Mount Street es una vez el centro del entretenimiento desde que la lady de pelo rosa celebró un baile al final de la temporada que duró un día y una noche. El Lord y la Lady se mostraron muy afectuosos. Sus invitados eran brillantes personajes, incluyendo al hermano mayor del Lord, el duque de más alto rango. Mientras tanto el padre de la lady, un par temible, pasa sus días dando conferencias sobre la templanza y la modestia

Junio, 1876

Sakura se quedó en las escaleras en estado de shock.

—Sasuke, ¿qué demonios ha pasado?

La amplia sonrisa de Sasuke se mantuvo en su lugar mientras la miraba, pero sus ojos rebosaban de ira.

En el vestíbulo, Morton reunió al grupo balbuceante de sirvientes, incluyendo a Daniel, y les condujo hacia las escaleras de servicio.

Cuando la puerta se cerró tras ellos, el ruido se redujo a la mitad.

—Alguien prendió fuego a mi ático—, dijo Sasuke. —Los bomberos lograron sofocar el incendio antes de que destruyera toda la casa, pero los pisos superiores están arruinados.

Los ojos de Sakura se abrieron como platos. —¿Tu estudio?

—Si. O al menos eso creo. Los muchachos de la brigada de bomberos no me dejaron volver a entrar a echar un vistazo.

—¿Está todo quemado en el ático?— Un pequeño dardo de dolor le atravesó el corazón. —¿Todo?

—Sí—. Los ojos de Sasuke se suavizaron. —Ya no queda nada. Lo siento.

Sakura tragó saliba para aliviar el ardor en la garganta, y se enjugó una lágrima que brotaba de sus ojos.

¡Qué tontería! pensó enfadada.¿Por qué lloraba por un mueble cuando Sasuke y su gente estaban, obviamente, a salvo?

Se aclaró la garganta.

—Tus sirvientes pueden quedarse, por supuesto. No voy a echarles.

—¿Y qué me dices de su amo, milady?— Sasuke apoyó un brazo en la barandilla, echando un vistazo a su vestimenta desaliñada. —¿Le echarás?

—Tú puedes permitirte pagar un hotel.

—No hay ningún hotel que se precie que me admitiera con este aspecto, amor. Necesito desesperadamente un baño.

Una visión la sobrevino de Sasuke recostado en enorme la bañera de zinc de su cuarto de baño, entonando alguna melodía escocesa.

Su marido siempre cantaba en la bañera, y por alguna razón absurda este recuerdo le calentó la sangre.

—Naruto está en la ciudad,— comentó.

—Ah, pero es que se aloja en el Hotel Langham. El problema sigue siendo el mismo.

—No me puedo imaginar que no tengas más amigos en Mayfair, que puedan alojarte.

—La mayoría de mis amigos están fuera, en las carreras, en el campo o dedicados a otras actividades.. Algunos incluso están en París o en Italia, con la pintura en mente.

—¿Qué pasa con la casa de Itachi? Siempre será de la familia.

—Estamos en medio de la noche, y no quiero despertarlos y que se asusten.— La sonrisa de suficiencia de Sasuke volvió. —Me temo que eres mi última esperanza, querida.

—Eres un mal mentiroso. Sólo espero que los periódicos sensacionalistas no comiencen a especular con que hayas sido tu mismo el que inició el fuego como excusa para quedarte aquí. Son capaces de eso y más.

Sasuke perdió su sonrisa.

—Voy a estrangularlos si lo hacen. Sal y Mary casi mueren abrasadas.

Sakura se estremeció al sentir el apremiante peso de la situación.

—Sé de sobra que nunca podrías ser tan cruel.

—Oh, puedo llegar a ser despiadado, cariño. No lo dudes.—Sasuke comenzó a subir las escaleras hacia ella, envuelto en el acre olor del humo que se aferraba a él. —Al que hizo esto no le preocupaba que hubiera dos chicas durmiendo en sus camas a menos de diez metros de distancia. No le preocupó el dolor que pudiera causar.— Los ojos de color negro de Sasuke brillaban con furia, pero fue con dulzura como le limpió las lágrimas de su rostro. —El que lo haya hecho no conoce el significado de la palabra clemencia. Pero te aseguro, mi amor, que lo aprenderá.

Sasuke todavía cantaba en la bañera.

El cuarto de baño de Sakura se le había añadido a la casa por el anterior propietario.

La habitación estaba encajada entre el dormitorio principal y otro que daba al jardín trasero, en el segundo piso. Una puerta en cada uno daba al baño. La bañera y el lavabo tenían agua corriente, suministrada por una bomba y un tanque de agua que se encontraban en el sótano.

Sakura permanecía sentada rígidamente ante la chimenea, las manos crispadas sobre los brazos de la silla.

Hacía media hora que había oído a Sasuke entrar al cuarto de baño, escuchó su conversación en voz baja con Bellamy, mientras el agua llenaba la bañera. Por último, Sasuke salpicando había entrado en ella, y Bellamy se fue, y entonces la voz de Sasuke entonó una canción.

Sakura no se atrevía a volver a la cama, mientras Sasuke se bañaba al otro lado de la puerta. Permaneció sentada esperando hasta que se retirara a su habitación y todo estuviera en silencio otra vez.

Y lo es... es decir... una cosa gloriosa es ser un reeeey pirata._ .

La voz de barítono de Sasuke se cortó, y oyó más salpicaduras. ¡Maldición!

Debería haber terminado ya.

Entonces se levantaría de la bañera, el agua chorreando por su alto e impresionante cuerpo, mientras alcanzaba una toalla.

Las manos de Sakura se apretaron hasta que sus uñas se clavaron en la tela de la silla.

Si Sasuke no se hubiera mantenido tan guapo durante todos estos años transcurridos, ¿habría sido más fácil para ella alejarse de él esta noche? Ella pensó que podría haberlo sido. ¡Qué injusto!

No, pensó, cuando Sasuke empezó a tararear de nuevo. Seguiría siendo Sasuke sin importar el aspecto que tuviera. Encantador, imprudente, temerario, sonriendo pícaramente, el ladrón de su corazón...

La melodía era más lenta e íntima en esta ocasión, su ronca voz baja y sombría.

En el bonito pueblo, donde yo nací. Había una criada... que gritaba a todos los chicos: ¡fuera de aqui! Y su nombre era Saa-ku-raaaa..._

Sakura se puso rápidamente en pie, tomó por asalto la puerta y la abrió.

Sasuke estaba en la bañera, cubierto hasta el cuello en agua jabonosa, con los brazos descansando sin cuidado a lo largo de los lados de la bañera. Pequeños cortes de color rojo se veían en las manos y los brazos seguramente de cuando había roto la claraboya para salvar a las doncellas.

Él le dirigió una sonrisa al ver como ella se detenía, la mano congelada en el pomo de la puerta.

—El nombre de la hermosa doncella era Barbara Allen—, dijo Sakura con frialdad.

—¿Lo era? Debo de haberlo olvidado.

Sakura se aferró al pomo, con la palma de la mano húmeda.

—Estás tardando mucho. Termina de una vez, vístete y sal de mi casa. Estás lo suficientemente limpio ahora para encontrar un hotel.

—Si, ya estoy terminando.— Sasuke se apoyó en los lados de la bañera y se levantó.

A Sakura la boca se le secó. Sasuke Uchiha siempre había tenido un cuerpo impresionante, y nada había cambiado. El agua hacia brillar sus músculos y oscurecía el pelo de color negro de la cabeza y del pecho, y los rizos entre sus piernas brillaban como el grafito. Su miembro estaba medio erguido, la cabeza empujando hacia ella como si buscara su contacto.

La sonrisa de Sasuke era positivamente pecaminosa.

Era un desafío para que se comportara como una doncella, tal vez como la cruel Barbara Allen de la balada, una fría belleza distante por la que los hombres murieron.

Estaba esperando a que Sakura gritara, que se pusiera histérica, o al menos se enojara y se fuera dando un portazo.

Así que Sakuraa rqueó las cejas, se apoyó en el marco de la puerta y, deliberadamente le estudió con atrevido detenimiento.

El rojo asomó a las mejillas de Sasuke mientras salía de la bañera derramando el agua por todo el piso. Se puso las manos detrás de su cuello, apretando sus dedos para estirar los brazos y la espalda. Los músculos de su cuerpo ondularon como una sinfonía.

Sakura se obligó a quedarse inmóvil, incluso cuando él empezó a caminar hacia ella. Ella captó el olor del jabón que Bellamy le había traído, un olor lleno de recuerdos. A menudo se había colado en el cuarto de baño de Mount Street para frotar su espalda, sentada en el borde de la bañera mientras le enjabonaba la piel. A menudo, estas sesiones de baño terminaban con ella metida en el agua con él, con ropa y todo.

El corazón de Sakura palpitó en latidos irregulares mientras Sasuke se acercaba. Iba a darle un beso.

Él iba a tomarla en sus brazos para darle un beso arrebatador, la reclamaría hasta que ya no pudiera negar su necesidad de él.

En el último momento, Sasuke alcanzó la pared a su lado y sacó una toalla de un gancho. Se la envolvió alrededor de la cintura.

—¿Decepcionada?— preguntó.

Ella enrojeció. —No seas tonto.

Sakura sabía que Sasuke no quería que esto fuera fácil para ella. Quería que fuera consciente de lo que había entre ellos, a pesar de las capas de fría cortesía detrás de las que se protegía, quería que admitiera la dolorosa realidad de lo que había en sus corazones.

—Todavía no estoy preparada— susurró.

Sasuke le tocó la barbilla, el agua goteó de la punta de su dedo para seguir por su garganta.

—Lo sé. Si lo estuvieras no habrías llorado por la cuna.

Sintió un nudo en la garganta.

—Tal vez fue una señal.

La voz de Sasuke fue áspera.

—¡No! no fue una señal, ni un mensaje desde el mas allá, ni cualquier otra cosa con un sentido oculto. Simplemente estaba en la habitación donde un loco provocó un incendio.

—Lo sé.

Sakura no había tenido la intención de decir que la destrucción de la cuna fuera un mal presagio, un augurio para su futuro juntos. Se refería a que tal vez el fuego hubiera acabado con el recordatorio de su fracaso, con esa barrera entre ellos, que era ese mueble, reducido a cenizas, que podrían comenzar de nuevo.

—Esa es mi chica—. Sasuke dio un paso atrás.

Tener una toalla en la cintura no le hacía menos abrumador, sino que sólo provocaba que Sakura quisiera enredar su dedo alrededor de la tela y tirar de ella. —Siempre haciendo frente a las tribulaciones— dijo. —Es una de las cosas que más me han gustado siempre de ti.

Sakura levantó la barbilla deseando que no le temblara la voz.

—La señorita Pringle nos enseñó que poseer un práctico sentido común era mucho más importante que aprender a servir el té.

—Algún día tengo que conocer a la señorita Pringle y felicitarla por su éxito.

—No creo que a ella le gustara conocerte. Ella no tiene a los hombres en alta estima.

Sasuke se acercó más, el calor llenando el espacio entre ellos.

—Tal vez haga una excepción conmigo. Después de todo, estoy enamorado de su mejor y más brillante alumna .

—Yo era una de las más aburridas, no la más brillante.

—Mentirosa.— Sasuke deslizó la mano por la parte posterior de su cuello, debajo de su pelo, y ella notó cómo un chorrito de agua encontraba su camino dentro de su cuello. Su aliento tocó sus labios, y Sakura cerró los ojos, esperando la suave presión de su boca.

No llegó. Él le acarició el cuello por un segundo o dos y luego la soltó.

Mientras la fría decepción envolvía su corazón, Sasuke se besó la punta de un dedo, un poco arrugada por el agua, y la presionó contra sus labios.

—He cambiado de opinión sobre el hotel,— dijo. —Tu casa es mucho más acogedora. Nos vemos por la mañana, mi amor.

Se apartó de ella, para dirigirse hacia la puerta de la otra habitación, y mientras la abría, dejó caer la toalla.

Sakura se apoyó contra el marco de la puerta mientras su mirada estaba clavada en su trasero prieto y hermoso. Tenía la piel bronceada por encima de la cintura y más pálida por debajo donde su kilt lo cubría de los rayos del sol.

Recordó cómo le había gustado admirar su cuerpo desnudo cuando Sasuke descansaba en la cama después de hacer el amor, pateando las sábanas para apartarlas cuando hacía demasiado calor. Se reían y hablaban, bromeaban entre sí, y se volvían a amar, tan a gusto el uno con el otro.

Esos días parecían tan lejanos... tan lejanos.

Sasuke la sonrió por encima del hombro, y silbando, entró en su dormitorio y cerró la puerta detrás de él.

Pasó un buen rato antes de que Sakura pudiera moverse de la puerta y volver a sentarse de manera rígida en su sillón junto al fuego. Irse a la cama durante las pocas horas que quedaban de la noche estaba fuera de toda cuestión.

Sakura entró en el comedor a la mañana siguiente para encontrarse con dos periódicos sostenidos por dos juegos de manos masculinas,unas grandes y musculosas, más estrechas y huesudas las otras.

Los crujidos ocasionales del pan tostado sonaban detrás de las hojas de papel de periódico.

Sakura se sentó en la silla que Bellamy la había ofrecido, mientras un lacayo le ponia delante un plato de humeantes huevos y lonchas de tocino. Tras dar las gracias a los dos sirvientes cortésmente, comenzó a ordenar el correo que se encontraba a la derecha de su plato. Al otro lado de la mesa, se escuchaba pasar páginas y masticar tostadas.

Las más arrogantes damas de la sociedad se sorprenderían al ver a los salvajes Uchiha aparentemente domesticados. Sakura tendría que decirles que eso era simplemente una ilusión. Los periódicos y el desayuno, simplemente los mantenía ocupados durante un rato.

