¿Qué se supone que debo hacer cuando una flor sale de mi boca? Víctor no lo sabía, y poco tendría que averiguarlo.


Con curiosidad y gran intriga, Víctor recogió la rosa azul que había salido expulsada de su boca cuando una intensa tos le había atacado. Fueron unos cuantos minutos de tos profusa que le hicieron doler el pecho, haciendo que el deseo de vomitar fuera incontenible hasta que devolvió lo que tenía en la garganta. Fue una chocante sorpresa encontrar unos pétalos de rosa azul llenos de su saliva en lugar de algún otro tipo de vomito.

Ladeando la cabeza en gesto de confusión, paso su mano a su mentón en gesto pensativo ¿Qué se supone que debo hacer cuando una flor sale de mi boca?

La inconfundible voz de Yuuri llegando ajetreado en su dirección hicieron que torpemente tirara las flores en algún lugar. Sonriendo como si nada le hubiera pasado, recibió al patinador con una sonrisa en forma de corazón, retomando su camino regreso a casa luego de una larga tarde de entrenamiento.

Víctor no entendía como había sido capaz de vomitar pétalos de flor, pero creyendo que quizás había sido un juego de su imaginación, lo olvido como era usual para las cosas que no llamaban su atención. Siguió con su vida con normalidad, entrenando a Yuuri en la pista de San Petersburgo mientras el también practicaba para la siguiente temporada que estaba cerca. Lo que no espero, es que, en el momento menos esperado, aquel hecho inusitado volviera a suceder. Estaba observando la práctica de Yuuri mientras él tomaba un ligero descanso, mirar su danza le hizo sentir embobado, hechizado por la belleza del baile que el japonés tenia para ofrecer a través de su nueva presentación que significaba añoro. Él había estado muy de acuerdo con ese nuevo tema, dado que estaban buscando que alcanzara la medalla de oro aun cuando Víctor también era competidor, pero ¿Qué más algo tan interesante como aquel tema? El instinto de competición del ruso solo hizo emocionarse. Pero, en medio de toda esa ensoñación, hubo un momento que le hizo sentirse abrumado. Fue tan solo un segundo, más cuando Yuuri ejecutaba un maravilloso flip cuádruple, al momento de que este aterrizara sus ojos se encontraron. El mínimo encuentro hizo que el corazón de Víctor se alborotara, pero también hubo algo más que le hizo sentir el pecho apretado, siendo algo muy diferente al otro sentimiento. De inmediato sintió ganas de vomitar e hizo lo posible para dirigirse al baño sin llamar la atención de sus compañeros. Cuando logro encerrarse en soledad, tosió varias veces, sintiendo como algo rasposo empezaba a moverse desde su pecho hasta su boca. Cuando finalmente logro expulsarlo, quedo estupefacto el ver que se trataban nuevamente de pétalos de rosa azul. No entendía cómo era posible eso ¿desde cuándo un humano podía vomitar pétalos de flor? Ese era su tipo de rosa favorita y era cierto que las había consumido en un par de ocasiones, mas no recordaba haberlo hecho en ese tiempo, repasaba Víctor desesperado. Trato de calmarse, buscando una respuesta lógica, debiendo regresar a la práctica al no encontrar una respuesta que le tranquilizara. Busco distraer su mente, tratando de no pensar en el tema, pero eso no sirvió de nada.

Aquel hecho se volvió a presentar, cada vez más frecuente y todas esas ocasiones en relación con Yuuri. El pecho de Víctor comenzó a doler con más frecuencia, y aunque supo disimularlo, luego de cada entrenamiento se sentía muchísimo más cansado. Ese malestar le estaba afectando demasiado y lo peor es que él no sabía que era.

Demasiado preocupado busco en la red todos sus síntomas, no encontrando nada en portales en inglés, rusos o franceses. Fue solo cuando paso su búsqueda a sitios japoneses que se encontró con algo similar a lo que le pasaba. Una enfermedad respiratoria que hacía que el portador tosiera múltiples veces hasta llegar a vomitar pétalos de flor. Las flores, que residían en los pulmones del usuario, crecían con cada día que pasaba, dejando menos espacio para respirar y llenando el pecho de raíces y sangre. Era una enfermedad muy dolorosa con consecuencias mortales si no era tratado a tiempo.

Entendiendo que era lo que tenía, Víctor decidió ir a la fuente de la enfermedad y su posible solución. Solo cuando logro llegar a esa parte del portal, sintió que ya no valía seguir revisando.

El hanahaki solo se presentaba ante situaciones de amor no correspondido.

Bajo la mano a su costado, sosteniendo el teléfono. Las lágrimas de frustración hicieron acto de presencia mientras él veía el oscurecido cielo ¿No era suficiente las bromas del cielo? ¿Acaso tenía que ser siempre de ese modo? No importa cuánto hiciera, que tanto luchara. Parecía ser que el destino le estaba diciendo que era inútil separarse de su soledad. Había estado bien con el hecho de no tener el amor de Yuuri, decidiendo que estaría conforme siempre y cuando pudiera permanecer a su lado, Pero ¿ahora pasaba eso? Le parecía una jugada de mal gusto.

Para confirmar su estado, el ruso busco guías, fuentes electrónicas, incluso llego a recurrir a varios especialistas, obteniendo en cada caso el mismo diagnóstico y resultado. Algunos de ellos incluso le habían recomendado realizarse la operación que extraería todas las flores de sus pulmones, pero teniendo la gran consecuencia de poder amar a nadie jamás. Aquella posibilidad hizo Víctor se sintiera aterrado. Su vida actual, todo lo que estaba haciendo era por su amor a Yuuri. Si sus sentimientos por él ya no existieran ¿Qué sería de él? ¿Vivir, pero jamás volver a saber nada de Yuuri, tratándolo con indiferencia? Prefería sucumbir a la enfermedad antes de que eso pudiera pasar. Por eso prefirió no decir nada, seguir soportando los baches de aquella molesta enfermedad hasta que ya no pudiera más.

Permitiendo que el tiempo siguiera su curso, dejo todo en silencio de sus compañeros, de su entrenador, incluso del mismo Yuuri. Sufriendo la enfermedad en silencio, hizo su mejor esfuerzo por salir adelante hasta llegar a integrar el grupo de los seis patinadores a competir nuevamente en el Gran Prix. Cuando llegaron a Francia donde seria celebrado ese año, vio como Yuuri estaba de más emocionado por el lugar, llegando a salir junto con Yurio y Phichit a ver los alrededores. El por su parte, decidió que era buen momento para contarle a Chris.

En la seguridad de su suite, el ruso conto todo lo de su situación a su mejor amigo. Siendo este el único confidente al que podría acudir sin reservas, hablo de todo. Desde el origen de la enfermedad hasta las posibles soluciones, llegando hasta el resultado final de no encontrar la "cura" a tiempo. Christophe lo escucho hasta el final, con diferentes tipos de expresiones que iban desde la incredibilidad, la burla hasta el temor revestido de pánico, el cual solo aumento cuando Víctor volvió a toser fuertemente, escupiendo casi una flor completa llena de saliva y sangre.

—Tienes que decírselo —estableció con voz trémula, impidiendo que las lágrimas salieran de sus ojos para evitar lastimar más a su amigo. Sin embargo, pese a lo que él sentía, Víctor estaba impasible, sin expresión.

—No lo hare —expreso, sin derecho a replicas. Christophe lo vio en estupor, no podía creer sus palabras, pues él no estaba dispuesto a negociar la vida de su amiga por su insensatez.

—Pero, no puedes simplemente dejarlo así. No sabemos aún si el de verdad no te corresponde. Si llegaras a decírselo con claridad, quizás él…

—Está bien, Chris —lo interrumpió—. He hecho todo lo que ha estado a mi alcance siendo ignorado. Incluso han pasado dos años y él nunca me ha insinuado nada, ni siquiera luego de haberlo besado en china ¿esa no es prueba más que clara que soy el único que se hizo ilusiones? —habló, con marcado tono de tristeza, aunque no se reflejó del todo en su expresión. Parecía aceptar el hecho, desganado.

El suizo al otro lado no pudo decir nada, estaba tan lleno de frustración por la dejadez de su mejor amigo. ¿Entonces, iba a morir a ese paso? No, Chris se negaba a aceptarlo. Pero, si era la enfermedad, no había forma de evitar aquel resultado y eso solo hacía sentir miserable. Porque Víctor ya lo había aceptado.

— ¿No le dirás siquiera de tu condición? —pregunto ya desecho en su lugar. Víctor repaso sus palabras.

—Estoy seguro que, si lo hago, se echará la culpa de todo y no volverá a patinar—comento, bajando la mirada. Parecía que, en ese instante, sus manos fueran lo más interesante—. Para mí, el patinaje de Yuuri es lo más sagrado, no quiero ser el responsable de eso—menciono—. Dejare todo en silencio hasta el final del Gran Prix donde anunciare mi retiro. No creo que mi cuerpo pueda resistir más que eso —agrego.

La habitación se mantuvo en silencio hasta que el lastimero llanto del suizo se hizo presente. Sin poder luchar contra las lágrimas que había estado soportando durante ese rato, bajo la cabeza sobre sus manos, encorvado en el asiento al frente de Víctor.

—Eres un gran idiota —dijo, para no decir nada más.

Víctor lo sabía, entendía que su decisión era egoísta, pero no pensaba dar marcha atrás. Esa era la decisión que había tomado.

La competencia comenzó como debía esperarse, teniendo primero las presentaciones del programa corto y al siguiente día las del programa largo. Víctor comandaba la tabla, seguido por Yurio y después Yuuri. La diferencia en si no era tanta, pero el resultado solo sería dispuesto al final de ese determinante programa.

Desde un lugar un poco más reservado, Víctor observo cada presentación, grabándola en sus ojos pues consideraba que esa sería la última vez que lo hiciera. Siendo ya el momento de su retiro, se deleitó de poder entregar la batuta a patinadores tan admirables, cuya energía, poder y creatividad eran capaces de emocionarlo como el profesional que era. Observar a Yuuri en el hielo fue lo más gratificante de todo, verlo a él, destilando tan pasión, tanta belleza, le hizo pensar que había valido todo. No importaba si él tenía que morir para no tener que abandonar ese melancólico sentimiento, si podría disfrutar hasta el final de aquella danza, el seria el hombre más dichoso del mundo.

Cuando la presentación de Yuuri termino, pudo estar muy poco tiempo disfrutando de su nuevo record personal, el ruso debió entrar pronto a la pista, a la espera de su actuación. Paso sus manos abiertas en sus costados a forma de un ruego desesperado, sintió las teclas del piano de aquella melodía que había perfeccionado, cambiando ciertos toques de ella para agregar lo último que había disfrutado de su suplica. Stammi Viccino era la obra maestra de Víctor, lo que nació como un deseo de encontrar a alguien con quien vivir a su lado, se convirtió en un agradecimiento para quien se volvió la fuente de su inspiración, siendo ahora su única luz al final de su vida.

Bailo, aclamando aquello por lo que siempre había luchado en esos dos últimos años. Declarando abiertamente frente a todos, el gran amor que tenía hacia Katsuki Yuuri, el cual no importaba cuánto daño le estuviera haciendo sin saberlo, el seguiría amándolo hasta el final de sus días porque así él lo había deseado.

Cuando la competencia acabo, el afamado emperador observo con satisfacción como la persona a su lado del podio era premiado con la medalla de oro. Sobre su cuello reposaba la medalla de plata y la de bronce sobre los de Yurio. Había dado lo mejor de sí como siempre, pero no estaba disconforme con el resultado, la presentación de Yuuri había sido de todas la mejor que había visto en años.

—Muchas felicitaciones por tu medalla de oro, Yuuri —felicito de todo corazón, estaba muy orgulloso de él. Al menos, antes de tener que retirarse, pudo competir con él y luchar por el oro. Ahora que todo eso había finalizado, no tenía remordimientos. Podía rendirse al hanahaki y dejarlo que lo consumiera por completo.

Sin embargo, Yuuri siempre estaba dispuesto a sorprender a Víctor.

Bajando del lugar que le correspondía, el patinador japonés le tomo de la mano para que bajara también del podio en vista de la gran diferencia de alturas. Víctor no entendía el porqué de esta acción hasta que apareció Phichit de la nada entregándole un enorme ramo de rosas azules a Yuuri, quien recibiéndolas agradeció, se volteó a verlo de forma robótica antes de extender las flores hacia el emperador del hielo.

El estado callo de golpe toda su algarabía para luego retomarla en un conjunto desesperado de chillidos de emoción. Las majillas de Yuuri se enrojecieron ante ello, pero no se acobardo en su acción. El ruso por su parte, estaba con sentimientos encontrados. Viendo las flores azules extendidas hacia él, lo hizo pensar que se trataba de una dura jugada del destino, más Yuuri no podía saber su reciente desprecio contra las rosas que siempre fueron sus favoritas, por eso le sonrió sinceramente.

—WAO, esto es tan hermoso, Yuuri —pronuncio verdaderamente encantado, tanto por el gesto como por las mejillas sonrojadas del japonés que lo hacían ver en extremo adorable—. Me has sorprendido, es una especie de felicitación por mi medalla de plata o —hizo una pausa divertido, acercándose peligrosamente a él— ¿Acaso es una especie de declaración pública para mí? —cuestiono de manera coqueta.

—S-Si así fuera ¿Habría algún problema, Víctor? —increpo con su rostro aún más rojo y caliente de lo que estaba antes. Víctor lo observo conmocionado.

Su voz se calló y su cuerpo se congelo en su lugar ante aquellas palabras tan llenas de determinación. Ni siquiera supo cuando su rostro enrojeció como una brillante cereza o como las cámaras soltaban incesantes flashes sobre ellos captando la exclusiva alrededor de ellos. Víctor solo podía ver los brillantes ojos marrones que le miraban con intensa admiración, tal como en aquel maravilloso banquete dos años atrás.

—N-No.

—S-sé que me tarde excesivamente en obtener la medalla de oro, p-pero, aunque no tenga aun el valor de pedir tu mano con esta medalla de oro, por ahora, puedo intentar pedirte que salgas conmigo formalmente —expreso, acercándose mucho más al patinador y entrenador, colocando la medalla de oro que colgaba sobre su cuello ahora sobre el de Víctor—. Así que, Víctor Nikiforov ¿Me harías el honor de aceptar ser mi novio?

Hubo un silencio de expectación que inundo todo el estadio. Ninguna persona en el recinto, toda la vista en la pareja de patinadores, ni siquiera los entrevistadores, comentaristas o demás patinadores podían apartar su mirada de ellos.

Yuuri empezó a pasar su mirada nerviosa hacia el suelo, bastante incomodo de no tener más que silencio. Alzo la vista preparado para ser dolorosamente rechazado, cuando quedo congelado al observar el rostro de Víctor lleno de lágrimas.

— ¿¡Víctor!? —chillo alarmado sin entender porque el ruso estaba llorando, entrando en un estado de pánico mientras veía de un lado a otro, temiendo que su propuesta haya sido incorrecta, se vio sorprendido por un pequeño murmullo que salió de los labios de este.

—Si… si quiero, no puedo creer que esté pasando esto —murmuro temblando de euforia, corriendo a abrazar a Yuuri quien le recibió sobresaltado, lleno de incredibilidad.

Cuando Víctor alcanzo los labios del japonés, siendo correspondido por este, el estadio emitió un intenso grito de felicidad al mismo tiempo que todos vitoreaban palabras de felicidad, exaltación y felicitaciones. Las cámaras grababan y fotografían el momento mientras Yurio despotricaba contra los dos patinadores por su muestra de afecto, aunque estaba verdaderamente feliz junto a una emocionada Mila y un lloroso Georgi. Phichit estaba guardando el momento en su cámara mientras Chris suspiraba de tranquilidad, finalmente aquellos dos se decían sus sentimientos, había sido muy duro para él soportar el tiempo en el que no sabía si la vida de su amigo pendía de un hilo por culpa de su terquedad.

Por su lado, Víctor sonreía abrazado a querido Yuuri. Tal como era el mismo, había olvidado el motivo de su malestar en el pecho, sin darse cuenta que aquella aparatosa enfermedad de las flores había desaparecido por completo de él ante el simple toque del amor de Yuuri.


Uff, tenia algo de tiempo que no escribía en este libro y también un buen par de semanas que no actualizaba en el fandom de Yuri On Ice. Tenía esta idea desde que pense la creación del compilatorio, pero no fue hasta hoy que finalmente cuajo en mi cabeza. Fue algo muy fugaz, casi como una explosión que no sentía en mucho tiempo, recordando porque amo tanto esta pareja, especialmente a Victor. Espero sinceramente que les haya gustado, seguiré escribiendo más de este tema, así si tienen alguna pareja a las cual les gustaría ver reflejada con esta enfermedad, pueden recomendarla, podría tratar de escribirlo aprovechando la cuarentena. Muchos saludos desde Venezuela y nos leemos luego ;)