Capítulo 16. La vacuna


-Bueno, lo mejor será que me vaya de aquí rápido -dijo Harry, mirando a sus tres amigos de una forma que pretendía ser tranquilizadora-. No se preocupen, estaré abajo, en la enfermería. No hay ningún problema, ¿sí? Media escuela está allí abajo, y sabíamos que nos tocaría a alguno de nosotros tarde o temprano.

Todos los miraban como si ya hubiera muerto. La cara de Ron era como si su mejor amigo estuviera en el suelo de un campo de batalla, agonizando en sus brazos.

-No tiene por qué pasarme nada, ¿está bien? -insistió Harry, mirándolos a todos. Su mirada se detuvo especialmente en Hermione. -Tranquilos, todo estará bien. No hay por qué ponerse… tristes, ni nada. ¿De acuerdo? Ahora iré abajo. Y nada de despedidas, ni nada así. Ya verán que volveré. Ustedes cuídense mucho mientras tanto.

Empezó a caminar hacia la puerta, decidido a irse de allí sin ningún tipo de despedida ni nada similar.

Sin embargo, algo lo detuvo.

Hermione había extendido un brazo hacia su pecho, con el que le detuvo el paso.

-Espera -le dijo.

Todos la miraron.

-Hermione, debo bajar -dijo él-. Y no será bueno que toque nada de este cuarto. Ni que respire aquí. Puedo contagiarlos. De hecho, deberían desinfectar todo…

-Ven aquí -Hermione lo tomó de la mano y tiró de él en dirección al baño.

Ron y Fay fruncieron el ceño, mirando aquello.

-¿Qué haces? -dijo Harry, sin entender. Hermione tiraba de él en dirección contraria a la salida del dormitorio. -¿Por qué me llevas al baño?

-Te explico allí -dijo ella. Entonces se volvió hacia Ron y Fay, que estaban totalmente estupefactos por aquello. -Escuchen -les dijo-. Vamos a ausentarnos un rato, ¿de acuerdo? Luego les explicaré todo, pero es importante que no hagan nada mientras tanto. No le digan a nadie lo de Harry. ¿Está bien?

-¿Hermione…? -empezó Fay, asustada-. ¿Por qué te llevas a Harry al baño? Está enfermo…

Hermione la miró muy fijamente.

-No se preocupen, todo estará bien. Lo prometo. Solo espérennos.

Hermione metió a Harry al baño, se metió tras él y cerró la puerta tras ellos.

-Rayos -dijo Ron, en el dormitorio con Fay-. ¿Crees que se tarden mucho? Porque yo como que necesitaba ir -se llevó ambas manos a la entrepierna, y esta lo miró con una ceja arqueada-. ¡¿Qué?! Bebí como veinte vasos de ponche.

Hermione, dentro del pequeño baño, empezó a quitarse partes de su disfraz, como la vincha de aleta y la estructura del plimpy, quedando vestida con la túnica que llevaba debajo. Harry estaba inmóvil, paralizado a su lado en ese reducido espacio, sin entender nada.

-Hermione, ¿qué…?

-Ya te explico. Dame un segundo.

Hermione cerró los ojos y empezó a caminar de un lado al otro frente al lavamanos, concentrada. De pronto, Harry dio un respingo al ver que este se hundía en la pared, unas baldosas del suelo se corrían y se revelaba allí abajo un agujero secreto, en el suelo.

-¿Qué es eso? -dijo, sorprendido.

-Ven conmigo -Hermione se puso en cuclillas, se metió en el agujero hasta quedar colgando dentro, sosteniéndose solo con las manos del piso, y soltándose luego, con lo que desapareció en la oscuridad debajo. -¡Vamos! -le llegó su voz, desde allí-. ¡Ven!

Obediente, Harry se puso en cuclillas y se metió al agujero también. Cayó sobre unas escaleras de roca que estaban en penumbras, hasta que Hermione encendió una luz con su varita para alumbrar.

-Sígueme -dijo la chica, en un susurro muy nervioso.

Harry empezó a bajar unas escaleras de roca muy angostas y con un techo muy bajo tras ella. Totalmente intrigado por aquello, y sin entender nada, se quedó en silencio y dejó que ella lo condujera por allí, y luego por un túnel también estrecho por el que avanzaron más y más…

Era evidente que, luego de descender por ese pasadizo secreto, habían abandonado la torre Gryffindor, caminando ahora por algún lugar lindero al pasillo de séptimo piso.

Mientras Harry pensaba en eso, sin entender por qué Hermione lo llevaba allí, vio que alcanzaban una puerta de madera. Una vez allí, ella se detuvo con una mano en el picaporte, y le dirigió una mirada que le transmitió una mezcla de nervios, ansiedad y preocupación, todo junto.

Hermione no dijo nada. Su rostro estaba iluminado por la luz de su propia varita, y ahora Harry vio que su cara se ponía totalmente roja, parecía extremadamente avergonzada. La chica miró al suelo, con la cabeza gacha, y empezó a tocar su varita nerviosamente con la otra mano, haciendo temblar la luz que provenía de ella.

-Hermione, ¿qué ocurre? -dijo él, sin comprender.

-Solo… Solo entra -dijo ella entonces.

