LEBENSBORN.
Esta es, aunque no lo crean, continuación del fic "Libertad en la Sangre". Prometo explicarles mis telarañas mentales en las notas de autor. Mientras tanto, disfruten la continuación. Antes que nada, entiendo perfectamente
CAPITULO UNO
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Elsa se encuentra recostada en su antigua cama, su cabeza en el regazo de su hermana, una oreja pegada al vientre ya prominente que de vez en cuando le lanza pequeñas pataditas, haciéndola sonreír; largos y sedosos cabellos dorados, casi blancos, envuelven como un manto las piernas de la reina de Arendelle, mientras canta la canción que su madre solía cantarles, una uña delicadamente dibujando líneas en el borde de la fina nariz de su hermana mayor, quien sonríe ante el gesto.
"Debería ser yo quien te arrulle, Anna, y no al revés. Después de todo, eres tú quien ahora carga con las responsabilidades del reino."
La pelirroja sonríe, pero sin detenerse.
"Siempre protestas, pero se que también te gusta que lo haga. Calla y obedece, hermana. Ya te he dicho que hacer esto me relaja a mí tanto como a ti."
Elsa abre los ojos ante la recurrente confesión, haciéndose la sorprendida.
"¿Es cierto eso? ¿O sólo lo has estado diciendo para obligarme?"
La reina ríe por lo bajo, empezando a sentir los efectos del sueño. "No sabía que el maravilloso Quinto Elemento se hubiera vuelto tan desconfiada desde que vive con los Northuldra."
Pero Elsa, para sorpresa de su hermana, deja escapar una cristalina carcajada. "Por supuesto que no! ¡Son años conociendo los trucos de mi querida reina!"
Esta vez no puede evitarlo, y Anna suelta también una sonora carcajada ante la acusación. "Eso es un golpe muy bajo, pero haré como que no escuché nada. Se siente demasiado bien estar así contigo como para hecharlo a perder en una pelea… que seguro yo ganaré." Mientras lo dice, Anna bosteza y se acomoda, cerrando los ojos y lista para dormir. Elsa la imita, aún con una sonrisa en los labios.
"Tienes razón, se siente demasiado bien estar así. ¿Crees que al bebé le vaya a gustar?"
"Al bebé le encantará estar entre nosotras. Seguro te adorará, Elsa, ya te dije que no deberías preocuparte por eso."
Se quedan por un momento en silencio, ambas soñando con el futuro próximo, hasta que Elsa rompe el hilo de los pensamientos de su hermana.
"Me parece maravilloso lo que estás haciendo con Arendelle. Abriendo las puertas de par en par, pero no sólo del castillo, sino del reino entero. Enviar invitaciones a reinos más lejanos ha sido una idea fascinante. ¡Han traído tantas innovaciones!"
Anna se incorpora un poco sobre su posición, emocionada ante el nuevo tema de conversación. "Sí, ¿verdad? Aunque no me puedo llevar todo el crédito, Helima me dio la idea."
"¿Helima?"
"Sí, la novia del teniente Matías, ¿la recuerdas?"
"¿Te refieres al Comandante Matías?"
"¡Ah! ¡Sí! ¡Olvidaba que lo ascendí hace poco, jijiji! ¡Perdón! Bueno, pues ella trajo esa máquina que hace fotografías de sus viajes a las Islas del Sur, con historias que hablaban de maravillas más grandes en países más lejanos y, pues… me gustó mucho la idea de ver todo eso."
"Y como no puedes viajar siendo la reina, y además…" Elsa acaricia suavemente la barriga de su hermana, quien imita su movimiento.
"Sí, así es. Este pequeñín y yo estamos atados a casa. Así que pensé que, si yo no puedo ir, sería bueno traer todas esas maravillas hasta aquí. Y pensé también que le haría bien a Arendelle."
"Una mujer muy inteligente."
Una nueva carcajada hace que el vientre brinque de pronto. Anna no puede creer lo bromista que se ha vuelto su hermana. "No se si inteligente, o si sólo te estás burlando de mí, pero sí me siento muy afortunada. ¿Viste ese barco que se movía con vapor, sin la ayuda de velas? ¡Eso fue muy impresionante!"
Elsa se recarga sobre sus codos para ver mejor el rostro de su hermana, emocionada también. "¡No tanto como poder ver los huesos de tus pies con esa máquina rara!"
"¡Oh! ¡Es cierto! La de rayos 'z', ¿verdad? ¡Creo que Kristoff hizo que Sven se tomara esa fotografía rara como unas cuatro veces!"
"¡Cuatro!? Jajajaja, ¡sí que puedo imaginarlo! Aunque creo que se llaman rayos 'y'"
"Lo que sea." Anna le resta importancia con un gesto de la mano. "Aunque fue muy hilarante cuando Olaf casi llora al ver que, en efecto, no tiene ningún hueso en su cuerpo."
"¡Jajajajaja es cierto! ¡Jajajaja pobrecito!" La albina se cubre la boca con una mano, a pesar de que sus hombros se siguen sacudiendo. "¡Se que no debería reírme, pero su cara fue imposible!"
Sin poder resistirlo más, Elsa se ríe con toda libertad ante los recuerdos de sus amigos, y Anna la ve embelesada, fascinada con esta nueva Reina de las Nieves.
"Aunque si me preguntas, creo que nada se compara con los auto… auto… esas carrozas que se mueven sin caballos, ¡eso sí que es imposible de creer! Aunque tampoco fue del agrado de Sven, pensar que Kristoff pronto lo reemplazaría…"
"Hasta que le explicaste que más bien podría descansar."
"Bueno, no fui yo," Anna corrige, siempre tratando de ser justa y dar crédito a quien lo merece, "realmente el de la idea fue Olaf, ya sabes que desde que aprendió a leer, los libros que traen del otro lado del mar son su gran pasión."
"Sí. Y me preocupa, de hecho. Sus conversaciones son cada vez más…"
"Alocadas?"
"Iba a decir extravagantes. Pero creo que esa palabra también aplica."
Un momento de silencio, y de nuevo ríen al unísono, emocionadas por todo lo que han aprendido las últimas semanas. Realmente fue un gran atino de Anna traer invitados de tierras más lejanas al reino. Los avances de los vecinos más industrializados han cambiado completamente la faz de su pequeño reino, especialmente ahora que los monarcas de las Islas del Sur están más que decididos a reestablecer el intercambio comercial con Arendelle, debido a las grandes reservas de hierro y cobre con las que cuentan sus tierras, tan necesarias para continuar la carrera industrial contra sus vecinos. Aunque con reservas, todos los regalos que Anna ha recibido para lograr el perdón del imperdonable acto de Hans, el más joven de los hermanos del rey, son recibidos con gran excitación. Desde la bombilla de luz, el teléfono y ahora los automóviles, ninguna de las dos puede decir que la reapertura comercial de Arendelle haya sido un error.
Mientras Elsa se vuelve a recargar en las piernas de su hermana, una oreja pegada al vientre juguetón, la sonrisa de Anna se mantiene amplia: le resulta tan tranquilizante ver cómo, finalmente, Elsa ha dejado atrás sus miedos y ríe, juega y bromea como una niña, como siempre debió haber sido. Aunque no es mucho de su agrado cargar con las responsabilidades de todo el reino, especialmente ahora que ya se encuentra casi al final del embarazo (muchas veces no le dan tiempo ni de salir a tomar el sol, mucho menos de dormir, y ¡Dios que se está muriendo de sueño!), la nueva reina de Arendelle está feliz por su hermana, y se alegra tremendamente haber tomado su papel, si con eso finalmente ha logrado liberar de toda su congoja a la persona que más quiere en el mundo.
Con eso en mente, Anna se hunde más en la almohada, su movimiento imitado por la joven que la acompaña, quien se acurruca aún más sobre ella, buscando el confort que su presencia le brinda.
A pesar de que el sol aún se encuentra alto en el cielo, la tranquilidad a su alrededor, así como la paz que las envuelve en la compañía de una con la otra, empieza a provocar en ambas un sopor, que las invita a adentrarse en el mundo de los sueños, y tanto Elsa como Ana cierran los ojos, la última incluso empieza a respirar más profundamente, cuando, sin previo aviso, la albina abre los ojos súbitamente y se levanta de golpe, sobresaltando a la pelirroja y haciendo que también brinque.
"¿Elsa? ¿Qué pasa?"
"No… no lo sé… sentí algo…" con una mano en el pecho, la albina voltea hacia la ventana, y es entonces cuando, a lo lejos, más allá del fiordo, ambas pueden ver una luz resplandeciente, como si cayera del cielo, dibujada contra el cielo multicolor. Elsa es la primera en salir de la cama a observar tan extraño fenómeno, seguida inmediatamente de su hermana.
"Es una… una estrella fugaz?"
La luz desciende lentamente desde lo alto del cielo, dejando tras de sí una estela de humo negro, y más allá, pequeños destellos luminosos cayendo a mayor velocidad parecen hacerle coro.
"No creo… se ve demasiado cerca del fiordo…"
Elsa sale hacia el balcón, y en el momento que las puertas se abren, Gale se acerca a alborotar el largo y platinado cabello, evidentemente alterado, obteniendo la indivisible atención de la albina, quien pareciera estar escuchando atentamente lo que el incorpóreo espíritu le trata de decir.
"¿Estás seguro, amigo?" Elsa parece sorprenderse por lo que el espíritu le relata, para después salir corriendo de forma súbita hacia las escaleras, sin decir una palabra a la joven reina.
"Elsa?" sin pensarlo dos veces, la pelirroja sigue a su hermana, haciendo su mejor esfuerzo de darle alcance. Pero pareciera ser inútil, ya que la intrépida pelirroja ahora tiene un enorme obstáculo en la forma de una barriga que altera su centro de gravedad. Irremediablemente ve los cabellos blancos alejándose más de ella sin que pueda impedirlo.
¡¿Cuándo demonios se hizo tan rápida?!
Jadeante, en las escaleras Anna se topa con Kristoff y Matías, que se encontraban planeando las siguientes festividades.
"Su Majestad?"
"¡Anna! ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¡¿Pasó algo con el bebé?!" Kristoff se alarma al verla agitada y con sudor perlándole la frente. La pelirroja se sujeta a él tratando de sonreír.
"No-no es nada, Elsa… vimos una estrella fugaz… pero estaba muy cerca… Gale habló con ella… mi hermana salió corriendo a ver de que se trataba…"
Matías escucha sus palabras sin sentido, y abre los ojos como platos, tratando de no pensar en todos los años que pasó en cautiverio. "Dígame por favor, su Majestad, que no tiene nada que ver con el Bosque Encantado…"
"¡No! ¡Bueno… creo que no… ¡pero tenemos que alcanzar a Elsa!"
Mientras tanto, Elsa por fin sale del castillo hacia el fiordo, sus ojos fijos en el objeto brillante que cae del cielo. Cuando sus pies tocan la orilla del mar, Nokk de inmediato se materializa frente a ella, acercándose para acariciarla con el hocico, en señal de bienvenida. Elsa sonríe y permite que el corcel humedezca su mejilla, para luego acariciar su crin tratando de tranquilizarlo: se da cuenta que los ojos profundos del maravilloso ser se encuentran llenos de evidente desasosiego.
A través de la conexión telepática que tienen, la mágica bestia hace que la antigua reina pueda entender sus pensamientos, haciendo que los azules ojos de la albina se abran como platos de la sorpresa.
"¿Fuego cayendo al fiordo? ¿Piezas incandescentes? ¿De que estás hablando?" Preocupada, inmediatamente monta al espíritu del agua, mientras Gale revolotea alrededor de ella, y de pronto pareciera que los dos espíritus luchan por su atención. Si no fuera por la urgencia que la apremia, Elsa casi estaría divertida por su infantil forma de actuar.
"¿Un humano? ¿Cayendo desde esa estrella? ¿Pero cómo es posible…?" Distraída ante la impresionante nueva, Elsa se sobresalta al sentir un tirón de su vestido, al voltear hacia abajo ve a su cuñado casi colgado de ella, respirando dificultosamente, e impidiéndole que salga a galope. "¿Kristoff?"
"Lo… lo siento, Elsa." El rubio la ha alcanzado apenas a tiempo para detenerla, mientras Anna corre dándoles alcance, la mirada encendida, Matías a unos pasos de ellos por si la reina requiere asistencia.
"No pienses… que te dejaré ir… sola…" Anna le reclama mientras Kristoff da un paso atrás para permitir que la reina tome también la tela del vestido, para aferrarse a la albina mientras respira agitada después del tremendo esfuerzo que significó correr tanto; aún así, los azules ojos reflejan la determinación habitual en ella, "no esta vez…"
"¡Pero Anna! ¡El embarazo…!"
"¡He dicho que no!" La pelirroja levanta la voz, sobresaltando al grupo, más que determinada en no ser dejada atrás. "¡No puedes usar mi embarazo como pretexto para abandonarme como siempre lo haces! Prometiste… prometiste que no lo volverías a hacer, hermana. ¡Te exijo que cumplas tu promesa!"
Elsa trata de controlar su enojo ante la testarudez de la joven. "Esto es diferente. Ahora un ser vivo, tu bebé, depende de que tú estés bien. La seguridad del bebé depende de tu propia seguridad. ¡Por favor entiéndelo hermana! ¡Kristoff, hazla entender! A donde vamos podría ser muy peligroso."
Pero como respuesta, Anna atrapa la delgada mano de su hermana, sujetándola con fuerza para hacer énfasis en su petición.
"Entiende tú, por favor. Ya te he perdido tres veces en mi vida, y la última pensé que sería para siempre. No tienes idea las veces que he despertado a media noche pensando que aún estás muerta, al igual que Olaf… y esa sensación de vacío, de mi corazón rompiéndose, es algo que aún no he logrado superar…"
Los ojos de Elsa se llenan de tristeza ante la confesión de su hermana, pues puede empatizar con ese sentimiento, ya que ella misma durante mucho tiempo sufrió tales pesadillas después de ver a su hermana congelada. Pero cuando está a punto de ceder a los reclamos de su reina, es Kristoff quien toma a la pelirroja de la muñeca.
"¡No! ¡Yo tampoco voy a permitirte esto! Es cierto que aún te despiertas por las noches pensando en Elsa y Olaf, yo vivo tus pesadillas también, ¿recuerdas? Yo duermo a tu lado y soy yo quien te abraza para que puedas dormir de nuevo. Pero esta vez le daré la razón a Elsa. Ese bebé es nuestro, ¡es mío, Anna, mi hijo! Ese bebé es el futuro de Arendelle, y es el que me va a hacer papá. No voy a dejar que lo arriesgues así. Ya hemos visto las aventuras que usualmente tienen ustedes dos, y aunque sabes que yo siempre te seguiré, incluso hasta el fin del mundo si me lo pides, ¡no voy a permitir que arriesgues a mi hijo de esa forma!"
Anna sale de su estupor al ver la emoción con la que Kristoff habla, y está a punto de dirigir su furia contra el rubio, pero antes de que lo haga, este hace que suelte la mano de su hermana y aprisiona las dos manos pequeñas entre sus manazas, fijando los azules ojos en los de ella.
"Te amo, Anna, te amo con todo mi corazón, y te amo más ahora que llevas en tu vientre a mi hijo. Significa que, si algo te pasara a ti y a él, puedes estar segura que el dolor que sentiste por perder a Elsa no sería nada comparado con el dolor que sentiría yo al perderlos a los dos."
"¡Kristoff! Pero yo…"
Pero el no se detiene, no permitirá que hable antes de que él termine. "Si te hace sentir más tranquila, yo la acompañaré, y te juro por mi amor que daré mi vida por la de ella si es necesario. Yo me encargaré de mantener a tu hermana segura, te prometo por mi vida que ella regresará a salvo a tu lado."
"Oh… Kristoff…"
Mientras la reina titubea, Elsa voltea a ver la luz, demasiado ansiosa por terminar la discusión para partir de inmediato, haciendo oídos sordos de las promesas que Kristoff le ofrece a Anna; exasperada, no lo piensa más y extiende la mano para ayudar a su cuñado a montar al caballo.
"Bien, lo que ustedes digan, pero démonos prisa. Por favor, hermana, este asunto no puede dilatar más." Tanto Elsa como Kristoff fijan los ojos en Anna, esperando impacientemente por su respuesta, a lo que ella suspira, acariciando ese enorme bulto en su vientre, y con el ceño fruncido, acepta rendirse.
"Está bien, pero si Elsa regresa con un solo rasguño, te prometo que te mato."
La albina sólo voltea los ojos mientras Kristoff le da un beso rápido a su esposa y acepta la ayuda de su cuñada para subir.
"Comandante Matías." Elsa habla con voz llena de autoridad, haciendo que Matías, por acto reflejo, se cuadre frente a ella, a pesar de ya no ser su reina.
"¡Ordene, su Majestad!"
"Le encargo mucho la seguridad de mi hermana, y que tenga a personal médico y de enfermería en espera de nosotros. Algo me dice que lo necesitaremos."
"Como usted ordene, alteza."
Sin más preámbulos los dos salen a todo galope hacia la luz, dejando atrás una estela brillante en el mar y a Matías con su angustiada reina. Conforme se van acercando a la estrella en descenso, ven que pedazos incandescentes más pequeños se desprenden del primero, cayendo al mar o algunos a tierra firme, los cuales crean fogatas aisladas, hasta que al final, el pedazo más grande cae sobre la tierra, creando una pequeña explosión. Pero antes de que puedan dirigirse al lugar, Gale llama la atención de los dos, dirigiendo sus miradas hacia una sombra que cae también desde el cielo, y es entonces cuando pueden ver que, debajo de una sombra negra como una cúpula, parece dibujarse la forma de un hombre.
"Elsa… eso…"
"Sí. Puedo verlo. Nokk, hay que ir más rápido. Kristoff, sujétate fuerte de mi cintura."
La petición hace titubear al rubio, quien se sonroja con la idea. "Emh… si no tienes inconveniente, yo preferiría… AAAAHHHHHHHH!"
El joven apenas alcanza a reaccionar tomándose fuertemente de la esbelta cintura de su cuñada, sin pudor pegando su cuerpo con el de ella, cuando siente que Nokk no sólo corre más rápido, sino que lo está haciendo sobre una plataforma que se eleva sobre el mar: la Reina de las Nieves ha creado un camino de hielo que se dirige hacia el cielo, tratando de alcanzar la figura que, imposible de creer, cae lentamente hacia el suelo.
"Estás pensando en alcanzarlo?" Kristoff grita tratando de hacerse escuchar a través del ruido del viento que pasa veloz a su lado.
"Si realmente es una persona, a esa altura se matará, debemos impedir que caiga al mar." Sin que Nokk se detenga, Elsa lanza una helada ráfaga que crea un tobogán hacia la tierra, atrapando al hombre y logrando que se deslice a través de él, para finalmente caer en tierra sobre un gran colchón de nieve, también creados por la albina, mientras los tres siguen el recorrido del hombre al suelo, rápidamente llegando hasta él. De inmediato desmontan de Nokk para correr hacia el extraño que parece estar inconsciente. Con cautela, los dos se acercan, notando de inmediato su extraña vestimenta: un abrigo corto que le llega sólo a la cintura, con el cuello rodeado por lo que parece ser pelaje de algún animal, pantalones y zapatos muy extraños, sus ojos cubiertos por unos lentes ridículamente grandes y su cabeza cubierta con un gorro hecho de piel, y para rematar, una tela que se afianza al cuerpo de él, para formar una gran sábana suave, como una bolsa, que cuelga de su espalda. Kristoff ve que la cara del hombre se encuentra llena de sangre, seguramente proveniente de su cabeza, sus cabellos negros empapados pegados a su mejilla.
"Está… muerto?" La voz suave de la albina lo saca por un momento de sus pensamientos, sobresaltándolo. Sin contestar la pregunta aún, el hombre se acerca al herido y pone la oreja sobre su boca, escuchando con atención unos segundos.
"No… aún respira."
"Qué será este artilugio?" Elsa señala a la gran masa de tela que se distribuye como una estela al lado de él, mientras su cuñado se incorpora.
"No lo sé, pero tenemos que liberarlo de eso, tiene sangre en la cabeza, y no sabemos que otras heridas pueda tener. Hay que llevarlo al castillo." Elsa entiende y crea una daga de hielo, entregándosela a Kristoff, quien de inmediato corta las correas que sujetan al hombre, y después da unos pasos hacia atrás, para permitir que la albina construya una camilla de hielo debajo del hombre inconsciente, fijándola a un cinturón de hielo alrededor de Nokk.
"Qué haremos con el fuego en el bosque?"
Elsa levanta la mirada. Pequeñas llamaradas dispersas rodean a la principal donde cayó la bola incandescente. Es necesario apagar el fuego antes de que se extienda, pero la albina siente la urgencia de ayudar al hombre. Su vida podría estar en peligro.
"Llévate a Nokk para que te ayude a trasladarlo, me encargaré del fuego."
El joven reacciona de inmediato ante la sugerencia de la albina. "¡De ninguna manera dejaré que vayas sola! ¿Sabes lo que tu hermana me hará si llego sin ti? Además, lo prometí, y mi honor está en ello."
A pesar de que se le hace tierno que su cuñado se preocupe tanto por las dos, Elsa se impacienta. ¿Cuántas veces tienen que cuestionar sus decisiones? A veces sí que extraña seguir siendo reina.
"Esta vez no, Kristoff, Anna tendrá que entender. Necesitamos proteger al herido, si lo dejamos aquí en lo que atendemos el incendio, puede morir o puede ser atacado por los lobos. Pero si dejamos que el fuego se extienda, después será incontrolable. Por favor, haz lo que te digo. Tan pronto apague el incendio prometo que te alcanzaré."
Kristoff no se deja convencer tan fácilmente. "Si es así, ¿por que no mejor te llevas tú al herido? Yo me haré cargo de apagar el fuego."
Una delicada ceja se levanta, llena de incredulidad. "¿Y, cómo piensas apagar el fuego, oh gran Maestro del Hielo?"
El rubio titubea unos segundos, para después bajar la mirada, derrotado. Desearía no tener que hacer tal elección, pero la joven tiene razón, pues él también siente la urgencia de atender los dos asuntos, y no hay mejor forma que dividiéndose. Así que, a regañadientes, el joven rey consorte asiente y monta de nuevo al caballo fantástico, acariciándolo tiernamente.
"No me vayas a tirar, ¿eh? Recuerda que Elsa se puede enojar contigo."
Nokk relincha, aparentemente no muy contento ante tal amenaza, para después voltear a ver a la albina con un gesto de disgusto, como si pidiéndole que reconsidere. Elsa sonríe y acaricia la crin húmeda de su fantástico corcel.
"Cuídalo, querido amigo, Anna lo ama, y el bebé seguro necesitará un papá."
"¡Hey!"
Nokk relincha en protesta, pero después acaricia la mejilla de la joven con el hocico, aceptando la petición, y emprende el viaje a un paso que sabe que el herido puede tolerar. Elsa los ve partir, y de pronto siente sus cabellos moviéndose con el viento.
"Estoy de acuerdo, Gale. No confío en que esos dos se comporten. Por favor acompáñalos, y me avisas tan pronto estén a salvo." Las hojas revolotean a su alrededor para después partir tras los viajeros, mientras Bruni finalmente ha llegado a su lado y se sube a su hombro, listo para acompañarla.
"Vamos Bruni. Quizá necesite tu ayuda."
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A/N: Antes que nada, permítanme situarlos en la época en que se desarrollará la historia: Lebensborn fue una organización nazi creada por Heinrich Himmler bajo el auspicio de Hitler, cuyas sedes favoritas, aparte de Alemania, se encontraban en Noruega, país donde se supone que reside Arendelle. Y antes de continuar, quisiera aclarar que entiendo perfectamente que este puede ser un tema bastante delicado para algunas personas que lo vivieron, o bien que son herederos de las personas que vivieron tal situación. De verdad no es mi intención ofender a nadie, y aunque he hecho algo de investigación, también entiendo que tendré varios errores históricos (además de, por supuesto, las libertades que necesito para crear una historia ficticia de por sí, con un discreto sustento histórico), pero después de leer por primera vez la historia de los Lebensborn, del motivo detrás de dicha organización, se me hizo interesante que el país preferido para dichos lugares fuera, de hecho, Noruega. Y si fue así, y nuestras reinas hubieran existido en ese entonces, seguramente serían blanco de tal plan, ¿no lo creen? En fin, este es un fic que se toma muuuuuuchas libertades literarias, cuya intención sólo es la de adentrarnos en un mundo de ficción y tratar un "y que tal si…". Una vez más, pido disculpas por aquellos que se vayan a ofender. No es mi intención.
Segundo punto. Si bien, haciendo cálculos, la historia de Frozen se sitúa aproximadamente en el siglo XVI y XVII, para efectos de esta historia estamos en 1940, estableciendo que, debido a que Arendelle se encuentra más bien aislada por su ubicación más cercana al Mar Oscuro, y más por sus adentros al fiordo, sumándole los años que estuvieron en aislamiento total por los poderes de Elsa, los adelantos científicos modernos y la Revolución Industrial del siglo XIX no llegaron hasta mucho después, durante el reinado de Anna.
¡Ah! Y un último aviso. De pronto soy muy melosa y melodramática, pero tengan cuidado, porque también suelo ser muy violenta, y esta historia está hecha para hacerse muy oscura, aunque haré todo lo posible por limitarme para no bajarla de la clasificación T. Están advertidos desde el inicio, así que por favor no me odien.
Dicho lo anterior, espero les guste esta historia, donde, entre otras libertades, trataré de dibujar a la Elsa que me gustaría ver en Frozen III: una más segura de sí misma, conocedora de la extensión de su poder, determinada, pero que conserva su humanidad, su amor y compasión por los demás, y con eso, su fragilidad. ¡Espero les guste!
Frozen no me pertenece, no hago esta historia para fines de lucro.
