Capítulo Uno: El Dorado.
Naruto Namikaze llegó a su casa como todos los días después del trabajo de medio tiempo, a cual acudía una vez terminada su jordana en la universidad.
Sus días eran extenuantes y esforzados, mas al joven le gustaba lo que hacía, porque aquello le permitía vivir una vida independiente, sin tener que sustentarse de sus padres, deseaba que éstos estuviesen orgullosos de su hijo, y hasta el momento era así.
Lo primero que hizo al entrar, fue dejar las llaves sobre la mesita arrimada color caoba, en el recibidor dejando también las compras del supermercado, posteriormente se quitó su abrigo gris de tela gruesa, para dejarlo prolijamente colgada en el armario.
Antes de abandonar el recibidor para ir a la cocina, con las bolsas de las compras en mano, se saludo así mismo en el bellísimo espejo de marco de la era vitoriana, de madera pintada a mano de dorado.
La brillante sonrisa era lo primero con lo que Naruto se encontraba a sí mismo, sus ojos azules grandes con aires infantiles, la brillante y rebelde cabellera rubia, hacían del chico un ejemplar hermoso, su cuerpo era fino pero fibroso, de contextura media, al igual que su altura, ésta no sobrepasaba el metro setenta, vestía casual, unos pantalones marrones claros como la arena, una camisa naranja, encima de ella una suéter de casimir gris con rombos blancos, naranjos, negros y café arena.
Namikaze Naruto, dejó de contemplar su reflejo y guío sus pasos a la cocina, un bello cuarto de estilo retro, tanto la nevera, como la estufa, lava vajilla y el horno microonda, era de un vivo color rojo, con la forma de los artículos de aquella era donde Rock & Roll eran los reyes. El lugar parecía una antigua cafetería de los años sesentas, todos artículos también tenían ese sello de la antigua década, estaba muy bien decorada, el piso estaba cubierto por azulejos en blanco y negros, como una gran tabla de ajedrez.
Abrió el frigorífico, de él sacó un cartón de leche, bebió directamente del envase, se dejo llevar por el sabor a vainilla de la bebida láctea, el frío líquido recorría desde su cavidad bucal, hasta su garganta dejando un refrescante frío en su camino. Naruto cerró los ojos para poder captar mejor la sensación de frescura. Era sabido por él que al dejar uno o dos sentidos de lado, hacían lo que otros se ampliaran y lo que el joven de veinte y pocos años quería era que el sentido del gusto dominara en ese momento.
Dejo el cartón nuevamente en la nevera, tomó la tetera de acero inoxidable y la coloco en uno de los quemadores encendidos de la estufa, Naruto adoraba su cocina había sido uno de sus mayores desafíos, pero como siempre salió airoso de su proyecto, el muchacho había estudiado diseño de ambiente, una vez que egresado de la preparatoria, y en el tiempo actual, estudiaba arquitectura en una prestigiosa universidad gracias a una beca, su otra profesión le hacía poder vivir con gracia y estilo, pero nada de ello sin esfuerzo.
Una vez la tetera en el calentador, sacó todos los víveres adquiridos en el supermercado, arremangó las mangas de su camisa, para trabajar con los alimentos con mayor facilidad.
Había un pequeño estéreo en una esquinera, Naruto con el mando a distancia, le encendió y así gozar de su música predilecta, la suave música inundo la habitación, mientras la deliciosa voz del vocalista hacía sonreír al chico, quien ya había comenzado a preparar su cena mientras cantaba y bailaba acorde la melodía, sin dejar de hacer su tarea.
Se entretuvo por más de una hora cocinando, Naruto era un joven que disfrutaba de las pequeñas cosas que hacía, estaba sentado plácidamente, en la banca, el chico esperaba el termino de la cocción de sus alimentos, mientras tanto chequeaba sus correos electrónicos, en su laptop.
