La más espléndida velada ofrecida por la dueña de Mount Street se vio deslucida por la ausencia del dueño. Milady aseguró a los invitados que milord sólo se retrasaría un poco, pero a la mañana siguiente se supo que había partido con destino a Roma. ¿Quizá se equivocó de camino?
Febrero, 1876
Sakura cerró los ojos, agarrándose a la barandilla hasta que sus dedos le dolieron.
—Debería irme abajo.
Los dientes de Sasuke le rozaron la piel.
—Ellos se divierten por su cuenta. Tu tarea ha terminado.
Estaba en lo cierto. La multitud tenía un nuevo centro de atención; la soprano. La misión de Sakura había sido descubrir el talento de la cantante, y ya lo había hecho.
Ella era la directora de escena, y ahora podría retirarse tranquilamente.
Una excelente excusa para quedarse.
Cuando las manos de Sasuke se deslizaron a lo largo del satén de su corpiño, los pensamientos de Sakura fueron de nuevo a través de los años, a la noche, en la que ella y Sasuke ofrecieron su primera gran velada en su casa de Mount Street.
Entonces habían estado de pie, tal como estaban ahora, en el rellano, mientras que sus invitados iban llegando, deseosos de ver el efecto que el matrimonio de Sasuke había tenido en su residencia de soltero.
Sakura se había sentido salvaje, atrevida y temeraria. Toda esa gente, muchos de ellos muy respetables miembros de la sociedad, no tenían ni idea de que permanecía en las sombras por encima de ellos, dejando que su libertino marido le diera mordisquitos de amor en el cuello.
—Todavía llevas rosas amarillas para mí—, dijo contra su piel.
—No necesariamente para ti—, respondió ella con voz débil. —Los pelirosas no podemos usar las de color rosa.
—Tu puedes usar lo que quieras y al diablo con tus detractores.— Sasuke le mordió el lóbulo de la oreja, su pendiente se coló dentro de su boca.
Sería fácil caer con él. Fácil dejarle que la tocara hasta que se olvidara del dolor y de la tristeza, de la desesperación y de la ira, y de su ardiente soledad.
Lo había hecho antes. Le había sonreído y le había dado la bienvenida de nuevo después de cada una de sus desapariciones, y todo volvía a ser como la luz del sol entre ellos de nuevo. Más que luz de sol, había sido tal la felicidad, que las palabras no podían expresarla, una extensión de alegría que la ataba de tal manera hasta que pensaba que no se podría desatar.
Entonces todo volvía a empezar.
La atención casi obsesiva de Sasuke daba paso a la irritación, deteriorando los ánimos por ambas partes.
Sus disputas podían empezar poco a poco y luego derivar en peleas formidables.
Después venia más daño y más dolor, Sasuke se refugiába en la embriaguez y el comportamiento salvaje hasta que Sakura se despertaba un día para encontrarse que se había ido de nuevo.
Sasuke le dio un beso detrás de la oreja, y el recuerdo de los malos tiempos se disolvió en las puras sensaciones. Su boca estaba caliente, su inteligente lengua tocaba aquellos lugares que sabía que la excitarían.
Por debajo de ellos, los invitados charlaban y hablaban, sin darse cuenta de las dos personas en las sombras que estaban sobre sus cabezas.
Sasuke movió su mano hacia su escote, deslizando los dedos dentro del corpiño.
Sakura se apoyó en él, dejándole sostener su peso en sus brazos mientras sus dedos duros jugaban con su pecho.
Ella giró la cabeza, y Sasuke capturó los labios con los suyos.
Sasuke había enseñado a besar a Sakura, tomándose su tiempo y mostrándole todas las técnicas.
Había comenzado las lecciones en la terraza de su padre, continuando en el carruaje de camino a la casa del obispo. Más aún en el camino de regreso a su propia casa, mientras que su anillo, que le había deslizado a ella en el dedo durante la ceremonia improvisada, había pesado mucho en su mano.
Él la había subido en brazos por las escaleras hasta su dormitorio y después le enseñó que todas sus ideas preconcebidas de lo que marido y mujer hacían en la cama eran erróneas.
No permaneció tumbada y en calma, mientras su marido tomaba su placer con su cuerpo, como era su "deber". No rezó para que acabara pronto. No hubo dolor, ni miedo.
Sasuke la había tocado, como si se tratara de una exquisita obra de arte, el aprendiéndose su cuerpo, mientras la animaba a estudiar el de él.
Había sido tan increíblemente amable y cariñoso, y, al mismo tiempo, malvado. Él la molestaba, y la hacía ruborizarse, la enseñó sus palabras traviesas, y la dejó que explorara los planos duros de su interesante cuerpo.
Él tomó su virginidad lentamente, sin apresurarse, sin hacerle daño.
Él había usado aceites que le permitieron deslizarse suavemente dentro de ella, facilitándole que a pesar de su estrechez pudiera acogerle sin dolor. Además había hecho otras cosas con el aceite, utilizándolo para deslizar las manos sobre su piel, y enseñándole cómo utilizarlo sobre el cuerpo de él para llevarlo a la excitación.
Le había enseñado que podía encontrar un placer exquisito con ella, incluso cuando no entrara dentro de ella, y luego Sasuke demostró que podía dar a Sakura la misma clase de placer a su vez.
Sakura se había enamorado por su ternura así como por su fuerza, por su alegría, así como la forma en que sus sonrisas morían justo antes de llegar a su punto culminante. Ella había adorado la risa de Sasuke, sus gruñidos, e incluso su irritación, que podía convertirse en risa de nuevo en un instante.
La mirada de Sakura, se desvió hacia la puerta de su habitación, a menos de cinco metros de donde estaban.
Debajo de ella, la gente hablaba y se reía, sin darse cuenta, mientras la lengua de Sasuke atrapaba y enredaba la suya.
Ella ansiaba a Sasuke con todo lo que era. Y el dormitorio estaba tan cerca.
Sasuke rompió el beso y dio un paso atrás, quitándole su maravillosa calidez.
–No—, dijo. Él soltó un tembloroso suspiro. —Yo no quiero esto.
Sakura parpadeó, el frío repentino en su piel fue como una bofetada.
—Por supuesto que quieres esto. ¿Quieres que te bese o que te patee el culo enviándote lejos? Por favor, se consecuente.
Sasuke se pasó una mano por el pelo, sus ojos brillaban en la oscuridad.
—Lo que quiero es todo. Me niego a tomar las migajas.
Sakura negó con la cabeza
—No puedo dártelo todo. Ahora no.
—Sé que no puedes. Pero entiende esto, quiero llevarte a la cama y que te despiertes conmigo, sin vergüenza, sin remordimientos, sin echarme antes de que alguien nos descubra. Quiero tu confianza, entera y absoluta. Voy a seguir luchando hasta que la consiga.
La confusión hizo que su voz sonara aguda.
—Y ¿qué seguridad tengo de que no me harás delirantemente feliz y luego me apartaras otra vez? Como hiciste cada vez que te ibas y aparecías de nuevo semanas más tarde, esperando el perdón—. Sasuke se acercó a ella de nuevo, tomándole la cara entre sus manos.
—Yo sé lo que te hice. Y me he castigado a mí mismo una y otra vez por ello, créeme. Si te hace sentir mejor, los meses después de que dejara de beber fueron el infierno en la tierra. Quería morir, y probablemente habría expirado si no hubiera sido por Bellamy .
—Eso no me hace sentir mejor—, dijo, angustiada. —No me gusta pensar en ti de esa manera.
—No te preocupes, aprendí a beber té en vez de whisky. Me he vuelto bastante obsesivo del té, de hecho. Bellamy encuentra y elabora las mejores mezclas exóticas. Es un maestro—. Sasuke trazó su pómulo con el pulgar dejando un rastro de calidez. —Pero te diré lo que hace que me sienta mejor. Que en los años que hemos estado separados ninguno de nosotros se ha vuelto hacia otra persona para que nos reconfortara. "Eso me dice mucho".
—"Me dice que estoy demasiado escarmentada para volver a confiar en un hombre con el corazón nunca más."
Él le dedicó su sonrisa que quitaba el aliento, y ella se encogió.
Sasuke siempre se las arreglaba para ganar la última mano, cómo lo hacía, ella no lo sabía.
Sí, lo sabía: Sasuke Uchiha era un maestro en el arte de la seducción.
—Esto me dice que todavía tengo una oportunidad—, dijo. —Un día vas a pedirme que me quede, Sakura. Algún día. Y yo estaré allí para ti. Te lo prometo.
Sasuke la soltó, y Sakura cruzó los brazos sobre el pecho.
—No. No quiero volver a verte. No vuelvas a venir a mi casa. No es justo.
Él se echó a reír. —No estoy interesado en ser justo. Estoy luchando por nuestro matrimonio y nuestra vida. Ser justo no forma parte de esto—. Sasuke le tomó la mejilla de nuevo. —Pero esta noche, te voy a dejar con sus invitados y no voy a escandalizarte.
Sakura soltó el aliento , claramente sin estar satisfecha por cómo se había desarrollado todo. –Gracias.
—Será mejor que volvamos a bajar antes de que alguien se de cuenta de que los dos hemos desaparecido. Las especulaciones correrían como la pólvora. A Londres le gusta hablar
—. Sasuke le ajustó el borde de su escote que se había descolocado, y el roce de sus dedos envío llamaradas a través de su piel.
Él le tocó los labios de nuevo, sus ojos llenos de calor, pero le dio la vuelta y dejó que lo precediera por las escaleras.
Cuando llegó abajo, los invitados que estaban en el recibidor la rodearon, y Sakura tuvo que girarse y saludarles.
Ella vio a Sasuke por el rabillo del ojo bajar las escaleras y atravesar la multitud, hablando, sonriendo, estrechando manos, como si todavía fuera el dueño de la casa. Oyó su risa, y luego fue obligada a entrar al salón, y Sasuke se perdió de vista.
Cuando ella salió mucho más tarde, para despedir a sus invitados, Sasuke se había ido.
•••
Las primeras horas de la mañana, encontraron de vuelta a Sasuke en su estudio.
Había cedido a la mirada molesta de Bellamy y se había despojado de su traje de etiqueta reemplazándolo por su kilt de nuevo.
Ató su pañuelo rojo de gitano encima de su cabeza y empezó a amontonar los colores en su paleta.
Pintar era lo único que aliviaba su anhelo por Sakura. No, aliviar era demasiado suave. Mantenerlo a raya durante unos breves instantes era una mejor descripción.
La pintura que había hecho de ella durmiendo en su lado de la cama todavía estaba húmeda, y Sasuke la puso cuidadosamente en un estante que se extendía entre dos mesas para que se secara, antes de apoyar otro lienzo en el caballete.
Para éste comenzó con carbón vegetal, destacando la imagen que vino a él con claridad cristalina.
Sakura estaba desnuda, en éste también. Estaba sentada con las piernas estiradas frente a ella, con las rodillas ligeramente dobladas. Apoyaba los codos en las rodillas, haciendo que su espalda fuera una larga y desnuda curva.
Su pelo oscurecía parcialmente su rostro y caía en riachuelos rosas sobre su piel.
Sasuke mantuvo los colores completamente pálidos para esta otra: blancos, amarillos y marrones claros, incluso aunque su pelo fuera más claro que rojo, como si estuviera sentada en la sombra.
Sasuke amorosamente acariciaba la pintura trazando sus largas piernas, sus brazos, a lo largo de su espalda. Los rizos dispersos sobre sus hombros, ocultando todo menos la curva firme del pecho.
Ella estaba contemplando algo en el suelo junto a ella, y Sasuke lo pintó, era una rosa de color amarillo a medio abrir.
Estaba sudando para cuando terminó, aunque la habitación estaba fría. Sasuke dio un paso atrás, respirando con dificultad, y estudió lo que había creado.
La pintura tenia vida, las líneas simples del cuerpo de Sakura exudaban belleza, serenidad y sensualidad.
Besarla esta noche, sintiendo su piel bajo los dedos, respirando su calor, habían incrementado los deseos de Sasuke, hasta que pensó que moriría.
La había visto mirar hacia puerta que estaba cerca de ellos en el rellano, y había adivinado que su habitación estaba detrás de ella. Había hecho todo lo que había podido para evitar tomarla en sus brazos y correr dentro con ella, lanzarla sobre la cama y arrancarle ese hermoso vestido de satén.
Él había hecho una cosa así antes, y en esos tiempos, ella se había entregado a él sonriendo.
Sasuke mojó un pincel en la pintura de color marrón oscuro y garabateó "Uchiha" en la parte inferior.
Perseguir a Sakura a Londres de pronto parecía una tontería, la forma en la que Sasuke estaba seguro de que perdería el resto de su cordura.
Arrojó el pincel sobre la mesa justo cuando percibió por primera vez el fuerte olor del fuego.
Sasuke abrió la puerta del estudio para ver una nube de humo negro que salía de la puerta de enfrente.
Agarrando una lona pesada, se apresuró a cruzar el rellano y abrió la puerta.
Lo que vio fue una cueva en llamas.
El fuego se extendía desde un montón de muebles rotos en el centro de la habitación, devorando el suelo de madera seca y la pila de cortinas descartadas de la última redecoración que Sakura había hecho.
Las llamas habían alcanzado ya al resto de los muebles, un pesado aparador con cajones, una vieja silla, una cuna.
Sasuke se precipitó en el interior. Supo que era inútil cuando desplegó la lona y empezó a golpear el fuego. Había tardado demasiado en darse cuenta, había estado demasiado absorto en su pintura, y ahora las llamas estaban fuera de control.
—¡Milord!
Al grito de Bellamy, Sasuke salió, cerrando la puerta, y abriendo bruscamente la puerta de la habitación de al lado, en la que las dos criadas dormían.
—¡Arriba!— las rugió Sasuke. —Levántaos y salid. ¡Daos prisa!
Las dos chicas gritaron, primero por ser despertadas con ese sobresalto por el dueño de la casa que no llevaba encima nada más que un kilt, y de nuevo cuando vieron el humo.
Sasuke las dejó en ello y volvió corriendo a su estudio.
Cada palabrota que alguna vez había aprendido brotó de su boca, mientras recogía los tres cuadros que había terminado.
Los apiló con cuidado, utilizando la rejilla de secado que había diseñado para separarlos. Podría haber alguna mancha, pero esperaba poder reparar el daño.
Envolvió todo el paquete en una sábana y lo sacó a tiempo de correr hacia Bellamy que estaba subiendo las escaleras.
El recibidor estaba lleno de humo, el fuego había consumido la puerta del ático.
Sasuke tosió y Bellamy dijo frenéticamente, —Mary y Sal no han bajado todavía.
Sasuke empujó los lienzos envueltos hacia él. —Sácalos fuera. Voy a buscar a Mary y a Sal.
—No, milord. Usted venga abajo. ¡Ahora!
—Bellamy, esos lienzos son toda mi vida. Debe protegerlos con la suya. ¡Váyase!.
Soltó las pinturas para que Bellamy pudiera cogerlas.
Dando a Sasuke una mirada desesperada, Bellamy descendió las escaleras del ático, el paquete envuelto en la sábana apretado en sus grandes manos.
Sasuke empujó la puerta de la habitación de las criadas de nuevo.
El muro entre su cama y el ático estaba en llamas, el humo era espeso. Tanto Sal como Mary estaban en el suelo, Sal tosía, ambas se habían demorado por tratar de vestirse.
Sasuke agarró a Sal alrededor de la cintura.
—Vamos. Vete .
—Mary—, sollozó Sal.
Mary yacía inmóvil en el suelo.
Sasuke se agachó y la levantó por encima del hombro, al mismo tiempo que empujaba a Sal hacia el pasillo por delante de él.
El suelo estaba bañado en llamas.
Sasuke oyó un crujido y un gemido, mientras las escaleras de los pisos inferiores del edificio cedían.
Sal gritó con toda la fuerza de sus pulmones: —Estamos atrapados. Estamos atrapados.
—¡Milord!— Bellamy se encontraba justo debajo, mirando hacia arriba con angustia.
—¡Maldito seas, Bellamy! Saca esas pinturas fuera. Vamos a escapar por el tejado.
Sasuke empujó a Sal dentro de su estudio y cerró la puerta al humo. En cuestión de segundos, el fuego alcanzaría esta habitación, una habitación llena hasta arriba con pinturas, aceite de trementina, y otras cosas a las que les gustaba estallar.
Arrastró su mesa hasta la mitad de la habitación, saltó sobre ella, y abrió la claraboya.
Agarró a Sal en primer lugar, impulsándola hacia arriba a través de la abertura. Sal con valentía se agarró a las pizarras del techo y se impulsó, apoyando un pie en el hombro de Sasuke para ayudarse.
Sasuke bajó de un salto y levantó a Mary, que estaba empezando a volver en si ahora que se encontraba lejos del humo. Sus ojos se abrieron y se quedó sin aliento mirándole con terror.
Sasuke le dedicó una sonrisa alentadora.
—No hay tiempo para gritar, querida. Tienes que subir.
Sal se agachó y ayudó a Sasuke a pasar a Mary a través de la abertura, Sal tiró de la chica hacia arriba y hacia el tejado.
Sasuke dio un salto, agarró el umbral, y se deslizó a través de la claraboya al tiempo que el fuego estallaba en el estudio.
—¿Qué hacemos ahora?—, Se lamentó Sal. —Estamos tan alto.
—Tenemos que salir de aquí antes de que el fuego alcance todas mis pinturas. Adelante.
Mary empezó a llorar, mirando a través de los tejados con puro terror.
Sal era un poco más resistentes, en silencio cogió la mano que le ofrecía Sasuke en un apretón desesperado.
Las dos chicas se aferraron a él, pero le permitieron arrastrarlas al otro lado de la cubierta inclinada, a la azotea de la casa de al lado.
La casa estaba actualmente vacía, Sasuke sabía que la familia estaba en el campo. La claraboya estaba cerrada con seguro, y no cedía a los tirones de Sasuke.
Se quitó el pañuelo gitano de su cabeza, lo envolvió alrededor de su puño y golpeó a través del cristal.
El cristal era grueso, y le llevó varios intentos. Se cortó la mano de mala manera, pero al final consiguió pasar a través del agujero que había hecho y quitar el seguro.
El ático estaba frío, falto de aire, libre de humo, olía bien para Sasuke mientras entraba en el.
Extendió la mano para coger primero a Mary y a continuación a Sal, mientras se deslizaban detrás de él.
Llevó a las dos criadas fuera de la habitación del ático y bajaron las largas escaleras hasta la puerta principal.
Las dos chicas lloraban de alivio cuando Sasuke quitó el cerrojo y abrió la puerta.
La gente había salido de las casas cercanas, los vecinos y sus sirvientes, ya formaban una cadena de cubos. Sasuke se unió a ellos hasta que el tañido de las campanas anunció la llegada de los bomberos con sus bombas de agua y sus mangueras.
La maquinaria no podría salvar la casa de Sasuke, pero podría evitar que el fuego se propagase por la calle.
Sasuke frunció el ceño ante un desprovisto Bellamy, que vino corriendo hacia él.
—¿Dónde diablos están mis pinturas?
—En su carruaje, milord. Conseguí sacarlo y a los caballos fuera de las caballerizas.
Algo dentro de Sasuke se aflojó.
—Creo que necesita un aumento de salario, Bellamy. No se le habrá ocurrido traerme una de mis camisas fuera, ¿verdad?
—En el coche, milord. Un juego completo de ropa.
Sasuke dio una palmadita en el hombro fornido de Bellamy.
—Eres una maravilla de hombre. No es de extrañar que ganes todos tus partidos.
—La preparación, milord.— Bellamy miró arriba hacia la casa y al humo por encima de ella, la calle llena de gente, los bomberos rociando las paredes con agua. —¿Qué hacemos ahora, milord?
Sasuke se echó a reír, lo que terminó con una tos.
—Subiremos al coche que con tan acertadamente has preparado y encontraremos otro lugar para pasar la noche. Creo que sé exactamente a dónde ir.
•••
Sakura se inclinó sobre el recibidor en el que Sasuke la había besado no hacía ni seis horas y cerró su bata sobre su cuerpo frío.
—Morton, ¿qué diablos está pasando?— El murmullo de las voces de abajo no cesaba, y Morton no respondía.
Sakura corrió bajando por las escaleras, deteniéndose con asombro antes de llegar abajo.
Todo el personal de la casa de Sasuke. Bellamy, el cocinero, los lacayos, y dos doncellas se iba arrastrando hacia las escaleras de atrás, todos hablando con entusiasmo a Morton y a otros miembros del personal de Sakura.
—Deberíais haberlo visto, Sr. Morton,— La criada llamada Mary dijo. —Milord era como el héroe en una de las historias de las revistas, llevándonos fuera y a través de los tejados y todo. "Me gustaría desmayarme".
Sakura hizo bocina con las manos alrededor de su boca. —¡Morton!
Sasuke salió desde el comedor lentamente como si estuviera dando un paseo, arrogante hasta decir basta, y sonrió hacia ella.
Su camisa estaba abierta hasta la cintura, su kilt salpicado de marcas de quemadura, con la cara manchada de hollín, y con el pelo negro parcialmente chamuscado.
—Ruego me perdone, milady—, dijo con un exagerado acento cockney. —Pero, ¿podría usted ver la manera de darnos alojamiento a mí y a esta banda de gitanos?
La historia no me pertenece es una adaptación
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
