La familia Uchiha ha bajado a la capital, con el anuncio sorprendente de que el más joven de ellos, Lord, S-, ha tomado esposa. El Lord artista de Mount Street se trasladó a un hotel para tan breve estancia en la ciudad, y su Lady, que había estado durmiendo en el mismo hotel, inmediatamente cambió de alojamiento.
Agosto 1881
Sasuke no regresó. La lluvia iba y venía, y el día se oscureció, pero Sasuke no había regresado cuando Morton tocó el gong para anunciar la cena.
Sakura se sentó sola en el comedor, comió muy poco su comida, y envió la mayoría de la comida de vuelta sin tocar. Se paseaba por el salón, viendo a la criada correr las cortinas preparando la habitación para la noche, la oscuridad era cada vez mayor.
Sakura odiaba no saber dónde estaba Sasuke y lo que estaría haciendo. ¿Estaría buscando a Payne por todo Londres junto con el inspector Inuzuka? ¿O le había sucedido algo?
El inspector le hubiera enviado un mensaje, sin duda, si Sasuke hubiera sido herido. ¿No? El reloj desgajaba la noche en horas: ocho, nueve, diez, once. A la medianoche, Evans esperaba en el rellano con los brazos cruzados, indicando que pensaba que su ama debía estar ya en la cama.
—No, hasta que sepa algo de Sasuke—, dijo Sakura. —No me acostaré. Esperaré.
A las tres de la madrugada, seguía reclinada en el sofá, despierta, agobiada por sus pensamientos agitados. Cedió cuando Evans, volvió a insistirle y se fue a la cama. Pensaba que si se dormía, al despertar Sasuke estaría ya en casa. O por lo menos habría enviado un mensaje.
Era extraño, Sakura recordó cuando se acurrucó bajo las sábanas, que al principio de su matrimonio, cuando Sasuke no aparecía por casa a su hora habitual, nunca se había preocupado. Se había sentido molesta, sí, pero nunca se preocupó seriamente.
Ella sabía que estaba con sus amigos o se había marchado a Italia o a algún otro lugar y que él o Bellamy le enviaría un mensaje cada cierto tiempo.
Esta noche era diferente. Un hombre peligroso acechaba, y la preocupación la mantuvo despierta. Algo nuevo había comenzado entre ella y Sasuke, una comprensión más profunda, un conocimiento más profundo de cada uno. Su nueva relación era fresca pero frágil, y Sakura temía perderla.
No, para ser honesta, tenía miedo de perder al propio Sasuke, no importaba lo que había entre ellos. Le amaba. Su pérdida dejaría un agujero en su vida que nada ni nadie podrían llenar. Sakura se dio la vuelta abrazando la almohada, sobre la que había dormido la noche anterior, inhalando el aroma que aún la impregnaba y se quedó dormida, soñando con su cuerpo caliente junto a ella.
Se despertó cuando el sol estaba alto y Sasuke aún continuaba desaparecido.
Doce horas antes:
Kiba Inuzuka permitió a Sasuke acompañarle junto con su equipo de agentes de policía en la búsqueda de Payne.
Inuzuka, no habría querido que Sasuke les acompañara, preferiría haberle mandado a la mierda directamente, pero Sasuke no podía quedarse en casa esperando y volver a escuchar al inspector, que le había perdido la pista a Payne, de nuevo.
Quería a Payne detenido, encarcelado, fuera de sus vidas, saber que Sakura estaba, por fin a salvo. Los antepasados de las highlands de Sasuke, habrían ido tras el canalla y le habrían ejecutado, para volver después a su casa y celebrarlo, bebiendo, bailando y follando. Sasuke podría renunciar a la bebida y el baile, pero su sangre le tiraba, quería encontrar al hombre, detenerle y después pasarse tres días en la cama con Sakura.
A lo largo de la tarde, estuvo con los policías de Inuzuka, por Chancery Lane y sus alrededores, comenzaron por la última residencia conocida de Payne. No había vuelto allí, pero conocía bien la zona, y era posible que hubiera encontrado un escondrijo cercano.
Sasuke recorrió la calle Fleet y luego Temple Bar, hacia el Strand. El tráfico era denso, la calle estaba atestada de coches. Sasuke entraba y salía de la acera, rodeando a la gente, los puestos, los coches y los caballos.
Caminó hacia Southampton Street, que estaba casi igual de concurrida, hasta el amplio mercado de Covent Garden. No vieron ninguna señal de Payne. Por lo menos, Sasuke pensó que tenía un montón de gente custodiando a Sakura, así que aunque Payne pudiera llegar a North Audley Street, nunca podría acercarse a ella. Bellamy podía tener una rodilla mala, pero sabía cómo luchar sucio, y era un buen tirador. El hombre también había hablado con unos viejos amigos, delincuentes la mayoría de ellos, para que le ayudaran a vigilar la casa. Sasuke y los policías se unieron con los otros, sin dejar de buscar hasta que el cielo se puso negro. Diluviaba. Los relojes de toda la ciudad dieron las tres. Inuzuka recomendó a Sasuke que se fuera a su casa, mirándole de forma que le decía que si no estaba dispuesto a llevarle él mismo.
Sasuke se mostró de acuerdo y buscó un carruaje. Quería contarle a Sakura que no habían descubierto nada, y luego decidir qué hacer. No, a decir verdad, Sasuke quería quitarse sus ropas mojadas y deslizarse en la cama junto a Sakura, calentarse junto a su suave cuerpo. ¡Maldito Payne!,
Sasuke se negaba a que el hombre dirigiera su vida. Se hundió medio adormilado en el coche de alquiler que le llevaba a su casa. Imaginar cómo iba a besar la piel de Sakura, y cómo sentiría sus caricias en su pecho, hizo que se le endureciera la polla. Sakura era muy hábil.
Sabía cómo acariciarle, cómo deslizar sus dedos alrededor de la punta y bajar luego lentamente a lo largo del eje, excitándole sin dejarle acabar con demasiada rapidez. Dulce, dulce mujer.
Una ráfaga de fría lluvia llenó el coche de alquiler. Sasuke parpadeó despertándose. Una figura oscura se subió y cerró la puerta. Sasuke soltó un rugido y se abalanzó sobre él, queriendo nada más que apretar la garganta del hombre con sus manos.
Un anillo frío tocó su cara, el cañón de una pistola. Payne observó a Sasuke, por encima de la pistola, una Webley, pensó distraídamente Sasuke, la clase que le gustaba a Itachi.
Payne tenía los ojos muy abiertos, oscuros y tan llenos de furia como los del propio Sasuke.
El corazón de Sasuke latía con rabia. Payne le mataría. No temía morir, ni temía por la seguridad de Sakura, que era una mujer sensata e, Itachi, Naruto, Sai, y Bellamy la protegerían.
Sasuke temía morir sin volver a verla. ¡Quería tanto volver a verla!.
—Te tengo—, dijo Payne. Su voz era áspera y fina. —Mientras intentabas cazarme, te cacé yo a ti.
—¡Qué condenadamente oportuno!—, gruñó Sasuke.
La pistola se clavó con más fuerza en la mejilla de Sasuke.
—Te mantendrás alejado de mi esposa—, dijo Payne.
Sasuke gritó con rabia. —Si tocas a Sakura, hijo de puta, te voy a matar.
—No estás en condiciones de amenazarme.
—No tengo que hacerlo. Incluso si me disparas, puedes estar seguro de que nunca te librarás de Itachi. Él puede ser un hijo de puta de mierda obsesionado, con las personas que hacen daño a sus cuñadas. Rezarás por mantenerme vivo cuando Itachi se ponga tras tu rastro.
Payne no parecía preocupado, lo que demostraba la estupidez del hombre. Itachi podía ser ferozmente vengativo, y él nunca se rendía.
—Sólo dime una cosa—, dijo Sasuke. —¿Por qué demonios quieres ser Sasuke Uchiha?