Acto seguido, abrió la puerta y entró ella primero. Harry pasó después. Se dio cuenta enseguida de que aquel lugar era una gigantesca, enorme sala que nunca antes en su vida había visto, a pesar de que debería haberlo hecho, por ser un lugar tan grande dentro del castillo y no aparentando estar tan lejos de la torre Gryffindor…

Primero, Harry miró hacia arriba, y vio los altos vitrales, como si se tratara de una catedral, y quedó impresionado por la magnitud de la estructura de la sala, mientras se adentraba más y más en ella. Todo estaba muy iluminado, y no tardó en bajar la mirada para ver el resto de los objetos y cosas que componían la sala. En ese momento, fue consciente de la música de violines y tonadas de pianos, así como lo que parecían ser arpas, que sonaban en un agradable tono bajo, proveniente de instrumentos que parecían estar allí mismo, quizás sonando por cuenta propia…

Y, entonces, sus ojos captaron el detalle de la singular decoración.

Quedó boquiabierto, sin decir nada, mientras sus pasos se volvían más lentos, hasta que se detuvo por completo. De pronto, se dio cuenta de que allí había tapices con su cara, cuadros con fotografías de él mismo, elementos colgando con forma de rayo o de unos anteojos redondos igualitos a los suyos…

De pronto, vio la escultura que lo representaba a él mismo, en el medio de la sala, y sus ojos se abrieron aún más.

Su mirada entonces pasó desde allí hacia las frases escritas en las paredes que decían "Harry y Hermione", encerradas en corazones con flechas. Parecían haber sido pintadas con una varita, por una persona. Había también interminables estanterías llenas de libros color rosa, con lo que parecían ser pergaminos con poesía grandes colgados en sus lados; sofás rojos, alfombras rosadas… Pero, sobre todo, lo que más lo impactó fue su rostro, en fotografías, en dibujos… Su rostro estaba sencillamente en todos lados.

Se quedó inmóvil, mirando aquello, sin decir absolutamente nada.

-Por aquí -dijo Hermione en un susurro casi inaudible, un mero hilo de voz, a su lado.

Con la cabeza gacha, los ojos en el suelo y sus manos estrujándose la una a la otra, Hermione avanzó hasta una parte de la sala donde había una larga mesa llena de calderos. Harry fue tras ella, lentamente, sintiéndose más extraño de lo que se hubiera sentido antes en su vida.

Ella se acercó a la mesa, donde humeaban los calderos. Había uno, en particular, que era mucho más grande que los demás, y que parecía estar recibiendo la parte más importante de la poción que se estaba haciendo allí.

Hermione se acercó a este, se detuvo ante él y empezó a revolver con su varita el contenido, que consistía en una burbujeante poción color negro azabache.

-Her… ¿Hermione? -preguntó Harry, casi sin voz, mirando el caldero, sintiéndose increíblemente nervioso y desconcertado-. ¿Qué… Qué…? ¿Por qué hemos venido aquí?

-Esto que está aquí, en este caldero -dijo ella, sin mirarlo por nada del mundo, concentrándose únicamente en revolver su poción-, es la vacuna del Horrovirus.

-Oh -Harry asintió, lentamente, como en shock-. Claro, eso… Eso lo explica. Espera, ¿cómo?

Sacudió la cabeza, mirando a la chica fijamente. Ella no le devolvió la mirada. En su lugar, respiró hondo, y asintió.

-Este es mi secreto -dijo ella-. Este es mi lugar secreto, y esto… Esto es mi secreto. Nadie lo sabe. Ni Fay, ni nadie. Lo oculté todo este tiempo. Aquí.

Harry no dijo nada. Se quedó mirando el líquido negro que estaba dentro del caldero.

-Desde el principio de todo -dijo ella, con los ojos muy abiertos, totalmente tensa, tan tensa que no parecía ni respirar-. No podía decírselo a nadie. Yo… Tuve que mantenerlo en secreto. Y, casualmente, te has contagiado del virus la misma noche en que yo iba a terminarla. El día en que, finalmente estaría completa. Así que…

-¿Me estás diciendo, Hermione, que…? ¿Qué tú desarrollaste la vacuna para el Horrovirus? -dijo Harry, impresionado y al mismo tiempo asustado-. ¿Y que quieres dármela, ahora que viste que yo tengo el virus?

-También es un antídoto, sí -dijo ella, sin dejar de asentir y sin dejar de no mirarlo para nada-. Tú me preguntaste una vez que qué eran las pociones que hacía en mi habitación, ¿recuerdas? ¿En los calderos que tenía bajo mi cama?

-Sí, lo recuerdo -dijo él, asintiendo-. Cuando recién fuimos a dormir a tu habitación, y me llamó la atención que siempre estabas haciendo pociones, guardando calderos bajo tu cama.

-Y luego metía los contenidos en frascos, que traía aquí -completó ella.

-Pero… Pero… ¿Cómo…?

-Pero, antes de dártela, debo decirte que tiene un muy indeseable efecto secundario -dijo ella entonces, seca, aún en shock, muy tensa-. Es inevitable. No existe otra forma, Harry. Este efecto fue el que hizo que nadie la quiera, que nadie aceptara mi vacuna. Y por eso es que no la han difundido, los gobiernos no la aceptaron, y no la han desarrollado masivamente para todos.

Harry arrugó la cara.

-¿Cuál es ese efecto secundario?

-Te quitará toda tu magia, para siempre -explicó ella, sus ojos brillando ante el líquido burbujeante-. Dejarás de ser un mago. Pasarás a ser un muggle... Pero, eso sí, no correrás ningún riesgo de muerte. Estarás a salvo del Horrovirus, para siempre. Porque los muggles son inmunes a él.

Entonces, ella alzó la mirada y la posó en sus ojos, con seriedad, por primera vez desde que ingresaran a ese lugar.

-Creo… Creo que entiendo -dijo Harry, igual de serio, su cerebro trabajando rápidamente-. Como los muggles son inmunes, tú… tú hiciste una poción que nos transforma en muggles.

Ella asintió.

-Y para siempre, no se puede revertir -completó-. Ni tiene marcha atrás.

La chica miró alrededor, y señaló unos sofás color rojo que había a poca distancia de ellos.

-Puedo explicártelo todo -dijo, respirando muy lentamente, apenas pestañeando-. Quizás… quizás quieras… to… tomar asiento -tragó saliva, muy nerviosa.

Él asintió, sin salir del asombro total, y caminó hacia el sofá, ella yendo tras él. Se sentó y no pudo evitar mirar de reojo alrededor, a los cuadros con su cara, a los corazones que encerraban sus nombres…

Hermione llegó y se sentó también, a una muy prudente y considerable distancia, y se volvió a quedar mirando sus propias manos, como si no se atreviera ni a respirar, sin levantar la mirada.

Harry decidió decir algo para romper la tensión, lo cual no pasó:

-Y… eh… ¿dónde estamos?

-Esto es… mi lugar secreto -dijo ella, alzando las manos, como señalando todo lo que había en torno a ellos-. Mi lugar secreto, donde está todo lo que, bueno… lo que nadie más debería ver.

Respiró hondo, apretándose sus propios dedos con fuerza.

-Es una sala secreta del castillo, supongo -continuó-. No tengo idea de cómo funciona exactamente, pero apareció para mí un día, hace un año. Ella sola… solo extendió un túnel hacia el baño de mi dormitorio, donde yo estaba lloran… donde yo estaba -corrigió rápidamente-. Y supongo que se transformó en algo… en esto. No me explico cómo. Al principio, venía aquí de vez en cuando, cuando quería estar sola… Pero hace unos meses, empezó a tener otra utilidad.

Volvió a tomar aliento, su respiración siendo lo único audible allí además de las finas notas de las arpas y violines, muy suaves y dando solo una tonada ambiental, el resto estando en un profundo silencio. Se notaba que la chica estaba tratando de conseguir hablar de forma más fluida, pero le costaba muchísimo. Harry casi podía jurar que oía los latidos del corazón de ella, acelerados, desde su lugar.

-Cuando empezó todo lo del Horrovirus, en Rumania -dijo ella, alzando la mirada hacia una pared distante-, la gente aquí no estaba preocupada por el tema aún… No pensaban que fuera a transformarse en algo grave. Pero yo me puse a investigar. Fui a la sección prohibida de la biblioteca, saqué algunos libros… y conseguí otros por cuenta propia. Y descubrí algo.

"El Horrovirus es un virus que ataca la magia que tenemos dentro, por ser magos. Se alimenta de ella, y así sobrevive. Al principio, cuando absorbe tu magia, no sientes nada, no te das cuenta, porque el daño es mínimo. Cuando crece lo suficiente, empieza a atacar otras células de tu cuerpo, y causa daños a partes que no tienen nada que ver con la magia. Tu cuerpo reacciona, atacándolo, pero en ese punto el virus ya ha crecido mucho, y tu cuerpo no puede detenerlo. Eso, básicamente, explica las dos consecuencias del Horrovirus en tu cuerpo: La primera, que cuando portas el virus en un estado ya avanzado te quedas sin magia y ya no puedes realizar hechizos, tal como tú ahora. Es el principal síntoma de la enfermedad. Y se debe a que el Horrovirus ha consumido la mayor parte de la magia de tu cuerpo, destruyendo la parte mágica dentro de ti. La segunda consecuencia es que tus otros órganos empiezan a sufrir daños, y por eso tienes otros síntomas, y por eso muchos acaban muriendo.

Hermione explicaba todo como si fuera una profesional en el tema, más que una chica de trece años. Parecía saber exactamente de qué estaba hablando, con total detalle. Pero no miraba a Harry, sino que lo decía todo con sus ojos aún perdidos en la pared opuesta, como si estuviera deseando que se la tragara la tierra, o estar en otro sitio en lugar de ese.

-Lo que yo descubrí, lo que estuve buscando, mejor dicho, era una extraña y muy antigua poción que siempre ha existido, desde que existen los magos. Pero de la que nadie habla nunca. Antiguamente era considerada la peor magia negra de todas. Peor que lo que sea que te puedas imaginar y que hayas conocido. Para los magos, ha sido considerada peor que beber sangre de unicornio, que matar a alguien, que profanar tu cuerpo con magia negra, que lo que sea. No existe nada peor que eso para los magos. Y por eso ni siquiera le han puesto nunca un nombre, porque no querían que se hablara jamás de esta poción. La han tratado de ocultar durante toda la historia de la magia, y yo recordaba haber leído un mínimo comentario de ella en un libro de la sección prohibida, por eso me puse a investigar…

En la mesa, a unos metros de ellos, la poción color negro intenso de Hermione burbujeaba, emanando sus vapores al aire.

-La razón por la que pensé en ella -continuó-, es porque recordé el motivo por el que había sido considerada, históricamente, la peor magia negra de todas, la peor cosa que se le pudiera hacer a un mago nunca… -suspiró-. Porque se trata de una poción que te quita tu magia. Elimina para siempre, para el resto de tu vida, hasta la última partícula de magia existente dentro de tu cuerpo, haciendo que dejes de ser un mago y te transformes para siempre en muggle.

"Solo imagínalo. Para los magos, no podría haber nada peor que dejar de serlo, que perder su magia, lo que los hace especiales. Por eso siempre la han catalogado como una poción de magia negra, y por eso jamás nadie habla de ella, nunca en la vida la enseñarían en una escuela, ni permitirían que su existencia sea mencionada en ningún sitio. No creo que esté permitido mencionarla en libros tampoco, de hecho. Fue una gran coincidencia que yo me topara con ella.

"Y me costó muchísimo averiguar más al respecto. Pero lo hice, conseguí información, aunque debo admitir que me costó tanto que por momentos pensé en abdicar. Pero finalmente, cuando supe que efectivamente existía, que era una poción como cualquier otra, que podía hacerse, se me ocurrió que podía ser una vacuna contra el Horrovirus.

"Claro que los magos siempre le temieron, porque nadie quiere perder su magia, pero nunca antes en la historia de la magia había habido algo como este virus. Entonces pensé que, dado el contexto actual, quizás la gente preferiría perder su magia antes que morir. O, al menos, tener la libertad de elegir.

"En ese momento, el virus acababa de aparecer, hacía poco tiempo. Yo había leído que se inició en Rumania, así que le escribí a Charlie, el hermano de Ron. Sabía que él estaba trabajando con dragones allí, para el principal laboratorio del mundo que buscaba una vacuna contra la enfermedad. Charlie, entusiasmado, me dijo que mi idea era muy buena, y que se la iban a presentar a los directores del laboratorio, a ver qué opinaban ellos.

Harry escuchaba con atención cada palabra, y asintió lentamente.

-Déjame adivinar -dijo Harry entonces-. No les gustó la idea, ¿verdad?

Hermione esbozó una sonrisita triste, aun mirando la pared.

-Dijeron que la magia negra no era una vacuna, sino magia negra. Se enfadaron muchísimo con Charlie y con su compañero del laboratorio, Ioan, que lo acompañó a presentar la idea a su jefe. Dijeron que no tolerarían ideas oscuras o de magia negra. Ioan y Charlie pensaban como yo: que la poción solo fue considerada "magia negra" por los magos porque tenían temor a ella, a perder lo que más añoraban en este mundo, su magia. Pero no había por qué pensar en ella como magia negra. Simplemente es una poción con un efecto muy drástico en tu cuerpo, pero que puede servir en algunos casos. No hace nada malo en ti. Te transforma en una persona igual que miles de miles de personas que viven en el mundo actualmente, y que no tienen nada de malo. En muggle.

"Sin embargo, no resultó bien. Casi despiden a Ioan y a Charlie. La Organización Mágica de la Salud se enteró de la idea y se armó todo un revuelo interno. Porque claro, era una gran idea, y por lo tanto los asustó enormemente. Dijeron que nadie podía enterarse, que no podían divulgar esa información. Amenazaron a Charlie conque, si divulgaba la idea con cualquier persona, le harían cosas terribles.

"Decidieron silenciarlos a ambos a toda costa. Sospecho que el motivo de que no los despidieron fue para tenerlos bien vigilados, de cerca, y asegurarse de que no lo divulgaran. No sabes el miedo que mi idea acabó generando en las personas más poderosas del mundo. Altos directivos de organizaciones mágicas europeas e internacionales, de Estados Unidos, de todos lados. Todos, en secreto, por supuesto, acordaron que eso nunca podía ser una alternativa. Que, pasara lo que pasara, no iban a acceder a utilizar la poción. Y que, cualquiera que siquiera pensara en hablar sobre su existencia, debía ser silenciado a toda costa, por cualquier medio.

Harry tenía el ceño fruncido y miraba los almohadones del sofá, en la parte vacía entre ellos dos, tratando de procesar toda esa información.

-¿Por qué? -preguntó, mientras trataba de comprender-. ¿Por qué reaccionaron así, las organizaciones, y todos esos magos? Podría ser una alternativa…

-Está clarísimo, Harry -dijo ella-. Por el mismo motivo que los magos de la antigüedad querían esconder esta misma poción. Solo que, ahora, hay gente muriendo, y antes no. Pero, aún así, incluso cuando todos están muriendo, ellos no quieren renunciar a lo que para ellos es lo más valioso en este mundo: la magia. Ordenaron que continuaran las investigaciones del laboratorio en busca de otra vacuna, una que permitiera detener el Horrovirus sin ese efecto secundario. El laboratorio continuó la búsqueda, como le ordenaron todos los magos más poderosos del mundo, pero, como ya sabes, jamás pudieron encontrar una. Y es que no la hay. No hay otra vacuna, no hay otra opción.

"La realidad es que es un virus muy poderoso en humanos, tan poderoso que no hay otra forma de detenerlo. La única forma, Harry, es con esta poción. La única forma es dejar de ser un mago. Solo así el virus no tiene de qué alimentarse. Aunque estés en un estado avanzado de la enfermedad, al borde de morir, si eliminas tu magia desincentivas al virus, que desaparece, y curar tus heridas del resto del cuerpo no es difícil luego. Sobrevives. El virus solo vive en nosotros porque quiere nuestra magia. Por eso solo los muggles pueden sobrevivir, ellos son los inmunes.

"Con ayuda de Ioan y Charlie, conseguí aprender a hacer la poción. Mucha información la encontré por cuenta propia, y ellos viajaron a algunos lugares para conseguir el resto. Al final, conseguimos armar el rompecabezas, descubrir exactamente los ingredientes y todo lo que se necesitaba para hacerla. Si crees que la poción multijugos era difícil, deberías ver lo que fue esta, Harry. Fue un trabajo durísimo…

"Pero, claro, cuando quedó claro que los directores de la OMS y de los gobiernos mágicos del mundo no iban a aceptarla, y preferían matar a miles antes que darle esta alternativa a la población, pensamos que no había nada más que hacer. Pensamos que habíamos perdido la batalla. Ellos me dijeron que lo mantuviera totalmente en secreto, por eso no podía decirle nada a nadie, ni siquiera a ustedes. Si alguien se entraba que yo sabía de la existencia de esta poción, quizás hubieran enviado a alguien aquí por mí, quién sabe a hacerme qué cosa… Los gobiernos estaban todos paranoicos, tenían miedo de que la población supiera de esta posibilidad. Quizás me habrían mandado a matar. No lo sé.

Harry la miraba con horror.

-La gente común tiene miedo, Harry. Saben que el virus está en todas partes. Tienen miedo de contagiarse. En ese momento la tasa de mortalidad era del 5%. La gente, con tal de no ser parte de ese 5%, hubiera tomado la poción y se habría vuelto muggle. Pero los gobiernos no querían eso. La OMS, en secreto, quería que muriera el 5% del mundo mágico y el resto pudiera seguir haciendo magia, seguir siendo magos. Idearon un plan secreto y asesino. Pero todo les salió mal cuando se disparó la tasa de mortalidad y descubrimos que está en crecimiento. El virus se fortalece. Ahora sabemos que, a la larga, sin una vacuna, todos los magos del mundo van a morir.

-¿Y entonces les permitieron elaborar esta poción?

-¿Bromeas? ¡Para nada! Siguieron en su misma postura. Te lo digo, Harry, a los magos poderosos no les interesa que la gente viva o muera. Solo quieren mantener sus intereses. Quieren que la magia siga existiendo. Si todo el mundo empieza a tomar esta poción, por prevención, para asegurarse que puedan sobrevivir, aunque sea sin magia, entonces la magia desaparecería del mundo en pocos meses, o incluso semanas. En algún momento, dejaría de haber magos y brujas, y todo el mundo pasaría a ser muggle. Y a ellos les aterra eso. ¿Entiendes?

Harry asintió.

-Y entonces… -dijo él, mirando hacia la poción que burbujeaba en la mesa-. ¿Cómo es que… que tú…?

-Ideamos un plan -dijo Hermione-. Los tres de nosotros. No teníamos los recursos, claro. Lo primero que decidimos fue que yo fuera quien hiciera la poción, aquí. Ellos estaban en la mira, los vigilaban todo el tiempo. Jamás podrían haberla hecho sin que los descubrieran. Pero, como los gobiernos no sabían de mí, porque siempre nos hemos comunicado en secreto, yo estaba a salvo, y podía hacer la poción aquí, en esta misma sala secreta.

"Claro que eso solo era el principio del plan. Porque, una vez que la tuviera hecha, ¿qué íbamos a hacer con ella? No podíamos poner un letrero en la puerta de Hogwarts que dijera: "Vacuna contra el Horrovirus aquí. Advertencia: dejarás de ser mago". Por supuesto que no. Al primer intento de algo así, nos vendrían a buscar y eso sería el fin del plan.

Harry la miraba estupefacto, y preguntándose cuál era su plan entonces.

-Fue por esos días que Ioan le confesó a Charlie que el laboratorio tenía un virus secreto, una especie de sub-virus, que habían extraído de la misma composición interna del Horrovirus. Lo llamaban "virus de reproducción". Era, más bien, una partícula del Horrovirus. Lo habían obtenido de un experimento. Harry, ¿cuál es la principal característica del Horrovirus?

Harry se encogió de hombros, con sus ojos muy abiertos.

-Pues que es muy contagioso. Extremadamente contagioso. Y unos magos lograron aislar la partícula que hacía así de contagioso al virus. Lo que buscaban, claro, era poder quitársela al virus, para que ya no fuera así. Pero eso no se pudo lograr. El experimento, que resultó un fracaso, se abandonó. Pero ese "virus de reproducción" quedó allí, en el laboratorio de Charlie. Y, entonces, Ioan nos dijo que, si agregábamos eso a nuestra poción, luego de hacerla, la poción tendría una capacidad de contagio igual al Horrovirus.

"Y así surgió nuestro plan: Íbamos a hacer la poción, colocarle el virus de reproducción dentro, y luego dársela a alguien, a una sola persona, cualquiera. Esa persona contagiaría a otra, y esa a otra, y así, la vacuna se esparciría entre la población igual de rápido que lo hizo el mismo Horrovirus original. Básicamente, sería una vacuna que se contagia por la saliva, y por los mismos medios que el virus en sí mismo. Igual de rápido que como todos se infectaron, ahora todos se curarían.

Harry estaba totalmente impresionado por aquello, sin poder creerlo.

-Sabíamos lo que hacíamos -siguió Hermione-. Sabíamos que íbamos a eliminar la magia del mundo con esto. Que ya no habría magos ni brujas. Pero no hay alternativa. Todos vamos a morir de otra forma. Eso ya quedó clarísimo, comprobado. Si no se hace algo, todos morirán. Preferimos salvar las vidas de la gente, antes que salvar la magia. Así que nos pusimos manos a la obra:

"La verdad, mi parte fue la más fácil. Yo solo tuve que hacer la poción. Aquí, en secreto, sin que nadie me molestara. Ellos, en cambio, tenían que hacer lo más difícil: robar el virus de reproducción. Sin esa partícula, la poción no sería contagiosa. Solo le serviría a la persona que la bebiera, pero no provocaría ningún contagio. Y ese virus, lamentablemente, estaba totalmente custodiado y vigilado en una sala ultra secreta del laboratorio, casi inaccesible.

"Por suerte, Ioan consiguió robar las contraseñas para acceder. Se arriesgaron mucho. A Ioan lo habían amenazado con matar a toda su familia si intentaba algo, si seguía pensando en la idea de esta poción. Pero él fue valiente, y decidió que la salud de la humanidad era más importante que cualquier otra cosa. Hace unos días, él y Charlie entraron a la cámara de criogenia donde el virus de reproducción estaba aislado y oculto, en el laboratorio, lo robaron y huyeron de allí con él. Y me lo enviaron a mí.

-¿Cómo te lo enviaron?

Hermione se mordió los labios antes de contestar, por los nervios.

-En una lechuza.

-¡¿En una lechuza?!

-Lo sé, lo sé, fue una locura. Había muchas posibilidades de que saliera mal. Podían interceptar la lechuza, y perderíamos nuestra única posibilidad. Pero teníamos una ventaja: nuestras comunicaciones, estábamos seguros, estaban siendo cien por ciento secretas. Nadie de los que los vigilaban a ellos dos sabía nada de mí. Así que no sospechaban que tenían un compañero en Inglaterra. Me inventaron un apodo, "Regnarg", que es "Granger" al revés. Y luego me empezaron a llamar por un diminutivo de eso, "Reg", y en modo masculino, para despistar. Realmente tomamos muchas medidas de confidencialidad entre nosotros.

"Así que era más seguro enviar el virus de reproducción en lechuza que venir ellos hasta aquí a dármelo personalmente, ya que estaban siendo buscados por todo el mundo, por todos los gobiernos. Se arriesgaron mucho, y lo más triste es que no sé dónde están ahora. No sé si los capturaron, si les hicieron algo, si están vivos…

-¿No lo sabes?

Ella negó con la cabeza, tristemente.

-Fue hace solo unos días que me enviaron la lechuza. Y, de hecho, fue esta misma noche cuando recibí, finalmente, el virus de reproducción.

Hermione se puso de pie y empezó a caminar hacia la mesa de nuevo. Harry la imitó, yendo tras ella. Ella le mostró un pequeño frasco, diminuto, con un líquido color azul, que estaba apoyado allí arriba, junto a un caldero.

-¿Esto es? ¿Esto es lo que Charlie te envió? ¿Esto es… el virus de reproducción?

Ella asintió con la cabeza.

-La poción la terminé hace pocos días -le explicó-. Finalmente. Luego de muchas pruebas, que salían mal. Fue la poción más difícil que pudiera haber imaginado hacer nunca. Finalmente, la pude terminar, y quedó bien. Y ellos me enviaron esto. Lo recibí hace solo unas horas. Antes de que empezara el baile, de hecho.

"Mientras nos preparábamos para el baile, me escapé de aquí por aquella puerta -señaló una puerta enorme que parecía conducir a los pasillos exteriores del séptimo piso-, fui a la pajarera de las lechuzas y allí estaba, por fin. La lechuza enviada por ellos me estaba esperando, tal como habíamos acordado, con el virus de reproducción. Ya que en nuestra torre no se podía abrir ventanas, tuve que ir a la pajarera de las lechuzas para recibirla. Pero funcionó.

"Así que ahora el plan está completo. Solo tengo que introducirlo en la poción, y entonces…

Miró la poción, fijamente.

-Entonces, habrás salvado a todo el mundo mágico -finalizó Harry, sin salir de su asombro, totalmente impresionado y maravillado por aquello.

-Supongo que sí, los tres, lo habremos hecho -dijo ella-. Claro que hay detalles… Para que el contagio de la vacuna sea más rápido, lo ideal sería que todos dejaran de estar en cuarentena. Debemos revelar la existencia de esta vacuna por medio de las redes sociales muggle. Porque claro, en El Profeta no nos dejarán divulgar esto. Pero no controlan las redes sociales muggle. Y ahora que todos los magos usan celular, para no tocar papeles, es la oportunidad perfecta. Debemos instar a la gente por allí a que rompa la cuarentena, para que la vacuna se esparza lo más rápido posible. Y que la gente viaje por todos lados, por todo el mundo.

-¿Pero eso no esparcirá también el virus?

-Esparcirá el virus y la vacuna, ambas cosas. Y, cuanto más se esparza la vacuna, menos habrá que preocuparse por el virus.

Harry asintió, comprendiendo.

