Capítulo 14. Baile Animal – Parte 2
El reloj marcó las once de la noche, y el baile empezó. Los alumnos empezaron a bajar por ambas escaleras, con sus disfraces de animales fantásticos. Todos estaban además muy producidos, con peinados elaborados, las chicas con maquillaje, algunos habiéndose preparado durante varias horas. Al bajar, todos empezaron a ubicar a sus parejas y fueron a su encuentro.
La Sala Común estaba completamente transformada, no se parecía en nada a su forma habitual. No tenía ninguna de sus velas normales encendidas. En su lugar, la iluminación estaba compuesta por luces de colores que provenían de candelabros mágicos cuyo fuego iba cambiando de color, primero verde, luego rojo, luego azul; y una gigantesca bola disco que giraba en lo alto suspendida mediante magia. Además, había tapices con formas de animales fantásticos como parte de la decoración, globos con dibujos de animales que se movían en el aire por voluntad propia, guirnaldas con forma de serpientes que se escurrían solas por el suelo y cada tanto caían del techo papelitos de colores con formas de animales fantásticos hechas en papel, estilo origami.
-Te pasaste, Katie -dijo Angelina, que tenía un disfraz de centauro, que simulaba un cuerpo de caballo saliendo de su espalda baja y con dos patas traseras que se movían solas, mediante magia. Estaba observando todo de la mano con su pareja, un chico de sexto de Gryffindor.
-¡Gracias! -dijo esta, que estaba sobre una pequeña tarima, al frente de todos-. Nos hemos esforzado mucho. Por cierto, tu disfraz es genial, Angie.
-Sí, será un poco incómodo para bailar, pero toda la parte del caballo es desmontable, así que en un rato me la quitaré.
Katie tenía un disfraz mucho más sencillo de elfo doméstico, consistente más que nada en dos orejas de elfo que salían por detrás de las suyas. Pero tenía puesta una túnica de gala muy atractiva que no tenía nada que ver con esa criatura del mundo mágico.
Miraron alrededor. Alicia estaba por allí con un chico de séptimo de Ravenclaw. Y, más allá, Oliver charlaba muy alejado de su pareja, Katie, con Percy, que tenía cara de querer librarse de él para charlar con su pareja, la misma amiga de Katie Bell con la que había tenido una cita días atrás. La chica, a su lado, miraba a Oliver con exactamente la misma cara, como deseando que los dejara solos.
-No te preocupes, sé que Oliver se dará cuenta, tarde o temprano, que no puede seguir evitándote -dijo Angelina, leyéndole la mente a su amiga, en el momento en que su pareja se alejaba para servirles unos tragos de ponche de frutas-. Y que es estúpido no querer estar contigo por el Quidditch.
-No lo sé -dijo Katie, mordiéndose el labio-. El Quidditch es lo más importante para él. Quizás mantenga su postura y no quiera saber nada conmigo, al menos hasta que ocurra ese maldito partido contra Slytherin, si es que alguna vez se llega a jugar…
Los demás alumnos seguían bajando las escaleras y encontrándose allí abajo, mientras una música de pop mágico sonaba por los parlantes colocados allí por el mismo Oliver, que era el encargado del sonido. Si bien Lee Jordan no podía estar allí, porque había sido expulsado, había hablado con Oliver para explicarle cómo preparar todo el sonido de forma mágica, ya que Lee era el experto en ese tema.
-Estás hermosa -dijo Neville, encontrándose al pie de las escaleras con su pareja, Pansy Parkinson. Él estaba disfrazado de dementor, con una capa negra con capucha que cubría todo su cuerpo, y ella de vampiro; con larguísimos colmillos que eran los verdaderos suyos, solo que aumentados de tamaño mediante magia, una capa de Drácula con el cuello bien alto, muchísimo maquillaje blanco en toda la cara y un peinado alto súper producido.
-Tú estás más hermoso, mi sexy dementor -dijo ella, con un susurro siniestro. Tomó su mano, mirándolo con algo parecido a malicia, y avanzaron juntos hacia la pista de baile, ambos arrastrando sus largas capas por el suelo.
-Vaya, me pregunto por qué Pansy y Neville no se disfrazaron de nada -comentó Cormac McLaggen, en broma, junto a Ryan Henry. Ambos empezaron a reírse por el chiste, y en ese momento vieron que estaban llegando al baile sus parejas, bajando por las escaleras. Se acercaron a ellas.
Cho lucía muy hermosa, con un disfraz de ave fénix que tenía plumas color carmesí en un largo tapado. Llevaba el cabello negro peinado de una forma híper elaborada en varios picos que se sostenían, aparentemente mediante magia, simulando las plumas puntiagudas que el fénix lleva detrás de la cabeza. Su amiga, Jenny, iba disfrazada de dragón, con dos pequeñas alas saliendo a ambos lados de su cuerpo y una cola.
-Wow, Cho, estás preciosa -dijo Cormac, dirigiéndole una mirada provocativa y tratando de ser lo más seductor posible.
-Gracias, tú también -dijo ella, tomando su mano. Los cuatro avanzaron juntos hacia una de las mesas, para servirse cervezas de manteca. Jenny saludó a su hermana, Lisa Turpin, y cruzaron un par de palabras mientras esta tomaba tres vasos llenos de la bebida junto a su pareja, Michael Corner, que estaba disfrazado de gnomo y llevaba otros tres vasos él mismo. Lisa y Michael se sonrieron mutuamente, sonrojándose un poco a la luz de las velas de colores que centellaban sobre ellos, y llevaron los seis vasos hacia la pista de baile, donde se reunieron con Mandy, Morag, Terry y Anthony.
Colin Creevey bailaba de forma muy excéntrica en medio de la pista, con una sonrisa gigante, señalando hacia arriba y hacia abajo de una forma muy extraña, ocasionando las miradas de los demás. Tenía puesto un disfraz de grindylow y su pareja era Joselié Croug, que lejos de estar avergonzada estaba muy contenta siguiéndole la corriente con bailes aún más extraños.
Theodore Nott y Blaise Zabini estaban cruzados de brazos en una oscura esquina, apartados. No se habían puesto disfraz. Estaban solos, porque nadie los había invitado. Crabbe y Goyle no estaban allí porque habían caído enfermos antes de la separación de los alumnos por casas, seguramente contagiados por Malfoy, y ambos yacían dormidos en cuidados intermedios. Terence Higg, también de Slytherin, sí estaba allí, y bailaba animadamente con la chica que solía compartir dormitorio con Pansy Parkinson y que le había contado a los Hufflepuff, tiempo atrás, que la había visto hackear la app de "¿Amor Sí?".
Finalmente, Ron consiguió terminar de bajar las escaleras, junto a Harry, al que era muy difícil ayudar a caminar. A este último, Ron le había improvisado un horrendo disfraz de gusarapo creado por él mismo con una funda de almohada rellena de papeles y chorreando una baba que creó con ingredientes de pociones que les habían sobrado de esa tarde, ya que no consiguió disfraz para él, y a Oliver y Percy solo les quedaba disponible el de hipogrifo con el que él mismo se disfrazó.
-¿Qué demonios es eso? -dijo Romilda, al encontrarse con él y ver el asqueroso disfraz de Harry. Para colmo, Harry tenía la mirada ausente, totalmente perdida en la distancia, sin mirar ningún punto en particular, su cabeza estaba reclinada de lado y le chorreaba la baba por todo el cuello. -¿Y qué le pasa a Harry? Parece muerto, o drogado…
-Es parte del disfraz, niña tonta -dijo Ron, de mal humor-. Los gusarapos siempre tienen esa cara, ¿no los has visto?
Romilda puso cara de asco al mirar a Harry. Su amiga, Valentina, estaba a su lado, y Ron pensó que ambas lucían muy, muy pequeñas. Es decir, solo tenían once años.
A lo lejos, Ron vio que Hermione y Fay bajaban las escaleras opuestas, y arrastró a Harry a la otra punta de la Sala Común, para quedar lo más lejos posible de ellas. Harry caminó a su lado, aunque tenía que llevarlo del brazo, sujeto con mucha fuerza, porque a veces daba la impresión de que iba a caer de bruces al suelo. Además, iba trastabillando y tropezando, torpemente, con la cabeza balanceándose de un lado al otro con cada paso, sus ojos en blanco perdidos en otro sitio.
Fay, con su algo siniestro traje de acromántula, lucía igualmente hermosa, ya que se había maquillado, peinado y tenía brillos mágicos en su cara que iban muy bien con sus ojos azules. Llegó a los pies de la escalera y sonrió a su pareja, Kevin Entwhistle, que la esperaba allí muy contento. Lo había invitado esa tarde, ella a él y Hermione a su amigo, y ambos habían dicho que sí. Ambos eran muy atractivos y casualmente no tenían pareja aun cuando los invitaron.
Hermione llevaba su disfraz de plimpy, y lucía irreconocible con el cabello alisado mediante magia y con brillos artificiales, sus dientes reducidos mediante magia también, y un maquillaje mágico que incluía minúsculos pececitos celestes que nadaban por sus párpados, lo que hacía juego con su disfraz.
-Estás muy hermosa -le dijo su pareja, que era nada más y nada menos que el galán, súper guapo, blanco de todas las chicas e híper atractivo Roger Davies, de Ravenclaw, que la esperaba abajo con una mano extendida hacia ella y reluciendo una sonrisa de dientes blanquísimos que parecía salida de una publicidad de dentífrico.
Le guiñó un ojo, con una expresión ganadora, y Hermione se ruborizó mientras tomaba su mano. El chico llevaba un elegante disfraz de porlock. Sin embargo, se había puesto una túnica de gala negra encima, semiabierta, lo que lo hacía ver aun más elegante.
-Disculpen la tardanza -murmuró Fay, con una sonrisita tímida-. Nos tardamos demasiado arreglándonos -le lanzó una mirada de reojo a Hermione, pensando que esta se había tardado un millón de años bañándose.
-Pues la espera ha valido enormemente la pena, eso está a la vista -Roger alzó las cejas, sin dejar de mirar a Hermione de una forma que la puso muy incómoda, como deseándola con la mirada.
-Ehh, mejor voy a servirnos algo de beber -dijo Hermione, buscando una excusa para salir de allí. Tenía miedo de que ese chico empezara a intentar besarla antes de que se hiciera la medianoche, por la forma en que ya la miraba.
-¡No, claro que no, por favor, yo iré! -dijo él, sin dejar de sonreír con sus blanquísimos dientes perfectos, que centellaban con el reflejo que emitía la bola disco en el techo. "¿Cómo rayos hace para que sus dientes brillen tanto?", pensó Hermione.
Roger fue a buscar bebidas, y Hermione le lanzó una mirada nerviosa a su amiga.
Katie Bell se puso de pie en la pequeña tarima, al frente de todos, y alzó las manos pidiendo silencio. Oliver apagó la música, y ella se amplificó la voz con la varita y empezó a hablar sobre el murmullo de los alumnos:
-¡Hola a todos! -dijo, muy entusiasmada. Todos empezaron a aplaudir al instante. -¡Gracias, muchas gracias! Solo diré unas pocas palabras: Ha sido un gran esfuerzo armar todo para este baile, pero sin dudas estamos seguros de que ha quedado estupendo. ¡Y nada ha quedado tan hermoso como ustedes, compañeros y amigos, que lucen muy bien! -les sonrió a todos, desde la tarima-. ¡Quién hubiera dicho que podríamos tener una fiesta así, un baile, en estos días tan extraños que vive el mundo mágico!
Todos la miraban y oían, llevándose sus bebidas a los labios.
-¡Bueno, no voy a distraerlos demasiado! -dijo Katie, muy sonriente-. ¡Primero que nada, vamos a votar a la pareja con los mejores disfraces, ahora mismo! ¡Los ganadores tendrán que pasar al centro de la pista, para abrir el baile! Para hacerlo, solo alcen sus varitas al techo, cierren los ojos, y piensen en quiénes creen que se han disfrazado mejor. ¡No se vale votarse a uno mismo! ¡Vamos todos!
Todos alzaron sus varitas hacia arriba, obedientes, y cerraron los ojos. Luego de elegir una pareja ganadora, abrieron los ojos de nuevo. Katie, ante la multitud, había sacado su teléfono y deslizaba sus dedos por la pantalla.
-¡Y ahora…! -continuó la chica, con la voz amplificada-. Por motivos que no tengo la menor idea de cómo funcionan, y que no tienen el menor sentido… ¡He recibido los resultados en mi teléfono celular!
Sonrió mucho, mientras revisaba su teléfono.
-¡Oh! -dijo, asombrada-. ¡Tenemos una pareja ganadora, chicas y chicos! ¡Y ellos son…!
Hizo un breve suspenso.
-¡FAY DUNBAR Y KEVIN ENTWHISTLE!
-¡Oh, no es posible! -protestó Ron, dándole un golpe a la mesa que estaba junto a él, furioso. Su vaso de hidromiel se volcó de lado y derramó parte del contenido sobre el disfraz de Valentina, su pareja de once años, que estaba allí junto. Se quedó mirando, enfadado, cómo Fay y Kevin caminaban hacia el centro de la pista de baile, al tiempo que todos los demás se apartaban y formaban un círculo a su alrededor, quedando ellos en medio, todo el mundo aplaudiéndolos.
-¡Felicidades a la pareja mejor vestida! -gritó Katie-. Y ahora, para darnos la mejor música con la que esta pareja abrirá el baile, démosle la bienvenida, por primera vez en sus vidas tocando un concierto por medio de video-llamada, algo que cada vez se está haciendo más en estos tiempos de cuarentena… ¡AL STREAMING EN VIVO DE LAS MISMÍSIMAS BRUJAS DE MACBETH!
Una pantalla de tela bajó desde el techo de la Sala Común, ante todos ellos, y un proyector que Oliver manejaba desde una consola de sonido proyectó la imagen de los miembros de la banda de rock mágica, que estaban en lo que parecía ser la casa de alguno de ellos, todos con sus instrumentos listos para tocar.
-¡HOOOOLAAAAAA, HOGWARTS! -gritó Myron Wagtail, el cantante y líder. Todos en la Sala Común empezaron a gritar y saltar por la sorpresa de aquello, que no se esperaban. -¡¿ESTÁN LISTOS PARA ROCKEAR POR VIDEOCONFERENCIA?!
Todos gritaron y aplaudieron, Fay y Kevin en medio de todos, chillando y alzando los brazos hacia la pantalla donde se podía ver a la banda.
-¡De acuerdo! -dijo Myron, muy feliz, mirándolos desde aquella casa en que estaba toda la banda-. ¡Vamos a empezar con nuestro hit más conocido! ¿Quién sabe de qué canción estoy hablando? ¡Bueno, vamos a darles una pequeña pista! ¡A ver, a ver…! ¿Alguno se ha vestido, para la ocasión, de… hipogrifo?
Todos empezaron a gritar de felicidad y se volvieron locos. El miembro de la banda, claramente, se refería a uno de los grandes hits de Las Brujas de Macbeth, que precisamente se llamaba Do the Hippogriff.
-¡Oh, creo que he visto a alguno! -empezó a gritar Katie, con la voz amplificada y haciéndose visera con la mano, para protegerse los ojos de la brillante luz blanca que venía de la bola disco-. ¿A dónde está? ¡Yo he visto a un hipogrifo, estoy segura!
Ron trató de hacerse pequeño, escondiéndose detrás de aquella mesa apartada a donde había llevado a Harry y las dos niñas. Pero entonces Romilda Vane empezó a agitar los brazos y a gritar, señalándolo.
-¡AQUÍ! -gritaba la niña-. ¡AQUÍ, AQUÍ ESTÁ!
Todas las luces lo enfocaron, y todos empezaron a aplaudir mientras una multitud de alumnos lo empujaban al centro de la pista de baile. Ron agarró a Harry fuerte del brazo, porque si lo soltaba probablemente este caería al suelo, así que la multitud lo arrastró junto con Harry hasta allí. Romilda y Valentina fueron tras ellos y los cuatro quedaron en el centro de la pista de baile, junto a Fay y Kevin.
-Demonios -se quejó Ron.
-¡Muy bien! -dijo Katie, aplaudiendo-. ¡Harry también puede ir contigo, Ron, claro que sí! Las tres parejas abrirán el baile entonces.
Harry, apuntado por todas las luces, tenía un ojo mirando hacia arriba, otro hacia abajo, y le colgaba la lengua por un costado de la cara.
