Hola! Bueno, creo que hoy no es el día más feliz para muchos de nosotros lectores de , porque tal parece que FF ha decidido, después de 10 años de haber supuestamente suprimido la sección MA, comenzar a eliminar historias que tengan contenido no apto para todo el público. Aunque no todos sean fans del lemmon, o del contenido ligera o altamente explícito, creo que es una falta de respeto a los escritores que eliminen sus historias así nada más por que sí, a pesar de que están catalogadas en el rating correcto. En fin, sólo quiero demostrar mi inconformidad y dar a conocer mi petición de que ya no sigan eliminando historias; y esperando que una de mis historias no sufra la misma suerte jajaja.

Espero que pase lo que pase siempre podamos contar con una página para poder expresarnos libremente, obviamente; como siempre lo he dicho; sin faltar el respeto a los demás :)

Dicho esto, los dejo leer!

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Al despertar lo primero que sintió fue un fuerte dolor de cabeza, sentía como si tuviera una resaca, aunque él nunca había tenido una era como si parte de él supiera lo que era eso o cómo se sentía.

Intentó reincorporarse y se sorprendió al sentir a alguien sostener su mano izquierda, parpadeó tratando de enfocar lo que había a su alrededor, a pesar de no llevar sus gafas puestas, y se asombró al reconocer la cabellera enmarañada de la chica Granger de Ravenclaw dormida junto a su cama sosteniendo su mano, y frente a él estaba la rubia loca que no se separaba de ella, a pesar de que era más joven que la Prefecta.

No sabía si despertarla, apartar su mano de ella o seguir como estaba y pretender que no se había dado cuenta de nada, y antes de que se pudiera decidir la castaña se despertó haciéndolo tensarse.

¡Oh, Harry! – exclamó al verlo y se lanzó a sus brazos, sorprendiéndolo aún más, pero la chica no tardó en apartarse tan rápido como se había lanzado sobre él – ¡Lo siento, lo siento! – se disculpaba alejándose de él – No sé porqué hice eso, fue… fue como un impulso, yo… ni siquiera sé porqué estoy aquí – decía nerviosa y pasando junto a su amiga, la sacudió sólo lo necesario para medio despertarla y llevársela a rastras, ante la mirada atónita del moreno.

Se sobresaltó al escuchar la risa de su amigo – ¿Qué pasa amigo? – le preguntó entre risas, parecía que él se había perdido en sus pensamientos. Y al ver detenidamente a su amigo se dio cuenta de que había algo familiarmente diferente en él, tenía un aire de seguridad que no recordaba – Pareciera como si McGonagall te hubiera besado – le dijo con tono burlesco.

– Pues algo parecido – dijo sin poder detener lo que su boca estaba diciendo, y algo se removió dentro de él haciéndolo sentir culpable.

El pelirrojo se rió más fuerte, causando el enojo de la enfermera, quien lo calló desde su oficina – ¿Qué pasó? – le preguntó sonriendo y el moreno quiso decirle qué había pasado con Granger, pero algo dentro de él lo obligó a negar y dar por terminado el asunto.

Se reincorporó con un poco de dificultad y, como un nuevo instinto, se llevó la mano a la frente, descubriendo una marca en ella – ¿Qué es esto? – le preguntó a su amigo con gesto confundido.

El pelirrojo se encogió de hombros – Madame Pomfrey cree que te golpeaste al desmayarte, pero no está muy segura, porque no pudo quitártela con ninguna poción – le explicó mientras el moreno se rascaba la cicatriz, sintiendo una extraña forma – Bueno, al menos es original – dijo sonriendo, recibiendo una mirada confundida de su amigo – Parece un rayo… o una zeta inclinada – aclaró ladeando un poco la cabeza.

Intentó recordar qué había pasado, pero lo único que llegó a su memoria fue que la noche anterior había salido de su dormitorio para saber qué había pasado con Granger, muchos apostaban que la prefecta estaba embarazada y él quería saber la respuesta de primera mano; estaba seguro que se debía al exceso de perfeccionismo y su inexplicable necesidad de ser una mandona; pero fuera lo que fuera él estaba dispuesto a averiguarlo a como diera lugar.

Abrió los ojos sobresaltado, seguro de que alguien lo había golpeado en la cabeza, pero Ron seguía de pie frente a su cama y no había nadie más en la habitación – ¿Sabes cuándo podré salir? – le preguntó con gesto cansado.

Ron sonrió asintiendo – Después del desayuno, pero creo que no podrás ir a Hogsmeade… si quieres podemos quedarnos – dijo un poco apenado, al ver la mirada decepcionada de su amigo.

Negó con calma – No se preocupen, aún tengo que detallar unas jugadas para el siguiente partido, es contra Slytherin y debemos dejarlos en último lugar – le dijo recuperando el ánimo y el pelirrojo asintió emocionado.

– No me importaría que ganaran los Tejones, lo prefiero mil veces antes de ver a las Serpientes en la final – dijo con gesto molesto; haciendo sentir a Harry un poco más en casa.

Cerró los ojos intentando concentrarse, parecía que su cabeza estaba teniendo una batalla interna, haciéndolo sentir culpable por el morbo que sentía por saber qué pasaba con Granger sin preocuparse realmente por ella, simplemente por una apuesta que se había hecho entre todo el alumnado masculino de séptimo curso, incluido uno que otro Slytherin.

Se quejó mentalmente – ¿Ya saben qué pasó con Granger? – le preguntó aún con los ojos cerrados, frunciendo el entrecejo.

Ron sonrió – Creo que fuiste el que más se acercó a la respuesta – dijo despreocupado por haber perdido la apuesta – Ginny habló con la Lunática hace unas horas y le dijo que había tenido una especie de desgaste de energía, parece que se ha malpasado con sus rondas de Prefecta, pero más bien creo que Cormac y Finch-Fletchley le están dando más trabajo del que necesita – dijo divertido, haciendo un gesto obsceno con su una mano y su boca, provocando que a Harry le hirviera la sangre.

Se reincorporó de la cama observándolo amenazadoramente – ¡No hables así de ella! – le advirtió alcanzándolo con un solo movimiento y lo tomó por el cuello de su camisa – ¡Qué demonios te pasa, eh!, ella no es nada de eso y deberías saberlo – le reclamó haciendo que una línea blanquecina dividiera lo blanco de la camisa de Ron con lo rojo de la piel de su cuello.

Sintió a alguien tirar de sus hombros, separándolo del pelirrojo – ¡Qué demonios te pasa, Harry! – lo reprendió una voz a su espalda, y logró ver a Neville y Ginny detrás de él – ¿Estás bien, Ron? – le preguntó un poco preocupado.

El moreno quiso alcanzar la mano de la pelirroja, pero se detuvo al verla tomar la mano de Longbottom, mientras se acercaban a Ron, que intentaba recuperar el aliento – ¿Porqué lo tomas de la mano? – le preguntó sin detenerse a pensar mucho en lo que había dicho.

Ginny se rió – ¿Vas a ponerte sobreprotector otra vez? – le preguntó divertida, mientras revisaba el cuello de su hermano – Vamos, Harry, Neville y yo hemos salido por más de un año, creo que va siendo hora de que lo aceptes… Ron ya lo hizo, deberías aprender de él – le dijo con calma, al ver la mirada confundida del moreno, quien frunció el entrecejo completamente confundido, ¿porqué de un momento a otro Ron insultaba a Hermione y Neville salía con su novia…?

Parpadeó un par de veces dándose cuenta de la tontería que había llegado a su cabeza, Ginny era como su hermana, se conocían casi desde que estaban en pañales y nunca se le ocurriría salir con ella, era guapa y todas esas cosas, ¡pero era como su hermana!, y él sabía que Neville era mejor pareja que los demás idiotas con los que había salido.

– Lo siento, no sé qué me pasa hoy – se disculpó y observó el gesto dolorido de su amigo – Ron, amigo, lo siento, yo… – decía, pero el pelirrojo negó interrumpiéndolo.

– Sé que te molesta que hablemos así de las mujeres, lo lamento, es sólo que no pensé que verías de esa forma a la Prefecta – dijo con gesto divertido, haciendo reír ligeramente a Ginny.

– Esa chica es muy bonita… si tan sólo aceptara dejar de esconderse detrás de una pila de libros y arreglarse un poco el cabello – le dijo como intentando animarlo, y él sintió que el rostro comenzó a arderle en un segundo.

Negó volviendo a acomodarse en su cama – No la veo de esa forma, además, la pobre chica no debe saber qué es un beso – dijo divertido, haciendo reír a sus amigos, y dentro de él algo intentó borrar la sonrisa de su rostro, pero fue un intento muy débil.

Sonrió observando a sus amigos, se sentía bien, Ron se veía muy seguro de sí mismo, Neville parecía una persona totalmente diferente aunque seguía siendo el noble chico que conocía, y Ginny se veía feliz y él lo era por ella, sólo le faltaba una cosa, pero no sabía qué era.

La pelirroja se acercó a él – Debemos irnos o nos dejarán los carruajes, pero prometemos regresar temprano – le dijo sonriendo antes de salir de la mano de Neville, que se despidió de él con un movimiento de mano.

Los observó alejarse y no se sintió ni un poco extraño al ver lo seria que parecía su relación – ¿Cuánto tiempo llevan saliendo? – le preguntó a su amigo, sin apartar la mirada de la puerta.

El pelirrojo sonrió – Casi dos años, creo que pronto formalizarán – dijo sonriendo con orgullo, recibiendo una mirada sorprendida de Harry – Es de esperarse, creo que es la relación más larga que ha existido en Hogwarts – le explicó con calma, mientras se levantaba frotándose la parte de atrás del cuello; que aún estaba un poco roja – Creo que yo también debería irme, quiero… voy a ver… nos vemos más tarde – dijo sonriendo un poco nervioso; recordándole a otro Ron que creía conocer; y lo vio salir con pasos apresurados, ahora él no sabía qué hacer, sentía que algo le hacía falta.

OoOoOoOoO

– Estás bromeando, ¿no es así? – le preguntó con una media sonrisa, pero la rubia negó – Ron… ¿Ronald Weasley? – la cuestionó observándola con incredulidad.

Luna asintió con calma – Me lo pidió desde lunes, me dijo que temía que alguien más lo hiciera – le explicó apoyándose en la pared que estaba junto a la entrada de la sala común de Ravenclaw.

Observó a su amiga con gesto serio – ¿Estás consciente de que es el mismo chico que se ha burlado de nosotras y nos ha molestado desde que entramos a este Castillo? – le preguntó sintiéndose hasta cierto punto molesta.

La rubia suspiró – Hemos hablado, se disculpó conmigo. Me explicó que nunca fue su intención ser tan grosero… – intentaba explicarle, pero la castaña la interrumpió.

– No creo que pasar cinco años molestándote haya sido por un error – le dijo enojada – ¿Y dónde han hablado?, ¿en un aula abandonada donde nadie puede verlos?, donde él puede seguir fingiendo que es el famoso guardián del equipo sin arruinar su reputación por hablar con la "Lunática" Lovegood – decía comenzando a levantar el tono de voz, pero se detuvo al darse cuenta de lo que había dicho, sabiendo cuánto le dolía que la llamaran de esa forma – Lo siento, odio que te llamen así, pero aborrezco más pensar que sólo quiere burlarse de ti. No me da confianza que nadie sepa que se ven – le dijo pasando un brazo bajo el de ella y tomó su mano entre las suyas – ¿Te pidió que no le dijeras a nadie? – le preguntó preocupada, y la rubia negó.

– Fui yo la que decidió esperar, también tenía un poco de miedo, pero se ha portado muy bien… ¿crees que sólo se esté burlando de mi? – preguntó un poco temerosa.

La observó un poco apenada y la abrazó cariñosamente – No sé, parece que sus intenciones son buenas, tal vez sólo teme a la reacción de sus amigos, sabes cómo son – le dijo encogiéndose de hombros y se apartó de ella intentando ocultar su sonrojo.

Ahora fue Luna la que tomó su mano – Harry no es tan malo… – le dijo intentando animarla.

Sonrió encogiéndose de hombros – Es suficientemente malo para seguir burlándose de mi y no verme – dijo fingiendo que no le importaba, aunque fuera todo lo contrario.

Ambas suspiraron y observaron el pasillo que dirigía a su sala común, viendo acercarse a ellas al pelirrojo del que habían estado hablando; a la castaña no le pasó desapercibida la emoción de su amiga y esperó que Weasley tuviera buenas intenciones con ella, de lo contrario no le importaría que la expulsaran, le haría pagar cualquier daño que le causara a Luna.

Se notó un poco inseguro al estar más cerca de ellas, parecía apenas haberse percatado de la presencia de Hermione – Creo que no esperaba verme aquí – le dijo la castaña a su amiga, que encogió los hombros con su característica mirada soñadora, que ahora guardaba un brillo especial.

El pelirrojo se detuvo frente a ellas rascándose la nuca – Err… hola – dijo mientras sus mejillas adquirían un ligero tono rojizo – Hola, P-Granger – la saludó notoriamente incómodo, y Hermione sólo asintió en señal de saludo, podía ser cortés por su amiga, pero después de todo lo que les habían hecho él y sus amigos, nunca sería amable con él – ¿Estás lista? – preguntó centrando su atención en la rubia, que asintió sonriente, contagiándolo ligeramente – Err… ¿irás con nosotros? – volvió a dirigirse a Hermione, mientras se alejaba ligeramente, y la castaña negó – Oh… bien… en ese caso, nos vemos luego – dijo antes de extender la mano hacia Luna, quien no tardó en tomarla, haciendo que Ron se sonrojara, parecía que esa no había sido su intención.

Los vio alejarse tomados de la mano y tuvo que aceptar que Weasley había sido bastante educado, comparado con el pelirrojo que ella recordaba conocer de sus primeros años en Hogwarts.

Decidió no prestarle demasiada atención a eso y caminar un poco por el jardín, no tenía el menor deseo de permanecer encerrada en el Castillo, aunque la enfermera le había recomendado guardar reposo, necesitaba distraerse un poco, lo que había hecho frente a Potter no le traería nada bueno y debía disfrutar de la tranquilidad mientras le durara.

Caminó cerca del lago sin mucha prisa, agradecía que no hubiera demasiados alumnos fuera, y que los pocos que estaban ahí se concentraran en sus asuntos; parecía que todos se habían olvidado de la supuesta apuesta de la que Luna le había contado un par de horas atrás.

Suspiró cansada, sabía que si había soportado tantas cosas era sólo por Luna, pero ahora, si ella se volvía parte del grupo de Potter se quedaría completamente sola. No pensaba sacarlo nunca a colación porque no quería hacer que su amiga se sintiera obligada a rechazar la oportunidad de ser feliz, porque sabía que a la mínima mención de su temor, la rubia dejaría todo para estar con ella.

Se sentó en la orilla del lago, bajo la sombra de un árbol grande e intentó no seguir pensando en lo que pasaría, consiguiendo que a su cabeza llegara la imagen de ella junto a Potter y Weasley riendo en una sala, frente al fuego. Se sintió un poco confundida, pero no tardó en relacionarlo con la atracción que sentía por el moreno de ojos verdes, aunque no le agradaba la ausencia de su mejor amiga, jamás iría a algún lado sin ella.

– ¿Dónde está tu amiga? –

Se sobresaltó al escuchar una voz detrás de ella, segura de que no había nadie cerca del lugar que había elegido, y se sorprendió aún más al darse cuenta de quien era – ¿Porqué te interesa? – le preguntó poniéndose inmediatamente a la defensiva.

El chico sonrió – Es raro verte sin ella – le dijo manteniendo una distancia de casi dos metros.

Frunció el entrecejo – No sabía que nos prestaban tanta atención, nada más somos un par de raras, ¿no es así? – dijo con tono despectivo, dispuesta a ignorarlo, pero para su mayor incomodidad, lo escuchó acercarse más.

– Creo que eso las hace más notorias – escuchó su voz burlesca, haciendo que sus puños se tensaran – ¿También ella se ha cansado de ti? – lo vio detenerse justo a su costado derecho.

Suspiró molesta – No me apetece soportarte hoy, Potter – dijo sin voltearlo a ver, y un escalofrío recorrió su espalda al sentirlo sentarse junto a ella, manteniendo una distancia bastante prudente – ¿Y tus amigos?, ¿están espiando para poder ver cuando la sangre sucia caiga en una de tus bromas? – dijo volteándolo a ver.

El moreno frunció el entrecejo – Jamás te he llamado de esa forma – se defendió observándola molesto.

– No hace falta ser un genio para saber que tus amigos se han referido a mi de esa forma en más de una ocasión – le echó en cara manteniendo su incomodidad en la voz – De cualquier forma ¿qué quieres?, lo que sea que hayas planeado hacerme hazlo de una vez, no tengo tiempo para ti – le dijo enojada, y aumentando su sorpresa; de ser posible; lo vio recostarse en el pasto, acomodando ambos brazos bajo su cabeza – ¿No te da miedo? – le preguntó inclinándose hacia su izquierda – Que te vean con la rara Prefecta – le explicó al ver su mirada confundida.

Sonrió – Daremos un poco de qué hablar – dijo con tono divertido, haciéndola fruncir el entrecejo de nuevo.

– Tu deporte favorito – le dijo con tono hastiado – Ser el centro de atención – dijo volviendo su vista al frente.

Lo escuchó quejarse – Un poco de fama nunca es mala – le dijo con calma – Además, podría ser bueno para tu reputación… lo poco que queda de ella – dijo con tono burlesco.

Lo observó enojada – ¿Puedes terminar de una vez lo que sea que hayas venido a hacer?, dejé en mi dormitorio las ganas de aguantarte – le dijo con sarcasmo, haciéndolo reír ligeramente.

– ¿Entonces sí te ha abandonado tu amiga? – le preguntó volviendo a su tono divertido, provocando que la irritación en la castaña aumentara.

Suspiró intentando controlarse – Si tanto te preocupa, no, mi amiga no me abandonó, a diferencia de muchos en este castillo ella sí sabe lo que significa la amistad – dijo con tono tajante – Como ustedes, que ni siquiera están enterados de la relación que mantiene uno de sus amigos porque el pobre prefiere ocultarla a estar soportando sus burlas – le dijo dispuesta a irse, pero el moreno la detuvo.

– ¿De quién estás hablando? – le preguntó tomando su brazo, para impedir que se alejara.

Sonrió satisfecha – Si no lo sabes tú, yo no pienso ser la que te lo diga… creí que eran muy buenos amigos – dijo intentando levantarse, pero Potter la hizo volver a sentarse tirando de su brazo con fuerza.

– ¿De qué estás hablando? – le dijo observándola enojado, recibiendo una mirada preocupada de la castaña; que intentaba ocultar el dolor que le estaba causando – ¡Ninguno de mis amigos me ocultaría una relación! – dijo enojado, acercándose a ella más de lo necesario.

Lo observó nerviosa, y buscó a lo lejos alguien quien pudiera ayudarla, pero la única persona que correría a su auxilio estaba a varios kilómetros, disfrutando de su cita con el mejor amigo del chico de ojos verdes – Creo que no conoces suficientemente bien a tus amigos – se atrevió a decirle, haciendo que el moreno se lanzara hacia ella, golpeándola contra el pasto, mientras apresaba sus hombros con fuerza. Lo observó asustada y trató de liberarse de su agarre – M-me estás… ¡Me estás lastimando! – le decía intentando apartar sus manos.

– ¡Estás equivocada y lo sabes! – le decía enojado y la golpeó de nuevo contra el pasto – Conozco perfectamente a mis amigos, ellos no… ellos… – decía sin apartar el enojo de su mirada, y apretó con más fuerza los hombros de la castaña, comenzando a temblar.

Lo observó nerviosa y se asustó al verlo poner los ojos en blanco – P-Potter… – decía preocupada, e intentó acercar una mano a su rostro, pero se detuvo al sentir sus manos relajarse.

– H-Hermione… Hermione – lo escuchó susurrar, casi como si estuviera hablando otra persona – Yo… lo siento – dijo simplemente antes de levantarse y alejarse de ahí con pasos rápidos.

Lo observó confundida, e intentó calmar sus nervios, observó a su alrededor, asegurándose de que nadie los hubiera visto, y se levantó regresando al castillo.

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Azotó la puerta al entrar a su dormitorio, no sabía lo que había pasado con él allá abajo, no sabía qué lo había hecho agredirla de esa manera, Granger no era ningún Malfoy o cualquier ser despreciable, no era de su agrado y sabía que no había sido muy amable con ella desde que llegaron a Hogwarts, pero jamás la había lastimado físicamente, ni tampoco se atrevería a llamarla como ella le había echado en cara, su mamá también era de descendencia muggle y él sería el primero en golpear a sus amigos si se atrevieran a llamarla así, aunque fuera la Prefecta que tanto molestaban.

Y en esos últimos segundos con ella se sintió tan diferente, se sintió culpable y el vacío había regresado a su pecho, sabía que tenía todo lo que podía desear y en cualquier momento podría comprar incluso lo que no necesitara; hablando de cosas materiales; pero desde esa mañana había sentido como si le faltara algo, y no entendía qué lo había hecho llamarla Hermione… de la misma forma en que no entendía que ella lo hubiera llamado Harry justo antes de lanzarse a sus brazos, sofocándolo con su abrazo.

Se dejó caer en su cama intentando comprender lo que pasaba, y la primera duda que saltó a su cabeza fue la razón por la que se había acercado a ella en primer lugar; no entendía qué lo había llevado hasta ella, sólo había llegado hasta ahí como por instinto o algo parecido a eso.

Y volvió a enojarse al recordar lo que la Prefecta le había dicho acerca de uno de sus amigos, y aceptó que se había enojado con él, por dudar de sus amigos y creer que decía la verdad alguien a quien realmente no conocía.

Decidió ignorar su encuentro con la Prefecta, de cualquier forma, no era algo que quisiera compartir, no sabía para qué había ido ahí y no quería dar explicaciones que él no tenía.

Después de pretender distraerse con su libreta de tácticas por más de dos horas, tuvo que aceptar que nada podía sacar de su cabeza el altercado que había tenido con Granger, y no dejaba de aparecer en su mente la imagen de la asustada Prefecta, pidiéndole que la soltara, y él sólo podía odiarse cada vez más.

Y como para hacer las cosas más incómodas, una lechuza negra golpeteó la ventana que estaba junto a su cama, reconociéndola inmediatamente como la mascota de sus papás, y logrando distinguir la caligrafía de su mamá en el sobre, sintió un tirón en el estómago que sólo consiguió que su culpa aumentara.

Dejó entrar a la lechuza sabiendo de antemano la razón de la carta, y siguió al ave hasta el perchero que estaba al otro lado de su cama, ofreciéndole un poco de fruta, pues se había quedado sin alimento para lechuza, y desató la nota de la pata de Morgana.

No se había equivocado, su mamá sólo había escrito para hacerle saber sobre su visita para el siguiente partido de Quidditch, y a él lo ofuscó un mezcla de sentimientos, que iban desde la emoción por la visita, hasta la culpa por todo lo que había estado haciendo.

Dejando la carta sobre su cama decidió tomar una larga ducha, esperando que eso pudiera relajarlo.

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Llevaba horas intentando leer un libro y así olvidar lo que había pasado con Potter, pero no dejaban de regresar las imágenes del gesto furioso del moreno y el contraste con la preocupación y pena que lo habían invadido dos segundos después.

No sabía qué había pasado ni con ella, ni con él. Había platicado con Luna sobre su reacción al verlo despertar y su insistencia por estar con él toda la noche hasta asegurarse de que estaba bien. Le gustaba, pero no quería arriesgarse a darles más razones para burlarse de ella, seguro inventaría algo sobre la gran atracción que sentía por él, aunque fuera cierto, no quería ni tenía la necesidad de que todos se enteraran.

Y la otra razón por la que seguía en la sala común de su casa era porque estaba esperando a su amiga, quería saber qué tal le había ido y con forme pasaban los minutos su temor de que algo le hubiera hecho el guardián aumentaba.

Observó a su alrededor y sólo pudo ver montones de libros, cuadros y estantes llenos de más libros, algunos artefactos de Astronomía, mesas de trabajo y una pequeña sala para el té, sillones con los colores de su casa y una gran chimenea, un poco parecida a la de su visión con Potter y Weasley.

Se sobresaltó al escuchar la puerta abrirse y sonrió un segundo después al percatarse de la mirada tranquila de su amiga, que sonreía ligeramente. La observó acercarse a ella con esa expresión soñadora que la caracterizaba, y no le pasó desapercibida su forma de caminar, parecía como si fuera flotando entre nubes. Sonrió, había tenido una buena cita.

La rubia se sentó junto a ella y suspiró – Quiere que sus amigos sepan sobre nosotros – le dijo sonriendo ampliamente.

La observó sorprendida y más temores regresaron a ella, pero sonrió por su amiga y por su felicidad – ¿Él te lo propuso? – preguntó un poco intrigada e intentando no pensar en que tal vez era otra de sus bromas, una que estaba llegando demasiado lejos.

Asintió sin dejar de sonreír – Me lo acaba de decir. Aceptó que tal vez sus amigos no tendrán la mejor actitud cuando se enteren, pero ya no quiere que nos ocultemos – la castaña no pudo evitar mostrarse sorprendida, pero no tardó en sonreír – Hasta me confesó que le pesaría perder a sus amigos, pero que me prefiere sobre ellos – dijo sonrojándose ligeramente.

Hermione quiso gritar de emoción, estaba segura de que Ron era sincero y su amiga nunca se había visto tan feliz – Me alegra tanto saberlo – le dijo abrazándola, con sincera emoción – Y me gustaría tanto estar ahí cuando se los diga, muero por ver la cara de sus amigos cuando se enteren, y no estaría mal asegurarme de que no te hagan nada – dijo volviendo a su tono serio, haciéndola sonreír.

– No me harán nada, Ron estará conmigo, pero estoy segura de que sus expresiones serán para recordar – dijo divertida, haciendo reír a su amiga.

Asintió intentando callar su risa – No lo dudo, Potter va a desmayarse cuando se dé cuenta que tenía razón – dijo sin dejar de sonreír, recibiendo una mirada confundida de Luna – Fue a molestar – le explicó – Estaba en el lago y llegó para saber porqué no estábamos juntas – continuó al ver la mirada seria de su amiga – No pasó nada, sólo me hizo enojar y le dije que no conocía a sus amigos porque uno de ellos estaba teniendo una relación a escondidas – le aclaró sin querer contarle sobre la agresión del moreno, pero su amiga la conocía mejor que eso – Se puso furioso y me… – intentó encontrar una palabra para describir lo que había sucedido – Me zarandeó un poco – dijo sonrojándose ligeramente, y estaba segura que su amiga sabía que no había sido sólo eso, pero la rubia no siguió insistiendo.

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– ¿Cuánto tiempo tiene que lo sabes? –

La pregunta furiosa del moreno dejaba claro que no le interesaba saber la respuesta a esa cuestión, más bien quería saber ¿porqué ella lo sabía y él no?, ¿porqué su mejor amigo le había tenido confianza a ella y no a él?

Lo observó confundida y se alejó un poco de él con gesto precavido, observando a su alrededor si no corría peligro de que alguien la viera, por si necesitaba defenderse, pero el partido de Slytherin contra Gryffindor no era el mejor escenario para tener una pelea con Potter – ¿De qué estás hablando, Potter? – dijo consciente de que su varita estaba en el bolsillo trasero de su pantalón, no le gustaba para nada la actitud del moreno.

Bufó enojado, ¿a caso se estaba burlando de él? – ¡De tu amiga loca! – gritó enojado y una punzada en la cabeza por poco lo hizo detenerse – ¿Qué poción usó para controlar a mi amigo? – le preguntó seguro de que eso había sido, y se tranquilizó un poco, no entendía cómo no había pensado en eso antes, cómo se había atrevido a dudar de su amigo.

– Luna no necesita de ninguna poción para que un hombre se enamore de ella, es una chica fantástica y si te atrevieras a con-… – decía, pero él la hizo callar acercándose rápidamente a ella, que intentó alejarse, pero el moreno fue más rápido, y la retuvo haciéndola soltar un gemido.

– ¡Nadie!... ¿me oyes?, nadie nunca podría interesarse en una loca, que habla de cosas que no existen – le gritó consiguiendo la atención de algunos alumnos que se acercaban al estadio – No puedes esperar que creamos que Ron se enamoró de ella por obra de Merlín, ¡esa loca y tú algo le hicieron a mi amigo! – la zarandeó con más fuerza de la necesaria, sintiendo cómo sus manos comenzaban a temblar, consiguiendo que un par de lágrimas escaparan de los ojos de la castaña, y estuvo a punto de golpear a quien lo había tomado por los hombros.

– ¿Harry, qué estás haciendo? – logró controlarlo la voz preocupada de su amigo.

Volteó a verlo, sin dejar ir a Hermione y su rabia aumentó al verlo junto a la rubia – ¡Voy a hacer que Granger diga la verdad! – dijo enojado, regresando su vista a la castaña, que por más que lo intentara, no podía liberarse del agarre del moreno – Sé que algo te hicieron y… – decía observándola con saña, pero se detuvo al escuchar a una persona ajena a la escena.

– ¿Qué crees que estás haciendo? –

Escuchar la voz de su mamá lo hizo apretar los ojos sintiendo un fuerte dolor de cabeza, pudo ver a Hermione llorando junto a él, mientras intentaba consolarla y su corazón se oprimió al darse cuenta de que él era el causante de sus lágrimas.

– ¡Harry, suéltala! – la voz severa de su papá lo hizo regresar a la realidad, consiguiendo que soltara a la castaña – ¿Qué te ocurre? – le preguntó enojado, apartándolo de la chica, mientras su mamá la consolaba.

Volteó hacia ellas preocupado y deseó tanto poder abrazarla, pedirle perdón – No sé… – fue todo lo que pudo decir.

– ¡Así es, no sabes nada! – le dijo furioso, mientras él no apartaba la mirada de la castaña, viendo cómo su mamá enjugaba sus mejillas – ¡No tienes la menor idea de lo que…! – decía, pero se detuvo al escuchar a su esposa.

– ¡James! – lo llamó a modo de advertencia – Pensamos que habíamos sido buenos padres… – escuchó a su mamá susurrar, consiguiendo hacerlo apartar su mirada de la castaña – ¿En qué te has convertido? –

Pudo sentir cómo se estrujaba su corazón justo en el momento en que la mirada de su mamá se opacó decepcionada. Observó a Hermione, seguro de que estaría disfrutando de su situación, pero no pudo evitar sorprenderse al ver la pena que cubría sus ojos, era como si su dolor se reflejara en la mirada de la castaña.

Y hasta ese momento se dio cuenta de que Dumbledore y la jefa de su casa estaban ahí – Señor Potter, por favor diríjase a la oficina del Director – le dijo McGonagall con tono frío – ¿Señorita Granger, puede acompañarnos?, Señorita Lovegood, busque al profesor Flitwick e indíquele que lo esperamos en el despacho – ordenó antes de hacerlo caminar con una sola mirada de advertencia, y estuvo seguro de que

sus papás iban detrás de ellos. Esperó que en cualquier momento se acercaría su amigo, para acompañarlo en el camino a su sentencia, pero el momento nunca llegó, se atrevió a voltear a su alrededor, pero no lo vio por ningún lado, sólo lo seguían los profesores, sus papás y Hermione.

Entraron al despacho en profundo silencio, no podía ignorar la tensión en el ambiente ni el hecho de saber que tal vez la castaña tenía razón…

– ¿Profesora, van a posponer el partido? – preguntó inconcientemente, recibiendo la mirada molesta de todos, a excepción de la castaña, que no dejaba de observar el piso, como si la culpa fuera de ella.

– ¿Qué te hace pensar que seguirás jugando? – le preguntó la profesora McGonagall – ¡Estás suspendido del equipo de Quidditch por el resto de la temporada! Es una pena que sea tu último año en el castillo –

La observó sorprendido y volteó a ver a sus papás, esperando que abogaran por él, pero su corazón se contrajo al ver la mirada fría que ocupaba sus ojos – ¿Me van a expulsar? – preguntó temeroso, y logró ver a la castaña levantar la mirada preocupada.

– No veo qué bien pueda hacerte eso – le dijo su jefa enojada – Estarás en detención por el resto del curso escolar, ayudarás al profesor Flitwick a preparar su aula y a la señorita Granger a hacer sus rondas – en cuanto McGonagall dijo eso último pudo ver a Hermione retroceder un poco, haciéndolo sentir aún peor, y una parte de él le decía que ese castigo era solo una pequeña parte de lo que se merecía.

Y agradeció la interrupción que había ocasionado la entrada del jefe de la casa Ravenclaw, quien iba seguido por Luna Lovegood y… Ron Weasley.

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Espero hayan disfrutado el capítulo, y que no tarde en subir el siguiente! :p

Tengan una excelente semana!

Nos leemos en el siguiente, no olviden dejar sus comentarios y opiniones! :)