Si yo estoy sorprendida por esta actualización , no me quiero ni imaginar como lo estaréis vosotres.

A ver, lo siento por tardar, pero no he estado, ni estoy, para escribir. Muchas Dalilas han escrito esto, y no estoy satisfecha con el resultado final, ni si quiera lo he pasado por el corrector de faltas. Sé que no es la calidad que os merecéis, pero es lo que hay.

No sé cuando volveré a actualizar, o si lo haré, sin embargo sabéis que I'm still standing y todo lo reconocible es de JK Rowling, la Warner y la canción es de Emily Autumn.


Capítulo III: Diagnóstico.

You're gettin warmer, oh

Did you plan this all along?

Did you care if it was wrong?

Who's getting warmer now

That I'm gone?!

Misery loves Company- Emily Autumn

— Tu país es muy tgiste —comentó disgustada Fleur mientras se comía su helado de fresa—. El cielo siempge es gis.

— Discúlpanos por tener un clima más lluvioso —le contestó burlón Draco que ya había acabado de comerse su helado.

Pegdonado —la rubia rió antes de volver a lamer la bola de helado y él negó con la cabeza divertido.

Dios… La había echado de menos. Habían sido amigos durante ocho maravillosos meses, y en ese corto tiempo habían congeniado como si se conocieran desde que llevaran pañales. Y a pesar del tiempo que había pasado desde entonces, en pocos días habían podido crear sólidos y profundos lazos. Draco por fin tenía una amiga.

— Me gustaría presentarte a mi nueva familia —le dijo mientras la observaba por el rabillo del ojo.

— ¿A la familia Gange? —Cuestionó curiosa la rubia sin mirarlo.

— Ahora son mi familia —respondió distraído con una fina sonrisa curvándole los labios—. Y dado que eres mi mejor amiga quiero que os conozcáis.

— Soy tú única amiga, Malfoy —habló Fleur entre risas y mirándolo risueña—. D'accord. Los conocegé.

— Te esperamos el viernes para cenar.

— Vale —asintió conforme—. Que sepas que llevagé mi cámaga y fotos tuyas paga avegonzagte.

— Si haces eso le daré tu número de teléfono a Bill.

— ¿Quién es Bill? —Fleur alzó curiosa sus perfectas cejas rubias y lo miró a los ojos.

— El pelirrojo que nos interrumpió el otro día —ignoró el sonido de desagrado que emitió Fleur y continuó hablando—. No para de insistirme en que quiere una cita contigo.

— Puedes decigle de mi pagte que le den.

— Mademoiselle Delacour, es un lenguaje muy obsceno ese —Draco se rió y vio como Fleur bufaba molesta y se levantaba del asiento.

— No me jodas, Malfoy —la chica se puso sus gafas de sol y tiró el resto de su helado a la basura—. Ese peligojo sólo me tgaegá pgoblemas. Podgía ganagse mi cœur.

— Uy sí, qué terrible sería.

§¤§

Esa tarde Draco la tenía libre, el explotador de su jefe no lo había obligado a ir a trabajar y le había dado la bendita tarde libre. Tenía una tarde libre en un soleado día a mediados de agosto. Era fabuloso.

Ya había planeado qué hacer. Volviendo del trabajo había comprado espaguetis, bacon y nata para cocinar. Había decidido que esa noche iba a hacer él la cena, iba a practicar el plato que el señor Granger le había enseñado. Iba a hacer unos deliciosos, o eso esperaba, espaguetis a la carbonara. Era uno de los platos favoritos de la enana.

Con las bolsas en la mano pensó que estaría bien echarse una siesta después de comer. Se tumbaría en su cama y dormiría un buen par de horas. Después de descansar cogería a Hermione y se la llevaría a comer un helado. Los dos solos, sin Beatrice y sin Swan. Se lo pasarían bien, jugarían en el parque, se tumbarían en la hierba, se comerían un helado a medias y después volverían a casa caminando cogidos de la mano.

El rubio sintió como su enfermedad se expandía por todo su pecho y le provocaba una agradable y cálida sensación de felicidad. Se sentía bien, demasiado bien, cuando pensaba en esas cosas ¿Su padre también las había sentido? ¿Antes de abusar sexualmente de las niñas había querido abrazarlas y protegerlas? ¿Era ese el paso previo antes de que se convirtiera en un monstruo?

No lo sabía, estaba confundido. En toda su vida nunca se había sentido tan bien. Se asustaba al pensar que algo tan cálido pudiera convertirse en algo tan sucio. Las dudas lo atormentaban, lo acosaban a todas horas sin descanso ¿Había alguna diferencia entre él y su padre? ¿De verdad quería hacerle a Hermione lo que Lucius le había hecho a Fleur?

Ante esa pregunta la bilis subió por su garganta y su estómago se revolvió enfadado. Le costaba respirar y empezaba a verlo todo negro. No, él no quería quitarle a Herms esa inocencia, él necesitaba esa pureza que la caracterizaba. Sólo de pensar que algo tan horrible como eso pudiera pasarle le daban ganas de matar a alguien.

Gruñó frustrado y sacudió su cabeza intentando despejarse. Él no era como Lucius, él no era como Lucius, él no era como Lucius.

Sin embargo su resolución pronto quedó olvidada al ver como la enana jugaba al fútbol con un niño un par de años mayor que ella. Sintió que algo se retorcía dentro de él y un desagradable sentimiento se extendía por todo su ser.

— ¡Mira Malfoy! —Lo llamó la niña sacudiendo la mano—. ¡Estoy jugando a fútbol!

Él asintió y se dirigió a la niña, se agachó para que ella lo abrazara y le dio un beso en la cabeza. Los rizos de ella le hicieron cosquillas en la nariz y eso lo relajó.

— ¿Quién es tu nuevo amigo? —Preguntó con rabia contenida.

— Es Víctor, se acaba de mudar a la casa de al final de la calle. He ido con mamá a dejarles un pastel que hemos hecho —la niña lo miró con los ojos brillantes y una sonrisa de oreja a oreja.

— Ya, bien —contestó él fulminando al niño con la mirada—. Pasáoslo bien.

Dejó a Herms con el niño y entró en la casa dando un sonoro portazo.

— Has conocido al nuevo amigo de Herms ¿No? —Le habló la suave voz de Beatrice.

Draco sólo gruñó y tiró las bolsas de la compra de cualquier forma. Se estaba convirtiendo en su padre, quería matar a ese pobre niño a puñetazos por jugar con Herms. Estaba muy enfermo.

§¤§

— Estás enfadado —la voz grabe del señor Swan lo sacó de sus pensamientos—. Uno no cocina enfadado, Malfoy.

El rubio se limitó a gruñir algo inteligible y continuó picando la cebolla. No iba a hacerle caso a Swan, no, esta vez no picaría.

— Te va a salir una salsa tan horrible como le saldría a Beatrice.

Suspiró frustrado y continuó ignorándolo. Quizás si no le hacía caso se marcharía… Pasaron unos minutos y justo cuando tiró la cebolla picada en la olla con el aceite vio como la mano del señor Granger apagaba el fuego.

— ¿Quieres que hablemos del nuevo amigo de mi hija? —Preguntó con un tono de voz casual y desenfadado.

Malfoy lo fulminó con la mirada y soltó el aire sonoramente por la nariz.

— Debes aprender a aceptar que Hermione tenga amigos de su edad. He visto como miras a Ron y a Harry y se nota que te molesta que se lleven tan bien.

— No son amigos adecuados para la enana —murmuró Draco entre dientes.

— Y según tú, ¿Qué amigos debería tener mi hija?

— Esos no.

Los ojos marrones de Swan lo miraron fijamente durante unos segundos como si pudiera leerle el alma.

— No somos nadie para decirle con quién debe juntarse o no. Ella debe tomar sus propias decisiones. Como tu tomas las tuyas.

Draco frunció los labios y miró fijamente al señor Granger.

— Alguien debe decirle que se está equivocando.

— ¿Y si el que se equivoca eres tú?

Draco miró al señor Granger que lo miraba a su vez con una chispa de diversión en sus ojos marrones y una leve sonrisa curvándole los labios. Parecía que el cabrón se estaba divirtiendo.

— Yo nunca me equivoco —comentó orgulloso y alzando la barbilla.

— ¿Hacemos un trato? —El señor Swan dibujó una sonrisa ladeada y en sus almendrados ojos brilló una chispa que debería haberle advertido que estaba a punto de pactar con algo peor que el diablo—. Beatrice me ha dicho que te gusta eso de pegarle puñetazos a la gente. Si consigues darme uno que me deje KO podrás decirle a Hermione con quién salir o no. Pero si yo te dejo KO te dejas de tonterías y te buscas amigos.

— ¿Está seguro de que quiere acabar el día con un horrible chichón en la cabeza?

— Hijo, el que acabará con el chichón serás tú —contestó el padre de Hermione riéndose—. ¿Aceptas o no? —Preguntó serio y tendiéndole la mano.

— Acepto —no se echaría atrás, los Granger no eran unos cobardicas.

Sí, Granger, él ahora era un Granger también.

— Papá —les habló reprendiéndolos la dulce voz de Hermione des del pasillo—. Está mal pelearse.

— Lo sé cariño —contestó Swan Granger sin apartar la vista de los ojos de Malfoy—. Pero papi debe hacer lo que debe hacer.

— Está mal —la niña frunció la nariz disgustada.

