Tanto el Lord escocés como su Lady estuvieron en el teatro de la ópera en el Covent Garden en esta pasada noche, pero podrían haber estado en dos diferentes teatros de ópera del mundo. El Lord estuvo en el palco del Marqués de Dunstan, mientras que la Dama apareció con el duque de K., hermano del Lord. Los observadores dicen que el Lord y la Lady se cruzaron en el entresuelo, pero nunca hablaron, ni siquiera parecieron darse cuenta de la presencia del otro.

-Febrero 1879

Los ojos verdes de Sakura brillaban furiosos.

Incluso enfadada, se las arreglaba para ser hermosa. —Yo te di todas las oportunidades durante tres años, Sasuke. Muy bien, tal vez me hubieras convencido que me quedara, pero después, ¿qué? Habrías descorchado una botella de champán para celebrarlo, y me habría despertado a la mañana siguiente sola, te habrías ido a otro lugar del mundo, dejándome una nota tal vez para decirme que no me preocupara. Decidí que tuvieras una idea de lo que yo había pasado durante los tres años de nuestro matrimonio.

—Lo sé. Lo sé. Era un idiota. Pero ¡maldita sea!, estoy tratando de hacer lo correcto ahora. Estoy dispuesto a intentarlo, pero estás decidida a no permitírmelo.

—Porque estoy cansada de ser una tonta contigo. Míranos, te doy una mano y coges todo el brazo. Intento que estemos cómodos juntos y decides que nos hemos reconciliado y avisas a nuestro abogado.

Sasuke se enfadó. —¿Cómodos? ¿Eso fue lo de anoche?

—Sí.

—No te creo.

—Cree lo que quieras. Tienes una elevada opinión de ti mismo.

—Una opinión elevada, ¿no?— Como siempre que se enfadaba lo suficiente, el fuerte acento escocés de Sasuke, se escapaba por encima de su pulido barniz inglés. —Creo que lloraste cuando llegaste al orgasmo cuatro o cinco veces la noche anterior. Lo recuerdo. Estaba muy cerca de ti en ese momento.

—Una no puede mantener controladas siempre todas las reacciones corporales. Eso es un hecho médico.

—Yo no hice el amor con "una". Estaba contigo, Sakura.

La cara de Sakura ardía. —Sabes que te aprovechaste de mi soledad. Debería haber cerrado mi puerta.

Sasuke se arrastró a través del landó hasta sentarse junto a ella. Ella no tembló ante la corta distancia, Sakura nunca mostraba miedo, sobre todo, no de él.

—Si dices que buscabas que nos sintiéramos cómodos, entonces, fuiste tú la que te aprovechaste de mí. No soy yo el culpable.

—Me has seguido a todas partes. Lo has admitido. De alguna manera te instalaste en mi casa y en mi vida de nuevo. Creo que debería poder decir algo al respecto.

—Si lo piensas, eres tú la que vives en mi casa. Es mi dinero el que paga por la casa, los criados y tus bonitos vestidos. Porque todavía eres mi esposa.

Sakura se volvió hacia él. —¿Crees que no soy consciente de eso, todos los días de mi vida? ¿Sabes lo indefensa que me hace sentir el vivir exclusivamente de tu caridad? Podría pedir a la señorita Pringle que me diera un trabajo de profesora, pero no tengo ninguna experiencia, y si me admitiera sería por caridad. Así que mi orgullo estará por los suelos, mientras que tu pagues todas mis cuentas.

—¡Maldita sea!—. Sasuke echó un vistazo por la ventana, pero no encontró ayuda en el congestionado tráfico de Oxford Street. —No es caridad, es lo mínimo que puedo hacer por alguien lo suficientemente tonta, para casarse conmigo.

—Ah, así que ahora soy tonta, además de débil.

—Te gusta poner palabras en mi boca, ¿No? Tu método para discutir es repetir lo que yo digo, pero como tú lo interpretas. Mejor me mantengo callado. Avísame cuando acabes.

—¡Y tú tratas de ganar gritando sobre todo, excepto lo que has hecho para que me enfade! Decidiste revocar la separación, sin tomarte la molestia de decírmelo ¿Recuerdas?

Sasuke no podía negar la acusación. Había tenido la esperanza de lograr la revocación tan rápido que no tuviera tiempo para objetar. No, para ser honesto, lo que esperaba era que Sakura le sonriera cálidamente y le dijera que se alegraba de que lo que había hecho. Que estuviera feliz de volver a estar juntos de nuevo.

Demasiado rápido. Había corrido antes de que estuviera lista. —¿Me puedes culpar por querer que esto sea real?— El acento escocés empezó a desaparecer cuando Sasuke trató de frenar su temperamento. —¿No hemos estado ya bastante tiempo separados, Sakura?

—No lo sé.

Estaba tan hermosa y elegante sentada junto a él, su pelo rosa caía en rizos perfectos, su chaqueta ceñida a su pecho, encantadora. ¿Cómo podría un hombre no desearla?

Sasuke podría haberse divorciado de ella por haberle abandonado, pero había decidido, incluso antes de que Gordon le aconsejara, que estaría condenado si le daba más leña a la sociedad que les vilipendiaba con sus viciosos chismorreos.

El divorcio hubiera hecho de Sakura, una mujer arruinada, vulnerable a cualquier hombre sin escrúpulos. Y Sasuke moriría antes de permitir que ningún hombre tocara a su Sakura. Por mucho que ella le hubiera herido, estaba contento de permitirle llevar su vida de forma independiente. La había protegido desde lejos, velado por ella, tanto como pudo. Él la amaba lo suficiente como para hacer eso.

—Creo que hemos pasado un montón de tiempo separados—, dijo.

—Pero ¿cómo sé que ahora será diferente?—, preguntó, angustiada. — ¿Qué no irás y vendrás sin decir una palabra? ¿Qué seguirás tomando la decisión de cuándo vamos a estar juntos y cuando necesito un descanso de ti? Tú no puedes decidir todo eso, Sasuke.

Sasuke abrió los brazos. —Mírame. Soy diferente ahora. Nunca estoy borracho. Estoy en casa para la cena, ocupo mi sitio en el desayuno. No voy de juerga con mis amigos. Soy el marido modelo.

—¡Dios mío, Sasuke. No eres para nada un modelo.

—Quiero ser el hombre que tu quieres que sea: sobrio, responsable, fiable… fiable. . . Dios, ¡que adjetivos más aburridos!

—¿Crees que eso es lo que quiero?— Preguntó Sakura. —Me enamoré de un encantador e impredecible Sasuke hace muchos años. Si yo te hubiera preferido fiable y aburrido, te hubiera rechazado y habría escogido a uno de los hombres de mi padre había elegido para mí.

—Eres increíblemente difícil de complacer. No quieres al Sasuke impredecible, pero tampoco al que se queda en casa ¿No? ¿Es eso lo que estás diciendo?

—Quiero que dejes de tratar de ser lo que no lo eres. Estoy segura de que en unos pocos meses te aburrirás de interpretar ese nuevo papel. Siempre oscilas en todo, entre la obsesión y el olvido. Incluyéndome a mí.

Sasuke la miró en silencio durante un buen rato. Se ruborizó bajo su mirada, pero su enojo se había transformado en vacío. Cuando habló, su voz era tranquila.

—Eres una tonta, Sakura Uchiha.

—¿Qué?—, parecía herida.

—Has decidido qué tipo de hombre que soy, lo que hace condenadamente difícil el hablar contigo. No crees que pueda cambiar, pero ya lo he hecho. Simplemente no quieres verlo.

—Sé que dejaste de beber. Me he dado cuenta del cambio.

Sasuke se echó a reír. —¿Dejado de beber? Haces que parezca muy fácil. Estuve enfermo y repugnante todo un año. No me había dado cuenta de lo mucho que había usado el whisky para mitigar el dolor de mi propia existencia. Me encontré boca abajo en el suelo de la habitación del hotel en Venecia, más dolorido que si estuviera en el infierno, rezando por no ir a buscar el vino que aliviaría mi agonía. Realmente nunca había rezado hasta entonces. Me llevaban a la iglesia cuando era un niño, pero ni aún entonces salían las oraciones de mi boca, pero esta vez rogué. Más bien supliqué. Fue una experiencia inusual para mí.

Sakura le escuchó con la boca abierta. —Sasuke.

—Te podría contar historias que te harían palidecer, mi amor, pero te lo ahorraré. Las súplicas y oraciones no duraron sólo una noche. Sino muchas, muchas noches, sin cesar. Y entonces, justo cuando pensaba que todo había acabado, me sentí mejor, sobreviviría una noche más. Mis amigos pensaban que iban a "ayudarme" sujetándome y echándome whisky en la garganta. Dejaron de hacerlo cuando aprendí a vomitarles encima de sus finas ropas. Con el tiempo todos mis amigos me abandonaron. Hasta el último de ellos.

La cara de Sakura, estaba cerúlea. —Ellos no tenían derecho a hacerte eso.

Sasuke se encogió de hombros. —Eran derrochadores y aduladores. No había un verdadero amigo entre ellos. No hay nada como las dificultades para que sepas quien realmente se preocupa por ti.

—¿No tenías absolutamente a nadie? ¡Oh, Sasuke!

—Lo tuve. Tuve a Bellamy. Él se aseguró de que comiera y lo retuviera, fue el que se dio cuenta de que podía tolerar litros de té, mientras que el agua me ponía enfermo. Me hice experto en tés, incluso más que los despectivos ingleses que creen saberlo todo. Un té de Assam, elaborado con jazmín es bastante bueno. Deberías probarlo.

Los ojos de Sakura estaban húmedos. —Me alegro de que Bellamy te cuidara. Le estoy muy agradecida. Se merece un regalo. ¿Qué le gustaría, qué te parece?

—Ya le aumenté desproporcionadamente el sueldo—, dijo Sasuke. —Y le elogio constantemente. Adoro a Bellamy como a un dios, que, te lo aseguro, se avergüenza hasta el infierno por ello.

Sakura miró hacia otro lado. Era una mujer altiva, orgullosa, y el deseo que sentía por ella consumía cada momento de su vida. Mantenerse alejado había sido un infierno, pero cuando le dejó, no la persiguió, porque ella tenía razón. Si hubiera vuelto con ella antes de dejar la bebida, sin haberse reformado por completo, habría seguido con el mismo comportamiento hasta que ella se hubiera alejado tanto, que nunca más podría alcanzarla de nuevo. Había dejado pasar el tiempo, había sanado y ahora podía sentarse a su lado y aspirar su aroma.

Sakura miró por la ventana durante mucho tiempo, y cuando por fin se volvió hacia él, la ira se había desvanecido de sus ojos. —¿Qué pasó con tu amigo?—, preguntó. —Del que me hablaste en el baile de Lord Abercrombie.

Sasuke se quedó en blanco. —¿Qué amigo?

—El que necesita lecciones para un cortejo.

—Oh, ese amigo—. Se aclaró la garganta.

—Sí, él todavía está ansioso por aprender nuevas técnicas.

—Comencemos a practicar una vez más. ¿Crees que deberíamos empezar de nuevo?

—¿Es eso lo que deseas hacer?— preguntó Sasuke. —¿Empezar de nuevo?

Ella asintió con la cabeza. —Creo que sí.

Sasuke la miró en silencio, sin aliento. Ella le devolvió la mirada con sus brillantes ojos verdes tan hermosos.

—En ese caso..—. dijo con una voz suave, —...tendremos que olvidar todo lo que pasó ayer por la noche en tu dormitorio. Eso fue demasiado escandaloso para una pareja de enamorados.

Ella sonrió un poco. —En efecto. Muy incorrecto. No le debes mencionar la última noche.

—Nunca digo una palabra sobre lo que pasa en mi dormitorio a mis amigos. Maldito lo que les importa—. Sasuke levantó su mano enguantada, le dio un rápido beso, y se trasladó de nuevo al asiento de enfrente. — Un caballero nunca debe ocupar el mismo asiento que la dama en un coche. Debe sentarse de espalda al cochero, dejándole el asiento que mira hacia adelante—. Sakura se echó a reír. Maldición, ¡Qué bueno era escuchar su risa!.

—Va a ser divertido verte tratando de ser correcto—, dijo.

Sasuke la miró, sin más bromas ni halagos. —Si eso es lo que necesitas, lo haré. Quiero ganarte de nuevo, Sakura. No me importa si tardo un año o veinte, soy un hombre paciente. Voy a ganar de nuevo tu corazón, te lo juro. Incluso si tengo que ser tan altamente correcto, como para que mis antepasados se revuelvan en sus tumbas por verme convertido en un sassenach.

Sakura sonrió, pero la expresión de su rostro le dijo que no había cedido. La tranquila aceptación de su presencia el resto del viaje y la conversación que mantuvieron, le hizo pensar que ella le daría una oportunidad. Quería que lo intentara, y quería que tuviera éxito. Eso, al menos, le decía el corazón.

A la mañana siguiente, un ramo de flores de invernadero llegó con una nota.

Sakura tocó las flores, y notó que el ramo era pequeño y de buen gusto rosas amarillas, violetas, y velo de novia. Sin orquídeas y otras extravagancias exóticas. En la tarjeta con filo dorado, Sasuke había escrito de su puño y letra:

"Estoy muy agradecido, milady, por el privilegio de haber podido acompañarla ayer por la tarde ¿Podría acompañarla a pasear hoy por el parque, si el tiempo no cambia? Si le parece la recogeré a las tres. Su más obediente servidor, Sanosuke S. Uchiha "

Sakura sonrió para sus adentros.

Sasuke estaba sin duda jugando a ser el caballero correcto, como lo demostraba que usara su verdadero nombre. Odiaba que le llamaran Sanosuke Syusuke Uchiha, o Lord Sanosuke, prefiriendo el apodo por el que se le conocía, que era la única parte de su nombre capaz de pronunciar con dos años, "Sasuke".

—¿Un caballero te ha enviado flores?— Preguntó Sasuke con una voz ronca escondido detrás del periódico, mientras desayunaban. —¿Es un caballero correcto?

—Creo que sí—. Sakura se sentó en la otra cabecera de la mesa, con la tarjeta en la mano, deslizándola después en el bolsillo. —Me ha invitado a pasear con él esta tarde.

Sasuke dobló una esquina del periódico, le dirigió una mirada severa. —¿Y qué has decidido?

—Voy a aceptar. Salir a caminar por un lugar público será muy correcto y… agradable.

—Ten cuidado. He oído hablar de la mala reputación de ese Lord Sanosuke.

—Creo que se ha reformado—, dijo Sakura. —Eso me han dicho.

Sasuke chasqueó la lengua. —Ten cuidado, querida. Vigila de cerca. Creo que pinta mujeres totalmente desnudas.

—No exageres, Sasuke.

Sasuke sonrió y levantó el periódico de nuevo.

La autora del libro es Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto

La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku