Esta historia pertenece a la autora JENNIFER ASHLEY de la saga HIGHLANDS PLEASURES II

Los personajes pertenecen Masashi Kishimoto

Es una adaptación a la pareja sasusaku,

yo solo quiero compartir la historia, y que la disfruten adaptada al Sasusaku.

Londres ha despertado con la sorprendente noticia del matrimonio entre lady S.H. y lord S.U, hermano del duque de K. La noche pasada, la damita en cuestión hizo su presentación y, acto seguido, se casó. Ahora las demás debutantes suplican a sus padres que sus bailes de presentación sean tan intensos como el de ella.

Publicado en una gaceta de sociedad londinense. Febrero, 1875.

Septiembre, 1881

Sakura esperó en el cabriolé mientras su lacayo llamaba a la puerta de la mansión de lord Sasuke Uchiha, preguntándose por enésima vez desde que salió de casa si estaría obrando de manera inteligente al presentarse allí.

Quizá Sasuke se había marchado. Quizá aquel imprevisible hombre se había ido a París o a Italia, donde el verano duraba más tiempo.

Comprobaría por su cuenta lo que había descubierto. Sí, eso sería lo más prudente.

Acababa de separar los labios para decirle al lacayo que se detuviera cuando la enorme puerta negra se abrió y apareció Bellamy, el antiguo boxeador que ejercía de ayuda de cámara de Sasuke.

A sakura le dio un vuelco el corazón.

Su presencia indicaba que Sasuke estaba allí; jamás se alejaba demasiado de él.Bellamy estudió con atención el interior del cabriolé y una expresión de asombro imposible de disimular atravesó su cara llena de cicatrices.

Ella no había regresado a esa casa desde el día en que la abandonó, hacía ya tres años y medio.

— ¿Milady? Se apoyó en la musculosa mano que Bellamy le tendía para mantener el equilibrio mientras bajaba del vehículo.

— ¿Cómo va tu rodilla, Bellamy?— Preguntó. — ¿Todavía usas el mismo linimento? ¿Es demasiado esperar que mi marido este en casa?

Mientras hablaba, entró en la casa como si nada, disimulando.

—La rodilla está mucho mejor, milady. Gracias. Milord está...— Bellamy vaciló. —Está pintando, milady.

—¿Tan temprano? ¡Qué milagro!—Comenzó a subir las escaleras a paso ligero, sin permitirse pensar en lo que estaba haciendo. Si se paraba a recapacitar, huiría de allí todo lo rápido y lejos que pudiera.

Se encerraría en algún lugar y no volvería a salir.

—¿Está en el estudio? No, no es necesario que me anuncies. Ya subo yo sola.

—Pero... Milady...—.Bellamy la siguió, pero su lesionada rodilla no le permitía moverse con agilidad y ella llegó a su destino, en el tercer piso, antes de que él hubiera alcanzado el segundo.

—¡Milady, dijo que no le molestara nadie!—gritó Bellamy al aire.

—No tardaré. Sólo tengo que hacerle una pregunta.

—Pero milady, él está...

Sakura se detuvo y puso la mano sobre el pomo blanco de la puerta del ático.

-–No te preocupes, Bellamy. Seré la única culpable de interrumpir su concentración.

Se alzó las faldas, abrió la puerta y entró en la estancia.

Sasuke estaba allí, en efecto, frente a un enorme caballete, pintando con frenesí.

A Sakura se le deslizó la tela de la falda entre los dedos cuando vio a su atractivo marido, del que llevaba separada más de tres años.

Sasuke llevaba un kilt, gastado y manchado de pintura, y estaba desnudo de cintura para arriba aunque en el estudio no hacía calor.

Su torso, bronceado tras haber pasado el verano en el Continente, brillaba de sudor.

Se había cubierto la cabeza con un pañuelo rojo, como si fuera un gitano, para no mancharse el pelo de pintura.

Siempre lo hacía, recordó con una punzada de nostalgia.

Aquello provocaba que sus pómulos resultaran más angulosos y enfatizaba los hermosos rasgos de su rostro.

Incluso las gastadas botas, feas y manchadas de pintura, le resultaban familiares y queridas.

Sasuke siguió concentrado en la tela; era evidente que no había escuchado abrirse la puerta.

Sujetaba la paleta con la mano izquierda, tensando los músculos del brazo, mientras manejaba el pincel con la derecha, trabajando el lienzo con trazos firmes.

