La frialdad entre nuestro Lord y nuestra Lady de Mount Street al parecerse ha descongelado, como bienvenida a la primavera después de un duro invierno.
El Lord ha anunciado a los cuatro vientos que un pequeño Uchiha llegará al inicio de la próxima temporada.
-Mayo 1877
Sasuke preparó su tela y el entorno con mucha antelación, con ganas de estar listo para cuando Sakura llegara, para evitar que tuviera tiempo de cambiar de opinión. Si es que llegaba...
Sakura no había hablado directamente con él en la cena, aunque tampoco le había bañado en los helados silencios que le había dedicado en Doncaster. Charlaba con Ino, intercambiaba puntos de vista con Itachi, incluso logró que Sai participara en la conversación.
Sasuke había observado maravillado el cambio acaecido en Sai.
Su hermano pequeño tenía el alma herida, podía aislarse en su interior a un lugar inaccesible para el resto del mundo, pero ahora se mostraba locuaz, y una sonrisa aparecía en su boca cada vez que miraba a su esposa, sentada al otro lado de la mesa. Era cierto que Sai todavía no fijaba la mirada en nadie excepto en Ino, y bebía sus palabras como si quisiera formar parte de sus labios. Pero seguía el tema de la conversación de los demás mucho mejor que antes.
No se retiraba, no las llamaba barullos, no tenía berrinches repentinos. Miraba a Ino sin disimular su amor, cuando siempre había tenido problemas para expresar sus emociones. Ella le había rescatado y Sasuke le estaría agradecido por siempre.
Sai atrapó a Sasuke mirándolo mientras comían y le lanzó una mirada de triunfo.
¡El muy caradura!. Después de que sus hermanos habían luchado para llegar a Sai durante años, dos hermosas mujeres le habían devuelto al mundo, Sakura, con el amor de una hermana, Ino con el amor de una mujer. ¡Y maldita sea!, ¿no estaba Sai orgulloso por eso?
Sasuke se retiró a su estudio después de la cena y comenzó a prepararlo todo para la mañana siguiente.
Durmió un par de horas en el diván que había instalado allí, y luego se levantó y se vistió con su kilt manchado de pintura, las botas, y un pañuelo para protegerse el pelo, mucho antes de que Sakura llegara.
Cuando, exactamente a las nueve en punto, Sakura abrió la puerta sin llamar, Sasukese inclinó sobre su paleta mezclando pinturas.
No la miró cuando cerró la puerta, pero escuchó el crujido de la seda, y sus manos comenzaron a temblar.
—¡Dios mío, qué calor hace aquí—, dijo Sakura con asombro. —Me puse mi bata más abrigada, pero avivaste el fuego.
Sasuke mantuvo su mirada con firmeza en la mezcla de pinturas.
— Habrá sido Bellamy. No querrá que milady se muera de frío, ¿verdad? Cierra la puerta con llave, cariño, a menos que desees que algún torpe miembro de mi familia entre y te encuentre totalmente desnuda.
Se escuchó un clic cuando cerró y el susurro de la bata de Sakura mientras cruzaba la habitación.
—¿Me siento aquí?
Sasuke se ocupaba de mezclar el tono exacto del color amarillo que le había hecho famoso. —Mmm Mmm.
—Voy a ponerme cómoda hasta que estés listo.
Sasuke trabajó con su espátula mezclando la pintura con movimientos bruscos.
Añadió un poco de verde, demasiado quizás… ¡Maldición! Lanzó la mezcla a la basura y comenzó de nuevo.
—Mi cabalgada de esta mañana estuvo bastante bien, gracias—, dijo Sakura, haciendo crujir la maldita bata un poco más. —El tiempo es vigorizantemente fresco.
Un toque más de amarillo de cadmio y sería perfecto. —Mmm Mmm.
—Itachi vino conmigo. Tuvimos una larga conversación. Me preguntó si pensaba que sería una buena idea que volviera a casarse.
Sasuke trabajó tensando los músculos mientras amasaba la pintura hasta lograr la consistencia adecuada.
Cualquiera que pensara que la pintura no era un trabajo duro era un imbécil.
Sakura continuó. —También vimos algunos cerdos volando. Lo que probablemente explica lo que estoy haciendo aquí contigo vestida sólo con una bata.
Sasuke finalmente se volvió. Sakura estaba sentada en el borde de la silla como una debutante en su primer té. Tenía los pies colocados con recato en el suelo, y las manos en su regazo. Su pelo rosa recogido en una coleta y algunos mechones se escapaban de ella. La bata era voluminosa, pero la seda se aferraba a su cuerpo desnudo, y la curva de su pecho se asomaba tímidamente por la abertura.
¡Oh, Dios!.
Sasuke había colocado el asiento sin brazos frente a un telón rojo de brocado. Un extremo del mismo se curvaba, permitiendo a la mujer adoptar una postura reclinada, medio sentada, medio tumbada. Había colocado encima cortinas de seda blanca y cojines dorados. Un jarrón con rosas amarillas estaba sobre la mesa de al lado. Algunos pétalos de las rosas ya se habían caído.
Respiró hondo y se dio la vuelta.
—Recuéstate y cúbrete con los paños blancos, empezaremos enseguida—. Había dado instrucciones similares a muchas modelos, sin sentir nada cuando ellas se desnudaban y se colocaban sobre cualquier mueble que las hubiera proporcionado.
Para Sasuke no eran más que luces y sombras, líneas y colores. Y no quería que esas líneas y sombras le hablaran, se retorcieran, gimieran o trataran de coquetear con él. Fue a su caballete con su lápiz de carbón, manteniendo su mirada en el lienzo. Por el rabillo del ojo, vio como Sakura con calma deshacía el lazo que mantenía cerrada su bata.
Su corazón se disparó. Tú la has pintado antes. Es un solo un cuadro, nada más.
—¿Así?
Tenía que mirarla. ¿Cómo iba a pintarla sin mirarla? Sasuke miró. Y ahogó un gemido.
Sakura estaba apoyada en un codo, su cuerpo se volvió a medias hacia él, la blanca seda resbalaba sobre su abdomen. Sus cremosos pechos con areolas rojo oscuro y el vello rosado cobrizo entre sus muslos.
Cuando se casaron, Sakura tenía dieciocho años, y sus pechos eran altos, firmes como redondos melocotones. Seis años después sus pechos colgaban un poco y sus caderas se habían redondeado con femeninas curvas que desterraron las líneas rectas juveniles.
Ella estaba tan bella que quería llorar.
—¿Sasuke?— Sakura levantó la mano y chasqueó los dedos. —¿Todavía estás aquí, Sasuke?
Estaba hipnotizado. Sasuke se obligó a mirarla clínicamente, como si fuera un plato de fruta colocado para que lo pintara. ¡Fruta. Dios, ayúdame!.
—Es un cuadro erótico. Tu postura es demasiado relajada.
—Bueno, No sé mucho acerca de cuadros eróticos, ¿sabes?— Sasuke templó su voz con esfuerzo.
—Imagina que has sido violada varias veces por tu amante y abandonada a tu suerte.
—Ah—. Sakura se sentó, metió los pies debajo de ella, y simuló escribir algo en su regazo.
Sasuke se quedó mirándola fijamente. —¿Qué diablos estás haciendo?
—Escribir una carta a mi abogado, denunciar a mi violador y estipular la cantidad que espero recibir en concepto de daños.
Su corazón empezó a latir con fuerza. —Muy divertido cariño,. Ahora vuelve a acostarte. Y adopta una postura lujuriosa.
Arqueó las cejas. —¿Lujuriosa? ¿Cómo se consigue eso?
—¿Quieres decirme que el arte de poner posturas lujuriosas, nunca fue enseñado en la Selecta Academia de la señorita Pringle?
—Ni cómo desnudarse para ser pintada—., dijo Sakura. —Ni cómo se siente una cuando es violada. Tal vez debería hablar con la señorita Pringle para que modifique su plan de estudios.
Sasuke se echó a reír. —Serías capaz. Por favor, déjame estar presente cuando lo hagas.
—Me imagino que por desaliñada, quieres decir despeinada—. Sakura pasó su mano por el pelo. Más mechones se soltaron y cayeron por su mejilla.
Iba a matarlo. Hablaban con rapidez y ligereza, como si nada de esto realmente les importara, pero los dos estaban nerviosos. O por lo menos Sasuke lo estaba.