— Bueno, vamos al jardín trasero —Swan Granger se dirigió con pasos firmes y calculados a la puerta que comunicaba la cocina con el jardín de atrás—. No quiero que me vengas llorando porque toda la calle ha visto cómo te daba un puñetazo.

Draco bufó molesto y movió los brazos amenazadoramente.

— Serás el primer dentista sin dientes del mundo cuando acabemos.

Ambos se pararon a un metro de distancia y Malfoy tuvo que esperar a que el señor Granger hiciera un poco de calentamiento. Y después de hacer sonar una campana imaginaria empezaron a dar círculos alrededor, evaluándose y midiéndose. Como si fueran dos leones disputándose el liderazgo de su manada.

— ¿Qué pasa? —escucharon la voz de Beatrice que acababa de llegar de casa de los Potter.

— Papá y Malfoy se van a pelear —contestó una muy enfadada Hermione.

— ¡Dale duro Swan! —Lo animó su mujer tomando partido en la refriega—. ¡Gana y esta noche te daré tu copa favorita!

— Pensaba que ya no tenías copas de helado de limón —le dijo Herms confusa.

— Pues se la daré mañana, cielo.

Las voces de las mujeres distraían a Draco, nunca había empezado una pelea con gente mirándole, sí que las había acabado muchas veces así, pero nunca empezado. Atacó un par de veces tanteando a su oponente pero el señor Granger era más ágil de lo que aparentaba para su edad.

Siguió atacándolo, intentándolo acorralar, obligándolo a defenderse, cansándolo para poderle dar el golpe de gracia. Estaba tan confiado en su victoria que ni se enteró cómo el señor Granger lo noqueaba, sintió algo impactándose con fuerza contra su ojo izquierdo y después todo se volvió negro.

Beatrice besó apasionadamente a su marido mientras Draco yacía tumbado en el suelo inconsciente.

§¤§

— ¡Te tumbó de un golpe! —Chilló Fleur partiéndose de risa ante el relato de cómo había sido noqueado por el señor Granger dos días antes.

Draco rodó los ojos molesto y bebió un poco de agua. La mueca de dolor que le desfiguró la cara no pasó desapercibida por los adultos y Fleur y los tres se rieron a carcajada limpia. A él no le hacía ni puta gracia, no, desde luego que no.

— No creo que haga tanta gracia —comentó enfadado y fulminando a Fleur con la mirada—. Sólo fue un golpecito de nada.

— Draco, cariño —lo llamó Beatrice sonriendo ladinamente e inclinándose hacia delante—. Si te noquean no es golpecito de nada.

Los tres adultos volvieron a reír y él se limitó a chasquear la lengua enfadado y se recostó contra el sofá. Los tres continuaron riéndose y burlándose de él un rato más. Después la conversación siguió por otros derroteros y Fleur empezó a contar todas sus anécdotas vergonzosas, como aquella vez que fue a su casa y se manchó la ropa y tuvo que ponerse un vestido de ella.

Él interrumpió la conversación un par de veces ya que algunas de las cosas que contaba la rubia no pasaron exactamente como las decía y posteriormente empezó a relatar cosas vergonzosas que le habían pasado a ella. Sin darse cuenta adoptó una actitud más relajada y empezó a bromear y a reírse con el matrimonio y la francesa, se lo estaba pasando realmente bien.

— Draco, tengo sueño —la voz adormilada de Herms lo sacó de la conversación y se fijó en que la pequeña le estiraba del pantalón.

— Entonces habrá que irse a dormir —le contestó él con una sonrisa curvándole los labios.

La chica asintió lentamente y estiró los brazos para que él la cogiera. Draco sonrió y la acunó entre sus brazos mientras la llevaba a su habitación. Su pecho se hinchó y empezó a temblar cuando la niña escondió su cara en el hueco de su cuello, su suave respiración le hacía cosquillas.

No debería sentirse tan bien por llevarla a la cama.

Con cuidado quitó las sábanas y la dejó encima del colchón.

— ¿Puedes ponerte el pijama tu solita o también tengo que ayudarte? —Le preguntó bromeando.

— No, puedo hacerlo yo sola —sus rizos se movieron cuando negó rápidamente con la cabeza—. Beso.

Acercó su mejilla a los labios fruncidos de ella y le devolvió el beso para después acariciarle tiernamente la cabeza.

— Descansa enana.

— Buenas noches Malfoy.

Se dio la vuelta y vió como Fleur lo miraba des del umbral de la puerta sonriendo con su cámara fotográfica entre las manos.

— Estábais muy guapos —comentó ella dejándole sitio para salir—. No he podido gesistigme.

El chico sólo rodó los ojos divertido y fue hasta su habitación y le abrió la puerta para que pasara.

— Beatrice, nosotros también nos vamos a dormir —le dijo a la madre de Hermione que en esos momentos estaba subiendo las escaleras para darle a su hija las buenas noches.

— De acuerdo, descansad vosotros también —le dio un beso en la mejilla y a Fleur la abrazó—. Muchas gracias por venir.

— Es un placeg —confesó la francesa—. Sois una familia trés belle.

Beatrice se rió y le dio un beso en la mejilla.

— Gracias. Puedes volver cuando quieras. ¡No te olvides de pasarme esas fotos!

Ambas rieron y miraron a Draco divertidas.

— Os odio.

Puso los ojos en blanco y con aire indignado entró en su cuarto.

— Confío en que no haréis marranadas con mi hija durmiendo en frente ¿Vale?

A Malfoy casi se le para el corazón al escuchar esas palabras salir de la boca del señor Granger ¿Pero qué opinión tenía ese hombre de él?

— No se pgeocupe señog Gange —habló Fleur entre risas—. Lo hagé dogmig en el suelo.

No escuchó lo que le contestó el hombre pero sí como se reía y hacía un sonido de aprobación. Desde luego, no sabía por qué se quedaba en ese sitio.

Se desnudó y se puso su pijama, que consistía en unos pantalones de chándal viejos y una camiseta que le había pedido prestada, y que no iba a devolver, al señor Granger.

— Tienes una familia estupenda.

Cerró los ojos y se tumbó boca arriba en la cama para darle intimidad.

— Lo sé.

— Bea es tan belle —comentó con un suspiro la chica—. Pog dentgo y pog fuega.

— Sí —admitió él a media voz.

— Y el señog Gange… ¡Il est vraiment un homme! —admitió muy sentida mientras se tumbaba a su lado.

— ¿Y yo no soy un hombre? —Preguntó medio ofendido medio divertido Draco.

— No, tu eges un niño grand.

Ambos se rieron y se quedaron unos minutos en silencio observando el techo. Draco tragó saliva.

— ¿Y Hermione? ¿Qué te ha parecido Hermione?

— ¿L' enfant? —murmuró Fleur pensativa—. Muy antipática.

— ¿¡Cómo!?

La chica rió y tiró de él para abajo para que volviera a acostarse.

— ¿No lo has visto? Estaba celosa.

— ¿Celosa? —Malfoy frunció el ceño pensativo—. ¿Por qué?

— ¡Pour moi! —Le reveló Fleur enfadada y con un tono que denotaba que era obvio—. Se nota que t' aime, y no quiege compagtigte.

No pudo evitar que una sonrisa de felicidad le curvara sus labios y su ego se hinchara un poco ante esas palabras. La enana lo quería sólo para él.

— Veo que eso te hace muy feliz.

— No debería —murmura sin mirarla a la cara.

Fleur alza una ceja interrogante y lo mira esperando una explicación, no lo entiende.

— Creo… —traga saliva, va a decirlo, va a darles a sus horribles pensamientos un cuerpo—. Creo que estoy tan enfermo como mi padre.

— ¿Qué? —Fleur se incorpora y lo mira alarmada. —. ¿Quieges hacegle lo que tu padge me hizo a mí a esa pobge niña?

— ¿¡Qué!? ¡No!

Sus palabras parecen calmarla pero sus ojos aun lo miran inquisitivos y su ceja derecha está alzada esperando que él se explique. Traga saliva y mira al techo, le cuesta encontrar las palabras.

— No sé cómo explicarlo —admite en un susurro—. Nunca en mi vida me he sentido así, estoy confuso y tengo miedo —se queda callado unos segundos y no protesta cuando siente los dedos de Fleur enredarse con los suyos. Eso lo reconforta, el nudo sigue en su garganta pero sigue hablando, necesita decírselo a alguien, necesita poner sus miedos en palabras—. Cuando estoy con ella me siento tan bien… Es… No sé cómo explicarlo. Me siento bien, en paz, como si nada más importara. Hay un… un cosquilleo por todo mi cuerpo. Es agradable. Y siento que algo en mi pecho pesa, pesa y salta. No puedo parar de sonreír como un imbécil. Cualquier cosa si está relacionada con ella me hace feliz. Parece de imbéciles.

Fleur inspira hondo y se muerde el labio.

— ¿Y cuándo le pasan cosas malas?

— Quiero matarlos a todos —contesta serio cambiando la expresión de su cara a una mueca desdeñosa—. Quiero que sea feliz, aunque no sea conmigo, y si algo la molesta o la pone triste… Me enfado, me enfado y quiero eliminarlo.

El silencio vuelve a hacerse presente en la habitación. Draco empieza a temblar, sus inseguridades lo engullen, lo devoran.

Tu l'aimes —la voz de la rubia le llega entrecortada y él la mira frunciendo el ceño.

— ¿Amar? No sé qué es eso.

— ¡Mon Dieu! ¡Pog supuegsto que lo sabes! —Le habla indignada—. Es lo que sientes pour l'enfant.

— No, no, no —el chico niega con la cabeza y se incorpora—. No puedo sentir algo tan puro. No. Eso no está hecho para mí.

Pego es la vegdad, Dgaco.

Draco niega con la cabeza, mira al vacío y se muerde el labio inferior. Amor. ¿Puede ser verdad? ¿Él? ¿Siente amor por esa niña? No quiere creerlo. Intenta revelarse ante la idea, arañarla, pero las palabras cada vez más se asientan en su pecho y lo hunden, lo hunden y no le queda más remedio que acunarlas entre sus torpes e inexpertas manos.

— Nunca he amado a nadie —confiesa en un murmullo—. No sé cómo se hace.

— Nadie lo sabe —le responde la chica mirándolo con ternura y comprensión—. Pego apgendemos a haceglo. Paga cada pegsona es difegente, sólo tienes que encontgag tu pgopia fogma de haceglo.

— ¿Y si la cago?

Fleur se queda unos minutos callada como si meditara la respuesta.

— Bueno, entonces asegúgate de ageglag el desastge.

§¤§

Ginevra Molly Weasley nació en un hermoso y soleado 11 de agosto, cada año celebró su cumpleaños rodeada de su familia y de sus amigos más allegados en la Weasley's cottage, o como la llamaban todos de forma cariñosa, en la Madriguera.

Esos días estuvieron llenos de felicidad, risas y sobretodo de gente que la quería. Sin embargo un día empezó a ir a la academia Hogwarts e hizo amigas y amigos. Y como es natural quiso invitarlos a sus maravillosas fiestas de cumpleaños. Así que a causa de que todos sus amigos por esas fechas estaban de vacaciones, debió cambiar su fecha de celebración a finales de agosto.

Todo fue bien, durante unos cuantos años, había globos, risas, caras infantiles manchadas de chocolate y una sorpresa que sus padres se encargaban de organizarle cada año para que la fiesta fuera más maravillosa. Y como suele pasar a veces con las sorpresas, la de este año no salió exactamente cómo lo habían planeado.

— ¿¡Qué quieres decir con que el payaso no viene!? —Malfoy se echó a temblar de miedo por puro instinto al escuchar la voz cabreada de Molly Weasley—. ¿¡Me tomas el pelo o qué, Arthur Weasley!?

— Jamás se me ocurriría tomarte el pelo con eso, querida.

— A veces admiro a mi padre —le dijo Bill en un susurro divertido—. Hay que tenerlos grandes para parecer tan tranquilo y no salir corriendo mientras mamá te echa la bronca.

Ambos se ríen y siguen escuchando cómo los gritos de la señora Weasley resuenan por el comedor. Malfoy se levanta y mira por la ventana cómo los niños se divierten a fuera en el jardín. Todos están disfrazados. No puede evitar reírse al ver a Hermione tratar de chutar una pelota mientras se sube la falda de su pelplo griego con sus diminutas manitas. Sí, había querido disfrazarse de la poetisa griega Safo.

Él se había tenido que disfrazar de Pitágoras.

— ¿Y ahora qué hacemos? —La voz disgustada y preocupada de Molly Weasley le llegó amortiguada desde detrás de la puerta de la cocina—. Ya le hemos dicho a Ginny que va a venir alguien a hacerla reír.

— Si se lo decimos bien lo entenderá.

No sabe por qué pero se imagina que en esos momentos Arthur está abrazando protectoramente a su mujer contra su pecho mientras le acaricia tiernamente el pelo. Él nunca ha visto muestras de efecto de esa forma en un matrimonio. Le ha chocado ver como Beatrice y Swan se cogen de la mano, se besan en público y tienen una especie de camadería que le hace sentirse forastero cada vez que los ve.

Con los Weasley, los Potter y los Longbottom le pasa lo mismo. Sobre todo con los Weasley, no sabe porque, pero la Madriguera siempre tiene un ambiente lleno de amor. Y sabe que eso es en parte gracias al amor que Arthur y Molly Weasley sienten el uno por el otro.

Todas las familias deberían de tener una mínima parte del amor y calidez que había en la Madriguera. Con lo que ellos se esforzaban ninguno de sus hijos se merecía quedarse sin una memorable fiesta de cumpleaños. Así que inspiró hondo e hizo lo que Pitágoras debía hacer.

Salió un momento a fuera y marcó el número de teléfono de la única persona que podía ir y salvar el día. La conversación, o monólogo, alias bronca tremenda que recibió, no duró mucho, y a los cinco minutos ya estaba dentro otra vez dirigiéndose a la sala de estar.

— Señor Granger, necesito que me lleve a la estación.

Swan levanta la vista y sus ojos adquieren un brillo especial.

— Oh ¿Es para una travesura?

— Sí.

A veces ese hombre le da miedo. ¿Qué debía pasar dentro de esa alborotada cabeza?

— ¿Alguien ha dicho travesura? —Sirius y James aparecen de pie como salidos de la nada y mirándolos expectantes de aventura.

— ¿Cuál es tu plan maestro, primo? —Tonks, con el pelo azul y vestida de presidiaria, sí, llevaba un mono naranja que le queda horrible, se le colgó del cuello y juntó sus caras.

— No cabremos todos en el coche —contestó rodando los ojos—. Si digo que vamos a la estación es porque va a venir alguien.

— Podemos coger la camioneta que Arthur tiene en el garaje —dice Frank Longbottom levantándose del sofá e hiendo a buscar a su amigo—. Voy a pedirle las llaves, yo conduzco.

— ¡Yo me pido de copiloto! —Chilló Nymphadora dando saltos de alegría y siguiendo al hombre—. Remus, cuida del fuerte mientras yo no esté.

— ¡Nos vamos de excursión! —Sirius y James se fueron rápido no fuera a ser que Lily les confiscara esa botella de whiskey que llevaban escondida en la chaqueta.

— Dile a tus padres que no se preocupen —le dijo a Bill antes de salir—. Que no le digan nada a Ginny, tendrá una gran sorpresa.

— De acuerdo —Bill sonrió ampliamente y lo abrazó—. Gracias por salvar el día. Remus y yo os cubriremos.

— Sólo una cosa, compórtate ¿Vale?

Se dio la vuelta y cuando cerró la puerta escuchó la protesta ahogada de su amigo.

— ¿¡Comportarme!? ¡Soy una bellísima persona!

Casi dos horas después las excusas y las distracciones se le estaban acabando a Bill Weasley y él sólo quería estrangular a su hermana pequeña ¿Por qué las mujeres eran tan complicadas? ¡Ni de niñas te daban un respiro!

— ¿Cuándo llegará mi sorpresa? —Ginny, que estaba disfrazada de ninfa de los bosques con un vestido que en su día fue una cortina, lo miró con sus enormes ojos marrones y sus labios bien juntos en un gesto que denotaba enfado.

— Si te lo digo ya no será una sorpresa ¿No crees?

Su hermana abrió su diminuta boca para contestarle pero no pudo hacerlo gracias a que Malfoy llegó con la sorpresa que había prometido traer.

— ¡Ya hemos vuelto! —La señora Lupin fue la primera en entrar y se fue corriendo a darle un beso a su marido—. ¡Me lo he pasado genial! Deberías haber visto como Fleur le ha contestado a Sirius cuando ha intentado ligar con ella ¡Qué corte se ha llevado!

— ¡Eh! —Se defendió el aludido y mirándola molesto—. James también ha probado el sarcasmo francés.

— Pero a diferencia de ti yo he sabido cuando parar ¡Auch! —El patriarca de los Potter se frotó disimuladamente la mejilla donde su mujer lo había pellizcado.

— Ya os dije que no intentarais ligar con ella —Malfoy entró llevando lo que parecía una lámpara en sus manos.

— No se preocupe señorita Delacoeur, son mucho ruido y pocas nueces —dice el señor Longbottom mientras se ríe.

— No se disculpe pog la falta de sentido común de sus amigos, señog Longbottom. No pueden evitag seg así.

Fleur entra en la casa y escanea la habitación con la mirada.

— Malfoy, ponlo ahí —Le dice al rubio que parece haberle concedido el honor de ser su esclavo personal—. Cuando acabes ves al coche y tgae lo que falta.

— Sí, ama.

— ¿Qué está pasando aquí?

Arthur Weasley salió de la cocina seguido muy de cerca de su mujer.

— ¡Draco tiene un plan! —Anuncia Tonks que está sentada en el regazo de su marido.

Todas las miradas se quedan puestas en él y él se limita a darles una explicación.

— Los escuché hablando que este año se han quedado sin sorpresa para Ginny y pensé que traer a Fleur podría solucionar el problema.

Cree que no hace falta decir nada más pero la señora Weasley no es de esa opinión.

— ¿Cómo?

Bill tiene razón, la señora Weasley da auténtico miedo.

Pegmitagme pgestagme Madame Weasley —Fleur avanza hacia la mujer con una sonrisa en sus labios y le da dos besos—. Mi nombge es Fleur Delacoeur, soy fotógafa, Dgaco me ha pedido que venga a sacágle unas fotos a una modelo llamada Ginevga Weasley. ¿Está pog aquí madmoisselle Weasley? Me gustagía empezag cuanto antes.

— ¡Yo soy Gienvra Weasley!

Todos se habían olvidado de que la pequeña estaba en la sala de estar con todos los demás. La niña saltó entusiasmada y con las mejillas coloreadas debido a la excitación y a la vergüenza.

— ¡Tu est trés belle! —Fleur se arrodilla delante de la niña y la mira con una sonrisa en sus rosados labios—. ¿Cuántos años tienes?

— ¡Nueve!

Ginny estira sus bracitos y levanta nueve dedos indicándole su edad mientras sonríe ampliamente. Esa es la primera foto que Fleur tomó en aquella tarde de verano. Le siguió una de Ginny posando enseñándole su vestido y otra sacándole la lengua a la cámara.

La niña entre risas le cogió la mano a Fleur y se la llevó al jardín y le presentó a los otros invitados de la fiesta. No pasó mucho tiempo sin que se escuchara a los niños corriendo y riendo emocionados y a Fleur sacando fotos entusiasmada como si fuera una niña más.

— Draco —dijo la señora Wesley mirándolo agradecida y con los ojos húmedos debido a las lágrimas—. Gracias por echarnos una mano. No sé cuánto te habrá costado pero te pagaremos hasta el último penique.

— Ustedes no me pagaran nada —les dice sonriéndole débilmente—. Me han acogido con los brazos abiertos y siempre que he venido me han hecho sentir como en casa. Esto es lo mínimo que puedo hacer para agradecerles su amabilidad.

El matrimonio le sonrió agradecido y parecía que Molly iba a decirle algo más pero la voz enfadada de Fleur lo sacó de ese momento.

— ¡Dgaco! —La rubia chasquea los dedos en su dirección llamándolo—. ¡Necesito más luz! ¿¡Pog qué no tengo luz!?

Malfoy murmura unas cuantas palabras que no son muy amables hacia su amiga y coge la lamparita de Fleur y la saca afuera. Estuvo haciendo durante casi todo el día todo lo que Fleur le ordenó, fue el mejor esclavo de la historia.

Finalmente los niños se fueron a una hora temprana pero en la Madriguera continuó la fiesta y Molly preparó un suculento banquete y todos rieron, bromearon y se divirtieron. Fleur continuó sacando fotos de los momentos felices que compartían en familia.

Acabaron relajados en el salón con los niños estirando los minutos para no irse a dormir. Malfoy y la francesa estaban sentados en un sillón riéndose y comentando las fotos que la Delacoeur le enseñaba en su portátil.

— Draco ¿Qué miras? —Hermione le tironeó del pantalón y lo miró con las cejas juntas y cara de enfado, no le gustaba que el rubio la dejara de lado.

Fleur se ríe y aparta un poco el ordenador para que Draco pueda cogerla y sentarla en sus rodillas.

— Mira ¿Sabes quiénes son esos? —Draco se acerca a su oreja y le señala la pantalla que Fleur les está enseñando.

Hermione asiente efusivamente y se ríe. Pero se ríe aún más fuerte cuando Fleur pasa a la siguiente fotografía.

— ¡Es Ron! —Chilla la pequeña entre risas histéricas.

Eso captó la atención del aludido que se acercó corriendo y cuando vio la foto que Fleur le enseñaba abrió los ojos como platos.

— ¡Ese no soy yo! —Exclamó enfadado.

Eso provocó que los tres se rieran con más fuerza y los otros niños, y los adultos que aún eran unos niños en el fondo, se acercaran a ver qué causaba tanta gracia.

— ¡Eh Molly! —La llamó un risueño James—. ¡Aquí tienes un perfecto retrato de tu hijo menor!

Él y Sirius se rieron y Molly curiosa se acercó a ver qué les causaba tanta gracia. No pudo evitar carcajearse con ellos al ver una fotografía de su hijo menor comiendo con mucha ansia un trozo de pastel de carne.

Al final Fleur tuvo que conectar su ordenador a la televisión para que todo el mundo pudiera ver las fotos que había sacado durante el cumpleaños. La diversión duró toda la noche y parte de la madrugada.

Después, tanto adultos como niños, fueron organizados por una demasiada enérgica Molly Weasley, en habitaciones y camas y durante media hora no paró de estirar orejas, dar voces y arreglar sábanas asegurándose de que todo el mundo tenía un sitio donde dormir.

Finalmente todos se durmieron y la anfitriona pudo descansar tranquila, aunque no por mucho tiempo, ya que dentro de unas horas un montón de bocas se abrirían chillando por desayuno. Y fue entre bocado y bocado, entre risa y risa y patada y patada en el que Draco Malfoy recibió una llamada que llevaba todo el verano esperando.

— ¿Señor Malfoy? Soy el arquitecto Jackson Higgins, le informo que los obreros acaban de finalizar todas las reformas que pidió en su mansión. Enhorabuena, ya puede trasladarse cuando desee a su nuevo hogar.

§¤§

— Bienvenido a casa, señor Malfoy.

Draco suspira y asiente secamente ante el saludo de su ama de llaves. Alza la vista y evalúa lo que a partir de ese momento va a ser su residencia permanente.

Las paredes son altas, y del techo cuelga una brillante araña de cristal. Todo es negro y de tonalidades oscuras, y piensa, que siendo una casa perteneciente a la familia Black, no puede ser de otra forma.

Esa pequeña mansión era parte del poco patrimonio que el juez le había permitido quedarse tras desmantelar toda la corrupción en la familia y en las empresas Malfoy. A parte consiguió quedarse con parte de la fortuna familiar, que le facilitaba vivir holgadamente el resto de su vida, pero de una forma mucho más modesta. Y mantuvo alguna de sus acciones y participación en algunos sectores comerciales y empresas.

Esa casa había pertenecido a la familia Black. Su madre la había aportado a la familia Malfoy como dote el día que se casó con su padre. No tenía ni idea de que existía esa propiedad hasta que hizo inventario de bienes. Pero cuando la encontró, fue a verla y vio que solo necesitaba un par de reformas para ser completamente habitable, y como aún el peso de la familia y la educación refinada que le habían dado le pesaba, había preferido quedarse ahí que comprarse una casa nueva.

Y ahí estaba. Después de haberse despedido de los Granger, de haberle prometido a la enana que iría cada viernes a cenar, de haber sobrevivido a los llantos y al abrazo asfixiante de Beatrice y de haberse despedido de Swan como todo un hombre, estaba, por fin, en su nueva casa.

Sonrió tristemente y empezó a subir las escaleras de su desolado hogar.

— Solo otra vez, naturalmente.

§¤§

— Señor Malfoy, la cena ya está servida.

Draco alzó la vista del portátil y vió cómo su ama de llaves le hacía una pequeña reverencia. Había contratado a unas tres personas para que le ayudaran a mantener la casa limpia y ordenada. Sabía que en casa de los Granger había aprendido a ser una persona autosuficiente, pero sinceramente prefería que alguien cuidara de él en ese aspecto.

Se levantó y se dirigió a lo que era el comedor, pero de repente escuchó como alguien llamaba a su puerta. Vió que la ama de llaves iba a abrir pero curioso, quizás porque necesitaba hablar con alguien, le hizo un gesto para que se quedera quieta y fue él mismo a abrir.

Bonjour.

Se quedó de pie sorprendido al ver que era Fleur quien se encontraba al otro lado de su puerta.

— ¿No querrás decir Bonsoir? —Pregunta alzando una ceja intentando averiguar qué está haciendo ella ahí.

— Es bonjour en alguna pagte del mundo —contesta la rubia como si nada haciendo un gesto con la cabeza apartándose un mechón de pelo de la cara—. ¿Me vas a dejag pasag o no?

Draco frunció el ceño enfadado de que su amiga venga a darle órdenes en su propia casa, pero cierra el pico y se hace a un lado dejándola entrar. Y es ahí cuando nota la enorme maleta que lleva con ella y las otras tres que esperan en la calle para ser arrastradas a dentro.

— ¿Qué haces? —Pregunta algo alterado y asustado.

— Me vengo a vivig aquí —le contesta como quien comenta el clima—. He decidido quedagme a estudiag aquí y necesito un sitio donde vivig.

Fleur se para en medio del hall y observa todo con ojo crítico.

— Es una casa bonita y tgiste, me gusta —y diciendo eso empieza a subir las escaleras rumbo al primer piso—. Si te plait Dgaco, entga mis otgas maletas.

El rubio se quedó de pie en la entrada boqueando sin saber bien qué decir. Anonadado observó cómo su ama de llaves se apresuró a servir a su nueva autoimpuesta inquilina y la guió hacía una de las habitaciones.

Draco supo que esa noche iba a ser larga y que iba a cenar la comida fría.

§¤§

— Pues te ha quedado la cena muy rica —dice Beatrice mientras se limpia la comisura de la boca con una servilleta.

— Yo no he cocinado, ha cocinado Fleur —le contesta atragantándose con el nombre de su mejor amiga.

La fulmina con la mirada y ella simplemente le sonríe.

— Ha sido una suegte que Hegmione haya hecho un dessert. Pog desgacia Dgaco no ha sido capaz de sacag el pastel a tiempo del hogno.

Intenta no contestarle ante ese tono acusatorio que ha utilizado para culparlo de que el pastel se haya quemado. Además, el bizcocho era de chocolate, ¿No se supone que debía ser marrón?

— He hecho yo sola el bizcocho —le dice Hermione que se ha sentado a su derecha con una expresión en la cara que no le deja entrever qué está sintiendo—. Mamá sólo lo ha cortado. Y lo he rellenado y cubierto yo sola.

Draco le sonríe y no puede evitar pensar que hoy está muy guapa, lleva un vestido blanco con estampado de lazos rosas, y lleva el pelo suelto pero apartado de la cara por una cinta de color rosa a juego con su vestido. Los zapatos son blancos y de vestir. Parece una muñeca.

— Seguro que está delicioso.

Ella no contesta, gira la cara y se pone a jugar con la cuchara. Por suerte su sirviente entra y les sirve una porción de pastel a cada uno. Draco no quiere confiarse, que parezca delicioso, según tiene entendido es un simple bizcocho con vainilla relleno de crema de frambuesas, y un poco de azúcar glasé encima como decoración, no tiene porqué significar que está bueno, sobre todo si lo han cocinado Hermione y su madre.

Pero él es un hombre, y como hombre que es va a probarlo, va a probarlo y a decirle lo delicioso que está, aunque sea la más vil mentira que jamás haya dicho.

— Está exquisito —Fleur es la primera en mentir.

El rubio intenta no atragantarse con su primer bocado al ver la expresión de su amiga. Ni siquiera pestañea al decir la mentira. La mira entre asombrado e incrédulo ¿Cuándo ha aprendido a mentir tan bien?

— Muchas gracias Fleur —le agradece el cumplido Beatrice—. Hermione se ha esforzado mucho en hacerlo ¿Verdad cariño?

Draco cree que Hermione se ha esforzado mucho para matarlos.

— No hace falta que digáis que está bueno, podéis decir la verdad, no me enfadaré —dice la niña fulminando el trozo de bizcocho que tiene delante.

— ¿¡Pero qué dices cariño!? —Exclama Beatrice muy indignada—. ¡Esto es una obra maestra de la pastelería! ¡Ni los mejores reposteros franceses podrían hacer algo tan bueno!

Bien sûr que no —apoya Fleur a Beatrice.

— Enana —se introduce Malfoy en la conversación—. Todos apreciamos el esfuerzo que has hecho pero creo que deberías asumirlo, no estás hecha para cocinar. No te sientas mal, todos tenemos algo que por más que lo intentamos no se nos da bien, y en tu caso eso es la cocina.

Hermione gira la cabeza y mira a su padre.

— No te preocupes cariño, yo me encargaré de hacer las comidas a partir de ahora —intenta reconfortarla el señor Granger poniendo su gran mano encima de la diminuta de ella—. Y si no puedo… Bueno, siempre podemos venir a casa de Draco y Fleur, ellos tienen un chef para ellos solos.

— En realidad es mi casa solo…

— Me parece buena idea —accede la niña asintiendo—. Siempre que a la señorita Delacoeur no le moleste.

— ¿Por qué nadie…?

Pog supuegsto que no ma petite. Podéis venig siempge que quegais.

Draco pone los ojos en blanco y aparta el plato de delante suyo con malhumor. ¿Era esto lo que el señor Granger sentía cada vez que lo ignoraban en su propia casa? La verdad es que no le gustaba para nada sentirse así, quizás debería echarlas, a todas. ¡Era su casa por Dios! ¡Él hacía las normas y podía decir quien venía y quien no! Iba a decírselo, por supuesto que iba a decírselo. Era mejor que se metieran en sus asuntos y que no se tomaran tantas confianzas en casas que no eran las suyas. Sí, debían saberlo. Iba a decírselo, aquí y ahora, lo iban a escuchar…

— ¡Tengo algo que decir! —exclama mientras se endereza y mira a todas las mujeres sentadas en su mesa.

— Ahora no, Draco —dice su exprofesora sonriéndole—. Fleur nos iba a enseñar unas fotografías que piensa imprimir y colgarlas de las paredes para darle más vida a tu mansión ¿No es eso maravilloso?

El aludido abre la boca sin saber qué decir.

— Pero no pongas tantas como en la Madriguera —añade Hermione pensativa—. Tía Molly no para de poner fotos de sus hijos haciendo cualquier cosa.

Ne t'inquiètes pas Hegmione, seguidme y os enseñagé exactamente en qué he pensado paga dagle a esta casa más vida.

Fleur y Beatrice salieron del comedor riéndose y haciendo bromas mientras Hermione las seguía mirando atentamente a Fleur y escuchándola como si le estuviera dando la lección de su vida en decoración.

Con incredulidad giró la cabeza y enfocó su vista en el señor Granger que era el único que seguía en el comedor mientras comía un poco de pastel.

— Puso muy fuerte el horno, por fuera está bien pero por dentro aún está crudo…

Swan Granger continuó un rato con su análisis del pastel y comiéndoselo hasta que se decidió a mirar a Draco.

— Sí, esto está asqueroso —le dice como si le hubiera costado llegar a esa conclusión—. Creo que has hecho bien diciéndole a mi hija que pare de intentarlo. No creo que hubiera podido sobrevivir mucho tiempo más siendo envenenado por ambos frentes, gracias Draco.

El albino suspira derrotado y esconde su cara en sus manos. ¡Genial! Hasta su propio sexo lo ignora en su casa.

— No te preocupes hijo, uno se acostumbra —escucha que le dice el señor Granger poniéndole la mano en su hombro intentando reconfortarlo, ni siquiera ha escuchado cuando se ponía de pie.

— ¿A morir envenenado? —Le pregunta sin saber muy bien a qué se refiere el dentista.

— También —el hombre se aclara la garganta y lo mira directamente a los ojos—. A que lo ignoren a uno. No podemos esperar que todo gire a nuestro alrededor, ellas también tienen derecho a tener su espacio y a hacer lo que les plazca, es normal que al principio nos choque porque no nos han educado para que nos ignoren con amor, pero bueno, uno aprende a aceptarlo —la verdad es que Draco no entiende nada pero agradece el consuelo que el señor Granger intenta darle.

— Pero esta es mi casa —Sigue insistiendo marcando el mi.

— Ya no, hijo —el padre de Hermione le da un par de palmadas en la espalda, dándole ánimos, y se va con paso lento al salón.

Draco se queda sentado intentando asimilar las palabras que el hombre le ha dicho. Lo ha llamado hijo dos veces ¿Qué es ese extraño calor que siente en su pecho? ¿Será la gripe? Se parece mucho a la clase de felicidad que sintió cuando la señora Weasley y Beatrice le dijeron que era un miembro más de la familia ¿Puede ser que el señor Granger también lo vea así? Y si es así…

— ¡Swan! ¡Ese alcohol no es tuyo! ¡No te atrevas a beber ni una gota más de ese whiskey!

A la mierda todo, los va a echar de su casa ¡Su whiskey no lo toca nadie!

§¤§

El otoño ha llegado por fin a Londres. Los árboles empiezan a perder sus hojas y en las calles ya empiezan a verse bufandas y gorros mientras que la lluvia cae inmisericordiosa del cielo. Hace un mes que empezaron las clases, Draco consiguió entrar en las dos carreras que quería, Hermione empezó el curso escolar en Hogwarts, Fleur logró que la aceptaran en un curso de fotografía, y las reuniones familiares seguían celebrándose el tercer domingo de cada mes en la Madriguera.

Sí, el mundo de Draco estaba relativamente en paz.

— ¡Draco, mon ami! ¡Vamos a comer juntos! —Chilla Bill Weasley asomándose por la puerta unos segundos después de que el profesor anunciara el final de la clase—. ¡He empezado a aprender francés! ¡Creo que así por fin conseguiré que Fleur me dé una cita!

— Ni al borde de la muerte conseguirías que Fleur aceptara salir contigo —murmura mientras ordena sus cosas y se da prisa por salir.

Esto de tener un mejor amigo es duro, muy duro.

§¤§

El invierno comienza a asomarse a mediados de noviembre. Y Draco da gracias al Dios de la nieve que ha hecho que Bill coja un resfriado y deba guardar, al menos durante tres días, reposo absoluto.

Draco no lo echa de menos, por supuesto que no, él ha estado deseando durante meses tener un momento para sí mismo y poder estar solo. No echa de menos ni que interrumpa sus clases, ni que le esté hablando de lo maravillosa que es Fleur, ni a no decirle dónde va a ir a tomar algo con sus compañeras de clase o en qué parque va a estar sacando fotos para que el Weasley casualmente pueda pasarse por ahí y encontrarse, muy casualmente, con ella. No, no echa de menos a su primer y único mejor amigo para nada.

— ¿Te importa que me siente? Las demás mesas de la cafetería están ocupadas —Draco alza la cabeza y ve a un chico de pelo negro y ojos azules mirándolo atentamente.

— Haz lo que quieras —le dice volviendo a enfocar la vista en su plato.

— Gracias, por cierto, soy Nott, Theodore Nott, pero Daph me llama Theo, así que puedes llamarme Theo —dice su nuevo compañero de mesa tendiéndole la mano.

— Yo soy Draco Malfoy, el placer es mío —se presenta él estrechándole la mano y deseando que el intercambio de palabras finalice ahí.

— Ya lo sé, quiero decir, todos en la clase de introducción a la economía sabemos quién eres. Ese chico pelirrojo nos lo recuerda todos los días —le dice soltando una pequeña carcajada y empezando a cortar su trozo de salmón—. Me ha extrañado que hoy no viniera a buscarte. ¿Os habéis peleado?

— Está enfermo —contesta Draco sin saber muy bien porqué—. El domingo pasado se pasó jugando en la nieve con sus hermanos y ha cogido la gripe. Debe guardar reposo por al menos tres días.

El tal Theo asiente mientras mastica su salmón con verduras y lo mira como si esperara que dijera algo más o le preguntara algo.

— La próxima vez mira el móvil y contesta mi mensaje de dónde estás sentado para ahorrarme un tour por toda la cafetería mientras te busco —dice una chica joven y rubia mientras se sienta enfadada delante de él—. ¿Y tú quién eres? —le dice con las cejas juntas y mirándolo como si fuera la cosa más molesta del mundo.

— Es Draco, Draco Malfoy —lo presenta Theo que ha dejado de comer y los mira a los dos sin perder su sonrisa—. Ha sido muy amable al dejarnos comer en su mesa.

— Encantada, Malfoy, soy Daphnee Greengrass —se presenta la chica apretando su mano sin darle ni siquiera tiempo a extenderla—. Como me llames Daphny, te mato.

El rubio la miró boquiabierto mientras la chica se centraba en su plato de comida y Theo se reía. ¿Qué acababa de pasar?

§¤§

— ¡Ay Dios mío tienes amigos! —Le chilla Bill Weasley tumbado en la cama y tomándose el cazo de sopa que le ha traído—. No sé si sentirme traicionado u orgulloso.

— No son mis amigos —le dice entre dientes—. Llevamos compartiendo mesa en la cafetería durante cuatro días y mañana por la noche hemos quedado para salir a tomar algo. Tampoco es para tanto.

— Es genial que hagas amigos en tu clase, la verdad es que empezaba a preocuparme que siempre comiéramos los dos solos…

— Es que nunca me das la opción de comer con nadie más…

— Y tampoco pareces relacionarte mucho con tus compañeros en clase…

— Las clases son para aprender no para hacer amigos…

— ¡Pero me alegro que alguien haya conseguido romper esa coraza que tienes alrededor de tu corazón! ¡Dentro de unos años mirarás atrás a este momento y dirás: Qué afortunado fui al darle una oportunidad a la amistad! Así se hace Draco, estamos todos muy orgullosos de ti.

El heredero de los Malfoy parpadea una, dos, y hasta tres veces intentando asimilar las palabras que el convaleciente Weasley le acaba de decir.

— ¿Te ha vuelto a subir la fiebre? —Le pregunta intentando culpar a la fiebre de la gilipollez de Bill Weasley.

— ¡Mis palabras eran sinceras y dichas des del corazón! —chilla el segundo hijo de Molly Weasley herido por las palabras del rubio.

— Son la mayor gilipollez que me has dicho. No te mereces comer esa sopa, devuélvemela.

Bill se pone deprisa de pie y se va corriendo al pasillo protegiendo el bol entre sus brazos.

— ¡No dejaré que me quites de las manos la deliciosa sopa que mi amada Fleur ha hecho para mí!

— ¡Fleur ni siquiera me ha dicho que te dijera: que se gecupege pgonto! —Le chilla Malfoy empezando a perseguirlo—. ¡Me lo he inventado porque estás enfermo! ¡Esa sopa la he comprado en una tienda que he encontrado viniendo hacía aquí!

Bill deja escapar un sonido indignado.

— ¡No me lo creo!

— ¡Créetelo!

— ¡Me niego!

— ¡Pues es verdad!

— ¡Mentiras!

— ¡Quien se pica ajos come!

Fue Molly Weasley quien con cuatro gritos y un par de cucharazos de madera puso fin a la pelea.

§¤§

— Draco, como no te des prisa llegaremos tarde al cine —lo regaña Hermione tirando de él con impaciencia.

— Herms —le contesta él sin poder evitar soltar una carcajada divertida—. La película empieza dentro de media hora, y de aquí al cine hay unos cinco minutos caminando, vamos con tiempo.

— ¡Pero la película es muy buena! —Chilla ella sin poderse contener—. ¿Y si cuando llegamos ya han vendido todas las entradas?

— No creo que se puedan llegar nunca a acabar las entradas por una película en blanco y negro, la verdad —dice él deteniéndola de cruzar un paso de cebra que se encontraba en rojo para los transeúntes.

— No es una película en blanco y negro —contesta ella marcando el no y el una—. Es Tiempos Modernos. Es un icono en las películas del cine.

— Ni siquiera sabes lo que quiere decir un icono…

— ¿Malfoy? —escucha como una voz melodiosa lo llama.

— ¡Pero si es Malfoy! —lo saluda Theo acercándose a él y tirando a Daphnee del brazo para que se acerque—. ¡Oh Dios mío qué niña más guapa! ¿Es tu hermana pequeña? No sabía que tenías una hermana pequeña.

— No soy su hermana pequeña —dice Hermione frunciendo el ceño y apretando con más fuerza la mano de Draco.

— ¿No? ¿Entonces es tu prima? ¿Vecina? ¿Hija ilegítima?

Draco frunce los labios enfadado. No sabe por qué, pero le molesta no poder responder a esa pregunta. ¿Cómo podrían definir Hermione y él su relación? Él la quiere, se quieren, pero no la ve como una hermana ¿Qué son? ¿Por qué le angustia no poder ponerle nombre a lo que siente por ella?

— ¿Y a ti qué más te da qué relación les une, Theo? —Suelta Daphnee regañando a su amigo y rompiendo la incomodidad de Malfoy—. Lo que pasa es que estás celoso que la primera persona con la que Malfoy ha deicidio salir después de los exámenes ha sido con ella y no contigo —Theo deja escapar un sonido estrangulado y Daphnee se arrodilla y queda a la altura de Hermione—. No le hagas caso, es chico, es tonto —Hermione se ríe y asiente con la cabeza—. Soy Daphnee Greengrass —se presenta tendiéndole la mano—. Como me llames Daphny no te vuelvo a hablar en la vida.

— Soy Hermione Granger —le contesta la castaña soltando la mano de Draco y estrechando la mano de la rubia—. No me gusta que Draco me llame enana.

Eso hace reír a Daphnee y Hermione la mira con una sonrisa insegura.

— Si tú no me llamas Daphny yo le pegaré a Malfoy cada vez que te llame enana, ¿Trato? —La rubia extiende su dedo meñique a Hermione y la niña lo enlaza con el suyo muy emocionada—. ¿A dónde vas tan guapa?

— A ver Tiempos Modernos, pero Draco es muy lento —le contesta Herms inclinando la cabeza hacia arriba y fulminando al chico con la mirada.

— Sí, la verdad es que Theo también es muy lento —admite Greengrass asintiendo y soltando un suspiro resignado.

— ¡Oye!

— Si quieres puedes venir conmigo a ver la película —ofrece Granger pillándolos a los tres por sorpresa.

— Hermione ¿No íbamos a ir los dos solos? —Le dice Draco con una sonrisa forzada no muy a favor de que su compañera de clase se una a su plan.

— Me cae bien —le contesta ella encogiéndose de hombros y volviéndole a coger de la mano—. Además, ese señor raro no me gusta —admite con descaro infantil señalando a Theo con sus diminutos dedos.

— ¡Disculpa! —Se defiende él—. Pero yo soy compañero de Draco en la Universidad y nos sentamos juntos en todas las clases —finaliza orgulloso.

— ¿Tú vas a la Universidad? —Le pregunta la niña incrédula.

— ¿Qué significa ese tono?

Malfoy se encoje de hombros y vuelve a mirarla.

— ¿Y si Daphnee no tiene dinero?

— Puedes invitarnos a las dos —contesta ella como si fuera lo más obvio.

— ¿Qué?

— Vale —contesta finalmente la rubia—. ¿Venden palomitas dulces? Me encantan las palomitas dulces.

— Yo me he traído unas golosinas de casa —contesta en un murmullo la pequeña y poniéndose el dedo índice delante de los labios—. Si me guardas el secreto te doy unas cuantas dentro del cine.

— De acuerdo —contesta Daphnee en el mismo tono—. Yo traigo un bolso grande ¿Qué te parece si Theo nos invita a unos zumos? Sería feo hacer pagar a Malfoy por todo.

— ¿Perdón? —Theo intenta llamar la atención de su amiga tirándole levemente de la chaqueta pero ella lo aparta de un manotazo sin ni siquiera mirarlo.

— Vámonos, sino no llegaremos al cine. Las entradas pueden agotarse rápido —Greengrass da la conversación por finalizada mientras se endereza y se alisa la falda.

— ¡Es lo que yo llevo diciéndole a Draco todo el camino! —chilla frustrada la niña mientras coge a la rubia de la mano y empiezan a caminar las dos juntas en la dirección contraria en la que se encuentra el cine.

Draco simplemente suspira y con la cabeza gacha empieza a seguirlas. Se alegra que Hermione apruebe a Daphnee, en cierta forma eso es importante para él. Quizás eso significa que no lo está haciendo todo tan mal después de todo, eso de ser una nueva persona digna de ella. Eso aligera su corazón.

§¤§

Los días se suceden en lo que parece una melodiosa monotonía para Malfoy. Va a clases, vuelve a casa. Trabaja horas sueltas en el taller que queda cerca de casa de los Granger, va regularmente a la Madriguera, sale con sus amigos y la relación con Hermione parece mejorar cada día.

Pero algo ha pasado que ha trastocado su vida. Algo o mejor dicho alguien. Ese alguien tiene nombre y apellidos, y se llama Astoria, Astoria Greengrass, y ese año ha empezado Ciencias Políticas. Tiene la cabellera rubia y larga hasta la cintura, una sonrisa corta pero cálida, los ojos verdes más brillantes que jamás ha visto, y aún no entiende muy bien cómo parece que Astoria lo ha atrapado en una adictiva cura.

Llevan enrollándose en secreto durante tres meses.