Payne parpadeó, y Sasuke creyó que le dispararía en ese momento.
—Sasuke lo tiene todo—, dijo Payne. —Talento, amigos, familia...
—Samson Payne también—, señaló Sasuke. —Una familia en Sheffield. Talento. He visto tu trabajo es malditamente bueno. No sé nada acerca de tus amigos. Tú sabrás.
—Samson no pudo recibir clases de arte. Samson no pudo salir de casa. Samson no pudo hacer otra cosa que trabajar como un esclavo toda su vida, mientras que las suaves manos de los caballeros tenían todo lo que querían. Puedo hacerlo. Puedo pintar como él. Lo haré tan bien que nadie será capaz de notar la diferencia, y luego pensarán que él es un fraude, el hijo del duque, rebajándose a robar el trabajo del pobre Samson Payne—. Su voz cantarina enfrió la sangre de Sasuke.
—Todo es muy retorcido dentro de ti, ¿no? Te habría dado las lecciones, Payne. Te habría ayudado. Sólo con haberlo pedido.
—Habrías visto que era mejor que tú.
—¡Al infierno!, muchos artistas son mejores que yo. Yo pinto lo que quiero y me importa un comino si contribuyo al mundo del arte. Por eso regalo los malditos cuadros a mis amigos, y ellos me lo agradecen, colgándolos en sus paredes.
Payne no parecía escucharle. —Sal—, dijo.
Sasuke no se movió, calculando las posibilidades de golpearle y arrebatarle el arma, antes de que él le disparara. Con o sin pistola, Sasuke, no tenía intenciones de salir del carruaje y permitir a Payne terminar el viaje hasta North Audley Street y Sakura.
El cañón de la pistola se sentía frío en la piel, Payne casi lo acaricia con él. Sasuke se preguntó por qué no tenía miedo, quizás era porque estaba demasiado furioso.
—Si me disparas, harás un ruido infernal—, dijo Sasuke en un tono razonable. —Y la gente vendrá a ver qué pasa
—Van a entender por qué tuve que hacerlo.
La señorita Westlock tenía razón, estaba totalmente loco. En la mente de Payne, habría disparado al falso Sasuke, y Sakura le daría la bienvenida con los brazos abiertos.
La idea de Sakura esperando a Sasuke, tal vez con esa bata que se le pegaba al cuerpo como el agua, hizo que el vikingo que había en su interior saliera a la superficie.
Sasuke golpeó con el codo a Payne y se agachó cuando la pistola explotó en su oído. Luchó, a pesar del zumbido que tenía en la cabeza, tratando de golpear a Payne. El carruaje se balanceó cuando los caballos se encabritaron con el disparo. Los gritos del cochero sonaban amortiguados en sus dañados oídos.
Sasuke no tenía manera de saber qué había pasado con la maldita pistola, pero poco le importaba al loco Highlander que era. Prefería matar a Payne con sus propias manos. Payne se escabulló entre las manos de Sasuke, aprovechando el movimiento del coche, abrió la puerta y saltó a la acera.
—No. No lo harás. Maldito hijo de puta—. Sasuke saltó detrás de él.
Agarró a Payne de la chaqueta, pero él giró bruscamente, pasó por delante del carruaje y se precipitó en una estrecha callejuela del otro lado de la calle. Sasuke fue derecho detrás.
La lluvia caía, borrando toda la luz. Sasuke no tenía idea de dónde estaban, pero las estrechas calles estaban llenas de basura. Payne corrió a través de ellas con la facilidad de la familiaridad. Sasuke corrió rápido, más rápido, chapoteando entre charcos y basura, la lluvia le golpeaba en la cara. Payne mantuvo el ritmo a través del laberinto de callejas, sorprendentemente rápido. Cruzaron una calle más ancha llena de carros, eran condenadamente demasiados para esa hora de la noche. Payne aprovechó para acelerar, pero Sasuke tenía un montón de energía para seguirle. Ya descansaría cuando matara a Payne.
Payne llegó a otra estrecha calleja, oscura, fétida y llena de ratas. Sasuke le seguía de cerca. Ratas en su madriguera, pensó Sasuke sombríamente. Buena compañía para Payne.
Cuando llegó al final de la calleja, se encontró una pared blanca, sin puertas. Y no veía a Payne.
¡Maldito fuera!, había torcido en algún callejón. Sasuke retrocedió.
Una luz brilló, seguida por un ruido horrible que penetró incluso en sus oídos sordos. Después de dos pasos, los pies de Sasuke ya no le respondían. Se le doblaron las rodillas y cayó al suelo. ¿Qué demonios? ¿Qué demonios?
Sasuke puso sus manos sobre el frío suelo, tratando de levantarse, pero le faltaba la respiración. Notó una gran mancha húmeda en el costado, debía haber caído en un charco. Bellamy se ocuparía de reclamarle a Payne por eso. El ex boxeador se enfurecía cuando Sasuke estropeaba su ropa.
Los pasos de Payne resonaban en el vacío callejón. Sasuke olió el acre olor de la pólvora recién disparada. Intentó gritar, pero le faltaba el aliento. Por alguna razón, casi no podía respirar. Y luego vino el dolor. Un dolor terrible, que se extendió hasta el brazo y la pierna. ¡Maldito infierno!.
La figura de Payne, se recortó en la luz que se colaba desde la calle anterior más iluminada, enfundó su pistola, cogió a Sasuke por las axilas, y comenzó a arrastrarlo.
—No sé dónde puede estar,— el inspector Inuzuka, lo repetía irritado. —No habíamos encontrado Payne y a las tres, Lord Sasuke dijo que volvería a su casa para decírselo. Se metió en un coche de caballos, y eso fue lo último que supe de él.
Sakura se frotó las manos y se paseó por el salón. Apenas había sido capaz de permanecer quieta mientras Evans la ayudaba a vestirse, pero pensó que no podía recibir a nadie en bata. Era una correcta inglesa, hija de un conde, esposa de un lord. No podía aparecer en ropa interior.
Tanto Inuzuka como Naruto, habían respondido a su frenética llamada, llegando casi inmediatamente después de enviarles un mensaje
—Nunca llegó a casa—, dijo con voz sombría. —Morton y Bellamy han salido a buscarle—. No quería verbalizar la idea de que Sasuke pudiera estar muerto.
El mundo se detendría, si eso pasaba. Mientras el miedo la embargaba, reconoció que amaba a Sasuke con todo su corazón, que no le importaba si él quería vivir con ella para siempre, o correr de regreso a París para pintar, o pasar toda la noche con sus amigos, o pasar todo el día en la cama con ella. Simplemente quería a Sasuke en casa, sano y salvo.
—Estamos buscándole—, dijo Inuzuka.
Sakura se retorció las manos. —Busquen mejor. No me importa si todos los hombres de Scotland Yard tienen que salir a las calles en su busca. Quiero que lo encuentren. Necesito encontrarle.
—Voy a encontrarle—, dijo Naruto. —Estoy absolutamente seguro.
—Voy contigo—, dijo Sakura.
Mientras los dos hombres intercambiaban una mirada, pasó ante ellos irritada y mandó a Evans a buscar su abrigo.
Naruto se acercó. —Sakura….
—No, nada de 'Sakura', Naruto Uchiha. Voy a ir contigo.
La cicatriz de la mejilla Naruto palpitó y sus ojos, más claros que los de Sasuke, la estudiaron. —Sí—, dijo. —Supongo que lo harás.
El primer pensamiento al despertar Sasuke fue la sorpresa de seguir vivo. El segundo fue la terrible necesidad de ver a Sakura. Luchó por mantener los ojos abiertos, hizo una mueca de dolor cuando la brillante luz de gas los atravesó. Estaba tendido en el suelo, sentía una rugosa alfombra de lana, sobre la dura superficie. El costado le dolía como el infierno.
