La Lady de Mount Street se ha retirado a su casa de campo en Buckinghamshire, donde sus fiestas en el jardín se han convertido en legendarias. Sonríe sin cesar a pesar de la repentina ausencia de su Lord. Ha presentado una poetisa que busca triunfar en Londres. Un rebelde barón califica a la Dama como fría, todo un dechado de virtud, sin duda le ha rechazado.
Julio 1876
Sakura fijó la mirada en el montón de crema que él sostenía con sus elegantes dedos y se le secó la boca. Continuó mirando la crema para no tener que enfrentarse a aquella pícara sonrisa ni a los brillantes ojos de Sasuke.
Él nunca pensó que ella lo haría. Imaginó que le diría que se fuera, o que escurriría el bulto con alguna frase ingeniosa. No. no creyó que seatreviera a alzar suavemente un pliegue de su kilt. Pero lo hizo.
—¿Qué decías que llevaba un escocés debajo de esto?
A Sasuke se le dilataron las pupilas, haciendo que sus ojos parecieran más negros. —Sakura...
—Si pensabas que desafiándome de esa manera conseguirías que me sonrojara como una colegiala, es que no sabes demasiado de colegialas.
Sasuke se rió. Pero su risa murió cuando la vio levantarse, caminar hasta la puerta de la salita y girar la llave en la cerradura. Él permaneció en el diván, observándola con una mirada aturdida.
—La crema se está derritiendo— le avisó ella.
Sasuke desplazó la mirada al reguero de crema que se le deslizaba por los dedos. Sakura se le acercó, le tomó la mano y los chupó. Él siempre había sabido tan bien. Saboreó la dulzura de la crema mezclada con el embriagador sabor a sal de su piel.
Sakura se sentó de nuevo y tiró del tartán.
—¿Me lo enseñas?
Sasuke tragó saliva, la risa había desaparecido. Tomó el dobladillo del kilt y subió la tela de un tirón hasta el estómago. Debajo estaba desnudo. Su miembro, duro y oscuro, reposaba sobre su vientre. Respiraba con dificultad y la erección palpitaba con cada aliento.
Sakura recordaba la sensación de sujetarle en la mano, lo largo y duro que era; hasta dónde tenía que mover la mano para recorrerlo por completo. También recordaba con precisión cómo sabía y lo que se sentía al apresarlo con la boca.
Sasuke siempre había disfrutado de la forma en que ella le tocaba. En algunas ocasiones había bromeado con que en la Selecta Academia de la señorita Pringle debía de haber estudiado la asignatura de dar placer a un hombre, porque el que le hacía alcanzar era inmenso.
—Eres tú quién me ha enseñado, Sasuke—, solía susurrar ella.
Él nunca iba desnudo debajo del kilt. Ella sabía de sobra que Sasuke siempre usaba calzoncillos, pues afirmaba que aunque estaba muy bien conservar las tradiciones escocesas, no tenía intención de permitir que se le congelaran las pelotas sólo por cumplirlas. Hoy no llevaba nada; pero sabía que sólo era para tomarle el pelo. Había llegado el momento de que ella cambiara las tornas.
—Ponte de pie— le ordenó.
Sasuke se levantó rapidísimo, con el kilt todavía por la cintura.
Sakura tomó más crema con los dedos y la extendió sobre la punta de su erección.
—Bruja—. Él tenía la voz jadeante.
Siempre la llamaba así cuando jugaba con él. La palabra se convirtió en un gemido cuando ella se inclinó y lo apresó entre los labios. Sasuke apretó la tela con los puños; no intentó abrazarla, ni siquiera la tocó; se aferró al tartán hasta que se le pusieron blancos los nudillos.
Sakura succionó la punta dejando un húmedo rastro por toda la erección. Pasó la lengua por la parte inferior del miembro para lamer la crema que comenzaba a gotear.
Sasuke se balanceó ligeramente, pero no se movió, ni se impulsó hacia ella.
Sakura también estaba a punto de perderse en el deseo; notaba fuegoentre las piernas y los pechos tensos; el corazón le palpitaba bajo el corsé.
Solían perderse en este tipo de juegos. En buscar placer mientras se iban despojando de la ropa, midiendo hasta dónde podían llegar. Era incluso más satisfactorio cuando lo hacían en un lugar inusual, como en un pasillo desierto cuando acudían a un baile, en un cenador, en el estudio de Sasuke. Sakura recordaba lo difícil que les resultaba contener los gemidos de placer y la risa.
Pero ahora Sasuke no se reía.
—Mi pequeña bruja— susurró él. —mi brujita atrevida. Mi hermosa y lujuriosa esposa.
Sakura tomó más crema. Sasuke tenía las mejillas rojas, la mirada perdida. Ella se concentró en su miembro otra vez, cubriéndolo suavemente de crema.
Sasuke le acarició el pelo con una mano.
—No voy a poder aguantar demasiado, cariño. Hace mucho tiempo.
Sakura no pudo responderle, estaba demasiado ocupada mordisqueando, lamiendo, succionando. Primero chupó toda la crema y luego disfrutó del cálido y aterciopelado sabor de Sasuke.
Él la tomó por la nuca.
—Retírate, cariño. Estoy a punto de correrme.
Siempre le advertía por si acaso estuvieran en un lugar donde pudieran atraparles o por si ella no quisiera concluir todavía el juego. Su delicadeza hizo que sintiera una cálida sensación, y respondió deslizando las manos por las nalgas desnudas mientras le succionaba hasta el fondo.
Sakura notó que la erección palpitaba con fuerza antes de derramarse en su boca. Él le apresó el pelo y meció las caderas mientras ella tragaba.
—Te amo— confesó él con la respiración entrecortada. —Te amo, mi pequeña bruja sassenach.
Sakura siguió saboreándole hasta que él no tuvo nada más que ofrecerle. Entonces se apartó y Sasuke se dejó caer en el diván, jadeante, con la falda cubriéndole modestamente otra vez.
Ella alargó el brazo hacia la taza de té, pero Sasuke se la arrancó de la mano y, tras dejarla caer sobre la mesita, la envolvió entre sus brazos.
Permanecieron abrazados un buen rato, Sasuke estrechándola contra su
cuerpo y ella apoyando la cabeza en su hombro. Sakura escuchó el rítmico latido de su corazón y sintió sus cálidos labios en el pelo. Si pudiera ser siempre así, estar el uno pendiente del otro, quizás lograran vivir en paz.
Pero los dos eran demasiado volátiles, demasiado egoístas,y ella lo sabía.
—Tres años y medio— dijo Sasuke. —Tres años y medio desde la última vez que sentí esto. Desde la última vez que te sentí. Gracias, amor mío.
Sakura alzó la mirada desde la áspera barbilla de Sasuke a sus ojos negros, que la observaban somnolientos.
—Parecías necesitarlo.
—Cariño, no ha sido una obra de caridad. Tú también has disfrutado.
Ella esbozó una leve sonrisa.
—Quizá lo considerara mi deber como esposa.
—No me tomes el pelo.
Ella abrió más los ojos.
—¡Santo Cielo! ¿El pelo? Pensaba que te había tomado otra cosa.
Sasuke estalló en carcajadas. Su aliento olía a crema y a té. —Dios bendito, ¡cómo te he echado de menos! Ni te lo imaginas—. Le acarició el cabello con ternura. —Si alguien puede domesticar al salvaje Sasuke Uchiha, ésa eres tú.
—Pero yo no quiero domesticarte. Me gusta tu parte más salvaje.
—¿De veras? Resulta alentador.
Sakura se apartó de él y tomó la taza de té, ahora frío. Estaba bueno, pero le resultó insípido después de haber saboreado a Sasuke.
—No te presionaré, Sakura—, aseguró Sasuke.—Te prometo que no lo
haré.
—Pero, ¿seguirás arriesgándote a que se te congelen las pelotas? ¿Seguirás viviendo en mi casa?— Sakura sonrió y él le respondió de igual manera. La sonrisa de Sasuke era muy peligrosa.
—No he prometido no abrumarte. Ni dejar de jugar contigo, ni olvidar atormentarte.
—Ya lo suponía. Gracias a Dios vamos a marcharnos a Doncaster, donde estaremos con el resto de la familia.
—Sí, estoy deseando compartir alojamiento con mis tres hermanos y mi sobrino, que se las arreglarán para invadir nuestra privacidad y volverme loco.