Sakura, como siempre, parecía fresca y compuesta.
—Más que despeinada—, dijo. —me refería a que parezca que has gozado de una noche de intensa pasión.
—Voy a tener que usar mi imaginación entonces. No estoy segura de lo que es eso.
Su sonrisa pícara y el brillo en sus ojos acabó de golpe con el control de Sasuke.
Tiró el carboncillo y dio la vuelta al caballete, colocándose a sus pies. —Pequeño diablo.
—Lo dije en broma, Sasuke. Supongo que he tenido una o dos noches de gran pasión.
—Cariño, estás peligrosamente cerca... —. Él se detuvo, incapaz de completar la frase.
Los labios de Sakura se curvaron. —¿Peligrosamente cerca de qué, milord?
¿De una mañana de intensa pasión? Era su esposa, su otro yo, y se había desnudado de sus ropas y sus restricciones. ¿Por qué debería detenerse? —Cosquillas—, concluyó.
—Voy a hacerte cosquillas hasta que dejes de burlarte de tu viejo marido.
La mirada d ella bajó por su cuerpo, como si una llama le fuera quemando.
—Nunca aplicaría los adjetivos senil o viejo pensando en ti.
A Sasuke le costaba respirar. O hablar, o pensar. Se sentó en el borde de la silla y estiró la seda blanca.
—Prometí tener esos cuadros pintados antes de San Miguel. Ahora, la postura lujuriosa, querida. Sube el brazo sobre la cabeza, así, la pierna colgando de esta manera, la seda enredada y echada a un lado.
Sakura le permitió mover el brazo y la pierna, sin un murmullo. Las manos de Sasuke temblaban sin poder evitarlo.
—Si una mujer realmente estuviera durmiendo después de una noche de gran pasión—, dijo Sakura, —se abrigaría con la sábana para no resfriarse, y se calentaría con una buena taza de té.
—Estás demasiado agotada para eso Apenas estas despierta del todo—. Le dio unas palmaditas en la cadera. —Mueve ésto un poco hacia el borde.
—¿Esto? ¿Estás insinuando que estoy gorda, Sasuke Uchiha?
—Nunca pronuncié esa palabra, ángel.
—Hum. ¿Rolliza, tal vez? Corpulenta, incluso?
Quería decirle que adoraba su voluptuosidad, que su cuerpo era aún más hermoso desde que la había visto por última vez. En realidad estaba un poco más delgada desde que se fue, y se había dado cuenta de que su apetito había disminuido un poco, lo que le preocupaba.
Pero Sasuke había estado pintando mujeres desde los quince años, y sabía lo sensibles que pueden ser a cualquier cambio, incluso imaginario de su cintura. Un artista inteligente, nunca lo mencionaría, a menos que quisiera perder un día de trabajo. Siempre había estado agradecido de que Sakura aceptara su cuerpo tal como era, pero incluso bromeando como estaban, era mejor decirle que prefería sus curvas a los cuerpos de las mujeres delgadas como palos.
—Cariño—, dijo Sasuke —tienes el mejor derrière, como dicen los franceses, imaginable
—Mentiroso—. Sakura enganchó el dedo en la cinturilla del kilt. — Quítate eso.
Sasuke se quedó helado. —¿Qué? ¿Por qué?
—Estás viendo como he cambiado con el tiempo. Quiero saber si tu trasero ha aumentado.
Lo que iba a ver era una polla convertida en un largo palo rígido. Podría colgar el sombrero que había llevado el día de las mujeres en St. Leger en ella. . . y, ¡Oh, Dios! ¿por qué había pensado en eso?
—Me viste en el baño, en tu casa en Londres—, dijo. —Y me levanté el kilt para ti en tu sala de estar.
—Sólo un breve vistazo, dos veces—. Sakura tiró más fuerte de la cinturilla. —Vamos, Sasuke. Que sea un juego limpio.
Sasuke decidió que había que estrangular a quien hubiera inventado ese dicho. Respiró hondo, se desabrochó el kilt y dejó que la plisada falda de lana cayera al suelo.
Los ojos de Sakura se abrieron como platos.
—¡Oh Dios mío!
Sasuke puso una rodilla sobre la silla, se inclinó hacia ella, y bajó su cara hasta la suya.
—¿Tú crees que podrías estar aquí desnuda sin que yo respondiera? He estado duro por ti, querida, desde que irrumpiste en mi casa y, me hablaste después de tres años y medio de silencio.
—Eso fue hace varias semanas. Debes haberte encontrado un poco incómodo.
—¿Incómodo? Ha sido un infierno.
Sus ojos parpadearon. —Te has contenido bien.
—Me estoy muriendo por ti. Me las he arreglado para mantenerme alejado de ti durante todos estos años. Porque era lo que deseabas, pero ya no puedo hacerlo por más tiempo—. El delgado cuello de Sakura se movió como si fuera una golondrina.
Él esperaba que siguiera bromeando, que le alejara, que se burlara de él.
Sin embargo le tocó la cara. —Tú estás conmigo ahora—, susurró. —Y la puerta está cerrada.
Sasuke gruñó. —¡Infiernos!, me gustaría ser un santo, sería capaz de alejarme si lo fuera.
—Si fueras un santo, nunca me hubiera casado contigo—, dijo Sakura con voz suave.
—¿Por qué? Te lo he hecho pasar muy mal.
Ella acarició su piel, un toque ligero como una pluma. —Tú me salvaste de matrimonio normal con un hombre corriente que pasaría sus días en su club y sus noches con su amante. No tendría nada que hacer, salvo comprar vestidos nuevos, tomar el té, y organizar fiestas.
—Tú compras vestidos nuevos, tomas el té y organizas fiestas.
Ella sacudió la cabeza. —He comprado vestidos con los que pensé que te gustaría verme, organicé tés para tus amigos, para intentar que fueran mis amigos también. Di fiestas para patrocinar a artistas que necesitaban ayuda, para emular lo que tú haces con los pintores pobres.
—Te dejé sola con frecuencia. Como cualquier marido normal y corriente.
—Pero no para irte a tu club o con una amante, eso hubiera sido intolerable.
Su mirada era tierna, con los ojos tan verdes.
Sasuke le dio un beso en las pestañas, lo que le causó una extraña sensación embriagadora en sus labios.
—Los clubs son antros de podredumbre. Los casinos y tabernas son más entretenidos. Me refiero a cuando te dejaba semanas enteras para marcharme a París o Roma o Venecia, a dónde mi capricho me llevara.
—Porque pensabas que necesitaba estar sola—, dijo Sakura. —Lejos de ti.
Sasuke tragó. —Sí.
El matrimonio había sido muy duro para Sakura, lo había visto. Después de un mes más o menos en su constante compañía, aumentaba la tensión en su entrecejo y la cara reflejaba su agotamiento. Sus temperamentos chocaban y comenzaban a discutir sobre las cosas más tontas y triviales.
Sasuke se había dado cuenta desde el principio que el mejor regalo que podía hacerle a Sakura era proporcionarle paz y tranquilidad. Hacía la maleta y desaparecía. La escribía desde donde acabara; París o Roma o Zurich, contándole chismes sobre sus amigos y enviándole postales.
Sakura nunca le contestaba, Sasuke vivía como un gitano, no hubiera tenido ningún sentido, la carta nunca le habría llegado. Volvía al cabo de varias semanas, a su sonrisa de bienvenida, y tenían otra luna de miel. Hasta la próxima vez.
Sasuke vio en sus ojos que Sakura no creía que esta vez sería diferente. Si fuera un hombre sabio y práctico, saldría de la habitación, diciéndole que estaba preparado para tomar las cosas con calma y tener un matrimonio tranquilo, estable y cómodo, no uno lleno de altibajos.
Pero él no era sabio, ni práctico, y definitivamente no era sensato.
La besó. Todo su cuerpo cobró vida. Fue consciente de cómo su sangre hirvió en sus venas, se tensaron sus músculos, cuando la boca de Sakura, se ablandó bajo la suya.
—Dios, eres tan dulce—. Sasuke le lamió los labios, saboreando su té de la mañana mezclado con azúcar. —Mi dulce debutante, que secuestré debajo de las narices de su padre.
Su dulce debutante, entrelazó sus brazos alrededor de su cuello y tiró de él hacia el diván, hasta que logró tenerle sobre su delicioso cuerpo desnudo.
La sensación de su marido sobre ella, la hizo gemir. Olía a sudor y a pintura, y su boca despertaba en ella sensaciones conocidas. Despertándola, prometiendo, burlándose… Había pasado demasiado tiempo.
Él se apartó, con las pupilas dilatadas por el deseo.
—Sakura—. Este era diferente al Sasuke que la llevó al orgasmo en la bañera de Doncaster. Entonces. Él había estado completamente vestido y jugó con ella, dominando la situación.
Ahora cuando la besó, estaba tan desnudo como ella, sus cuerpos pegados excepto por la seda que les separaba.
En este momento, eran marido y mujer.
—Sólo bésame, Sasuke—, susurró.
—Esto no es lo que yo quiero.
Sakura abrió mucho los ojos, tratando de mantener la broma.—Dios mío, realmente practicas la abstinencia.
Su sonrisa podría haber derretido el témpano de hielo más resistente. — Oh, no, querida, te deseo. Quiero hacer el amor contigo durante horas y horas. Días. Semanas. Pero no quiero que sea sólo sexo.
Sakura le acarició la rasposa barbilla. No se había afeitado esa mañana.
—Ya me lo has dicho antes. Pero tú lo quieres todo a la vez. ¿No podemos simplemente tomar las cosas como vienen?
—Estoy muy cerca de admitir este punto—. Ella se rió, y Sasuke arqueó las cejas. —No—, dijo. —No puedes reírte y estar tan hermosa—.Sakura se echó a reír aún más. —¡Infiernos!—. Sasuke se levantó y la cogió en sus brazos. —Este diván es condenadamente incómodo—. Sakura se dio cuenta de que no le pidió que bajara con él a su cama o a la de ella.
Sabía que en el momento en que se levantaran, vistieran y bajaran las escaleras, recobrarían la sensatez. Pero no quería recuperarla. Todavía no.
Sasuke se tendió en el diván y colocó a Sakura en su regazo. Sosteniéndola en sus fuertes brazos, depositó tiernos besos en su garganta, bajando su experta boca hasta sus pechos.
Su cabello le hizo cosquillas en la barbilla, y le besó en la coronilla. Él la sostuvo segura sobre sus muslos, su dura erección presionando su trasero.
Mientras la besaba, Sasuke deslizó los dedos entre sus piernas y sonrió ampliamente cuando el pulgar se hundió en la humedad.
—Ya estás lista, Sakura, no cabe duda.
—Lo sé.
—Podría morir en el acto si no te tengo—, dijo.
Sakura se movió en sus brazos, acomodándose situando sus rodillas a ambos lados de su cuerpo sobre el diván.
—No sé si puedo—, dijo con preocupación. —Ha pasado mucho tiempo.
—No es algo que se olvide, cariño—. Un pánico repentino la embargó.
Pensó que era un tema superado. Pero Sasuke no la había tocado desde que le rechazó después de su aborto hacía casi cuatro años. Nunca había insistido, nunca trató de engatusarla, pero a medida que los meses iban pasando veía crecer la furia en sus ojos.
Sakura había deseado ir a él, para consolarse los dos, pero su miedo no la había dejado. Ahora Sasuke le sostuvo la mirada.
—Si quieres que pare… —. Esas fueron las palabras más generosos que jamás le había dicho.
Sakura sabía que casi no podía contenerse, pero incluso ahora, estaba dispuesto a no presionarla, a marcharse si ella quería.
Puso sus manos sobre sus mejillas y le dio un largo beso. —No quiero parar—, dijo. —Yo quiero esto—. Los ojos de Sasuke se oscurecieron, el negro difuminaba el cobre.
La besó mientras apretaba los dedos en su interior, y entonces sintió la dura punta de su miembro. —¿Estás lista?—, preguntó. Ella asintió con la cabeza, todavía nerviosa.
Sasuke la besó mientras lentamente la guiaba sobre él, sujetándole las caderas mientras la penetraba.
Sus ojos se abrieron, la sensación de tenerle dentro era a la vez extraña y maravillosamente familiar. —Eres tan apretada—, susurró Sasuke. —¿Por qué estás tan condenadamente estrecha?
—Porque he estado viviendo como una monja.
—Yo he estado viviendo como un monje. Creo que acabamos de romper todos nuestros votos.
Sakura se echó a reír, y luego respiró fuerte mientras le acomodaba en toda su longitud. No dolía nada. Sakura sonrió con alegría y alivio.
Demasiado ajustado al principio, pero ella estaba tan resbaladiza que se deslizó en su interior sin esfuerzo. Fue hermoso. A pesar de que había pasado mucho tiempo, Sakura recordaba como era el sentirle en su interior. Desde la primera noche, se le había quedado grabado y su cuerpo nunca lo había olvidado.
Sasukele pasó los dedos por el pelo, tirando de él hasta dejarlo suelto por su espalda. —Este es lugar al que pertenezco—, murmuró. Sí.
Sasuke la acarició con manos suaves, y ella comenzó a balancearse sobre él, la sensación de él en su interior, borró cualquier otro pensamiento. —Te amo—, se oyó decir a sí misma.
—Te amo, mi Sakura. Nunca he dejado de amarte, ni por un segundo.
La sala se quedó en silencio excepto por los jadeos al moverse uno contra otro, los ruidos de placer, y un pequeño crujido del diván.
Sasuke tenía razón, pertenecía a su interior. Se adaptan tan bien, cada uno conocía lo que había en el corazón del otro. Los recuerdos de tantas noches con él llenaron su mente. Sasuke empujándola con las manos hundiéndola en el colchón, sus manos sobre todo su cuerpo, su caliente boca excitándola una y otra vez.
Amar a Sasuke podía ser turbulento y emocionante, o podía ser lento y caliente, como esa soleada mañana en su estudio. Su piel estaba ardiendo por todas partes, por la estufa y por las manos de Sasuke.
Él la miró con los ojos medio cerrados, su rostro relajado por el placer, una sonrisa pecaminosa en su boca.
—Debutante escandalosa—, dijo. —Tienes tus piernas alrededor de un Lord malvado.
—Un amoroso Lord.
—Nunca dudes de eso—, dijo. —Pero sigo siendo un malvado Lord, muy malo. Mi lasciva descarada.
—Me sedujiste.
—Una buena excusa. ¿Has sido seducida por este?— Él empujó un poco más dentro de ella. Sakura jadeaba de placer. —¿Qué pasa con esto?— Penetró aún más, aferrando sus caderas y dirigiéndola para poder introducirse dentro de ella hasta el fondo.
—¡Sí. Sasuke, sí!— Se interrumpió, giró la cara. —¡Ah, maldita sea, todavía no!—. Empezó a temblar, y el sudor rodó por su piel.
Sasuke metió los dedos entre los dos, donde se unían sus cuerpos, jugando, frotando, lanzándola hacia el orgasmo.
Sakura ya se sentía tensa y caliente, pero su contacto la llevó al frenesí. El clímax estremeció todo su cuerpo, y su voz resonó en la gran habitación brillante.
La respiración de Sasuke era jadeante, la estrechaba con firmeza entre sus brazos. Se hundió una vez más en su interior y ella se arqueó tirando de él más y más profundo.
Llegando otra vez cerca del abismo. La culminación la arrastró a un río de oscuridad, y cuando abrió los ojos, Sasuke estaba mirándola, con el rostro relajado, riéndose.
—Eres hermosa—, jadeó. —Mi amor, mi alegría. Eres muy hermosa—.Sakura le besó en su cálida boca, él la atrajo hacia sí.
Se recostó en el diván y la abrazó. Estaban unidos aún, Sasuke tan duro como al principio. Seguía riendo. Se fueron relajando juntos, las brasas silbaban al quemarse en la estufa, calentando el ambiente como el sol de verano, y le calentaban la espalda, debajo de ella estaba Sasuke, el mejor colchón que pudiera imaginar.
Sasuke le pasó un dedo por la mejilla.
—Te he manchado con el carboncillo. Deben haber sido mis dedos.
Sakura le dedicó una sonrisa. —Estoy acostumbrada.
—Siempre he adorado verte manchada de carboncillo.
—¿O manchada de pintura?— En algún momento de alguna lejana salvaje sesión de pintura, Sasuke había pasado a hacerle furiosamente el amor en su estudio si estaban solos.
—Me gustaba eso más que nada—., dijo ella. No se sentía tan contenta, tan relajada desde hacía mucho, mucho tiempo.
El amor estaba allí, emanaba de él y la envolvía.
—Estamos bien juntos—, dijo Sasuke bajito en su oreja—. Todas las gacetas hablaron de nuestro matrimonio, pero nunca supieron como fue realmente de bueno.
—Los periódicos publicaron basura—. Sakura le besó en la mejilla, le gustaba sentir el roce de la barba. Él se rió entre dientes.
—Me gustó especialmente el que especulaba que había equivocado el camino y había acabado en Roma en vez de en casa.
—Fue culpa mía. Me preguntaban continuamente dónde estabas y les dije que te habías perdido en el camino de regreso a casa. Estaba muy enfadada.
—¿Conmigo?
—Con ellos. No tenía que haberles importado nada. Era sólo cosa nuestra tuya y mía.
—Bueno, yo estoy aquí ahora—, dijo en voz baja.
Sakura movió sus caderas, sintiendo a Sasuke duro como una roca en su interior. —Por supuesto que estás.
Un jadeo salió de su garganta.
—Quisiera quedarme aquí para siempre.
—Eso acabaría por resultarte incómodo incluso para ti.
—No lo sé—. Sasuke la besó en los labios. —Me gusta estar aquí—. Sakura comenzó a responderle, pero Sasuke empezó a empujar lentamente dentro de ella, y las palabras de Sakura murieron ante el placer que le hacía sentir.
Siempre había hecho eso, la dejaba dormir un rato para que se recuperara y, a continuación, la sorprendía con una sesión de sexo tan salvaje que acababa agotada y dolorida. Él volvería a dejarla sin aliento, riendo, ardiente y muy complacida. Y lo hizo de nuevo.
En el momento en que llegaron juntos al orgasmo por segunda vez, estaban en el suelo. Sakura encima de Sasuke, con la cortina de brocado arrancada a su alrededor.
Sasuke se rió en voz baja, y luego sus ojos se oscurecieron, como lo hacían cuando estaba a punto de correrse.
Acarició su cuerpo húmedo y los olores del sexo se impusieron al de la pintura. El olor que Sakura siempre asociaba a Sasuke en sus recuerdos, era el del óleo. Sasuke la abrazó contra él, ya tranquilo, ambos tratando de recuperar el aliento.
Incapaces de hablar durante mucho tiempo, mientras el sol se elevaba fuera de los ventanales.
—Sasuke—, murmuró Sakura. —¿Qué nos pasó?
Sasuke se alisó el pelo con la mano. —Te casaste con un Uchiha. Debías estar loca para hacer eso.
—Pero no lo estaba—. Sakura levantó la cabeza, miró su cara de rasgos marcados. —Yo sabía que era lo correcto. Nunca lo he dudado.
—Nunca debí hacerlo, fue una tontería de mi parte, pero no pude resistirme a la inocente debutante. Nunca debí acercarme a ti.
—Pues me alegro de que lo hicieras. Sabía qué clase de hombre querían mis padres para mí, habían escogido probablemente a tres caballeros.
Pensaban que no lo sabía, pero estaba al tanto. Cuando me susurraste en la terraza que no tendría el valor de fugarme contigo, vi mi vía de escape, y la cogí.
—¿Escape?— dijo Sasuke con las cejas juntas. —¿Yo era tu escape? Sakura, que me matas.
—Te elegí a ti, Sasuke. No por tu riqueza, la señorita Pringle hizo hincapié en que el dinero no es razón para que una mujer contraiga matrimonio, el esposo más rico puede ser avaro y darte una vida miserable.
El ceño de Sasuke se profundizó. —La señorita Pringle debería haber sido una predicadora.
—Soltaba sermones, más bien. Pero no estaba equivocada en esta cuestión.
—¿Qué pensaría de tu moral, la señorita Pringle cuando decidiste huir de tu familia y vivir en pecado conmigo?
—No vivimos en pecado, nos casamos
—. Sakura acarició sus labios con los dedos. —Sólo fue un poco incorrecto.
—No hubo nada incorrecto en ello. Hice que todo fuera absolutamente legal, porque sabía que tu padre vendría a husmear, tratando de anularlo.
—Pobre papá. Acabé con todas sus esperanzas. Eso me hizo infeliz, pero si tuviera que elegir de nuevo...—. Ella miró fijamente a los ojos de Sasuke. —Volvería a hacer lo mismo—. Sakura vio su confusión, su esperanza, su tristeza.
—He arruinado tu vida.
—No te hagas el mártir. ¿Sabes por qué accedí a casarme contigo, Sasuke Uchiha? Nunca te había visto, pero sabía acerca de ti, había oído cientos de conversaciones sobre tu familia. Había oído hablar de Sai internado en aquel horrible asilo. Sobre Naruto e Itachi y sus matrimonios infelices, y acerca de que tú pintabas mujeres desnudas en París.
Los ojos de Sasuke se abrieron como platos, el negro casi desapareció por fuera de sus dilatadas pupilas. —Esos escándalos nunca debían de haber llegado a los oídos de una inocente doncella.
—Tendría que haber vivido en un agujero para no escuchar los rumores, fueran escandalosos o no.
—Los matrimonios de Itachi y de Naruto fueron desafortunados, lo admito, pero ¿por qué habría eso de influir en que tú te casaras conmigo?
—Porque sus esposas fueron bien tratadas. Elizabeth fue cruel con Naruto, sé que lo fue, pero él nunca dice una palabra en su contra. Y la timidez de Sarah hizo que Itachi se sintiera frustrado, pero él tampoco dice ni una palabra. Renunció a su amante de toda la vida para serle fiel a ella, sin importar que Sarah le tuviera miedo. Pero el se hizo cargo de ella hasta el final. No sólo por tapar los trapos sucios, si no porque le importaba. Vi a Itachi, cuando ella y el niño murieron. Estaba desconsolado, no aliviado, como dijeron algunas voces despiadadas a su alrededor. Y la muerte de Madame Terumi fue la última paletada de tierra para enterrarle. Itachi está muy solo.
Sasuke gimió. —Sakura, si comienzas a preparar el té para Itachi y a tejerle zapatillas, voy a enfermar.
—Eres un egoísta. Necesita que le cuiden.
—Él es el gran duque de Kilmorgan. Soy yo quien necesita cuidados. — Sasuke la encerró en sus fuertes brazos. —Yo soy el hombre que tenía toda la felicidad que podía desear y la perdió. Necesito que tejas esas zapatillas para mí.
—No seas ridículo—. Sakura le besó en la punta de la nariz.
Él la cogió por la parte posterior de su cuello y la acercó a su boca para un beso serio, que duró mucho tiempo.
La discusión, se dio cuenta, había terminado. Sasuke había rodado sobre el telón caído, colocándose entre sus piernas, cuando alguien golpeó la puerta.
La voz ronca de Bellamy sonó detrás de ella. —¿Milord?
—¡Maldito infierno!—, gruñó Sasuke. —Vete.
—Usted me dijo que si era algo urgente.. .
—¿Se derrumba el edificio?
—Todavía no, milord. Su Gracia quiere verlo.
—Dígale a Su Gracia que se pierda, Bellamy. En una tierra lejana, muy lejana.
Bellamy hizo una pausa, claramente infeliz. —Creo que debéis hablar con él, milord.
—¡Maldita sea! Tú trabajas para mí, mi hermano no puede interferir.
—En ese caso, milord, tengo que darle un aviso.
Sasuke lanzó un suspiro de exasperación.
Los hermanos estaban acostumbrados a que Itachi les convocara de manera perentoria, pero ahora estaba con Sakura y no pensaba hacerle caso. —Está bien—,dijo.
Ella le pasó la yema de los dedos desde la nariz de Sasuke hasta los labios.
—Podría ser importante. No voy a salir corriendo—. Sasuke le dio un beso largo e intenso. El calor del beso, la hizo abrazarle y estrecharle con fuerza.
De alguna manera presentía que cuando el momento pasara nunca volvería a tener otro igual. No sabía el porqué pero eso hacía que le resultara muy difícil soltar a Sasuke.
Sasuke se habría quedado allí, lo sabía, pero Bellamy llamó a la puerta de nuevo y tosió. —Más vale que sea condenadamente importante—, murmuró Sasuke mientras se levantaba, cogía su kilt, y se dirigía a la puerta, dando a Sakura una buena visión de su aún firme trasero.
La autora del libro es Jennifer Ashley
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