Y, sin embargo, no habían sido muchas las mañanas como esta.

Los desayunos en el Castillo de Kilmorgan, cuando los cuatro hermanos estaban bajo el mismo techo eran ocasiones alegres, llenas de carcajadas y conversaciones masculinas. Los desayunos en Mount Street habían sido más íntimos y tranquilos, a veces Sasuke se acercaba a ella desde el otro extremo de la mesa para sentarse a su lado y levantarla sobre su regazo. Entonces se abrazaban y se acurrucaban juntos, alimentándose mutuamente con pequeños bocados del desayuno ya frío.

Sakura miró a la barrera que formaban los periódicos de Sasuke y se estremeció con los recuerdos.

Alguien golpeó la puerta principal. Bellamy dejó la cafetera llena de café humeante sobre el aparador y se dirigió a abrir la puerta.

¿Por qué era Bellamy el que respondía a la puerta? Sakura se preguntó. ¿Dónde diablos estaba Morton? Sasuke había estado en la casa menos de cinco horas, y ya que reorganizando las funciones del personal.

—Déjame entrar, Bellamy— Era una voz grave y masculina. — Sé que él está aquí.

El diario de Daniel se elevó y miró por debajo, lanzando a Sakura una mirada suplicante, antes de levantarse y dirigirse corriendo hacia la puerta que conectaba el comedor con la biblioteca.

Sasuke dejó su periódico y tomó otra rebanada de pan tostado. Naruto entró con paso airado en el comedor y miró con el ceño fruncido a Sasuke, a Sakura, a la silla empujada hacia atrás a toda prisa , y al periódico desparramado. Sakura le indicó a Bellamy que le sirviera su café, y Sasuke le dio otro mordisco a la tostada mientras Naruto se dirigía a la puerta de conexión, que abrió, y atravesó con brusca determinación.

Se oyó el ruido de una riña, gritos, voces que se alzaban en protesta, y la explosión de otra puerta al cerrarse. Naruto volvió a entrar en el comedor esta vez por la puerta del vestíbulo, arrastrando a Daniel con él.

—¡Ay papá, suéltame!

Naruto empujó a Daniel de nuevo en su silla.—¿Qué diablos piensas que estas haciendo aquí?

—La tía Sakura me dijo que podía quedarme.

Sakura continuó ordenando sus cartas como si nada notable hubiera sucedido.

—Pensé que sería lo mejor. Si lo hubiera enviado de vuelta con el profesor se habría escapado otra vez.

—Sí, eso es probablemente cierto.— Naruto tomó otra silla y se sentó pesadamente en ella. Este hombre tan grande iba vestido con un traje de noche de chaqueta negra y kilt, presumiblemente lo llevaba desde la noche anterior. Su corbata estaba arrugada y su mandíbula cubierta por una barba incipiente, pero por lo demás, se veía tan despierto como Sasuke. Sakura, por otro lado, estaba aturdida por la falta de sueño. Saber que su marido estaba acostado en una cama a dos habitaciones de distancia la había mantenido en el sillón, en vela, durante el resto de la noche.

—Tráeme algo de comer, Bellamy,— dijo Naruto. —Me muero de hambre. Y café, mucho café.

Bellamy ya se acercaba con la cafetera. El lacayo abrió el portaplatos y extrajo otra bandeja con platos y cubiertos que colocó delante de Naruto.

Daniel se frotó el cuello. —Se supone que debías estar en Escocia, con los caballos, papá. ¿Cómo supiste que estaba aquí?

—El sr. Nichols telegrafió a Kilmorgan diciendo que habías desaparecido. E Itachi me telegrafió a mí.

—El sr. Nichols es un viejo chiflado,— se quejó Daniel. —Pensé que te tendría demasiado miedo para delatarme.

Naruto cortó los huevos y las salchichas. —Ese viejo chiflado, como tú le llamas, es uno de los físicos más brillantes del mundo, pequeño ignorante. Quería que él te metiera algo de sabiduría en tu cabeza.

—No lo conseguirá si eso significa renunciar a St. Leger.

—Daniel me hizo la promesa de volver a sus estudios, si le permitías ir a las carreras,— dijo Sakura. —¿No es así, Daniel?

—Lo hice,— dijo Daniel con una voz llana de ímpetu. —Prometo que voy a convertirme en un palo reseco como el sr. Nichols si me dejas ir con vosotros a Doncaster. Sería condenadamente injusto que yo me lo tuviera que perder. Jamás me pierdo el St. Leger.

—Cuida tu lenguaje en presencia de una dama,— gruñó Naruto.

—A tía Sakura no le importa.

—Eso da igual. Discúlpate.

—Oh, muy bien. Lo siento, tía, tendría que cortarme la lengua.

Sakura se lo agradeció a Daniel con un gesto lleno de gracia, mientras que Sasuke pasaba otra página de su periódico. Naruto dedicó su atención a su café y le tendió la taza a Bellamy para que volviera a llenársela.

—¿Qué diablos estás haciendo aquí, Sasuke? ¿Y por qué Sakura te da de desayunar en lugar de arrojarte a la cisterna?

—Mi casa se quemó, quedó destruida por el fuego,— dijo Sasuke desde detrás de su periódico.

—¿Qué?

Sasuke dobló el periódico, se lo ofreció a Naruto, señalando un articulo con un golpecito de un dedo. El titular decía: "Incendio en la casa de un par en Mayfair".

—Se han equivocado,— dijo Daniel. —El tío Sasuke no es par. Sólo lo es el tío Itachi.

—Al público lector no le importan estas puntualizaciones, hijo,— dijo Sasuke. —Ellos sólo quieren leer acerca de un incendio que destruyó la casa de un aristócrata.

—¿Qué diablos pasó?— Exigió Naruto.

Sasuke se lo explicó, y mientras escuchaba, en Naruto el desconcierto cada vez era mayor transformándose en cólera.

—¿Crees que hay alguna relación entre el tipo que está falsificando tus pinturas y el que trató de quemarte la casa? ¿Por qué? ¿Porque te has enterado de lo que estaba haciendo? ¿Cómo pudo ese bastardo entrar en tu casa? Y perdón por mi lenguaje, Sakura.

Sasuke se encogió de hombros. —Mi puerta no suele estar cerrada con llave durante gran parte del día. Tengo un lacayo apostado en la puerta, pero me imagino que habrá tenido que hacer sus necesidades en algún momento.

—O que él mismo sea el culpable,— sugirió Naruto.

—Me sorprendería mucho, es un fiel sirviente. Tengo la intención de interrogarle, por supuesto, pero voy a dejar a mis sirvientes dormir esta mañana. Todos pasaron una mala noche.

—Bellamy no está durmiendo.— Sakura miró fijamente al ex-boxeador que estaba rondando cerca con la cafetera.

—Él se negó a descansar,— Sasuke explicó. Le lanzó a Bellamy una mirada severa, que Bellamy devolvió sin inmutarse. —Parece que piensa que voy a ser abatido por un asesino si me pierde de vista.

—Podría ser.— Naruto apartó el plato y se limpió la boca con una servilleta. Tomó otro largo trago de café y golpeó la taza con el plato al dejarla. —Aquí estarás lo suficientemente seguro Sasuke, Bellamy y el resto del servicio de Sakura cuidarán de ti.

Sasuke le dirigió una sonrisa a Sakura inclinándose hacia ella.—Exactamente lo que yo pensaba.

—Estoy segura de que el Langham se adaptaría a tus necesidades mucho mejor,— intervino Sakura con serenidad.

Naruto negó con la cabeza. —El Hotel está lleno. Le he oído al recepcionista decirlo esta mañana.

Si Naruto había vuelto al hotel esa mañana, Sakura se comería su cubertería de plata.

—Itachi mantiene su casa abierta y preparada durante todo el año,— señaló.

Los dos hermanos se miraron en silencio, como si estuvieran tratando de encontrar la mejor manera de refutar sus argumentos.

Daniel sonrió. —Pues iré a casa de Itachi.

—Ah no, de eso nada,— respondió Naruto. —Sakura, ¿te importaría si Danny se queda contigo? Seran sólo unos pocos días hasta que nos vayamos a Doncaster.

Daniel estaba dividido entre el regocijo que suponía la confirmación de que asistiría a las carreras y la incomodidad que suponía quedarse con su tía a la que no le gustaba que fumara.

—Puedo ir al hotel contigo, papá.— Tu ya tienes habitación, puedo alojarme allí.

Naruto negó con la cabeza. —Me paso demasiado tiempo entrando y saliendo como para poder ocuparme de ti correctamente. Sakura es la mejor opción para que permanezcas en su casa.

Naruto se levantó, fue hacia Sakura, y le besó la frente.

—Gracias, cuñada. Un desayuno excelente. Nos vemos en el tren, Sasuke.

Miró a su hijo una última vez frunciendo el ceño y salió de la habitación con el mismo torbellino con el que había entrado. En el vestíbulo dio las gracias al lacayo que se había apresurado a abrirle la puerta, y se fue.

En el comedor se instaló tal silencio, como si un huracán acabara de pasar. Naruto Uchiha era una fuerza desatada de la naturaleza.

Daniel se quedó sin palabras clavando los ojos en la mesa mientras Sakura y Sasuke volvían a sus desayunos. Los largos brazos de Daniel sobresalían por las mangas de su chaqueta, había dado un estirón este verano, y ahora era casi tan alto como su padre. Ya no era un niño, pero tampoco era un hombre.

