Capítulo 12. Martes, después de clases.

El resto de la clase de álgebra y la de química que seguía se procedieron una tras otra sin que Shikamaru apenas se diera cuenta.

Su mente se hallaba dando vueltas aún en su reciente descubrimiento, en esa posibilidad que antes le parecía remota y que ahora se convertía en certeza: Temari podría estar verdaderamente enamorada del escorpión de la arena y pensar en ello le hacía hervir la sangre.

—¿Van a quedarse a estudiar?

La pregunta formulada por Chouji devolvió a Shikamaru a la realidad, haciéndole entender que era la hora de marcharse.

Temari, de pie frente al escritorio del profesor les recordaba a los encargados de la limpieza que debían quedarse, lo que le dio tiempo al Nara de guardar su libreta cuyas anotaciones no eran escasas sino nulas.

—Sí, nos quedaremos —contestó viendo a su amigo asentir un instante antes de levantar la mano para despedirse de Temari, quien a su vez se acerco a Shikamaru, justo cuando él terminaba de guardar todo.

—¿Estás listo? —preguntó ella y pese a que escucharla hacer esa pregunta usualmente le entusiasmaba, sabiendo lo que ahora ya sabía, no le generó por primera vez gusto alguno, aunque asintió con la misma desgana con que siempre contestaba, aunque quizás esta vez el desgano fuera real…

—Si —dijo mirando a la puerta, esperando que como siempre ella avanzara por delante y poder ir él medio paso por detrás, escoltándola como el caballero que era y que vanamente había esperado hacerse notar.

¿Qué demonios era lo que le había visto Temari a Sasori? Se preguntó por milésima vez, sabiendo la reputación del pelirrojo, sus ojos manteniéndose al frente y su rostro más serio que desganado, tratando todavía de comprender en qué le había ganado.

¿Acaso era porque Sasori era mayor?

Shikamaru quiso descartar eso al pensar en la apariencia joven y casi infantil del pelirrojo.

¿Y si tal vez le gustaba precisamente por parecer menor?

Bueno, en realidad Shikamaru no quería pensar en ello, porque ciertamente él era menor que ella y aún así Temari no se había interesado…

—¿Se quedarán otra vez estudiando?

La pregunta atrajo la atención no solo de Shikamaru sino también de Temari, haciéndolos a ambos voltear a la izquierda al salir del edificio, lugar en que encontraron a los hermanos de la muchacha: Gaara y Kankuro que miraban (uno con seriedad y el otro con un odio casi palpable) a Shikamaru, que por un instante quiso reír a carcajadas y decirles que estaban equivocados, que habían desperdiciado su tiempo (y sus celos de hermanos) con el sujeto equivocado.

¿Cómo reaccionarían de saberlo? Se preguntó.

A lo mejor a Kankuro le agradaba más la idea de que su hermana saliera con su superior. Shikamaru no sabía de dónde había sacado el moreno que Sasori era su superior, pero en algún momento él le había escuchado referirse a él de esa manera.

—Sí, el festival está cerca y debemos esforzarnos al máximo —contestó entonces ella, una sonrisa orgullosa en su rostro dirigida a sus hermanos, uno de los cuales le sonrió en respuesta.

Aunque si le preguntaban a Sikamaru, él más bien diría que Gaara solo relajó su expresión y asintió.

—Entiendo…

—Pero no se queden hasta tarde de nuevo, ¿queda claro? —interrumpió bruscamente Kankuro, sus aires de hermano sobre protector saliendo a flote al igual que la pequeña revelación que hizo a Shikamaru fruncir el ceño y mirar a Temari, que con la frente en alto contestó.

—Tú no me dices que hacer, así que vayan a casa de una vez —les ordenó y tras revolverle un poco el cabello al pelirrojo, sonriendo Temari se despidió de sus hermanos retomando la marcha con Shikamaru andando detrás de ella sin nada más que un movimiento de su cabeza a manera de despedida, su mente dándole vueltas a un par de nuevas cosas cuando entraron a la biblioteca, aguardando paciente y en silencio, cargando los dos libros que sacó y puso en sus manos antes de dirigirse a la fotocopiadora.

Shikamaru aguardó solo unos segundos, mientras Temari abría el primero de los libros buscando la página a la que debía sacarle una copia, antes de preguntar eso que estaba dándole vueltas en la cabeza tras el encuentro con sus hermanos.

—¿Les dijiste que te quedaste conmigo ayer hasta tarde? —preguntó.

Para Shikamaru la respuesta era obvia tras haber escuchado el comentario e Kankuro, pero quería escucharlo de ella: quería saber por qué Temari había mentido no solo a él sino también a sus hermanos y encima poniéndolo a él de pretexto, como si ellos no le odiaran ya por pasar un par de horas de su tiempo junto a ella que puso el libro sobre el aparato y presionó el botón de copiado antes de mirarlo.

—¿Estás reclamándome? —dijo evadiendo la respuesta de forma tan inteligente, que en cualquier otro momento Shikamaru hubiera admirado su astucia pero que en ese momento no hacía más que irritarle.

—Es problemático pero solo quiero saber si hay una razón más para que tus hermanos me odien —dijo entregándole el segundo libro que ella recibió de sus manos.

—Ellos no te odian —contestó buscando la página que necesitaba para hacer el cambio de libro en la fotocopiadora—, quizás a Kankuro le caigas algo mal, pero es solo porque no le gusta que pase parte de mi tiempo con un vago como tu —dijo mirándole de reojo y dándole una sonrisa de burla que solía animar a Shikamaru.

Salvo que en esta ocasión no lo animo, o por lo menos no del todo.

—¿Entonces por qué les dijiste que estabas conmigo si no era así? —insistió—. ¿Estabas... no se, haciendo algo todavía peor que ellos no aprobarían? —cuestionó deseando poder obtener más información, comprendiendo que quizás, solo quizás, sus hermanos tampoco aprobarían su enamoramiento por Sasori.

Pero Temari no contestó. O al menos no lo hizo de inmediato, enfocada en cambiar la página del libro que fotocopiaba.

—Lo que haga o deje de hacer, Shikamaru, no es de tu incumbencia —dijo, todo rastro de buen humor esfumándose de su rostro mientras las últimas copias salían y ella sacaba el libro.

—Es problemático, pero lo es desde que me pones de pretexto con tus hermanos —arremetió entonces él, sus ojos oscuros fijos en los verdes de Temari cuando giró para encararlo: estaba furiosa, podía notarlo, y aún así no esperó a que le contestara—. Si tienes cosas más importantes que hacer tal vez debamos dejar de hacerlo —dijo—, tal vez debamos dejar de estudiar juntos —amenazó.

Pero contrario a lo esperado, la rubia mantuvo la cabeza en alto y con orgullo le contestó:

—Bien, si es lo que quieres dejemos de estudiar. Yo no lo necesito en realidad, si hacía el esfuerzo era por tí, porque eres un maldito vago —acusó.

—Tonterías...

—No, no son tonterías —interrumpió— tú eres tan inteligente que si así lo quisieras podrías llegar muy lejos Shikamaru, podrías tener todas las becas que quisieras —su dedo índice golpeó con fuerza el pecho masculino, hundiéndose en él de manera repetida mientras el moreno, sorprendido la escuchaba hablar —pero eres tan vago que dejas pasar todas tus oportunidades. ¡Todas! —Le recalcó, y fue tal su ímpetu que Shikamaru, sujetando su mano, fue capaz de reaccionar.

—No, no todas —dijo, los libros que tenía en las manos yéndose al suelo y la distancia entre ellos desapareciendo solo un poco puesto que Shikamaru avanzó.

Y tal vez era que Shikamaru estaba molesto y frustrado lo que lo llevó a actuar de aquella manera tan poco frecuente en él, a no pensar en los pros y los contras de aquella acción. Lo único que el Nara tuvo en mente en ese momento fue en demostrarle a Temari que podía tomar la oportunidad si así lo quería, que a veces podía actuar sin pensar aunque en el fondo él sabía que ya lo había pensado una y un millón de veces atrás pero había descartado cada una de esas ideas a favor de un mejor plan... y tal vez lo habría logrado si no hubiera escuchado a alguien aclarándose la garganta a su lado, obligandolos a ambos a voltear.

Una chica y un chico de piel morena estaban ahí, a unos dos pasos mirándolos: Karui y Omoi, su competencia directa dentro del festival escolar.

—¿Les importa a los tórtolos si recojo los libros que están en el suelo y hago uso de la copiadora? Habemos personas que venimos a la biblioteca por las razones correctas —dijo ella, sus ojos ámbar mirándoles de mal talante mientras su compañero, con una paleta en la boca, suspiraba.

—¿Se imaginan lo que habría pasado si los encuentra la bibliotecaria en semejante situación? La mujer es capaz de hacer que los expulsen por eso —y señaló los libros en el piso—. Ella es muy aprehensiva y ver que ustedes de la clase B maltratan de tal manera sus libros...

El muchacho se encogió de hombros y negó con su cabeza, el resto de su frase quedándose incompleta logrando que su compañera le mirara con una mueca que denotaba estupefacción por la dirección que había tomado el comentario.

Shikamaru suspirando, acabó por soltar a Temari para rascarse la nuca.

—Mendokusai —balbuceó avergonzado y desviando la mirada por haber sido encontrado en aquella comprometedora situación mientras la rubia recogía y entregaba los libros a la morena de cabellera roja.

—Con permiso —dijo Temari sin hacer comentario alguno, y tomando sus fotocopias de la bandeja se abrió paso para alejarse de ahí, con Shikamaru siguiéndola un par de instantes después, saliendo uno detrás el otro de la biblioteca en absoluto silencio.

Por muy problemático que fuera, y Shikamaru sabía que seguirla sería problemático, la opción de huir y no verla hasta la mañana siguiente era inaceptable: si había tenido el valor de invadir su espacio personal y casi besarla debía tener el valor para enfrentarla y confesar sus sentimientos... aunque ella lo rechazara.