El Lord de Escocia y su Lady pueden estar distanciados, pero las fiestas que ella da en Buckinghamshire no muestran señales de disminuir en extravagancia.
Las malas lenguas aseguran que tiene muchos admiradores, pero este observador se complace en señalar que parece muy hábil para mantenerse por encima de toda sospecha.
-Julio 1879
Sakura miró a Sasuke, que mantenía su vista fija en los cuadros, con una extraña mirada en sus ojos. Se había puesto una camisa, encima de su sudoroso pecho, pero llevaba todavía el pañuelo rojo en el pelo.
—¿De qué estás hablando?—, exigió. —Son perfectos, exactamente lo que esperaban.
—Sakura, querida, la última cosa que quiero es que Sasori y el resto de mis compinches posen sus lascivos ojos sobre tus retratos
—Pero no será así. Quiero decir, ellos no sabrán que soy yo. Eso es lo importante. Avisarás a Molly y pintarás su cabeza sobre mi cuerpo.
Sasuke sacudió la cabeza. —No, no lo haré.
—Nos pusimos de acuerdo. Molly siempre agradece que se le de trabajo. Sabes que necesita dinero para criar a su hijo.
—No llegamos a ningún acuerdo—. Sasuke tenía su terca mirada escocesa, lo que significaba que ni Dios ni todos sus ángeles podrían hacerle cambiar de idea. —Fue idea tuya mezclar cabezas y cuerpos. Nunca me mostré de acuerdo con ello.
—Eres un hombre de lo más exasperante, Sasuke. ¿Qué vas a decirles? ¿Por qué quieres perder deliberadamente la apuesta?
Sasuke se quitó el pañuelo. —Voy a decirles que tenían razón, que resulté ser demasiado mojigato para pintar ese tipo de cuadros.
—Pero tú no eres un mojigato. No quiero que se rían de ti.
Sasuke se sentó en la improvisada cama y se apoyó sobre los codos.
Aunque parecía enorme en los cuadros, en realidad era un colchón con cuatro postes que sostenían un dosel de cortinas rojas. El ancho pecho de Sasuke se veía húmedo en la V abierta de su camisa, su pelo era un desastre y en sus sólidas piernas desnudas, resaltaban los músculos.
El hecho de que ese hombre increíble la hubiera escogido a ella, para ser su amante y su esposa todavía la asombraba.
—¿Sabes por qué los cuadros son tan buenos?—, preguntó Sasuke.
—¿Porque eres un pintor genial?
—Porque estoy locamente enamorado de la mujer que pinté. Hay amor en cada pincelada, en cada gota de pintura. No podía pintar cuando Molly posaba porque sólo era un modelo para mí, como un jarrón de flores. Tú eres real. Sé cómo se siente tu piel en mi mano. Sé lo resbaladiza que está tu hendidura cuando te toco, cómo sabe tu aliento en mi boca. Me encanta cada parte de ti. Eso es lo que he pintado, y nadie en el mundo verá estos cuadros, sólo nosotros dos.
Sus palabras hicieron que Sakura se excitara y suavizara. —Pero hiciste un buen trabajo. Todo el mundo en tu club te ridiculizara.
—Ya no me importa lo que esos libertinos piensen de mí. ¿Dónde estaban cuando yo estaba sufriendo y pensaba que me iba a morir? Bellamy estaba allí, y Sai. Naruto y Daniel. Incluso Itachi vino en mi ayuda. Los caballeros que siempre dijeron ser amigos míos o me torturaron o se esfumaron—. Sasuke miraba los cuadros y una sonrisa se dibujó en su rostro. —Que me ridiculicen. Estas imágenes son para nosotros, esposa mía. Para nadie más.
—Van a hacer que te unas a la banda del Ejército de Salvación—, dijo Sakura con tristeza.
Sasuke rió mientras se levantaba. —He estado practicando en mi tiempo libre. Toco los platillos muy bien.
—No tienes platillos.
—La cocinera me prestó dos tapas de sus ollas. Quiero perder esta apuesta, amor. Nunca he estado tan feliz de perder una apuesta en mi vida—. Se acercó a ella y la besó, un beso lento de Sasuke Uchiha, que decía que quería besarla toda la noche. —¿Querrás venir conmigo, ángel?—, preguntó. —Cantaré más contento canciones anti-alcohol, por las esquinas, si sé que estás cerca.
Sakura sonrió. —Esta es posiblemente una de las peticiones más extrañas que un marido ha hecho a una esposa. Por supuesto que iré contigo, Sasuke.
—Bien. Pero ahora..—. El colchón estaba esperando. Sakura se encontró riendo cuando ella y Sasuke hicieron un buen uso de él.
Una semana más tarde, en una fría noche del miércoles, Sasuke quedó con una banda de cinco miembros del Ejército de Salvación al final de High Street Aldgate, en la esquina con Whitechapel. Había estado practicando con ellos, y la sargento a cargo estaba encantada de que una alta rama del árbol aristocrático se hubiera unido a sus filas.
Una multitud se había congregado cuando comenzaron a cantar, entre ellos una docena de camaradas del club de Sasuke, mezclados con una veintena de gente de la calle, así como hombres y mujeres que regresaban por allí a sus casas después de un duro día de trabajo. Al otro lado de la calle, estaba Sakura con Aimee, rodeada por Bellamy, la señorita Westlock, y dos de los más fuertes lacayos para protegerlas.
Los camorristas lores de Mayfair, empezaron a ulular y a burlarse tan pronto como Sasuke levantó los platillos. La sargento no les hizo caso, y dirigió su banda.
La música sonaba, ahogando los gritos. "¡Salve, ante el nombre de Jesús, los ángeles se postran. (Crash Crash!!) Traigan la diadema real Y coronen al Señor! (Crash Crash!! Crash! Crash!)" Sasuke cantó de todo corazón, chocando los platillos, como había ensayado, gritando las palabras.
La sargento animó a los espectadores a participar, y pronto la mitad de la calle, elevaba sus voces en una canción. "Traigan la diadema real Y coronen (Crash!) al Se-ee-ñor! (Crash Crash!! Crash! Crash!)" El himno se alargó seis estrofas más y terminó con grandes aplausos y unos pocos abucheos.
La sargento comenzó a arengar a la multitud, animándoles a unirse al movimiento anti-alcohol, para librarse de los grilletes de la bebida y el vicio y abrazando a Cristo como su Salvador.
Sasuke entregó sus platillos a un miembro de la banda y se dirigió a la multitud, su sombrero de copa en la mano, pidiendo que depositaran en él sus donaciones.
Era uno de sus mejores sombreros, hecho de piel mate y forrado de seda. Probablemente costaba más que lo que ganaban la sargento y su banda en dos meses.
Sasuke lo movió bajo las narices de kabuto y lord Sasori. —Vamos, caballeros, han disfrutado del himno y el sermón. Ahora pasaremos el plato de la colecta.
Sasori y Kab sonrieron, pensando que era una broma. —Muy divertido, Uchiha—, dijo Kabuto.
Sasuke metió el sombrero apretadamente en el pecho de Kab.
—Busca bien, muchacho. Dale tu dinero a la buena sargento en vez de gastarlo en apuestas y bebida.
Kab parpadeó, aturdido. —Dios mío, va en serio. Te has unido al ejército anti vicio.
—¡Cómo caen los valientes!—, resopló Sasori.
—¿Treinta guineas?—, Dijo Sasuke en voz alta. —¿Has dicho treinta guineas? ¡Qué generoso de tu parte, milord Sasori Manning! Tu padre el duque estará orgulloso. Y tú también, ¿Kab? El marqués de Dunstan,dona treinta guineas, señoras y caballeros —. La multitud aplaudió.
Sasuke mantenia presionado el sombrero en el pecho, hasta que Kabuto tímidamente dejó caer un puñado de monedas en él. Sasori le fulminó con la mirada, pero aportó su dinero en efectivo.
Sasuke se volvió hacia el amigo que estaba al lado—. ¿Cuarenta guineas, Honorable señor Juugo Bertram?
Los ojos de Bertram se abrieron como platos. —¿Cuarenta? Debes estar bromeando.
—Yo nunca bromeo con la caridad. Estoy muy conmovido por tu generosa aportación.
—Sí, siento que me estáis salvando—, murmuró Juugo, pero cogió un fajo de billetes y los dejó caer en el sombrero de Sasuke.
Sasuke se movió hasta Nagato Summerville, que rápidamente desembolsó sin problemas.
Sasuke pasó el sombrero ante todos los otros aristócratas, que sus amigos habían persuadido para que les acompañaran. Algunos depositaban el dinero con una sonrisa. Otros gruñían hasta que Sasuke les miraba, entonces desembolsaban su donativo con toda humildad. Sasuke había conocido a estos hombres desde los tiempos lejanos de Harrow, cuando habían peleado para establecer una jerarquía que se había mantenido hasta la edad adulta. Sasuke había sido el líder de una facción de alborotadores, un grupo que había acosado sin miedo a los niños mayores y a los tutores, que se escapaban de la escuela para beber, fumar y perder su virginidad, pero que habían vadeado los problemas logrando no ser expulsados. Aunque algunos de estos hombres eran o se convertirían en grandes pares del reino, y Sasuke era sólo el tercer hijo de un duque, le habían reconocido como su líder supremo.
Sasuke terminó la colecta, sin pedir deliberadamente a la gente que parecía más pobres de la multitud, y cogiendo el sombrero lleno se lo llevó a la sargento. Sus ojos se abrieron como platos al ver el contenido.
—Milord, le doy las gracias a usted y a sus amigos. ¡Qué buenos son!.
Sasuke recuperó sus platillos. —Ellos siempre están dispuestos a dar por una buena causa. De hecho, voy a hacer que mantengan de forma regular su apoyo.
—Es demasiado bondadoso con nosotros, milord.
Sasuke no respondió. —¿Más música, sargento?
La sargento se iluminó y los dirigió en una entusiasta interpretación de un himno que era el favorito del público.
"¡Condúcenos a través de las puertas de la nueva Jerusalén, (Crash!) Lavados por la sangre del Cordero! (Crash Crash!! Crash!)"
Sasuke regresó a Mayfair en su coche con Sakura sentada a su lado y Aimee en su regazo. Los brazos le dolían de golpear con fuerza los platillos, pero se sentía contento y en paz. Y un poco orgulloso.
La mirada en el rostro de Sasori cuando se había visto obligado a dar treinta guineas había sido inestimable. Sasori era notoriamente roñoso, siempre escatimando su dinero a pesar de que tenía miles y miles de libras en el banco.
—¿Qué es tan divertido?—, preguntó Sakura.
Sasuke se dio cuenta que se había reído en alto.
—Pensar que mis amigos deben pensarse mejor lo que apuestan conmigo.
Ella sonrió, su cara suavizada a luz del farol del coche. —En otras palabras, pensaron que habías perdido, ¡pero realmente has ganado!
—Algo por el estilo—. No explicó que la apuesta le había permitido ganar todo lo que había querido.
El juego del cortejo había permitido a Sasuke empezar con Sakura, pero si no hubiera sido por la estúpida apuesta, estaría muy lejos de la sonrisa que ella le dirigía en ese momento. La apuesta no sólo le permitió tocarla, amarla, sino reencontrarse con el arte que, una vez más salía de sus dedos.
—Eres un canalla—. Sakura apoyó la cabeza en su hombro.
La paja del sombrero raspaba su barbilla, pero a él no le importaba. Tenía una cálida niña, dormida en un brazo, a su esposa en el otro. ¿Qué más podría desear?
Lo supo más tarde, cuando Sakura le esperaba en la puerta de su habitación al volver de dejar a Aimee en el cuarto de los niños. Sasuke decidió que le importaba un comino el dolor sus brazos cuando Sakura tomó su mano y lo llevó adentro.
Sakura se sorprendió la tarde después del debut de Sasuke con el Ejército de Salvación al ver a su amiga Ainsley Douglas saliendo de un coche ante la puerta principal, y llamando. Sakura la invitó a entrar e hizo que Morton trajera el té. Ainsley tenía noticias, Sakura lo sabía, pero no dijo nada mientras Morton dejaba la bandeja con el té, con un frutero de tres pisos con pasteles.
En circunstancias normales a Sakura le gustaba la formalidad de tomar el té, le gustaba el ritual, incluso a las personas más tímidas les resultaba cómodo pues era fácil rellenar los huecos con palabras y acciones. Pero en ese momento, querría que el ritual se redujera a lo mínimo. Ainsley dejó el plato tan pronto como Morton se retiró cerrando las puertas detrás de él.
Se inclinó hacia delante, con una expresión sombría en sus ojos. —Sakura, lo siento mucho. He venido para avisarte, antes de que lo leas en los periódicos.
Sakura apartó la taza, derramando un chorrito de té en su falda.
—¿Avisarme de qué? ¿Le ha pasado algo a Louisa?— Pensó en Payne y se quedó helada.
—No, no, ella está bien—, dijo Ainsley.
Tomó la taza de Sakura de sus dedos congelados y la puso sobre la mesa. —No se trata de Louisa. No directamente.
Sakura ya había leído todos los periódicos de la mañana, desde el Pall Mall Gazette, a las noticias sobre las carreras de Sasuke y no había visto nada que pudiera afectarla personalmente.
—¿Qué pasa, pues? Me tienes en ascuas.
Ainsley tomó las manos de Sakura en las suyas, sus amistosos ojos grises la miraban llenos de preocupación. —Mi hermano mayor, Patrick, ya sabes que siempre está por la City y sabe todo lo que está pasando allí, por lo general antes que el resto del mundo lo sepa. Él se enteró de la noticia esta mañana, y sabiendo que somos grandes amigas, me aconsejó que te preparara.
—¿Se enteró de qué? Ainsley, por favor, dímelo o gritaré.
—Lo siento, estoy tratando de hacerlo—. Ainsley hizo una pausa, su rostro reflejaba simpatía. —Es tu padre, Sakura. Está arruinado. Completa y totalmente arruinado. A partir de esta mañana, tu familia se quedará sin un centavo.
Sasuke había esperado que sus amigos lo rechazaran después de que él los sableara, con la apuesta del Ejército de Salvación, pero como siempre, su travesura sólo lo había elevado en su estima. Cuando se encontró con Kab fuera de Tattersalls en Knightsbridge, la tarde siguiente, Kab agarró la mano a Mac y se la estrechó con entusiasmo.
—Has cambiado las tornas en la apuesta, viejo Sasuke.
Sasuke rescató su mano. —El Ejército de Salvación está más que satisfecho con tu donación, la sargento me lo dijo. Continuó alabándote durante horas. Se habló de la colocación de una placa.
Kab le miró horrorizado. —Dios me libre de ser conocido como un filántropo. Todo el mundo en Londres, vendría a pedirme dinero.
—Estaba bromeando, Kab.
Kabuto suspiró aliviado. —Bien, bien. Muy divertido. Ah, ahí está tu hermano Naruto. ¿Es una reunión familiar?
Naruto venía caminando con sus largos pasos habituales, un hombre grande vestido con un abrigo para protegerse del frío de octubre. — Kab—, le saludó Naruto cuando se detuvo junto a ellos. —¿Por qué no te vas a encontrar algunos otros vegetales con los que jugar?
(El apodo verdadero del personaje es coliflor)
Kab rió. —Muy bueno, muy bueno. El fino ingenio Uchiha. Bueno, me voy para que disfrutéis del calor de la familia. Adiós—. Levantó el sombrero y se alejó hacia el círculo de apuestas.
Naruto dirigió a Kab al irse, una mirada especulativa. —Se dice que es el más listo de todos los Dunstan. Hace que me preocupe por el destino del marquesado. He oído que tocaste los platillos en Whitechapel ayer por la noche, Sasuke. No sabía que eras músico.
Sasuke se encogió de hombros. —Fue una apuesta. ¿Cuándo llegaste?
—En el último tren. Tenía un asunto en el Jockey Club—. Puso su mano sobre el gran hombro de Sasuke. —Necesito hablar contigo, si no te importa.
Sasuke asintió con la cabeza, y se alejaron juntos, Naruto no habló hasta que entraron en el coche de Sasuke. Una vez dentro, Naruto le dijo a Sasuke lo que le había contado un amigo suyo de la ciudad.
—¡Maldito infierno!—, exclamó Sasuke en estado de shock. —¿Cómo diablos se las arregló Haruno para arruinarse?
Naruto parecía sombrío, las sombras hacían parecer más profunda su cicatriz del pómulo.
—Malas inversiones, en su mayoría. Una línea de ferrocarril que nunca fue construído, un invento de algún gadget que nunca consiguió superar la fase de diseño. Cosas por el estilo. El colmo fue una mina de diamantes en África. Las guerras han impedido que nadie se acerque a la mina, según dicen y es probable, que no haya diamantes en absoluto. Lord Haruno no era el más inteligente a la hora de invertir.
Sasuke imaginó a Sakura enfrentándose a la noticia, su preocupación por su familia.
—Maldita sea, sabía que tenía que haberme quedado en casa esta tarde, pero tenía que saldar una cuenta. Un recado breve, pensé. ¡Maldito idiota!
—Muchos hombres confían en consejos equivocados—, señaló Naruto.—Sonó como un castillo de naipes derrumbándose. Al quitar una carta, le han seguido las otras.
—Jugar con el dinero destinado a mantener a su esposa y su hija, ¡es una locura! Supongo que cuando los acreedores de Haruno lo sepan van a llamar todos a su puerta, si no lo han hecho ya. ¡Condenados chupasangres!
—Haruno ha estado en la cuerda floja desde hace tiempo, Sasuke. Itachi me dijo hace años, que el conde había tenido que vender todas las propiedades no ligadas al título, sólo se quedó con su casa de Londres.
Sasuke le miró fijamente. —¿Itachi te dijo eso hace años? ¿Por qué no se molestó Itachi en decírmelo ? ¿Por qué no lo hiciste tú?
Naruto se encogió de hombros, pero Sasuke podría decir que a Naruto no le había gustado la decisión. —Itachi sabía que te ibas a sentir obligado por Sakura ¿sabes?, y pensó que no necesitabas más preocupaciones. Estoy de acuerdo con él sobre eso. Itachi creía que Haruno podría recuperarse al final, pero el hombre ha tenido una condenada mala suerte.
—Un día, Itachi tendrá que dejar de decidir las cosas por mí.
—Ese será un día interesante. Espero estar allí para verlo.
Los hermanos permanecieron en silencio durante el resto del viaje a North Audley Street, donde Sasuke saltó del coche y se apresuró a entrar, seguido de cerca por Naruto. Morton cogió sus sombreros y abrigos y le señaló la puerta cerrada de una habitación, con una mirada de preocupación en sus ojos.
Sasuke empujó para abrir las puertas, y Sakura se puso en pie, con la cara muy blanca. Ainsley Douglas, que había sostenido la mano de Sakura, se levantó más lentamente.
—Sasuke—, dijo Sakura. Vio su lucha por mantener la compostura, sin querer derrumbarse. —Me temo que algo terrible ha sucedido.
—Lo sé—. Sasuke se acercó rápidamente a ella y cogió sus manos heladas. —Todo lo que pueda hacer, lo haré. Te lo prometo.
—Yo ya me iba—, dijo Ainsley. —Estoy muy apesadumbrada por haber sido portadora de tan malas noticias, Sakura.
Sakura se volvió a Ainsley, con los ojos enrojecidos por las lágrimas no derramadas. —Me alegro de que fueras tú, vieja amiga. Gracias.
Las dos mujeres se abrazaron, y Ainsley besó la mejilla de Sakura, con lágrimas en sus ojos. A medida que salía, Naruto entraba por la puerta abierta, y Ainsley se detuvo.
Los dos se congelaron en su lugar por un momento, tensos, Naruto la miraba con los ojos entrecerrados, Ainsley le sostuvo la mirada. Por último, Naruto hizo a Ainsley un guiño teatral. Ainsley se puso de color granate, hizo una ligera inclinación de cabeza, y se deslizó por delante de él por la puerta.
En cualquier otro momento Sasuke habría sentido mucha curiosidad ante ese encuentro, pero en ese momento Sakura se hundía en sus brazos, llorando.
Naruto se sentó en el sofá en el mismo lugar que Ainsley había ocupado y sacó su botella de whisky.
—Venía de camino hacia aquí para contártelo Sakura, cuando me encontré con Sasuke—, dijo. —Puedo
intentar preguntar algo más en la City si lo deseas y averiguar lo que pasó. Itachi tiene amigos importantes que pueden encontrar la manera de saber qué ha ocurrido con exactitud.
Sakura negó con la cabeza. —No importa. Sólo quiero asegurarme de que mi madre está bien. Nunca supo manejar las crisis. Y Louisa tendrá el corazón roto. Esto significa que no tendrá ningún baile de presentación.
—No necesariamente—, dijo Sasuke. —Tu padre tiene la suerte de tener un yerno rico y bien relacionado. Itachi conoce a los mejores magos de las finanzas de la City, en realidad de toda Inglaterra y Escocia. Voy a ver qué se puede hacer para salvar a tu padre de la ruina, y tu hermana puede seguir adelante con sus planes para su puesta de largo.
—No te lo permitirá—, dijo con tristeza. —Nunca cogerá ni un centavo de un Uchiha.
—Vamos a arreglarlo para que nunca lo sepa. Suena divertido. Voy a evitar que se arruine, manteniendo su orgullo intacto.
La pequeña sonrisa que ella le dedicó, hizo que Sasuke se sintiera mejor. La expresión de Sakura, cuando había entrado en la habitación le había recordado la que él había visto en su rostro la noche en que volvió a casa después del aborto involuntario. Sasuke no había podido evitar esa tragedia, pero podría arreglar esto.
Consiguió que Sakura subiera, la dejó en las expertas manos de Evans, y luego él y Naruto fueron a la City para averiguar lo que pudieran.
Por desgracia, cuando Sasuke y Naruto se reunieron con el hombre de Itachi en la Bolsa, les confirmó que la situación de Lord Haruno era realmente grave. No sólo había participado en inversiones malas, sino que había pedido prestado grandes cantidades a los bancos y amigos para poder hacerlas. Ahora, los bancos y amigos pedían que se lo devolviera.
Además, parecía como si Lord Haruno también hubiera sustraído fondos de una sociedad que había fundado con algunos viejos amigos del colegio, y ahora no podría reemplazar ese dinero. Sin duda había excavado un profundo pozo.
Sasuke no quiso informar de este horror a Sakura. Se mantuvo alejado hasta bien entrada la noche, tratando de encontrar algunas maneras de mitigar el daño. Si podía mejorar algo, tal vez no tendría que explicar hasta qué punto estaban de mal las cosas.
Llegó a casa después de que Sakura se hubiera ido a la cama, pero la encontró despierta en la cama en su habitación, esperándole . Sasuke la abrazó, pero ninguno de los dos habló, ambos preocupados hasta que se durmieron agotados.
Al día siguiente, noticias aún más graves le llegaron a Sakura.
El inspector Inuzuka, le mandó una nota a Sasuke, comunicándole que el conde Haruno había muerto, había fallecido de una apoplejía durante la noche.
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
