Su sonrisa podía lograr que las buenas intenciones de una dama salieran volando por la ventana.
Sasuke había dormido en su propia habitación la noche anterior, y Sakura había permanecido despierta durante un largo rato, tratando de olvidar su decepción.
A las tres de la tarde, sonó el timbre, y Morton fue a abrir desde la escalera trasera.
Sasuke, vestido con un traje de tarde completo con sombrero y bastón, estaba en el umbral.
—He venido a recoger a la Señora de la casa—, anunció con tono grave.
Sakura ahogó una carcajada mientras miraba desde el piso de arriba, por el hueco de la escalera. A Morton no le gustaban los juegos, y Sasuke tuvo que insistir bastante antes de que Morton le condujera a la sala. Morton volvió a salir y la miró ofendido.
—Milady.
—Gracias, Morton—. Sakura recogió sus faldas y se deslizó por las escaleras. —Disculpe a milord, le gustan las bromas.
—Sí, milady—, dijo Morton con resignación y, desapareció en la parte posterior de la casa.
Cuando Sakura entró en el salón, Sasuke se puso de pie, sombrero en mano.
—Milady. Espero que se encuentre bien.
—En efecto. Me encuentro muy bien de cuerpo y ánimo.
—Me complace escucharlo. ¿Podré disfrutar con su compañía en el parque?
—Por supuesto, milord. Y gracias por las flores. Fue usted muy amable.
Sasuke hizo un gesto despectivo con la mano. —No fue nada. He oído que le gustan las rosas amarillas. Espero estar en lo cierto.
—Así es—. Sakura oyó la voz de Aimee en la sala, y añadió: —La señorita Westlock dice que Aimee debe tomar un poco el aire, y pensé que podrían unirse a nosotros. ¿No te importa?
Una expresión de sorpresa cruzó por los ojos de color negro de Sasuke, pero rápidamente los cubrió con un velo de frialdad. —Una niñera y un bebé de carabinas—, murmuró. —¡Qué bien!
El tiempo era tan bueno que Hyde Park estaba lleno de gente. Sasuke dejó de intentar ser el pretendiente correcto, echó hacia atrás su sombrero, e insistió en empujar el cochecito. Sakura caminaba a su lado, disfrutando de la vista de los anchos hombros de su marido, vestido con kilt y empujando un cochecito de bebé.
La señorita Westlock, quedó atrás, la perfecta imagen de la niñera acompañando al señor y la señora.
El Rotten Row estaba atestado con caballos y carruajes, y en los otros caminos había familias, parejas, y niñeras con los niños paseando.
Aimee se sentó en su cochecito, aferrándose a los lados y mirando a su alrededor con interés. Era una niña robusta. Campechana, la llamaba la señorita Westlock, y disfrutaba mirando el mundo.
Sakura no podía saber, lo que Aimee sentía por la pérdida de su madre. Tal vez la niña era demasiado pequeña para entender lo que había sucedido, pero así y todo, parecía aceptar bien el cambio. Era feliz besando tanto a Sasuke como a Sakura, y aunque dejaba claramente ver que prefería a Sasuke, también estaba contenta cuando estaba sólo con ella o con la niñera.
Sakura se preguntó si Payne, su verdadero padre, trataría de arrebatársela. Sakura no entendía todas las acciones legales que Gordon había hecho para la adopción legal, pero les había asegurado que no habría ningún problema. Sakura, sin embargo, seguía preocupada. Aimee no debería tener que irse con un lunático que prendía fuego a las casas y asaltaba mujeres en los parques.
—¡Sasuke, viejo!— Sonó la voz de un hombre y Sakura levantó la vista para ver a cuatro caballeros, acercándose a ellos. Ahogó un suspiro.
Eran los amigos de Sasuke de Harrow y Cambridge, los muchachos que habían convertido a Sasuke en su líder de correrías durante sus días de escuela. Eran hombres ahora, pero harían cualquier cosa para ganar la aprobación de Sasuke.
El que iba delante era un joven bajo, delgado, de cabello platinado, se había convertido en marqués de Dunstan con veintidós años. Su nombre de pila era Kabuto, y le llamaban kabu o kab para abreviar. Los otros eran Lord Nagato Summerville, el Honorable Juugo Bertram, y lord Sasori Manning.
Ninguno de estos Lores habrían pasado por la rigurosa inspección del padre de Sakura, como posibles pretendientes para ella, y habían sido esos cuatro caballeros, los que habían apostado a que Sasuke nunca se colaría en el baile de Lord Haruno y bailaría con su virginal hija.
—¿Mis ojos me engañan?— Lord Nagato Summerville, sujetó un monóculo en su ojo izquierdo y miró a través de él. —¡Dios mío, es Sasuke Uchiha paseando un bebé! ¿De dónde has robado esta maldita cosa? Es el pago de una apuesta, ¿verdad?
—Esta es mi hija—, dijo Sasukecon frialdad. —La señorita Aimee Uchiha. Acabo de adoptarla. Cuida tu lenguaje frente a ella, así como frente a mi esposa.
Nagato soltó una carcajada, mientras Bertram Juugo hacía una reverencia a Sakura. —Ah, la encantadora Lady Sakura. ¡Qué placer volver a verla! Me deslumbra su belleza, milady.
Lord Sasori Manning la miró vacilándola. —Pensé que te desharías de este canalla, Saku. Estoy destrozado porque nunca has buscado consuelo en mí. Mi puerta siempre está abierta, ya lo sabes.
—Saso Sasori— se rió Kab.
—Imberbe—, dijo Sasuke. —Insulta a mi mujer de nuevo, Sasori, y tu ojo se encontrará con mi puño.
Sasori parpadeó. —¡Dios mío, ¿qué me dices?
—Perdone a lord Sasori—, dijo Bertram Juugo a Sakura.
El señor juugo tenía los mejores modales de los cuatro, a la par que la peor reputación.
—Está borracho, es un idiota, y se tiraría a tus pies. Todos lo haríamos, como ya lo sabe.
—Está bien—, dijo Sakura. —Estoy acostumbrada a sus vulgares modales.
Los cuatro hombres se echaron a reír.
—Tan caústica, como siempre—,dijo Lord Nagato. —Te hemos echado de menos, milady. De verdad, Sasuke, ¿que estás haciendo con un bebé?
—Ya te he contestado. La he adoptado.
Sasori parpadeó con ojos nebulosos.
—Una hija ilegítima, ¿verdad, Sasuke? Tu esposa es una mujer muy indulgente—. Kabuto se quedó boquiabierto, y Bertram Juugo agarró la parte posterior del cuello de Sasori.
—Eso es todo. Es hora de aclarar las ideas, viejo amigo—. Arrastró a Sasori.
Sasori protestaba y preguntaba que había dicho incorrecto.
—Kab—, dijo Sasuke en voz baja.
Kabuto, que era un pie más bajo que Sasuke, se puso rojo, pero escuchó atentamente a Sasuke. —Sabed esto: Aimee no es mi hija ilegítima, se criará como una dama. Cualquier chisme va a ser sofocado. Sabes la verdad, y espero que la mantengas. Tú también, Nagato. Díselo a los demás.
Kab se tocó la frente. —Tiene razón, jefe. Puedes contar con nosotros. Sin embargo, dicho sea de paso ya que las apuestas se mencionaron ¿qué pasa con la que hicimos antes de ir a París? Ya sabes sobre eh. . . — Se interrumpió, haciendo un movimiento vago con la mano.
—¿Las pinturas eróticas?— terminó Sasuke. —No temas, Sakura lo sabe todo. No le oculto nada a mi esposa, como ya sabes. Estoy trabajando en ellas.
Nagato negó con la cabeza. —El tiempo se está acabando, Sasuke, viejo.Espero que sepas algunas canciones alegres para cantar con la banda de la liga anti-alcohol.
—Me han dicho que tengo una bonita voz de barítono—. Las palabras de Sasuke sonaban ligeras, pero Sakura vio tensándose su mandíbula, su furia iba en aumento.
—Vamos a asegurarnos de que cada miembro del club vaya a escucharte y aplaudirte. Será un gran espectáculo.
—Siempre me gustó el espectáculo. Pero puede ser que acabe de pintar esos cuadros, ¿sabes?
Kabuto sacó su reloj y lo estudió. —Muy bien. No te queda ya mucho tiempo, ¿sabes?—. Lanzó una mirada triste Sasuke. —No me defraudes, viejo. Has sido mi héroe desde que tenía diez años.
—Eso fue hace mucho tiempo—, dijo Sasuke.
Kab guardó el reloj en el bolsillo, saludó con la cabeza a Sakura, y agarró por el brazo a Nagato.
—Vámonos, entonces, Nagato. Vamos a beber un poco de champán para celebrar nuestra segura victoria—. Nagato hizo una reverencia a Sakura, un poco tambaleante, y se marchó con Kab.
Sasuke les miró alejarse con repugnancia. —Pensar que estaba orgulloso de liderar a esa pandilla de matones.
—La escuela nos lleva a hacer cosas extrañas—, coincidió Sakura.
—¿Hiciste cosas raras, en la Academia Especial de la señorita Pringle?
—Selecta Academia para Señoritas—, corrigió con frialdad. —Y sí. Yo provoqué unos pocos llantos.
—Creo que esa es una razón por la que te quiero—. Sasuke la miró pensativo. —Me gustaría ganar la apuesta y refregárselo en la cara, antes de cortar con ellos para siempre. ¿Todavía estas dispuesta?
—¿A posar para ti?— Echó un vistazo detrás de ellos, pero la señorita Westlock mantenía una discreta distancia, pretendiendo estudiar una guía para el parque. —Creo que podría—. La piel de Sakura se estremeció con el pensamiento.
Desnudarse, mientras que Sasuke la miraba con sus ojos cálidos la hacía sentirse deseada y amada. Su pulso se aceleró al pensar en lo que había sucedido la última vez que había intentado posar para los cuadros. Sasuke inclinó la cabeza y la besó en los labios a la vista de todo el mundo en el parque. Aimee les miraba con gran interés. —Bueno—, dijo Sasuke acariciándole la piel con su aliento. —Creo que hoy me siento inspirado para pintar.
¿Qué absoluta locura había poseído a Sasuke? ¿Cómo iba a ser bueno para su salud, pintar a Sakura en poses eróticas?, no tenía ni idea.
Incluso había imaginado que su mano temblaría menos ahora que se había acostado con ella. Debía haberse vuelto loco. Bellamy ayudó a Sasuke a convertir una de las grandes habitaciones superiores, de la casa de Sakura en un estudio. Los grandes ventanales proporcionaban mucha luz, y la estufa de carbón que había colocado Bellamy, la caldeaba.
Sasuke no tenía ninguna intención de dejar que Sakura cogiera frío. Ella subió las escaleras con un vestido de tarde, no quería que los sirvientes supieran que Sasuke la pintaba desnuda. Que creyeran que estaba haciéndole un retrato, dijo. Sasuke trató de mantenerse frío, se ató un pañuelo sobre el pelo y mezcló las pinturas, pero cuando Sakura le dijo que necesitaba que la ayudara a desvestirse, la sangre fría, lo abandonó.
Las palmas de las manos de Sasuke sudaban mientras le quitaba la blusa desabrochada y le aflojaba el corsé.
Manteneos firmes malditas manos temblorosas_. Cuando estaban casados acostumbraba a ayudarla a desnudarse, mientras iba besándola en cada trocito de piel que quedaba al descubierto, hasta que estaba totalmente desnuda.
Ahora Sasuke no pudo evitar besarla en el cuello mientras le quitaba el corsé, y luego en el hombro mientras se quitaba la camisola. Su piel olía a rosas. Besó su brillante pelo, inhalando su perfume. Sakura se soltó la falda, y Sasuke desabrochó las cintas que sujetaban sus pololos, contemplando como salían de su prisión su trasero y sus caderas.
—No puedo pintar—, dijo en su oído.
—Quiero amarte.
—Tal vez la pintura sería un buen ejercicio de moderación
—Al diablo con eso—. Sasuke sabía que Sakura estaba tan excitada como él.
Su piel estaba sonrosada, donde la había besado, y sus pechos desnudos se alzaron cuando le deslizaba la mano por la cintura.
—Ven aquí—, dijo. El diván que había elegido para que posara, no era tan cómodo, como el que habían usado en Escocia, una elección hecha a propósito. Había pensado que le ayudaría a evitar la tentación. Ahora se maldijo. Estaba duro y preparado y no podía pensar en nada más que en estar dentro de ella. ¡Condenadas lecciones de contención!. Se subió el kilt, se sentó en el diván y la arrastró encima de él. Sus pechos se aplastaron contra su torso desnudo, y ella gritó en voz baja cuando empujó dentro de ella. El acoplamiento fue rápido y caliente. Demasiado rápido. Sasuke eyaculó antes de lo que hubiera querido, y se aferró a ella, con ganas de más.
Sakura le sonrió. —Estoy segura de que ahora se me ve excitada.
Así era. Sasuke se endureció de nuevo, al verla con los labios hinchados, los ojos brillantes, las mejillas encendidas. Ella no tenía ni idea de lo hermosa que era en realidad. Sasuke se colocó delante de su caballete, mientras ella se acomodaba en el diván. Se obligó a dibujar, a pensar que los trazos eran líneas y curvas, no las piernas, los pechos y las caderas de su deliciosa mujer.
Estaba sudando profusamente cuando acabó el boceto. —Maldita estufa—, gruñó.
—Yo creo que es agradable—. Sakura balanceó el pie que colgaba del diván y estiró su brazo lánguidamente sobre su cabeza.
Parecería que estuviera tomando el sol en un jardín, si no fuera porque estaba desnuda y dentro de la casa.
—Hace demasiado calor—, dijo Sasuke, secándose la frente. —¿Continuamos mañana?
—Me parece bien. Estoy un poco tiesa
—. Apartó la sábana que no la cubría por entero, y se levantó con elegancia.
Sasuke sí que estaba tieso, pero no en la forma que ella decía. Decidió no mirarla. Tal vez, sólo tal vez, podría contenerse hasta que ella saliera de la habitación.
Pensaba que lo lograría hasta que ella le preguntó: —¿Me ayudas a vestirme?— Pasó una hora antes de que finalmente salieran fuera del estudio.
Sakura tuvo que correr hasta su cuarto a cambiarse de ropa y retocarse el peinado. Esto, pensó Sasuke, mientras observaba su movimiento, va a matarme.
Se instalaron en una cómoda rutina, aunque cómoda no fuera exactamente lo que pensaba Sasuke.
Cada mañana desayunaban y leían su correspondencia, a continuación, Sakura y Sasuke subían al cuarto de los niños, para dar los buenos días a Aimee y sentarse con ella mientras tomaba el desayuno. Después, la señorita Westlock empezaba con las actividades de Aimee para el día, y Sasuke y Sakura se retiraban al ático.
Sasuke trabajó en las pinturas, y mientras lo hacía, hizo bosquejos de la cara de Sakura para un retrato que quería pintarle más adelante.
Hacían el amor dos o tres veces en cada sesión, ninguno de ellos era capaz de mantener sus manos fuera del otro. Tal vez era la naturaleza prohibida de sus encuentros lo que enardecía el ambiente. Después de todo, se escondían del resto de los habitantes de la casa, para pintar unos cuadros muy atrevidos. Después de cada sesión de pintura, se separaban para escribir cartas o hacer sus recados, aunque cada vez que Sakura necesitaba salir de la casa, Sasuke iba con ella. Hacían juntos los encargos, a él no le importaba llevar los paquetes de Sakura, aunque ella se aburría soberanamente mientras arreglaba cuentas en el banco o iba a hablar con el señor Gordon acerca de algún negocio.
No mencionaron más la revocación de su separación. A Sasuke no le importaba esperar fuera de las mercerías o de las elegantes tiendas de bisutería de Burlington Arcade, mientras que Sakura compraba. Era un hombre enamorado de su bella esposa, y comprobaba que las sonrisas condescendientes de los caballeros que pasaban, se transformaban en miradas de envidia, cada vez que Sakura salía de una tienda y se agarraba del brazo de Sasuke.
Por la tarde, volvían a caminar por el parque o iban en el landó, dependiendo del clima o de laactividad que Sasuke hubiera pensado para cortejar a Sakura ese día. Acudieron a museos cuando hacía mal tiempo, paseaban por jardines y parques si hacía bueno, o hacían turismo, visitaron la Torre y la exposición de Madame Tussauds.
Payne no había vuelto a abordar a Sakura en el parque, y Sasuke esperaba contra toda esperanza que el hombre hubiera vuelto a Sheffield y acabado con sus disfraces. Payne tampoco había vuelto a las habitaciones que había dejado, y hasta Inuzuka, tuvo que admitir que había llegado a un callejón sin salida.
Sasuke todavía quería matarlo, pero sobre todo quería que se alejara de sus vidas. Payne podría desvanecerse en la oscuridad, y Sasuke podría proseguir su vida con Sakura. Habían dejado de discutir acerca de su separación, o por qué Sakura le había dejado, o sobre el dolor que cada uno de ellos había sufrido. Todo esto era el pasado. Estaban en el ahora, un nuevo comienzo. Aimee, era de todas las personas, la única que había traído estabilidad a sus vidas, y Sasuke lo iba a disfrutar tanto como pudiera. Sabía que se acabaría, como siempre, porque todo en la vida de Sasuke se estropeaba tarde o temprano. Pero por ahora, podía admitir que era feliz.
A mediados de octubre, había terminado cuatro pinturas de Sakura. Sakura las estudió críticamente mientras Sasuke barnizaba la última.
—Son muy buenas—, dijo. —Realistas. Se nota que es una mujer que disfruta con su amante—. La primera pintura era de Sakura recostada en el sofá con una pierna colgando, ese pie rozando el suelo, el otro apoyado con la rodilla doblada, exponiendo el vello entre sus piernas. Tenía levantado un brazo sobre su cabeza, sus pechos se elevaban firmes. La segunda pintura la mostraba inclinada sobre la parte posterior del diván, arqueando las caderas, con la cabeza gacha, lista para su amante. En el tercero, estaba sentada en el diván, con las manos ahuecando sus pechos, los pezones sobresaliendo entre sus dedos. En el cuarto estaba en la cama acostada, con la muñeca derecha y el pie izquierdo atados a los postes con cintas atadas flojamente, las otras cintas caían desde las otras dos esquinas de la cama, arrancadas en el juego amatorio. El sexo entre Sasuke y Sakura, había sido muy enérgico, el día que había pintado eso.
Un jarrón de rosas amarillas aparecía en cada pintura, ya fueran capullos o tan abiertas que se les caían los pétalos. El famoso amarillo Uchiha hacía de equilibrio entre los matices escarlatas de los ropajes y las cintas. Ninguno de los cuadros mostraba el rostro de Sakura. Sasuke la había pintado entre sombras o con la cara oscurecida por el pelo. Nadie al ver esos cuadros, se daría cuenta de que Sasuke había pintado a su esposa. Excepto Sasuke.
Sasuke puso su pincel en un frasco de vidrio lleno de aceite de trementina.
—No están mal.
Sakura le miró sorprendida. —¿De qué estás hablando? Son gloriosamente bellos. Pensé que habías dicho que habías perdido tu habilidad para pintar.
—Así fue—. Sasuke limpió su pincel en un trapo, luego lo colocó en un bote, de pie, para que se secara.
—Quizás el tema te inspiró. Tal vez necesitabas a una mujer madura para pintarla.
—Necesitaba una modelo que me inspirara.
Sakura puso los ojos en blanco. —Por favor, no finjas que soy tu musa, Sasuke. Pintabas maravillosamente antes de conocerme.
Sasuke se encogió de hombros. —Lo único que sé es que cuando te fuiste, y dejé de estar borracho, no podía dar ni una pincelada. Ahora estás aquí y he podido pintar esto—. Eran pinturas eróticas, sí, pero no en la forma grosera o cruda en la que sus amigos pensaban.
Eran de los mejores cuadros que Sasuke había pintado nunca. La bebida podía haber dado fuerza a sus pinturas antes de conocerla, pero desde entonces, ella era su musa… cuando no había tenido ni la bebida ni a Sakura, su talento se había desvanecido. Ahora había vuelto.
Estas pinturas llenaban a Sasuke de esperanza, de una excitante felicidad. Podía pintar sin estar borracho. Sólo tenía que estar intoxicado por Sakura.
Sakura estudió las imágenes. —Bueno, al menos lograrás que el horrible Sasori Manning se trague su apuesta. Has ganado.
—No—, dijo Sasuke en voz baja. —He perdido. Voy a buscar a mis amigos y les diré que pagaré.
La autora del libro es Jennifer Ashley
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
