EPÍLOGO


Iba corriendo a toda velocidad por los pasillos del castillo, bajando las escaleras a toda prisa. La luz del sol se filtraba por las ventanas que iban pasando de forma borrosa a su lado, mientras la chica corría por los desiertos corredores, donde aun no había demasiada gente.

Fay entró en la enfermería como un rayo y se detuvo allí, de pie, recuperando el aliento. Había muchísimos alumnos allí, sentados en las camas, despiertos, así como profesores y personas que nunca había visto en su vida.

Empezó a pasear la mirada entre los niños, que charlaban y reían entre sí, felices de haber despertado.

La chica buscó y buscó, caminando entre las camas, hasta que finalmente la vio.

-¡LAURA!

Esta alzó la vista hacia ella, en el preciso momento en que Fay se lanzaba encima suyo. La sonrisa en la cara de Laura quedó oculta por una mata de cabello castaño lacio, la de su amiga, que estaba aplastando cada músculo de su cuerpo con su cuerpo, en ese abrazo tan fuerte.

-¡Fay! -dijo ella, feliz de la vida.

Se separaron. Los ojos de Fay estaban anegados en lágrimas.

-Creí… creí que…

-Pues no -dijo Laura, radiante-. ¡Estoy viva, amiga!

Se abrazaron de nuevo, ambas sonriendo de oreja a oreja. Un rayo de sol entraba por una de las ventanas de la enfermería y caía directo sobre ellas, alumbrando la felicidad y las lágrimas en sus rostros.

En otra cama, cerca de ellas, Parvati estaba despierta. Su rostro también tenía lágrimas, aunque no eran de felicidad.

-Tus padres vienen en camino -le dijo la profesora McGonagall, que estaba sentada al borde de su cama, dándole una caricia en el hombro-. Han querido venir desde que te trajimos a la enfermería, pero no podían, claro, por la cuarentena. Pero ahora que la gente está saliendo de la cuarentena en todas partes…

Parvati no dijo nada. Siguió llorando, destrozada por la noticia sobre su hermana. Laura entonces se puso de pie y salió de su cama.

-Estoy bien, no se preocupe -le dijo a McGonagall, que se la quedó mirando. Fay y ella fueron hasta la cama de Parvati.

-Parv… ¿Estás bien? -le preguntó Fay, ahora con la frente arrugada. Esta negó con la cabeza, las lágrimas cayendo por su rostro.

Las dos se acercaron a ella y la abrazaron, y esta rompió finalmente en un llanto desconsolado. Las tres se abrazaron con fuerza, mientras la profesora McGonagall las miraba apenada.

-¿Profesora? -dijo una voz tras ella.

Dumbledore había aparecido en silencio, y estaba detrás de ellas, mirando todo alrededor con una mezcla de curiosidad y algo que parecía satisfacción.

-Profesor, no sabemos qué pasó -dijo McGonagall, en un susurro, para que no oyeran todos los estudiantes que estaban despertando y charlando alegremente entre sí, alrededor-. Ya nadie está enfermo. Pero tampoco pueden hacer magia…

Se formó una sonrisita en la cara del director.

-Sí, lo imaginaba -dijo, asintiendo, mientras miraba alrededor.

-¿Ha oído las noticias, profesor? -dijo ella, escandalizada-. Se ha sabido. Sobre esto, que pasó aquí. En todo el mundo. Y los rumores, las voces que dicen que hay que romper la cuarentena, que la vacuna es contagiosa, y cuanto más salgan y viajen todos, más rápido se esparcirá…

-Naturalmente -dijo este, asintiendo parsimoniosamente. Miró a McGonagall con una sonrisita.

-¿No le preocupa? -le preguntó ella, en un susurro asustado-. El Ministerio querrá saber qué pasó. Si empezó aquí, querrán venir a investigar…

-Nada me preocupa menos en el mundo, Minerva -dijo este, con una sonrisa que no se borraba de su rostro-. Que revisen todas nuestras aulas, por supuesto. Profesora, invitémoslos a pasar, que busquen en donde lo deseen. No tengo problemas con ello. Si esto se ha empezado a esparcir desde aquí, lo mejor será que busquen… No creo que haya nada que encontrar, sin embargo.

Dijo esto último con una sonrisita pícara, y se marchó de allí, saludando sonriente a los alumnos que despertaban en toda la enfermería, jovial y alegre.

-Oye, estamos vivos -dijo Crabbe, en otra cama, mirando a Goyle.

-Genial -dijo este, asintiendo lentamente con la cabeza, con una sonrisita tonta en el rostro.

En el Gran Salón, los alumnos se ponían de pie, saliendo de las cientos de camas que habían sido colocadas allí para cuidados intermedios tiempo atrás, mirándose entre sí y sonriendo.

-Me siento fantástico -dijo Roger Davies, mirándose el cuerpo con una sonrisa de dientes blanquísimos, como buscando algo que estuviera mal allí.

-Lo sé -comentó Demelza Robins, a su lado-. Nos curamos en solo una noche. Quién lo hubiera dicho, ¿no?

-¿Ya podemos irnos? -preguntó un chico de sexto de Ravenclaw, de pie junto a su cama.

-Pues… imagino que sí -decía uno de los sanadores enviados por el Ministerio, luego de chequearle la fiebre a una niña de segundo-. Ya nadie tiene fiebre, ni tos, ni problemas de salud de ningún tipo… No veo motivos para que sigan aquí.

Se volvió para mirar a uno de sus compañeros, que, igual de asombrado que él, se encogió de hombros.

Pocas horas después, ocurrió algo que hacía meses no sucedía: Las enormes puertas de entrada al castillo se abrieron de par en par, y una multitud de niños salió por ella corriendo y gritando de felicidad a los terrenos de Hogwarts, bajo el radiante sol de esa cálida tarde de primavera.

-Pero, ¿qué es esto? -exclamó el Ministro de la Magia, que en ese momento se saludaba con Dumbledore, habiendo pasado las verjas de entrada al castillo instantes atrás, y viendo a todos los alumnos que corrían por el césped, finalmente libres. Miraba la escena con shock e ira. -Los alumnos… ¡Están rompiendo la cuarentena! ¡Todos ellos!

-Pues desearía poder hacer algo, señor Ministro -le comentó Dumbledore, fingiendo que se preocupaba también por la situación-. Pero temo que son demasiados. No creo que vayan a escucharme…

-¡Pero usted es el director! ¡Haga algo!

-Lo haría, señor Ministro, pero considero que ya es demasiado tarde. Mire como están todos juntos, allí, seguramente ya todos se han contagiado. Qué terrible, ¿no cree? Bueno, qué se le va a hacer. ¿Le gustaría tomar una taza de té? Mi garganta está muy seca.

El Ministro lo miró con los ojos entrecerrados, apretando un puño con fuerza.

Los alumnos se reunieron todos cerca del lago, buscando a sus amigos, sin dejar de reír y charlar animadamente. El brillo del sol se reflejó en el agua y en el césped, y no se veían más que reencuentros y abrazos por todos lados, entre chicos que habían estado enfermos hasta ese día, otros que no salían de sus dormitorios hacía semanas, y otros que habían estado separados en casas diferentes; todos reencontrándose con sus amigos y compañeros, riendo y saltando de felicidad.

Todos disfrutando de poder estar fuera del castillo, bajo el sol, ya no más en cuarentena, ya no más encerrados. Y, sobre todo, juntos otra vez.


"El fin del Horrovirus" – Informe especial de El Profeta

Personas de todo el mundo están celebrando el final de la enfermedad que nos ha tenido en vilo a todos durante meses. Las cuarentenas terminaron en todo el mundo, las personas salen a las calles y celebran por todas las ciudades.

Como sabemos, la vacuna apareció en la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, donde se dice que se ha desarrollado en secreto, si bien las autoridades enviadas por el Ministerio de la Magia nunca pudieron descubrir ningún laboratorio ni lugar dentro del castillo en el que esta se haya podido producir. Sin embargo, como todos los primeros magos recuperados de la enfermedad empezaron a surgir allí, se sabe que ese fue el sitio donde el fin del Horrovirus comenzó.

Luego de que todos los alumnos que estaban en cuidados intensivos, avanzados e intermedios despertaran súbitamente sin más síntomas de la enfermedad y en perfecto estado de salud, todo parecía apuntar a que un gran milagro había ocurrido en Hogwarts. Por supuesto, al mismo tiempo se ha reportado del indeseado efecto segundario que la cura tuvo en todos ellos, la pérdida de sus habilidades mágicas. Sin embargo, los padres han celebrado y festejado sin fin, y también los niños, que ahora están todos a salvo y en perfecto estado de salud.

Pero, sin detenerse allí, la cura pronto se expandió fuera de Hogwarts y por todo el mundo. Como hemos reportado en este periódico, pronto surgió en redes sociales y distintos medios la información de que esta nueva vacuna surgida en Hogwarts era altamente contagiosa por las mismas vías que la enfermedad en sí; y pronto empezaron las movilizaciones en todo el mundo de magos y brujas pidiendo difundir la cura.

El hashtag #vivamossinmagia se volvió tendencia mundial, y los magos y brujas de todo el mundo pidieron a los gritos dejar de ser magos con tal de poder sobrevivir. El resultado fue una ruptura masiva de las cuarentenas en todas partes, y los padres de los alumnos de Hogwarts, luego de reencontrarse con sus hijos y ser contagiados ellos mismos con la vacuna, empezaron masivamente a viajar por tantos lugares como pudieran, en una gran movilización para transmitir la vacuna, por todas las comunidades mágicas del mundo.

Uno de los primeros lugares donde se llevó la vacuna, por la misma movilización de la gente, fue la escuela de magia de Beauxbatons, en Francia. Y ahora podemos decir que todos sus alumnos, de los cuales la mayoría estaban enfermos y al borde de la muerte, ya están todos a salvo y curados.

A pesar de haber hecho varios intentos por detener esta tendencia al principio, los gobiernos mágicos del mundo finalmente tuvieron que aceptar que los magos y brujas queríamos esta solución, la única disponible, y convertirnos en muggles con tal de poder seguir con vida. Y, finalmente, han fomentado ellos también la propagación de la vacuna, que al día de hoy ha llegado ya a más del 99% de los lugares mágicos del mundo. Esto no librará, sin embargo, a todos los líderes de los gobiernos mágicos y de la OMS de las sentencias de prisión perpetua por homicidio masivo que ya se sentenciaron para la mayoría de ellos, por esconder esta posibilidad a la población, sabiendo que existía.

A la fecha de publicación de este artículo, podemos decir que la magia ha desaparecido ya de todo el mundo. Sin embargo, lejos de estar tristes, lo único que se ve en las calles de los pueblos y lugares de magos, en todo el mundo, es celebración. Los padres de los miles de alumnos de Beauxbatons que estaban destinados irremediablemente a morir, como la otra mitad del colegio ya lo había hecho, lamentablemente, y que ahora están a salvo, están celebrando por las calles de Francia. Lo mismo ha ocurrido con los padres de los niños recuperados en Durmstrang, y en todas las escuelas y lugares de magos del mundo. Solo hay lugar para dos cosas en estos momentos: duelo por aquellos que han fallecido, y celebración por todos los demás, que estamos a salvo ahora.

Podemos decir, oficialmente, que los días del Horrovirus y de las cuarentenas terminaron, y que el mundo entero es inmune ahora. Y todo se lo debemos a, según se dice en las calles, héroes o heroínas anónimos surgidos dentro de las paredes del castillo de Hogwarts. Aunque nunca sepamos quiénes son, ni qué hicieron exactamente, lo cierto es que nos salvaron a todos la vida, y el mundo entero estará en deuda y eternamente agradecido, por siempre.

-Escrito por Betty Braithwaite, para El Profeta. 04 de mayo de 2020.


1 año, 1 mes y 20 días después


-Qué hermoso eres -le dijo, mientras le acariciaba la cabeza-. De verdad, no hay nadie como tú en todo este mundo. Tienes una belleza tan única, tan perfecta…

-¿Mi amor? ¿Qué estás diciéndole a ese dragón?

Charlie se apartó del hocicorto sueco que estaba acariciando y le sonrió a su novia, una chica oriunda de Turquía a quien había conocido unos meses atrás.

-Nada, tú sabes… cosas de entrenador de dragón -dijo, esbozándole una sonrisa. Se acercó a ella y compartieron un beso en los labios, en medio de ese campo gigantesco de Turquía donde ahora Charlie trabajaba, entrenando dragones de ese país.

De pronto Charlie se apartó, muy sorprendido, porque acababa de ver a alguien acercarse por detrás de un grupo de árboles de aquel prado gigantesco, yendo hacia él.

-No es posible… -dijo, atónito. ¿Era quién él creía? ¿De verdad estaba allí, luego de más de un año sin aparecer?

Ioan le sonreía mientras se acercaba a él, manteniendo una prudente distancia con los dragones que había allí, tirados en el césped, descansando.

-¡IOAN!

-¡Charlie!

Corrieron ambos a su encuentro y se abrazaron, riendo a carcajadas.

-¡No puedo creerlo! -dijo Charlie, sus ojos totalmente abiertos y la felicidad enmarcada en su cara tanto como la sorpresa-. ¡Estás vivo!

-¡Y tú también! -le dijo este, feliz-. ¡Te busqué por todas partes! Al principio estábamos escondidos, con mi mujer y mis hijas. No podíamos arriesgarnos. Y luego te busqué por todos lados, ¡pero no podía encontrarte!

-¡Esto es… increíble! -dijo este, que no salía de su asombro-. Todo este tiempo, pensé que… pensé…

-Te busqué por todas partes -repitió Ioan, tan feliz como él-. ¡Pensé que, si estabas con vida, estarías de vuelta en tu casa, en Inglaterra!

-¡No! -dijo Charlie, riendo-. ¡He venido…! ¡Ven, ven aquí! Déjame presentarte a mi novia, Meryem.

-¡Hola! -dijo ella, saludándolo con una sonrisa.

-Amor, sabes quién es él, ¿verdad? Es el hombre del que te hablé mil veces, el que ha salvado a todo el mundo mágico del Horrovirus.

-¡Claro, claro! -dijo ella, asintiendo y estrechándole la mano-. Muchísimo gusto, un placer conocerlo finalmente.

-El gusto es mío -dijo este, sonriente-. Pero no he sido yo, Charlie. Los tres salvamos al mundo, en partes iguales. Reg, tú y yo.

-Oh, sí, claro -dijo Meryem-. Sé que mi Charlie es un héroe también -le sonrió, dándole unas caricias en sus musculosos brazos.

-Y no olvidemos a Reg -acotó Charlie-. Ya es seguro hablar de esto, ya nadie nos busca. Creo que Reg hizo todo el principal trabajo.

-La he conocido, ¿sabes? -dijo Ioan, muy feliz.

-¿Conociste a Hermio…? Digo, ¿a Reg?

-Sí, sí -dijo él-. ¡Es que fui a buscarte a ti!

-¿Fuiste a buscarme a Inglaterra? ¡No! ¡Pero si aquí he estado! Primero vine a Turquía, huyendo también, escondiéndome. Pero finalmente conocí a Meryem, y bueno…

Charlie se encogió de hombros, sin dejar de sonreír. Estaba demasiado feliz de ver de vuelta a su gran amigo.

-Y conseguiste empleo aquí, puedo ver -Ioan miró a los dragones, asintiendo con una sonrisa-. Me alegro mucho, viejo amigo.

-¿Tu familia está bien, entonces?

-¡Sí! Por suerte sí lo están -dijo él-. Todos están muy bien. Me acompañaron a Inglaterra, ¿sabes? A buscarte. ¡Ja! ¡Yo ni siquiera sabía dónde buscar a tu familia! Cuando por fin encontré tu casa, con ayuda de Reg, tu madre me atendió y me dijo "¿Charlie? ¡Pero si Charlie está en Turquía!".

Los tres empezaron a reírse. Charlie no podía estar más feliz.

-¿Por qué otros lugares de Inglaterra estuviste, con tu familia, buscándome? ¿Te gustó el país?

-¡Sí, mucho! Estuvimos en muchos lugares. En Hogsmeade…

En ese preciso momento, mientras ellos hablaban, disfrutando de ese momento de reencuentro, el pueblo de Hogsmeade brillaba bajo un espléndido sol de verano, estación del año que acababa de comenzar con toda la fuerza, con cielos completamente despejados, mucho calor y mariposas volando por todos lados. En sus calles, los alumnos de Hogwarts disfrutaban de aquella última y especial salida del año, luego de los exámenes finales y antes de regresar a sus casas para pasar el verano; visitando los negocios y charlando felizmente por las calles, entre amigos.

-¡Oye! -riendo, Lisa Turpin le dio un empujoncito a Michael Corner, que se le había aparecido por detrás tomándola por sorpresa. Ambos se sonrieron mutuamente y compartieron un beso en los labios. Las amigas de Lisa estaban allí, charlando sobre algo que había pasado esa semana en la escuela con Hermione, Fay, Parvati y Laura, con quienes ahora se llevaban muy bien y se juntaban ocasionalmente.

-Fue genial -decía Mandy, que iba tomada de la mano con su novio, Anthony Goldstein. Morag también estaba allí, caminando junto a Terry Boot. Las tres parejitas tomaron la calle principal del ex pueblo mágico y continuaron hablando mientras la recorrían.

En dirección opuesta a ellos, venía caminando otro grupo de amigos, rumbo a la casa de té de Madame Tudipié.

-¿Cuál túnica te gustó más? -le preguntó Cho a su novio, Ernie Macmillan, con el que venía abrazada por la cintura, recién salidos de la casa de las túnicas de gala.

-Creo que no me decido, es que me gustan todas -decía él-. ¿Cómo puede uno elegir entre tantos diseños, siendo uno mejor que el otro?

-Estoy de acuerdo -dijo ella, asintiendo.

Junto a ellos iba Jenny, de la mano con su novio, Ryan Henry. Y también Marietta, con su nueva novia, Millicent Bulstrode, luego de que finalmente aceptara su reprimida homosexualidad unos meses atrás y saliera del closet, con ayuda de esta última.

Ambas se sonrieron mientras entraban a la casa de té de Madame Tudipié, tras Cho y Ernie. La puerta se cerró tras ellas. En la calle, Colin Creevey venía caminando con gafas para el sol, un peinado que hacía acordar a una estrella de rock, y fumaba un cigarro. Estaba muy cambiado últimamente y salía con muchas chicas distintas que cambiaba cada semana.

De hecho, la semana anterior había dejado a Valentina y ahora salía con la amiga de esta, Romilda Vane. Ella venía a su lado, feliz de la vida, lanzándole miradas románticas mientras el chico fumaba y se acomodaba su campera de cuero negra.

A unas calles de distancia, otro grupo de chicos salía de Las Tres Escobas: Entre ellos estaban Neville, Seamus y Dean. Los tres amigos venían charlando con los brazos sobre los hombros de cada uno, luego de haberse tomado un buen par de tragos de cerveza de manteca allí. Y junto a ellos, venían sus tres novias.

-Esa Madame Rosmerta es diabólica -decía Pansy Parkinson, la novia de Neville, mirando con expresión endemoniada a los alumnos que caminaban por la calle principal del pueblo. Las cervezas le habían provocado un efecto con el que la chica, vestida de forma gótica y con un nuevo tatuaje muggle visible en su antebrazo con forma tribal, se quedaba varios minutos mirando fijamente a los ojos a la gente que pasaba, de forma intimidante y macabra.