Su garganta se le secó cuando dijo, —papá no me quiere con él.

El corazón de Sakura se oprimió en simpatía hacia Daniel. —El hotel está lleno, eso es todo. Y tiene razón: yo puedo cuidar de ti mejor aquí.

—No intentes consolarme, tía. Él me envió con el sr. Nichols para deshacerse de mi, y quiere que me quede contigo por la misma razón. A papá le importa un comino si aprendo física o no. Simplemente no me quiere en el hotel con él. Quiere libertad para andar con fulanas y no quiere un hijo de quince años, incordiando.

—Te lo estás tomando demasiado a pecho. Naruto simplemente quiere lo que él piensa que es mejor para ti.

—El niño tiene razón,— dijo Sasuke. Sakura le lanzó una mirada de advertencia, pero Sasuke negó con la cabeza. —Naruto nunca ha sentado cabeza, y tú lo sabes. No sé si existe mujer capaz de conseguir tal cosa, pero si existe, me encantaría conocerla.

Daniel se iluminó y sonrió, era propenso a bruscos cambios de humor.

—¿Cómo lo has hecho tu, tío Sasuke?

—Cuidado con tu lengua, muchacho.

—Déjalo en paz.— Sakura hizo un gesto a Bellamy, que se acercó con más café. —Estoy encantada de tenerte conmigo Daniel. Podemos jugar a las cartas todo el día, y puedes acompañarme al teatro por la noche. Estoy segura de que tu tío Sasuke tendrá demasiado que hacer para prestarnos mucha atención.

—Al contrario.— Sasuke dejó su taza sobre la mesa. —Tengo todo el tiempo en el mundo.— Hizo un guiño a Daniel. —Además, soy muy bueno en los juegos.

Sasuke pasó los siguientes dos días muy ocupado tratando de no volverse loco. Vivir en la misma casa que Sakura, sabiendo que ella dormía en la , otra habitación, un poco más allá del cuarto de baño, lo mantenía en vela y excitado. Pero teniendo en cuenta que alguien había tenido éxito incendiando su casa, y que posiblemente esta persona fuera la misma que falsificaba sus cuadros, posiblemente sólo fuera un pirómano loco, pero quería mantener una estrecha vigilancia sobre Sakura. Había contratado a algunos colegas de Bellamy de sus tiempos cómo púgil para vigilar y proteger la casa, y Sasuke había pedido al Inspector Inuzuka que pusiera vigilancia en la tienda de Crane por si regresaba el falsificador. Algo que el eficiente inspector ya había hecho.

Entretanto, tenía que sufrir la tensión que suponía vivir con ella sin poder tocarla. Lo peor de todo era cuando oía a la doncella preparándole el baño, y, acto seguido, escuchaba las salpicaduras de Sakura metiéndose en el agua.

Entonces gemía y se frotaba la cara. Su cuerpo le exigía que abriera la puerta y se introdujera con ella en la bañera. Sakura estaría resbaladiza por el jabón y desnuda, con la piel sonrojada por el calor. Ni siquiera masturbarse suponía un alivio. Las únicas manos que podrían apaciguarle eran las de ella.

Por todo eso, los días que faltaba para partir hacia Doncaster parecían discurrir muy lentamente aunque, de todas formas, el vivir en la misma casa que ella era propicio para sus planes. Daniel también estaba por allí por supuesto, el chico se dedicaba a escoltar a Sakura a todas partes. Él solía acompañarles mientras maldecía a Naruto para sus adentros por no ocuparse de su hijo, pero sin encontrar el coraje para decirle al jovencito que le estaba incordiando.

El día antes de marchar hacia las carreras se dirigió a la salita. Daniel estaba comprando libros, lo que significaba que había salido con la excusa de visitar librerías, pero lo más probable era que se hubiera dirigido a algún lugar en el que jugar a las cartas con sus amigos.

Sakura se encontraba sentada junto a la ventana que daba al jardín trasero de la casa. Tenía una revista abierta sobre el regazo, pero no leía. Miraba abstraída hacia el exterior, mojado por la lluvia; su glorioso pelo rosa suponía un alegre contraste con el vestido azúl y aquel día gris.

Levantó la cabeza al oírle entrar, y él observó que tenía los ojos rojos.

Se acercó al sofá y se sentó a su lado —Cariño, ¿qué te ocurre?

Ella apartó la mirada. —Nada.

—Te conozco demasiado bien para creerme eso, "nada" acostumbra a significar "algo atroz".

Sakura abrió la boca para discutir, pero la cerró de nuevo. Tomó un papel de entre las páginas de la revista y se lo ofreció para que lo leyera.

