El novio locamente enamorado de Mount Street ha comprado a su dama una casa de campo en Buckinghamshire, donde ella se dedica a organizar fiestas benéficas en el jardín ahora que el clima es más propicio, aunque la ciudad sigue sofocada por el calor. Los más ilustres e importantes personajes, asisten a esos eventos; no se habla de otra cosa.
-Julio, 1875
Crane farfulló, pero Sasuke no podía sentir mucha indignación por el hombrecito.
La total atención de Sasuke estaba centrada en Sakura que permanecía de pie cerca de él tan resplandecientemente bella, con un vestido de día de color marrón y crema, como lo habría estado con un elegante vestido de baile de satén y diamantes.
Si Sasuke fuera a pintarla con este traje usaría el más pálido de los amarillos para el escote, el crema y el ámbar para el corpiño y el marrón más oscuro para las sombras.
Para su piel, los tonos en crema y rosa. El color rojo oscuro para sus labios, este sería el único color en su cara, ondas de color rosa claro para los rizos bajo el sombrero.
Los ojosuna sugerencia en negro y verde, en sombras.
—Sasuke, justo estaba explicando. . .
Sasuke no la oyó. O más bien, no podía escuchar las palabras de Sakura, oía solamente su voz, baja, musical, diseñada para hacer a su corazón bailar.
—Su Señoría—. Crane se frotó las manos juntas, de esa manera tan irritante que tenía por costumbre. —Me habéis traído las pinturas vos mismo.
—¿Pinturas?— las cejas de Sasuke se arquearon. —¿Quiere decir que ha habido más de una?
—Por supuesto. Tengo otra aquí—. Crane fue hacia un cuarto trasero y salió con un lienzo enmarcado casi tan alto como él. Sasuke puso su bastón y su sombrero sobre una mesa para ayudar a Crane a levantar la pintura hasta un gancho en la pared.
Era una imagen de Venecia. Dos hombres remando en una góndola en primer plano, con los edificios del Gran Canal decolorados en la niebla, la mínima sugerencia de los reflejos de los mismos en el agua turbia.
—Uno de los mejores, Su Señoría—, dijo Crane. —De vuestro período veneciano.
La pintura era condenadamente buena, Sasuke tenía que reconocerlo. La composición estaba equilibrada con precisión, los colores simplemente eran correctos, la luz y la sombra precisas, sin ser recargado.
Sasuke había pintado muy pocos cuadros de los canales mientras que había estado revolcándose en la autocompasión, después de la partida de Sakura.
Pero no había pintado éste.
Sakura se mordió su labio inferior con los dientes, dejándolo rojo y besable.
Lanzó una mirada de preocupación a Sasuke.
—Esta es una falsificación, ¿no es verdad?
—Yo no he pintado esto, Crane. Alguien le está tomando el pelo.
El señor Crane señaló la esquina de la pintura.
—Pero usted lo firmó.
Sasuke se inclinó más cerca para ver las palabras Sasuke Uchiha garabateadas en la esquina en su habitual estilo perezoso.
—Esto se parece a mi firma—. Dio un paso atrás y observó el cuadro al completo. —Eso sí, no es malo.
—¿Qué no es malo?— Sakura saltó echa una furia. —Sasuke, se trata de una falsificación.
—Sí, y una condenadamente buena. El tipo pinta mejor que yo.
Crane les observaba horrorizado. Miró por encima del hombro, como si la policía pudiera venir volando en cualquier momento para llevárselo a un calabozo húmedo y oscuro.
—Pero, Su Señoría, mi asistente juró que lo trajo usted mismo.
—Señor Crane...— comenzó Sakura.
Sasuke la interrumpió.
—No lo culpes, amor. Si yo no lo reconociera, no podría encontrar la diferencia ni yo mismo.
—Bueno, yo podría.
—Debido a que tienes ojo para ello. ¿Cuántos de estos compró, Crane?
—Sólo estos dos—, dijo Crane en un hilo de voz. —Pero me temo que pedí más.
Sasuke se echó a reír.
Sakura le miró indignada, pero Sasuke no pudo evitarlo. Esto era demasiado absurdo. Él no había sido capaz de pintar algo decente en años, y este advenedizo no sólo pintaba mejor de lo que Sasuke lo hacía, sino que le daba el crédito a Sasuke por ello.
—Por curiosidad, ¿cuánto le pagó Lady Leigh-Waters a usted?— Preguntó Sasuke.
—Mil guineas, milord—, susurró Crane.
Sasuke silbó y luego se rió más fuerte.
Sakura lo miró.
—Esto es un delito.
Sasuke se secó los ojos.
—¡Dios mío, Crane, estoy seguro de que estará contento con esa comisión. ¿Qué pasó con su pago, de todas formas? Estoy seguro de que este Sasuke Uchiha no dejará de lado su parte.
Crane se veía preocupado.
—Lo curioso, milord, es que nunca ha venido a por ello. Y no dejó ninguna dirección o el nombre de un banco al que pudiera enviarlo. Eso fue hace tres meses.
—Hmm—, dijo Sasuke. —Bueno, si alguna vez vuelve...
—Usted debe contactar con Su Señoría de inmediato—, dijo Sakura.
—Yo iba a decir: deja que el tipo se lleve el dinero. Él esta, obviamente, desesperado por el dinero.
—Sasuke...
—Él hizo el trabajo, después de todo.
Sasuke no estaba seguro de si Sakura estaba más hermosa cuando sonreía, o cuando estaba realmente furiosa. Sus mejillas estaban rojas, sus ojos brillaban con fuego verde, y sus pechos subían deliciosamente dentro de su corpiño ajustado.
—¿Qué me dice sobre Lady Leigh-Waters?
La cara de Crane estaba cenicienta.
—Debo decírselo.
Sasuke se encogió de hombros.
—¿Por qué? A ella le gusta la pintura, la puso por los cielos, mi esposa me lo dijo. Si Lady Leigh-Waters es feliz, ¿por qué echarselo a perder?— Recogió su bastón y su sombrero. —Pero si algun otro Sasuke Uchiha vuelve a vender sus pinturas, esté prevenido. Yo nunca vendo las mías. No veo ninguna razón para cargar a la gente con mis tonterías sin valor.
—¿Tonterías?— Crane le lanzó una mirada de indignación. —A Su Señoría le llaman el Manet Inglés.
—¿Lo hacen? Bueno, ya sabe lo que opino de "ellos".
—Sí, milord, usted me lo ha dicho.
—Completamente idiotas, creo que es el término que prefiero. Tenga usted buenos días, Crane. ¿Querida?— Sasuke ofreció el brazo a Sakura.
—¿Nos vamos?
Para su sorpresa, Sakura lo tomó del brazo, sin rechazarlo y le permitió escoltarla fuera de la tienda de nuevo bajo la lluvia.
Sakura trató de permanecer enojada mientras Sasuke la ayudaba a entrar en su landó, pero la fuerza de sus manos cuando la alzaba disolvió todo pensamiento.
Se dejó caer en su asiento y colocó su falda, esperando oír la puerta cerrarse y a Sasuke despidiéndose.
En cambio, el carruaje se balanceó mientras Sasuke se colgaba de él, subía y se sentaba a su lado.
Sakura trató de no encogerse en un rincón.
—¿No tienes tu propio carruaje?
—El tuyo se adapta mejor a mis necesidades por ahora.
Sakura empezó a darle una respuesta acalorada, pero en ese momento se vertieron gotas desde su sombrero de ala ancha mojando su ajustada chaquetilla.
—¡Oh, molesta lluvia! Mi sombrero nuevo se arruinará.
—Quítatelo.
Sasuke lanzó su propio sombrero al asiento de enfrente, mientras el landó saltaba hacia adelante.
La lluvia tamborileaba sobre el techo de lona, un rápido golpeteo que hacía juego con el latir del corazón de Sakura.
Ella arrancó los alfileres del sombrero, se le quitó, y le secó con el pañuelo. Las plumas de avestruz estaban empapados ya, pero quizás Evans podría salvarlas.
Se inclinó hacia adelante para dejar el sombrero en el asiento al lado del de Sasuke, y cuando se sentó de nuevo, Sasuke había extendido su brazo sobre el respaldo del asiento por detrás de ella.
Sakura se quedó quieta. Siendo un hombre grande, a Sasuke le gustaba estirarse, por lo general desplazando a Sakura para hacerlo.
A ella solia gustarle acurrucarse contra él cuando viajaban en carruaje, como si él fuera una gran alfombra de piel de oso.Ella se había sentido tan protegida y caliente.
Sasuke la miró con una sonrisa perezosa, sabiendo muy bien por qué ella permanecía quieta en el asiento, con la espalda rígida.
—¿Qué pasa con tu cochero?— Preguntó ella con frialdad.
—Él sabe el camino a casa. Ha vivido allí durante años.
—Muy divertido—. Sakura intentó una táctica diferente. —¿Por qué demonios tenías que soltar ese disparate al señor Crane sobre dejar a ese otro hombre quedarse con el dinero? Se está forrando con tus pinturas vendiéndolas. ¿Por qué debería aprovecharse?
El brazo de Sasuke la rozó cuando se encogió de hombros.
—Pero él no ha vuelto a por el dinero, ¿verdad? Tal vez su juego es diferente. Tal vez sabía que no podía vender sus cosas con su propio nombre, por lo queutilizó el mío.
—Tu nombre, tu estilo y tus colores. ¿Cómo crees que consiguió la fórmula para tu color amarillo? ¡Lo mantienes en secreto!
Sasuke se encogió de hombros una vez más, su cuerpo moviéndose de una forma de lo más de distrayente.
—¿Ensayo y error? Y tú estás
asumiendo por completo que el falsificador es un hombre. Podría ser una mujer.
—Crane, dijo que un hombre que se hacía llamar a si mismo Sasuke, dejó las pinturas.
—La mujer podría tener un cómplice masculino, alguien que se parece a mí.
Él estaba extendido tan cómodamente, como si no hubiera ninguna tensión entre ellos.
Hoy Sasuke llevaba pantalones en lugar de un kilt, eso era un poco decepcionante.
—Estás siendo bastante enloquecedor sobre esto—, dijo.
—Te lo dije, no me preocupa.
—¿Por qué demonios no?
Sasuke suspiró y se frotó los ojos con la palma de su mano.
—¿Tenemos que volver sobre eso de nuevo, cariño? Esa parte de mi vida está en el pasado.
—Lo qué es una absoluta tontería.
—Quizás deberíamos cambiar de tema—. La cara de Sasuke permanecía tranquila con sus firmes líneas. —¿Cómo estás esta mañana, amor? ¿Has tenído algo en la correspondencia interesante?
Tenía esa mirada terca Uchiha, que decía que él no quería hablar sobre algo, y ni con una barra de hierro podría abrírsele la boca para hacerlo. Bueno, ella también podía fingir.
—De hecho, recibí una carta de Ino. Ella y Sai estan muy bien establecidos. La echo de menos.
Sakura no pudo evitar el suspiro de su voz. Ino era una joven encantadora, y Sakura estaba muy emocionado de que fuera su nueva hermana.
Sakura no había visto a su hermana más joven, Saori, desde la noche en que se había casado con Sasuke.
La familia de Sakura la había repudiado, el recto Conde Haruno se horrorizó de que su hija se hubiera fugado con un Uchiha.
Los Uchiha podría ser ricos y poderosos, pero también eran decadentes, indecentes, libertinos, promiscuos, y lo peor de todo, escoceses.
Saori ahora tenía diecisiete años, estaba cerca de su propia presentación en sociedad.
El pensamiento hizo que el corazón de Sakura le doliera.
—Verás a Ino en Doncaster—, estaba diciendo Sasuke. —Es decir, si puedes separarte de Londres para ir.
—Por supuesto que voy a estar en St. Leger. No me lo he perdido en años. ¿Cree que Ino irá? Quiero decir, con el bebé.
—Dado que el bebé no ha nacido todavía, me imagino que la acompañará.
—Muy gracioso. Quiero decir, ¿crees que Ino querrá viajar? ¿Incluso en tren? Ella tiene que tener cuidado, ya sabes.
—Sai mantendrá un ojo de águila sobre ella, mi amor. Tengo plena confianza en él.
Es cierto que Sai mantenía a Ino a la vista en todo momento. Incluso desde que Ino había dado la noticia de que había encargado un bebé para la primavera, el sentido protector de Sai se había duplicado.
Ino algunas veces ponía los ojos en blanco acerca de ello, pero al mismo tiempo irradiaba alegría. Ino era muy bien amada, y ella lo sabía.
—Es un momento delicado para una mujer, incluso para una tan buena como Ino—, dijo Sakura, las palabras cayendo de ella. —Incluso con Sai constantemente vigilandola. Ella necesitará descansar y cuidarse, y tratar de no hacer demasiado—. La última palabra terminó en un sollozo, y Sakura presionó el dorso de sus dedos en la boca.
Deseó no estar tan agotada de su noche sin dormir y de levantarse temprano por la mañana. Entonces podría sentarse aquí sin peligro de desmoronarse. No queria llorar delante de Sasuke, se había prometido a sí misma que no lo haría.
—Amor—. Su voz la acariciaba. —Por favor, no.
Sakura enojada limpió sus lágrimas.
—Estoy feliz por Ino. Quiero que sea feliz.
—Calla, ahora—. Sus brazos la rodearon, Sasuke la protegería de cualquier cosa que quisiera hacerle daño.
—Para—, le dijo. —No puedo luchar contigo ahora.
—Lo sé—. Sasuke Descansaba su mejilla en el pelo de ella. —Lo sé.
Ella oyó su voz rota, volvió la cabeza para ver sus ojos de color negro bañados de lágrimas. Esta también era su tragedia, ella lo sabía. Ellos compartían el dolor.
—Oh, Sasuke, no—. Sakura frotó una lágrima de su mejilla. —Fue hace tanto tiempo. No sé por qué estoy llorando.
—Yo tampoco.
—No hablemos de ello. Por favor. No puedo.
—No voy a hacerlo. No te preocupes.
Sus ojos todavía estaban húmedos. Sakura pasó los brazos alrededor de su cuello, acariciandole bajo el pelo, sabiendo que él lo encontraba relajante.
Una lágrima rodó hasta su labio superior, y Sakura instintivamente la besó limpiándosela.
Sus bocas se encontraron, se tocaron, calor con calor, se engancharon.
Los labios de Sasuke se separaron, y ella probó la áspera dulzura de su lengua, la sal de sus lágrimas.
No se trataba de seducción, él besaba para reconfortarse, a ella y a si mismo.
Incluso después de más de tres años de estar separados, todo lo relacionado con Sasuke le era familiar.
La sensación de áspera seda de su cabello, la textura de su lengua, la quemazón del los labios, todo era lo mismo.
Pero había una diferencia. En lugar de ser cubierta con el picor del sabor de la malta, la boca de Sasuke sabía sólo a Sasuke.
Sasuke se apartó, pero sus labios se quedó en los de ella como la niebla sobre el cristal.
Otro ligero roce de sus bocas, y Sasuke se sentó hacia atrás, acariciandole la mejilla. –Sakura—. Fue un susurro, lleno de tristeza.
—Por favor, no.
Él sabía lo que quería decir.
—Esto no va a ser un arma en nuestro juego—, dijo Sasuke. —Yo nunca , nunca te haría eso.
—Gracias.
Sus respiraciones se mezclaron mientras ella, agradecida exhalaba.
Sasuke sonrió un poco y depositó otro beso en sus labios.
—Mi chaqueta, por otro lado.
—Morton está limpiándola—, Sakura dijo rápidamente mientras aceptaba el pañuelo que Sasuke le entregaba. —Pronto la tendrás de vuelta.
Sasuke se apoyó en el codo que reposaba en la parte posterior del asiento.
—Me refiero a la historia de que mantuviste mi chaqueta en tu cama
contigo durante toda la noche. Prenda afortunada. Te olvidas de lo rápido que el chisme corre entre nuestras casas. Nuestros servidores tienen un sistema de mensajería que los generales prusianos envidiarían.
——Tonterías—. El corazón de Sakura se desbocó. —Dejé la chaqueta sobre la cama la noche anterior, eso es todo, entonces me olvidé de ella y me quedé dormida.
—Ya veo—. Los ojos de Sasuke brillaban con una sonrisa de complicidad, a pesar de las lágrimas que todavía no se habían secado en sus mejillas.
Sakura le dirigió una mirada altiva.
—Sabes cómo puede ser el personal cuando se les mete una idea en la cabeza. La historia crece con cada relato.
—Los criados pueden ser muy perceptivos, mi dulce. Mucho más inteligentes que sus amos.
—Sólo quiero decir que no debes de creer todo lo que dicen como algo absoluto.
—Por supuesto que no. ¿Puedo pedirte un guante para que pueda ponerlo sobre mi almohada esta noche? Puedes rechazar mi solicitud, por supuesto.
—Yo me niego. Con el mayor énfasis
—Sólo deseo entretener a los sirvientes—, dijo.
—Entonces, envíalos a un espectáculo musical.
La sonrisa de Sasuke se ensanchó.
—Me gusta la idea. Tendría la casa para mí mismo durante una noche—. Deslizó un dedo por su brazo. —Tal vez podría invitar a alguien a venir.
Sakura se esforzó para no saltar.
—Estoy segura de que tus colegas disfrutarán de una noche de billar y una generosa cantidad del whisky Uchiha.
—Billar. Hmm—. La mirada de Sasuke se volvió pensativa. —Podría disfrutar de una partida de billar, con la adecuada compañía—. El tomó su mano, trazando un diseño en su palma a través de su ajustado guante de cabritilla. —Podría pensar en algunas apuestas interesantes que podríamos realizar. Por no hablar de los dobles sentidos que podría hacer sobre las señales, el empujar las bolas y los bolsillos.
Sakura liberó la mano.
—¿Te gusta oírte hablar a ti mismo, Sasuke? Ahora, debo insistir en que me digas por qué no tienes ningún interés en los cuadros falsos.
Sasuke perdió su sonrisa.
—Caes en el tópico, Sakura. Lo había desterrado de nuestro juego.
—Este no es un juego. Es nuestra vida, tu vida. Tu arte. Y yo sería una imbécil para jugar a cualquier juego que tu inventaras.
Sasuke se inclinó sobre ella mientras el carruaje iba más lento. Sakura no tenía ni idea de dónde estaban, y no tenía energía para levantar la cortina y descubrirlo.
—Esto es un juego, mi amor—. Le sostuvo la mirada. —Es el juego más serio en el que jamás he participado. Y tengo la intención de ganarlo. Voy a tenerte de vuelta, Sakura en mi vida, en mi casa, y en mi cama.
Sakura no podía respirar.
Respirar significaría que inhalaría su aroma y su calor.
Sus ojos eran duros, los iris de color carbón, acerados y fríos. Cuando él la miraba de esta manera, ella podía creer que sus antepasados habían gobernado las Highlands y despejado casi todo el camino hasta Inglaterra en el intento de mantener esta para los Estuardo.
Sasuke era un hombre decadente que iba a fiestas en las mejores casas, pero el caballero que asistía a las fiestas podía rápidamente volver a tener la mirada salvaje en sus ojos como la que tenia en este preciso momento.
Sasuke estaba decidido, y cuando él estaba decidido, ¡que se prepararan todos los que se interpusieran en su camino!
Sakura levantó la barbilla. Mostrarle debilidad sería fatal.
—Muy bien, entonces—, dijo. —Tengo la intención de perseguir el falsificador. Si voy a jugar a tu juego, tengo que hacer mis propias reglas.
A él no le gustaba esto, pero Sakura había aprendido lo suficiente acerca de Sasuke para saber que nunca debía dejar que lo hiciera todo a su manera.
Ella iría hacia la perdición rápidamente si lo hacía.
Para su sorpresa, él hizo un gesto de concesión.
—Si debes hacerlo. Tú verás lo que haces.
—Es lo que también me dije a mí misma después de que te alejaras ayer en el baile.
Por la repentina y resplandeciente sonrisa, Sakura se dio cuenta de que había calculado mal. Ella no había querido decir esas palabras, se le habían escapado antes de que pudiera detenerlas.
Pero ella se había abrazado a si misma en la fría terraza mientras estaba allí acurrucadaen la chaqueta de Sasuke, irritada, nerviosa, sola, asustada y muy enfadada. Y se había dicho para sus adentros, impulsada por la rabia y la furia: _Si eso es lo que quieres Sasuke Uchiha. Tu verás lo que haces_.
—Una buena invitación—. Sasuke le tomó la cara entre las manos. Era fuerte, ella nunca había olvidado qué poder natural tenia Sasuke.
Él la besó, sin ternura esta vez. Fue un duro, rudo, hambriento beso, uno que la dominó y magulló sus labios. Y se dio cuenta con consternación de que ella le besaba con igual avidez.
Sasuke se separó, dejando sus labios entreabiertos y enrojecidos.
—Te lo prometo—, dijo. —Esto no es nada comparado con lo peor de mi. Voy a conseguirlo.
Sakura trató de responder con un comentario cortante, pero su voz ya no funcionaba.
Sasuke le dedicó una sonrisa salvaje, cogió su sombrero y su bastón, y abrió la puerta del landó que todavía estaba en movimiento.
Sakura vio que se habían detenido en una maraña de tráfico en Piccadilly, el landó peligrosamente cerca de los postes que separaban la carretera de los edificios y de las personas.
Sasuke saltó al suelo sin preocuparse por el escalón.
—Hasta la próxima vez—. Él se dio una palmadita en el sombrero. — Espero otra cita en el campo de batalla que elijas.
Silbando, Sasuke se alejó.
Sakura siguió mirando su ancha espalda mientras se movía ágilmente a través de la multitud hasta que el lacayo cerró la puerta, cortandole la visión.
Se asomó por la ventana a través de los regueros de lluvia, pero la forma familiar de su marido se había perdido en la niebla entre la multitud.
Sintiendo como si la hubieran privado de algo, Sakura cayó hacia atrás contra el asiento mientras el landó empezaba a rodar a través de Piccadilly.
A Sasuke en el fondo no le gustaban los musicales formales, pero hizo una excepción y se vistió para asistir a uno en la casa de Sakura, dos noches después.
Dos noches de sueño inquieto, temblores mientras revivía los besos en el landó.
En sus visiones febriles él hubiera continuado aflojando el corpiño y lamiendo sus pechos cremosos, mientras se desbordaban por encima del corsé.
Reflexionó que desear a la propia esposa era mucho más frustrante que desear a una extraña.
Sasuke sabía exactamente cómo era Sakura debajo de su ropa, sabía exactamente lo que se estaba perdiendo.
La había desnudado muchas veces durante su matrimonio, encantado de despedir a Evans y asumir los deberes de la doncella para preparar a Sakura para ir a la cama.
Mientras Sasuke estaba tumbado, despierto y solo, sudoroso, y caliente, se acordó de quitar cada capa de su cuerpo _ corpiño, falda, enaguas, corsé, medias, camisa. La luz del fuego bañaría su piel y danzaría sobre su pelo rosa. Luego Sasuke besaría cada parte de ella. Él saborearía el toque de los labios de Sakura, cada remolino de su lengua, el sabor de su piel debajo de su boca. Él movería sus manos para agarrar sus nalgas, o deslizaría sus dedos entre sus muslos para encontrar allí su calor líquido.
El vello entre las piernas de Sakura no era de un rosa tan brillante como el de su cabeza, era más de color crepe. Sasuke podría tumbarla en el suelo o en la cama, o mejor todavía, tenerla sentada en un sillón, mientras que él lamía su camino desde los pechos, sobre el hueco de suestómago, hasta el placer ardiente que le esperaba entre sus muslos separados.
La noche después de su reunión en la tienda de Crane, seguida por el delicioso combate de esgrima en el landó, Sasuke había echado hacia atrás sus mantas abandonando la cama, subió al ático, y pasó las siguienteshoras pintando.
Esta vez, retrató a Sakura en su propia cama, a su lado, dormida.Él pintó de memoria, mostrando su cuerpo relajado, un pecho blanco contra la sábana. Una pierna estaba doblada, mientras buscaba una posición cómoda, con los brazos estirados sobre la almohada. Sus dedos estaban flojos, sin tensión. Su cara estaba vuelta hacia abajo, medio oculta por el pelo, y el vello púbico asomaba tímidamente entre sus muslos.
Mientras que en la pintura de Sakura con su vestido de fiesta, Sasuke dejó el fondo impreciso, simples manchas de pintura que sugerían sombras.
La ropa de cama era de color crema, el pelo de Sakura , los labios y areolas eran las únicas salpicaduras de vívido color. Esas y un botón amarillo en un delgado jarrón.
Sasuke pintaba rosas amarillas en todas las pinturas de Sakura. Firmó la pintura con su letra y la dejó secar al lado de la otra.
Mientras Bellamy enfundaba a Sasuke en un traje negro con el kilt Uchiha, Sasuke se preguntó si sería capaz de estar en la misma habitación con Sakura, sin formar una tienda de campaña con el tartán.
Él no había recibido una invitación a su velada musical, pero no tenía la intención de dejar que eso lo detuviera.
—Déjame entrar, Morton—, le dijo Sasuke al mayordomo de Sakura, al llegar a North Audley Street.
Morton había trabajado para Sasuke una vez hace tiempo, pero el mayordomo se había enamorado de sakura y de su habilidad para la administración del hogar. Incluso a la edad de dieciocho años, Sakura había reconocido que Sasuke no tenía idea de cómo llevar una casa llena de sirvientes y había comenzado a hacer cambios la mañana después de su llegada.
Sasuke le había entregado alegremente las riendas y le dijo que seguiera adelante con ello.
Cuando Sakura había dejado a Sasuke, Morton la había seguido.
Morton miró por debajo de su altiva nariz a Sasuke. Siendo un pie más bajo, Morton tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para hacerlo, pero lo consiguió.
—Su Señoría ha estipulado que el entretenimiento de esta noche es sólo con invitación, milord.
—Ya lo sé, Morton. Sin embargo, tenga en cuenta que yo pago su salario.
A Morton no le gustaba la vulgar mención del dinero. Su nariz se elevó aún más.
—Sólo con invitación, milord.
Sasuke le miró fijamente, pero Morton estaba hecho de una pasta dura. Se negó a moverse a un lado, a pesar de que sabía muy bien que Sasuke, simplemente podía cogerlo y transportarlo poniendolo fuera del camino si quería.
—No importa—, dijo Sasuke. —Digale a Su Señoría que mantiene a un buen perro guardian.
Se quitó el sombrero ante una mujer grande, con enormes plumas de avestruz en la cabeza, que estaba subiendo las escaleras para entrar en la casa. Sintió el placer de la mujer que acababa de presenciar cómo Morton echaba al indomable marido de Sakura.
Silbando una cancioncilla de music-hall, Sasuke se descolgó por los escalones de los ayudantes de cocina, bajó ruidosamente las escaleras y entró en la cocina por la puerta trasera.
El personal miró a través de la cortina de vapor que había en la cocina y se quedó inmóvil por la sorpresa.
La cocinera se detuvo en el acto de enfriar una fila de pastas de té y un trozo de hielo cayó de su cuchara.
La ayudante de cocina chilló y dejó caer un trapo grasiento al suelo de piedra.
Sasuke se quitó el sombrero y los guantes y se los entregó a un lacayo.
—Cuida de ellos por mí, Matthew, se un buen chico. ¿No le importará si le quito una torta de semillas, verdad señora Harper? No he tomado el té hoy. Gracias, es usted una buena mujer.
Y diciendo esto, Sasuke cogió un trozo de torta de semillas y se lo metió en la boca.
Hizo un guiño a la señora Harper quien una vez había sido la cocinera en Kilmorgan.
Ella se ruborizó como una colegiala y dijo: —Vaya con usted, Su Señoría. Yo estoy de su parte.
Sasuke se comió el pastel por el camino subiendo las escaleras y se chupó los dedos mientras se abría la puerta tapizada de verde en la parte superior.
Salió al pasillo casi cayendose encima de la mujer con las plumas de avestruz.
Sasuke se inclinó ante ella mientras esta le miraba con sus pálidos ojos, entonces él le indicó con un gesto, que le precediera hacia la sala.
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