Cuando está con ella Hermione parece desvanecerse de su mente, de su piel, de su corazón. Sólo existe Astoria, ella y su piel de perfecta porcelana. No sabe si es normal que se olvide completamente de ella cuando no están juntos, ni si quiera le apetece salir con ella la mayoría de las veces, pero entonces aparece, esa necesidad, retorciéndose en sus entrañas, esa necesidad de verla, de estar con ella, de no separarse…

— Quiero presentarte a mis padres… —le dice en un suave susurro mientras las yemas de sus blancos dedos bailan encima de su pecho—. Formalmente, quiero decir.

Él parpadea un par de veces y le da una calada a su cigarro. Siente el impulso de salir corriendo, de irse de ahí, de dejarla en la cama y no volver a verla. Piensa en Hermione, no debería pensar en que la está traicionando si se pone a salir en serio con Astoria, pero lo siente, lo siente muy dentro de él y eso lo asusta. Lo asusta y lo asquea.

Quizás debe seguir adelante, olvidarse de ese sentimiento, transformarlo en algo nuevo y diferente, más puro, menos enfermo.

— Vale —le contesta apagando el cigarrillo en el cenicero.

La melodiosa risa de su acompañante le hace creer que está haciendo lo correcto.

§¤§

— Hermione, ¿no saludas a Astoria? —Beatrice está de pie a su lado intentando que su hija salude educadamente a su novia.

Él traga grueso, está nervioso, sabe que la ha cagado, pero cagado a base de bien. No necesita mirar a Fleur quien lo fulmina con la mirada desde la otra punta del salón mientras Bill intenta por todos los medios llamar su atención. Ya lo sabe, ya lo sabe viendo su cara que ha tomado la peor decisión de su vida.

— Hola Hermione —la saluda Astoria con una brillante sonrisa y arrodillándose hasta quedar a su altura—. Draco me ha hablado mucho de ti, espero que podamos ser amigas.

La rubia le tiende la mano pero eso hace que la pequeña de un par de pasos atrás asustada y los mire alternativamente.

— ¿Sois amigos? —Pregunta finalmente mirándolo mientras sus manos se mueven nerviosas.

— Somos más que amigos —contesta Astoria por él—. Somos novios.

Ante esa palabra Hermione frunce el ceño y arruga la nariz como si algo oliera terriblemente mal.

— ¿Eso quiere decir que ya no podemos ser amigos?

A Draco se le rompe el corazón. Se le rompe al ver esos grandes y brillantes ojos llenos de lágrimas, al escuchar su voz rota, al ver la tristeza en cada surco de su piel.

— Claro que podemos ser amigos, Herms —le dice él intentando tranquilizarla—. Que Astoria y yo seamos novios no significa que no podamos seguir siendo amigos…

— ¡Mientes! —Le chilla enfadada y con los puños bien apretados—. ¡Parvati y Lavander me han dicho que cuando un chico está saliendo con una chica el chico no puede tener amigas! —La castaña se detiene unos segundos mientras inspira y expira hondas bocanadas y las lágrimas empiezan a resbalarle por las mejillas—. ¡Ya no quieres ser mi amigo! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio!

Ante esas palabras el rubio siente que algo muy dentro de él se rompe, se rompe en mil pedazos. Siente un vacío enorme dentro de su pecho, incredulidad, dolor, no entiende, no entiende por qué Hermione piensa eso, debe llegar a ella, debe llegar… Hacerle entender que nada va a cambiar, que van a seguir igual, que él la ama…

— Herms…

Ella le pega, lo rehúye, se esconde detrás de su padre y llora, llora enfadada. Ni si quiera lo mira, esconde la cabeza en el hueco del cuello de Swan Granger y se niega a reconocerlo. El berrinche es tan fuerte que el matrimonio Granger debe marcharse de la Madriguera entre disculpas y el llanto histérico de Hermione.

Draco los ve alejarse por el camino de gravilla en el coche mientras Astoria le aprieta la mano y le dice que no pasa nada, que Hermione lo entenderá, que es una niña y todo mejorará. Que solo debe tener un poco de fe.

Draco nunca se había sentido tan solo y tan vacío en toda su vida.

§¤§

Los días pasan convirtiéndose en semanas. Las semanas se tornan en meses sin darse cuenta. Y así, fluyendo con el tiempo, llegó su primer aniversario con Astoria.

— ¿Dónde tienes tu cabeza hoy por la noche? Noto que estás muy lejos de mí.

Draco inclina su cabeza ligeramente y enfoca sus orbes grises en los verdes de Astoria. Está guapísima esta noche, con un vestido rosa pastel brillante, su pelo rubio ondulado suelto, su eterna sonrisa en sus labios… Debería pensar en ella, estar con ella, pero no puede.

— Hm.

Desvía la vista y vuelve a enfocarla en la pista de baile. El padre de Astoria ha decidido dar una fiesta e invitar a los amigos más cercanos a la família. Que por lo que parece ser, son la mitad de las famílias más importantes de Londres.

— Hacen buena pareja, ¿verdad?

El comentario lo pilla desprevenido. También que ella se haya quedado en su esquina de ser antisocial. Si hay algo que admira de Astoria es su capacidad de encajar y de moverse en cualquier situación social en la que se encuentre.

— Daphnee y el señor Scamander… Son perfectos —le aclara la chica con un tono de voz soñador.

Busca con la vista a su amiga y hermana de su novia y la ve sentada hablando con un hombre que podría ser su padre. Sin embargo, mientras más los observaba, más estaba de acuerdo con ella. Daph sonreía, sonreía de una forma que él nunca había visto. Parecía relajada, y feliz.

— Daphny dice que se siente culpable por haber nacido demasiado tarde.

Intenta no reirse, Astoria es la única persona en el mundo que puede llamar a su hermana Daphny sin llevarse un buen derechazo de la rubia.

— Le digo que son solo veinte años… Pero eso no la ayuda.

Parpadea sin perder de vista a su amiga y no le pasa desapercibido como ella acerca su silla disimuladamente a la de él, y le coge la mano, sus dedos se entrelazan y ambos se sonrojan momentánemante. El señor Scamander sonríe más ampliamente y se inclina más hacia ella. Y ella lo mira, lo mira feliz y con esa sonrisa que nunca le ha visto curvándole los labios.

— Tu y Hermione no os lleváis tantos años.

Su corazón se detiene y la mira fijamente. Sin embargo, ella sigue con su vista fija en Daphnnee y Scamander.

— Tenéis más posibilidades que Daphny y el señor Scamander.

Astoria sigue sin mirarlo, parpadea intentando asimilar lo que sus palabras implican.

— Yo… No entiendo…

No puede seguir hablando cuando sus ojos se encuentran y ella le dedica una sonrisa tímida.

— No estás enamorado de mí, y siendo justos, yo tampoco lo estoy de ti —empieza aclarando ella sin dejar de observarlo—. No hacemos mala pareja, nos compenetramos muy bien, somos amigos, tenemos confianza y en la cama nos llevamos bastante bien, la verdad. Pero no me necesitas, y yo quiero que me necesiten. Quiero que me miren de la misma forma que tu miras a Hermione cuando crees que nadie te ve.

Baja la mirada, incapaz de soportar más tiempo esa honestidad que ella le está brindando en ese momento.

— Lo siento, As —logra murmurar al cabo de un rato volviendo a a buscar sus orbes verdes con la mirada—. Entiendo que quieras romper conmigo pero… Pero lo que dices… —niega lentamente con la cabeza sin saber bien qué decir.

— ¿Qué, está mal? —Pregunta retóricamente soltando una pequeña risita al final—. Ese hombre que tienes ahí delante ha bañado a Daphny cuando ésta era apenas un bebé, y ahora la ve como una mujer. La ama. Por Dios Draco, ¿qué hay de malo en amar?

Vuelve a negar con la cabeza e intenta suprimir el pánico que se ha instalado en su garganta.

— No.. No es amor… Es una enfermedad… No… No está bien… No…

La cachetada que le da lo hace enmudecer y mirarla con los ojos abiertos de par en par. Ella inspira y expira en rápidas bocanadas, lo que supone que es para calmarse y no ponerse a chillar en medio del salón de baile de su casa. Con pasos firmes y seguros se acerca más a él hasta que sus cuerpos se rozan, lo coje con brusquedad del antebrazo y lo obliga a girarse para que siga viendo a su hermana y a su pareja.

— Míralos Draco… Míralos maldita sea. Dime, ¿qué crees que hay de malo en que ellos dos se amen, eh? Dímelo, joder, dímelo.

Puede escuchar como la voz de Astoria se rompe al final de la frase, y en un autoreflejo se suelta y le pasa el brazo por la espalda, atrayéndola contra su pecho y escondiendo su rostro lleno de lágrimas de los presentes que los miran curiosos.

Él los ignora, tiene muchas cosas en las que pensar.

Mientras, en el otro lado de la habitación, el señor Scamander le acaricia el interior del muslo izquierdo a Daphnee logrando que ésta pare de reírse y se relame los labios mientras le sostiene la mirada.

§¤§

Ha roto con Astoria. Es oficial, ya no van a haber más citas, ni miradas cómplices, ni cigarros compartidos a las dos de la mañana después de haber hecho el amor como locos.

Ya no hay más ellos dos.

Ahora está él solo.

Como antes.

Como siempre.

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El tiempo pasa.

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Con Daphnee las cosas están bien. Ella no le pregunta por qué su hermana ha roto con él, y él mira a otro lado cuando ven al profesor Scamander de lejos.

Extrañamente Theo tampoco dice nada.

Su amistad con Bill sigue creciendo, aunque le gustaría que dejara de tirarle los trastos a Fleur.

Fleur es tan francesa como siempre. Fotógrafa bohemia. Desorden. Colores. Copas de vino en el pequeño jardín de su casa. Jazz suave de fondo mientras cenan. Un suave beso en la frente antes de irse a dormir, para que tenga dulces sueños, o para que no sueñe nada.

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Los Granger no hacen preguntas, sólo lo abrazan y le dicen que no pasa nada, que todo irá bien.

Los Potter le dicen lo mismo.

Los Weasley lo miran con pena, Molly les estaba tejiendo jerséis a juego para esta Navidad.

Nymphadora se ríe de él, y de no ser porque Lupin se la lleva le hubiera partido un diente con mucho gusto a su prima.

Sirius se ofrece a presentarle a alguna de sus amigas.

Y Herms… Herms no cambia. Lo sigue evitando, mirándolo de lejos, sin apenas hablarle. Sin apenas reconocerle.

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El tiempo pasa.

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Las estaciones cambian.

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Los días se suceden.

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Su día a día es monótono, apacible, vacío.

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Las reuniones se siguen sucediendo. Su prima se casa, Bill consigue una cita con Fleur, Fleur consigue su primera exposición oficial en Gran Bretaña, Hermione pasa a secundaria, está apunto de graduarse y entra a trabajar, como becario, en la empresa del padre de Daphnee y Astoria.

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El tiempo sigue su curso.

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Hasta que se detiene en una calurosa tarde de mayo. Él tiene 21 años, y Hermione 14.

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Son casi las cuatro de la tarde, y al ser viernes, la gran mayoría de la gente en el despacho ya se ha ido. Y él, como becario que quiere seguir estando de buenas con su jefe, se ha quedado obedientemente ha terminar un par de cosas.

La espalda lo está matando de estar tanto rato sentado, y los ojos le pican de estar tanto rato mirando una pantalla de ordenador, pero esa es la dura del oficinista, y del becario.

Sí, es un buen becario. Pero hoy no se ha quedado sólo porque es un buen becario, y en su muy humilde opinión el mejor becario que ha pisado, y pisará, nunca esa empresa. Pero hoy también es un día especial, Beatrice le ha pedido que lleve a Hermione a casa.

La enana ha tenido una cita, una puta cita con si vecinito, Victor Krum. El criajo ha triunfado en el fútbol y se va de campamento todo el verano. Y eso parece que le ha dado el valor suficiente para confesarse, y la ha invitado a una cita, y ella ha aceptado, perfecto.

Cuando Beatrice se lo dijo intentó alegrarse, de verdad, pero no pudo, a pesar de todo sigue sintiendo esa enfermedad recorrer cada parte de su cuerpo, anidando, asentándose, arraigándose… Por fin ve que nunca jamás va a poder liberarse de ella.

Así que los días como hoy son duros, saber que está con otro, que otro vesará sus labios, que otro paseará con ella de la mano, que otro le robará sus primeros suspiros de placer, que se vestirá bien para otro… Pero nunca hará nada para él.

— Buenas tardes, Malfoy.

Y ahí la ve, con su vestido de flores, los rizos recogidos, levemente maquillada, sus uñas pintadas de un color rosa pálido y su suave colonia llenándole las fosas nasales. Casi puede sentir el calor que desprende su cuerpecito.

— Buenas tardes, Granger.

Ya no es enana, ni Mione, ni Herms, ni niñita ni ningún otro mote cariñoso. Es Granger, y él es Malfoy, y nada de lo que hace parece cambiar eso. No importó cuantas veces intentó acercarse, hablarle, intentar que lo perdonara, pero no sirvió de nada, cada tentativa acababa con ella ignorándolo, llorando o con una pataleta para que la dejara en paz, y eso hizo que reaccionara de la única forma que él sabía, había respuesto a la ira de la pequeña con más ira. Sabía que Beatrice quería que se reconciliaran, por eso le había pedido que la acercara a casa, y él ya no sabía como decirle que no tenia paciencia para estas cosas.

— ¿Qué tal tu tarde? —Pregunta él sin ningún tipo de interés.

— Bien —conesta secamente ella.

— Aún tengo un par de cosas por hacer, ¿por qué no te sientas en la sala de espera y lees un libro?

Hermione suelta una risita ahogada y el rubio siente como su mal genio empieza a salir a flote.

— ¿Te hace gracia que tenga cosas por hacer? —Dice intentando controlar su temperamento.

— No, la ironía, si lu hubiera sabido no me hubiera dado tanta prisa por llegar —dice la adolescente mordiéndose el labio inferior y desviando la mirada.

Y ahí ve las marcas, porque es imposible no verlas cuando él las ha dejado en las chicas tantas veces, los labios hinchados, la falda del vestido arrugada, las mejillas sonrosadas de ella, ese brillo en los ojos, una pulsera demasiado masculina en la muñeca de ella…

— ¿Prefieres estar besuqueandote con el imbécil de Krum antes que estar conmigo? —Sabe que no debe decir eso, pero siente que está en caida libre, precipitándose hacia abajo y nada puede detenerlo, pero es que tampoco quiere que lo detengan…

— ¡No hables así de mi novio! —Chilla ella a la defensiva—. Puede que en el colegio no le vaya muy bien pero no tienes por qué decir esas cosas.

— Es un imbécil, Mione —sigue insitiendo el chico, haciendo hincapié en la palabrota—. Y por muy enamorada que estés eso no lo va a cambiar, lo mismo que no cambiará lo que él realmente quiere de ti.

— ¿Y qué es lo que realmente quiere de mi, eh? —Le contesta alzando la barbilla desafiante.

— Oh… Enana —baja el tono de su voz y se acerca, como el cazador a su presa, ella no se mueve y él le susurra en el oído—. No tienes ni idea de lo que ronda por la mente de un hombre, y menos por la mente de ese niñato. No te haces a la idea de las cosas que querrá hacerte.

— ¿Y a ti qué más te da? —le pregunta con la voz temblorosa—. A lo mejor quiero que me las haga.

Se esfuma, cualquier pizca de paciencia, cualquier autocontrol que le quedase, la moralidad, el sentido común, la decencia… Todo desaparece, y sólo queda en él la rabia, la indómita y arrasadora rábia que ha sido su más fiel compañera.

No se lo piensa, le agarra la cara con ambas manos y estampa sus labios contra los de ella. Quiere hacerle ver lo que le hace, los pensamientos siniestros que plagan su mente, que todo es por ella, que ella es su salvación, es su condena, su cárcel, su liberación.

Obviamente a Hermione no le gusta, y se resiste, lo golpea, intenta chillar, resistirse. Sin embargo él es mucho, mucho más fuerte que ella, así que la reduce fácilmente, y sigue haciendo lo que quiere con ella, porque ella ha hecho lo que ha querido con él desde que se conocieron.

El sabor de las lágrimas le devuelven a la realidad, ella está llorando, y no, así no es como debe ser, ella es una niña, todavía es una niña. Se separa bruscamente de ella y da un par de pasos hacia atrás intentando serenarse.

Hermione está en el suelo, con el vestido mal puesto, el pelo suelto, las lágrimas bajan libres por sus mejillas, y eso lo enferma, no es mejor que su padre, es su padre, está enfermo.

— Yo… Yo… Herms… Lo siento… No quise….

Pero no puede decir nada más, ya que ella se levanta y se larga corriendo de ahí. Y supo que esa sería la última vez que la vería, porque no había vuelta atrás de lo que había hecho.

§¤§

— ¿Seguro que lo tienes todo?

Se gira y sonrie al señor Granger.

— Lo he repasado mil veces con Fleur y Beatrice, no se preocupe, podré llegar a Francia sano y salvo —intenta tranquilizarlo esbozando una sonrisa.

— Siento que ni Herms ni mi mujer hayan podido venir a despedirte, pero…

— No se preocupe —dice manteniendo su sonrisa forzada—. Lo importante es que las dos estén bien.

Ya ha pasado más de medio año desde esa maldita tarde en la que suponía que debía llevar a Hermione a casa. Ninguno de los dos ha dicho nada de lo que pasó, él la evitó como la peste, ni Beatrice ni Swan le preguntaron, no se atrevió a hablarlo con Felur, y sus amigos solo saben que tuvieron una discusión muy fuerte.

Así que se va, se va a estudiar a Francia, los padres de Fleur lo acojen encantados, el francés no se le daba mal en el colegio, así que no está muy preocupado.

— Asegurate de comer bien, sé educado y no te pelees con gente más débil que tu —le dice el señor Granger justo antes de pasar el control.

— ¿No se supone que deberías decirme que no me pelee? —le cuestiona divertido, decidiendo cuales son las mejores palabras para decir "hasta pronto".

— Un padre debe enseñarle bien a su hijo —esas palabras lo sorprenden y hacen que los ojos se le llenen de lágrimas. El señor Granger lo abraza de improvisto y él le devuelve el abrazo con la misma intensidad—. Ya sé que no eres mi hijo biológico, y que algo ha pasado con Herms que ninguno de los dos queréis decir… Pero me alegro mucho de haberte podido ayudar a ser el hombre en el que te has convertido, sé valiente, hijo.

— Gracias, papá —porque es verdad, si él ha tenido un padre y una madre, han sido Swan y Beatrice Granger.

Los dos lloran abrazados, pero deben separarse, él debe coger un avión y el señor Swan debe volver a casa. Asi que se separan, se ríen, se vuelven a despedir, y Draco pasa el control.

El señor Granger no se fue del aeropuerto hasta que ya no pudo distinguir a su hijo de entre la multitud.