A la mañana siguiente, Hermione decidió escribirle una carta a Ron.
Mcgonagall, el día que llegaron a Hogwarts, les dio el día libre a ella y Malfoy para que se asentarán y organizaran sus cosas. Ella, al llevar tantas, temió tener que dejar todo en bolsas, pero se sorprendió al ver que la Directora le había cedido el cuarto de prefecta que tuvo en su quinto año. Allí cabía todo, e incluso estaba el mismo mueble al cual le había hecho, años atrás, un hechizo de extensión indetectable para que cabieran todos sus libros de Magia Negra. Toda clase de información es crucial cuando se vive una guerra. Aunque trató de no incursionar más de lo necesario. La Magia Negra es adictiva y una vez que la pruebas, no hay vuelta atrás, envenena tu alma.
Contenta con su antigua habitación, tuvo todo el tiempo del mundo de pensar.
Mucho no podía hacer antes de que comience el Torneo, debería sentarse y esperar a que Malfoy pisara en falso para descubrirlo. Pero luego de su acto de ayer, ella comenzaba a sospechar que la serpiente podría llegar a tener un poco de corazón. Y las personas con un poco de corazón no tienen como motivos ocultos revivir a Voldemort. Las personas que no lo tienen, como por ejemplo Lucius Malfoy o Bellatrix Lestrange, se les nota a leguas el envenenamiento del alma, por odio, rencor. Su comportamiento es totalmente diferente. No ayudan a una sangre sucia cuando la ven que está a punto de ser violada, es más, se quedan a disfrutar el momento. Ella dudó. Malfoy también podría estar engañandola. Un pensamiento tan incrustado desde pequeño no se iba así como así. No podía estar segura. Pero una cosa era cierta, el la había salvado. La había salvado del hombre con el que compartió siete años de su vida, la persona que amaba, convertido en alguien totalmente diferente.
Muy en el fondo se culpaba a sí misma, siempre supo que él era impulsivo y ver algo como lo que publicó El Profeta, luego de ser rechazado olímpicamente, no debió de haber sido una combinación muy bonita. Inmediatamente se sacó esos pensamientos de su cabeza y los enterró bajo paredes de oclumancia. Eso no estaba para nada bien. Él jamás tendría que haberla tocado sin su consentimiento.
Cerró los ojos. Aún se encontraba sentada en el escritorio de su cuarto con una hoja en blanco.
Pensó en Harry, ¿debía decírselo? Esto marcaría un antes y un después, una vez lanzada la bomba no habría retorno. Ella se estremeció. No solo era Harry, también Ginny y todos los Weasleys. ¿Le creerían? ¿O acaso Ron ya habría ido con el cuento falso y exagerado?
Suspiró. Vació todo el aire que había en sus pulmones y se puso a escribir.
Querido Harry,
Espero que estés bien. Este pergamino originalmente era para Ron, en él debía expresarle mis sentimientos y por fin darle un cierre a nuestra relación. Intente hacerlo en persona antes de ayer, pero no lo recibió muy bien.
Quería que fuera yo quien te contara como sucedieron las cosas, aunque sea el contexto general. Eres mi mejor amigo y se que siempre podré confiar en ti, pero esto es algo que excede de mi. Dude una y otra vez por tu amistad con Ron, pero yo también merezco ser oída.
No puedo escribirlo, se me dificultaría. Aún no puedo expresarlo en voz alta. Espero que puedas hacerte un tiempo y venir a Hogwarts, así podré hablar realmente con alguien en quien confío.
Desearía que fuera lo antes posible.
Con cariño,
Hermione Granger.
Hermione aún no creía estar de vuelta en Hogwarts. Su hogar. Un lugar que la había refugiado incontables veces, con experiencias tanto buenas como malas.
Ella no había estado allí desde la guerra. Nunca se atrevió a volver. La posibilidad estuvo, si. Mcgonagall le había ofrecido, en su tiempo, ayudar con la reconstrucción de la escuela y convertirse en profesora de Pociones. Pero Hermione rechazó a idea, no podía volver al lugar donde murieron tantas personas. Tantos amigos. Gente de su familia, como Lupin y Tonks.
Gracias a su buena oclumancia había logrado enterrar ese pensamiento tan bien, que recordarlo fue casi como experimentar dolor físico. Se quedó sin aire mientras caminaba hacia el Gran Comedor. Ver las grandes puertas que se alzaban enfrente de ella levantó sus paredes de oclumancia. Había estado bien tanto tiempo porque no había ido a Hogwarts. Su habitación fue.. aceptable. Pero ver el lugar donde ocurrieron todos los hechos. Donde ella tuvo que cerrar varios ojos para nunca más verlos abrirse. Fue como dolor malditamente físico.
Malfoy encontró a Granger caminar totalmente tensa hacia la entrada de los alumnos. Estaba pálida.
-¿Nerviosa, Granger? -preguntó, apareciendo por detrás. La castaña se sobresaltó y se frenó para verlo.
-Malfoy, no te había visto -parpadeó y siguió caminando hacia las puertas del gran comedor.
Qué extraño. Granger estaba rara.
-¿Qué piensas que haces? -inquirió el rubio frenandose metros antes de las puertas.
-Yendo al Comedor -respondió obvia, había recuperado un poco de control. Ahí fue cuando ella notó que él vestía unos jeans negros y camisa blanca. Se veía.. normal. Algo se removió en su estómago.
-¿Y supongo que sigues siendo una estudiante, verdad? -rodó sus ojos cuando la vio comprender- ahora eres un auror Granger y yo el Jefe del Departamento de Juegos y Deportes Mágicos, nos sentamos con los profesores. Sígueme.
Hermione se dio una bofetada mental. ¿Como no la había supuesto antes? Sus pensamientos se habían desordenado tanto que ni siquiera lo reparó. Un escalofrío se estiró por toda su columna vertebral. Debía componerse rápidamente, era un adulto ahora y debía actuar como tal.
Siguió a Malfoy, quien pasó de largo las puertas del Gran Comedor, sin notar las miradas curiosas de los alumnos, y dobló a la izquierda. Luego de aproximadamente recorrer lo que equivaldría a las largas mesas de las Casas, Draco se frenó en una escultura casi tan alta como el. A Hermione le sacaba una cabeza con tacos.
Susurró una contraseña y la escultura se corrió para descubrir una puerta.
Hermione se adentró en el pasillo iluminado por candelabros. Nunca se había parado a pensar como los profesores llegaban a su mesa, simplemente cuando se sentaba a comer ellos ya estaban allí. En ese momento recordó como Barty Crouch Junior, disfrazado gracias a la poción multijugos de Alastor Moody, en la apertura del último Torneo de los Tres Magos apareció por detrás de los profesores cuando llegó. Malfoy viró levemente a la izquierda y se encontraron del otro lado.
La Directora Mcgonagall los esperaba allí.
-Hermione -la saludo cálidamente con una sonrisa y miró a Malfoy- Señor Malfoy -el asintió- acompañenme -ellos la siguieron hacia la derecha, cada vez más cerca de la mesa de Griffyndor/Slytherin, pero sobre el pedestal de los profesores. Gracias a las sillas altas, los estudiantes mucho no podían ver a quien acompañaba la Directora, pero desató susurros de duda. Cuando esta le indicó al rubio que se siente al lado del Profesor Flitwick, a solo dos sillas de la Directora, el Gran Comedor subió un tono más el nivel de los susurros. Convirtiéndose en murmullos. Hermione miró a Malfoy desde detrás de las sillas, pero este no dio signos de que le afectara. Tal vez su mandíbula estaba un poco más tensa de lo normal, pero era casi imperceptible. Minerva se dio la vuelta y le indicó a Hermione el otro lado de Flitwick, quedando Hagrid a su derecha.
Este último se hinchó de felicidad al verla llegar y se contuvo de abrazarla.
-¡Hermione! -saludo alegremente- hace años no te veo, ¿cómo has estado?
Ella se revolvió incómoda.
-Hola Hagrid -sonrió- es verdad, ha pasado mucho tiempo. ¿Muy bien, y tú?
Vio a Mcgonagall llegar a su asiento y levantar la varita, silenciando automáticamente todos los murmullos.
-El mejor de los días a todos -saludo mirando a cada mesa- Antes que nada, quisiera dar la bienvenida a la heroína de guerra y aurora de nuestro Ministerio de Magia, Hermione Granger -la leona, notó Draco, se tensaba hasta la médula, pero igualmente levantaba una mano y saludaba tímidamente- es un placer volverla a tener entre nosotros -la miro asintiendo hacia ella- también contamos con un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, el señor Articus Nower, ex profesor del colegio Dumstrang, quien reemplazará a la profesora Towers por su licencia de embarazo mágico riesgoso -hubo un leve aplauso dudoso, la profesora Towers había sido una excelente maestra todos estos años. La Directora prosiguió- y por último, contamos con el Director de Juegos y Deportes Mágicos, el señor Draco Malfoy -la sala quedó en silencio- quien tiene una gran noticia para ustedes.
La directora tomó asiento nuevamente y el rubio se levantó. Hermione se tensó. Esto realmente estaba pasando.
En el Gran Comedor inundaba un silencio sepulcral mientras Malfoy comenzaba a hablar.
-Muchas gracias Directora Mcgonagall. Hoy, alumnos de Hogwarts, he venido con la señorita Granger para preparar la escuela. Actualmente contamos con tres semanas para hacerlo. -su voz era lisa y neutral- Dentro de tres semanas la escuela será la anfitriona del evento mágico más importante de todos los tiempos -nadie omitia ningún sonido- El Torneo de los Tres Magos -los estudiantes se revolvieron en sus sillas y comenzaron a susurrar nuevamente- solo que esta vez -una sonrisa de costado apareció en su cara- no será de tres magos, sino que, por primera vez en la historia tendremos un Torneo de los Cuatro Magos -en la mesa de Slytherin nadie reparó cuando una chica dejó de jugar con su revuelto de huevos y levantó su cabeza bruscamente, prestando atención así al rubio. Su corazón latía rápidamente. ¿Acaso había dicho Torneo de los Cuatro Magos?- Dentro de tres semanas, el treinta de Noviembre, llegarán las tres escuelas seleccionadas. Como ya sabrán, el Torneo siempre contó con la presencia de Dusmtrang y Beuxbatons. Esta vez, junto con la señorita Granger, quien estará supervisando todo mi trabajo y el de Theodore Nott, decidimos incluir a Castelobruxo, la escuela de Brasil.
Malfoy seguía hablando, pero Alexa tenía su mirada perdida en otro lugar, lejos de allí.
-Lexa -la llamó Nicholas quien la había estado observando- ¿estás bien? -Ella estaba aferrándose a su tenedor como si fuera lo último en la tierra. Asintió levemente y volvió su mirada hacia él- así que.. ¿un Torneo de los Cuatro Magos?
Volvió a asentir.
-¿Crees que podamos entrar? -ella se sentía temblar.
Nicholas se encogió de hombros y desde la mesa de Slytherin miró a Malfoy.
-No lo sé, creo que no, estamos en quinto año -suspiró- la última vez fue para mayores de 17.
Alexa volvió su mirada a Malfoy dando su discurso.
-..así que deberán estar preparados, las pruebas no son cualquier cosa. Aunque haya aurores y profesores cuidandolos, un Torneo como este requiere cierta cantidad de peligro -miro a cada una de las mesas- por eso mismo con la señorita Granger hemos decidido un límite de edad -Alexa contuvo el aliento- los alumnos menores de dieciséis quedaran exentos de poder meter su nombre en el Cáliz de Fuego -por primera vez en años, alumnos de todas las casas mayores de dieciséis se levantaron y comenzaron a festejar, aplaudiendo y dándo las gracias al cielo. Malfoy casi sonrió. Alexa se había parado junto a Nicholas y lo estaba abrazando.
-¡Podemos competir Nicholas! -grito ella contenta- ¡No lo puedo creer!
El le dedico una sonrisa tímida y volvieron a sentarse.
-Si.. así es Lexa.
-..prepárense, tomen notas de sus TIMO's alumnos de quinto. Estarán en desventaja de los de quinto y sexto año de los demás colegios si son escogidos. Mucha suerte a todos -Malfoy volvió a sentarse y Mcgnagall tomó la palabra nuevamente, retomando el desayuno y, más tarde, enviando a todos los alumnos a sus respectivas clases.
Alexa se levantó cuando terminaron y salió del Gran Comedor junto a Nicholas.
-Nos toca Defensa con el nuevo profesor -dijo él rompiendo el silencio. Ella había estado inusualmente callada luego de haber festejado que podían entrar al Torneo. Alexa no era de demostrar como se sentía, siempre llevaba puesta una máscara que le impedía leer sus reacciones. Muy raramente ella se la quitaba para mostrar cuanto le había hecho gracia un comentario que él había lanzado, o cuando estaba muy claramente de mal humor, ella le levantaba el ánimo. Pero hoy no, hoy no tenía esa mirada de hielo que a él le decía que estaba bien, solo que sin mostrar más de lo que debía. Hoy tenía la mirada tan perdida, tan.. ausente, que Nicholas sentía una tensión casi.. física. Como si algo estuviera tirando de ambos corazones. Y él no podía decir porque era. Sabía que no era hacia él, algo en ella hoy había sido disparado. Esta no era la Alexa que podía llegar a estar haciendo hechizos peligrosos en La Sala de Menesteres solo para divertirse y aprender cosas nuevas. No era la que tenía secretos y no los quería compartir. Estaba, actualmente, demostrando que algo había cambiado en ella. Que algo la había alejado del presente, y la estaba llevando hacia otro lado.
-Seguramente sea bueno si viene de Dumstrang -respondió distraídamente y con las manos en los bolsillos de su túnica. Ahí notó Nicholas, que ella estaba como siempre, caminando despreocupadamente por los pasillos con esa expresión de suficiencia que hacía que todo el mundo la odie. Pero él no. Eran sus ojos azules y la forma distraída de responder, los únicos que se sentían fuera de sintonía, y él lo sentía en su corazón.
Le abrió la puerta del aula y ella entró. Se sentaron en la primer fila, el profesor aún no había llegado. Sacaron sus materiales de estudio y posaron sus varitas sobre la mesa. La de el tenia era una varita de arce con núcleo de Fibra de Corazón de Dragón, 8,15 pulgadas. Pero la de ella era mucho más bonita, poseía una varita de acacia con núcleo de Pluma del Ave del Trueno, nunca había visto una igual. 16,5 pulgadas. Una belleza. Y por no mencionar su inusual color para la Acacia; una combinación de amarillo, blanco y marrón recorrían desde el inicio hasta la punta de su varita.
-Deja de desear mi varita, Selwyn -gruño cuando noto su mirada. El sonrió.
-Siempre te he dicho que tienes una varita poco usual, no sería raro que la gente se quedara mirándola -ella rodó los ojos como siempre lo hacía cada vez que hablaban de este tema- ¡Vamos Lexa! ¡Tu sabes que el núcleo de Pluma de Ave del Trueno es el más raro de todos, y ni te empiezo a nombrar que esta hecha de Acacia! -la última palabra lo dijo con énfasis, desde 1350 Nicholas no pudo encontrar ningún otro registro de ese tipo de madera. Ella resopló.
-Creo que deberíamos entrenar en la Sala de Menesteres -dijo al fin, cambiando rotundamente de tema. Esta vez fue el momento de Nicholas de resoplar.
-Esta bien -gruño- podríamos hacerlo entre el quinto y sexto período todos los días, menos los viernes que habría que hacerlo entre el segundo y el tercero.
-Por mi esta bien.
En ese momento el profesor Nower entró por la puerta casi derrivandola. Alexa no se había reparado cuando la clase comenzó a llenarse, su cabeza había estado distraída desde el desayuno. Nicholas le daba dolor de cabeza con tantas preguntas y tono empatizador. Ella sabía que él notaba un cambió en ella, nunca le resultó muy difícil de leer.
-Paraós -ordenó con voz gruesa. El hombre media casi un metro noventa, era bastante grueso. Su cara era fina y cuadrada, pero las cejas gruesas impedían que uno viera la expresión de sus ojos. Tan solo con su tono de voz, los alumnos supieron que no debían desobedecerlo. Ellos lo hicieron y Articus desvaneció todas las sillas y mesas con solo una barrida de mano- Ponganse de a grupos de dos, hoy practicaremos duelo sin varita.
Los alumnos se miraron unos a otros.
Una chica de Gryffindor levantó tímidamente la mano y habló:
-Pero profesor.. recién comenzábamos con magia sin varita -Alexa rodó los ojos. Gryffindors.
El profesor la miró detenidamente.
-¿Alguien te dio el permiso de hablar? -ladró- pues no. Diez puntos menos para.. -miró su túnica-..ugh, Gryffindor.
Nadie volvió a hacer ningún comentario.
Comenzaron con Levicorpus y Liveracorpus. Este hechizo hacía que el oponente se colgara en el aire por los pies y luego caiga cuando uno lo libere o se libere a sí mismo. Fue nefasto. Un hechizo de suma complejidad y usado en alumnos de quinto año. Luego el profesor enseñó Locomotor Wibbly, el cual los dejaba con los brazos pegados a él torso. Enseño un par de hechizos de protección y largo a los alumnos a practicarlos en duelo. Se notaba a leguas que el programa de Dumstrang era mucho más agresivo que el de Hogwarts.
Cuando salieron de la clase una chica de Hufflepuff estaba llorando en una esquina, el dolor en su brazo izquierdo no se iba. Alexa y Nicholas pasaron por su lado y siguieron de largo, observando como el profesor se acercaba a ella y volvían a entrar al aula.
-Eso fue.. malévolo -dedújo Alexa- ni siquiera se si esos hechizos entran en el plan de quinto año -Volvía a estar ausente- ahora tengo Runas, ¿y tú?
-Herbología -respondió. Ella había pateado su trasero en Defensa. Esos hechizos fueron demasiado avanzados para que la mayoría pudiera hacerlo sin varita. El profesor luego de varios intentos les dejo tener varita a algunos alumnos, incluido Nicholas. Pero un par de Slytherins, incluida Alexa, y Ravenclaws, se mantuvieron sin varita. El profesor estaba maravillado con ellos. Y aunque Nicholas tuviera su varita, ella lo había dejado en el suelo igual. El temia pensar cuantas horas de su día dedicaba a entrenar a solas en la Sala de los Menesteres. Lo habían descubierto en su tercer año juntos, cuando tenían que practicar pociones o repetirían el curso. La Sala les apareció de repente con todo tipo de calderos e ingredientes para que practicaran. Ellos no se dieron cuenta que era la Sala de los Menesteres hasta que pasaron tercero, con excelentes notas en pociones, y la Sala les seguía apareciendo, solo que esta vez con diferentes aspectos. A veces como sala de estar, otras como lugar para practicar hechizos y encantamientos. Desde ese momento Alexa desaparecía de tanto en tanto y luego Nicholas la encontraba exhausta en la Sala Común de Slytherin ya casi yéndose a dormir, o faltando a clases luego de comer porque estaba cansada. Nicholas lo había planteado cuando un día ella llegó con todo el brazo envuelto en gasas, a lo que ella le respondió un seco: No es de tu maldita incumbencia.
Entonces el no pregunto más.
Cuando terminó el quinto período ellos se encontraron en la entrada de la Sala de los Menesteres. Tenían tres semanas para prepararse para cualquier cosa. Ella le enseñó mucho de ataque. Le enseño a manejar magia sin varita sin entrar en pánico. Era muy buena duelista, por eso Nicholas no se preocupaba. Por lo que si lo hacía era si ella tuviera que elaborar una poción bajo situación de estrés y presión, si ella debería pensar una estrategia para un laberinto que se hace cada vez más peligroso, no si tuviera que enfrentarse a alguien. O dejarlo y salvarse ella misma. Su oclumancia era tan increíble que Nicholas pensó que era natural, por eso mismo podía cerrarse y atacar sin ningún remordimiento.
Ellos entrenaron hasta que Nicholas se cansó de ser golpeado. Entonces fue su turno de proponer algo.
-Creo que también deberíamos leer unos libros de Historia y practicar Pociones, nunca sabes que es lo que pueden ser las pruebas -dijo y ella sonrió divertida.
-Pociones lo acepto, pero ¿Historia? Odio la historia, siempre es oscura y retorcida -gruño.
Él podía aceptar eso, solo mientras acepte estudiar pociones.
-Hecho. Yo leeré y te mantendré informada.
Ella volvió a sonreír.
-Eres el mejor amigo de todos -lo abrazó y saliendo por la puerta cuidando que no haya nadie, dijo- ¡Mañana pociones, nos vemos entonces Selwyn!
-¡Adiós, Belanger!
Lexa había faltado a la cena, como muchas otras veces anteriormente. A ella no le preocupaba, más tarde iría a la cocina y les diría a los elfos que le preparasen algo. Tenia un don para hacer que los otros hagan lo que ella quisiera, como buena Slytherin.
El día en que había sido seleccionada en su casa el sombrero dudó. Estuvo tanto tiempo sentada en esa silla que comenzaba a sentirse incómoda, había leves murmullos en el Gran Comedor, pero la mayoría estaba expectante escuchando el balbuceo del sombrero:
-Eeehh.. si.. ambiciosa -habia dicho- definitivamente ambiciosa, mente clara, un objetivo en particular.. mmhh.. Slytherin podría ser una buena opción para ti muchacha.. pero a la vez, su familia.. ¿Hufflepuff? No.. me gustaría, no estaría mal, pero en Slytherin podrías lograr lo que te propones.. -ella levantó la cabeza y miró a la mesa verde, estaban mirándola como si fuera medio kneazel, nadie podía ser Slytherin si era medio Hufflepuff- me gustaría ponerte en Hufflepuff, pero desperdiciarias tu ambición, ¡Slytherin! -dijo por fin.
Ella hasta el día de hoy agradecía su elección, no podría estar todo el dia rodeada de calidez como lo eran entre los Hufflepuffs, prefería la frialdad y distanciamiento de Slytherin. Sin preguntas. Sin interés profundo. Solo comentarios superficiales. No quería que supieran más de lo que deberian.
Ella llegó a su cuarto vacío y con un hechizo desbloqueó el cajón de su mesita de luz. Había puesto un hechizo de extensión indetectable para que cabieran sus cosas más importantes. Sacó un pergamino, una pluma y comenzó a escribir.
Querida madre,
En el día de hoy han anunciado un nuevo Torneo de los Tres Magos. Pienso intentar entrar. Tal vez no quede, pero de todas maneras pienso poner mi nombre en el Cáliz de Fuego. No quiero que te preocupes por mi. Se que para ti haber nacido casi squib me convierte en una persona frágil, en una bruja débil. Pero yo te digo que no, eso es lo que me hace fuerte.
Necesito ganar esta competencia, o al menos entrar en ella. Lo necesito por mi bien, por su bien.
Se que no estarás de acuerdo y me arrastrarías al sótano nuevamente si te lo dijera, por eso mismo no volveré a casa las próximas vacaciones.
Espero que estés bien,
Alexa.
Terminó de escribir, tragándose las lágrimas y guardando el pergamino junto con los otros que había escrito desde que comenzó el curso. Desearía que su madre pudiera apoyarla. Para bien o para mal. Alentarla o sacarla de Hogwarts. Cualquier cosa. Cerró los ojos tratando de componerse. Su madre había estado varios años luchando contra la locura, intentando cuidarla lo mejor que pudo, pero en cuanto cumplió dieciséis años, se fue. Su cordura. Sus pensamientos. Todo. Ahora Alexa debía cuidar de ella.
Levantó sus paredes de oclumancia y empujó todos los sentimientos al fondo de su cerebro.
Esto lo haría por él.
No había nada más que pensar.
Hola muchachas bellas! Acá un nuevo capitulo, hoy descubrimos nuevos personajes! Pero tranquilas que volveremos con Draco y Hermione.
¿Que les pareció?
Ya estoy haciendo el próximo capítulo así que espero que en menos de una semana este.
Las quiero!
Nos vemos en el próximo cap.
Click next para que.. (lo que ustedes desen) con Draco Malfoy.
