El rumor de que el Lord escocés ha entablado relación con una dama de condición inferior ha sido refutado por todas y cada una de las fuentes, pero habiendo investigado el asunto, éste ha resultado ser falso. Su Lady parece feliz de tener a su Lord de vuelta tras sus repentinas y sucesivas ausencias, la diversión está garantizada ahora que los dos ocupan su hogar conyugal.
Enero 1877
Ino estaba en la cama metida entre las sábanas, pálida bajo el camisón de encaje.
Sai, en kilt y mangas de camisa, estaba tumbado a su lado y deslizaba su enorme mano bronceada por el abdomen de su esposa.
—Pobre Sakura—, se compadeció Ino al verla llegar y cerrar la puerta.—No era mi intención asustarte.
Sakura se acercó a la cama y se dejó caer en la silla, a su lado, para entrelazar las manos con las de ella.
—¿Estáis los dos bien?— preguntó con voz temblorosa. —¿Y el bebé?
—Todo está bien—, aseguró Ino con una sonrisa. —Y estoy en buenas manos, como puedes verlo por ti misma.— Lanzó una cariñosa mirada a Sai, que no había levantado la vista desde que ella entró en la estancia.
—Gracias a Dios—. Sakura inclinó la cabeza sobre sus manos entrelazadas. Su corazón entonó una oración de agradecimiento. — Gracias a Dios.
—De verdad, estoy bien, Sakura. Me sofoqué eso fue todo. Primero fue por la excitación de las carreras, y luego por estar sentada en esa carpa tan mal ventilada. Además llevaba el corsé demasiado apretado y ¡ya viste cuántos pastelitos de crema tomé!
Ino mantuvo un tono ligero, como si lo ocurrido fuera divertido. "¡Qué tonta he sido" parecía decir. Pero ¿acaso no he pagado el precio?"
Sakura cerró los ojos y apoyó la frente en la mano de su cuñada.
Ésta le acarició el pelo. —¿Estás llorando Saku? Te aseguro que estoy bien. ¿Qué te ocurre cariño?
—Sakura tuvo un aborto.— La voz de Sai retumbó a su lado.
Perdida en sus dolorosos recuerdos, Sakura escuchó la conmocionada exclamación de Ino.
—Hace cuatro años— continuó Sai. —Estábamos en un baile y tuve que llevarla a casa. No fue posible encontrar a Sasuke. Se había ido a Paris.
Sin duda, Ino interpretó correctamente las breves frases de Sai.
—Ya entiendo. Bueno, no me extraña entonces que os apresurarais a traerme aquí con tanta premura.
—Era un niño, apenas faltaban tres meses para que naciera— añadió Sai, reduciendo el acontecimiento más terrible de su vida a frases cortas y concisas. —Tardé cinco días en localizar a Sasuke y traerle de regreso a casa.
Cinco días en los que ella había permanecido sola en la cama, perdida en la melancolía más terrible que hubiera experimentado nunca. Había querido morir; no tenía fuerzas para vivir. Pero su cuerpo era joven y fuerte y se había recuperado muy pronto, no así su espíritu.
—Y es algo que jamás me he perdonado a mí mismo—, intervino Sasuke a su espalda.
Sakura alzó la cabeza y le vio en el umbral, observándola con sombría resignación.
—Ya te lo he dicho muchas veces—, intervino Sakura. —No podías saber lo que iba a ocurrir.
Sasuke dejó caer los brazos y entró en la estancia con pasos lentos y medidos.
—Tú eres lo que más quiero en el mundo y no estaba allí para ocuparme de ti. Tienes razones para odiarme.
—No te odiab...— Sakura se interrumpió. En aquel momento sí le había odiado, le aborreció por haber tenido que sufrir su pena a solas.
También se odió a sí misma por haber provocado la discusión que hizo que huyera dos semanas antes del aborto. Le había presionado, diciéndole que estaba cansada de su constante ebriedad y aquellas salvajes escapadas con sus amigos, a quienes les gustaba emborracharse tanto como a él.
Sasuke decidió, como siempre, que lo mejor que podía hacer era poner tierra por medio.
—No te odio ahora—, rectificó.
Sasuke le dedicó una sonrisa a Ino, apenas perceptible.
—¿Ves la vida tan miserable que padeció Sakura conmigo? La hice desgraciada, abrumándola algunas veces y abandonándola otras. La mayoría de las ocasiones era porque tenía la mente aturdida por la bebida, pero ni siquiera eso es excusa.
—Por eso te has vuelto abstemio— intuyó Ino.
—En parte. Aprendí una dura lección que deberían aprender también los más indulgentes: la bebida puede arruinarte la vida.
Sakura se puso en pie con un susurro de faldas.
—No seas tan melodramático, Sasuke. Te equivocaste, eso es todo.
—Cometí el mismo error una y otra vez durante tres años. Deja de disculparme, Sakura. No creo que pueda soportar tu compasivo perdón.
—Lo que yo no soporto es esa ansia que has desarrollado por considerarte culpable de todo. No pareces tú.
—He cambiado. Tengo otras aficiones.
—¡Basta!— gruñó Sai desde la cama. —Ino está cansada. Id a discutir a otro sitio.
—Lo siento hermano—, dijo Sasuke. —De hecho, he venido a traer algo a Ino. Espero que esto te levante el ánimo.
Sakura le observó con rigidez. Ahora se sentía tonta; se había dejado llevar por el pánico mientras Sasuke y Sai mantenían la mente fría. Al observar el malestar de Ino, le vino a la cabeza la dura prueba padecida y se sintió incapaz de pensar o actuar.
—Adoro los regalos—, aseguró Ino, sonriente.
Sai se apoyó en el codo como un dragón protector cuando Sasuke se inclinó sobre ella.
Sacó una bolsita del bolsillo y la vació sobre la manta.
—Sus ganancias, milady—, bromeó.
—¡Oh, me había olvidado por completo! Dios te lo pague; Sasuke. ¡Qué buen cuñado has resultado ser! Te encargas del carruaje, consigues que venga el médico a verme y, por último, me entregas mis deshonestas ganancias, y todo en una tarde.
—Es lo mínimo que puedo hacer por ti cuando cuidas tan bien de mi hermano pequeño.
Ino sonrió con deleite. Sasuke parecía tan satisfecho, y Sai... Sai había perdido el hilo de la conversación y trazaba intrincados dibujos sobre el vientre de Ino.
—¿Y mis ganancias?— preguntó Sakura, con la voz todavía temblorosa.
—Las tuyas te las daré en privado. Buenas noches, Ino.
Sakura besó a su amiga en la mejilla y ella la estrechó en un abrazo apremiante.
—Gracias, Sakura. Lamento haberte asustado.
—Tranquila. Tú estás bien, eso es lo único que importa—. La besó otra vez y salió por la puerta que Sasuke sostenía abierta para ella.
Sakura caminó en silencio junto a él por la galería, con los perros trotando a su alrededor, segura de que la crisis había terminado.
—¿Y bien?— le presionó, deseando que dejara de temblarle la voz. — ¿Vas a darme mi dinero?
Sasuke se giró hacia ella. —Por supuesto. Después de exigir una prenda.
A ella le dio un vuelco el corazón y no le gustó que su cercanía hiciera que quisiera fundirse con él. Aunque un abrazo sería reconfortante.
—Lo siento, caballero: no soy una mujer de vida alegre. Muchas gracias, pero no pienso besarle por una guinea.
—Son cien guineas, y no es eso lo que tenía pensado—. Le brillaron los ojos. —Aunque resulta una sugerencia interesante.
—Sasuke...
Él le puso las manos en los hombros. Unas manos cálidas y seguras que le quemaron la piel a través de la fina tela.
—Mi precio es que me prometas que vas a dejar de cargar con tus penas tú sola. Me has acusado de autoflagelación pero, sin embargo, tú te culpas por todo y apenas dejas que nadie se te acerque. Prométeme que dejarás de reservarte todo para ti misma.
La cólera creció y traspasó la preocupación. —¿Y con quién puedo compartir la parte más dolorosa de mi vida? ¿Quién estará dispuesto a escuchar todas mis tragedias sin fingir una excusa para salir de la estancia?
—Yo lo haré.
Sakura se quedó quieta. Abrió la boca para responder, pero el nudo en la garganta se lo impidió.
—Lo que ocurrió fue una tragedia tan tuya como mía, continuó Sasuke con suavidad. —Cuando supe lo que le pasó a nuestro bebé, quise morirme, y quise volver a morir por no estar allí contigo. Tú también podrías haber perdido la vida esa noche y, mientas tanto, yo estaba intentando olvidarme de todo en un hotel de Montmartre. Sai nunca habla mucho de ello, pero sé que pensó en aplicarme algunas de las torturas que le hicieron padecer en el sanatorio, y estoy seguro de que a ti también se te ocurrió.
Sakura asintió con la cabeza; las lágrimas hacían que le ardieran los ojos. —Pero en ese momento te necesitaba tanto que no me importaba nada adónde tuviera que ir Sai para encontrarte.
—Bien, me encontró—, aseguró Sasuke. Abrió los brazos. —Y estoy aquí otra vez.
—Sí, estás aquí. Ay, Sasuke, ¿qué voy a hacer contigo?
—Se me ocurren unas cuantas cosas.
El aire pareció crepitar mientras se miraban. El sol le calentaba la piel con los últimos rayos que se filtraban a través de la ventana. Se preguntó por qué no sabía qué hacer con él sin volver su vida del revés. Sasuke había dejado la bebida por ella y ahora era un hombre diferente; sobrio, tranquilo, más cínico, pero todavía repleto de aquella familiar y pícara arrogancia.
Él le deslizó los dedos por la cintura calentándola a través del corsé. Su cuerpo cobijó el de ella, la fuerza de sus manos resultó a la vez inquietante y reconfortante. Podría abrumarla con facilidad, podría tomar lo que quisiera de ella, pero no lo había hecho nunca Y no lo haría. Ni siquiera una vez.
Él le acarició la cara con dedos tiernos. En sus ojos no había ninguna demanda, ninguna pasión, aunque ella podía notar su reacción física a través de la falda.
—Estoy aquí,— aseguró él. —No volverás a estar sola.
—Por ahora—. ¿Podría sonar más amargada?
Pensó que Sasuke se sobresaltaría o se enfadaría, pero se limitó a alisarle el pelo. —Para siempre. No pienso abandonarte nunca más, Sakura.
—Estamos separados.
—Eso es sólo un documento legal. pero si me necesitas, para lo que sea, de día o de noche, no tienes más que hacerme un gesto con el dedo y allí estaré.
Ella esbozó una sonrisa. —¿Sasuke Uchiha aferrado a las faldas de una mujer?
—Con gusto me ataría a ti, cariño, aunque sólo llevaras faldas. —La besó en la comisura de la boca, y el calor de sus labios le hizo hormiguear la piel. —En especial, si no llevaras nada.
Sasuke todavía sabía cómo conseguir que se riera, de eso no cabía duda.
Le dio otro ligero beso en los labios, pero de repente la casa se llenó de sonidos cuando Naruto, Daniel e Itachi entraron y subieron las escaleras para averiguar cómo se encontraba Ino; los perros acudieron a dar la bienvenida a los recién llegados.
Él le brindó entonces una sonrisa, la besó una última vez se giró para recibirles. Sasuke no era tan tonto como para creer que Sakura le recibiría con los brazos abiertos después de lo ocurrido, aunque sabía que había hecho muchos progresos. Sin embargo, todavía quedaba mucho camino por recorrer.
Durante la siguiente semana en Doncaster, Naruto y Daniel asistieron a las carreras, Sai no se separó de Ino ni abandonó la casa, Sakura revoloteó a su alrededor por si acaso la necesitaban y él anduvo a caballo entre las pistas y la mansión.
Se mantuvo alerta por si volvía a aparecer el hombre al que Ron Steady había confundido con él, pero ni Ron ni ninguno de los demás corredores volvieron a ver a su doble. Tampoco tuvo noticias de Inuzuka desde Londres. Sin embargo tenía una especie de presentimiento que le impedía bajar la guardia.
A resultas de la indisposición de Ino, Itachi había dejado de presionarla para que fuera su anfitriona y la relación entre Sai y él volvió a ser lo que era.
Sasuke tuvo la sensación de que su hermano tenía la intención de pedírselo a Sakura, lo que le hizo comprender perfectamente el malestar de Sai. Pero ni Itachi ni Sakura mencionaron nada al respecto.
Además, el duque hizo pocas veces acto de presencia durante esos días. Estaba involucrado en toda clase de asuntos de los que, francamente, prefería no saber nada. Había transformado su anterior inclinación por los apetitos sexuales más oscuros en una inclemente devoción por la política. Aunque siempre había sido un genio para ese juego de poder y había llegado a destacar en él cuando tan sólo tenía veintidós años, mucho antes de convertirse en duque y obtener su asiento en el Parlamento. Ahora tenía bailando en la palma de la mano no sólo a los miembros de la Cámara de los Lores, sino también a los integrantes de la de los Comunes.
Ino y Sakura eran casi inseparables, paseaban casi todos los días por el jardín. Presentaban una bella estampa: dos hermosas damas vestidas con brillantes colores, con las cabezas inclinadas y juntas. Las escuchó reír muchas veces y se preguntó cómo encontrarían tantas cosas con las que divertirse. Pero, sin embargo, le gustaba su parloteo. Sobre todo, le gustaba oír la risa de Sakura.
Mientras Sai y él leían los periódicos, fumaban o jugaban al billar en apacible silencio, ellas hablaban sin cesar. Comentaban absolutamente todo lo que les pasaba por la cabeza, desde casas y moda a música, fauna y flora de todos los rincones del Imperio Británico. Era agradable y doméstico. Sus salvajes amigos se sentirían consternados si supieran que realmente disfrutaba con todo eso.
Por la noche Sakura desaparecía en su dormitorio y él vagaba insomne por la casa. Tenía el cuerpo tenso por el deseo pero, aunque ambos hablaban con más facilidad esos días, todavía no se atrevía a desnudarse para meterse en su cama. Cuando por fin se ganara la entrada en ese santuario, y se había prometido a sí mismo que lo conseguiría, no tenía intención de abandonarlo de nuevo.
Aquella vieja casa no tenía cuarto de baño, lo que quería decir que cuando Sakura quería tomar un baño, ordenaba a los lacayos que llevaran una bañera a su habitación. Entonces, él la oía chapotear a través de la pared que separaba sus dormitorios; escuchaba las salpicaduras mientras se lavaba todo el cuerpo entonando un melodioso zumbido que resultaba casi doloroso.
Una noche ya no pudo resistirlo más. Ino y Sai se habían encerrado en su suite y Naruto y Daniel estaban fuera, al igual que Itachi.
La voz de Sakura llegaba a través de la pared; una dama solitaria, felizmente desnuda en la bañera.
Sasuke empujó la puerta y entró sin molestarse en llamar. —Cariño, ¿estás tratando de volverme loco?
Sakura dejó caer la esponja en el agua con la consiguiente salpicadura.Estaba sola, no se veía a Evans por ningún lado. Se había recogido el pelo en lo alto de la cabeza, pero algunos bucles rosas se habían soltado y reposaban sobre los hombros mojados.
Sakura volvió a tomar la esponja y le miró con irritación.
—No todo lo que hago tiene que ver contigo, Sasuke.
No había alarma ni cólera en su voz. Le respondió en el mismo tono que le hubiera contestado en la salita mientras tomaban el té. Sus pensamientos se desviaron al último té que habían compartido en su casa y comenzó a sudar.
Cerró la puerta.
—Siempre he admirado tu afición por la higiene. Todos los días, lady Sakura se da un baño, no importa desde donde tengan que traer el agua los sirvientes.
—Hay un depósito al final del pasillo. No tienen que traerla desde muy lejos.
Sasuke cruzó los brazos para que ella no viera sus dedos temblorosos. La espuma y la condenada esponja le ocultaban la vista del cuerpo desnudo de su esposa, pero los brazos rosados y las suaves rodillas sobresalían del agua haciéndole estremecer de anhelo.
—¿No me has dicho alguna vez que tu madre te comparaba con un patito porque te gustaba chapotear en cuanta agua tuvieras a mano?
—Supongo que es una de esas cosas que no se olvidan con la edad.
Sakura acabaría matándole. Aquél era su cobarde plan: dejarle vislumbrar lo que no podía tener con la única finalidad de que el ardor se convirtiera en cenizas. Entonces, Evans podría barrerle y tirarle al cubo de la basura más cercano. "Cóncéntrate, Sasuke Uchiha".
—Ino y Sai regresarán a Escocia a finales de semana—, le informó.
—Lo sé—. Sakura se pasó la esponja por el brazo haciendo que riachuelos de espuma gotearan sobre el agua de la bañera. —¿Les acompañarás?
Justo la pregunta que él quería responder. —Depende...
—¿De qué?
—De cuántas veladas musicales y bailes tengas previsto ofrecer en Londres. Hace demasiado frío para celebrar una fiesta campestre, así que no creo que invites a nadie a la casa en Buckinghamshire.
Sakura arqueó las cejas y deslizó la esponja por el otro brazo.
—Mi calendario social ha sido muy previsible durante años. Un baile para marcar el inicio de la temporada y otro para señalar el final, fiestas campestres en julio y agosto; las carreras de caballos son el acontecimiento más importante de septiembre y Navidades en el Castillo de Kilmorgan. No veo razón para alterar mis planes en este momento.
—Mi calendario social es casi un calco del tuyo—, dijo Sasuke, —¡qué feliz coincidencia!
—¡Vaya cambio!
Sasuke se volvió hacia ella sin sonreír.
—Sí, un gran cambio.
Sakura le observó con sus hermosos ojos verdes y bajó las pestañas antes de apoyar el pie en el borde de la bañera.
La observó mientras deslizaba la esponja desde los dedos hasta la rodilla y su excitación creció de manera imparable.
Ella alzó la esponja. —¿Sasuke te importaría frotarme la espalada?
El se quedó inmóvil durante un breve instante en el que se sostuvieron la mirada.
Luego atravesó la estancia. Había tirado la chaqueta al suelo antes de que la reverberación de la última sílaba dejara de resonar en la sofocante atmósfera.
La autora del libro es Jennifer Ashley
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