"Mi querida hermana.

Me excita más de lo que puedas suponer poder comunicarme de nuevo contigo. La señora Douglas es objeto de toda mi gratitud. Mi presentación en sociedad será esta primavera, ¿es demasiado atrevimiento pensar que podremos vernos a partir de entonces? Te buscaré en cada velada musical, en cada baile, anhelando poder reunirme contigo; la hermana que añoro con todo mi corazón. No debo demorarme en la redacción de esta nota o papá sospechará algo. Tampoco me atrevo a pedirte que me respondas por escrito, pero si pudieras facilitarle a la señora Douglas cualquier mensaje, o incluso la promesa de un simple beso cuando por fin nos encontremos, atesoraría las palabras como si fueran el diamante más valioso.

Tu amante hermana.

Louisa".

Tras leer la misiva, le inundó aquella familiar cólera contra el padre de Sakura. El conde de Haruno era un egoísta y pedante bastardo. Sakura había llorado sin consuelo cuando, tras escribir a su hermana y a su madre después de casarse con él, su padre le había devuelto las cartas rotas en un montón de trocitos. El conde adjuntó una severa nota prohibiéndole cualquier contacto con la familia. Haruno jamás había levantado la prohibición, ni siquiera cuando Sakura le abandonó.

Le devolvió la carta. Ella la guardó en la chaqueta junto a su corazón.

—¿La señora Douglas es tu compañera de la Academia?— preguntó, intentando cambiar a un tema más ligero. —¿La que bajaba por el enrejado en camisón?

Sakura asintió con la cabeza. —Se ofreció a hablar con Louisa cuando volviera a verla. Al parecer logró convencer a mi hermana para que redactara una nota.

Sasuke se reacomodó inquieto en la esquina del pequeño diván; había pocos muebles capaces de albergar su enorme cuerpo.

—Bien por la señora Douglas.

—Creo que le doy pena— Sakura esbozó apenas una sonrisa. —Pero agradezco su ayuda.

—Si, yo también.— Sasuke permaneció en silencio mientras ella volvía a mirar por la ventana.

El conde de Haruno, al igual que su propio padre, era inclementemente aterrador, pero de manera diferente. El anterior duque de Kilmorgan había sido volátil, apasionado y violento, mientras que el padre de Sakura era frío como el hielo y jamás alzaba la voz.

Desfilaron por su mente todas las maneras en las que casarse con él había arruinado la vida de Sakura. Que hubiera logrado permanecer asu lado durante tres años decía mucho de la fortaleza de ánimo de su esposa.

—Saldremos mañana para Doncaster

—, anunció Sakura sin dejar de mirar por la ventana, —pero allí no compartiremos suite en el hotel así

que deja de pensar en lo que estás pensando.

Sasuke estiró el brazo sobre el borde del respaldo.

—No vas a alojarte en un hotel, cariño. Itachi ha alquilado una casa para toda la familia, tú y tus sirvientes incluidos. Sai insiste en que Ino se encontrará más cómoda de esa manera, y yo estoy de acuerdo con él.— Apoyó los pies en la mesita, en un vano intento de encontrar una posición confortable. —Ino querrá tenerte cerca.

Sakura le lanzó una mirada de exasperación.

—Sasuke, tu y yo estamos separados. Acéptalo.

—No, de eso nada.

Ella le miró con el ceño fruncido y los ojos brillantes de cólera. Prefería verla furiosa, lo que fuera, con tal de borrar de sus pupilas aquella mirada rota.

—Deja de intentar volverme loca, Sasuke—, le advirtió. —Jamás regresaré contigo si continúas así.

—A ti te gusta que te vuelva loca—. Sasuke esbozó una amplia sonrisa. — Tu vida se queda vacía cuando no te hago pasar un mal rato—. Levantó la mirada cuando Bellamy abrió la puerta y dejó pasar a Evans, que llevaba una bandeja con el té. —Té, excelente. Me muero de hambre.

Sakura advirtió con irritación que había dos tazas y dos platitos. El servicio parecía entusiasmado de que Sasuke estuviera de nuevo en casa y habían vuelto a las antiguas costumbres de preparar comida para los dos. Algo que deleitaba a su marido.

Evans y Bellamy se retiraron y Sasuke puso los pies en el suelo.

—Ya ves, Sakura: somos una pareja en pleno cortejo tomando el té, ¿no lo ves? Un caballero que visita a su dama y ella le sirve un refrigerio.

—Una pareja que estuviera cortejándose no estaría a solas—. Sakura tomó la tetera. —La madre, una estirada institutríz o una tía solterona permanecería sentada en un rincón sin apartar la vista de los jóvenes.

—Muy bien, imaginemos que la tía abuela Hortense está detrás de esa palmera—. Sasuke hizo como que saludaba a alguien sentado en la silla vacía, al otro lado de la sala. —¿Y ahora qué?

—Ahora nada. Yo te sirvo el té y tú te lo bebes.

Sakura se dedicó a llenar las dos tazas mientras hablaba. A Sasuke le dio un vuelco el corazón cuando sin preguntar, ella le preparó el té como le gustaba: con dos terrones de azúcar y sin leche. Lo recordaba.

Él tomó la taza y la puso en su platito, esperando con expectación a que ella alzara el paño que cubría la bandeja y le ofreciera un bollo de crema en un plato de porcelana. No lo cogió hasta que ella se preparó su té. Entonces partió el bollo en dos trozos, dejando a la vista la suave crema amarilla que tenía de relleno.

—Una de las cosas que mejor hacen los ingleses son los bollos de crema —, afirmó él. —Los inventaron los escoceses, por supuesto, pero los ingleses han sabido darle el punto.

—Yo soy inglesa—. Le recordó ella.

—Ya lo sé, mi preciosa sassenach.

Sasuke dio un enorme mordisco al bollo. La mirada de Sakura quedó prendida en su boca cuando la crema le manchó los labios. Él se los lamió, tomándose su tiempo para hacerlo.

—Está buenísimo—, le aseguró con una pícara sonrisa. —¿No quieres probarlo?

Sasuke notó que el corazón le palpitaba más deprisa cuando vio que a Sakura se le enrojecían las mejillas.

—Sí, claro.

Alzó la mano en la que sostenía un trozo de bollo. Sakura lo aceptó entre los labios y asomó la lengua para metérselo en la boca. Le excitó verla masticar, el movimiento de su garganta al tragar.

Entonces sostuvo en alto el pulgar, mostrándole un poco de crema. — Aquí queda un poco más.

Esperaba que le apartara la mano, que le mirara con desprecio y le dijera que el juego había acabado. Sin embargo, ella tomó su mano, se la llevó a la boca, y, cerrando los labios en torno a la punta del pulgar, lamió la crema. Sasuke gimió.

—Eres una mujer muy cruel.

Sakura le soltó la mano y se recostó en el diván. —¿Por qué dices eso?

—Porque me tientas con lo que no puedo tener.

—Eso es porque no te conformas con lo que tienes.

Él puso el plato sobre la mesa y se pasó la mano por el pelo.

—Quiero más de lo que tengo, Sakura. Lo quiero todo. A ti. Una y otra vez, durante el resto de nuestra vida. Eso significa el matrimonio, esposa. Que estaremos juntos para siempre. Unidos en el amor.

—Querrías decir en el deber—, dijo Sakura.

Él se rió. —Sassenach, si realmente creyeras que el matgrimonio supone sólo deber, jamás te habrías escapado conmigo. Sé de sobra que cuando me conociste no pensaste "Oh, un elegante granuja. Voy a fugarme con él para obedecerle". No, tú querías disfrutar de la vida en vez de casarte con el palo tieso que tu padre habría elegido para ti.

—Quizá, pero la mayoría de los matrimonios acaban convirtiéndose en deber u obligación. Lo he visto.

Sasuke se dejó caer contra el respaldo.

—¡Oh, Dios mío, Sakura! Me matarías con tu pesimismo. Fíjate en Sai e Ino. Están locos el uno por el otro ¿Crees que su matrimonio se ha convertido en obligación y deber?

—Claro que no.

—Ni tampoco le ocurrió tal cosa al nuestro. No mientas.

—No—, confesó ella suavemente. —No fue así.

Algo que agradecerle al Señor. Sasuke recordó las noches en que ella le sonreía en la cama, calentándole mientras le cabalgaba. ¿Deber? ¡Já!

—La prueba más contundente es que cuando te cansaste de mis locuras, te escapaste—, continuó Sasuke. —Si fueras una mujer obediente te habrías quedado y soportado lo que fuera.

—¡Por el amor de dios! Pobre de mí si hubiera sido esa mujer.

—Ya, porque tú no eres así. Sin embargo, lo que tenías que haber hecho era golpearme la cabeza una y otra vez hasta que recuperara la cordura.

—Quizá fuera eso lo que buscaba con mi marcha.

Él ocultó el dolor cogiendo otro trozo de bollo. —Y te aseguro que obtuviste toda mi atención, cariño—. Tomó un poco de crema con los dedos y le dirigió una mirada atrevida. —Ahora voy a retarte, mi querida damita de la Academia de la señorita Pringle. ¿En qué parte de mi anatomía te gustaría lamer esta crema?

La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku

La autora del libro es Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto