Ese alguien resulto ser una chica. Rubia y con ojos grises tormentosos, claramente una hija de Atenea. Por su aspecto los dioses la reconocieron como Annabeth. Sin embargo esa chica no era la Annabeth descrita en los libros. Para empezar, su pelo rubio estaba descontrolado, manchado con sangre y ceniza. Sus ropas estaban rotas, se notaba que hacía tiempo que no comía nada y que estaba deshidratada, además de que estaba gravemente herida, y su mirada estaba casi vacía, excepto por ese brillo de locura que preocupó a muchos. En un principio nadie se le acercó, demasiado sorprendidos y horrorizados como para hacer o decir algo.
-Dios mío Annabeth, déjame ayudarte –Piper fue la primera en acercarse.
- NO, NO, SUÉLTAME, ESTO NO ES REAL, NO ES REAL, SUÉLTAME.
-Annie tranquila, respira, somos tus amigos, ¿nos recuerdas?, déjanos ayudarte –Thalia intento acercarse un poco mas sin éxito.
- ALENJENSE DE MI, no son reales, no lo son, esto es un estúpido sueño, pronto me despertaré y todo seguirá igual, igual, igual –Mientras decía esto, se agarraba la cabeza y la sacudía fuertemente-.
-Hija…- Intentó Atenea.
-NO, NO HABLES, POR ESA ESTÚPIDA MISIÓN ES QUE PERCY Y YO TERMINAMOS EN ESE MALDITO LUGAR- A esta altura todos se dieron cuenta de que Annabeth se había dejado llevar por la locura, y se preguntaban horrorizados por qué cosas tan espantosas había pasado como para ponerse así.
- ¿Quieren que la haga entrar en razón con mi bate? –Dijo el siempre tan oportuno entrenador Hodge.
-Déjeme a mí, esto entra en mi dominio –dijo Dioniso.
Acto seguido se le acercó, recitó algo, y Annabeth se desmayó.
-Tu turno Apolo, llévala a la enfermería.
Dos horas más tarde:
-Annabeth se encuentra mucho mejor, solo necesita reposar –dijo Apolo.
-¿Cómo se encuentra? Debe venir directo del Tártaro –comentó Atenea, preocupada.
-Ahora mejor, pero tenía heridas muy graves, del tipo que creo que sería mejor no mencionar… Además, ahora que se dio cuenta de que esto sí es real, también se dio cuenta de que Percy no vino con ella y no se lo tomó muy bien…
- ¿Por qué las Moiras serian tan crueles como para separar a Percy de Annabeth una vez más? Annabeth es la fuerza de Percy, sin ella, solo en el Tártaro…- expreso una muy preocupada Hazel.
En ese momento, apareció el siguiente libro que debían leer, con una nota pegada. Rachel, que era la que estaba más cerca, la agarró y la leyó en voz alta:
Queridos dioses, semidioses, mortales y seres mitológicos: Aquí les dejamos el último libro que deberán leer. Los semidioses y mortales presentes tienen recuerdos hasta el final del libro de La Marca de Atenea, por lo que ahora están en las mismas condiciones que los dioses y seres mitológicos: leerán sobre su futuro. Respondiendo a la pregunta de Hazel, les recordamos que el tiempo está congelado por lo que Percy no sabrá nunca que lo separamos de Annabeth. Y en cuanto a ella, era necesario que estuviera presente en esta lectura. Todas nuestras acciones son para mejorar el futuro.
Disfruten de la lectura, las Moiras.
-Creo que quedó más que claro. Deberíamos empezar ya a leer, y Annabeth debe estar presente –ordenó Zeus.
-No estoy seguro de si eso va a ser lo mejor padre –dijo Apolo.
-Me temo que es necesario.
-De acuerdo, bien.
Una vez que Annabeth estuvo presente, rodeada por sus amigos quienes la miraban con preocupación, pudieron empezar con la lectura.
-Will, ¿te gustaría comenzar con la lectura? –le pregunto Apolo a su hijo.
-Claro padre. Capítulo 1: Hazel…