-Podemos hacerlo -le dijo él, entonces-. Podemos difundir esta información por todos los lugares que podamos. ¿Qué importa si nos atrapan? Una vez que la vacuna esté afuera, en circulación, en la calle y en la gente, y empiecen a contagiarse todos entre sí con ella, no podrán detenerlo. Aunque nos maten, o lo que sea, la vacuna ya estará en circulación, igual que la información sobre esto. La causa se habrá iniciado, y otros podrán continuarla sin nosotros. Será solo cuestión de tiempo hasta que todos tengan la vacuna. Los gobiernos y la OMS no podrán detenerlo, así como no pudieron detener al Horrovirus en primer lugar.

-Exacto -dijo Hermione, asintiendo-. Ese fue nuestro plan, todo el tiempo.

-Así que… -Harry se rascó un brazo, nervioso, al tiempo que tosía de nuevo-. Por eso me trajiste aquí.

-Sí -dijo ella, dando un suspiro-. Claro que, si no quieres, lo entenderé. He descubierto que hay mucha gente que no está dispuesta a renunciar a su magia. Que prefieren arriesgarse, a ver si sobreviven a la enfermedad, con tal de seguir siendo magos…

-No, no yo -dijo Harry entonces, negando con la cabeza, y a ella se le iluminó la cara, aunque seguía mirando hacia abajo-. Los que piensan así, a la larga morirán. Porque la tasa de mortalidad está en aumento, y todos estamos amenazados. Ningún precio es demasiado alto para salvar a la gente. Ni siquiera…

Harry se acercó al caldero y miró la poción que burbujeaba en su interior. Sus ojos enrojecidos brillaron sobre ella.

-Quiero tomarla -dijo entonces, mirando a Hermione, con decisión-. Por Charlie. Y por Ioan. Y por ti. Por todos. Por los niños de esta escuela, por los de Beauxbatons… por todo el mundo. Para que todo esto se termine de una vez.

Ella levantó la mirada y la posó en él por primera vez en un largo rato.

-Y entiendes lo que te hará…

-Descubrir que soy un mago fue lo mejor que me pasó en la vida -admitió Harry, respirando profundamente-. Pero, como te dije… ningún precio es demasiado alto cuando se trata de salvar las vidas de las personas. Lavender murió. Padma murió. Draco también. Y tantos otros. Y tantos niños están en la enfermería, a punto de ir por el mismo camino…

-Y podríamos haberlos salvado a todos -dijo Hermione, con tristeza-. A todos los que murieron. Si los gobiernos nos hubieran escuchado cuando estábamos a tiempo. Si ellos mismos hubieran difundido esta vacuna, de una forma más apropiada.

Harry reprimió otro ataque de tos y adoptó una expresión mezcla de enojo y de convicción.

-Hagámoslo -dijo entonces.

Hermione lo miró de nuevo, luego asintió, y entonces tomó el diminuto frasco con el líquido azul y vertió su contenido sobre el enorme caldero donde estaba preparada la poción color negro azabache. Ambos líquidos se fusionaron, y la poción completa adquirió un nuevo brillo, centellando.

La chica, entonces, la revolvió con su varita, apagó el fuego mágico que había debajo, y llenó con cuidado una copa con el contenido del caldero.

Se la pasó a Harry, sin decir nada. Chorreaba un poco de poción, que quedó en su mano. Él la tomó con ambas manos, preparándose.

Harry se quedó mirando a Hermione a los ojos unos instantes, luego clavó la vista en la copa, se la llevó a los labios y bebió hasta el fondo.

Se hizo un silencio.

Harry bajó la copa vacía y la dejó sobre la mesa. Ella lo miraba con mucha atención.

-¿Cómo te sientes? -le preguntó.

-Bien… de hecho -dijo él-. ¿Cuánto tardará en hacer efecto?

-Debería ser inmediato -dijo ella, en un susurro.

Harry se quedó inmóvil, tratando de descifrar cómo se sentía.

-Creo que ya no siento ganas de toser -admitió-. Siento que respiro mejor... Siento un calor por dentro… Es extraño. Creo que el proceso por el que la magia está desapareciendo de mi cuerpo, para siempre, es de hecho bastante agradable.

Y le sonrió. Ella le devolvió la sonrisa.

-¿Cómo hago para contagiar a los demás?

-Igual que con el virus original: viviendo una vida normal. Por medio de la saliva… de tocar un picaporte, de hablar cerca de alguien…

Harry bajó la mirada y luego la alzó hacia ella otra vez.

-Deberíamos salir por allí -sugirió, señalando la puerta grande-. Ir a la enfermería… Y contagiar a todos allí con la vacuna. Podemos llevar mi capa para hacerse invisible. Nadie sabrá quién lo hizo.

-Sí, claro -Hermione sonrió-. Ese ha sido el plan, todo el tiempo. Contagiar a tantos como sea posible, pero con la vacuna. A los enfermos primero. Y que ellos contagien a más personas. Y ellos a otras. Y así, hasta que todos sean inmunes. Muggles, sí… pero inmunes. Solo desearía haberlo tenido todo listo antes, para salvar a tantos como fuera posible. Me apena mucho por todos los que murieron. Pero hicimos lo que pudimos, hicimos la poción tan rápido como pudimos, y ellos me enviaron el virus de reproducción tan rápido como pudieron, y lo recibí hace solo unas pocas horas...

-Entonces, tú también estás dispuesta a ser muggle -dijo Harry, mirándola.

-Sí, claro -dijo ella, como diciendo algo obvio.

-A pesar de que, al ser hija de muggles, tenías menos probabilidades de contraer el virus.

-A la larga, lo iba a tener de todas formas -dijo ella, encogiéndose de hombros-. Y a la larga iba a morir, como todos. Eso es seguro. Esta era la única forma. De verdad, Harry.

Él asintió de nuevo.

-Gracias, Hermione -le dijo-. Supongo que ya soy muggle ahora -sacó su varita y se quedó mirándola-. Ya no necesitaré esto…

Dejó su varita apoyada en la mesa, y la imagen de esta como solo un trozo de madera que ya no le serviría para hacer absolutamente nada se convirtió por un momento en algo triste. Pero luego lo recordó: era solo el precio a pagar, a cambio de salvar miles de vidas. Las vidas de todos sus compañeros y de sus amigos valían muchísimo más que eso.

-Entonces…

Harry miró de reojo alrededor, tímidamente, sin contenerse más, a toda la decoración de la sala; y Hermione de pronto pareció recordar algo, se ruborizó completamente y se quedó mirando el suelo otra vez, con muchísima vergüenza, mordiéndose los labios.

-Bueno… y, entonces… -muy nervioso, tartamudeando, Harry miró de reojo los retratos con su cara todo alrededor y los demás elementos que hacían referencia a él por toda esa sala-. Todo esto, aquí… yo… creo que…

Se hizo un horrible silencio, que él no había pretendido. Buscó las fuerzas para hablar.

-Quizás yo… yo sabía de esto, en el fondo… -dijo Harry.

Ella no dijo nada. Empezó a rascarse un brazo, nerviosa.

Notó que Harry caminaba hacia ella, muy lentamente, aunque tenía la mirada en el suelo.

-Creo que… que has intentado decírmelo -siguió él, acercándose lentamente-. Y… quizás… no tuve el valor para decirte lo que siento yo…

Los dos estaban completamente tensos.

Hermione levantó la mirada, aun mordiéndose los labios, y la dirigió con extrema dificultad a sus ojos, muy despacio.

-La verdad es que… -dijo Harry, con su corazón latiendo a toda velocidad, golpeando con fuerza contra su pecho-. Que yo…

Tragó saliva, muy nervioso. Hermione ahora lo miraba, aterrada, muerta de nervios.

-Como te decía… -él luchó por pronunciar las palabras, por expresarse, aunque le costara tanto-. Ser mago es lo mejor que me haya pasado en la vida… O eso creía. Pero ahora, creo que… que hay otras cosas, mejores, que podrían pasarme. Y que me gustaría vivir… Y que son mágicas, de otro modo.

Luchó con todas sus fuerzas, porque de verdad quería decirle lo que sentía.

-Tú eres… -señaló todo alrededor, a los calderos, totalmente impresionado-. Eres increíble. Nunca conocí a nadie como tú. Es decir… mientras yo estaba jugando con mi celular, tú estabas planificando salvar al mundo. No tengo palabras… para decirte lo mucho que mereces a alguien mejor que yo, pero…

-No lo creo -dijo ella, negando con la cabeza rápidamente-. Tú eres el héroe… Siempre lo fuiste... Solo eres demasiado humilde… Eso es lo que más me ha gustado siempre de…

Se quedó en silencio, respirando agitada ante él.

-He tratado de no sentir nada por ti -reveló Harry, angustiado-. Pero esto… -volvió a señalar alrededor-. Siempre lo sentí también. Solo que yo… No quería admitirlo. Conmigo mismo. Porque tenía miedo. De lo imposible que parecía, de lo complicado… Así que traté de pensar en otras personas. No me atreví a… Tenía miedo de esos sentimientos… Yo… Pero… -no dejaba de tartamudear, su voz temblando sin control-. Si yo significo algo para ti…

-Eres todo para mí -dijo ella, con un hilo de voz, mirándolo.

Él dio otro paso adelante. Se acercó hasta quedar frente a ella, y le tomó una mano. Ella aún le sostenía la mirada, su pecho inflándose y desinflándose con cada respiración.

Harry acercó su rostro al de ella, quedando a centímetros de distancia.

Se miraron fijamente a los ojos por un segundo, sus narices rozándose. Luego Harry se acercó más y la besó, uniendo sus labios a los de ella, por fin.

Empezaron a besarse en medio de la sala, tomados de las manos y cerrando los ojos mientras sentían sus labios encontrándose. Harry la abrazó por la espalda, y el beso se hizo más largo. Era un beso tierno, romántico y al mismo tiempo lleno de un deseo que había esperado lo que parecieron ser años por finalmente cumplirse.

La intensidad del beso aumentó, Harry con las manos en su espalda y Hermione con las suyas en su cintura. Ella respiró el aroma de su cabello, de su piel, y sintió el sabor de su beso, y fue lo más hermoso que hubiera experimentado en toda su vida.

Sentía, por dentro, como si flotara. Todos sus sueños se acababan de hacer realidad. Sus fantasías más profundas estaban ocurriendo allí, en ese momento, y todo parecía un sueño, parecía como si estuviera viviendo dentro de su mundo imaginario, no del real.

Pero no. No era un sueño. Era la realidad. Y estaba pasando realmente.

Se besaron más y más, durante mucho tiempo, mientras los vapores de las pociones subían al techo de la sala tras ellos, haciendo borrosos a la vista a los retratos de las paredes, y a las inscripciones dentro de enormes corazones que rezaban: "Harry y Hermione".