En casa de nuestro lord escocés y su lady han surgido las primeras señales de tensión. El susodicho caballero ha desaparecido. Se rumorea que es posible que se haya escapado a París unas semanas mientras la lady se entretiene con marquesas y actrices. Sin embargo, en la mansión todo parece transcurrir con normalidad, y explican la ausencia del Lord por su interés en pintar en Montmartre.

- Octubre, 1875

El único signo de exasperación por parte de Sakura cuando captó la

presencia de Sasuke fue una tensión alrededor de los ojos.

Pero Sakura había sido educada por una serie de institutrices y por la SelectaAcademia de Miss Pringle, para ser una anfitriona amable sin importarlos desastres que pudieran sobrevenir. Sakura continuó charlando con sus invitados, sin mirar ni una sola vezdirectamente a Sasuke.

Sasuke envidiaba a las damas y caballeros con los queella hablaba mientras se inclinaba hacia ellos con una sonrisa y unpequeño movimiento de la mano. A él siempre le había encantado ser el foco de su verde mirada, le encantaba ver fruncir sus labios mientras le escuchaba y pensaba en su siguiente respuesta.

Vestía de color burdeos esta noche, un vestido de satén que dejaba sus

hombros al descubierto y que ondulaba como el agua cuando se movía. Su pecho asomaba sobre el escote, invitando a su mirada y a la miradade todos los caballeros presentes.

Sasuke ahogó un gruñido. Él podría tener que empezar pronto a matar a la gente.

El salón estaba lleno hasta más del doble de lo habitual, las veladas de

Sakura siempre eran muy populares.

Sasuke saludó a numerosos miembros de la nobleza mayor y menor, embajadores y princesas extranjeras, a los viejos amigos y a simples conocidos.

Los artistas que Sakura presentaba siempre habían alcanzado el éxito.

Se había ganado una reputación de tener un excelente gusto, y aunque su familia no quería hablar con ella, el resto de la sociedad no había encontrado ninguna razón para rechazarla. Ni siquiera la separación de Sakura de su marido había enfadado más que a unos pocos.

Los Uchiha eran muy ricos, después de todo. Itachi era el segundo duque más importante del país, por detrás de los duques reales, y los más ambiciosos querían cultivar su apoyo y patrocinio. Si eso significaba que tenian que asistir a los salones y veladas musicales organizados por Sakura, su cuñada, pues lo hacían.

Sasuke nunca había entendido el gusto de Sakura por invitar a tantas

condenadas personas a la casa, pero tenía que admitir que nunca había

tratado de entender sus gustos o lo que la disgustaba. Simplemente la

había tratado como se bebía el buen vino, sin cuestionarla, dejando

simplemente que le llenara y le inspirara. Nunca se le habría ocurrido preguntarle al vino cómo se sentía.

No tuvo que darse la vuelta para saber que Sakura se había detenido a

su lado. Él reconocería su presencia aunque fuera ciego y sordo y estuviera en el medio de las arenas del desierto de Egipto.

—Qué raro—, dijo con su voz musical.

—No recuerdo que tu nombre

estuviera en mi lista de invitados.

Sasuke se volvió y se quedó sin aliento.

Sakura estaba a su lado como una

llama al rojo vivo.

Ella había enhebrado su pelo rosa con capullos de rosas de color amarillo, igual que lo había hecho en el baile de Lord de Abercrombie, y llevaba un collar de diamantes sobre su pecho.

Era la encarnación de la belleza, incluso cuando le brillaban los ojos de indignación.

—¿Por qué no iba a asistir a una de las famosas veladas musicales de mi

propia esposa?—, le preguntó.

—Porque nunca te he enviado una invitación. Me habría acordado. Las

escribo todas yo misma.

—No culpes a Morton. Él hizo todo lo posible para mantenerme fuera.

—¡Oh, yo sé exactamente quién tiene la culpa!.

Sasuke se encogió de hombros, tratando de parecer descuidado.

No importaba que sus manos sudaran y que estuviera en peligro de dejar

caer el vaso de agua que de mala gana Morton le había traído.

—Ahora que estoy aquí, bien podría serte útil. ¿A quién te gustaría que

yo agasajara?

Las líneas de tensión alrededor de los ojos de Sakura se marcaron aún más, pero nunca haría una escena. No en público. Su educación había sido demasiado estricta para dejarse llevar por los impulsos.

—A la princesa de Brandenburgo y a su marido. Ellos no tienen mucha riqueza, pero están de moda y tienen una gran influencia social. Escocia, les fascina. Y como estás usando tu kilt, puedes utilizar tu encanto de las Highlands al completo.

—Como quieras, mi amor. Me prepararé para ser muy escocés.

Sakura puso los dedos en su brazo y sonrió, y los latidos del corazón de

Sasuke se elevaron a niveles peligrosos.

Se dijo que la sonrisa no era para él, ella era consciente de que se habían convertido en el centro de atención del salón y quería hacer un buen espectáculo de la misma.

Ella sonreiría hasta que sus labios se

quedaran rígidos antes de dejar que la gente pudiera pensar que habían

presenciado una entretenida discusión entre Sasuke Uchiha y su

enemistada esposa.

—No te excedas, Sasuke—, le dijo. —Esta es la noche de la señora Monroe, y no quiero quitarle de ser el centro de atención.

—La señora ¿Quién?

—La soprano. El nombre que habrías sabido si hubieras recibido una

invitación.

—Cariño, yo he venido aquí por una razón esta noche... que no es volverte loca, por supuesto. He venido a decirte que no he permanecido inactivo en el asunto del falsificador.

La sonrisa de Sakura se hizo más auténtica.

La mirada de Sasuke se trasladó a la curvatura de su hombro derecho, sobre el que reposaba un rizo, y luchó contra la tentación de inclinarse y

apresar el mechón rosa entre los labios.

—¿De verdad?—, preguntó. —¿Qué progresos has hecho?

—Hablé con el Inspector Inuzuka. Le expuse cual era el problema y que quería que guardara silencio sobre el asunto. No he realizado ninguna

denuncia oficial, asi que no habrá ninguna investigación oficial.

—Ya veo—. Sakura parecía escéptica, y su atención vagó hacia un grupo de personas que se habían reunido en torno a la soprano que tenia un aspecto nervioso.

—Me imaginé que estarías contenta de que me estuviera tomando en

serio el problema.

Ella vio a través de él, como de costumbre. —No te lo estás tomando enserio. Se lo estás pasando a Inuzuka, al mismo tiempo que le adviertes de que no quieres que yo ande alrededor ni que haga preguntas.

—Estos hombres de Scotland Yard tiene una habilidad increíble para

sonsacar información. Ya lo sabes.

—Y tu tienes una habilidad increíble para no hacer las cosas que no te

interesan—. Sakura se dio la vuelta. —¿No ibas a escoltar a la princesa

a su asiento? Estamos a punto de comenzar.

Cuando ella se alejaba, los dedos de Sasuke se deslizaron por la tela suave de su vestido, anhelando con todo su cuerpo el tacto de la cálida mujer

que había bajo el raso.

La señora Monroe cantó en una habitación en silencio, para una

audiencia embelesada, que explotó en aplausos y gritos de —"¡Bravo!",

cuando terminó.

Sakura vio que incluso Sasuke estaba en trance, su habitual expresión

sardónica reemplazada por otra de admiración.

Oh, ¿por qué no podía mantener los ojos lejos de ese maldito hombre?

Ella no se creyó ni por un minuto su explicación simplista de que había

ido a informarla de haber hablado con el detective.

Una nota informándole del asunto habría sido suficiente. No, Sasuke había venido para atormentarla, para demostrarle que podría cerrarle las puertas de su vida sólo cuando él decidiera dejarla. Se había demostrado que incluso su fiel mayordomo no podía impedir que entrara en la casa.

Cuando el concierto de la señora Monroe terminó, y el público la

ovacionó. La joven soprano sabía que desde este momento sería un éxito absoluto.

Sakura la dejó con sus admiradores y miró de refilón el asiento que Sasuke había ocupado.

Había desaparecido.Maldición. Saber que Sasuke estaba en la casa, pero sin saber dónde, era como tener una avispa suelta en el lugar. Debía echarle el ojo antes de que alguno de los sirvientes pudiera llegar a encontrarlo en algun lugar comprometido.

—Tienes un don poco común para descubrir el talento, Sakura.

Sakura apartó su mirada de la multitud y se centró con dificultad sobre Ainsley Douglas, una antigua compañera de la Academia de Miss Pringle.

Ainsley todavía vestía de negro guardando luto por su marido que habia muerto hacía ya cinco años, pero la belleza de su pelo rubio, de sus rosadas mejillas y de sus ojos grises no se habían atenuado desde sus días de estudiantes.

—Creo que ella va a hacerlo bien—, respondió Sakura distraídamente,

todavía buscando a Sasuke.

—Habia pensado que te gustaría saber que ayer hablé con tu madre en Burlington Arcade

Sakura concentró su atención en ella.

Ainsley la miró con una expresión

neutra, consciente de que demasiadas personas se encontraban cerca,

pero desde luego Ainsley siempre había sido excelente en el disimulo.

Siempre que la cocinera de Miss Pringle había exigido saber quién había asaltado la despensa la noche anterior, nadie podía parecer más

inocente y sorprendida que Ainsley.

En la actualidad era una de las

damas de compañía de la Reina Victoria, pero sus ojos aún brillaban

haciendo alusión a la marimacho traviesa que había sido en el colegio.

—¿Con mi madre?—, preguntó Sakura, tratando de mantener la voz

firme y baja.

—Sí. Y con tu hermana, Louisa.

Los ojos grises de Ainsley estaban llenos de simpatía, y Sakura se tragó

un nudo en la garganta.

No había vuelto a ver o a hablar con su madre y su hermana menor desde la noche de su baile de presentación y la fuga posterior.

Durante más de seis largos años, su padre le había prohibido toda comunicación con la familia, incluso después de que hubiera dejado de vivir con Sasuke.

—¿Cómo están?— Logró decir.

—Muy bien—, dijo Ainsley. —Están esperando la presentación de Louisa

en sociedad para la primavera.

Un dolor le atravesaba el corazón.

—Sí, había oído que Louisa estaba a punto de ser presentada. Tiene ya

diecisiete años, es edad suficiente.

—Dieciocho años, fue lo que dijo tu madre.

El aliento de Sakura quedó atrapado en un sollozo. Dieciocho ya.

Sakura había perdido la cuenta, lo que le dolía aún más. Recordaba con claridad la tarde fatídica de su puesta de largo.

Louisa la había ayudado a vestirse, mientras soñaba con lo que haría en su propio baile de presentación. Había llorado, porque era demasiado joven para asistir al baile de Sakura.

Ahora sería Louisa la chica vestida de blanco, con perlas alrededor de su

garganta. La que los caballeros someterían a su escrutinio, para decidir su valía como futura novia.

—Estoy segura de que va a ser todo un éxito, Sakura—, dijo Ainsley. —Louisa es tan hermosa.

En un impulso, Sakura aferró las manos de Ainsley.

No tenía ni idea de cómo hacerlo sin parecer desesperada, así que respiró profundamente y le dijo con sencillez:

—¿Cuando veas a Louisa de nuevo, le dirás por favor, que estoy muy orgullosa de ella? Sin que mi madre lo escuche, por supuesto.

Ainsley sonrió. —Por supuesto que lo haré—. Apretó las manos de

Sakura a su vez. —Y te traeré cualquier mensaje que desee enviarte. Tu mamá no tiene por qué saber nada.

Sakura dejó escapar un suspiro. —Gracias, Ainsley. Siempre tuviste

buen corazón.

—¿A pesar de lo que decían las demás?— La sonrisa de Ainsley se volvió pícara, y ella trazó con sus dedos sobre la palma de Sakura un patrón complicado que se habían inventado en la Academia.

Sakura se echó a reír. —Las chicas de la señorita Pringle son siempre leales—, dijo Ainsley.

Las dos compartieron otra risa, y Ainsley fluyó de nuevo entre la

multitud hacia el lugar donde su hermano y su esposa permanecían con la multitud de admiradores de la señora Monroe.

De repente Sakura no podía soportar la aglomeración, ya no.

Corrió hacia la puerta trasera de la sala y se introdujo en las sombras del

pasillo de servicio.

Ella había ordenado que las luces se apagaran allí y en la escalera superior, para disuadir a los invitados de deambular a su antojo por la casa.

El silencio que había aquí la fue calmando, y soltó un suspiro de alivio.

Un movimiento llamó su atención en la parte superior de las escaleras,

seguido de una bocanada de humo de cigarro.

Sakura apretó los labios, se recogió sus faldas, y subió las escaleras.

Desde abajo vio que en el descansillo había un hombre recostado contra

la barandilla de hierro, pero a medida que se acercaba, se dio cuenta de

que eran dos las figuras que estaban allí. Los dos extremos de los puros

brillaban en la oscuridad, iluminando no sólo a Sasuke, sino también a su

sobrino alto y delgado, Daniel.

Las faldas de Sakura se agitaron con un frufrú cuando las soltó. —¡Dios

mío, Daniel!, ¿de dónde has salido? ¿Qué estás haciendo en Londres?

—Yo le hice la misma pregunta—, dijo Sasuke, su voz engañosamente suave.

—¿Antes o después de que le dieras el cigarro?

Sasuke levantó las manos. —No soy el culpable. Él me dio el cigarro a mi.

Sakura no le hizo caso.

—Daniel, se supone que deberías estar con el profesor que Naruto te

buscó, poniéndote al día con los estudios.

—Lo sé, pero no podía soportarlo más.

De todos los Uchihas, Daniel era el que tenía menos acento escocés debido a los colegios ingleses a

los que había asistido.

—Ese hombre es tonto, y es malditamente injusto que yo este preso en Cambridge, mientras que papá está en St. Leger

—Tu papá está aquí en Londres—, dijo Sakura.

Le dio una calada furiosa al cigarro.

—Lo sé. Tío Sasuke me lo acaba de

decir. ¿Por qué está aquí? No es normal que esté en Londres cuando las carreras están a punto de comenzar.

Sakura frunció el ceño ante el puro.

—Eres demasiado joven para eso

—Tengo quince años. Además, papá me los da. Dice que tengo que

aprender los malos hábitos de los caballeros de inmediato para no

parecer un mojigato cuando sea mayor.

—Tal vez el Tío Sasuke debería tener unas palabras con tu papá.

Sasuke retrocedió en señal de rendición, el cigarro sostenido entre dos dedos. —Os aseguro que el tío Sasuke prefiere ir al infierno antes que meterse en los asuntos de Naruto. Si mi hermano quiere malcriar a su

hijo, ¿quién soy yo para impedirlo?

—¡Pero si no está malcriándome!—, protestó Daniel. —Me mantiene

prisionero con un anciano que apenas puede hablar y que me hace leer

aburridos libros en latín durante todo el día. No es justo. Papa sigue siendo tan malo como cuando era un muchacho. Todavía hablan de sus

hazañas en Harrow. ¿Por qué no puedo ser como él?

—Tal vez Naruto se ha dado cuenta de que ser malo no es lo mejor—, dijo Sakura.

Daniel soltó un bufido. —No es muy probable. Sigue siendo igual de malo, y ahora no hay nadie para detenerlo—. Su mirada se volvió suplicante. —¿Puedo quedarme aquí contigo, tía? ¿Por favor? Sólo hasta las carreras Si me quedo con el tío Sasuke, papá me encontrará enseguida y me dará una paliza. No le dirás nada sobre mí, ¿verdad?