-Mira el disfraz de Harry -susurró Roger Davies a un amigo suyo, comentario que Hermione, a su lado, oyó-. Creo que es un snorkack de cuernos arrugados que tuvo cría con una funda de almohada.
Ambos se empezaron a desternillar de la risa y Hermione puso cara de enojo a su lado, cruzada de brazos.
-¡MUY BIEN, AMIGOS DE HOGWARTS! -gritó Myron, alzando una guitarra al aire, y todos los miembros de la banda prepararon sus instrumentos tras él-. ¡QUE COMIENCE LA FIEEEEESTAAAAAAAAA!
Do the Hippogriff empezó a sonar a todo volumen, las luces de colores y los rayos de luz blanca lanzados por la bola disco en el techo empezaron a parpadear y lanzar luces por todos lados, y todos los alumnos se pusieron a bailar al ritmo de la música. Una nueva lluvia de papelitos de colores cayó sobre todos ellos, al tiempo que Oliver apuntaba con su varita y hacía que un humo blanco brotara del suelo, en los pies de todos ellos.
Fay y Kevin bailaban de forma perfecta en medio de la pista, cada paso al ritmo de la música, coordinados y sonriendo mientras hacían los movimientos. Fay demostró saber bailar rock muy bien, tomando a su pareja de las manos y moviéndose al ritmo de la música con él.
Por otro lado, también en el centro de la pista, Ron movía a Harry como si se tratara de una marioneta, hacia adelante y hacia atrás. La lengua de Harry se movía de izquierda a derecha mientras el chico era zarandeado por todos lados, la baba chorreando por la comisura de sus labios, cayendo al piso y salpicando todo alrededor.
Valentina y Romilda trataban de bailar entre sí, aunque eran muy pequeñas y no sabían hacerlo, y de hecho lo único que hacían era saltar y reír juntas, junto a los dos chicos. Ron zarandeaba a Harry por los hombros, para que pareciera que este estaba bailando, y la cabeza de Harry se balanceaba por todos lados, totalmente inerte, como si fuera un cadáver.
De pronto, Harry se zafó de los dedos de Ron, siguió de largo y cayó hacia adelante, de cara al suelo, totalmente inerte. El chico quedó allí desplomado boca abajo en el suelo, con los brazos extendidos, parcialmente oculto por el humo que brotaba de allí.
-Oh, rayos -Ron se puso de rodillas y levantó a su amigo, tomándolo por debajo de los brazos. Fay miraba con preocupación a un lado, mientras Kevin le sonreía y la instaba a seguir bailando.
-¿Está bien? -preguntó Angelina, que estaba allí cerca.
-Sí, sí, solo ha… bebido un poco -dijo Ron, inventando una excusa.
-Wow, eso sí que fue rápido -comentó Angelina, negando con la cabeza.
Toda la multitud llenó el centro de la pista de baile, y las tres parejas ya no fueron las únicas allí. Todo el mundo ahora bailaba, saltaba y reía en toda la pista de baile, junto a ellos. Ron se llevó a Harry de allí por los hombros, de regreso al oscuro rincón apartado donde estaban antes. Pero Valentina y Romilda no los siguieron, sino que empezaron a correr riendo por toda la pista, en círculos.
-¿Vamos a sentarnos? -le dijo Cho a Cormac, con expresión aburrida.
-Pero… ¿no quieres bailar? -preguntó él, sorprendido.
-No me gusta bailar -dijo ella, encogiéndose de hombros.
Algo decepcionado por aquello, Cormac fue con Cho hasta una zona más apartada de la pista, y se sentaron en unas sillas que había cerca de la mesa del ponche de frutas.
Ella entonces clavó la mirada en la otra punta de la sala, muy seria, y se quedó mirando hacia allí, en silencio. Cormac sintió que se le hundía el alma. La chica estaba totalmente en silencio, mirando hacia la nada, con cara de aburrida. ¡Qué horror!
-¿No extrañas Hogsmeade? -preguntó ella entonces, haciendo conversación mientras tomaba un bocadillo de la mesa y se lo llevaba a la boca, con voz aburrida.
Cormac no podía creerlo. Todos estaban bailando y riendo en la pista, y él tendría que quedarse allí sentado con Cho, que ahora había descubierto que era la chica más aburrida de toda la escuela.
-Ehh, supongo -dijo.
-Extraño la casa que hace túnicas de gala -dijo Cho, sin mirarlo a los ojos, sentada muy derecha-. Tenían unos diseños elaborados por ellos mismos, muy buenos…
-¿Me disculpas un segundo? -dijo Cormac, poniéndose de pie.
-¿A dónde vas? -dijo Cho entonces, mirándolo por primera vez a los ojos, con enfado.
-Es que… yo… eh…
-¿Estás pensando en dejarme sola aquí e irte a bailar?
Cormac se quedó petrificado. Lo había descubierto.
-Bueno, lo siento, Cho. Pero yo vine aquí pensando en bailar y pasar un buen rato.
-¡¿Crees que soy aburrida?! -estalló ella, incorporándose de un salto y enfrentándolo.
-Pues, a decir verdad… -él apretó los dientes con fuerza, sin poder disimular lo que pensaba.
-¡LARGO DE AQUÍ! -chilló ella, enfadada. Cormac no tuvo que escuchar eso dos veces. Se fue de allí a toda velocidad, y Cho se volvió a sentar, tapándose la cara con ambas manos, en las sombras de esa parte de la Sala Común.
¡¿Por qué?! ¿Por qué le pasaba eso? ¿Por qué todos pensaban eso de ella? ¿Por qué tenían que detestar pasar el tiempo a su lado? ¿Por qué tenía que ser tan aburrida? ¿Por qué no podía bailar y reír como las demás chicas, en vez de llevar a sus chicos a las sombras a charlar sobre cosas aburridas que sólo a ella le interesaban? ¿Cuál era su problema?
-Bien, aquí estamos -dijo Seamus, respirando el aire nocturno.
Dean y él estaban en lo alto de la Torre de Astronomía. La noche, por suerte, había mejorado bastante y ya no había nubes cubriendo el cielo, aunque seguía habiendo mucho viento.
A lo lejos, podían oír el estruendo apagado de la música proveniente de la torre Gryffindor, y hasta se veía el reflejo de las luces de colores desde allí. Estaban tan alto que podían ver cualquier parte del castillo de Hogwarts desde allí arriba. La vista era impresionante.
-Esto ha sido una excelente idea, amigo -dijo Dean, mirando todo por encima de los bordes de la torre, sorprendido-. La vista es fantástica, la noche es genial… Solo piensa en cómo será cuando hagamos el salto. La adrenalina, caer al vacío desde aquí, tan alto…
-¡Te lo dije! -dijo Seamus, entusiasmado-. Será espectacular. Vamos, ayúdame a sacar las tablas. ¿Ves esas almenas de allí? Creo que serán perfectas. Las dos tablas calzarán perfectamente en los espacios que tienen entre ellas, allí. Saca la poción adherente, también. Quizás nos lleve unas horas tener todo bien preparado, pero no importa. Lo importante es que las tablas queden bien fijas, y que la poción seque bien.
-Entendido, amigo -dijo Dean. Echó otro vistazo a la hermosa vista de allí arriba. El viento le azotó la cara mientras veía el oscuro Bosque Prohibido, pequeño bajo ellos, las montañas oscuras en la distancia y el gigantesco Lago Negro, haciendo honor a su nombre, negro en la noche y extendiéndose a lo lejos por entre las montañas y la lejanía.
Simplemente era perfecto. La noche perfecta.
Ron dejó a Harry sentado en una silla y suspiró, agotado por haberlo estado cargando, recuperando el aliento.
-¿Qué le pasa? -preguntó una voz.
Ron pegó un salto por la sorpresa. Hermione estaba tras él, con las manos en las caderas.
-¡Hermione! -dijo, muy asustado-. Qué sorpresa. ¿Hablas de Harry? No le pasa nada, está perfecto.
Pero Harry, que se había empezado a inclinar hacia un costado, cayó de lado, fuera de la silla y otra vez al suelo, donde quedó allí tendido, con la lengua afuera y los ojos en blanco.
Ron lo levantó nuevamente y volvió a colocarlo en la silla, acomodándolo más hacia el otro lado. Harry entonces cayó sobre la mesa y su cabeza quedó allí encima, recostada en el lugar donde antes se había volcado el vaso de hidromiel.
Hermione miraba a Ron muy seriamente.
-De acuerdo, no está bien, pero se pondrá bien en unas horas -explicó Ron-. ¿Y tu pareja?
-Me escabullí sin que se dé cuenta, solo unos momentos -dijo ella, encogiéndose de hombros-. ¿Y qué tiene? ¿Por qué está así?
-Bueno, solo para que lo sepas, Cho Chang le dio una poción de amor hace tres días. Luego quisimos quitársela, con Dean y Seamus, pero Fred y George me pasaron la receta de una poción que en verdad son fantasías patentadas, y por eso quedó así. Creo que está alucinando, pero el efecto solo dura diez horas.
Hermione abrió mucho los ojos, con sorpresa.
-¡¿Qué?!
En ese momento, Roger Davies apareció junto a ellos, con su amplia sonrisa de dientes perfectos siempre visible, y tomó a Hermione del brazo.
-Oye, preciosa -le dijo, guiñándole un ojo-. Te me escapaste. ¿Vamos a bailar?
-En un momento -dijo ella, quitándole la mano de encima y volviéndose hacia Ron otra vez-. ¿Cómo que…? ¿Hace tres días, dices? -su mente empezó a trabajar a toda velocidad, y de pronto su expresión se transformó por completo, mientras la verdad de todo lo que había pasado emergía simultáneamente dentro suyo.
-Oye, no quiero ser irrespetuoso -insistió Roger, volviendo a tomarla del brazo-. Pero eres mi cita, y me encanta esta canción…
-¡PUES VÉ A BAILARLA CON ALGUIEN MÁS! -chilló Hermione, quitándole la mano otra vez. Roger le dirigió una mirada de enojo y se marchó de allí. Sin importarle aquello, Hermione se volvió hacia Ron otra vez. -¿Cómo sabes que Cho Chang le dio una poción de amor?
Ron le contó cómo había estado tres días sin hablarle a Harry, para luego descubrir que Seamus y Dean habían estado cuidándolo en su habitación creyendo que estaba ebrio, y que luego habían descubierto que en verdad lo que le pasaba era que tenía una poción de amor.
-Y yo me había enojado con él porque me trató mal, y me miró con desprecio -terminó de relatar Ron-. Hasta me miró a los ojos y me dijo que no le interesaban mis problemas, así como con… con asco, no sé. Pero no era él realmente. Estaba bajo los efectos de esa poción de amor. No era él mismo.
Hermione estaba boquiabierta, y de pronto un alivio enorme la llenó por dentro. Se le formó una sonrisita en el rostro que no pudo disimular.
-¿Por qué sonríes? -preguntó Ron, confundido-. ¿Te divierte que le pasara esto?
-¡Claro que no! -dijo ella. Se acercó a Harry y le enderezó la cabeza. Luego tomó una servilleta y empezó a limpiarle el hidromiel de la mejilla. -Mejor yo cuidaré a Harry, Ron.
-¿Por qué?
-Bueno, también soy su amiga, ¿no? Además, mi pareja parece haberse ido con otra chica, por lo que veo…
Roger Davies estaba ahora en medio de la pista de baile moviendo las caderas y riendo al ritmo de la siguiente canción de Las Brujas de Macbeth, junto a una chica de Ravenclaw de sexto.
-Y, de esa forma, tú podrás volver con tu pareja -completó Hermione, seria.
-Pues mi pareja… -Ron miró a la pista de baile. Romilda y Valentina jugaban a lo que parecía ser el escondite, una de ellas contando hasta diez contra una pared y la otra corriendo lejos de allí, al tiempo que se escondía tras unas mesas. Nigel Wolpert rápidamente se unió al juego, muy emocionado. -Parece ser algo…
-¿Pequeña? -completó Hermione, viendo cómo las niñas de once años corrían por todos lados, gritando y atrapándose la una a la otra.
-Sí, esa es la palabra -se lamentó Ron.
Se quedaron los dos allí, cuidando de Harry, mientras el baile avanzaba y las canciones pasaban una tras otra. Fay y Kevin bailaban sin cesar, en medio de la pista de baile. Neville y Pansy también bailaban todas las canciones, al tiempo que bebían ponche de frutas, tomados de las manos. Sobre la tarima, Katie hablaba con Oliver y lo tomaba de la mano, pero este se escurría de ella hacia las consolas de sonido, evitándola.
-Bueno, ¿vas a decir algo? -dijo Hermione entonces, mirando a Ron. Hacía un rato que se había generado una tensión incómoda entre ellos, ambos allí en silencio.
-No sé de qué hablas -dijo Ron, haciéndose el estúpido, mirando hacia los enormes ventanales que había en la parte alta de la sala, como si hubiera algo muy interesante allí.
-Pues, el pergamino decía que gustas de mí -dijo ella, aun seria.
Ron resopló.
-Sí, bueno… -algo incómodo, se rascó el cuello-. Lo siento, ¿sí? Lamento mucho que algún estúpido haya publicado eso ahí. Pero de verdad, no volverá a ocurrir. Porque sé que en algún momento voy a descubrir quién fue, y no va a vivir lo suficiente para hacerlo de nuevo.
-No me refiero a eso cuando te pregunto si vas a decirme algo -dijo ella, con el ceño fruncido.
Ron se enfadó aún más.
-¡Lo sé, Hermione! ¡Sé a qué te refieres! No soy tonto. Pero, ¿qué quieres que te diga? ¿Qué me gustabas? ¿Qué me parecías atractiva, y gustaba de ti? ¡Bueno, pues ahora ya lo sabes!
Ella aflojó su expresión.
-Entonces era cierto.
-¡Claro que era cierto! ¿Cómo no iba a serlo? Si estaba publicado ahí.
Ron señaló a la pared donde, días atrás, había sido colgado ese pergamino.
-Bueno, pensé que quizás era un error, o lo habían falsificado, o algo…
Ron se quedó pensando aquello, con un dedo en los labios.
-No se me había ocurrido eso -confesó-. ¿Y ya no puedo decir eso ahora… entonces? -le dirigió una mirada de soslayo.
-No, ya no puedes -dijo ella, con una mueca.
Ron se quedó cabizbajo.
-Bueno, entonces ya lo sabes -dijo, abatido-. ¿Qué quieres de mí, Hermione?
-Nada, yo… Es que, como estabas con Fay…
-Claro que estaba con Fay. Porque me encanta Fay. Fay es lo mejor que me pasó en la vida. Pero ya todo acabó. Ya no volverá a hablarme nunca más.
Hermione se lo quedó mirando.
-¿Es lo mejor que te pasó en la vida?
-Pues sí -dijo él, molesto-. ¿Qué no oyes, o qué? Lo siento, estoy un poco irritable…
-Es que no te entiendo -dijo ella-. ¿Quién te gusta? ¿Ella o yo?
-¡Ella, Hermione! ¡Es obvio, ¿no?!
Ella se quedó pensativa.
-No, en verdad no lo es -dijo, finalmente.
-¡Pues para mí sí es obvio! -dijo él-. Tú me gustabas antes, ¿de acuerdo? Antes de conocerla a ella. Pero ese día que tuvimos la cita doble, no sé, la vi con otros ojos, despertó algo en mí. No sé. Empezó a gustarme ella, y mucho. Mucho más que tú, lo siento.
-No, no, está bien -ella alzó ambas manos, encogiéndose de hombros.
-Y me di cuenta que Fay es la chica de mis sueños -dijo él-. ¡Me encanta Fay! Es tan hermosa… Solo mírala, tan sonriente, tan feliz…
Ron se quedó mirando a la chica, que bailaba en medio de la pista con su pareja, moviéndose mucho y con muchísimo ritmo.
-Es tan perfecta, Hermione. Era obvio que no íbamos a durar juntos. Era demasiado bueno para ser cierto. Ella es perfecta, y yo… Yo soy una pobre rata.
-Pero, Ron -dijo ella-. Yo creo que no debes darte por vencido tan pronto. Es decir, si realmente te gusta ella, ¿por qué no le dices todo esto que me acabas de decir a mí?
-No lo sé, Hermione. Ya lo intenté, pero no quiere escucharme…
-Solo dile que me pusiste en esa app porque aún no la conocías a ella -dijo Hermione-. Ella lo entenderá. Estoy segura que sí. Solo dile, asegúrale, que tus sentimientos por mí ya terminaron.
-Claro que terminaron -dijo él, como si fuera algo obvio-. Es decir, no te lo tomes a mal, ni nada…
-Ya te dije que no me importa -dijo ella-. Es decir, me siento, no sé, halagada, podríamos decir, de que hayas gustado de mí en algún momento. Pero como no es mutuo, lamento decirte…
-Está bien, no hay problema.
-Creo que es algo muy bueno que ya no gustes de mí, y que en cambio te guste tanto Fay. Porque yo creo que ella, en el fondo, aún gusta de ti.
-¿De verdad lo piensas? -dijo Ron, mirando a Fay con la cabeza apoyada en la mano y una mirada soñadora.
-¡Sí, Ron! Ahora ve a hablarle. Yo cuidaré a Harry.
-¿Qué? ¿Ahora? ¡Claro que no! ¡Es muy pronto! No puedo hacerlo.
Hermione revoleó los ojos.
-Necesitaré beber mucho ponche para encontrar las fuerzas -dijo Ron-. Mejor iré a servirme un poco.
Hermione quiso detenerlo, pero Ron ya se había marchado hacia la lejana mesa que tenía el enorme ponche de frutas.
La chica se volvió hacia Harry, que tenía la mirada ausente y le limpió la baba que le chorreaba, con otra servilleta.
-Oh, Harry -Hermione puso cara triste, mientras lo miraba con mucho cariño, al tiempo que sentía los pedazos de su corazón recomponiéndose, volviendo a formarse, con su nuevo descubrimiento.
Harry no la había rechazado por voluntad propia. Ya estaba bajo los efectos de la poción de amor. La forma en que Ron había descripto su actitud al estar bajo los efectos de esa poción coincidía perfectamente con la forma en que Harry la había tratado a ella: mirándolo con "asco", con "desprecio". Al instante, había sabido que era exactamente así como la había mirado a ella, como la había tratado a ella.
-No me trataste así porque me odiaras, o te diera asco -le dijo en un susurro, inaudible por el estruendo de la música, mientras le limpiaba la baba muy lentamente, acariciando sus labios con los dedos, a través de la servilleta, y lo miraba a los ojos con mucho amor-. Fue solo porque te dieron una poción. Mi hermoso Harry, mi amor…
-¿Qué tiene? -dijo una voz tras ella.
Hermione dio un salto por la sorpresa y se volvió para ver quién había hablado. Cho Chang estaba detrás de ella, y miraba a Harry con el ceño fruncido y con preocupación.
-Tú… -dijo Hermione, sufriendo una transformación en su cara, que pasó del amor al odio al instante. -Harry está así por tu culpa -Hermione se acercó a Cho Chang apuntándola con un dedo que clavó en su pecho, su rostro enfurecido-. Tú le diste una poción de amor.
-Oh, pero… -Cho se sorprendió mucho y dio un paso atrás-. Fue hace días. Pensé que alguien se la habría quitado…
-Pues resulta que no, princesa -le dijo Hermione, con ironía-. Espero que estés disfrutando del baile, porque por tu culpa él lo está pasando en… en… ¡EN ESTADO VEGETATIVO!
Cho abrió grandes los ojos.
-¡Lo siento mucho! -dijo, muy apenada. Miró a Harry y se llevó las manos al pecho. -Yo… yo… No lo sabía, de verdad. No pensé que fuera a pasarle esto…
-¡PUES VETE DE AQUÍ! -le gritó Hermione, enfurecida-. ¡O VOY A DEJARTE PEOR A TI!
Sacó su varita y la apuntó con ella, ocasionando las miradas de los chicos que estaban allí cerca.
-Tranquila… -Cho dio otro paso atrás, mirándola con miedo-. Me iré, me iré.
Cho se dio la vuelta y se marchó, apresuradamente, hacia las escaleras que conducían a su habitación. Hermione miró a un grupo de chicos de cuarto que se la habían quedado mirando y guardó su varita, respirando agitada.
-¿Qué demonios miran? -les espetó, con mala cara. Todos se apartaron de allí, temerosos, y se dirigieron a otro sitio.
La noche avanzó, y Las Brujas de Macbeth se despidieron con su último y lento hit, Magic Works, desde su casa, por la pantalla gigante.
-So believe, that magic woooorkssss -cantaba Myron en ese momento, llevándose el micrófono a la boca mientras su perro pasaba caminando alegremente entre los instrumentos, meneando la cola. Bajo la pantalla, en la pista de baile, Lisa Turpin se besaba muy románticamente con Michael Corner, tomados de la cintura. Su hermana Jenny la miraba con una sonrisa, mientras bailaba con Ryan junto a ellos.
La canción terminó, la banda se despidió y Oliver plegó la pantalla hacia arriba nuevamente, al tiempo que ponía nueva música en su consola y otras melodías bailables resonaban por toda la Sala Común, las luces cambiando de color y la bola disco girando sobre la pista de baile.
Fay estaba sola en la mesa del ponche, sirviéndose un vaso, con sus patas de araña sobresaliendo por su espalda. Se alejó con su bebida, caminando por los bordes de la pista de baile. ¿Dónde estaría Hermione? Finalmente, luego de horas, la vio en un costado apartado con Harry, junto a una mesa. Miró con atención, para asegurarse de no interrumpir nada, pero al ver que Harry parecía estar inconsciente se acercó a ellos, un poco preocupada.
-¿Hermione? -dijo, al llegar a su lado.
-Fay -dijo ella, alzando la mirada-. ¿Y tu pareja?
-Lo abandoné -reveló ella, ni feliz ni triste.
-¿Por qué?
Ella parecía algo avergonzada, pero le contó a su amiga lo que le había pasado:
-Estábamos bailando, y, bueno… quiso tocarme el trasero.
-¿Quééééééé? -Hermione no lo podía creer.
-Sí -se lamentó ella-. Resultó ser un idiota. En fin, le di su merecido cachetazo y lo dejé allí solo. ¿Cuál es el tema con él? -señaló con la cabeza a Harry, que tenía la cabeza colgando hacia adelante y un hilo de baba caía varios centímetros hacia el suelo. -¿Se emborrachó? ¡Luce terrible!
Hermione le contó todo.
-Ohhhh -exclamó Fay, comprendiendo, mientras asentía con la cabeza y se llevaba el ponche a los labios-. Claro. Eso tiene sentido.
Se quedaron allí, pasando el tiempo sentadas, mientras miraban a la gente bailar. La noche avanzó más y más, y Hermione se preguntó si Ron aparecería nuevamente para tratar de hacer las paces con Fay, pero el chico había desaparecido por completo. No iba a contarle a Fay lo que habían hablado, porque creía que le correspondía a él hablarlo con ella, pero deseó que pudiera conseguir el valor necesario para tener la charla que debía tener con Fay.
Ahora que sabía que a él realmente le gustaba su amiga, y que no estaba enamorado de ella, no podían seguir separados. Tenían que reconciliarse.
Pero el tiempo pasó, y Ron nunca aparecía. Las horas fueron pasando, la música fue cambiando, y la energía en la Sala Común se intensificó aún más con melodías cada vez más bailables, Oliver mezclando algo de música electrónica con grandes hits de pop mágico actual y bandas de rock populares. Pero, cada vez más, dejando que la electrónica ganara terreno, que sería la música protagonista del momento pico del baile.
La noche estaba a punto de llegar a su punto máximo, al momento pico, donde todos habrían bebido lo suficiente para que la fiesta estuviera a pleno, en su mejor momento.
Finalmente, luego de lo que había sido un largo día, Penélope Clearwater pudo recostarse en su cama, en su habitación, a descansar. Oía, muy apagado por la distancia, el sonido de una distante batería y bajo correspondientes a la música que, sabía ella, venía de la torre Gryffindor.
Se incorporó y se puso a mirar por la ventana de su habitación, donde dormía sola. Se quedó mirando los oscuros terrenos exteriores del castillo, desde la sombría y apagada torre Ravenclaw. Allí no había fiesta, porque no había nada que festejar. Todos allí portaban el virus, y no había nada de bueno en eso, nada que mereciera una celebración.
Pensó en su madre, mientras una lágrima caía por su rostro. Miró por la ventana a la oscuridad exterior al castillo, esa oscuridad que envolvía todo, tal como ese mundo oscuro la rodeaba a ella.
Oyó algo. ¿Qué era eso?
Se irguió en su lugar, sobresaltada. Sonaba como un disturbio. Como si los alumnos de las otras habitaciones de Ravenclaw estuvieran haciendo algo, muchos de ellos, todos juntos.
Lo único que faltaba. Que ahora, estando ella sola allí a cargo, tuviera un disturbio ocasionado por los alumnos, todos a la vez.
Pero, al oír mejor, se dio cuenta de que lo que se oía eran aplausos.
¿Por qué aplaudían?
Abrió la ventana, se asomó por ella y miró hacia afuera. Venían de toda la torre Ravenclaw. Todos los alumnos estaban asomados a las ventanas de sus habitaciones, que podían abrirse en esa torre, y aplaudían todos a la vez.
-¡Gracias! -oyó que gritaban algunos, sus voces haciendo eco en la distancia.
-¡Gracias, Penélope!
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Los aplausos se oyeron por toda la torre y también por varias otras partes del castillo, haciendo eco por el aire y en la noche exterior. Todos los niños de la torre Ravenclaw lo estaban haciendo a la vez. Los aplausos resonaban por los terrenos y por los muros.
-¡Gracias Penélope, prefectos, profesores!
-¡Y Madame Pomfrey! -gritó otro niño-. ¡Y sanadores que vinieron del Ministerio!
-¡Gracias, Penélope querida! -gritó una niña por su ventana.
Penélope se llevó una mano al pecho y no pudo contener una sonrisa. Un extraño calor invadió todo su cuerpo.
No estaba sola.
-Justin, funcionó -dijo Susan, que miraba por fuera de la ventana de su habitación, volviéndose hacia su amigo. Los cuatro habían estado aplaudiendo también. -¡Funcionó! Y fue idea tuya. ¡Fue todo tu idea!
-Sí, no fue nada -dijo él, algo incómodo y sonrojado-. Solo fue una idea, nada más…
-¡Pero los convenciste, a todos! -insistió Susan-. ¡Y mira cómo lo hicieron! ¡Todos están aplaudiendo! ¡Es increíble!
Y entonces, para sorpresa de absolutamente todos, Susan caminó hacia Justin, puso ambas manos en su cara y empezó a besarlo en los labios, apasionadamente.
Hannah abrió la boca de par en par, estupefacta.
Ernie dio un salto altísimo, agitando los brazos, gritó de alegría y los señaló, triunfante.
-¡LO SABÍA! -gritó, maravillado.
Susan y Justin se besaron largamente, mientras los aplausos resonaban todo alrededor y hacían eco en la noche.