—Creo que tu familia es maravillosa. Cuatro hermanos bien avenidos.
—Unos hermanos a los que les gusta meter las narices en asuntos que no les incumben—. Sasuke cogió su taza y tomó un sorbo de té. —Prefiero a mi ayuda de cámara. Por lo menos él se reserva sus opiniones, a menos que destroce la ropa, y prepara el mejor té del mundo.
Sakura se entretuvo degustando el té.
—Estoy leyendo una novela escrita por una mujer; trata de cuatro hermanas americanas. Formaron parejas como vosotros: la mayor se ocupó de la más joven, igual que hace Itachi con Sai, y las dos medianas se cuidaron la una a la otra, como Naruto y tú.
Sasuke agrandó los ojos con fingido horror.
—Santo Dios, ¿estás comparando a los salvajes Uchiha con cuatro virtuosas americanas? Espero que no se te ocurra repetirlo en público.
No seas tonto. Es una historia muy bonita—. Sakura aferró con fuerza la taza. —No hago más que pensar en ella, una de las hermanas se llama Ino, y muere.
Sasuke la rodeó con los brazos, olvidada ya la risa. —Ni siquiera lo pienses, cariño. Ino está hecha de buena pasta y Sai no permitirá que le ocurra nada. Igual que yo no dejaría que nada te pasara a ti.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Tienes mi palabra. La palabra de un Uchiha es sagrada.
—A menos que le convenga que no sea así.
Sasuke se rió entre dientes junto a su oreja. —Me estás aplastando. Aunque eso tiene sus compensaciones. A propósito, cariño, no ha bajado ni un centímetro. Resulta muy incómodo para beber té.
Sakura le dirigió una mirada ladina, feliz de que la conversación le hiciera olvidar sus preocupaciones. Le puso la mano en la rodilla y la deslizó con rapidez bajo el Kilt.
Sasuke contuvo el aliento.
—Cariño, eres muy buena en esto. ¿Es este el tipo de cosas que aprendiste en esa academia para señoritas?
Sakura giró con suavidad la mano en torno a la erección, y a él se le cubrió el labio superior de sudor.
—Al contrario. Aprendí modales y cómo llevar cada clase de sombrero.
—Tonterías, tomaste lecciones de esto. Estoy seguro de que la señorita Pringle repartía penes a sus alumnas. Quizás de yeso—. Adoptó un tono de falsete: _Así chicas: uno, dos. Venga señoritas, no se entretengan_.
Sakura comenzó a reírse a carcajadas.
—Si sólo fuera eso...— Aceleró el movimiento de su mano hasta que Sasuke se arqueó en el diván, acariciándole el pelo, gimiendo su nombre y moviendo las caderas al mismo ritmo que sus dedos. Después de derramarse en su mano, la envolvió entre sus brazos y la besó hasta dejarla sin respiración; hasta que no pudo pensar ni preocuparse por nada que no fuera perderse en su calor.
•••
Sasuke observó con placer la manera en que Sakura se arrojaba a los brazos de Ino tras bajarse del tren en Doncaster. Las dos gritaron como si llevaran años sin verse en vez de semanas. Se había sentido inquieto durante todo el viaje. Respetó la petición de Sakura de viajar sola en un compartimiento, pero la tentación de abandonar el que compartía con Naruto y Daniel para ir al de su esposa había sido casi imposible de resistir. Jugar con Sakura en la salita, haber alcanzado el éxtasis con ella de aquella manera, sólo había enardecido su ya potente deseo por ella.
Sasuke no quería jugar, ni un contacto ocasional en la salita; deseaba que Sakura se le entregara por completo. Ansiaba su amor, su amistad, su confianza. La pasión, sin afecto ni confianza, era una sensación vacía, pensó mientras observaba cómo se abrazaban Ino y ella. Era una lección que había aprendido demasiado tarde.
Itachi había alquilado una casa en las afueras de Doncaster, la casa de campo de un caballero cuyos ingresos habían menguado de manera demasiado drástica como para poder sostenerla. El caballero en cuestión había decidido alquilarla a otros aristócratas en vez de venderla para que acabara convertida en un hotel o un hospital. El personal corría por cuenta de los inquilinos.
De estructura rectangular, contenía habitaciones suficientes para los cuatro hermanos, dos esposas, un sobrino y los sirvientes personales de todos ellos, así como los perros. Itachi y Sai siempre llevaban consigo sus perros. Eran cinco, e iban desde un enorme perro de caza a un pequeño terrier. Los chuchos se removieron inquietos cuando comenzó a reunirse la familia, meneando las colas furiosamente.
Sakura los acarició y los saludó por su nombre: McNab y Fergus, Ruby y Ben, y Achilles, con su pie blanco.
Sasuke adoraba a esa Sakura que abrazaba amorosamente a su familia. Cuando les conoció, poco después de casarse con él, su dulce esposa había hechizado a sus escépticos hermanos. Naruto fue el que primero se rindió a ella, y se había reído con fuerza al tiempo que le decía que esa mujer le alegraría la vida. Sai había mirado a Sakura de soslayo, como era típico en él; después se ofreció a mostrarle su colección de tazas de la dinastía Ming, lo que en su hermano menor suponía una declaración de imperecedera devoción.
La rendición de Itachi llevó más tiempo. El padre de Sakura se había enfrentado a él en duras batallas políticas. El conde de Haruno todavía mostraba el resentimiento que le provocaba la insurrección de las Highlands, ocurrida hacía más de cien años.
Sakura se ganó a Itachi simplemente impidiendo que la pisoteara. Itachi respetaba a las mujeres fuertes, y, en tan sólo unos días, se doblegó ante ella. Al parecer había hecho lo mismo con Ino; todavía lamentaba haberse perdido eso.
En cuanto entraron en la casa, Sakura e Ino se dirigieron a la terraza, enlazadas por la cintura mientras charlaban sin cesar, salpicando su conversación de risitas disimuladas.
Sasuke las observó con cierta pena antes de volverse hacia Sai y darle una fuerte palmada en el hombro.
Que no se apartara bruscamente demostraba mejor que nada hasta qué punto se había relajado.
A su hermano menor no le gustaba que nadie le tocara... Salvo Ino. Era un hecho probado.
Sai le miró a los ojos antes de apartar la vista con rapidez; sus pupilas negras se concentraron en otro punto. Siempre le había costado mirar a la gente a los ojos, pero mejoraba poco a poco, unos meses antes ni siquiera hubiera podido ofrecerle esa ojeada fugaz.
—¿Lo has hecho?— preguntó Sai.
Sasuke parpadeó.
—¿Si he hecho qué?
—¿Sakura vuelve a ser tu mujer? — insistió Sai con impaciencia. Su mirada parecía decir "¿de qué otra cosa iba a hablar?"
Sasuke se encogió de hombros.
—Las cosas no funcionan así.
—¿Eso quiere decir si o no?
Sai, siempre tan literal.
—Quiere decir que estoy trabajando en nuestra reconciliación.
—Quieres decir que no.
—Está bien, maldito seas. No, no volvemos a estar juntos. Sakura dice que necesita un tiempo.
—Has tenido tres años y siete meses— constató Sai. —Dile que volvéis a estar juntos y punto.
—Oh, me encantaría ver la vida de la manera tan sencilla a como la ves tú—, afirmó Sasuke.— Perseguiste a Ino a París, te la llevaste a una pensión de mala muerte y... Después, boda. Eres un hombre afortunado. Pero lo que hay entre Sakura y yo es mucho más complicado.
Sai no respondió. Estiraba el cuello para observar a Ino a través de las ventanas que daban a la terraza. Sólo que su hermano no sabía lo que le había dicho y, lo más importante, no le importaba.
Sasuke permaneció en silencio mientras los perros ladraban a su alrededor sin saber qué hacer: quedarse con Sai en el vestíbulo, con el servicio, o salir con las damas.
Perdió la esperanza de distraerse con los animales cuando vio que atravesaban la puerta-ventana abierta en dirección a Ino y Sakura.
Sai salió de su ensimismamiento y le miró brevemente.
—¿Sencilla? Por supuesto que es sencillo, simplemente hazlo.
Su hermano se dirigió entonces a las puertas, como si entre su esposa y él existiera un lazo invisible que le impidiera estar separado de la mujer que amaba.
La autora del libro es Jennifer Ashley
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