A pesar de que se la esperaba, la súplica de Daniel le tocó el corazón.

Naruto no dedicaba demasiado tiempo al muchacho que pasaba el

tiempo entre la escuela y las casas de sus hermanos Uchiha, no siempre tenía tiempo para su hijo.

Daniel era un joven solitario. Pero

eso no quería decir que a Daniel debiera permitírsele volar por libre, y Sakura no le debía consentir desobedecer a su padre.

—Debo negarme.

—Está bien—, dijo Daniel alegremente. —Si me rechazáis, siempre puedo dormir en la cuneta, o en un burdel.

Sasuke rió entre dientes, y Sakura le lanzó una mirada de advertencia.

—Vas a dormir en el cuarto que hay en la parte superior de estas escaleras—, dijo con severidad. —Ve hacia arriba, y le diré a uno de los

lacayos que te prepare la cama—. Como Daniel comenzó un baile de

alegría, ella continuó. —Sólo hasta que nos vayamos a Doncaster, donde

te entregaré a tu padre. Y sólo si te portas bien. Cualquier travesura, y

te enviaré con él de inmediato.

—Voy a ser buenísimo, tía. No me importa si papá me encierra después

con los monjes, siempre y cuando pueda asistir al St. Leger.

—Y nada de puros.

Daniel se sacó el cigarro de la boca y lo dejó caer en un cuenco de porcelana antiguo que había en una mesita auxiliar.

—Oye, tía Sakura, ¿puede venir una linda doncella a hacer mi cama en

lugar de un lacayo?

—No—, dijo Sasuke al mismo tiempo que Sakura.

Sakura continuó: —Voy a dar mis criadas permiso para que te den una

bofetada si las molestas. Ellas trabajan muy duro para que las andes molestando.

—Ough, sólo bromeaba—. Daniel tomó las manos de Sakura y la besó

en la mejilla. —Buenas noches, tía. Tú eres mi tía favorita, ya lo sabes

—Te he oído decirle lo mismo a Ino no hace ni una semana.

—Ella también lo es—, Daniel se rió mientras subía de dos en dos las

escaleras hacia el dormitorio en la parte superior.

Cerró la puerta detrás de él con tanta fuerza que hasta la escalera tembló.

Sakura dejó escapar un suspiro. —Se vuelve más salvaje cada año que

pasa.

Sasuke sacó el cigarro de Daniel del cuenco antiguo que no tenia precio y

puso los dos cigarros juntos en el borde de la mesa, colocados de modo

que no se quemara la madera. —Eres muy buena con el chico.

—Soy demasiado blanda con él. Necesita una mano firme.

—Necesita una mano amable también—, señaló Sasuke.

—Recuerdo la mañana después de que te casaste conmigo, Daniel

apareció en nuestra casa de Mount Street y me confundió con una de

tus modelos.

—Sí, me acuerdo de haberle tirado de las orejas por su impertinencia.

—Pobrecito. Él no lo sabía—. Sakura se dirigió a la barandilla, observando a sus invitados hablando y riendo, preguntándose por qué no quería volver con ellos. —Tenía sólo nueve años, y buscaba refugio debido a que de nuevo había sido enviado a casa desde la escuela y tenía miedo de decírselo a Naruto.

—Ahórrate tu simpatía. El pobrecito, como tu le llamas, me metió un ratón en el abrigo para vengarse de mí por el tirón de orejas.

—A veces pienso que tal vez ninguno de vosotros ha crecido todavía.

—Oh, lo hicimos, claro que si.

Las manos de Sasuke rodearon la cintura de Sakura. Su calor se extendió por su espalda, cuando se inclinó sobre ella, y sus labios le quemaron la curva de su cuello.

Esta historia no me pertenece, es una adaptación al Sasusaku

La autora del libro es Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto