La temporada se abrió como de costumbre con un gran baile de la Lady en su residencia de North Audley Street.
Estaba resplandeciente, sus tres cuñados, incluyendo al duque, le ayudaron a organizar la fiesta. Corrían rumores de que su ex marido, se había refugiado en París con una amante, pero ese rumor resultó ser falso. Él pasa sus días meditando en su casa de Mount Street, o vagando solo por el continente, o recluido en el castillo ducal, en Escocia, mientras que su esposa sigue siendo una anfitriona brillante y popular.
Enero, 1880
—Mamá—. Sakura se apresuró entrando al salón para llegar hasta su madre que estaba sentada como una estatua de mármol junto a la ventana.
Lady Haruno se volvió al oír sus pasos y sollozando abrazó a Sakura. Madre e hija se abrazaron durante un largo rato, meciéndose y llorando.
Sakura sintió más que oyó llegar a Sasuke detrás de ella, su presencia caldeaba la habitación como el sol después de una larga ola de frío.
Lady Haruno se soltó del abrazo y cogió la mano de Sakura. Estaba vestida de negro de los pies a la cabeza, con los ojos hinchados y rojos detrás de su velo.
—Oh, hija mía, pensé que nunca volvería a verte.
—¿Cómo que no? Por supuesto que acudiría a tu lado, mamá. Por supuesto que volverías a verme.
—Yo pensé. . . — Se calló con otro sollozo. —Pensé que me odiabas.
—Nunca. Ven y siéntate, mamá. Necesitas descansar.
Lady Haruno se dejó conducir a un sofá.
Levantó la vista cuando se sentó, vio a Sasuke, y dio un respingo. —Oh. Lord Sanosuke. No me dí cuenta.
—Llámeme Sasuke—. Se sentó en una silla, apoyando las manos sobre las rodillas. —Me pongo a sus órdenes, Lady Haruno. Cualquier cosa que necesite o quiera, dígamelo y me ocuparé de ello. Estoy a su disposición.
—Es muy amable, pero…
—Madre—. Sakura se sentó al lado de Lady Haruno, sin soltarle la mano. —No es momento de cortesías, y Sasuke no está siendo educado. Sé que papá se había arruinado. Sé que los acreedores están quedándose con todo. Sé que no hay dinero ni para un entierro apropiado.
Su madre frunció el ceño. —Tengo una pequeña pensión de viudedad, por lo que los abogados me dicen. En un fideicomiso—..
—Los acreedores pueden encontrar una manera de quedarse también con eso—, dijo Sasuke con voz suave. —No piense en eso, deje que yo me ocupe de sus gastos.
—No puedo. Sakura, tu padre nunca hubiera querido que viviera de tu caridad.
Sakura le frotó las manos a su madre, que se notaban frías a través de sus guantes de encaje.
—Por supuesto que nunca tuvo la intención de que vivieras de la caridad de nadie. Perdió su dinero tratando de hacer una fortuna para ti. Pero somos una familia. No es caridad en absoluto. Es lo que hacen las familias.
El orgullo se mezclaba con la desesperación en los ojos de Lady Haruno. Sakura vio que su madre no quería depender de Sasuke, pero también Lady Haruno había sido criada en un mundo en el que siempre había sido dependiente. Que su fortuna hubiera desaparecido a vuelapluma, se escapaba de su comprensión.
También su marido había muerto de forma repentina. La espalda de la madre de Sakura, estaba recta, su postura como siempre era perfecta, pero temblaba como un árbol en una tormenta.
—Sakura, no sé qué hacer—, susurró.
—Mi querida señora—, dijo Sasuke, levantándose. —Usted no tiene que hacer nada. Se sienta y charla con Sakura, y mientras iré a la City y pondré todo en orden. Mañana a esta hora, estará todo solucionado.
Lady Haruno suspiró temblorosa, mientras le miraba.
—¿Por qué? ¿Por qué hace esto por mí? Lord Haruno se negó, incluso a que se mencionara su nombre en esta casa.
Con su sonrisa más encantadora, Sasuke levantó la mano fláccida de Lady Haruno entre las suyas.
—Lo hago porque quiero y amo a su hija—. Él se inclinó y la besó en la mejilla, dejando sus labios posados sobre su piel. —Quédate con ella hasta que yo vuelva—, murmuró.
Apretó la mano de Lady Haruno de nuevo, y salió.
—¿Qué va a hacer?—, preguntó Lady Haruno con temor.
—Exactamente lo que dijo que haría—, dijo Sakura, que sabía que era sincero. —Puedes confiar en Sasuke, mamá. Ese hombre puede enloquecerme a veces, pero sabe cuidar de los suyos. Lo ha demostrado una y otra vez.
Lady Haruno se secó los ojos con un pañuelo de encaje negro que quedó empapado.
—Pensé que iba a ser frío y despectivo. Que se burlaría de nosotros.
—Él no es tan cruel. Realmente es bastante generoso. Toda su familia lo es.
—Nos negamos a recibirle, a reconocer tu matrimonio, a hablar de la dote—, dijo Lady Haruno, sollozando. —Nosotros le cerramos las puertas por haberte raptado. Pensé que se alegraría de nuestra desgracia, que se reiría al saber que estamos desahuciadas.
—No conoces a Sasuke. Nunca haría una cosa así. Y no os desahuciarán—. Sakura tomó las manos de su madre de nuevo. —Mamá, ¿qué pasó? Con Papá, anoche, quiero decir. ¿Puedes contármelo?
Lady Haruno, parecía aplastada por el dolor, y muy, muy cansada. —Él me llamó a su estudio ayer por la tarde y me dijo que quería que me fuera con Louisa a vivir a Italia, donde podríamos vivir confortablemente. Quería que nos marcháramos inmediatamente, pero no podía, teníamos que preparar el equipaje. Le pregunté cuándo iba a reunirse con nosotras, y me dijo que no podría durante algún tiempo. Se quedaría para intentar desentrañar el lío que había hecho—. Una lágrima corrió de nuevo por su mejilla. —Me presionó para que hiciera el equipaje y partiéramos, pero me llevó mucho tiempo, había muchas cosas que hacer… Le oí abajo, por la noche, pero nunca subió a su dormitorio. Empecé a preocuparme, en la madrugada, me acerqué de nuevo a su estudio y le encontré en el suelo, con la cara torcida. La habitación era un desastre, los papeles tirados por todas partes, una mesa volcada, donde había caído. El médico dijo que había tenido un ataque de apoplejía. Había muerto de repente, al parecer. Con muy poco dolor. Eso al menos fue una bendición.
Sakura pasó sus brazos alrededor de su madre. —Mamá, lo siento mucho.
—Creo que Dios me está castigando. Por no tener el valor para enfrentarme a tu padre, por haberle permitido que te desterrara. Me puse de su lado. Me negué a verte o a dejar que Louisa te viera. Y ahora mírame—. Nuevas lágrimas corrían por su rostro. Sakura la acunaba.
—Dios no es tan cruel, tú lo sabes en tu corazón. Sasuke me dijo que papá había comenzado a perder dinero hacía mucho tiempo, cuando yo todavía estaba con la señorita Pringle. Todo parecía ir mal año tras año. No fue culpa tuya.
Lady Haruno levantó la cabeza. —Entonces, ¿por qué no me lo dijo?
—Para evitarte la preocupación, me imagino. Estaba luchando por recuperar el dinero, para evitarte la vergüenza.
Su madre negó con la cabeza. Cuando Sakura la abrazó, pensaba en las cosas que Sasuke le había dicho que ella nunca debía contar a su madre.
Parecía que Lord Haruno había contraído una deuda considerable, para su baile de puesta de largo, estaba decidido a que fuera el mejor y más elegante de la temporada.
Había puesto sus esperanzas en que se comprometiera con uno de los tres jóvenes herederos, cuyas familias le habían prestado el dinero. El matrimonio con cualquiera de ellos,
hubiera acabado con la deuda y permitido salir a Lord Haruno de la ciénaga en la que estaba hundiéndose. Sakura destruyó sus expectativas, cuando se fugó con Sasuke para casarse con él. Los padres de los otros tres caballeros se habían enojado y exigido que Lord Haruno les pagara de inmediato.
—¿Por qué no me lo dijo?— había preguntado Sakura a Sasuke indignada. —Si hubiera sabido que tenía que casarme para ayudarle, no me hubiera permitido perder la cabeza por el primer caballero apuesto que bailó conmigo.
—Tu padre era muy orgulloso y quería organizarlo todo sin que nadie lo supiera. Se suponía que eras consciente de tus deberes. Me temo, amor, que tu padre no tenía ni idea de que en tu cabeza tenías ideas propias.
—Pero ¿por qué se opuso cuando me casé contigo? Itachi y tú podríais haberos hecho cargo de la deuda y enviarle a él y a mamá al extranjero para unas largas vacaciones.
Sasuke había sonreído. —¿Y estar en deuda con Itachi Uchiha, el duque escocés, el resto de su vida? Nunca—.
—Imbécil—, murmuró Sakura.
Eso fue antes de que Bellamy despertara a Sasuke en las primeras horas de la madrugada y le entregara el mensaje del inspector Inuzuka, que había ido a investigar cuando escuchó hablar de la muerte repentina del padre de Sakura. Muerte natural, dijo el inspector. Una desgracia.
—Estoy aquí, mamá—, dijo Sakura. —No te dejaré otra vez.
Lady Haruno, se apoyó en Sakura, mientras otro mar de lágrimas se le escapaba.
Sakura se quedó con su madre hasta que Lady Haruno declaró que tenía que acostarse. La ayudó a subir al piso de arriba, dejándola en manos de su terrible doncella. La criada le susurró su agradecimiento a Sakura, Lady Haruno no había pegado ojo desde la muerte del conde, sin importarle todo lo que los sirvientes habían intentado para que durmiera.
Después de dejar a Lady Haruno en manos de su doncella, se dirigió por el dolorosamente familiar pasillo a la habitación de Louisa, y llamó a la puerta.
Escuchó un cansado: —Sí, ¿quién es?
Sakura entró. Louisa se levantó del sofá en el que había estado descansando y dejó caer la manta que la cubría. Sakura se quedó sin aliento.
Louisa había cambiado mucho desde la desgarbada chica que recordaba, se había convertido en una joven de dieciocho años, de curvas suaves y cara inteligente y dura. Sus ojos eran tan verdes como siempre, enmarcados por largas pestañas marron-rojizas. Vestía de negro aunque sin velo.
La hermana pequeña de Sakura, se había convertido en una mujer joven y bella. Cuando tuviera su baile de puesta de largo, dejaría a muchos caballeros rendidos a sus pies.
—Sakura—. Louisa dio un paso vacilante hacia adelante. —Me dijeron que estabas aquí, pero mamá quiso que me quedara en mi habitación.
Un sollozo escapó de la garganta de Sakura. Louisa se fue acercando a ella, lentamente al principio hasta correr los últimos pasos, arrojándose en brazos de Sakura.
Acabaron sentadas en el sofá, con Sakura apretando su mejilla, contra la cara mojada de Louisa.
—¿Por qué no viniste ese día al parque?—, preguntó Louisa cuando pudo hablar de nuevo. —Lady Douglas lo planeó todo cuidadosamente, pero no estabas allí, y no nos atrevimos a esperar.
—Lo sé—. Sakura se secó los ojos, no quería mentir, pero tampoco hablarle de Payne en ese momento. —Me puse enferma repentinamente.
—Lady Douglas me lo dijo. Estaba preocupada.
—Me recuperé rápidamente, pero sentí profundamente no acudir a la cita.
—Estás aquí ahora. Eso es lo que importa—. Louisa se aferró a las manos de Sakura, tanto como su madre lo había hecho. —Sakura, ¿qué será de mí?
—¿Qué será de ti? Si te refieres a donde vivirás, mamá y tú, seréis bienvenidas en mi casa. De hecho, creo que deberíais venir a casa conmigo esta misma noche.
—No quiero decir eso, aunque es muy amable por tu parte—. Soltando sus manos, Louisa se levantó. Su vestido era de tafetán negro con una falda de tres volantes, probablemente había sido un vestido de tarde teñido apresuradamente para el luto. La piel pálida de Louisa y su pelo rojo contrastaban como el hielo y el fuego.
—Sé que suena egoísta con todo lo que papá hizo y lo que mamá está pasando. Pero no puedo evitar sentir como si estuviera cayendo por un precipicio y todavía no hubiera aterrizado. Ayer estaba preparando los vestidos para mi baile y hoy no puedo ponérmelos. No voy a ser presentada en sociedad, no me casaré. No soy lo suficientemente inteligente como para ser institutriz, ni nada parecido, así que voy a terminar como señorita de compañía sin nada que hacer durante todo el día, excepto cepillar a los perros de lanas—. Sus manos cayeron con un golpe contra sus faldas.
—Cariño, por supuesto que no—, dijo Sakura. —Vas a vivir conmigo, y yo me ocuparé de ti. Vas a tener tu baile y tu temporada y un buen número de jóvenes querrán casarse contigo.
—¿Querrán?— Louisa se echó a reír, con rabia en sus ojos. —No soy un buen partido ahora, ¿verdad? Mi padre murió arruinado, y desfalcó dinero a otros, muchos otros. ¿Qué caballero respetable me querrá? Van a tener miedo de que mi sangre manche su familia.
Sakura deseaba poder decirle a Louisa que estaba equivocada, pero estaba demasiado familiarizada con los matrimonios aristocráticos. La genealogía era muy importante para las clases altas, y cualquier defecto en una joven se consideraba insuperable, a menos que el pretendiente en cuestión necesitara un gran flujo de dinero en efectivo y la dama tuviera una dote enorme.
Así, Louisa, sin dinero no resultaría atractiva.
—Puede que no seas un partido brillante, para un caballero, que quiera escalar socialmente—, reconoció Sakura. —Pero yo no desearía casarme con un caballero que sólo quiere mi dinero o mis contactos. Quiero que te cases con un hombre que te ame, que te ame tanto que, no le importe lo que hizo tu padre. Los errores de papá no son culpa tuya, y cualquier hombre digno de ti, sólo percibirá tu belleza y tu dulzura. No lamentaras no poder hacer un matrimonio ventajoso, si a cambio puedes seguir los dictados de tu corazón.
—¿Cómo hiciste tú?—Louisa la miró furiosa. —Nos dejaste, Sakura. Te escapaste sin decirme ni una palabra. ¿Cómo pudiste?
Sakura comenzó a hablar con repentina vehemencia. —Louisa, traté de enviarte recado. Quería verte, explicártelo, pero papá no quería oír ni hablar de ello. Me impidieron acercarme a ti, me devolvían las cartas que te escribí, hechas pedazos. Dejé de insistir para no crearte problemas.
—Podrías haber encontrado alguna manera. Pero estabas demasiado ocupada siendo la gran lady de Mount Street. ¡Oh, sí!, he leído todas las historias en los periódicos, cada palabra de ellos. Tal vez sea una suerte que no vaya a participar en la temporada, porque todo el mundo recuerda tu escandalosa fuga, y van a especular sobre si voy a escaparme también en mi baile de presentación.
—Cariño, eso fue como una tormenta de verano, pasó enseguida. Mis verdaderos amigos vieron que me había casado con un buen hombre. No me casé con Sasuke para escandalizar a la sociedad, lo hice porque me enamoré de él.
—¿Entonces por qué le dejaste?—Louisa fijó en ella una mirada acusadora. —Si tanto le querías, y el matrimonio era tan maravilloso, ¿por qué huiste? ¿Le enviaste un mensaje o simplemente desapareciste como hiciste conmigo?
Sakura abrió la boca, enfadada. —¡Louisa!.
—Lo siento, Sakura. He estado enojada contigo mucho tiempo. Si querías a Lord Sasuke lo suficiente como para darnos la espalda a todos nosotros, ¿por qué le diste la espalda también a él?
Sakura se levantó con rapidez. —Yo no te di la espalda. Fue papá el que me la dio a mí. Me prohibieron la entrada en la casa. Nunca me permitió hablar contigo o con mamá. Nunca.
—Podrías haberle desafiado. Haber encontrado alguna forma de obviarle. Tu marido es lo suficientemente rico para haber pagado las deudas de papá y que hubiera mandado su orgullo al infierno. No volviste porque no quisiste—. Las lágrimas corrían por el rostro de Louisa.
Sakura la miró horrorizada, odiaba pensar que su hermana pudiera estar en lo cierto. Sakura había estado tan enojada con su padre que había construido un muro entre su antigua vida y la nueva. Se preguntó si hubiera podido derribar las defensas de su padre si se hubiera esforzado más. Pero, Sakura estaba demasiado herida por la furia de Lord Haruno, como para razonar con él.
Sakura había amado a Sasuke, todavía lo hacía, y había estado enfadada porque sus padres no se habían alegrado por su felicidad. Que tampoco su madre se hubiera opuesto a su padre, había profundizado su herida. Y Louisa, atrapada en el medio, sólo había visto como Sakura se alejaba de ellos.
—Louisa, lo siento—, susurró Sakura. —Lo siento mucho.
—¿Amas a Lord Sasuke?
—Sí—. Sakura puso el corazón en la palabra. —Le quiero mucho.
—Entonces, ¿por qué?
—El matrimonio no es fácil, siento decírtelo. Hay muchas facetas, y cada año trae algo nuevo. Para lo bueno y para lo malo. Esos son los votos que se hacen al casarse—..
—¿Pero le amas?
—Sí .
Louisa se puso delante de Sakura. Eran ahora de la misma altura, su hermanita había crecido.
—Me alegro—, dijo Louisa. —Me alegro de que hayas encontrado a alguien a quien amar. ¿Él te ama?
Sakura asintió con la cabeza, las lágrimas volvieron a desbordarse por su cara. —Sí. Mucho, creo.
—Entonces te equivocaste al dejarle. ¿Por qué lo estropeaste?
—Porque no me amaba lo suficiente . Es difícil de explicar. Sasuke me amó con tanta intensidad que hizo cosas exasperantes para mí y por mi culpa. Desaparecía sin decir una palabra durante semanas, porque pensaba que eso me haría feliz. Nunca pensó en preguntarme qué me hacía feliz, o qué necesitaba. Sasuke hizo todo en base a lo que él sentía, sin saber nunca lo que sentía yo.
—¿Y es por eso le dejaste?
—Al final, sí.
Sakura recordaba los oscuros días después de que hubiera perdido el bebé, la desesperación que había sentido cuando Sasuke, finalmente llegó a casa demasiado borracho y derrumbado para consolarla. Habían construido un alto muro de furia, dolor y tristeza.
—Un día me desperté y vi las cosas con claridad—, dijo Sakura, casi para sí misma. —Sabía que Sasuke nunca aprendería a amarme sin hacerme daño. No podía quedarme con él mientras hacía las mismas cosas una y otra vez. Ya no tenía la fuerza necesaria para enfrentarme a él.
—¿Se lo dijiste? ¿Le diste la oportunidad de intentarlo?
—No sabes la verdad de lo que ocurrió entre nosotros—. Suspiró Sakura. —No sé si lo sabías, Louisa, pero me quedé embarazada, y lo perdí. Necesitaba un tiempo para recuperarme después de esa terrible experiencia, y Sasuke no podía ayudarme. Él también estaba sufriendo, no supo hacerlo mejor. Eso le volvió un poco loco, creo—. Le explicó que el dolor físico del aborto involuntario había dado paso a meses de pena, y luego de cansancio. Ya no tenía la energía para seguir la estela de Sasuke Uchiha.
—¿Y ahora?—, Preguntó Louisa. —Le vi llegar contigo hoy, y mi criada dice que ha estado viviendo en tu casa contigo.
Sakura asintió con la cabeza. —Sasuke ha cambiado. Está algo más tranquilo. Y parece pensar más las cosas—. Ella sonrió. —Por lo general. Todavía es impetuoso y exasperante. Es parte de lo que le hace ser tan encantador, supongo.
—¿Y todavía le amas?— Louisa le sostuvo la mirada, muy seria.
Sakura se dio cuenta en ese momento que sería Louisa la que mantendría la familia unida después de la tragedia. Su madre estaba demasiado hundida, demasiado insegura como para vivir sin un colchón de dinero y seguridad debajo de ella. Se apoyaría en el hombro fuerte de Louisa.
El corazón de Sakura se hinchó en su pecho, al pensar en cómo Sasuke, recorría todo Londres, intentando asegurarse de que su madre y su hermana no se quedaran sin nada. Sasuke no tenía ninguna obligación legal con su familia, y ninguna deuda moral desde que se negaron a hablarle después de casarse con Sakura.
Podría haberse lavado las manos de los problemas de los Haruno, afirmar que la familia de Sakura se merecía lo que le pasaba. Pero no lo hizo, y Sakura sabía que nunca lo haría. Su compasión era tan grande como su corazón, Sasuke, que había decidido adoptar a una niña indefensa como Aimee para que no creciera en las calles.
Incluso cuando Sakurale había dejado, Sasuke se había asegurado de que continuara viviendo con el mismo lujo al que estaba acostumbrada. No la había castigado. No había corrido a los brazos de otras mujeres buscando consuelo. Había dejado de beber, dejó de irse todas las noches de fiesta con sus amigos libertinos, se encontró a sí mismo. Por ella.
—Creo que sí—, le susurró. —Sí, le amo—. Era una sensación embriagadora, una oleada de amor, muy, muy atemorizante.
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
