Disclaimer: Yo no he comprado nada. Todos los derechos son de Casona. Yo solo lo he adaptado con fines lúdicos

En un lugar de Grand Line. Sin tiempo. Planta baja de una casa de labranza que trasluce limpio bienestar. Sólida arquitectura de piedra encalada y maderas nobles. Al fondo, amplio portón y ventana sobre el campo. A la derecha, arranque de escalera que conduce a las habitaciones altas, y en primer término del mismo lado salida al corral. A la izquierda, entrada a la cocina, y en primer término la gran chimenea de leña ornada en lejas y vasares con lozas campesinas y el rebrillo rojo y ocre de los cobres. Apoyada en la pared del fondo, una guadaña. Rústicos muebles de nogal y un viejo reloj de pared. Sobre el suelo, gruesas esteras de soga. Es de noche. Luz de quinqué
(Bellemere, Brook y los tres nietos, Luffy, Nojiko y Franky, terminan de cenar. Makino, vieja criada, atiende a la mesa)

Brook:(Partiendo el pan) Todavía está caliente la hogaza. Huele a ginesta en flor

Makino: Ginesta y sarmiento seco; no hay leña mejor para caldear el horno. ¿Y qué me dice de ese color de oro? Es el último candeal de la solana

Brook: La harina es buena, pero tú la ayudas. Tienes unas manos pensadas por Dios para hacer pan.

Makino: ¿Y las hojuelas de azúcar? ¿Y la torrija de huevo? Por el invierno bien que le gusta mojada en vino caliente (Mira a Bellemere, que está de codos en la mesa, como ausente) ¿No va a cenar nada, mi ama?

Bellemere: Nada

(Makino suspira resignada. Pone leche en las escudillas de los niños)

Franky: ¿puedo migar sopas en la leche?

Luffy: Y yo, ¿puedo traer al gato a comer conmigo en la mesa?

Nojiko: El sitio del gato es la cocina. Siempre tiene las patas sucias de ceniza

Luffy: ¿Y a ti quién te mete? El gato es mío

Nojiko: pero el mantel lo lavo yo

Brook: Hazle caso a tu hermana

Luffy: ¿Por qué? Soy mayor que ella

Brook: Pero ella es mujer

Luffy: ¡Siempre igual! Al gato le gusta comer en la mesa y no le dejan; a mí me gusta comer en el suelo, y tampoco.

Makino: Cuando seas mayor mandarás en tu casa, galán

Luffy: Sí, sí; todos los años dices lo mismo

Franky: ¿Cuándo seremos mayores, abuelo?

Brook: Pronto. Cuando sepáis leer y escribir.

Luffy: Pero si no nos mandan a la escuela no aprenderemos nunca.

Brook:(A Bellemere) Los niños tienen razón. Son ya crecidos. Deben ir a la escuela

Bellemere:(Como una obsesión) ¡No irán! Para ir a la escuela hay que pasar el río...No quiero que mis hijos se acerquen al río.

Makino: Basta; de esas cosas no se habla (A Nojiko, mientras recoge las escudillas) ¿No querías hacer una torta de maíz? El horno ya se estará enfriando

Luffy: (Levantándose, gozoso de hacer algo) Lo pondremos al rojo otra vez. ¡Yo te ayudo!

Franky: ¡Y yo!

Nojiko: ¿Puedo ponerle un poco de miel encima?

Makino: Y abajo una hoja de higuera para que no se pegue al rescoldo. Tienes que ir aprendiendo. Pronto serás mujer...y eres la única de la casa (Sale con ellos hacia la cocina)

Brook: No deberías hablar de eso delante de los pequeños. Están respirando siempre un aire de angustia que no los deja vivir.

Bellemere: Era su hermana. No quiero que la olviden

Brook: Pero ellos necesitan correr al sol y reír a gritos. Un niño que está quieto no es un niño

Bellemere: Por lo menos a mi lado están seguros

Brook: No tengas miedo; la desgracia no se repite nunca en el mismo sitio. No pienses más

Bellemere: ¿Haces tú otra cosa? Aunque no la nombres, yo sé en qué estás pensando cuando te quedas horas enteras en silencio, y se te apaga el cigarrillo en la boca

Brook: ¿De qué vale mirar hacia atrás? Lo que pasó, pasó y la vida sigue. Tienes una casa que debe volver a ser feliz como antes

Bellemere: Antes era fácil ser feliz. Estaba aquí Perona; y donde ella ponía la mano todo era alegría

Brook: Te quedan los otros tres. Piensa en ellos

Bellemere: Hoy no puedo pensar más que en Perona; es su día. Fue una noche como esta. Hace cuatro años

Brook: Cuatro años ya...

(Pensativo, se sienta a liar un cigarrillo junto al fuego. Entra del corral el mozo del molino, sonriente, con una rosa que, al salir se pone en la oreja)

Sanji: Buena noche de luna para viajar. Ya está ensillada la yegua.

Bellemere:(Levanta la cabeza) ¿Ensillada? ¿Quién te lo mandó?

Brook: Yo

Bellemere: ¿Y a ti, quién?

Brook: Zoro quiere subir a la braña a apartar él mismo los novillos para la feria.

Bellemere: ¿Y tenía que ser precisamente hoy? Una noche como esta bien podría quedarse en casa

Brook: La feria es mañana

Bellemere:(Como una queja) Si él lo prefiere así, bien está.

(Vuelve Makino)

Sanji: ¿Manda algo, mi ama?

Bellemere: Nada. ¿Vas al molino a esta hora?

Sanji: Siempre hay trabajo. Y cuando no, da gusto dormirse oyendo cantar la cítola y el agua

Makino:(Maliciosa) Además, el molino está junto al granero del alcalde...y el alcalde tiene tres hijas mozas, cada una peor que la otra. Dicen que envenenaron al perro porque ladraba cuando algún hombre saltaba la tapia de noche

Sanji: Dicen, dicen...también dicen que el infierno está empedrado de lenguas de mujer. ¡Vieja maliciosa! Dios la guarde, mi ama (Sale silbando alegremente)

Makino: Sí, sí, malicias. Como si una hubiera nacido ayer. Cuando va al molino lleva chispas en los ojos; cuando vuelve trae un cansancio alegre arrollado a la cintura

Brook: ¿No callarás, mujer?

Makino:(Recogiendo la mesa) No es por decir mal de nadie. Si alguna vez hablo de más es por desatar los nervios... como si rompiera platos. ¿Es vida esto? El ama con los ojos clavados en la pared; usted siempre callado por los rincones...Y esos niños de mi alma que se han acostumbrado a no hacer ruido como si anduvieran descalzos. Si no hablo yo, ¿quién habla en esta casa?

Bellemere: No es día de hablar alto. Callando se recuerda mejor

Makino: ¿Piensa que yo lo olvide? Pero la vida no se detiene. ¿De qué sirve correr las cortinas y empeñarse en gritar que es de noche? Al otro lado de la ventana todos los días sale el sol.

Bellemere: Para mí, no.

Makino: Hágame caso, ama. Abra el cuarto de Perona de par en par, y saque al balcón las sabanas de hilo que se están enfriando bajo el polvo del arca.

Bellemere: Ni el sol tiene derecho a entrar en su cuarto. Ese polvo es lo único que queda de aquel día

Brook: (A Makino) No te canses. Es como el que lleva clavada una espina y no se deja curar

Bellemere: ¡Bendita espina! Prefiero cien veces llevarla clavada en la carne, antes que olvidar...como todos vosotros

Makino: Eso no. No hablar de una cosa no quiere decir que no se sienta. Cuando yo me case creí que mi marido no me quería porque nunca me dijo palabras lindas. Pero siempre me traía el primer racimo de la viña; y en siete años que me vivió me dejó siete hijos, todos hombres. Cada uno se expresa a su manera

Brook: El tuyo era un marido cabal. Como han sido siempre los hombres de esta tierra

Makino: Igual que un roble. Hubiera costado trabajo hincarle un hacha; pero todos los años daba flores

Bellemere: Un marido viene y va. No es carne de nuestra carne como un hijo

Makino: (Suspende un momento el quehacer) ¿Va a decirme a mí lo que es un hijo? ¡A mí! Usted perdió una: Santo y bueno. ¡Yo perdí a los siete el mismo día! Con tierra en los ojos y negros de carbón los fueron sacando de la mina. Yo misma lavé los siete cuerpos, uno por uno. ¿Y qué? ¿Iba por eso a cubrirme la cabeza con un manto y sentarme a llorar a la puerta? ¡Los lloré de pie, trabajando! (Se le ahoga la voz un momento. Se arranca una lágrima con la punta del delantal y sigue recogiendo los manteles) Después, como ya no podía tener otros, planté en mi huerto siete árboles, altos y hermosos como siete varones. (Baja más la voz) Por el verano, cuando me siento a coser a la sombra, me parece que no estoy tan sola

Bellemere: No es lo mismo. Los tuyos están bajo tierra, donde crece la hierba y hasta espigas de trigo. La mía está en el agua. ¿Puedes tú besar el agua? ¿Puede nadie abrazarla y echarse a llorar sobre ella? Eso es lo que me muerde en la sangre

Brook: Todo el pueblo la buscó. Los mejores nadadores bajaron hasta las raíces más hondas

Bellemere: No la buscaron bastante. La hubieran encontrado.

Brook: Ya ha ocurrido lo mismo otras veces. El remanso no tiene fondo

Makino: Dicen que dentro hay un pueblo entero, con su Iglesia y todo. Algunas veces, la noche de San Juan, se han oído las campanas debajo del mar

Bellemere: Aunque hubiera un palacio no la quiero en el río, donde todo el mundo tira piedras al pasar. La Escritura lo dice "El hombre es tierra y debe volver a la tierra". Sólo el día que la encuentren podré yo descansar en paz.

(Bajando la escalera aparece Zoro. Joven y fuerte montañés. Viene en mangas de camisa y botas de montar. En escena se pone la pelliza que descuelga de un clavo)

Zoro: ¿Está aparejada la yegua?

Brook: Sanji la ensilló antes de marchar al molino

(Makino guarda los manteles y lleva la loza a la cocina, volviendo luego con un cestillo de arvejas)

Bellemere: ¿Es necesario que vayas a la braña esta noche?
Zoro: Quiero apartar el ganado yo mismo. Ocho novillos de pezuña delgada y con la testuz de azafrán que han de ser la gala de la feria

Brook: Si no es más que eso, el mayoral puede hacerlo

Zoro: Él no los quiere como yo. Cuando eran terneros, yo les daba la sal con mis manos. Hoy, que se van, quiero ponerles yo mismo el hierro de mi casa

Bellemere: (Con reproche) ¿No se te ha ocurrido pensar que esta noche te necesito más que nunca? ¿Has olvidado que fecha es hoy?

Zoro: ¿Hoy? (Mira a Brook y a Makino, que vuelve. Los dos bajan la cabeza. Zoro comprende y baja la cabeza también) Ya

Bellemere: Sé que no te gusta recordar. Pero no te pido que hables. Me bastaría que te sentaras junto a mí, en silencio

Zoro: (Esquivo) El mayoral me espera

Bellemere: ¿Tan importante es ese viaje?

Zoro: Aunque no lo fuera. Vale más sembrar una cosecha nueva que llorar por la que se perdió

Bellemere: Comprendo. Perona fue tu novia dos años, pero tu mujer sólo tres días. Poco tiempo para querer

Zoro: ¡Era mía y eso bastaba! No la hubiera querido en treinta años más que en aquellos tres días

Bellemere:(Yendo hacia él, lo mira hondamente) Entonces, ¿por qué no la nombras nunca? ¿Por qué, cuando todo el pueblo la buscaba llorando, tú te encerrabas en casa apretando los puños? (Avanza más) ¿Y por qué no me miras de frente cuando te hablo de ella?

Zoro:(Crispado) ¡Basta! (Sale resuelto hacia el corral)

Brook: Conseguirás que Zoro acabe odiando esta casa. No se puede mantener un recuerdo así, siempre abierto como una llaga

Bellemere: (Tristemente resignada) ¿También tú? Ya no la quiere nadie, nadie...

(Vuelve a sentarse pesadamente. Makino se sienta a su lado, poniendo entre las dos el cestillo de arvejas. Fuera se oye ladrar al perro)

Makino: ¿Quiere ayudarme a desgranar las arvejas? Es como rezar un rosario verde; van resbalando las cuentas entre los dedos...y el pensamiento vuela
(Pausa mientras desgranan las dos)

Bellemere: ¿Adónde vuela el tuyo, Makino?

Makino: A los siete árboles altos. ¿Y el suyo, ama?

Bellemere: El mío esta siempre fijo, en el agua

(Vuelve a oírse el ladrido)

Makino: Mucho ladra el perro

Brook: Y nervioso. Será algún caminante. A los del pueblo los conoce desde lejos

(Entran corriendo los niños, entre curiosos y atemorizados)

Nojiko: Es una mujer, madre. Debe de andar perdida

Makino: ¿Viene hacia aquí o pasa de largo?

Franky: Hacia aquí

Luffy: Lleva una capucha y un bordón en la mano, como los peregrinos

(Llaman al aldabón de la puerta. Makino mira a Bellemere, dudando)

Bellemere: Abre. No se puede cerrar la puerta de noche a un caminante

(Makino abre la hoja superior de la puerta, y aparece Robin)

Robin: Dios guarde esta casa y libre de mal a los que en ella viven

Makino: Amén. ¿Busca posada? El mesón está al otro lado del río

Robin: Pero la barca no pasa a esta hora

Bellemere: Déjala entrar. Los peregrinos tienen derecho al fuego y traen la paz a la casa que los recibe

(Pasa Robin. Makino vuelve a cerrar)

Brook: ¿Perdió el camino?

Robin: Las fuerzas para andarlo. Vengo de lejos y está frío el aire

Brook: Siéntese a la lumbre. Y si en algo podemos ayudarle...Los caminos dan hambre y sed

Robin: No necesito nada. Con un poco de fuego me basta (Se sienta a la lumbre) Estaba segura de encontrarlo aquí

Makino: No es mucho adivinar. ¿Vio el humo por la chimenea?

Robin: No. Pero vi a los niños detrás de los cristales. Las casas donde hay niños siempre son calientes. (Se echa atrás la capucha, descubriendo un rostro hermoso y pálido, con una sonrisa tranquila)

Luffy:(En voz baja) ¡Que hermosa es...!

Nojiko: ¡Parece una reina de cuento!

Robin:(A Brook, que la observa intensamente) ¿Por qué me mira tan fijo? ¿Le recuerdo algo?

Brook: No sé...Pero juraría que no es la primera vez que nos vemos
Robin: Es posible. ¡He recorrido tantos pueblos y tantos caminos!... A los niños, que la contemplan, curiosos, agarrados a las faldas de Makino) ¿Y vosotros? Os van a crecer los ojos si me seguís mirando así. ¿No os atrevéis a acercaros?

Makino: Discúlpelos. No tienen costumbre de ver gente extraña. Y menos con ese hábito

Robin: ¿Os doy miedo?

Luffy:(Avanza resuelto) A mí no. Los otros son más pequeños.

Franky:(Avanza también, más tímido) No habíamos visto nunca a un peregrino

Nojiko: Yo sí; en las estampas. Llevan una cosa redonda en la cabeza, como los santos

Luffy: (Con aire superior) Los santos son viejos y todos tienen barba. Ella es joven, tiene el pelo como la espiga y las manos blancas como una gran señora

Robin: ¿Te parezco hermosa?

Luffy: Mucho. Dice el abuelo que las cosas hermosas siempre vienen de lejos.

Robin: (Sonríe. Le acaricia los cabellos) Gracias, pequeño. Cuando seas hombre, las mujeres te escucharán. (Contempla la casa) Nietos, abuelo, y la lumbre encendida. Una casa feliz

Brook: Lo fue

Robin: Es la que llaman de Zoro el de Roronoa, ¿no?

Bellemere: Es mi yerno. ¿Le conoce?

Robin: He oído hablar de él. Mozo de sangre en flor, galán de ferias y el mejor caballista de la feria

(Zoro vuelve)

Zoro: La yegua no está en el corral. Dejaron el portón abierto y se le oye relinchar por el monte

Brook: No puede ser. Sanji la dejo ensillada

Zoro: ¿Está ciego entonces? El que esta ensillado es el cuatralbo

Bellemere: ¿El potro?... (Se levanta resuelta) ¡Eso sí que no! ¡No pensarás montar ese manojo de nervios, que se espanta de un relámpago!

Zoro: ¿Y por qué no? Después de todo, alguna vez tenía que ser la primera. ¿Dónde está la espuela?

Bellemere: No tientes al cielo, hijo. Los caminos están resbaladizos de hielo...y el paso del Rabión es peligroso

Zoro: Siempre con tus miedos. ¿Quieres meterme en un rincón, como a tus hijos? Ya estoy harto de que me guarden la espalda consejos de mujer y se me escondan las escopetas de caza (Enérgico) ¿Dónde está la espuela?

(Makino y Brook callan. Entonces Robin la descuelga tranquilamente de la chimenea)

Robin: ¿Es esta?

Zoro: (La mira sorprendido. Baja el tono) Perdone que haya hablado tan fuerte. No la había visto (Mira a los otros como preguntando)

Brook: Va de camino, cumpliendo una promesa

Robin: Me han ofrecido su lumbre, y quisiera pagar con un acto de humildad (Se pone de rodillas) ¿Me permite?... (Le ciñe la espuela)

Zoro: Gracias...

(Se miran un momento en silencio. Ella, de rodillas aún)

Robin: Los Roronoa siempre fueron buenos jinetes

Zoro: Así dicen. Si no vuelvo a verla, feliz viaje. Y duerma tranquila, madre; no me gusta que me esperen de noche con luz en las ventanas

Luffy: Yo te tengo el estribo

Nojiko: Y yo la rienda

Franky: ¡Los tres! (Sale con él)

Makino: (A Bellemere) Usted tiene la culpa. ¿No conoce a los hombres, todavía? Para que vayan por aquí hay que decirles que vayan por allá
Bellemere: ¿Por qué las mujeres querrán siempre hijos? Los hombres son para el campo y el caballo. Sólo una hija llena la casa. (Se levanta) Perdone que la deje, señora. Si quiere esperar el día aquí, no ha de faltarle nada

Robin: Solamente tiempo de descansar. Tengo que seguir mi camino

Makino: (Acompañando a Bellemere hasta la escalera) ¿Va a dormir?

Bellemere: Por lo menos a estar sola. Ya que nadie quiere escucharme, me encerraré en mi cuarto a rezar (Subiendo) Rezar es como gritar en voz baja... (Pausa mientras sale. Vuelve a ladrar el perro)

Makino: Maldito perro, ¿qué le pasa esta noche?

Brook: Tampoco él tiene costumbre de sentir gente extraña

(Makino, que ha terminado de desgranar sus arvejas, toma una labor de calceta)

Robin: ¿Cómo han dicho que se llama ese paso peligroso de la sierra?

Brook: El Rabión

Robin: El Rabión es junto al castaño grande, ¿verdad? Lo quemó un rayo hace cien años, pero allí sigue con el tronco retorcido y las raíces clavadas en la roca

Brook: Para ser forastera, conoce bien estos sitios

Robin: He estado algunas veces. Pero siempre de paso

Brook: Es lo que estoy queriendo recordar desde que llegó. ¿Dónde la he visto otra vez...y cuándo? ¿Usted no se acuerda de mí?

Makino: ¿Por qué había de fijarse ella? Si fuera mozo y galán, no digo; pero los viejos son todos iguales

Brook: Tuvo que ser aquí; yo no he viajado nunca. ¿Cuándo estuvo otras veces en el pueblo?

Robin: La última vez era un día de fiesta grande, con gaita y tamboril. Por todos los senderos bajaban parejas a caballos adornadas de ramos verdes; y los manteles de la merienda cubrían todo el campo

Makino: La boda de la mayorazga. ¡Qué rumbo, mi Dios! Soltaron a chorro los toneles de sidra, y todas las aldeas de la contornada se reunieron en el Pradón a bailar la giraldilla

Robin: Lo vi desde lejos. Yo pasaba por el monte

Brook: Eso fue hace dos años. ¿Y antes?...

Robin: Recuerdo otra vez, un día de invierno. Caía una nevada tan grande que todos los caminos se borraron. Parecía una aldea de enanos, con sus caperuzas blancas en las chimeneas y sus barbas de hielo colgando en los tejados

Makino: La nevadona. Nunca hubo otra igual

Brook: ¿Y antes...mucho antes...?

Robin:(Con un esfuerzo de recuerdo) Antes...Hace ya tantos años, que apenas lo recuerdo. Flotaba un humo ácido y espeso, que hacía daño en la garganta. La sirena de la mina aullaba como un perro...Los hombres corrían apretando los puños...Por la noche, todas las puertas estaban abiertas y las mujeres lloraban a gritos dentro de las casas

Makino: (Se santigua sobrecogida) Virgen del Buen Recuerdo, ¡aparta de mí ese día!

Nojiko: ¡Ya va Zoro galopando camino de la sierra!

Franky: ¡Es el mejor jinete a cien leguas!

Luffy: Cuando yo sea mayor domaré potros como él

Makino: (Levantándose y recogiendo su labor) Cuando seas mayor, Dios dirá. Pero mientras tanto, a la cama, que es tarde. Acostado se crece más deprisa

Luffy: Es muy temprano. La señora, que ha visto tantas cosas, sabrá contar cuentos y romances

Makino: El de las sábanas blancas es el mejor

Robin: Déjelos. Los niños son buenos amigos míos, y voy a estar poco tiempo

Luffy: ¿Va a seguir de viaje esta noche? Si tiene miedo, yo la acompañaré hasta la balsa

Robin: ¡Tú! Eres muy pequeño todavía

Luffy: ¿Y eso qué? Vale más un hombre pequeño que una mujer grande. El abuelo lo dice

Makimo: ¿Lo oye? Son de la piel de Barrabás. Deles, deles la mano y verá cómo pronto se toman el pie. ¡A la cama, he dicho!

Brook: Déjalos, Makino. Yo me quedaré con ellos

Makino: ¡Eso! Encima quíteme autoridad y deles mal ejemplo. (Sale rezongando) Bien dijo el que dijo: Si el Prior juega a los naipes, ¿qué harán los frailes?

Brook: Si va a Compostela puedo indicarle el camino

Robin: No hace falta; está señalado en el cielo con polvo de estrellas

Luffy: ¿Por qué señalan ese camino las estrellas?

Robin: Para que no se pierdan los peregrinos que van a Santiago

Nojiko: ¿Y por qué tienen que ir todos los peregrinos a Santiago?

Robin: Porque allí está el sepulcro del Apóstol

Franky: ¿Y por qué está allí el sepulcro del Apóstol?

Los tres: ¿Por qué?

Brook: No les haga caso. Más pregunta un niño que contesta un sabio. (Viéndola cruzar las manos en las mangas) Se está apagando el fuego. ¿Siente frío aún?

Robin: En las manos, siempre

Brook: Partiré unos leños y traeré ramas de brezo que huelen al arder
(Sale hacia el corral. Los niños se apresuran a rodear a Robin)

Nojiko: Ahora que estamos solos, ¿nos contará un cuento?

Robin: ¿No os los cuenta el abuelo?

Luffy: El abuelo sabe empezar todos pero no sabe terminar ninguno. Se le apaga el cigarro en la boca, y en cuanto se pierde, "Colorín-colorao, este cuento se ha acabao"

Nojiko: Antes era otra cosa. Perona los sabía a cientos, algunos hasta con música. Y los contaba como si se estuviera viendo

Luffy: El de Delgadina. Y el de la moza que se vistió de hombre para ir a las guerras de Aragón

Nojiko: Y el de Xana que hilaba madejas de oro en la fuente

Franky: Y el de la raposa ciega, que iba a curarse los ojos a Santa Lucia...

Robin: ¿Quién era Perona?

Nojiko: La hermana mayor. Todo el pueblo la quería como si fuera suya. Pero una noche se marchó por el río

Luffy: Y desde entonces no se puede hablar fuerte, ni nos dejan jugar

Franky: ¿Tú sabes algún juego?

Robin: Creo que los olvide todos. Pero si me enseñáis, puedo aprender

(Los niños la rodean alborazados)

Franky: "Aserrín, aserrán, maderitos de San Juan"...

Nojiko: No. A "Tú darás, yo daré, bájate del borriquito que yo me subiré"

Luffy: Tampoco. Espera. Vuelve la cabeza para allá, y mucho ojo con hacer trampa, ¡eh! (Robin se tapa los ojos, mientras ellos, con las cabezas juntas, cuchichean) ¡Ya está! Lo primero hay que sentarse en el suelo. (Todos obedecen) Así. Ahora cada uno va diciendo y todos repiten. El que se equivoque, paga. ¿Va?

Todos: ¡Venga!

(Inician un juego pueril, de concatenaciones salmodiadas, imitando desmesuradamente con los gestos lo que dicen las palabras. El que dirige cada vuelta se pone en pie; los demás contestan y actúan al unísono, sentados en corro)

Luffy: Esta es la botella de vino que guarda en su casa el vecino

Coro: Esta es la botella de vino que guarda en su casa el vecino

Franky: (Se levanta mientras se sienta Luffy) Este es el tapón de tapar la botella de vino que guarda en su casa el vecino

Coro: Este es el tapón de tapar la botella de vino que guarda en su casa el vecino

Nojiko: (Se levanta mientras se sienta Franky) Este es el cordón de liar el tapón de tapar la botella de vino que guarda en su casa el vecino

Coro: Este es el cordón de liar el tapón de tapar la botella de vino que guarda en su casa el vecino

Luffy: Esta es la tijera de cortar el cordón de liar el tapón de tapar la botella de vino que guarda en su casa el vecino

Coro: Esta es la tijera de cortar el cordón de liar el tapón de tapar la botella de vino que guarda en su casa el vecino

(Robin, que ha ido dejándose arrastrar poco a poco por la gracia cándida del juego, se levanta a su vez, imitando los gestos del borracho)

Robin: Y este es el borracho ladrón que corta el cordón, que suelta el tapón, que empina el porrón y se bebe el vino que guarda en su casa el vecino

(Rompe a reír. Los niños la rodean y la empujan gritando)

Niños; ¡Borracha! ¡Borracha! ¡Borracha!

(Robin se deja caer riendo cada vez más. Los niños la imitan riendo también. Pero la risa de Robin va en aumento, nerviosa, inquietante, hasta una carcajada convulsa que asusta a los pequeños. Se apartan mirándola medrosos. Por fin logra dominarse, asustada de sí misma.)

Robin: Pero ¿qué es lo que estoy haciendo?... ¿Qué es esto que me hincha la garganta y me retumba cristales en la boca?...

Nojiko: (Medrosa aún) Es la risa

Robin: ¿La risa? (Se incorpora con esfuerzo) Qué cosa extraña…Es un temblor alegre que corre por dentro, como las ardillas por un árbol hueco. Pero luego restalla en la cintura, y hace aflojar las rodillas…

(Los niños vuelven a acercarse tranquilizados)

Luffy: ¿No te habías reído nunca?...

Robin: Nunca (Se toca las manos) Es curioso… me ha dejado calientes las manos… ¿Y esto que me late en los pulsos?... ¿Y esto que me salta aquí dentro?...

Nojiko: Es el corazón

Robin: (Casi con miedo) No puede ser… ¡Sería maravilloso… y terrible! (Vacila fatigada) Qué dulce fatiga. Nunca imaginé que la risa tuviera tanta fuerza

Luffy: Los grandes se cansan en seguida. ¿Quieres dormir?

Robin: Después; ahora no puedo. Cuando ese reloj dé las nueve tengo que estar despierta. Alguien me está esperando en el paso del Rabión

Nojiko: Nosotros te llamaremos. (Llevándola al sillón de la lumbre) Ven. Siéntate

Robin: ¡No! No puedo perder ni un minuto. (Se lleva un dedo a los labios) Silencio… ¿No oís, lejos, galopar un caballo?

(Los niños prestan atención. Se miran)

Franky: Yo no oigo nada

Nojiko: Será el corazón otra vez

Robin: ¡Ojalá! Ah, cómo me pesan los párpados. No puedo…, no puedo más (Se sienta, rendida)

Luffy: Perona sabía unas palabras para hacernos dormir. ¿Quieres que te las diga?

Robin: Di. Pero no lo olvides… A las nueve en punto…

Luffy: Cierra los ojos y vete repitiendo sin pensar. (Va salmodiando lentamente) Allá arribita arribita…

Robin: (Repite, cada vez con menos fuerza) Allá arribita arribita…

Luffy: Hay una montaña blanca…

Robin: Hay una montaña blanca…

Nojiko: En la montaña, un naranjo…

Robin: En la montaña, un naranjo…

Franky: En el naranjo, una rama…

Robin: En el naranjo, una rama…

Luffy: Y en la rama cuatro nidos…dos de oro y dos de plata

Robin: (Ya sin voz) Y en la rama cuatro nidos… cuatro nidos… cuatro nidos… cuatro… nidos…

Luffy: Se durmió

Nojiko: Pobre… Debe estar rendida de tanto camina

(Brook, que ha llegado con leños y ramas secas, contempla desde el umbral el final de la escena. Entra Makino)

Makino: ¿Terminó ya el juego? Pues a la cama

Nojiko: (Imponiéndole silencio) Ahora no podemos. Tenemos que despertarla cuando el reloj dé las nueve

Brook: Yo lo haré. Llévalos, Makino

Makino: Lo difícil va a ser hacerlos dormir después de tanta novelería. ¡Andando! (Va subiendo la escalera con ellos)

Nojiko: Es tan hermosa. Y tan buena. ¿Por qué no le dices que se quede con nosotros?

Luffy: No debe tener dónde vivir… Tiene los ojos tan tristes

Makino: Mejor será que vuelva por donde vino. ¡Y pronto! No me gustan nada las mujeres que hacen misterios y andan solas de noche por los caminos

(Sale con los niños. Entretanto Brook ha avivado el fuego. Baja la mecha del quinqué, quedando alumbrada la escena por la luz de la lumbre. Contempla intensamente a la dormida tratando de recordar)

Brook: ¿Dónde la he visto otra vez?... ¿Y cuándo?...

(Se sienta aparte a liar un cigarrillo sin dejar de mirarla. El reloj comienza a dar las nueve. Robin, como sintiendo una llamada, trata de incorporarse con esfuerzo. Deslumbra lejos la luz vivísima de un relámpago. Las manos de Robin resbalan nuevamente y continúa dormida. Fuera, aúlla, cobarde y triste, el perro. Con la última campanada del reloj cae el telón)

Realmente me encantó esta historia y espero que a vosotros también. Si queréis que haga otra adaptación de otra obra de Casona dejádmelo en los reviews. Espero no tardar mucho en subir la siguiente parte

He corregido algunas faltas y separado los guiones si encontráis más, decídmelo por favor