Sasuke era un hombre impresionante y todavía resultaba más atractivo cuando estaba absorto.

Sakura acostumbraba a sentarse en ese mismo estudio, reclinada sobre los cojines que cubrían el sofá, sólo para verle pintar.

Sasuke no hablaba mientras trabajaba, pero a ella le gustaba ver cómo se le tensaban los músculos de la espalda, la manera en que se manchaba la cara cuando se la frotaba distraídamente.

Después de una buena sesión de trabajo, solía volverse hacia ella con una enorme sonrisa y la atrapaba entre sus brazos, sin tener nunca en cuenta la pintura que le cubría la piel.

Se quedó tan ensimismada contemplándole que tuvo que obligarse a apartar la vista de él para mirar lo que capturaba su concentración con tanta intensidad.

Apenas pudo contener la desilusión cuando vio a la modelo.

La joven se hallaba sobre una plataforma elevada cubierta con unos paños amarillos y rojos.

Estaba desnuda; lo que era de esperar, puesto que Sasuke solía retratar mujeres que llevaban muy poco o nada encima.

Sin embargo, nunca le había visto pintar nada tan erótico.

La modelo se encontraba recostada sobre la espalda, con las rodillas flexionadas y separadas.

Se cubría el sexo con una de las manos, a pesar de lo cual resultaba desvergonzadamente accesible.

Sasuke la estudió con el ceño fruncido antes de seguir manchando el lienzo con rápidas pinceladas.

A su espalda, Bellamy subió por fin el último escalón, jadeando por el esfuerzo y la ansiedad.

Sasuke le oyó y soltó un gruñido sin apartar la mirada de su trabajo.

—¡Maldita sea, Bellamy! Te he dicho que no quería que me molestaran esta mañana.

—Lo siento, milord. No he podido detenerla. La modelo volvió la cabeza hacia ella y sonrió al verla.

—¡Oh! Hola, milady.

Sakura vio que Sasuke miraba por encima del hombro y parpadeaba antes de clavar los ojos en ella.

La pintura goteó desde el olvidado pincel hasta el suelo.

Intentó mantener la voz calmada.

—Hola, Molly. ¿Qué tal está tu niño? No te preocupes, Bellamy, puedes irte. Sasuke, no te entretendré demasiado, sólo quiero hacerte una pregunta.

¡Maldición! ¿En qué demonios estaba pensando Bellamy para dejarla subir allí? Sakurano pisaba aquella casa, en Mount Street, desde hacía tres años y medio; desde aquel día en el que le abandonó dejando tan sólo una nota tras de sí.

Y ahora estaba en el umbral, con los guantes y el sombrerito, arreglada para salir de paseo.

Hoy entre todos los días;cuando pintaba a Molly Bates en toda su gloriosa desnudez.

Eso no formaba parte de sus planes, aquéllos que le habían llevado a tomar el tren para Londres justo después de la boda de su hermano Sai, siguiendo a su esposa desde Escocia.

No, esto echaba por tierra todos sus cálculos... Una chaquetilla azul oscuro ceñía el torso de Sakura y marcaba sus generosos pechos.

La falda gris, llena de frunces que se recogían en un pequeño polisón, enfatizaba sus caderas.

El sombrero era un despliegue de flores y cintas y los guantes de color gris oscuro, para que no se pudieran manchar con la mugre londinense, ocultaban aquellos dedos delgados y elegantes que él quería besar a todas horas; las manos que deseaba que se deslizaran por su espalda cuando estuvieran en la cama.

Sakura siempre había sabido elegir la ropa que más le favorecía, los colores que mejor le sentaban, y el siempre apreció su sensibilidad artística.

Le encantaba ayudarla a vestirse por las mañanas, abrochar los vestidos sobre su suave y aromática piel.

Solía despedir a la doncella y realizar él mismo la tarea, a pesar de que eso provocaba que tardaran mucho tiempo en bajar a desayunar.

Y ahora Sakura estaba allí.

Sasuke se recreó en cada centímetro de su cuerpo y no pudo evitar excitarse. ¿Se daría cuenta ella? ¿Se reiría de él? Sakura pasó por encima del vestido que Molly había dejado caer al suelo.

—Será mejor que te tapes, cariño —aconsejó ella a la modelo—. Aquí hace un poco de frío, ya sabes que Sasuke nunca recuerda avivar el fuego. ¿Por qué no bajas a tomar una taza de té caliente mientras trato unos asuntos con mi marido?

Molly se puso de pie con una amplia sonrisa.

Era una mujer hermosa que satisfacía a la perfección los cánones masculinos; pechos grandes, caderas redondas, mirada desvalida...

El abundante pelo negro y la cara perfecta eran el sueño de cualquier artista; pero frente a la incomparable hermosura de Sakura, la modelo quedaba totalmente eclipsada.

—Espero que no le importe que lo haga— dijo Molly. —Es muy duro posar para este tipo de cuadros, tengo los dedos entumecidos.

—Unos bollos y una taza de té conseguirán que te sientas mejor-— aseguró Sakura mientras la chica se ponía la ropa. —La cocinera de Sasuke siempre guarda mermelada de grosella para las emergencias, pídele que te dé un poco.

Molly sonrió mostrando unos atractivos hoyuelos.

—La he echado de menos, milady, se lo aseguro. A milord se le olvida que necesitamos comer.

—Ya sabes cómo es..—. corroboró Sakura.

Molly atravesó el estudio despreocupadamente y Sasuke la observó seguir a Bellamy y cerrar la puerta.

Sakura volvió hacia él sus centelleantes ojos verdes.

—Estás goteando.

—¿Qué?— Sasuke la miró fijamente al tiempo que escuchó un lento goteo sobre la madera del suelo.

Emitió un gruñido y dejó la paleta encima de la mesa antes de sumergir el pincel en un vaso con esencia de trementina.

—Hoy has empezado a trabajar temprano —señaló Sakura.

¿Por qué continuaba ella utilizando ese tono neutral y educado? Como si sólo fueran unos conocidos tomando el té.

—La luz era buena—. Él mismo sonó tenso y brusco.

—Sí, hoy hace sol, para variar. No te preocupes, no te robaré mucho tiempo. Sólo necesito tu opinión sobre esto.

Maldición, ¿Sakura le había pillado desprevenido y encima había acudido allí con un propósito en mente? ¿Cuándo había aprendido a dejarle fuera de juego?

—¿Mi opinión sobre qué?— pregunto él. —¿Sobre tu nuevo sombrerito?

—No, no es sobre el sombrerito aunque gracias por fijarte, quiero saber tu opinión sobre otra cuestión.

Sasuke tenía el artículo en cuestión justo debajo de la nariz.

Las cintas grises y azules caían sobre los suaves y brillantes rizos de Sakura y éstos parecían llamarle por señas para que los acariciara y alisara.

Lo inclinó hacia atrás y se encontró mirando fijamente los ojos de su esposa; unos ojos que le habían hechizado desde el otro extremo de un salón de baile hacía ya mucho tiempo.

Entonces la dulce debutante que era no había sido consciente del poder que poseía; ahora, seguía sin serlo.

Una simple mirada a esos ojos podía dejar a un hombre inmóvil y provocarle los sueños más eróticos imaginables.

—Sobre esto, Sasuke— repitió ella con impaciencia.

Sakura le estaba tendiendo un pañuelo.

En medio de la prístina blancura de la tela había un trozo de lienzo amarillo de pequeñas dimensiones.

—¿De qué color dirías que es?— preguntó ella.

—Amarillo—. Sasuke arqueó una ceja. —¿Has venido desde North Audley Street sólo para preguntarme eso?

—Ya sé que es amarillo. Pero, concretamente, ¿qué clase de amarillo?

Sasuke miró la tela fijamente.

Era un color vibrante, casi palpitante

—. Amarillo cadmio.

—¿Por qué no eres más específico?— Ella meneó el pañuelo como si así pudiera desvelar el misterio. —¿No lo ves? Es amarillo Uchiha. Ese asombroso tono amarillo que usas en tus cuadros, la fórmula secreta que sólo conoces tú. —Sí, exacto—. Sakura estaba tan cerca de él que le envolvía con su intoxicante aroma haciendo que no le importara nada si la pintura era amarillo Uchiha o negro cementerio.

—¿Ahora te dedicas a cortar las telas de mis cuadros?

—No seas tonto. Lo tomé de una pintura que hay en la salita de la Lady Leigh Waters, en Richmond.

Una intensa curiosidad atravesó la impaciencia de Sasuke.

—Jamás le he regalado a la Lady Waters una de mis pinturas.

—Eso me parecía. Cuando le pregunté al respecto, me indicó que había comprado el cuadro a un tratante de arte del Strand, el señor Crane.

—Eso es imposible. Yo no vendo mis cuadros, y menos a través de Crane.

-—Exactamente—. Sakura esbozó una sonrisa triunfal. Fijarse en aquellos curvados labios rojos no hizo nada por aliviar su excitación.

—La pintura estaba firmada por Sasuke Uchiha, pero tú no la pintaste.

Sasuke miró de nuevo la brillante tela amarilla en medio del pañuelo.

—¿Por qué sabes que no la he pintado yo? Quizá alguien a quién le regalé uno de mis cuadros lo vendió para poder pagar una deuda.

—Es una escena idílica en una colina, parece Roma.

—He pintado muchas escenas de Roma.

—Ya lo sé, pero ésta no es tuya. Es tu estilo, tu técnica, tus colores, pero no es tuya.

Sasuke le devolvió el pañuelo.

—¿Cómo lo sabes? ¿Llevas la cuenta de todos mis cuadros? He realizarlo bastantes pinturas de Roma desde que tú..—. No era capaz de decir ―‖desde que tú me dejaste‖.

Había acudido a Roma para intentar sanar su corazón roto, había pintado un maldito día tras otro.

Había plasmado aquella ciudad tantas veces que había terminarlo odiándola.

Entonces se desplazó a Venecia y la retrató hasta que no le quedaron ganas de ver otra góndola en su vida.

Aquello sucedió cuando todavía era un depravado borracho.

Cuando al fin reemplazó el whisky por el té, se retiró a Escocia y se quedó allí.

Los Uchiha no consideraban que el whisky fuera un simple licor, sino algo esencial en la vida, pero él había cambiado sus preferencias de tal manera que Bellamy había acabado convirtiéndose en un maestro elaborando té.

Al escuchar sus irónicas palabras, Sakura se sonrojó y él sintió un repentino regocijo.

—Ah, entonces sí estás al tanto de todo lo que he pintado. Agradezco tu interés.

El rubor se intensificó.

—Leo las publicaciones de arte y, ya sabes, la gente me tiene al corriente.

—¿Y estas tan familiarizada con mi obra que reconoces, sólo con verlo, que un cuadro en concreto no es mío

— Sasuke esbozó una lenta sonrisa. —¿Eres la misma mujer que cambió de hotel cuando supo que yo me alojaba allí?

No creía que Sakura pudiera ponerse más roja. Notó que cambiaba por completo la dinámica de su actitud.

De un ataque atrevido y frontal, Sakura pasó a una apresurada retirada.

—No seas tan pretencioso. Lo único que pasa es que me doy cuenta de ciertas cosas.

Pero había sabido enseguida que no fue él quien pintó la imagen que vio colgada en la salita de la Lady Waters.

Sasuke sonrió ampliamente, disfrutando de su confusión.

—Lo que estoy intentando decirte es que ahí fuera hay alguien que pinta cuadros y los firma con tu nombre—, dijo ella con impaciencia.

—¿Por qué alguien sería tan estúpido como para intentar suplantarme?

—Por dinero, por supuesto. Eres muy famoso.

—Soy famoso por mis escándalos— contraatacó Sasuke.

—Cuando yo muera, mis cuadros no valdrán nada. Sólo serán recuerdos.

—. Dejó el pañuelo sobre la mesita. —¿Puedo quedarme con esto o piensas devolvérselo a la Lady Waters?

—No seas idiota, no le pedí permiso para cortarlo.

—Así que cortaste un trozo devpintura. ¿En serio? ¿Crees que no lo notará?

—El cuadro está muy arriba y lo hice con cuidado para que no se viera— . La mirada de Sakura cayó sobre el lienzo en el caballete. —Por cierto, debo decirte que eso que estás pintando es repulsivo. Parece una araña.

A Sasuke le importaba un bledo el cuadro, pero cuando lo miró se le cayó el alma a los pies.

Sakura tenía razón: era horrible. Todas sus obras lo eran últimamente.

Desde que estaba sobrio no había sido capaz de pintar nada decente, y no entendía por qué se le había ocurrido que sería diferente en esta ocasión.

Dejando escapar un rugido de frustración, tomó un paño lleno de pegotes de óleo y lo arrojó sobre la tela.

Cayó sobre el recién pintado abdomen de Molly, y unos oscuros regueros recorrieron la piel rosada.

Cuando apartó la vista del cuadro, alcanzó a ver que Sakura salía del estudio lo más rápido que podía.

Corrió tras ella y la alcanzó en el primer tramo de escaleras.

La adelantó y le interrumpió el paso apoyando una mano en el pasamanos y la otra en la pared, manchando de pintura el empapelado que ella misma había elegido cuando redecoró la casa hacía seis años.

Sakura le lanzó una fría mirada

—Déjame pasar, Sasuke. Tengo un montón de cosas que hacer antes del almuerzo y ya he perdido mucho tiempo.

Sasuke respiró hondo varias veces, intentando aplacar la furia.

—Espera, por favor— se obligó a decir. —Vayamos a la salita. Le diré a Bellamy que nos sirva el té y podremos hablar de esos cuadros míos que crees que han falsificado—. Cualquier cosa que impidiera que se fuera. Tenía el presentimiento de que si ella salía de su casa, jamás volvería a entrar.

—No tengo nada que discutir sobre ese tema. Sólo he pensado que te interesaría saberlo.

Sasuke era consciente de que todos los sirvientes estaban abajo, escuchando.

Puede que no fueran visibles, pero sí estarían entre las sombras, esperando a ver qué ocurría.

Adoraban a Sakura y parecían llevar luto desde el día en que se había marchado. —Sakura — le dijo bajito, —quédate.

La tensión que rodeaba los ojos de Sakura se suavizó.

Él le había hecho daño y lo sabía.

Le había hecho daño muchas veces.

Sasuke se había detenido dos escalones más abajo que ella y la ruborizada cara de su esposa quedaba a la misma altura que la suya.

La vio entreabrir los labios rojos y voluptuosos.

Podría hacer desaparecer la distancia que les separaba y besarla; si quería, podría sentir su boca, saborear la cálida humedad de su lengua.

—Por favor...—. susurró él. Te necesito

Molly eligió justo ese momento para subir la escalera hacia ellos.

—¿Está preparado milord? ¿Todavía quiere que mantenga los dedos sobre mi cosita?

Sasuke vió que Sakura cerraba los ojos y apretaba los labios en una línea.

—¡Bellamy!— gritó hacia el piso inferior. —¿Qué demonios hace Molly fuera de la cocina?

La modelo se acercó con una amable sonrisa. —Oh, a milady no le importa verme, ¿verdad, milady?— Molly se coló por debajo del brazo de Sasuke, pasó junto a Sakura y siguió subiendo hacia el estudio.

—No, Molly— dijo Sakura con frialdad. —No me importa verte.

Se levantó las faldas con la mano enguantada e imitó a la modelo, pasando bajo el brazo de Mac.

Él intentó retenerla.

Sakura retrocedió.

Él se dio cuenta tras un largo instante que no fue por odio, sino porque su mano estaba manchada de pintura oscura.

Sasuke comenzó a golpearse la cabeza contra la pared al tiempo que maldecía entre dientes.

No la detendría.

Al menos no ahora, con todo el servicio espiándoles y Sakura mirándole de esa manera.

Su mujer siguió bajando.

Sasuke la siguió. —Le diré a Molly que se vaya. Por favor, quédate a comer. Mis criados pueden hacer esos recados tan urgentes.

—Lo dudo mucho. Algunos de mis recados son demasiado personales—. Sakura llegó a la planta baja y tomó la sombrilla que había dejado en el vestíbulo.

Bellamy, que no se te ocurra abrir la puerta.

Bellamy hizo justo lo contrario a lo que él deseaba, permitiendo que entrara una bocanada de aire fétido londinense.

El cabriolé de Sakura estaba fuera y el lacayo esperaba junto al carruaje. —Gracias Bellamy— pronunció ella con voz serena —Buenos días.

Y salió.

Sasuke quiso correr tras ella agarrarla por la cintura y arrastrarla de vuelta a la casa.

Una vez hecho eso, podría decir a Bellamy que corriera el cerrojo para que no pudiera volver a marcharse.

Puede que al principio Sakura le odiara, pero poco a poco entendería que aquel era el lugar que le correspondía.

Sasuke se vió obligado a permitir que su ayuda de cámara cerrara la puerta.

Las tácticas que habían funcionado a sus salvajes antepasados en las Highlands serían inútiles con Sakura.

Ella le lanzaría una de esas frías miradas suyas y le haría caer de rodillas.

Se había postrado ante ella muy a menudo en el pasado.

No le importaba sentir la alfombra bajo sus piernas si a cambio lograba una de sus repentinas carcajadas y la escuchaba decir: _¡Oh Sasuke! No seas tonto_. Entonces la haría rodar con él por la alfombra y obtener su perdón se convertía en una tarea muy interesante.

Sasuke se hundió en el último escalón y ocultó la cabeza entre las manos manchadas de pintura.

Acababa de dar un paso atrás.

Sakurale había pillado desprevenido y él había arruinado la hermosa oportunidad que se le había brindado.

—Oh, el cuadro está estropeado—. Molly comenzó a bajar las escaleras entre un frufrú de sedas. —Bueno, creo que ha quedado gracioso.

—Márchate a casa, Molly— dijo Sasuke con un hilo de voz. —Te pagare el día completo.

Esperaba que Molly gritara de placer y se fuera a toda prisa pero se sentó a su lado.

—¡Oh, pobrecito! ¿Quiere que le haga sentir mejor?

La erección de Sasuke había desaparecido y no quería excitarse con nadie que no fuera Sakura.

—No, gracias.

—Cómo quiera—. Molly le pasó los dedos por el pelo. —Es mucho peor cuando el amor no es correspondido, ¿verdad, milord?

—Sí—. Sasuke cerró los ojos. La furia y la necesidad le envolvieron hasta hacerle sentir enfermo. —Tienes razón, es muchísimo peor.

》--《

Al baile de cacería que lord y lady Abercrombie ofrecieron en Surrey la noche siguiente acudió toda la gente importante.

Sakura entró en el salón con el corazón acelerado, esperando ver a Sasuke en cualquier momento.

Su doncella, Evans, la había puesto en antecedentes y sabía que él también estaba invitado; Evans había obtenido la información de su viejo amigo, Bellamy.

Ver a Sasuke semidesnudo en su estudio el día anterior había conseguido que se dirigiera directa a casa y acabara tendida en la cama en medio de un mar de lágrimas.

No llevó a cabo los recados porque se pasó el resto de la tarde acurrucada sobre el lecho, sintiendo lástima de sí misma.

A la mañana siguiente se obligó a levantarse y aceptar la realidad.

Tenía dos opciones: evitar a Sasuke, como había hecho en el pasado, o resignarse a encontrárselo por Londres.

Podían ser educados; podían ser amigos.

Debía acostumbrarse a verle para que su presencia no le afectara tanto.

Tenía que endurecerse de manera que no sintiera el corazón en la garganta cada vez que viera su hermoso rostro o su pícara sonrisa.

Puede que la segunda opción fuera más inquietante, pero se obligó a seguir ese camino.

No se ocultaría como un conejo asustado.

Por tanto, aceptó la invitación de lord Abercrombie a pesar de que sabía que existían muchas posibilidades de que Sasuke también asistiera.

Indicó a Evans que la ayudara a ponerse un nuevo vestido de baile de raso azul, con pequeños capullos de rosa amarillos bordados en el corpiño.

Maude Evans, que se jactaba de haber servido a las más célebres mujeres de Inglaterra, entre ellas varias cantantes de ópera, una duquesa y una cortesana, trabajaba para ella desde el día siguiente a su escandalosa fuga con Sasuke.

Evans había llegado a la casa de Sasuke en Mount Street donde la esperaba Sakura, que no tenía más que la alianza en el dedo y el vestido de baile que había utilizado la noche anterior.

La doncella lanzó una ojeada a la inocente cara de Sakura y se convirtió en su feroz protectora.

—Bueno, parezco una responsable matrona de casi veinticinco años—. Se observó en el espejo mientras Evans le ponía el collar de diamantes. —No tengo que avergonzarme de nada.

Aun así, se le aceleró el corazón cuando entró en el salón de baile de lord Abercrombie y vio a un alto Uchiha en el comedor; Los anchos hombros tensaban una chaqueta negra de gala cuando él apoyó el codo en la repisa de la chimenea.

Vestía el kilt de los Uchiha.

Sakura se dio cuenta al instante de que no era Sasuke, sino su hermano Naruto.

Dividida entre el alivio y la alegría, se separó de los amigos con los que había llegado y atravesó la multitud hacia él con las faldas levemente levantadas

—Naruto, ¿qué haces aquí? Pensé que estarías en el norte, preparándote para el St. Leger.

Naruto lanzó al fuego el cigarro que estaba fumando, le tomó las manos y se inclinó para besarla en la mejilla.

Olía a whisky y a humo, como siempre, aunque en ocasiones esos aromas se entremezclaban con el olor a caballos.

Naruto poseía los mejores purasangres de carreras de Inglaterra.

El segundo de los Uchiha era un poco más corpulento que Sasuke; tenía los hombros un poco más anchos y le aventajaba en un par de centímetros; una cicatriz le atravesaba el pómulo izquierdo.

Su pelo, siempre revuelto, era más claro que el de sus tres hermanos y sus ojos mas Azules.

Resultaba conocido por ser la oveja negra de los Uchiha, intimidante tarea en una familia cuyas gestas inundaban los periódicos sensacionalistas.

Era bien sabido que Naruto, viudo y con un hijo de quince años, tomaba una nueva amante cada seis meses.

Entre sus conquistas estaban incluidas celebridades, cortesanas o viudas de la alta aristocracia.

Hacía mucho tiempo que Sakura había dejado de intentar seguir la pista a sus affaires.

Naruto se encogió de hombros en respuesta a su pregunta.

—Había poca diversión por allí. Los entrenadores saben de sobra lo que deben hacer y, de todas maneras, me pasaré por allí antes de la primera carrera.

—No sabes mentir, Naruto Uchiha. Te ha enviado Itachi, ¿verdad?

Naruto no se molestó en fingir vergüenza.

—Itachi se quedó preocupado al ver que Sasuke te seguía después de la boda de Sai. ¿Ha resultado muy pesado?

—No— respondió Sakura con rapidez.

Adoraba a sus cuñados, pero tenían cierta tendencia a meter las narices en lo que no les importaba.

Les agradecía que no la hubieran dejado de lado cuando le abandonó hacía ya tres años y medio, pero resultaban demasiado entrometidos.

Itachi, Naruto y Sai le habían demostrado de mil maneras que para ellos seguía formando parte de la familia.

Y como tal, velaban por ella como protectores hermanos mayores.

—¿Itachi te ha enviado de niñera?— preguntó.

—Sí— replicó Naruto con la cara seria.

—Deberías ver lo bien que me quedan la cofia y el delantal.

Sakura se rió y él se unió a ella.

Tenía la típica risa ronca de quien posee una voz cascada.

—¿Ino se encuentra bien?— preguntó ella.—¿Están bien, ella y Sai?

—Estaban muy bien cuando me fui.

Sai se muestra encantado ante la perspectiva de convertirse en padre. No pasan ni cinco minutos sin que lo mencione.

Sakura sonrió con deleite.

Sai e Ino, su nueva cuñada, eran tan felices que apenas podían esperar para sostener a su hijo en brazos.

Ese pensamiento le produjo también una punzada de pesar que contuvo con rapidez

—¿Y Daniel?— continuó ella la conversación. —¿Te ha acompañado?

Naruto negó con la cabeza. —Daniel está con un viejo catedrático que deberá Llenar su cabeza de conocimientos antes de San Miguel. Quiero que los tutores de Danny tengan las menos razones posibles para suspenderle.

—¿Lecciones en vez de caballos? Tengo la certeza de que nuestro Danny no se lo habrá tomado muy bien.

—No, pero si continúa sacando esas notas tan bajas jamás podrá acceder a la universidad.

Aquel hombre alto y de oscura reputación parecía tanto un padre preocupado que Sakura se rió otra vez.

—Intenta seguir tus pasos, Naruto.

—Si, es cierto. Y ésa es mi mayor preocupación.

A espaldas de Sakura comenzaron a sonar las primeras notas de un vals y las parejas comenzaron a dirigirse a la pista de baile.

Naruto le tendió la mano. —¿Bailas, Sakura ?

—Me encant...

La educada aceptación de Sakura quedó interrumpida cuando unos firmes dedos se cerraron en torno a su codo.

Olió el jabón de Sasuke, su familiar aroma masculino encubierto apenas por una imperceptible nota a trementina.

—Este vals es mío— le dijo Sasuke al oído. No te molestes en decirme que tienes el carnet lleno, esposa mía, porque sabes de sobra que me limitaré a romperlo.

La autora del libro es Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.