Se dice que el Lord escocés ha vuelto al continente a pintar, y corre el rumor de que su Lady también ha viajado hasta allí. Parece que coincidieron en París, desconociendo ambos la presencia del otro en la ciudad.
-Junio 1881
Sasuke vio poco de Sakura en las siguientes semanas, porque estaba ocupada con los arreglos del funeral de su padre y el cuidado de su madre. Sin embargo, cuando se cruzaban le sonreía de tal forma, que sentía calentarse su corazón. Tanto como otras partes de su anatomía.
Tenía ganas de detenerla cuando le besaba en la mejilla al acabar de desayunar o al irse a casa de su madre, y averiguar porque estaba tan complacida con él, pero también él tenía mucho que hacer.
Naruto y él pasaban la mayor parte del tiempo con los banqueros y casas de inversiones, clasificando la maraña de deudas de Haruno, comprándolas o pagándolas directamente. Sasuke tenía la intención de pagar todas las deudas y romper todos los pagarés delante de Lady Haruno. Tenía la esperanza de lograr con ello, que la triste dama sonriera. Y tal vez Sakura agradecida, se colgaría de su cuello, y podría hacer realidad alguna de sus fantasías más bajas. Bueno, podía esperar.
Agradeció a Naruto, el hecho de que estuviera tan dispuesto a ayudarle.
Pero Naruto no era conocido por aguantar tonterías, y al mencionar su gratitud, dijo sorprendido, —Sakura es de la familia.
Itachi, también, siguió las negociaciones de lejos, y desde Escocia, llegó Sai con Ino, por supuesto, hicieron el viaje en cortos trayectos para no cansarla. Los dos se quedaron en la casa de Itachi, porque la casa de Sakura, se desbordaba con su madre y hermana, Aimee y la señorita Westlock, y Sasuke.
Ino y Sai pasaban la mayor parte de su tiempo con Sakura, sin embargo, al igual que le pasaba a Naruto, encontrar un rato para estar a solas con ella, se convirtió en una misión condenadamente difícil.
Pero Sasuke, después de tres años de soledad, no podía evitar que le gustara tener la casa llena.
Además Sakura, según constató, nunca sugirió que Sasuke se mudara a la casa de Itachi con Sai e Ino.
Sasuke vigilaba por si aparecía Payne, pero el hombre parecía haberse esfumado. Payne no volvió a entregar más cuadros a Crane, ni fue a recoger su dinero, y ni Sasuke, ni Inuzuka, ni los otros policías le vieron al acecho. Payne nunca había tratado de encontrar a Aimee, lo que hacía que Sasuke se sintiera a la vez enfadado y aliviado. ¿Qué clase de hombre abandona a su propia hija? Por otro lado, Sasuke se había encariñado con Aimee y consideraba una suerte que Payne no estuviera tratando de llevársela.
Lord Haruno tuvo un gran funeral adecuado, y su familia le dio sepultura en su mausoleo, en Kent.
Su heredero, un primo lejano de Sakura, se hizo cargo de la casa y de la hacienda, lo único que quedaba de las antiguas propiedades del conde. El primo, un afable hombre de mediana edad, soltero, estaba feliz de que Lady Haruno y Louisa, vivieran allí todo el tiempo que quisieran. A Lady Haruno le gustó la idea. Estaría a su disposición para asesorarle sobre el funcionamiento de la casa que había dirigido durante años, y podría organizar fiestas campestres y ocuparse de las obras de caridad de la Iglesia, como siempre había hecho.
Louisa no era tan optimista, pero Sakura le prometió que pasaría tanto tiempo en Kilmorgan y en la casa de Sakura de Londres, que no correría el riesgo de pudrirse en el campo.
Además, habían decidido que Sakura y Sasuke, se encargarían del baile de presentación de Louisa, aunque su madre dirigiría la organización. Louisa tendría su debut, no esta primavera, porque la familia seguiría de luto, pero si en la temporada siguiente.
La tarde después del funeral, al que asistieron también Itachi y Daniel, Sai se plantó delante de Sasuke y esperó a que Sasuke se diera cuenta. Esa era la en que Sai, hacía saber a Sasuke que quería hablar con él.
Sasuke se dio la vuelta, y se dirigió con su hermano, atravesando el césped, hacia un bordeado de árboles.
—¿Lo has hecho?—, preguntó Sai.
Sasuke miró a su hermano, pero Sai miraba hacia adelante.
—¿Me preguntas que si, Sakura es mi esposa otra vez?
—Sí.
—¿Tú que crees?
—No lo sé, por eso te lo pregunto.
Sasuke se frotó el labio superior, nervioso sin razón.
—La has estado observando la última semana. Y a mí. Eres un hombre perspicaz. ¿Qué piensas?
—¿Compartís la cama?
—A veces. No tan a menudo como me gustaría, pero ha estado un poco disgustada, con la ruina y la muerte de su padre.
Sai frunció el ceño, y Sasuke se maldijo a sí mismo. Su hermano tomaba todas las palabras literalmente.
—Sí, ha estado disgustada—, dijo Sai. —Deberías ser su consuelo.
—Lo soy. Cuando me lo permite.
Sai se detuvo, exasperado. —¿Sois marido y mujer de nuevo o no?
—Estoy tratando de explicártelo, hermano, no lo sé. A veces creo que sí, pero otras veces. . . La presioné con la revocación de la separación, y creo que eso le dio miedo. No voy a cometer el mismo error dos veces.
Sai no se inmutó, y aunque no miraba directamente a Sasuke, su mirada le resultaba inquietante.
—No te esfuerzas lo suficiente.
—Lo he hecho, Sai. Con todas mis fuerzas.
—No estás mostrándole tu verdadero yo, porque tienes miedo de parecer un tonto—. Esto salía de un hombre que no podía dejar de mostrar su verdadero yo. Incapaz de cualquier sutileza o de mentir, Sai decía lo que pensaba, nada más.
Eso desconcertaba a la mayoría de la gente, pero Ino logró entenderle.
—Ya parezco un tonto—, dijo Sasuke-. —Te perdiste mi actuación con la banda del Ejército de Salvación. Soy un artista con los platillos.
—Sakura me lo contó. Pero no dejas de ser un tonto. Haces una broma de todo para que la gente se ría, para evitar enfrentarte a lo que no deseas.
—Basta, Sai. Esa cruda realidad me está matando.
Sai miró de arriba abajo, el traje de luto de Sasuke. —¿Lo ves? Estás tratando de bromear de nuevo.
Sasuke perdió su sonrisa. —¿Qué quieres, Sai? ¿Qué me arrodille y le muestre el patético miserable en el que me he convertido? ¿Qué exponga todas las sangrantes heridas que tengo dentro de mí?
—Sí. Abre tu corazón. Itachi me dijo lo que significaba esa metáfora hace mucho tiempo.
—Pero no creo que Sakura quiera eso. Quiere al Sasuke divertido y encantador, al Sasuke que la hace reír y sonreír. No al Sasuke patético que sólo sabe quejarse.
—Pregúntale—, dijo Sai.
Sasuke lanzó otro suspiro. —Eres muy duro, Sai Uchiha.
Sai no respondió, lo que podría significar que no sabía lo que quería decir Sasuke, o que no le importaba. Ambas cosas, probablemente.
Los dos continuaron su paseo y llegaron al jardín trasero de la casa. Sakura estaba con su madre, su hermana e Ino, entre los macizos de flores, Ino llevaba a Aimee en los brazos. Todas vestían de negro, pero Sakura estaba bella y regia. Tenía un brazo alrededor de la cintura de su madre y el otro alrededor de la de Louisa. El corazón de Sasuke se templó. Había sido un día triste, viendo como Sakura decía adiós a su padre, pero el miedo y la preocupación habían abandonado el rostro de Lady Haruno.
Sakura levantó la vista, vio a Sasuke, y le sonrió.
—Mira—, dijo Sasuke a Sai en voz baja. —Siento que haya sido una tragedia la que ha reunido a Sakura con su familia. Todos los pecados han sido perdonados. Incluso si nunca volvemos a ser marido y mujer, verla como está ahora, abrazada a las personas que ama, es suficiente para mí.
Sai miró a Sasuke en silencio durante mucho tiempo. —No, no lo es—, dijo.
Con esto se alejó de Sasuke y se dirigió hacia Ino y su sonrisa de bienvenida.
Sasuke pensó en las palabras de Sai, mientras regresaban a Londres desde Kent. Louisa decidió quedarse con su madre, por no dejarla sola demasiado pronto. Sakura les había invitado a pasar las navidades en Kilmorgan. Lady Haruno en un primer momento se había mostrado renuente, pero Sasuke había logrado convencerla. Sakura le dedicó una nueva sonrisa de gratitud por ello. Pero Sai estaba en lo cierto. La gratitud no era suficiente. Exponer sus debilidades, era algo a lo que no estaba acostumbrado. Pensó que lo había hecho, cuando le contó la terrible época en Italia, cuando dejó de beber.
Ahora se daba cuenta de que lo había hecho no para ganar sólo su simpatía, sino para demostrar que se tomaba el matrimonio en serio. En realidad no llegó a mostrarle cómo estuvo de destrozado, temía que si lo hacía Sakura se giraría sobre sus botas de tacón y se alejaría, no quería que eso ocurriera.
Pensar en los delgados tobillos dentro de las botas de tacón alto no le ayudaba. Ni pensar en ella desnuda con sólo las botas de tacón alto. Él visualizaba esa posibilidad, mientras mezclaba colores en la paleta, cuando la oyó entrar en el estudio y dirigirse hacia él.
Levantó los ojos de la paleta y como siempre que la veía, su corazón le dio un vuelco. Se había vestido con un vestido negro adornado con lazos, su pelo rosa y sus ojos verdes brillaban más de lo habitual.
—Sasuke—, dijo Sakura bruscamente. —¿Guardaste la carta que te envié?
Con un esfuerzo Sasuke volvió su atención a sus pinturas. —¿Qué carta?
—La carta que te envié la noche en que me fui.
Ah. Esa carta. Sasuke se mantuvo poniendo pegotes de pintura para ocultar su nerviosismo. —¿Por qué imaginas que todavía la tengo?
—No sé si la tienes. Por eso que te lo pregunto.
—Hablas como Sai.
—Sai sabe cómo hacer que la gente le responda—. Sasuke dejó la espátula sobre la paleta. —Touché. Muy bien. Ven conmigo—. La llevó por las escaleras hasta su dormitorio.
Todavía dormía solo allí, no se había acostado con Sakura desde la noche en que murió su padre. Sasuke abrió el armario y sacó la pequeña caja que Bellamy había salvado del incendio, sabiendo que Sasuke guardaba ahí sus recuerdos más preciados. Puso la caja sobre una mesa y la abrió.
Una carta muy arrugada, estaba en el fondo, gastada por el tiempo y las lecturas. Sasuke la sacó y se la entregó a Sakura. —Esta es.
—¿Me la lees?—, preguntó. No podía seguir fingiendo estar alegre, le estaba matando.
—¿Por qué?
—Me gustaría recordar lo que escribí.
¿Por qué diablos querría eso? ¿Estaba pidiéndole , como decía Sai, que abriera su corazón? Tal vez, pero se sentía menos dispuesto que nunca, cuando desdobló el papel.
Las palabras que ella le había escrito, estaban grabadas a fuego en su corazón. Sasuke realmente no necesitaba leer la carta, porque había memorizado cada maldita palabra de la misma. Pero comenzó obedientemente.
—Querido Sasuke..—. Sakura se movió un poco, y Sasuke se aclaró la garganta.
"Querido Sasuke, Te amo. Y siempre te amaré. Pero no puedo seguir viviendo contigo. He tratado de ser fuerte por ti, hace tres años que lo intento, pero he fallado. Has tratado de hacerme a tu imagen y semejanza, querido Sasuke, yo traté de ser lo que querías, pero ya no puedo más. Lo siento. Quisiera escribir que mi corazón se está rompiendo, pero no es así. Se
rompió hace tiempo, pero acabo de darme cuenta de que ahora puedo dejar mi angustia atrás y seguir adelante. La decisión de vivir sin ti fue dolorosa y meditada. Me doy cuenta de que legalmente me puedes causar mucho daño por dar este paso, y te pido, por el amor que una vez compartimos, que no lo hagas. Puede que no tenga que alejarme para siempre, pero sé que tenemos que pasar un tiempo separados, solos, para sanar. Me has explicado que a veces me dejas por mi propio bien, para que tenga la oportunidad de recuperarme de mi vida contigo. Ahora estoy haciendo lo mismo, alejándome de manera que los dos tengamos la oportunidad de respirar, la oportunidad de enfriarnos. Vivir contigo es como seguir la estela de una estrella fugaz, que brilla con tanta intensidad que me abrasa. Estoy viendo como la estrella me quema. Al final, Sasuke, me temo que no quedaría nada de mí. Sé que te enfadarás cuando leas esto, ¡porque puedes enojarte mucho! ¡puede volverte tan enojado! Pero cuando se te pase, te darás cuenta de que mi decisión es adecuada. Juntos, nos destruimos el uno al otro. Al separarnos ahora, podré recordar mi amor por ti. Pero me estás quemando. Me has agotado, y no tengo nada que dar. Sai se ha comprometido a llevarte esta carta, y él me informará de lo que decidas hacer. Confío en Sai como intermediario. Por favor, no trates de buscarme. Te quiero, Sasuke. Y siempre te amaré. Por favor, cuídate.
Sakura"
Antes de terminar, Sasuke ya no miraba la carta, si no a ella.
Sakura se dio la vuelta, bajando los ojos. Se situó delante de la ventana, una negra figura, esbelta y elegante.
Fuera en la calle, los carruajes traqueteaban, los cocheros silbaban, y la gente se gritaba. En el interior todo era quietud. Sasuke volvió a mirar la carta, y vio las palabras que había leído una y otra vez hasta que se la supo de memoria, cada una de ellas era como una puñalada.
—¿Por qué la guardaste?—, preguntó Sakura sin mirarle.
Sasuke tragó. —¿Quién sabe? He tratado quemarla muchas veces, pero siempre la guardaba de nuevo en la caja.
Sakura se giró y en silencio extendió la mano hacia el papel. Después de un momento de tensión, Sasuke se lo acercó.
Lo desdobló y rozó las palabras con su boca. Tenía la boca apretada contra la carta cuando terminó, y luego con un movimiento rápido, la rajó por la mitad. Antes de Sasuke pudiera protestar, fue hasta la estufa y tiró la carta dentro. Sasuke se acercó y la agarró por la muñeca, pero era demasiado tarde.
—¿Qué estás haciendo?
Sakura le miró con sorpresa. —¿Por qué no quieres que la queme?
—Por que la carta me decía cómo te sentías. Tus verdaderos sentimientos, sin florituras. Necesitaba conocerlos.
—Esos eran mis sentimientos de entonces. Ahora son distintos.
El fuego crepitó cuando el último de los pedazos de papel se quemó.
¡Maldición!, la carta había guiado su vida. Había sido un recordatorio de por qué había dejado la bebida y la vida salvaje, de por qué había elegido reformarse.
—La leía para consolarme—, dijo. —En las peores noches, cuando la tentación de beber para aliviar el dolor, casi me superaba, me gustaba releerla. Y me decía, en mi cabeza, que estaba tratando de cambiar por ti. Que ya no tendrías que preocuparte, dejaría de quemarte, podría volver a ti como un hombre nuevo.
—¿Cómo demonios te consolaba eso?
—La carta me mantenía sobrio, amor. La necesitaba para lograrlo.
¿Era así como tenía que abrirle el corazón? Eres tonto Sasuke, ¿quién habría utilizado una dolorosa carta de despedida noche tras noche como apoyo? Una parte de él estaba llorando, el niño aterrorizado que había sido descubierto y golpeado por su padre, cuando encontraba sus cuadernos llenos de dibujos en lugar de lecciones.
A Sasuke le habían prohibido bajo amenaza de palizas, que siguiera pintando, pero no pudo evitarlo por mucho que lo intentó, Sasuke no pudo dejar de pintar. Los cuadros salían de sus manos sin cesar, las aves por fuera de la ventana, el arroyo donde pescaba, sus hermanos, su madre, incluso su padre. Sasuke había vivido a la sombra de Itachi y Naruto, ambos mucho mayores, tanto de altura como en sabiduría. Pero el arte era lo suyo.
El viejo duque había considerado que la necesidad de Sasuke por pintar, le hacían débil y afeminado. Cuando Sasuke había empezado a tener amantes a la edad de quince años, su padre no había ocultado su alivio.
_Pensé que serías uno de esos maricones, muchacho. Habla de pechos y vulvas y golpea a cualquier hombre que trate de convencerte de lo contrario_.
El viejo duque habría odiado a Sasuke ahora, su hijo estaba tan enamorado de una mujer que había cambiado toda su vida por ella.
_Las mujeres son como el alquitrán, le gustaba decir a su padre. _Útiles a su manera, pero enfangan todo rápidamente si no tienes cuidado. Te seducen con sus cuerpos, después te atan con sus lágrimas y berrinches. Llévatelas a la cama y disfruta de ellas, cásate sólo si encuentras una con las conexiones correctas, pero que siempre sepan cual es su lugar_.
Sakura nunca le había atado, nunca utilizó berrinches ni lágrimas. Ella era una mujer, no una niña, y podría haber postrado de rodillas a su padre con sólo una de sus miradas desdeñosas.
_Necesito esa carta, lloriqueaba el niño de su interior.
¿Seguro que la necesitaba? Por un lado, cada palabra de la maldita carta estaba grabada en su memoria. Por otra parte, lo había hecho: Sasuke había dejado de vivir en un frenesí. Había llevado una vida salvaje porque, ahora lo sabía, temía enfrentarse a su verdadero yo, si alguna vez dejaba de beber, de pintar, de correr, siempre huyendo.
—¿Cuáles son tus sentimientos ahora?— le preguntó Sasuke.
Sakura mantuvo su mirada apartada.
—Yo fui muy dura hace tres años —, dijo. —Estaba cansada, triste, enojada y temerosa. Te aparté de mí, porque no podía enfrentarme a lo que necesitaba mientras estaba distraída contigo.
—¿Yo te distraía?, ¿no? —A Sasuke le entraron ganas de reír. —Una manera agradable de expresarlo.
—Era necesario que te perdonara. Tú me lo pedías, pero ya no tenía fuerzas.
—Nunca te pedí nada. Sólo te pedí, y todavía lo hago, que humildemente me disculpes. Ya te lo dije antes, ¿recuerdas?. Lo digo en serio.
—Lo sé—. Sakura, finalmente le miró, y vio la ansiedad en sus ojos, como si le preocupara que no fuera a perdonarlo. —Te perdoné. Sai me contó todo lo que hiciste, después de que me marchara y, cuando Sai informa de algo, puedes estar seguro de que escucharás todos los detalles—. Ambos sonrieron un poco.
Sai tenía el tipo de mente que le permitía recordar una lista de números a los tres meses de haberla visto, o cada palabra de una conversación escuchada la semana anterior, aún cuando nadie pensara que estaba escuchando.
—Entonces, ¿dónde estamos ahora?—, preguntó Sasuke. —Soy un abstemio responsable, que ha adoptado a una niña, pero tú te casaste con un bromista, despreocupado y salvaje. ¿Te gustará el Sasuke Uchiha en que me he convertido?
Sakura le cogió la mano. —Tú. . . No sé cómo decir esto, pero creo que ahora eres el verdadero Sasuke. Te has desprendido de todas las cosas detrás de las que te escondías. Es como si ahora estuvieras desnudo y sin miedo.
Sasuke le apretó los dedos. —Yo podría desnudarme, si quieres. Hace calor aquí.
—Pero hay cosas del otro Sasuke, que todavía me gustan—, dijo Sakura. —Me encanta tu humor, tu capacidad reírte de las cosas haciendo que parezcan inofensivas. Me gusta tu encanto. Cuando tocabas con la banda en la esquina de la calle, tuviste el aplomo suficiente para hacer que tus amigos parecieran idiotas por ridiculizar a la gente. Me sentí orgullosa de ser tu esposa esa noche.
Sasuke le besó los dedos. —¿Sabes?, la sargento me dijo que podía volver a tocar con ellos cuando quisiera. Así podrás demostrarme lo orgullosa que estás de mí.
—Y me encanta cómo conviertes cualquier cosa que hablamos en un juego de seducción.
—Vale, es bueno saberlo.
—Me hace sentirme deseada y amada—. Sakura cubrió con sus manos, su mano manchada de pintura. —Estoy dispuesta a tratar de ser tu esposa.
El corazón de Sasuke latía tan fuerte que apenas podía respirar. No le importaría la maldita carta. Tener a Sakura era cien veces mejor.
—¿Qué quieres decir con eso de intentar? Exactamente. Se precisa. Tan precisa como sería Sai. No quiero entenderte mal. Un malentendido me haría concebir esperanzas, y no podría vivir después si resultaran falsas.
Sakuracubrió sus labios con los dedos.
—Quiero decir que estoy dispuesta a tratar de vivir como tu esposa, para ver cómo podemos ir tirando. Sin juegos. Sólo la vida.
—Probar—. Sasuke le besó los dedos antes de que los bajara. —¿Sólo intentarlo?— No un sí, Sasuke, por favor revoca la separación y vivamos felices para siempre.
—No hay prisa. Vivamos juntos como marido y mujer. Si realmente hemos cambiado tanto, si somos capaces de establecernos y permanecer juntos y felices, entonces llamaremos a Gordon y que él solucione los asuntos legales.
Si bien parte de Sasuke se regocijaba con sus palabras, otra parte se irritaba con impaciencia. Quería que estuviera hecho y acabado, de modo que el miedo que roía su corazón se esfumara y nunca más se despertara con el terror de que se marcharía de nuevo. Otra parte de él sintió una punzada de culpa. Había comenzado a mostrarle su interior con la carta, pero ella le interrumpió antes de que pudiera contarle mucho. Le contó sólo una pequeña parte, ella estaba equivocada, seguía escondiéndose y le alababan por ello. Le dirigió una sonrisa maliciosa, mientras volvía a sentirse un miserable
—Quieres que vivamos juntos como marido y mujer, ¿eh? Mi dama deliciosamente escandalosa—. Cogiéndola por la mano, la acercó. —Estaré de acuerdo con tus términos. Por ahora. No es exactamente la deslumbrante historia que tenía en mente, pero aprovecharé lo que pueda.
—Y, ¿Sasuke?
—¿Sí, amor ?
—Me gustaría intentar tener un bebé—. Sus palabras le llenaron de esperanza.
Sakura había estado tan aterrorizada de volver a concebir después de su aborto involuntario que habían dejado de dormir en la misma cama. Sasuke la había entendido y quiso darle tiempo, pero mantenerse alejados el uno del otro, había provocado mayor tensión en su matrimonio ya al límite.
—Me parece una buena idea—, dijo Sasuke jubiloso—.Hemos estado intentándolo ya. Puede ser que lo hayamos conseguido.
Sakura negó con la cabeza. —Tuve el periodo mientras estábamos en Kent.
—Mmm—. Sasuke se esforzó para reprimir una repentina y aguda decepción. —Bueno, cariño, simplemente tendremos que esforzarnos más—. Le acarició un sedoso rizo de la frente. —Y más a menudo. Muy, muy a menudo.
—¿Podemos comenzar hoy?
—Por supuesto—. Sasuke estaba completamente excitado debajo de su kilt, ella tenía que haberlo notado incluso a través de las muchas capas de su falda. —Sé dónde encontrar una buena cama. De hecho, la tenemos justo aquí—. Sakura sonrió, sus ojos tenían un brillo perverso.
Sasuke reprimió sus sentimientos de culpa, mientras la llevaba a su ancha cama. Ella había expuesto una gran parte de su corazón en esta ocasión, pero a Sasuke le dolía permanecer oculto incluso un día más.
—Disculpe, milady—, dijo la señorita Westlock entrando en la sala del desayuno a la mañana siguiente.
Sakura levantó la vista de sus cartas y arqueó las cejas con sorpresa. El cabello de la generalmente impecable señorita Westlock estaba despeinado, su cara colorada, llevaba torcido el cuello del vestido. En el otro extremo de la mesa, Sasuke bajó el periódico.
—¿Qué le pasó?—, preguntó.
—Como usted sabe, milord, tengo la costumbre por las mañanas de caminar por Hyde Park antes de que se levante Aimee.
—Sí—, dijo Sasuke con impaciencia.
La señorita Westlock era una mujer enérgica, se levantaba antes de que amaneciera, tomaba comidas ligeras, no bebía y caminaba todos los días.
—Bien, esta mañana me sucedió una cosa curiosa. Un caballero se acercó a mí durante mi paseo, por un momento, pensé que era milord.
Sasuke se puso rígido, y se aceleró el pulso de Sakura. —¿Sí?— dijo ella.
—Cuando se acercó, vi que, efectivamente, no era milord. Se le parecía pero los ojos eran diferentes. Los suyos eran marrones, mientras que los de milord son como el carbón. Me asustó.
Sakura apretó la servilleta con tanta fuerza que sentía las uñas, presionando las palmas a través de la tela. —¿Qué le hizo?
—Me preguntó cuando llevaría a Aimee a dar su paseo, y si le dejaría hablar con ella entonces. Le pregunté por qué, y afirmó que era su padre. Por supuesto, no tenía manera de saber si eso era cierto, y le aconsejé que preguntara a milord. Cuando le dije eso, se puso colérico, declarando que él era milord, y que usted se hacía pasar por él.
Sasuke no dijo nada. Sakura vio su mirada fija y como le latía la carótida en el cuello, y supo que estaba muy, muy enojado. Rara vez llegaba a estar realmente furioso, sí, le gustaba gritar y podía sacarla de sus casillas a veces, pero no era realmente furia. Irritación,frustración y exasperación, pero no furia. Esto sí era furia. Furia peligrosa.
—¿Qué le dijo?—, preguntó Sakura a la señorita Westlock.
—Le di los buenos días y comencé a alejarme. Era evidente que estaba loco, y sé que no se debe hablar con los locos. ¿Y puede creerlo? Me cogió del brazo y trató de que me fuera con él.
Sakura se levantó de la silla. —¿Está bien? Vamos a llamar a la policía.
—No, milady, no se preocupe. Me deshice del miserable, con unos pocos paraguazos. Se fue corriendo. Dudo que quisiera que un agente de policía le viera acosar a una mujer indefensa —. Nadie que viera a la señorita Westlock, especialmente con su gran paraguas, podría pensar en ella como en una mujer indefensa, pero Sakura estaba demasiado nerviosa para sonreír.
—¿Ha visto en qué dirección se fue?—, preguntó.
—Bajando Knightsbridge, pero milady, podría haber ido a cualquier parte después de eso. Podría haber un coche de alquiler y estar al otro lado de la ciudad ahora—..
—¡Maldita sea!—. El gruñido de Sasuke hizo que las mujeres saltaran sorprendidas.
Se levantó de su asiento, apoyó los puños sobre la mesa, daba miedo ver la rabia que había en sus ojos.
—¡Maldito tipo!. Ya he tenido bastante—. Apartó la silla con el pie y llamó a Bellamy.
—Sasuke—, dijo Sakura alarmada. —¿Adónde vas?
—Voy a ir a ver a Inuzuka. Quiero que encuentren a Payne, y lo quiero fuera de nuestras vidas.
Sakura se levantó. —Tal vez no deberías...
—No le temo, Sakura. Voy a buscar a Inuzuka, y le atraparemos.
—Pero si está convencido de que eres tú, y que tú eres él, o de cualquier otra cosa que piense, podría ser muy peligroso.
Sasuke esbozó una sonrisa salvaje. —No es la mitad de peligroso de lo que lo soy yo, mi amor.
Sakura quería decirle que no fuera, que se quedara con ella, pero su propia furia igualaba a la de Sasuke. Payne tenía que ser detenido. Pero la idea de que el impostor tratara de matar a Sasuke la aterrorizaba.
La señorita Westlock hizo un gesto de aprobación.
—Milady y yo mantendremos el fuerte, milord, mientras usted presenta batalla. Entre todos, vamos a detenerle.
Sasuke se acercó a Sakura y le dio un fuerte beso en la boca. Notó su rabia, determinación, y su fuerza. Le encantaba todo eso. Muy pronto, relajó la presión de sus dedos, y ella sintió un golpe de aire frío correr a través de la habitación cuando Sasuke salió por la puerta principal.
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
