El médico local llegó y estuvo con la francesa mucho tiempo.

Cuando Sasuke miró dentro de la habitación de invitados, se encontró con su esposa sentada en la cabecera de la mujer, ayudando al médico.

Aimee no quería dejar que Sasuke se apartara de su vista. Una de las criadas, una escocesa, de cara redonda y colorada, con cinco hijos propios, limpió a la niña y le cambió el pañal, pero Aimee lloró cuando Sasuke trató de salir de la habitación y sólo se calmó cuando la cogió de nuevo en brazos.

El resto del día, cada vez que Sasuke trataba de dejar a Aimee con Ino, o el ama de llaves, o la criada de cara redonda, la niña no quería saber nada de ellas.

Sasuke se quedó dormido esa noche en su cama, con la ropa puesta, con Aimee acostada sobre su estómago a su lado.

Por la mañana, todavía exhausto, Sasuke llevó a Aimee a la terraza. El viento se había vuelto frío, el invierno llegaba pronto a las tierras altas, pero el sol brillaba en un cielo sin nubes. El ama de llaves sacó una pequeña silla para Aimee y ayudó a Sasuke a abrigarla contra el frío.

Aimee se quedó dormida bajo el sol, mientras que Sasuke apoyándose sobre la balaustrada de piedra, miró más allá de los jardines a las montañas que se veían a lo lejos, la escarpada pared que delimitaba las Tierras Altas.

Oyó los pasos de Sakura en la terraza de mármol detrás de él, pero no se volvió.

Ella llegó a la balaustrada y se detuvo junto a él, mirando la belleza del paisaje.

—Murió mientras dormía—, dijo Sakura después de un tiempo, con voz cansada.. —El doctor dijo que tenía un cáncer que se extendía por todo su cuerpo. Estaba sorprendido de que hubiera vivido tanto tiempo. Tenía que mantenerse viva hasta dejar a su hija segura.

—¿Llegó a decirte su nombre?— preguntó Sasuke.

—Mirabelle. Eso fue todo lo que dijo.

Sasuke estudió las praderas artificiales del jardín. Pronto las fuentes, tendrían que vaciarse para evitar que se congelaran, y los prados se cubrirían de nieve.

—Te creo, ya lo sabes—, dijo Sakura.

Sasuke se volvió para mirarla.

Sakura llevaba un vestido de color marrón oscuro esa mañana, pero la seda brillaba a la luz del sol. Estaba de pie, como una mujer de un cuadro de Renoir, pero real, con la luz besando su pelo y jugando con los pliegues de la tela.

Tenía el rostro pálido por su noche de insomnio, pero refulgía de belleza.

—Gracias—, dijo Sasuke.

—Te creo, porque me pareció que Mirabelle era como una tímida conejita. Me dijo que había hecho lo imposible para evitar tener que venir a buscarte. Que si no hubiera estado desesperada no habría salido nunca de París. Estaba aterrorizada de mí, de ti, de este lugar—.Sakura negó con la cabeza. —No era tu tipo de mujer en absoluto.

Sasuke alzó las cejas. —¿Y si hubiera sido, como tú dices, mi tipo de mujer?

—Incluso si hubiera sido una joven valiente dispuesta a ponerte en tu lugar, nunca la habrías dejado en la indigencia, en especial, con un niño. Ese no es tu estilo.

—En otras palabras, no confías en mi fidelidad, sólo en mi generosidad y mi gusto en mujeres.

Sakura se encogió de hombros. —Hemos vivido separados más de tres años. Me alejé de ti, pedí la separación. ¿Cómo puedo saber si buscaste placer en otra parte? La mayoría de los caballeros lo haría.

—No soy como esos caballeros—, dijo Sasuke. —Pensé en hacerlo… No sé si por intentar sentirme mejor yo o por castigarte a ti. No estoy seguro. Pero me habías partido el corazón. Estaba vacío, no tenía sentimientos. La idea de tocar a cualquier otra…—. Los amigos de Sasuke habían visto sucelibato como una broma, y sus hermanos habían pensado que había estado tratando de demostrarle algo a Sakura. Demostrárselo a sí mismo.

Pero la verdad es que Sasuke no había deseado a otra mujer. Acostarse con otra no le habría proporcionado felicidad ni olvido. Sasuke se había entregado en cuerpo y alma, cuando se casó con Sakura, y eso era todo.

—El padre debe haber sido él—, dijo Sakura. —El hombre que vendió los cuadros falsificados al señor Crane, quiero decir.

—Yo llegué a la misma conclusión. Maldita sea, ¿quién será este tipo?— Sasuke frunció el ceño. —Cuando llevaba a Mirabelle por las escaleras, vi que se dio cuenta de que yo no era el hombre al que ella buscaba. Pero no dijo nada. ¿Os dijo algo a ti o a Ino?

—Por supuesto que no. Piensa, Sasuke. Si fueras una mujer sin dinero, que sabía que se moría, ¿preferirías dejar a tu hija con el hermano rico de un duque o confesar tu error y que la niña se quedara huérfana?

Sasuke se mostró de acuerdo. —Aimee no quedará desamparada. Puede ser adoptada por alguno de los arrendatarios. A la esposa del guardabosque le encantan los niños y no tiene ninguno.

—No la adoptará el guardabosques. Voy a adoptarla yo.

Sasuke la miró fijamente. —Sakura.

—¿Por qué no habría de hacerlo? No es culpa de Aimee que su padre la abandonara y que su madre falleciera de una enfermedad incurable. Tengo dinero, una casa grande, tiempo para dedicarle...

Sasuke se irguió y se apartó de la balaustrada. —Su padre es, obviamente, un loco. Este hombre, quienquiera que sea, pinta cuadros con mi nombre, luego los vende a través de marchantes de arte de renombre, pero no recoge el dinero. Ron Steady vio a un hombre que juró era igual a mí, apostando en las carreras, así que sigue alrededor nuestro. Por no hablar de que quemó mi casa.

—Nada de eso es culpa de Aimee.

—Ya lo sé. ¿Pero qué pasará cuando venga a por ella? ¿Y si estás sola?.

—Puedo protegerla—, dijo Sakura obstinadamente.

Sasuke suavizó su voz. —Cariño, sé que quieres un niño.

Ella se volvió indignada—. Por supuesto que quiero un niño. Y nadie quiere a Aimee. ¿Por qué no debo tratar de ayudarla?

—¿Y qué dirán las revistas de cotilleos de su origen?

—¿Por qué van a decir nada? Aimee tiene el pelo como el mío. Diré que es la huérfana de un primo perdido hace mucho tiempo, de Estados Unidos o algo así.

—Ángel, todo Londres sabrá que es una hija ilegítima de una mujer desconocida—, dijo Sasuke. —Van a pensar exactamente lo que Itachi pensaba.

—Hace mucho que dejé de preocuparme por los escándalos que aparecían en esas revistas asquerosas. Lo dijo con voz arrogante, pero Sasuke sabía que sí le importaba.

Los periodistas habían utilizado gran parte de su matrimonio con Sakura para aumentar la tirada de sus periódicos. Por alguna razón, el público en general había estado fascinado por los detalles de cómo Sakura había cambiado la decoración de la casa de la Mount Street, lo que ocurría en sus fiestas, y el tema de cada pelea que tuvo con Sasuke, reales o ficticias.

Como hermano del segundo duque más poderoso de Inglaterra y Escocia, Sasuke estaba acostumbrado a ser observado, y a que escribieran acerca de él, pero Sakura no. Había llevado una vida muy privada y esto le había afectado profundamente.

Sasuke admitía que no había hecho nada para mantener alejada la atención de los borregos de los periodistas. Había llevado a Sakura a garitos de mala muerte, permitía que estuviera en su estudio mientras pintaba modelos desnudas, y viajó con ella a París, donde trabajó durante días sin dormir, mientras ella iba de compras y a las fiestas.

Los periódicos los habían adorado.

—Pero podría importarle a Aimee —, dijo Sasuke-. —Con el tiempo.

Los ojos de Sakura brillaron con determinación. —No voy a dejar que la niña crezca en la pobreza y sintiéndose no deseada. Quien quiera que sea ese hombre, evidentemente no quiere a Aimee. Mirabelle, dijo que ella era su modelo, pensó que estaba posando para el gran y generoso Sasuke Uchiha. También eras famoso por no traicionar a tu esposa, nunca hubiera creído que eras tú, si tú y yo no hubiéramos estado separados—. Suspiró. —Si yo no te hubiera dejado.

—Sakura, por el amor de Dios, la existencia de Aimee no es culpa tuya.

—Debería haberme quedado, Sasuke. Debería haber intentado hacer que funcionara.

Estaba temblando, con los ojos demasiado brillantes. No había dormido toda la noche, y ahora la muy tonta, se recriminaba por cosas que no debía.

—Te volví loca, mi amor—, dijo Sasuke. —¿Recuerdas? He leído la carta que me escribiste cientos de veces, cada vez con la esperanza de que dijera algo diferente.

—Lo sé. Pero me escapé. Fui una cobarde.

—Para con esto—. Sasuke la abrazó. Olía a sol, quería hundirse en ella y permanecer allí el resto del día. —He conocido a muchos cobardes, Sakura. Tú no lo eres. ¡Dios mío, si te casaste conmigo!. Para eso hace falta estar armada de valor.

—No me tomes el pelo en estos momentos—, dijo Sakura sobre su hombro. —Por favor.

Sasuke le acarició el cabello, rosa brillante a la luz del sol. —Calla, mi amor. Puedes cuidar a la niña, si lo deseas.

—Gracias.

Sasuke se quedó en silencio, no le gustaba el asunto. No le importaba la generosidad de Sakura ni que cuidara a la pequeña huérfana de una madre pobre, si no que intentara calmar con ello una culpa imaginaria. También le preocupaba lo que haría ese loco una vez que se enterara de que Sakura tenía a Aimee.

Sasuke haría lo imposible para encontrar al canalla. Aimee se despertó, vio a Sakura, y reclamó su atención. En este momento, la niña requería ser alimentada, protegida y querida.

Ya habría tiempo suficiente para resolver complicadas emociones de adultos. Sakura levantó a la niña. Aimee comenzó a llorar y alargó los brazos hacia Sasuke.

Resignado, él extendió los brazos, tratando de disimular lo encantado que se sentía, cuando ella dejó de llorar al apoyarse sobre su pecho.

Sakura sonrió, con las mejillas aún húmedas. —Te guste o no, Sasuke, ha decidido que le perteneces.

—Lo que significa que si deseas cuidar de ella, voy a tener que seguir cerca de ti.

—Hasta que se acostumbre a mí, sin duda. En ese caso, más vale que envíes a Bellamy a comprar los billetes para regresar a Londres.

—¿A Londres? ¿Y qué pasa con Kilmorgan? Aquí tiene mucho espacio para correr, y a los niños de los arrendatarios para jugar.

Sakura le dirigió una de esas miradas que mostraban la superioridad del pensamiento femenino.

—Tengo que hacer los arreglos para encontrar niñera e institutriz, debo ocuparme de la ropa, preparar el cuarto de los niños. Un centenar de cosas que hacer antes de que comience la temporada.

Sasuke lanzó a Aimee por los aires. —No está lista para hacer su debut, seguro. Es demasiado pequeña para bailar el vals.

—No seas tonto. Durante la temporada estoy siempre muy liada, y no voy a mandar a mi hija al campo, mientras me ocupo de entretener a los invitados.

—¿A diferencia de lo que hicieron nuestros propios padres, quieres decir?— Aimee se divertía tirando del pelo a Sasuke hasta que él volvió a lanzarla al aire y atraparla. Ella gritó de alegría.

—Sí—, dijo Sakura. —Me acuerdo de lo sola y poco querida que me sentía. No dejaré que Aimee crezca lejos de mí—. Sakura estaba decidida.

Sasuke abrazó a Aimee de nuevo, pero sentía ciertos recelos.

Sabía que la pérdida de su bebé, había herido profundamente a Sakura, pero no se había dado cuenta hasta este momento de lo mucho que deseaba tener hijos. ¿Tanto como para desear hacer suya a Aimee? Utilizando una lógica retorcida, Aimee no habría nacido si Sakura no hubiera dejado a Sasuke. Una cosa era cierta: no importaban en absoluto las complicadas motivaciones de Sakura, estaba decidida a ir a Londres con Aimee.

Aimee sólo estaba tranquila con Sasuke y, Sasuke estaba decidido a no permitir que que Sakura se alejara de su vista. Ergo, se marcharían a Londres.

Sakura y él, que hasta ahora habían sido dos satélites que giraban recelosos uno alrededor del otro, ahora se convertirían en un sólido trío.

La autora del libro es Jennifer Ashley

La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto