¡Hola a todos otro día más! Hoy es 05 de mayo, cumpleaños de Luffy y se me ha apetecido escribir y publicar un breve one-shot como celebración. Que luego tendrá segunda parte, sí, pero inicialmente ha sido porque después de mi drama con El tesoro de la navegante he querido escribir algo con más calmado entre ambos y así calmar un poquito la tensión. No molesto más y como siempre, gracias por dedicarme vuestro tiempo. ¡Un saludo y pasadlo bien!
Esperaba sentada sobre un viejo tronco. Dejaba que la brisa acariciase sus mejillas mientras, por alguna razón desconocida, luchaba por controlar los nervios que tenía alojados dentro de sí misma. No entendía qué razón había para estar tan nerviosa pues si debía ser sincera, era un día como otro cualquiera. Sobre todo para él.
Ya llevaban ocho años de aventuras y en todo ese tiempo ella se había percatado de que algo dentro de sí había cambiado. La figura de su capitán cada vez estaba más marcada y cada vez le era más sencillo confiar en él, llegando a ese punto de que si debía saltar sin más, con los ojos cerrados, lo haría. Confiaba plenamente en él aunque seguía siendo un cabeza loca y los líos no se habían dejado de lado en ningún momento, pero debía admitir que eso era lo que les permitían mantener las miles de aventuras que hasta ese momento habían tenido. Cada día que pasaba era un día que debía agradecerle, ya no porque la salvó de su infierno, sino porque se estaba encargando de que cada día tuviera sentido. Por eso consideró que debía hacérselo saber de alguna manera.
—Nami.
Estaba tan perdida entre sus pensamientos que no le escuchó llegar. Su corazón empezó a latir a mil por hora sin razón aparente. Se giró con suavidad y con una amplia sonrisa sólo pudo saludarle.
—¡Qué razón tenías! Este lugar es genial. —Exclamó ahora caminando hacia la contraria, observando emocionado aquel paisaje que el acantilado le proporcionaba— Si pudiera nadar me tiraría.
—Lo sé. Confío en que no tomes la decisión.
Le escuchó reír con su ánimo de siempre. Posó sus manos en sus caderas con suavidad sin apartar la mirada del paisaje. Nami siempre encontraba sitios geniales a los que ir y ahora sólo quería ver cuál sería el siguiente, pues había adquirido la costumbre de hacer que el sitio anterior fuera inferior al siguiente. Aquellos parajes tan salvajes y puros eran pura aventura y eso a él le hacía sentir de maravilla.
—¿Qué querías? —Cuestionó de pronto, mirando a la contraria con atención— No es nada malo, ¿verdad?
—No, en absoluto. Es una tontería, pero quería tener el detalle contigo.
—¿Detalle?
—Es tu cumpleaños.
—¿¡Hoy!? —Aquello sí que le pilló por sorpresa pues lo había olvidado por completo.
Asintió sin añadir mucho más, tragando saliva con nerviosismo. ¿Qué era lo que le estaba pasando? Parecía tonta. Era un cumpleaños como otro cualquiera, pero por alguna razón se lo había trabajado más que ninguno en una memez que para ella había sido un mundo.
—Te he hecho un pequeño amuleto de tela con forma de sombrero de paja. Es una tontería, pero me salió de dentro querer hacértelo. Es un detalle sin más, un poco bobo, aun así…
No pudo terminar de hablar cuando el moreno ya se había acercado a ella para abrazarla fuertemente. Rió con ella entre sus manos, completamente agradecido por aquel detalle.
—Nada de lo que hagas es bobo. ¡Me hace ilusión tener ese amuleto! Cuando esté luchando y tú tengas que estar lejos sentiré que estás a mi lado.
Aquello la hizo sonrojarse demasiado, notando como su capitán se extrañó una vez finalizó aquel abrazo. ¿De verdad se había enamorado tan perdidamente de su capitán? Se hizo una ley personal donde no debía confundir sus sentimientos y mucho menos con Luffy. Debía mantener la distancia emocional con su capitán en todo momento, sin importa cuán duras se volvieran las ganas de tenerle cerca. No debía caer a los deseos de su corazón. No podía dejar que todo se nublase por ciertas absurdeces románticas que no tenían ningún tipo de peso en el contrario.
—¿Te encuentras bien?
La pregunta la hizo asentir con pausa, notando como todo su cuerpo temblaba interiormente.
—Gracias por ser siempre tan amable conmigo. —Agradeció de pronto— No sólo quería darte el amuleto, el cual aquí te dejo. —Posó entre las manos del contrario aquel pequeño sombrero de tela— Quería darte también las gracias por todo lo que has hecho por mí. Siento que nunca te he dado las gracias de la manera adecuada y hoy quería. Gracias, Luffy. Gracias por haberme salvado desde el principio.
—¡No tienes nada que agradecer! Eres mi amiga y siempre haría hasta lo imposible por ti.
Aquello le sonó agridulce. No eran más que amigos y ella, como boba, estaba sintiendo como algo dentro de sí vibraba con una intensidad que ahora debía tener claro que debía calmar. Capitán y navegante. Amigos. No había nada más entre ellos y así debía ser.
Asintió con pesadez, como si ahora una tremenda pena la estuviera inundando hasta ahogar. ¿Pero cómo podía haberse colado tanto por él? Había empezado no sabiendo qué le pasaba, luego admitiendo que sentía cosas por su capitán y ahora sólo se estaba dando cuenta de que estaba loca por él; sin embargo, él sólo la veía como una amiga y eso era lo que debía marcarse a fuego.
—¿Esperabas algo más?
Alzó su mirada hacia el contrario, negando con rapidez mientras tragaba saliva con la misma pesadez que antes. ¿Qué quería saber con aquella pregunta? En realidad esperaba muchísimo más, ¿pero cómo decírselo cuando él había dejado claro que no había nada más entre ambos? Si fuera otra persona habría jurado que en sus palabras se escondía cierto interés oculto, pero tratándose de Luffy aquello era una pregunta sin más.
—No, capitán. Sólo quería darte las gracias y ese amuleto.
—¿Podrás esperar?
—¿Esperar?
—A tu cumpleaños. Cuando sea tu cumpleaños prometo darte mi regalo bobo que te haga ser tremendamente feliz, como tú has hecho hoy conmigo.
Esas palabras fueron extrañas para ella, pues Luffy nunca había hablado así y aunque finalizó con su risa habitual, no pudo evitar sentir un extraño rayo de esperanza atravesarla por completo. Ahora, boba como había acostumbrado hoy, esperaba con ansia su cumpleaños. ¿Qué sería lo que le regalase? Maldita sea, siempre hacía lo mismo con ella y conseguía que estuviera completamente expectante por no saber qué le haría. ¿Cómo aguantaría ahora los casi dos meses que faltaban?
La mano del contrario posándose sobre su cabeza la hizo reír con debilidad. Maldito capitán bobo. Le observó alejarse de ella con paso decidido y tapando su rostro cuando ya no le percibió, rió como si fuera la primera vez que estaba enamorada. En esos minutos que duró su éxtasis romántico personal pasó por mil estados de ánimo que se iban alternando desde la más completa felicidad a la más terrible tristeza. Qué absurdo era el amor, pero qué hilo de esperanza podía llegar a ser o qué soga de tormento podía llegar a convertirse. Debía calmarse para no llevarse ninguna decepción futura por lo que sin más se levantó y cogiendo aire con intensidad, se rellenó a sí misma de confianza. No sabía qué le regalaría, pero fuera lo que fuera, ella había cumplido con su propósito.
—Gracias, Luffy. Feliz cumpleaños.
