Bueno, solo es algo que tenía en mente, nada más, lo juro.
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Antes de llegar ya podía saber que estaba en el lugar correcto. Cerró los ojos armándose de valor. No entendía por qué Mira le había pedido a ella que fuera a buscarlo, hoy en especial.
Se quedó de pie observando la pequeña casa frente a ella. A todo volumen se podía escuchar Never Again logrando que los vidrios tiemblen, la casa era de color negro y sus vidrios eran polarizados. No pudo evitar sentir algo de pena por él. Ella también la extrañaba y mucho.
Comenzó a observar los alrededores del lugar, arboles rotos, tierra removida, huecos en el suelo y parte de la casa, Yup, mucho caos en definitiva. Ya había pasado un año desde que su mejor amiga se había marchado del gremio. Un año desde que ella tomó la tarea de recomponer al Dragon Slayer de Hierro a pedido de la gente del gremio.
Se acercó hasta la puerta y sin tocar, introdujo una llave para ingresar al domicilio. Hace mucho tiempo que había logrado sacar una copia habiendo pasado más de una vez que él se había negado a abrirle y tuvo que quedarse en la puerta como una estúpida. Cerrando tras suyo la puerta, observó el desorden en que estaba el lugar, otra vez, apenas hace tres días ella había limpiado todo.
Sabiendo el recorrido ya de memoria, fue recogiendo la ropa que había por el suelo, levantando un par de botellas y colocándolas en la mesa más cercana. Siguió por un pequeño pasadizo hasta llegar a una apertura con tres puertas. Estaba segura que no lo encontraría en su habitación esta ocasión, por lo que fue por la primera puerta.
Bajo las escaleras al sótano del lugar y lo encontró allí haciendo pesas. Suspiró. Una vez más tenía más peso del que debería, su torso desnudo estaba bañado en sudor, su antes larga melena negra ahora estaba corto en mechones desiguales.
Tomó una bocanada de aire y dejó caer todo lo que tenía en sus manos. Aquello llamó la atención del peli negro. Fue corriendo hasta él, acostumbrada a sus olores, no le importó que estuviera sudado, se arrodilló a su costado. Pasó su mano por su cabello, él no dijo nada, solo observaba su rostro.
"Gajeel…. ¿Por qué?" susurró totalmente sacada de foco.
Su falta de respuesta solo le hizo querer golpearlo. Tenía cambios de humor muy volátiles desde que se había juntado con el Dragon Slayer. Estiró de sus cabellos hasta escucharlo quejarse. Negó con la cabeza y se cruzó de brazos reprochándolo con la mirada.
"¿Qué quieres coneja?" preguntó sentándose y sobándose la cabeza, su voz irritada era típica para ella a este punto que ni se inmutó.
"¿Qué crees?" dijo alzando una ceja, se puso de pie y comenzó a recoger las cosas que se le habían caído. "Mirajane sigue pensando que en algo puedo ayudar"
Su risa casi le pasa desapercibido por el tremendo ruido que provenía de los parlantes en la sala, tal vez debió apagarlo cuando entro. Rodó los ojos, colocó la ropa en el lavarropa que había allí, sacando la toalla que había puesto a lavar el otro día, se la tiró en la cara.
"Báñate, apestas" dijo como orden antes de retomar su camino a las habitaciones de arriba.
Llegó hasta la habitación del dueño de casa y se agachó frente su ropero buscando algo, al cabo de unos minutos lo escuchó entrar. Ignorando totalmente lo que hacía, estiró su cuerpo por encima del suyo y sacó ropa para luego irse al baño.
"¡Más te vale no hacer un desastre allí adentro!" gritó habiendo encontrado lo que buscaba.
"¡Lo que sea!" respondió desde dentro.
Ella fue en busca de una silla a la cocina. Se detuvo pensando en apagar la maldita música pero no pudo hacerlo, sabía que a Gajeel le calmaba oírlo. Sacudió su cabeza y siguió con su tarea.
Cuando salió del baño la vio sentada en la cama con los brazos cruzados, sus ojos cerrados, su cabeza meciéndose al ritmo de la música. No pudo evitar sonreír ante ello, la Coneja había logrado encontrar el gusto a su música y eso le daba un tantito de alegría. Frunció el ceño al darse cuenta de una silla en medio de su habitación.
"¿Pero qué diablos haces mujer?" preguntó irritado.
Lucy abrió los ojos pero no pareció perturbada por su brusquedad, más bien parecía cansada de sus reproches, no supo bien que pensar de ello. Se puso de pie no sin antes palmear sus muslos, cosa que lo hizo alzar una ceja con picardía. Ella negó con la cabeza y se puso detrás de la silla. "Vamos a arreglar eso que tienes en la cabeza"
Quiso reírse de ella pero no pudo. Lucy era muy testaruda cuando quería y no estaba de ganas de aguantar los golpes que ella sabía dar muy pero muy bien. Se sentó con parsimonia en la silla.
"¿No puedes llamar al cangrejo ese?" preguntó cruzándose de brazos. Vio la sábana cubrirle el cuerpo y sintió algo apretar su garganta, había hecho el nudo más ajustado del que debería.
"Podría pero no me da la gana" respondió sin un tono exacto, está vez si soltó una carcajada por la actitud que tenía.
Sin embargo la risa murió cuando Lucy pasó sus dedos por su cabeza, cerró los ojos dejándose llevar por la sensación de sus caricias, no quería admitirlo pero sin duda alguna, estaba feliz de que no haya llamado al cangrejo.
"Esta hecho una porquería" dijo al cabo de un rato, iba a reprocharle cuando ella comenzó a reírse "Pero esta suave y bien cuidado, cosa que me sorprende viniendo de ti" el evidente asombro en su voz le dio un tic en el ojo.
"Hey, mi melena es lo más…" se quedó callado de forma abrupta.
Su melena era lo más importante que había tenido, era parte de su estilo, su personalidad, parte de él. Pero en la mañana, al verse frente al espejo, no había podido soportarlo, desconocía a la persona que su reflejo le daba y simplemente, hizo una tijera con sus dedos y se deshizo de todo con un grito de furia.
"Sí, sí, ya entiendo" respondió Lucy con un suspiró, con un peine como ayuda, comenzó a cortar aquellos mechones desiguales "Aún que me sorprende que lo hayas hecho, debo admitir que siempre me pregunté cómo te verías con el cabello corto"
Ella hablaba bastante o se quedaba callada de vez en cuando, todo siempre dependía del estado de ánimo del mago, hoy no parecía estar de tan mal humor por tanto decidió que hoy le tocaba hablar.
"¿Y qué más imaginabas?" preguntó con notable curiosidad y una pizca de socarronería.
Se tuvo que reír "No tan rápido vaquero" respondió deteniéndose un momento para darle una palmada en el hombro "Sólo era una curiosidad"
"De la curiosidad murió la coneja" dijo riéndose logrando que un mechón lo cortara mal.
"¿No era gato?" preguntó aún a sabiendas que él no respondería, retomó su tarea en silencio.
Al cabo de un rato había acabado, le palmeo ambos hombros en señal de que podía levantarse pero él le tomo las manos y la detuvo en su sitio. Se quedaron así unos largos minutos, sus pulgares acariciando sus palmas con suaves círculos.
Su corazón latía a toda velocidad pero no quería moverse, se rehusaba a moverse. Si era franca, había llegado a sentir cosas por Gajeel, cosas que no debería sentir y que no iba a decir en voz alta nunca, incluso pensándolo ahora, se sentía mal y algo sucia.
Gajeel sufría por la partida de Levy, jamás podría traicionar a su mejor amiga y nunca se aprovecharía del estado en que el Dragon Slayer se encontraba en estos momentos. A pesar de su exterior rudo y de su actitud déspota, él estaba sufriendo y sólo era una víctima de un corazón roto.
Suspiró para calmarse y cortó el contacto retirando sus manos con más fuerza de la pretendía realmente "Voy a limpiar el desastre que seguro dejaste en el baño" declaró sacándole la sábana del cuello y sin mirarlo, se metió al baño.
Tragó saliva lo más bajo posible, con su buen oído no pasaría desapercibido nada, aún con la música a todo volumen, lo conocía muy bien… oh lo conocía tan bien…
Se puso a recoger los mechones de cabello esparcidos en el suelo. Un tiempo atrás seguro que habría renegado, habría hecho un drama por tener que estar de rodillas, en su baño, limpiando su desastre pero luego de tanto tiempo, le salía natural, le nacía hacer cosas estas, querer cuidarlo, ayudarlo… acompañarlo.
Luchaba por no venir la mayoría de las veces, fingía estar cansada o escogía misiones para tener excusas para no venir pero las misiones que escogía nunca eran muy lejos o que tomará mucho tiempo. Siempre estaba cansada pero cuando Mira le decía por favor, ella iba con supuesto disgusto.
No podía engañar a nadie, ella quería venir a verlo, quería cuidarlo. Quería sentir la cercanía de su persona aun cuando Gajeel fuera tan huraño como un gato que vivió en las calles durante años, se sentía atraída a él cual polilla a una fuente de luz.
Se detuvo dejando caer los mechones de entre sus dedos, lágrimas se acumularon en sus ojos y su visión se volvió acuosa. Le quería, se había enamorado de Gajeel en contra de todas sus intenciones e instintos. Pestañeo varias veces tratando de alejar las lágrimas pero no podía. Un golpe la asustó, volteó curiosa, la puerta se encontraba abierta de par en par, de allí entró un Gajeel encolerizado, a largas zancadas, en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba en el suelo con ella, abrazándola fuertemente.
De la sorpresa sólo pudo aferrarse a él con ímpetu y al cabo de un par de latidos de su corazón, comenzó a llorar a todo lo que podía. Se aferraba como si la vida se le fuera en ello, se sujetaba a él como si el piso se estuviera desvaneciendo y fuera él su ancla salvadora.
"Ya Lucy, ya pasará" le escuchó decir entre caricias a su cabello. Sus labios a la altura de su oído como queriendo que solo ella lo escuchara.
Se mordió los labios con furia, siempre creía que lloraba por Levy, nunca pensaba que lloraba por amarlo aun cuando no debía. Quería gritarle la verdad, quería sacar de su pecho esas palabras tan prohibidas que le darían paz mental pero no, no podía, no lo haría.
Lo empujó para poner fin a ese escenario, se puso de pie y salió de la habitación dejándolo en el suelo. No quiso mirarlo, no quería que la verdad se saliera por sus ojos, con lo cercano que se volvió su relación, Gajeel podía leerla cuál libro abierto.
Fue en busca de una escoba y una bolsa a la cocina sólo para darse cuenta que se habían acabado. Con frustración golpeó la heladera. Comenzó a respirar entrecortado. Siguió golpeando, pateando, gruñendo con irá. Quería decir todo lo que se callaba, quería quitarse ese peso de encima.
"¡Para!" le escuchó gritar antes de sujetarle los brazos, ella se sacudía como maniática intentando que la suelte. "¡Te vas a lastimar idiota!"
Con una fuerza que no sabía que tenía lo empujó contra la isla que había frente suyo, bajó la mirada y cerró los puños con fuerza. "Mira quién rayos habla" dijo con más veneno del que pretendía, se dio media vuelta para largarse "Mirajane quiere que vayas al gremio" dijo sin voltear y salió de la casa.
Sin embargo antes de lograr dar otro paso, unos brazos la sujetaron de la cintura y el mundo dio una vuelta rápida, sintió el golpe de algo en su estómago y casi se le sale hasta la cena de anoche por la boca.
"¡Gajeel!" chilló cual adolescente en un ataque de rabia "¡Bájame!" gritó comenzando a patear su espalda y golpear su pecho con los puños.
"Dijiste que Mira quiere que vaya al gremio, así que allí vamos" dijo campante sin inmutarse por su ataque.
Siguió peleando hasta que logró golpear su nariz con su codo. Gajeel la soltó con un alarido de dolor, ella cayó al suelo con fuerza y se le fue el aire de los pulmones pero se puso de pie rápidamente y lo miró con furia.
"¿¡Cuál mierda es tu problema!?" gritó exasperada agitando los brazos sobre su cabeza.
"¡Me rompiste la puta nariz Lucy!" gritó en respuesta y allí pudo ver las líneas rojas que ahora bañaban su boca.
Se asustó pero no pudo evitarlo, comenzó a reírse cual desquiciada. Se sujetó el estómago y se contorsiono hacia adelante, lágrimas acumulándose en sus ojos.
"¡Estás loca!" chilló en un tono de voz gracioso gracias a que estaba sujetando su nariz.
"¡¿Ibas a ir al gremio así?!" respondió apuntándolo con su mano derecha con burla.
Bajó la mirada a su vestuario. Traía puesto unos shorts de dormir negros con unos símbolos de guitarra blancos, no traía camiseta y tenía dos sandalias de distinto par. Aún con la sangre en su nariz comenzó a reírse pero al mismo tiempo se quejaba del dolor.
Así estuvieron varios minutos hasta que el aire se les acabo y todo quedó en silencio entre los dos. La música de fondo en un bucle constante cómo un fondo ahora un tanto deprimente. Se miraron fijamente.
El corte le quedaba de maravilla, su rostro ahora lucía pulcro, parecía más joven, su musculatura resaltaba y sus miles de piercings lucían con toda su gloria en su rostro. Sus ojos rojos tenían unos matices impresionantes. Se mordió el labio inferior.
Volteó la mirada "Lo siento" susurró suavemente.
Ante la falta de respuesta lo miró de reojo, Gajeel tenía su mirada fija en ella y eso la ponía nerviosa. Se sacudió notablemente "Te esperamos en el gremio" dijo impersonalmente tratando con ello quitarse del panorama.
Se quería largar de una vez lo podía notar pero le sujeto de la muñeca deteniéndola nuevamente.
No quería que se fuera, quería que se quedara con él, quería escucharla reír y regañarlo por cualquier cosa. No quería estar sólo. Tragó saliva sintiéndose nervioso. Lucy se había vuelto parte de su vida, no quería arruinarlo pero sabía que era parte de su personalidad arruinar las mejores cosas de su vida.
No sabía cómo, realmente no podía poner un día exacto, simplemente su presencia se metió bajo su piel. Lily había terminado huyendo de su mala compañía en una ocasión y la única que fue capaz de tolerarlo fue Lucy, allí le demostró que a pesar de todo, Lucy era una mujer de paciencia inimaginable y cumplía con su palabra siempre.
Ella le trajo de vuelta a la realidad de una forma tan impresionante que aún no podía entenderlo del todo.
"¿Dónde está Lily?" preguntó, su voz sonando extraña para sus propios oídos pero sabía que era debido al golpe que la rubia le había dado.
"Lo deje en el gremio comiendo kiwis" respondió con una ligera sonrisa.
Se mordió el interior de su mejilla. No sabía cómo hacer para que se quedara, tenía que hallar una excu… "Vamos, te arreglaré eso" dijo ella mientras cambiaba de parecer y avanzaba hacia él.
Ahora Lucy fue quien le sujetó la muñeca a él y lo llevó de regreso a su casa. Esta vez primero apagó la música y luego lo obligó a sentarse en su sofá. Se metió al pasillo y quedó envuelto en el silencio, cerrando sus ojos logró concentrarse lo suficiente para poder seguirla con sus oídos. Sabía que fue a buscar el kit de primeros auxilios que tenía en el baño de su habitación.
Se sacudió el cabello con la mano que no tenía bañada en sangre. Se detuvo un momento y estirando esa misma mano frente a él, la volvió un trozo largo de metal claro, le sirvió como espejo para ver el trabajo de Lucy. Le había quedado mejor de lo que esperaba, aún recordaba sus caricias, le daban ganas de dormir entre sus brazos sintiendo sus manos pasar por su cabeza toda la noche.
Lucy sufría por la muerte de Levy y por ello él no había podido darle vida a sus sentimientos de la forma que hubiera deseado ¿Qué tipo de hombre olvida tan fácil a la mujer que se supone ama? ¿Qué tipo de persona va detrás de la mejor amiga de su ex?
Levy se había marchado con su marido hacía un año.
Así es, Levy se casó, con otro. Habiendo encontrado a un hombre que encajaba a la perfección con ella, se rindió de esperar que él diera su movimiento final. Lo decepcionante es que ella no le dijo nada, supo ocultarlo, supo esconderse y escabullirse frente a sus propias narices. Escondía su esencia de ella para que él no pudiera notarlo, encontraba formas de escaparse de él cuando la seguía, hallaba formas de no hacer misiones los dos juntos, hasta a su propio team los había logrado engañar.
Un día simplemente anunció al gremio que se casaba, de entre la multitud un joven de cabellos azules como los de ella se colocó a su costado y dándole un beso marcaba la verdad en sus palabras. Si bien todos en el gremio se habían sorprendido por qué todo el mundo sabía que Levy y él tenían un lazo fuerte, no pudieron evitar alegrarse por ella y celebrar como se debe.
Al final del mes, Levy se había casado en el gremio y con su esposo, siendo de otro gremio, partieron tomados de la mano. Una enorme fiesta de celebración fue realizada como despedida para la peli azul por tantos años de compañerismo y aventura.
Pero la peor parte no había sido aquello, no, lo peor fue que al cabo de dos meses, Levy y su marido habían fallecido en una misión que había sido demasiado para ambos, la noticia había sido como una bala al corazón para todos en Fairy Tail. Frustrado pensando que él podría haberlo evitado, creyéndose más fuerte que su supuesto marido, se ahogó en sus rencores y sentimientos amargos.
Fue allí que entró en una especie de alcoholismo y depresión, se rindió ante la idea de encajar y simplemente se quedaba en el bar del gremio hasta últimas horas, si alguien le hacía problema se retiraba a la privacidad de su casa y tomaba cuanto pudiera para dejar de sentirse como se sentía.
Traicionado y roto fue que lo encontró Lucy una mañana, las personas en el gremio creyeron que Lucy, siendo la mejor amiga de Levy, sería la persona indicada para ayudarlo a salir de su burbuja y volver al gremio como el miembro que era antes de tal fatídico momento.
La había intentado apartar, alejar de él para que no termine con el mismo destino que la pequeña maga pero Lucy se había quedado allí aún con los golpes que él había dado. Por qué sí, lo poco hombre que era en ese momento, le había intentado atacar.
No se borraría de la cabeza, la imagen de una Lucy, con sus cabellos teñidos de rojo, mirándolo con pena, lágrimas en los ojos, arrodillada ante él. ¿En qué momento terminó en el suelo? Ella extendió una mano, pensó que le golpearía pero solo le retiró las lágrimas del rostro.
Se quedó allí, simplemente sentada frente a él hasta que dejo de llorar, como la persona patética que era. Al día siguiente le había dado tal cachetada que aprendió a tenerle tantito de miedo a la furia de la rubia.
Si bien al comienzo su presencia le irritaba, el tiempo fue pasando, sus reacciones y su paciencia se volvieron virtudes que para él, no pudieron pasar desapercibidas y comenzó a admirarla. Los meses continuaron, las horas pasaron, su constante aroma en las paredes de su hogar le hacían recordarla los días que ella no estaba, sin saberlo se enamoró de Lucy.
Ignorante como era, un día ese sentimiento apareció en su mente, en su corazón y listo, no hubo marcha atrás.
Furioso por haber caído tan bajo, todo el avance que la rubia había logrado se fue al garete. La deseaba, la anhelaba, quería hacer tantas cosas pero no podía, no lograría nada demostrando a la maga que él era un insensible que olvidaba a las personas como si estas fueran nada en su vida.
Si bien había llegado a sentir profundamente por la pequeña maga de escritura sólida, la realidad era que lo que sentía por Lucy era algo abrumador, en definitiva era un sentimiento más amplió y conciso en su alma que lo que pudo haber sentido por Levy por tanto tiempo…
Ella regreso a la sala logrando sacarlo de sus pensamientos. Estiró una silla y se sentó frente a él, suspiró y se mordió el labio "Lo siento, Gajeel" dijo en un susurro de tal forma que sus vellos se erizaron y una corriente eléctrica le recorrió la columna.
Asintió con la cabeza incapaz de hablar, para darle a entender que le entendía, probablemente saldría un gruñido y no por enojo, si llegaba a abrir la boca.
Se sentó en una silla delante suyo que trajo del comedor, comenzó a trabajar lentamente, se removía en su asiento incomoda, se detenía y trataba de estirar su brazo para quitar tensión. Se rindió y en un momento de osadía, trago saliva y lo observó fijamente a los ojos, todo este tiempo había mantenido sus ojos puestos en su nariz para evitar hacer algo estúpido.
"¿Qué sucede Coneja?" preguntó con voz gangosa. Se puso nerviosa al instante a pesar de parecerle cómica su voz.
"Estas muy lejos, me es difícil limpiar tu herida de esta forma" explicó agachando la mirada nuevamente sintiéndose algo estúpida, se sacudió los pensamientos negativos, con más valentía alzó nuevamente la mirada para clavarla en sus ojos carmesí "Necesito estar más cerca…"
Era parte de la verdad pero siendo honesta con ella misma, quería tocarlo, quería tenerlo tan cerca que su piel se fundiera con la suya, a pesar de que fuera una mala idea, su corazón no dejaba de golpearle el pecho por la adrenalina, había sentido su mirada, su cambio de actitud desde que llegó a su casa y por un momento la esperanza nació en su corazón.
Gajeel le sujeto de la cintura, elevándola como si no pesara nada, la sentó en su regazo, sus piernas a los costados de los muslos de él. Sintió su rostro arder "¿Mejor?" susurró él, al estar tan cerca, su aliento le acarició el rostro.
Sabiendo que su voz le fallaría, asintió con la cabeza y retomó su tarea consciente de que las manos de él seguían puestas en su cuerpo, no pensó ni por un segundo en pedirle que las retirara, claro.
Su mente iba a toda marcha, Lucy le había dejado moverla hasta que estuviera montando sus piernas, aquellas zonas de sus cuerpos encajaban como piezas de un rompecabezas pero había centímetros de distancia que parecían solo dar la ilusión de estar juntas. Sabía que ella estaba nerviosa por el rojo en sus mejillas y pecho, la arteria en su cuello latía con velocidad, invitándolo a posar sus labios sobre este y saborear su piel.
En un punto, apretó de más el algodón con alcohol en su nariz y tuvo que darle un ligero apretón en las caderas "Lo siento" dijo en un tono que parecía melodía para sus oídos.
Luego se sintió morir. Lucy había cerrado sus labios rosados en un círculo seductor y soplaba su rostro con delicadeza. Su autocontrol se fue de vacaciones en ese momento. Subió una mano por su costado, ella se quedó quieta, llegó hasta su nuca y dejó que sus dedos se enredaran en su cabello dorado, deleitándose de la sedosidad que estos tenían.
La atrajo hacia sí y la besó con una calma que desconocía. Su cuerpo le decía que tenía el tiempo del mundo para hacerlo, si bien al comienzo fue un subidón de adrenalina, Lucy jamás se opuso, lo que le causó paz mental y emocional. Al cabo de varios minutos se separaron, sus ojos parecían brillar con intensidad, diciéndole tantas cosas que no comprendía.
Tomó su mano derecha con la intención de darle un beso en ésta pero se espantó al ver sangre allí "¿Qué mierda ha pasado aquí? " exclamó asustado, comenzó a pasar ambas manos por la banda roja intentando encontrar la fuente de sangre pero nada. Se sintió estúpido por no darse cuenta antes.
Lucy se comenzó a reír, alzó la mirada confundido "Gajeel" lo llamó a pesar de que sus ojos estaban puestos en ella, sus manos trabajando en encontrar la herida "Gajeel" dijo más suave, su mano derecha deteniendo las suyas "Es tu sangre" explicó "Cuando me sujetaste para que no me fuera"
Se veía tan tierno que creía morir de amor en ese mismo momento, había abierto ligeramente la boca en forma de una 'o' y su mirada se relajó luego de la seriedad con la que había comenzado a revisarme. Llevó su mano hasta su rostro y lo acarició lentamente. Se le iba a hinchar la cara por el golpe, ya se podía ver que tendría los ojos negros por al menos una semana.
Nuevamente se sintió mal por haberlo herido pero no mucho, de verdad se lo merecía ¿Por qué la había besado? No lo sabía, no quería preguntar.
Bajó la mano con bastante pesar, comenzó a removerse para salir de su agarre pero Gajeel no se lo puso fácil, la sujetó de la cadera con un brazo y con el otro en su nuca le hizo mantener la mirada en él.
"No coneja, te quedas aquí" dijo con la voz ronca, sus pupilas dilatas lograban casi ocultar el carmesí en estos.
"Sueltame" gruño entre dientes "¡Que me sueltes!" gritó empujando su pecho pero nada, no la soltaba.
"¿Por qué quieres huir?" preguntó con amargura en la voz.
"¡¿Por qué?! ¡¿Es que acaso estás loco?!" preguntó con horror ¿En serio la estaba tomando por una persona fácil? "¡Que te den!" gritó por fin, pidió mentalmente a Taurus por qué le de fuerza.
Sintiendo el tirón de magia en su cuerpo, logró empujarlo con suficiente fuerza para salir de sus brazos. Agitada, agradeció a su Espíritu y lo miró encolerizada.
"¿Cuál putas es tu problemas?" preguntó con rabia, se acercó a él que seguía sentado en el sofá, se tuvo que agachar levemente para igualar su mirada "¿Quién diablos te crees?"
Se sostuvieron la mirada largos segundos, su corazón achicándose ante la posibilidad de que Gajeel solo la estuviera usando para desahogarse, ignorando sus emociones, ignorando todo lo que sentía por él.
Sí, ella había sido quien había generado la situación pero ¿realmente pueden culparla por ser una mujer enamorada? ¿Por pensar que su ser amado podría finalmente darse cuenta de su amor y devolverle aquel fervor?
Gajeel no respondió nada salvo tomar su rostro y volver a besarla como si se le fuera la vida en ello, ella no pudo contener sus gemidos, quiso golpearlo pero su cuerpo le traiciono, sintiendo las caricias y mimos de aquel que gobierna su corazón, no hizo nada más que volver a su regazo, enterrar sus dedos en su cabellera y pegar su rostro más al del hombre buscando más contacto.
Ante esto, Gajeel se apartó con un alarido, un nuevo hilo de sangre cayendo por su mentón. Abrió la boca para disculparse pero no pudo, al contrario, simplemente pasó su mano por su boca tratando de quitar la sangre y luego volvió a besarlo.
Gruñó por su osadía. Siempre había sido un bruto con las palabras, su pasado con Levy era muestra de ello, sabiendo que estaba quedando como un idiota ante ella, hizo lo único que pensaba podría demostrarle a la rubia lo que había por debajo de sus acciones.
Aprovechó para recorrer aquel cuerpo que siempre lucía en su gloria frente a sus ojos, Lucy acostumbraba a usar ropa casi inexistente por tanto era una tentación con piernas largas verla pasar. Ahora se sentía celoso.
Celoso de las miradas que él mismo le había dado a la maga durante años, que muchos otros hombres le habrán dado. Celoso del estúpido traga fuegos que tiene la costumbre de siempre quebrar los límites de amistad con ella. Oh, cómo le golpearía luego de terminar con Lucy.
Se detuvo alejándola un momento, sus ojos cargados de deseos buscaban volverlo loco pero sacudió las ideas de su cabeza "Lucy" dijo, ante ello la vio dar un respingón, aquel bulto en su pantalón se sintió más que feliz por ello, le latía pidiendo más fricción "Hay algo que debes saber…"
Sus manos fueron a parar en su boca y se sintió confundido. Le había callado. Lucy agachó la mirada logrando que su cabello oculte su rostro "No, por favor, no lo digas" dijo suavemente, la súplica cargada de dolor lo alteró "No quiero oírlo" continuo. Su corazón se partió ante su evidente rechazo.
¿Es que estaba destinado a siempre ser rechazado? ¿Nuevamente había esperado demasiado? ¿Por qué nadie le podía amar? Como un niño, se sintió llorar y aún con la vergüenza en el alma, no había nada que pudiera hacer para detenerlo. En sus brazos estaba la mujer que amaba y evidentemente, lo estaba rechazando crudamente.
Sus ojos ya estaban llenos de lágrimas, quería detenerlas pero sabía que no lo lograría. Estaba entre los brazos del hombre de sus sueños y éste, estaba a punto de decirle que esto no tenía significado alguno.
Quería entregarse a él, así sea por una sola vez. Quería ser su mujer por un día para atesorar ese recuerdo por el resto de su vida, no quería escucharlo negarla, negar sus emociones y conexión, no quería que su más precioso recuerdo se vea bañado por su rechazo.
"Solo déjame amarte hoy" dijo finalmente alzando la mirada, sus lágrimas bañándole el rostro, se sintió patética y débil ante él pero si tenía que rogarle lo haría "Solo déjame soñar que hoy, tú me amas tanto como yo" confesó casi tan bajo que hasta para ella misma, las palabras parecieron nunca salir "Te he amado desde hace tanto que al menos quiero que me dejes recordar estar entre tus brazos sin la amargura de la realidad"
Comenzó a llorar realmente, temblando incluso "Por favor" suplicó destrozada "Se mío…"