Con una copa de vino tinto en sus manos, riendo de las cosas divertidas que su amigo Kiba le contaba sobre su viaje a Australia, para conocer a los Demonios de Tasmania, Inuzuka Kiba su antiguo compañero de primaria, secundaría y preparatoria. Los cuales se había separado en la universidad para estudiar cada quien una profesión diferente.
Kiba había decidido estudiar Medicina Veterinaria, era uno de los mejores del país continuamente era llamando para hacer entrevistas, en las estaciones radiales y televisabas como resultado de todo, consiguió un contrato en una televisora como animador de un programa de animales, todas las semanas hacía una viaje diferente algún lugar del mundo en busca de animales exóticos y otros no tanto pero que no dejaban de cautivar a la audiencia. Se metía a lugares en donde no existía la señal telefónica, por lo cual su amigo prefería enviar correos con todas las noticias y así evitar chascos.
La única compañía del amigo de Naruto era su fiel mascota, un perrito de nombre Akamaru, regalo del difunto padre de Kiba, era un policía de las fuerzas especiales, murió en acción mientras él y su grupo tratando de contener un robo con situación de rehenes en un banco, murió por una certera puñalada en la garganta la única parte desprotegida del hombre, cuando invadieron el lugar.
A pesar del tiempo, los dos amigos no dejaban de tener un contacto frecuenta, Naruto se disponía a contestar el e-mail, pero el sonido del reloj alarma, éste tenía forma de un tazón de Ramen, le comunicaba que su cena estaba lista.
Se levanto con flojera de su mullido asiento, apagó el horno de la estufa, colocó en la mesa el termo, el cual anteriormente había llenado de agua hirviendo, puso su taza preferida, un divertido objeto regalo de su padre, tenía dibujado el jardín de Edén junto con los primeros humanos del mundo Adán y Eva, éstos tenían sus partes nobles cubiertas por hojas de parra, pero lo divertido era que cuando la taza contenía líquidos calientes la hoja desaparecía, permitiendo mostrar las partes intimas de la pareja. Un tazón de muy mal gusto a ojos de todos, pero para él inmensamente divertido como su padre un raro para sociabilizar con todos.
La primera vez que lo tuvo en sus manos, Naruto simplemente sonrió, así que su padre había heredado, la picara costumbre de su abuelo, quien era un famoso escritor de libros eróticos, por otro lado su padre un hombre que de joven había sido un gran atleta, propinando al país bastantes medallas de plata y oro en los juegos olímpicos y en otras competiciones deportivas. Ahora retirado de las pista era un comentarista de deporte en radio, y además entrenando a jóvenes promesas del atletismo.
Naruto se sorprendió de estar recordando cosas como esas, ya tenía hecha la ensalada, tomates con orégano, aceite de oliva y ajo, a lo mediterráneo, su té estaba humeando de la manera que le gustaba, y su cena servida. Asado de puerco a la naranja y patatas asadas con queso, Naruto se había excedido en las porciones pero no se preocupo, dejaría el resto para mañana, como era fin de semana no tendría que cocina, decidido mañana sería su día pereza.
Una vez que agradeció por sus alimentos, comió lentamente, en eso se encontraba cuando tocaron a su puerta, Naruto frunció el ceño ¿Quién podría ser esas horas?, ya era más de las nueves de la noche y él no esperaba a nadie.
Con cautela, fue hacía el recibidor, miró por la rendija de la puerta, entonces arrugo más el ceño, ¿Por qué estaba ese ser despreciable tocando a su puerta?, suspiró cansado lo único que no quiera era pelear, su día había sido tan perfecto que momentos antes estaba extrañado, ahora sabía la razón.
Con fastidio abrió la puerta solo a la mitad, dejando ver la cadena que no permitía más brecha que unos diez a doce centímetros.
- ¿Qué es lo quieres? – Preguntó sin nada de sutiliza, su rostro reflejaba la molestia.
Sus ojos observaban al hombre que tenía enfrente, uno con aspecto cansado y un tanto vulnerable, su cabello era negro como la noche y sus ojos como el carbón, su piel de porcelana, era dueño de un atractivo absoluto, de cuerpo fuerte y bien marcado, su traje negro de dos piezas hacía resaltar su cuerpo en cada línea.
El otro al igual que Naruto suspiró cansado, cerró sus ojos con fuerza antes de volver abrirlos.
- Sé que es tarde y que hace mucho no soy tu persona favorita en el mundo – Comenzó hablar, aquello no era lo suyo le costaba entablar una conversación sobre todo con una persona tan compleja como Naruto – Pero me gustaría hablar contigo, sin ofensas – Agregó al ver el rostro escéptico del rubio.
Naruto lo medito un momento antes de caer derrotado, uno de sus mayores problemas era su curiosidad, en ese instante lo padecía en demasía se le hacía extraño la presencia de ese sujeto, al cual no veía en casi dos años.
- Pasa – Fue todo lo que dijo antes de permitir el ingreso de su "auto invitado" – Qué hace Uchiha Sasuke en la casa de un "Dobe" como yo – Cuestionó con mofa.
- Tenemos que hablar – Las únicas palabras que Sasuke emitió como respuesta.
- Si de eso ya me di cuenta solito – Naruto rodó sus ojos – Ven sígueme, estoy cenando – Informó mientras cruzaba el vestíbulo.
Sasuke tenía que reconocerlo, Naruto tenía buen gusto, la casa del rubio era simplemente exquisita. El aroma a comida recién hecha, choco la fosas nasales del pelinegro, su estomago rugió con fiereza, el más pálido se ruborizo levemente por el sonido de su estomago, pero él no había probado bocado en todo el día.
Naruto volvió a suspirar, Sasuke tenía hambre, podría molestarlo era una deliciosa tentativa, pero conocía muy bien el carácter del que era dueño Sasuke, era capaz de irse después de insultarle sin siquiera revelar el motivo de su visita, y él, Naruto, una vez más quedaría echando humo por la cabeza y gritando como un loco.
- Supongo que has estado tan ocupado, que olvidaste que tu cuerpo necesita comer – Señaló sarcástico el rubio – Está bien, solo porque soy buena gente, Teme te daré de cenar – Antes de que Sasuke dijese algo, Naruto levanto un dedo – Como te atrevas a decir algo mordaz sobre mi comida, te hecho a patadas de mi casa y sin cena – Advirtió como una fiera.
-Pregunta – Comenzó Sasuke levantando igualmente un dedo – Ya estabas enojado o fui yo quien te hizo enojar con mi presencia – Cuestionó, sacando a Naruto de orbita, al no escuchar respuesta Sasuke sacó sus propias conclusiones, la cueles no estaban erróneas – Fue mi llegada – Sentenció antes de sentarse en la mesa.
En silencio incomodo Naruto le sirvió la cena y una taza de café negro sin azúcar, comieron en ese mismo silencio por varios minutos, hasta que el impaciente del rubio no aguanto más la situación, si existía algo en la faz de la tierra que a Naruto sacara más de sus casillas era estar con alguien y no entablar algún tipo de conversación o mínimo un silencio ameno, no tenso y pesado como el que estaba en esos momentos.
- Sasuke dime a qué viniste a verme – Volvió a preguntar con voz alta, casi gritando – No creo que te bajo el cariño por tu antiguo compañero de prepa, y que pasabas por aquí y deseaste saber de mi tonta existencia – A cada palabra la voz del rubio subía una décima más alta.
- Si te calmas responderé a esa pregunta – Sasuke estaba calmado, como toda su vida, pero eso era exteriormente, ya que interior las cosa cambiaban, Sasuke ya habría golpeado al rubio para hacerlo callar. En otros tiempos no dudaría en hacerlos, pero no podía ir y golpearlo como si nada después de años sin ver al rubio.
Sasuke ciertamente se sentía culpable, Naruto fue, era y sería, según el pelinegro su único amigo, su mejor amigo de toda una vida. Habían vívido tantas cosas juntos, pero le abandonó casi seis años atrás, hace dos se habían vuelto a encontrar momentáneamente, pero con resultados desastrosos.
Naruto dejándose dominar por sus impulsos lo golpeó, en medio de un centro comercial, mientras él estaba con su novia de turno, Sasuke ni se defendió del ataque, si hubiese querido lo habría hecho e incluso dejar a Naruto fuera de combate pero sentía que se merecía ese golpe y las palabras hirientes del rubio.
El rubio contó hasta por lo menos el número cincuenta, al tiempo que tomaba aire para controlar la ira que lo dominaba, se calmo después de un rato.
- ¡Habla! – Exigió volviéndose a sentar, ni cuenta se había dado que en su enojo tuvo el impulso a levantarse de su asiento.
- Sabes que soy el Director fuerzas policiales en Tokio – Naruto asintió, Sasuke prosiguió – Tengo un caso de asesinatos – Dijo y Naruto lo miró, como diciendo a mí qué, Sasuke suspiró – Quizás no creerás esto – Comentó de pronto – Pero vine a verte porque estoy preocupado por ti – Confesó.
Naruto dejó de comer, para procesar la información, casi se atoró con lo último revelado.
- ¿Por qué estar preocupado por mí? – Era la pregunta más lógica que Naruto podría formular al Uchiha – No entiendo –
- Porque está atacando a rubios de entre 19 a 27 años. Todos con cualidades que tú posees – Contestó con seriedad mientras le apuntaba con el dedo índice – Rubios, de ojos de color preferentemente azules, delgados, solteros y que vivan solos – Terminó.
- Pensé que no te importaba lo que pasará conmigo – Naruto agacha la mirada, al pronunciar aquello.
- Naruto, tuve una razón para eso – Sasuke hecho por la borda su plan de fingida tranquilidad, sus ojos se toparon con los azules del rubio – En ese entonces, me gustabas, de hecho te amaba – Declaró sonrojado, para el asombro del rubio quien casi se cae de la silla si no fuera por Sasuke que lo tomó justo a tiempo.
- Pero no quería perder tu amistad, estabas de novio con Shion, pensé entonces que nunca podría estar contigo, y cuando todo se hizo inaguantable simplemente opté por huir – Sasuke sentía que un gran peso de su espalda desaparecía – Lo siento, por abandonarte pero en ese tiempo no tenía la fuerza suficiente para decir, lo que ahora puedo –
Naruto estaba estupefacto, no podía hacer que sus pensamientos fueran en una sola línea, todos estaban revueltos causando una colisión de ideas.
El Uchiha se preocupo, quizás no fue buena idea de contarle la verdad, pensó para sí el pelinegro.
- Cuánto es el número de víctima – Preguntó sorpresivamente el rubio – Por favor, déjame digerir primero lo que me dijiste antes de pedirme algo referente a eso – Agregó al ver que Sasuke abría la boca con el ceño fruncido, levantó las manos para mantener la distancia – Vamos por parte primero – Pidió.
Sasuke cortó la visual entre ellos, mirando hacia otro lado para contestar.
- Ya son nueve los cuerpos encontrados y se teme que hayan más esparcidos por la cuidad – La voz del ojinegro era cansada, parecía exhausto.
Por otro lado Naruto sentía que se le iba el alma a los pies, tantos muertos, un escalofrío recorrió su espina dorsal.
- Algún sospechoso – Cuestionó con un hilo de voz, la sola idea de ser abordado por un desconocido, quien pudiera matarle solo por ser rubio, le horrorizaba.
El rubio recordó todas esas veces en que había dejado la puerta de entrada abierta por una u otra razón, las incontables ocasiones que anduvo de noche por las calles casi solitarias con poca luz de la cuidad y con los audífonos puestos. Así un sin fin de lugares y acciones que quizás hubiesen puesto en peligro su vida, la sensación de ser vigilado le agobió.
Sasuke se percató del leve temblor del que Naruto era víctima, se acercó al rubio y le abrazó con suavidad, el joven de ojos azules se dejó hacer, el calor que le propinaba Sasuke ciertamente le calmaba, el mayor se esperaba la ola de preguntas que Naruto le haría, cosa que así fue.
- Cómo los mata – Fue la primera pregunta – Simplemente los mata o ¿les hace algo? – El rubio era demasiado propenso a dejarse llevar por sus emociones.
El detective le tenía acunado entre sus brazos, la música de Nirvana era el único sonido de la habitación.
- Los estrangula, algunas veces los apuñala – Se sentía culpable de decirlo esas cosas al rubio, pero era mejor que el despistado de Naruto supiera la cosas – Tampoco hay algún sospechoso, el asesino es muy cauteloso – La voz del mayor detonaba frustración.
Sasuke había ido a ver el rubio, porque conociéndole como lo conocía, estaba seguro que su tonto amigo, no veía ni las noticias menos los periódicos, tampoco las escuchaba en la rabio o revisaba las redes sociales.
El Uchiha además tenía una corazonada de que el asesino pronto en algún momento iría tras Naruto mal que mal no era un cualquier rubio, si no el más excéntrico y llamador de la atención, además de la belleza que poseía lo hacían el candidato favorito del antisocial. Sasuke se guardaría eso para él mismo, venía con dos claras ideas a la casa del Namikaze y no dejaría que Naruto le dijese que no.
– Por lo general les tortura con diferente métodos y artilugios – Prosiguió con su respuesta – Siempre los viola para después matarlos – Sin querer abrazó más fuerte a su Dobe, y éste se dio cuenta – Déjame que te proteja por favor, no quiero que andes solo por ahí, ni quiero dejarte solo, no otra vez, no te pido. Te ordeno, como detective o como tu amigo a que me dejes vivir aquí hasta que resuelva el caso y después podrás hacharme de tu casa, antes no –
Naruto estaba listo para objetar pero entonces Sasuke pronuncio las palabras mágicas – Escucha tu padre también es rubio, y es alguien conocido, toda tu familia lo es, tú lo eres, no quería decirte esto pero quizás el próximo eres tú, además el asesino aumento el nivel de violencia en cada víctima –
- Está bien – Aceptó el rubio con un movimiento de cabeza – Puedes quedarte conmigo, pero como me vuelvas a dejar solo – Miro a los ojos a Sasuke – Te mataré, esta vez no te será tan fácil abandonarme como la primera vez – Sentenció sonriendo.
Un rubio de cabellos largos se encontraba en un lúgubre lugar, una industria abandona lejos de cualquier persona. Sus ojos estaban vendados, desde hace muchas horas, tanto que su sentido auditivo estaba muy susceptible, podía escuchar el leve sonido de un incesante goteo, el movimiento de las ratas.
Ya no sabía qué hacer, tenía una mordaza en su boca, atado de manos y vendado, un sudor frío cubría su cuerpo, sus mejillas estaban pegajosas por el llanto, no estaba asustado, si no que aterrado, se había hecho en los pantalones.
Iba de camino a su casa, cuando alguien le abordó a sus espaldas, dejándole inconsciente. Al despertar se dio cuenta que en las condiciones actuales en las que ahora se encontraba. Si su olfato no le engañaba se encontraba en un lugar abandonado, muy húmedo y pestilente el olor a oxido y putrefacción le mareaba más de lo que ya estaba.
En su cabeza solo rondaba un solo pensamiento coherente, ese sería su fin, eso le desesperada. Aquel día muchos en su trabajo lo habían molestado diciéndole que si no era un buen compañero de trabajo, el asesino Dorado iría por él, jamás creyó que todas esas bromas blancas se harían realidad.
En sus pensamientos estaba sumergido, que el sonido del metal le sacó abruptamente de ellos, se removió como pudo, moviendo levemente la silla, gemía nervioso.
- Tranquilo, pequeño y bello rubio – Una sutil voz varonil, le dejo congelado – Así está mejor, de aquí no saldrás – El hombre sonrió sombrío antes de proseguir – Al menos no vivo...
Gritaba de dolor, sabía que sería fin, ese hombre, no mejor dicho ese monstruo no tenía piedad con él, apenas y era consciente de las atrocidades que era víctima.
Pudo escapar por unos gloriosos momentos, pero su captor había sido más rápido y de nuevo se encontraba en su yugo, el joven solo pensaba en su hermano y como lamentaba dejar ese mundo sin poder pedirle las disculpas pertinentes por todo el daño que le causo con su desdén.
Volvió a gritar de dolor al sentir la hoja fría del acero penetrando su carne, una y otra vez, sin contemplaciones, escupió sangre por la boca como último aliento, su victimario se relamió los labios, triunfante.
El cuerpo inerte sobre el cual se encontraba estaba completamente bañado en sangre, le torturó y violó, desgarrando ese frágil envase de carne, sangre y huesos. Lo hizo solo por diversión para después acabar, con facilidad, la vida de ese ser humano, que tuvo el infortunio de encontrarse en su camino.
Naruto despertó entre gritos aterradores, Sasuke quien estaba dormido a su lado, despertó alarmado. El rostro del rubio era asustadizo sus ojos estaban dilatados de horror, un sudor frío y perlado cubría el rostro.
El rubio convulsionó, vomitando en suelo, antes de poder llegar al cuarto de baño, el pelinegro estaba a su lado.
- ¿Naruto, estás enfermo?, ¿qué te sucede? – Sasuke se preocupo por su amigo, sobre todo por el llanto incesante del que era presa Naruto.
- Lo...lo violó – Dijo entre balbuceo – Luego le torturó – Naruto ni siquiera sabía lo que hablaba y Sasuke tampoco – Riendo el desgraciado, mientras cercenaba sus ojos y arrancaba los testículos de su víctima vivo, mientras reí lo mató – Miró a Sasuke aterrado – Dios mío, lo mato y lo dejo abandonado en el bosque del fin, amarrado a un arce...como un perro...en cuatro – Gritó el rubio, mientras se mecía como un loco.
- Calma fue una pesadilla – Sasuke suspiro aliviado, Naruto solo había tenido una pesadilla, como una pos conmoción por el asunto del asesino en serie – Solo fue por las cosas que te dije – Le tomó en brazos para llevarlo a la cama – Por la conmoción, relájate nada de eso fue verdad, ningún rubio murió – Arropó a su pequeño amigo, vio el desastre que había cerca de sus pies, el vomito de Naruto en el piso.
Iba a la cocina por un limpiador de piso cuando Naruto habló.
- Te equivocas – Sasuke paró en seco y volteó a verle – No era rubio con quien soñé – Los azules del rubio eran oscuros – Su nombre era Sabaku no Shukaku y era pelirrojo – Le anunció aterrado.
En eso sonó el teléfono móvil del Uchiha, el pelinegro extrajo su móvil del bolsillo del pantalón, se había dormido con ropa.
- Jefe – La voz estridente de una mujer le voló los oídos – Usted no creerá esto – La mujer se notaba nerviosa.
- Volvió atacar el Psicópata Dorado – Preguntó angustiado.
- Sí – Reafirmó la chica – Pero eso no es todo, jefe – Quedó en silencio unos momentos, cerciorándose de que Sasuke no hablase – No solo encontraron el cuerpo de un rubio, con el modus operandi de costumbre, cerca del río Arce – Notificó.
- Qué más Karin – Apuró Sasuke, al tiempo que le hacía señas a Naruto para que se vistiera, ni loco dejaba a Naruto solo en aquella casa.
- Algunos agentes fueron recorrer los alrededores con los perros...encontrando otro cuerpo – Karin estaba ciertamente angustiada ella no quería más muertes, horrendas como las que estaba presenciando desde hace tres meses.
- ¿Otro rubio? – Sasuke jadeó, jamás el asesino ese, había matado a dos rubios en la misma noche.
- No, Sasuke-kun – La mujer negó eliminando las sospechas de su director.
- Entonces – Sasuke sintió un escalofrío en todo su cuerpo, algo le decía que no iba querer escuchar la respuesta de su subordinada.
Naruto estaba listo, solo faltaba su abrigo, Sasuke le tomó del brazo con suavidad pero firme.
- Voy camino al río – Informo Sasuke – ¿El forense ya está ahí? – Cuestionó, mientras se colocaba un abrigo con ayuda de su amigo, un abrigo que Naruto le había pasado por el frío que había a esas horas.
Naruto echó llave a su casa, no sin antes encender la alarma, fue junto a Sasuke al automóvil del último, tomó asiento en el copiloto.
- Sí, hay cuatro equipos de forenses aquí – Karin tenía respiración entre cortada – Itachi-san ya está aquí, acaba de llegar –
Sasuke enarcó un ceja, ¿tan mal estaban las cosas? como para que su hermano, el Director de criminalística forense se encontrará ahí.
-Bien, adminístrenle todo lo que necesite Itachi, sabes lo quisquilloso que es – Naruto vio a Sasuke al escuchar el nombre del hermano de éste, Sasuke rodó los ojos, el rubio esbozó una pequeña sonrisa, el Namikaze era consciente de la extraña relación que Sasuke mantenía con su hermano mayor.
- Si, ya estamos en ello – Confirmó la chica – Jefe lo inquietante del asunto, es que el segundo cuerpo que encontramos, era cien veces peor a todo lo visto hasta el momento – Karin volvió a retomar el hilo de la conversación.
- Demonios – Sasuke golpeó el manubrio, el automóvil ya estaba enfilado en la carretera rumbo hacia donde estaban los cuerpos – Maldito asqueroso, subió el nivel de violencia, desgraciado animal – Le pegó de nueva cuenta al manubrio.
Naruto solo miraba a su amigo, para Sasuke debía ser frustrante estar en un callejón sin salida, sin saber cómo atrapar a ese monstruo. Sobre todo por el carácter que se gastaba el pelinegro, Naruto estaba sorprendido. Si Sasuke e Itachi estaban involucrados en el caso, el psicópata no era cualquiera, era de dominio público que los Hermanos Uchiha resolvían casos en pocos días, incluso, en algunos casos el mismo día en que el enigma había aparecido.
- No lo sabemos – Karin tomó aire antes de hablar – Porque el primer cuerpo tiene el mismo nivel de violencia que los anteriores… El segundo cuerpo es peor, pero eso no es todo – Guardó silencio un momento porque ni ella creía lo que iba a decir – la víctima es pelirrojo y tiene los ojos cercenados –
Sasuke miró sorprendido al rubio, era exactamente como Naruto había descrito su pesadilla.
- ¿Cómo se encuentra el cuerpo? – Sasuke solo rezaba que no fuera igual a lo que Naruto describía.
- Es horrible, está en el interior del bosque del fin, amarrado en un arce, en una obscena posición erótica, como vulgarmente dirían está en cuatro, a lo perrito...y le cercenaron los testículos – Karin terminó con hilo de voz.
- Estaré ahí en unos minutos – Fue lo único que dijo Sasuke antes de cortar.
Tomo una de las manos de Naruto, con su mano libre, sintiéndose muy asustado, sin poder creer que Naruto hubiese soñado con un asesinato real.
