La lágrima cayó a la dura roca del suelo. Dura como la realidad que lo envolvía.

Se dio cuenta de que, durante todo ese día, se había estado engañando a sí mismo. Inclusive en la mañana, cuando le pidió a Harry que le organizara una cita. Había sido todo un engaño, de él hacia sí mismo. No había sido capaz de aceptar que Hermione no gustaba de él, a pesar de que eso había quedado totalmente expuesto y evidente, con esa app.

¿Qué estaba haciendo? Estaba a punto de pasar la vergüenza de su vida. Era obvio que, cuando llegaran las once y cuarenta, Fay sería la que lo miraría a él, para ir juntos, de la mano, a sentarse en los sofás. Tal como lo había mirado fuera de la habitación cuando hablaron de la cita, con esa mirada extraña, acomodándose el cabello, sonriéndole… Porque Fay era la que gustaba de él realmente, no Hermione.

"Tú, yo, Harry y Hermione, en una cita doble. Esta noche". Esas habían sido sus palabras.

Ahora podía verlo. ¿Cómo no lo había visto antes? Fay gustaba de él, y Hermione había accedido a ir con Harry solo para acompañarla a ella.

Era un estúpido. Todo ese tiempo, había estado equivocado. Se quedó mirando la pared, y dejó los minutos pasar.

Pasar y pasar…

No sabía qué hacer. Tomó su celular y abrió la otra conversación, la que había tenido con su enamorada, con la chica que había dicho que lo conocía por medio de Ginny. ¿Quién sería? Y, sin saber por qué, decidió mandarle un mensaje.

-Vaya, alguien me ha escrito por esa app -dijo Luna, muy emocionada, en su habitación, hablando sola. Los demás no estaban allí, ya que los habían enviado abajo a ayudar en la enfermería.

Entonces, vio quién era.

-No puedo creerlo -dijo en voz alta, asombrada-. ¡Es Ron! Me pregunto si McGonagall lo obligó a que me escriba, para que me sienta mejor.

Leyó el mensaje:

"Hola, lamento no haberte respondido antes. Supongo que no sé quién eres, y por eso salió eso de 'Amor No'. Pero, ¿sabes? Me acabo de dar cuenta de que sí quiero conocerte. Tú estás interesada en mí, y ahora me doy cuenta de que eso es algo muy valioso. No pude verlo antes. Pero ahora lo sé. Todo este tiempo, pensé en esta app como algo divertido, emocionante. Ahora me doy cuenta de que no lo es. Es estúpido. Es estúpido escribir en un lugar el nombre de una persona, que supuestamente te gusta, y esperar que esa persona ponga el tuyo. El amor no funciona así. El amor no se basa en elegir a alguien, porque sea lindo, por su físico, por su apariencia, y luego querer que esa persona te elija a ti también, y que recién entonces pase algo. Ahora veo que el amor es más que eso. Es poder mirar hacia atrás. Ver hacia quien sí te eligió a ti. A quien sí te valora a ti, no a quien está pensando en otro. ¿Qué dices? ¿Te gustaría conocernos? Te propongo que tengamos una cita, cuando tú quieras. Solos, tú y yo. Aunque no sepa quién eres. Aunque no sepa si eres linda, o qué. Aunque no sepa como luces. No me importa eso. Valoraré que tú, sea quien seas, me elegiste a mí. Espero tu respuesta, Ron".

Luna se quedó de piedra.

-Vaya -dijo en voz alta-. Se volvió loco. No entendí nada de lo que dijo. Pero, aun así, es Ron. Es el chico que me gusta… ¿O que me gustaba? Y quiere una cita conmigo… ¿Qué voy a hacer? Ya no puedo esperar más. McGonagall me dijo que elija. Ahora Ron me dice que elija. La vida quiere que elija. Tendré que elegir. Tendré que… Tendré que tomar la decisión en este momento, de qué es lo que quiero. De a quién quiero. De qué soy. De quién soy…

Luna se quedó muy pensativa. Se sentó en la cama, se apartó el rubio cabello de la cara y miró hacia la pared opuesta, mientras trataba de tomar una decisión.

Ron, sentado en las escaleras de caracol, miraba su teléfono. Había tomado la decisión. Basta de Hermione. Basta de pensar en ella. Era estúpido. No le cabía ninguna duda ahora: Hermione no gustaba de él, y jamás lo había hecho.

En ese mismo momento, le llegó la respuesta de la niña desconocida por la app:

"¡Hola, Ron! Lo siento, pero decidí quedarme con tu hermana. ¡Besitos!"

Ron arrugó la cara, totalmente anonadado.

-¿Qué? -dijo en voz alta, confundido.

Finalmente, se hicieron las nueve de la noche. Luego de un día demasiado largo, Harry se encontró a sí mismo, por fin, en la Sala Común esperando por su primera cita. Llevaba una túnica un poco más elegante de lo normal, pero "casual", como había dicho Wood, que este le había prestado y retocado mediante magia para que le quede. Y había hecho un considerable esfuerzo por peinarse, que no había sido del todo efectivo.

-Suerte, Harry -dijo Oliver, que controlaba las escaleras-. Sé que esta es la cita que te interesa. Espero que salga todo bien.

-Gracias -dijo Harry-. ¿Cómo va todo en tu cita?

-Perfecto, dejé a Katie contando a los otros dos una larga y aburrida anécdota de su viaje a Kazajistán. Creo que allí viene tu cita, galán.

Harry vio que Cho bajaba por las escaleras contrarias y se acercó a ella, sonriente.

-Hola, Cho -la saludó, tratando de ser tan simpático como podía.

Ella, que llevaba una túnica azul también bastante casual, como diría Oliver, y un peinado un poco más elaborado de lo normal, le sonrió y fueron juntos hacia la zona de los sillones. Se sentaron uno junto al otro.

Cho se quedó en silencio, mirando la pared, y el terror trepó de inmediato dentro de Harry.

No tenía la menor idea de qué decir.

Ambos quedaron en silencio, en el momento más embarazoso de toda su vida.

-Yyyy, dime… -empezó Harry, estrujándose las neuronas por encontrar tema de conversación-. ¿Qué es de… de tu vida?

Ella lo miró de una forma extraña, como si hubiera algo raro en él. ¿Qué era? ¿Su cabello? ¿La túnica que se había puesto? Pero no, todo eso había estado bien cuando se miró al espejo, momentos atrás. Debía ser por ese silencio que acababa de ocurrir, o la pregunta que le hizo.

Estaba analizando demasiado todo eso. Y Cho no estaba respondiendo, lo cual era una mala señal.

Finalmente, Cho habló:

-Extraño ir a Hogsmeade -comentó, mientras miraba algo triste a los demás niños que bajaban, todos previamente chequeados de cerca por Wood, a la Sala Común a pasar el rato antes de irse a dormir.

-Oye, ¿cómo que no puedo bajar? -escuchó que uno le decía a Oliver, desde las escaleras.

-Lo siento, Seamus, está lleno -decía Oliver.

-¡Pero si no hay nadie! ¡Lo veo desde aquí!

-Yo estoy a cargo, no discutas -le dijo Oliver, con autoridad-. Ve arriba y vuelve en el próximo turno.

Harry decidió hablar, para que Cho no oyera aquello.

-Sí, yo también lo extraño. Es decir, en verdad no puedo ir. Bueno, fui una vez. Es que nadie firmó mi autorización, y…

Pero Cho no parecía siquiera prestarle atención.

-¿Has ido a la casa de té de Madame Tudipié?

-No… No he ido.

-Es un lugar precioso. Sirven unos tés deliciosos…

Che se pasó los siguientes diez minutos hablando de los distintos tipos de té que conocía. Hablaba de una forma tan lenta, tan pausada, tan tediosa, que Harry por momentos sintió que se quedaría dormido allí mismo, en ese sofá.

Encima de todo, la chica no parecía estar interesada en lo más mínimo en él. Solo hablaba de ella misma, y de cosas que ni siquiera eran interesantes. En un momento, Harry quiso hablar de Quidditch, ya que pensó que era algo que tenían en común, y ella le cambió de tema y siguió hablando de una casa de ropa de Hogsmeade que hacía túnicas de gala.

Cuando los cuarenta minutos terminaron, Harry estaba en un estado mental totalmente distinto a aquel con el que había empezado esa cita: Todos los nervios se habían ido, se habían esfumado. Pero se habían llevado también consigo la emoción, el entusiasmo, y cualquier interés que hubiera podido tener por esa cita.

Luego de los cuarenta minutos más aburridos de su vida, la cita terminó.

-Bueno, mejor subo -dijo Cho-. Se terminó el tiempo.

-Me gustó pasar el tiempo contigo -le dijo Harry, que no pudo disimular en su expresión que no había nada de cierto en ello.

Ella le dirigió una breve sonrisa y se marchó por las escaleras.

Y eso fue todo.

Harry se quedó allí, sin poder creer lo que había pasado. Luego de tantos preparativos, luego de un día tan, tan largo, planeando todo eso. De todos los problemas que habían tenido que pasar para hacerlo posible…

-¿Y? ¿Cómo estuvo todo? -preguntó Ron, cuando finalmente bajó, a reunirse con él. Wood le había dicho que se fuera de la habitación, así que ambos se quedaron pasando el tiempo allí en la Sala Común, con el siguiente turno de chicos que bajó, hasta que fuera la hora de la siguiente cita.

-Aburridísimo -dijo Harry-. De verdad. Primero no sabía de qué hablarle. Pero luego me di cuenta de que no valía la pena preocuparme por eso, porque a ella no le interesaba nada de lo que yo decía. Simplemente quería hablar ella. Y era todo tan, tan aburrido…

Se quedó pensativo.

-¿Sabes, Ron? Creo que esto fue un castigo que obtuve. Por haber planificado más de una cita. Es decir, yo fui el único que, al final de cuentas, aceptó una nueva cita sabiendo que ya tenía otra planeada desde antes. Yo fui el que tuvo la culpa de todo lo de hoy, y por eso creo que me pasó este fiasco con Cho. Fue un castigo de la vida hacia mí.

-Lo siento, amigo -dijo Ron, dándole unas palmaditas-. Supongo que estas cosas pasan. No te preocupes. Hay muchos peces en el mar.

-Sí, supongo que sí -dijo Harry, mirando el suelo, decepcionado.

-Arriba está todo bien -dijo Ron-. Por un momento, pensé que la amiga de Katie resultaría ser Angelina. A estas alturas, ya me espero cualquier cosa. Pero resultó que no, era otra chica, una amiga suya de Ravenclaw, y Percy se volvió loco por ella. Me terminé de preparar, y él ni siquiera me miraba. Estaba todo enloquecido por ella.

El tiempo pasó, y se hicieron las diez y veinte.

-Bueno, esta será la más aburrida de las citas -comentó Ron, poniéndose de pie y mirando hacia las escaleras-. Solo hay que ser amigables, buenos amigos, nada de romance, o Wood nos mata.

-No hay forma de que sea más aburrida que Cho -comentó Harry, en voz baja.

Resultó que no lo fue. Angelina y Alicia bajaron a la Sala Común, radiantes y simpáticas. Se las veía tan hermosas, con túnicas que se amoldaban a sus bellos cuerpos, maquilladas y producidas; que, de hecho, Harry por un momento consideró olvidar su promesa a Wood sobre ser "solo amigos" con ellas.

-Bueno, ¡aquí estamos! -dijo Angelina, muy simpática, tomando a Ron del brazo, cuya cabeza al instante quedó completamente color rojo intenso, cabello y piel. -¡En nuestra cita!

-¿Vamos para allá? -dijo Alicia, tomando a Harry de la mano. Este miró hacia las escaleras, y vio que Wood le hacía señas indicándole que le soltara la mano. Parecía que estuviera dirigiéndolos en un partido de Quidditch.

-¡No seas tímido, Ron! -Harry oyó decir a Angelina.

-No, no lo soy.

Ella rio, y Harry supuso que se refería al hecho de que Ron, supuestamente, no se había atrevido a invitarla él mismo a la cita.

Harry se esforzó por soltar la mano de Alicia, haciéndose el distraído, sin que ella lo tomara a mal, y se estaba por sentar en su mismo sofá, a su lado, cuando vio los gestos desesperados que Wood le hacía de lejos, y se sentó en otro sofá distinto.

-Se ven muy lindos los dos, chicos -dijo Angelina, guiñándoles un ojo. Ellas dos sí que no tenían vergüenza ni timidez.

Empezaron a charlar, animadamente. Las chicas se estaban tomando aquello como toda una cita romántica, y era muy difícil para ellos obedecer las instrucciones de Wood sin quedar mal con ellas. Por momentos, Alicia se reclinaba hacia Harry, sacando pecho, y lo miraba a los ojos muy intensamente, como si quisiera algo de él.

Harry pasó momentos de verdadero terror allí.

Poco después, descubrieron que hacer chistes era una buena forma de mantenerse "amistosos", sin entrar en territorio romántico. Así que tanto Harry como Ron hicieron cuanto chiste se les cruzaba por la cabeza. Ellas reían y reían, y todo se hizo más ligero.

Cuarenta minutos después, la cita acabó.

-Bueno, ¿lo pasaron bien? -preguntó Ron, sonriendo exageradamente.

-Muy bien -dijo Angelina, tomando su mano y besándola, aunque más que nada en son de broma-. Nos vemos luego, pequeños.

Alicia saludó a Harry con un beso en la mejilla, y ambas se fueron riendo, escaleras arriba. Poco después, Wood bajó por la misma escalera, para reunirse con ellos.

-Estuvo bien -dijo, levantando ambos pulgares-. Creo que estuvo bien. ¿Ustedes qué creen?

-Creo que estuvo bien -coincidió Harry-. Se fueron contentas, y la pasaron bien. Y no hubo nada romántico.

-Sí, era más bien como sí… como si estuviéramos bromeando, entre los cuatro -dijo Ron-. Como si más que una cita real, estuviéramos fingiendo que teníamos una cita, más en broma que en serio.

Wood frunció el ceño.

-Da igual -dijo-. Yo creo que todo salió bien. El equipo quedó intacto. Bueno, muchachos, eso es todo por mi parte. Me daré un par de vueltas más, de vez en cuando, para controlar quién baja, pero igualmente ya no están bajando muchos niños. Como es tarde, la mayoría estarán ya dormidos, o en sus dormitorios. No hubo muchos en este último turno.

-Genial -dijo Harry.

-Disfruten su última cita. Me voy a ver como está todo con Katie. ¡Hasta luego!

Ambos se quedaron allí abajo, completamente solos, a excepción de un par de niñas de Ravenclaw de segundo año que no conocían.

-Tengo algo que decirte, Harry -dijo Ron entonces, con tono triste.

Harry se asustó. ¿Qué más podía pasarle ese día? Pero decidió enfrentar la situación con valentía.

-Dime.

-Creo que no le gusto a Hermione, Harry.

Este se quedó pensativo, mirando las velas que flotaban sobre ellos, los sofás y las alfombras.

-No lo entiendo. Pensé que dijiste, Ron, que ella te invitó a esta cita. Ahora te verás con ella. Todo saldrá bien, tranquilo. Quizás terminen siendo pareja, luego de esta noche.

-Aprecio tu optimismo, amigo, en serio -dijo Ron, mirándolo a los ojos-. Pero eso no va a pasar.

-¿Por qué lo dices?

Ron le contó a Harry todo lo que había deducido, sobre que era Fay quien en verdad gustaba de él, y le contó también que le había escrito por la app a la chica que gustaba de él.

-Bueno, solo hay una forma de estar seguros -dijo Harry-. Haremos esto, Ron. Cuando Hermione y Fay bajen aquí, iremos allí, ambos, y tenderemos nuestras manos, como para que ellas nos las tomen. Pero no miraremos a ninguna en particular. Quizás podríamos… mirarnos entre nosotros, en ese momento. Dejaremos que ellas sean quienes bajen y tomen nuestras manos. Así, dependiendo cuál tome la mano de quién, sabremos quién era la cita de quién para ellas.

-Mmm… -Ron lo meditó y se encogió de hombros-. Sí, hagámoslo. Pero da igual. Ya no tengo dudas, Harry. No le gusto.

-¿Y qué pasó con la chica que te escribió por la app? -preguntó Harry-. Dijiste que le mandaste un mensaje. ¿Ella te dijo que sí quiere salir contigo?

Ron frunció el ceño, serio.

-Dijo que, al final, saldrá con mi hermana.

Harry arrugó la cara.

-Este sí que ha sido un día muy extraño -comentó Ron, amargo.

-Lo sé -coincidió Harry. Entonces, miró a su amigo, negó con la cabeza y decidió hacer algo por él. Era su amigo, y se lo debía, después de toda esa equivocación que había cometido con Angelina. -Ron, escúchame.

Ron alzó la mirada hacia él, tristemente.

-La noche aún no termina, Ron.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Si Hermione no toma tu mano, cuando baje esa escalera, no tienes que deprimirte.

-¿Por qué no?

-Tú mismo acabas de decirme que le dijiste a esa chica, cuando le escribiste, que ahora te habías dado cuenta de que la app era estúpida, porque no se trata de elegir quién te gusta, sino de mirar hacia atrás. A quien gusta de ti.

-Solo dije eso por la emoción del momento. Fue, no sé, un momento de tristeza y reflexión.

-¡Pero tienes razón! -dijo Harry, y lo tomó de los hombros-. Ron, mira a Cho. Me pasé tanto tiempo pensando en ella. Me ilusioné tanto. Al final, ella sí quiso salir conmigo. Fue correspondido. ¿Y de qué sirvió? ¡Fue un desastre! No era quien yo creía que era. Y ya no me gusta.

-¿Dices que Hermione no va a gustarme si llego a conocerla realmente?

-Bueno, es diferente, porque tú ya la conoces bastante bien a ella. Pero, lo que quiero decir -añadió, rápidamente-, es que tienes razón en eso de mirar hacia atrás. No importa quién sientas que te guste. Lo importante es quién te valora a ti, quién piensa en ti. Esas son las personas que valen la pena. Esa app fue toda una estupidez. Ron, creo que sabes lo que debes hacer, en el fondo. Es decir, si Fay fue allí, y te invitó a tener una cita con ella… Debe haberle costado mucho esfuerzo hacerlo, ¿no crees? Se arriesgó a que le dijeras que no, a quedar en vergüenza, y tomó ese riesgo solo por una razón: por ti. Además, es una chica muy linda…

Ron reflexionó sobre las palabras de Harry.

-Vamos -dijo este, consultando su reloj-. Ya es hora.

Ambos caminaron hacia las escaleras que subían al dormitorio de las chicas. Se quedaron observando a las dos niñas de Ravenclaw subir, para volver a sus dormitorios. Estaban totalmente solos allí abajo. Nadie más bajó para pasar aquel turno de las once y cuarenta, que era el último.

Y, entonces, se oyeron pasos, y Hermione y Fay aparecieron ante ellos.

Estaban las dos hermosas. Tenían túnicas que no les habían visto antes, de colores brillantes, se habían recogido el cabello y estaban maquilladas.

Los cuatro se sonrieron mutuamente. Al instante, Harry y Ron alzaron sus manos hacia ellas, tragaron saliva, nerviosos, y se miraron el uno al otro, con los brazos extendidos.

Harry sintió que una mano tomaba la suya. Miró hacia adelante, y vio que Hermione lo miraba a los ojos, sosteniendo su mano. Luego de constatar que Fay, tal como su amigo había dicho, había tomado la mano de Ron, Harry miró al chico, pensando que lo vería triste o malhumorado. Él, sin embargo, estaba sorprendentemente sonriéndole a Fay, y lucía… feliz.

-¿Vamos por acá? -dijo Ron, rompiendo el hielo. Condujo a Fay hacia los sofás, y Harry acompañó a Hermione. Se sentaron los cuatro, en dos sillones distintos. Ron junto a Fay, y Harry junto a Hermione. Todo estaba en silencio, sin haber nadie allí. La única iluminación eran unas pocas tenues velas que parpadeaban flotando sobre los sofás, y el ambiente se sentía romántico.

-Esto es… totalmente extraño -dijo Hermione, que lucía aterrada, con pánico.

-¡Lo sé! -dijo Harry, sonriendo, y mirando a Ron y a Fay, que sonrieron también.

-Yo no creo que sea tan extraño -dijo Ron entonces, y Harry se sorprendió al ver que miraba a Fay de una forma seductora, provocativa-. Será una gran cita romántica, chicas. Ya lo verán. Creo que estás hermosa, Fay -dijo, y Harry se sintió feliz de ver esa actitud en él.

-Tú también, Hermione -se apresuró a decir él, para no quedar mal con ella. Hermione lanzó una risita muy nerviosa. Estaba pálida. Parecía como si fuera a ir a desmayarse en cualquier momento. -¿Estás bien? -le preguntó, preocupado.

-Sí, claro -dijo ella, pero parecía aterrada.

-Tranquila -dijo Harry, acercándose un poco a su lado y poniendo una mano en su hombro. Vio que Ron se metía en una charla con Fay en la cual no los hizo partícipes a ellos dos, así que se concentró en ella. -No sé cuántas veces dije durante el día de hoy "tranquila" o "tranquilo" a otra persona, creo que perdí la cuenta.

-¿Ron no estaba muy tranquilo tampoco? -le preguntó Hermione.

-No, nadie lo estaba -dijo Harry-. Y no entiendo por qué. Es tan estúpido. ¿Por qué tenemos que ponernos nerviosos? Solo es una cita. No es nada extraño.

-Tienes razón -dijo ella, sentándose un poco más erguida y respirando hondo.

Harry oyó que Ron le decía a Fay que le gustaba mucho la forma en que se había peinado. Ella sonreía y le tomaba una mano, mientras lo miraba a los ojos.

-Vaya, creo que hay una gran química entre esos dos -comentó Harry a Hermione en voz baja.

-Sí -dijo ella, girando su cara hacia ellos para mirar.

Hermione se volvió hacia Harry y respiró hondo. Harry se preguntó por qué ella estaba tan nerviosa. Supuso que la situación era extraña.

-Bueno, aquí estamos -dijo Hermione, con un hilo de voz.

-Sí -dijo Harry, y se acercó más a ella, para hablarle al oído en voz muy baja, sin que Ron y Fay oyeran-. Qué bueno de tu parte, Hermione, que hicieras esto.

Ella frunció el ceño y alzó su mirada hacia él. Estaban muy juntos, porque Harry se había acercado bastante para hablarle, y pudo ver el brillo de las velas en sus ojos, a muy poca distancia de los suyos.

-¿Qué hiciera qué? -preguntó ella, sin comprender.

-Tú sabes -dijo él, en un susurro-. Venir aquí conmigo, para acompañar a Fay. Que gusta de Ron.

Hermione pestañeó un par de veces, se incorporó un poco en el sofá y luego miró hacia adelante, a la pared opuesta. Parecía un poco menos nerviosa ahora.

-Sí, claro -dijo, finalmente-. Por eso vine, claro. Para que ella pudiera estar con Ron.

-Sí, me parece muy bien de tu parte -dijo Harry-. Además, por fin podré aprovechar para hablar contigo.

Hermione volvió a cambiar su expresión. Parecía que cada cosa que Harry decía la ponía nerviosa o la relajaba. Esta vez se puso nerviosa.

-¿Hablar de qué?

-Bueno, de lo que sea -dijo Harry, que miraba por encima del sofá a ver si alguien más bajaba. Pero estaban solos. -Hace mucho que no nos vemos, ¿no crees? Con todo esto de la cuarentena, y de que estábamos en habitaciones diferentes.

-Sí, lo sé -dijo ella-. Pero ahora estamos en la misma, así que...

Pasaron los siguientes minutos hablando de cómo habían pasado esos días, y de cosas sin demasiada importancia que habían pasado en esos momentos en que no pudieron verse. Luego de un rato, Hermione ya no parecía nerviosa para nada, y de hecho tenía cara malhumorada, como si algo allí no le gustara. Harry se quedó pensando en aquello. Miró a Ron y Fay, que hacía unos minutos se habían quedado en silencio, y casi da un salto en el sofá: ambos se estaban besando.

-Vaya -Harry señaló hacia allí, pero a Hermione no pareció interesarle mucho.

-Si, lo sé -dijo, distraída-. Ya los vi.

Harry volvió a mirar a Hermione. Suspiró, y se quedaron en silencio unos instantes. Al menos Ron terminaría esa noche con un beso, lo cual hacía que todo hubiera valido la pena. Después de todo, era él quien, esa mañana, había querido que ocurriera algo "con chicas". Era algo muy bueno que terminara su día con un beso, aunque no fuera de la persona que había querido originalmente.

Hermione estaba inusualmente callada, lo que preocupaba a Harry. Se quedó pensativo, y volvió a dirigirse a ella.

-¿Hermione?

-¿Sí? -preguntó la chica, alzando su mirada hacia él.

-¿Alguna vez has sentido… como si te gustara una persona, pero luego, al conocerla, no es quien tú pensabas que era?

Ella pareció interesarse más a partir de ese punto, ya sin lucir malhumorada.

-No lo sé -le dijo-. ¿Te ha pasado a ti?

-Creo que sí -admitió él-. Y luego, me di cuenta de que estaba equivocado. En pensar que debo elegir quién me gusta, y luego ver si esa persona gusta de mí. Ahora creo que no se trata de eso. Se trata de amar a quien se fija en ti, a quien en verdad te valora.

Hermione abrió grandes los ojos, sin dejar de mirarlo, allí donde estaban, uno junto al otro, con sus brazos pegados, en ese sofá.

-Quizás, Harry -le dijo, en una voz muy baja, casi inaudible, y él tuvo que acercar su oído a su boca para oírla bien-, deberías interesarte en otra persona. Alguien que conozcas. Alguien más cercano… que sepa quién eres. Te valorará mucho más que alguien que no conoces.

Él se quedó pensando en eso, y volvió a mirarla a los ojos.

-¿Sabes? -le dijo, pensativo-. Hay alguien.

Ella empezó a respirar con dificultad.

-¿De verdad?

-Sí -dijo Harry-. Pero no sé quién es. Verás, me escribió por esa app, "¿Amor Sí?" Me escribió un poema… hermoso.

Hermione lo miraba con atención, sin decir nada.

-De verdad, me escribió las cosas más lindas que nadie me haya escrito en mi vida. Parecía una persona que me conocía bien. Y que de verdad se preocupaba por mí. No sé cómo, pero lo sé. Lo sentí. Sentí algo muy familiar en ella.

Harry se acercó aún más a Hermione, que estaba paralizada, hablando directamente en su oído.

-Así que luego le escribí nuevamente -dijo Harry-. Si bien nos había salido "Amor No", quería saber más de ella. Quería saber quién era. Así que le hablé. Pero ella nunca me contestó. ¿Por qué crees que no lo haya hecho?

Hermione lo miró, extremadamente de cerca, sus narices rozándose, su pecho hinchándose y deshinchándose con su respiración entrecortada.

-Quizás, Harry, no te respondió precisamente porque les salió "Amor No".

Otro breve silencio.

-Bueno, lo entiendo -dijo Harry-. Es cierto, yo no la había puesto a ella en la app, por eso salió eso. Pero me hubiera gustado, quizás, que me respondiera… Si ella me dijera quién es, y lo que siente por mí… Sí, creo que ella sería una persona con la que me gustaría estar.

-Quizás tiene vergüenza, o le da miedo decirlo -susurró Hermione.

-Ojalá algún día se atreva -dijo Harry, sin dejar de mirarla a los ojos-. Creo que me haría muy feliz.

Ella le sonrió. Entonces, alguien se puso de pie ante ellos, y ambos se apartaron al instante el uno del otro, sobresaltados.

-Creo que ya es hora -dijo Fay-. Ha pasado como una hora, ¿creen que nos castiguen? Si llega a venir algún prefecto y nos ve.

-No pasará nada -le aseguró Harry, poniéndose de pie de un salto-. Creo que los prefectos están… ocupados.

-Bueno, nosotras subiremos primero, entonces -dijo Fay, sonriente-. Para cambiarnos, y todo eso. Ustedes vengan en veinte minutos, si es que no hay prefectos dando vueltas. ¡Vamos, Hermione!

Hermione le dirigió una última mirada a Harry a la luz de las velas, y ella y Fay desaparecieron escaleras arriba.

-Bueno, veo que te fue bien -dijo Harry, mirando a Ron.

-Sí -dijo él-. Finalmente, tomé la decisión.

-Me parece excelente, Ron.

-¿Sabes qué? Realmente me gusta Fay.

-¿En serio?

-Sí. No lo hice solo para olvidar a Hermione. Me di cuenta, en cuanto la vi ante mí, sosteniendo mi mano. Me di cuenta de que es mucho más linda que Hermione, y más simpática y graciosa. Ni siquiera sé por qué me gustaba Hermione, ¿sabes? Creo que ahora sí encontré a mi chica ideal.

-Eso es genial, Ron. ¿Serán una pareja, ahora que se besaron y todo?

-Pues sí, eso creo -Ron suspiró. Entonces le dio una palmada a Harry en la espalda y le sonrió, emocionado. -Qué día, ¿eh?

-Sí -dijo Harry, suspirando y mirando a la parcial oscuridad de la noche en la Sala Común, interrumpida solo por esas pocas velas flotando sobre ellos-. Qué día.