-No creo que nos haya cobrado de más a propósito -decía Astoria Greengrass, la chica de Slytherin que ahora era novia de Seamus, a su lado-. Se habrá confundido.

-Oigan, chicas -dijo Dean, dirigiéndose a ellas con una sonrisa tonta mientras abrazaba a su novia, Daphne, la hermana mayor de Astoria-. ¿Qué quieren que hagamos ahora? Aún tenemos la mayor parte de la tarde por delante.

-Quiero ir a la Casa de los Gritos -dijo Pansy, enseguida-. Aún no terminé de construir mi altar al diablo en la sala principal.

-De acuerdo -dijo Seamus, un tanto intimidado por esto, dirigiéndole una mirada nerviosa a Astoria, que le guiñó un ojo-. Pero sabes que, ahora que todos somos muggles, no podrás hacer magia negra allí, ¿verdad?

-Pansy jamás hizo magia negra -le explicó Astoria-. Ella solo dice que lo hace. Es parte de su outfit. Algún día lo entenderás, amor.

-Es lo que te decía, Seamus -dijo Neville, mirándolo de reojo-. Como te dije desde el día en que empecé a salir con ella: no es mala en el fondo.

-Es que llevo juntándome con ustedes un año y aún no me queda claro -dijo él, confundido-. De verdad, puse mucho empeño en entenderlo. Por eso salgo contigo, Astoria. Quiero entender esto de Pansy de ser mala sin serlo realmente.

-¿Por eso sales conmigo? Vaya, qué romántico te has puesto -comentó la chica, con ironía, y rio.

-Seamus -dijo Pansy, clavando sus ojos con delineado estilo cat eye en él-. Sí soy mala. Muy mala. ¡Voy a lastimarte!

Fingió que lo mordía, abriendo la boca, y luego rompió en carcajadas. Seamus se apartó un poco, con miedo. Pansy, que aún lo hacía sentir nervioso, miró hacia arriba y besó a Neville en los labios. Este le devolvió el beso y la sonrisa mientras la abrazaba con fuerza. Neville llevaba varios piercings nuevos en el rostro y sus ojos, como siempre, estaban delineados de negro.

La puerta de Las Tres Escobas se abrió otra vez, a metros de distancia tras ellos, y por ella salió Anthony Rickett, muriéndose de la risa junto a Cedric Diggory y otro grupito de amigos suyos. Cedric había sido admitido en la escuela nuevamente luego de que McGonagall cambiara de parecer, al igual que Fred, George y Lee Jordan.

-Oye, de verdad tengo que irme -dijo Cedric, estrechando la mano de Anthony y sin dejar de reír por un chiste que este había contado momentos atrás-. Me está esperando mi pareja… ¡Oh, mira! Aquí está.

-Hola, amor -Roger Davies se acercó él, con una sonrisa perfecta de inmaculados dientes blanquísimos que reflejaron la luz del sol con tanta intensidad que Anthony se tuvo que proteger la cara con una mano para no enceguecer, y ambos chicos se besaron en los labios, al tiempo que se tomaban de las manos. Luego de que se separaran, Roger saludó a los demás con la mano, alegre, reflejando el sol con sus dientes en todos ellos.

-¡Bueno, Ced, nos vemos luego! -dijo Anthony, sonriéndole a su amigo y guiñándole un ojo.

Se fueron todos charlando por la calle principal para un lado, y Cedric y su novio avanzaron en dirección opuesta, charlando animadamente para ir a la cita doble que tenían junto a otra pareja amiga, que consistía en Terence Higgs con la compañera de dormitorio de Pansy. Los cuatro iban a encontrarse para tomar algo en Cabeza de Puerco.

Anthony se separó de sus otros amigos al ver que su novia, con quien había quedado en encontrarse también, le hacía señas a unos metros de distancia. Hannah Abbott acababa de salir de la Casa de las Plumas, junto a Susan Bones y Justin Finch-Fletchley, que iban abrazados y mirándose a los ojos románticamente.

-¡Hola, linda! -Anthony se acercó a Hannah, la besó en los labios y la tomó de la mano para seguir su camino junto a los otros chicos de Hufflepuff, con los que pasaría el resto de la tarde.

-¡Mira eso, qué lindo! -comentaba Ginny, que venía por allí de la mano con Luna, señalando unos artículos decorativos que había en la vitrina de un negocio.

-Sí, muy lindos -coincidió Luna, mirando hacia allí también-. Me hacen acordar a los cuernos del snorkack de cuernos arrugados. Aún existen, ¿sabías? Como las criaturas mágicas siguen existiendo, y aún tienen magia, porque solo los humanos nos quedamos sin ella, mi papá me ha dicho que ahora incluso ha habido más avistamientos que antes…

-Qué genial -exclamó Ginny, contenta, mientras caminaban hacia otra vidriera.

-Sí, él piensa que la falta de humanos haciendo magia en el mundo ha propiciado que, de hecho, más criaturas mágicas salgan a las calles y se hagan visibles. El sorkack es sólo la punta del iceberg…

Mientras seguían de largo, charlando de la mano, Fred y George pasaron por allí con Lee Jordan, en dirección contraria.

-Y le dije al estúpido de Percy, "¡No es una rata, idiota, es un chasco!"

Los tres se empezaron a matar de la risa, mientras avanzaban por la calle.

-Oigan, chicos, ¿y Percy llevará a su novia en el verano, al final? -preguntó Lee.

-Sí, llevará a Penélope Clearwater -dijo George-. Desde que se reconciliaron, están todo el día juntos. No se separan un solo minuto. Siempre riendo, tomaditos de la mano, felices y enamorados. ¡Toooodo el día!

-Creo que vamos a tenerla en casa todo el verano -dijo Fred, lamentándose-. Como si no fuera suficiente con Percy solo.

George metió la mano en el bolsillo de su túnica para sacar un objeto de aspecto circular con el que habían estado trabajando.

-¡Oh, mira, ha empezado a lanzar olor! ¿No lo sientes?

-¡Sí, es cierto! -dijo Fred, maravillado-. Estas bombas de olor muggle son una locura.

-¿Han hecho más chascos? -preguntó Lee.

-¡Puedes apostarlo, amigo! -dijo Fred-. Desde que papá nos enseñó a usar toda la tecnología muggle, de la que tan fanático es, no paramos de hacer chascos muggle. Estas bombas de olor van a venderse como pan caliente en las nuevas clases de matemática de McGonagall, cuando vuelvan a empezar en septiembre, luego del verano.

-¡Sí, sus clases son aburridísimas ahora! -coincidió Lee-. ¿Derivadas? ¿Integrales? ¿Buscar la "X"? ¡¿Qué demonios es todo eso?! Están locos si piensan que vamos a entender esas cosas, cuando desde los once años no veíamos ni cuanto es dos más dos en Hogwarts.

-Sí, ni hablar -se quejó George-. Oigan, ¿vamos a Zonko? Tenemos que cerrar ese negocio con ellos, Fred, para venderles algunos de nuestros nuevos chascos muggle.

-No demasiados -dijo Fred, con cautela-. Recuerda que nuestro plan es ligeramente más ambicioso que solo vender a los tontos de Zonko.

-Lo sé, hermanito, no te preocupes. Solo será para conseguir algo de dinero. Tenemos mucho que producir en el verano. Podemos probar las ratas mecánicas en Penélope.

Siguieron caminando y se perdieron entre la multitud de alumnos que iban caminando por las calles céntricas del pueblo, como Angelina y Alicia, que venían con sus parejas, las mismas que habían invitado al Baile Animal más de un año atrás; y Katie Bell, que se había encontrado allí con Oliver Wood para verse luego de mucho tiempo.

Ahora que él ya se había egresado de la escuela, aprovechaban esas salidas a Hogsmeade que les permitían hacer de vez en cuando para verse. El resto del tiempo mantenían su relación por whatsapp y videollamadas. Ahora, sin embargo, podrían estar juntos todo el verano, lo que los puso de mejor humor que nunca aquel día.

Hogsmeade, si bien ya no era un pueblo mágico, no había perdido el encanto y esa especie de magia que había siempre allí y lo caracterizaba tanto. Todos los estudiantes pasearon por sus calles y disfrutaron de sus negocios, una vez más, riendo y disfrutando de aquella tarde tan hermosa de verano.

A cierta distancia de allí se extendía el Lago Negro, que tenía una de sus orillas opuestas dentro de los terrenos del castillo de Hogwarts. Allí, algunos otros chicos habían decidido pasar esa tarde en los terrenos exteriores, en lugar de en Hogsmeade. Era una tarde especial, en la que celebraban el final de los exámenes finales. Y ellos, en vez de ir a al pueblo, quisieron quedarse a hacer un picnic a orillas del lago, sentados en el verde césped, rodeados de las mariposas que volaban todo alrededor.

-¿Alguien quiere otro sándwich? -preguntó Fay, alzando una bandeja que aún estaba llena de comida, a pesar de que todos ya habían comido hasta llenarse. La mayoría de los que estaban allí le indicaron con la mano que ya no querían más. Excepto Ron, que tomó otro sándwich y se lo metió entero a la boca, comiendo ruidosamente.

-Te qughdaron deliciogsos, amor -le dijo, con toda la boca llena. Ella rio, mientras abría otra botella de litro y medio de cerveza de manteca y servía su contenido en varios vasos, que fue pasando a los demás.

-Gracias, Fay -dijo Laura, tomando su vaso con una sonrisa.

-¿Qué está haciendo tu novio, que no está aquí? -le preguntó Fay, mirando hacia el castillo, como si fuera a ver al chico en cuestión por allí, en los amplios y soleados terrenos.

-¿Fred? Se fue a Hogsmeade, con George y Lee -Laura se encogió de hombros-. Ya sabes, van a vender algunos chascos a Zonko, y todas esas cosas de ellos.

-Sí, es cierto, jamás se cansarán de eso -dijo Parvati, que estaba sentada a su lado-. Le dije a George que paren un poco, están todo el día haciendo chascos. Pero olvídalo, amiga. El desafío de hacerlos de forma muggle solo hace que les atraiga más todo el tema.

-Ahora que Parv sale con George, sabe lo que siento cada día de mi vida -bromeó Laura-. ¡El otro día nos hicieron besar al novio incorrecto, a propósito!

-¡¿Quéééé?! -dijo Fay, escandalizada, y todas rieron.

-¡Síííí, malditos atrevidos, desvergonzados! -dijo Parvati, riendo, muerta de vergüenza-. ¡Jamás nos dimos cuenta! ¡Si los dos son idénticos! Fred vino haciéndose pasar por George conmigo, ¡y me lo creí!

Fay empezó a matarse de la risa. A su lado, Ron se volvió hacia sus dos mejores amigos, que estaban del otro lado, y se puso a hacer conversación con ellos.

-Oigan, chicos -les dijo-, ¿cómo creen que les haya ido en el último examen, el de ayer?

-Yo creo que bien -dijo Hermione, pensativa-. Es bueno que aún tengamos Historia de la Magia, en medio de tantas nuevas asignaturas muggle; pero, aun así, creo que la pregunta cinco era bastante tramposa…

Ron se arrepintió al instante de haber preguntado aquello, porque Hermione se embarcó en un discurso que pareció durar horas y horas sobre las complejidades de sus nuevas asignaturas escolares y cómo habían resultado los exámenes finales de ese año. El día anterior habían pasado toda la tarde con Hagrid, tomando el té en su cabaña, y había hecho lo mismo, hablando por horas; en esa oportunidad sobre cómo el mundo mágico se había adaptado a ser muggle. Hasta Fang se había echado a dormir al suelo por el aburrimiento.

-Así que, en conclusión, te sacarás un diez -finalizó Harry por ella, luego de un rato, interrumpiéndola para que dejara de hablar. Ella se lo quedó mirando en silencio y seria.

Él le devolvió la mirada con miedo, tratando de dilucidar si su novia estaba a punto de enfadarse con él…

Sin embargo, Hermione de pronto estalló en carcajadas.

Tanto él como Ron respiraron aliviados, mirándose entre sí con una sonrisita cómplice. Hermione aferraba el brazo de Harry mientras reía, y este compartió la risa de una forma un poco nerviosa.

-Eres un tonto -le dijo Hermione. Se acercó a él y lo besó en los labios. Entonces, Harry la abrazó y la lanzó hacia atrás, mientras empezaba a hacerle cosquillas por todo el cuerpo.

-¡Basta! -chilló ella, pero Harry se había detenido en sus costillas, que sabía que eran su punto débil, y ella no dejaba de reír muy fuerte, chillando.

Lo empujó hacia atrás, jugando, y luego él a ella, y ambos rodaron juntos por el alto césped de los terrenos del castillo, colina abajo, entre medio de las flores que aún seguían allí luego del fin de la primavera, desapareciendo ambos entre la hierba, bajo los rayos del sol y el cielo azul, con mariposas de todos colores sobre ellos.

-Son tan lindos -dijo Fay, muy feliz, alzando la mirada hacia el lugar por donde habían desaparecido, fuera de la vista ahora. Se acercó a Ron y apoyó la cabeza en su hombro. Este la rodeó en brazos y le dio un beso en los labios, con la misma expresión de felicidad.

Luego de rodar varios metros por el césped, Harry y Hermione quedaron allí tendidos, ella encima de él, mirándose a los ojos y sonriendo, mientras respiraban agitados.

-Eres hermoso, mi amor -le dijo ella, en un susurro. Él le sonrió y recibió su beso, ocultos por la alta hierba. La abrazó con fuerza, besándole la cara, la nariz y luego los labios otra vez.

-¿Qué vas a hacer este verano? -le preguntó Harry, apartándole el cabello de su propia cara.

-Pues lo pasaré contigo, ¿no? -dijo ella, sonriendo aún más.

-Claro -dijo él, maravillado. La perspectiva de aquello era lo más feliz de la vida. -¿En La Madriguera, como el verano pasado?

-No, claro que no -dijo ella-. En mi casa. Ya es hora de que te presente apropiadamente a mis padres, ¿no lo crees?

Harry abrió muy grandes los ojos, asustado.

Hermione le acarició el rostro con una mano, sonriéndole y mirándole los labios como si estuviera hipnotizada por él, bajó sus labios hasta los suyos lentamente y se siguieron besando.

La tarde avanzó y el sol se movió hasta empezar a caer en el horizonte. Harry y Hermione ahora estaban solos, y andaban por entre las ramas de los árboles del Bosque Prohibido, cerca de los lindes, caminando uno junto al otro. Habían decidido dar un último paseo por allí a solas, antes de regresar en tren a Londres al día siguiente.

Iban pisando las ramitas del bosque que había en el suelo, y las hojas de los árboles caídas. Se asomaron por detrás de un árbol para ver el dorado sol poniente reflejándose en las aguas del lago, que estaba ahora ante ellos.

Hermione abrazó a Harry por detrás y apoyó la cabeza en su espalda.

-Mira qué hermoso atardecer -dijo él, con una sonrisa.

Ella alzó la mirada, y los últimos rayos del sol iluminaron sus ojos castaños y su cabello, con algunos mechones moviéndose sobre su cara con la brisa de la tarde, resplandeciendo en dorado.

Harry se volvió hacia ella y pensó que era la chica más hermosa de todo el mundo. Y estaba allí, con él.

Entonces oyeron un ruido, y ambos se voltearon a la vez para ver qué era. Venía del interior del bosque, donde habían estado instantes atrás. Un animal venía andando hacia ellos: Era Buckbeak, que parecía haberlos seguido hasta allí. El hipogrifo llegó junto a ellos y les inclinó su cabeza, indicando que podían acariciarlo. Ambos sonrieron al verlo.

-Debe haberse escapado del huerto de calabazas de Hagrid -dijo Hermione, acariciándole la cabeza con una sonrisa.

Harry también acarició al animal, y este, mientras refregaba la cabeza en su cuerpo, por accidente hizo que algo cayera de su bolsillo, al suelo.

Hermione se arrodilló y lo levantó.

-Oh -exclamó con sorpresa, al ver qué era. Luego miró a Harry, con una expresión de angustia, y se lo tendió.

-Lo siento -dijo él, avergonzado, tomándolo. Se quedó mirando el objeto en su mano: Era su antigua varita mágica. -No sé por qué andaba con esto encima…

-No sabía que aún la tenías -dijo ella, lentamente, acomodándose un mechón de cabello tras la oreja, un tanto nerviosa.

-Sí, yo… A veces ando con ella. No sé por qué, la verdad. Supongo que… No sé… Estaba acostumbrado a llevarla encima a todas partes. Quizás lo hago porque me hace sentir, no sé, protegido. Sé que suena estúpido.

-No, no me suena así a mí -dijo ella, tomándole una mano y mirándolo a los ojos.

Buckbeak pareció distraerse con algún pequeño animal del bosque y se marchó de allí, agitando sus alas. Ellos dos, en cambio, caminaron más allá de los árboles y hacia la orilla del lago, en silencio. Anduvieron por encima de las rocas, de la mano, hasta la misma parte donde comenzaba el agua.

Harry alzó la mirada al intenso, bellísimo y dorado atardecer, el mejor que hubiera visto, quizás, en su vida.

-Creo que es hora de que le diga adiós -murmuró entonces.

Hermione no dijo nada. Se quedó mirando cómo Harry acariciaba su varita, mirándola por última vez, sintiendo esa extraña conexión que lo había vinculado durante tanto tiempo a ella. Luego, el chico extendió su brazo hacia atrás y la arrojó tan lejos como pudo hacia el lago.

Esta giró sobre sí misma contra el sol poniente, siendo solo una pequeña mancha negra en el atardecer, cayó sobre la superficie del agua sin alterarla demasiado, y luego se hundió allí, desapareciendo en la profundidad de sus aguas.

Hermione abrazó a Harry por la cintura. Él giró la cara hacia ella y vio una vez más esos hermosos ojos castaños que emanaban un perfecto brillo dorado con la luz del atardecer, que se filtraba al mismo tiempo entre las hebras de su cabello. Nada podía ser más hermoso que ella en todo el mundo.

Se acercó y la besó, cerrando los ojos y disfrutando de la textura de sus labios, de la suavidad de su piel.

Hacía un año, un mes y veinte días que Harry le había preguntado si quería ser su novia, y ella había dicho que sí.

Desde ese día, cada minuto, cada segundo, había valido oro a su lado.

Oyeron el murmullo del agua contra las rocas de la orilla y el sonido de los animales del bosque tras ellos, preparándose para ir a dormir, mientras se dejaban llevar y se perdían en ese largo y largamente soñado beso.

Era un día mágico.


Espero que les haya gustado! Gracias a Adrit126, Blue, carlos29, Auror DragonSlayer, Zero y Sly7 por dejar reviews. Eso siempre es el impulso que despierta las ganas de escribir y las ideas. Y a cualquier otra persona que haya leído, gracias también! Que sigan sus cuarentenas de la mejor forma posible, les deseo lo mejor a todos y esperemos que todos estemos libres y sanos en poco tiempo. Y besándonos a orillas de un lago con Emma Watson, ¿por qué no? (o con Tom Felton, o quien sea que pondrías en la app de "¿Amor Sí?"). Bueno, al menos lo primero espero que sí se cumpla y todo esto termine pronto! Si les gustó estén atentos, que quizás escriba más cosas. Feliz cuarentena!