Cometió el error de moverse y se quejó en voz alta cuando el dolor le recorrió todo el cuerpo. Sasuke echó la cabeza hacia atrás, tratando de controlar su respiración. Necesitaba pensar, para averiguar dónde se encontraba, para decidir cómo escapar.
El olor era sofocante y asqueroso, como si la casa llevara demasiado tiempo cerrada. A medida que sus ojos se acostumbraron a la luz, vio que los colores de la habitación eran chillones, las paredes tenían tonos rosas y rojos brillantes y estaban cubiertas con pinturas de marcos dorados, su borrosa mirada no lograba distinguirlos.
La habitación debía haber costado un dineral, pero su alma de artista se encogió ante su vulgaridad. Lujo sin gusto. Un maldito crimen. Su visión empezó a despejarse, y Sasuke vió los cuadros. ¡Infiernos!. Eran de Sasuke. Por lo menos algunos de ellos eran los originales que había hecho hacía muchos años. Muchos otros eran pinturas hechas a su estilo, pero que él sabía que no había pintado.
Había cuadros de Kilmorgan, de la casa en Buckinghamshire, varias vistas de París, Florencia, Roma y Venecia, de los caballos de Naruto, de los perros Uchiha. Y dos paredes enteras con retratos de Sakura. El estómago de Sasuke ardió. En todas las pinturas Sakura estaba desnuda. Sentada en una silla de respaldo recto con las piernas abiertas, reclinada en un sofá, saliendo de un baño, tumbada en una alfombra, de pie desnuda con una mano en la rama de un árbol. Nunca había posado para ellos. Sasuke sabía que ella no lo haría. Payne había retratado a una modelo, probablemente Mirabelle, la madre de Aimee, y luego había pintado la cabeza de Sakura, al contrario de lo que Sakura le había pedido a Sasuke que hiciera con los cuadros eróticos.
Sasuke se sintió enfermo, al mismo tiempo que su ira crecía haciendo palpitar su cuerpo.
—Eres hombre muerto—. Sasuke cogió tanto aire como pudo y gritó: —¿Me escuchas? ¡Eres hombre muerto!— La puerta se abrió.
Sasuke no pudo girar la cabeza para ver quién había entrado, pero oyó los pasos de un hombre aproximándose. Enfocó unas botas a su lado y miró fijamente a Payne. Ahora con la luz, Sasuke vio que el hombre se le parecía, al menos superficialmente.
Los ojos de Payne eran marrones y más hundidos, se había peinado como Sasuke, pero tenía un pico de viuda en la frente. Sus mejillas estaban más delgadas, supuso que llevaba razón Inuzuka, y que se rellenaba los carrillos con algodón, cuando lo necesitaba. No lo llevaba entonces y sus mejillas hundidas, le daban aspecto macilento.
Llevaba un kilt de gala con los cuadros Uchiha, chaqueta formal y las botas lustradas. Visto a distancia o en la oscuridad, o por alguien que no conociera bien a Sasuke, Payne podría pasar perfectamente por él.
—Estás equivocado—, dijo Payne con frialdad. —Soy yo el que te va a matar.
Sasuke se echó a reír, su risa débil y ronca. —¿Entonces por qué no lo has hecho ya?
—Porque te necesito que ella venga hasta mí.
La sangre de Sasuke se heló al comprender lo que Payne había hecho.
No tenía intención de dispararle en el coche de alquiler, en absoluto, había buscado que Sasuke le persiguiera por las callejas de Londres, hasta ese lugar. Como un zorro arrastraba tras él a los sabuesos. Salvo que el zorro estaba en su agujero ahora, listo para aniquilar al perro lo suficientemente tonto como para seguirlo hasta su madriguera.
—Ella nunca vendrá aquí—, dijo Sasuke.
La cabeza le daba vueltas con el mareo. Le costaba un triunfo hablar.
Payne se arrodilló junto a él. —Vendrá para verte morir. Alerté a un agente de policía, le dije que había encontrado a Payne, y salió corriendo con la noticia. Ella estará a salvo conmigo, que es donde pertenece, con el esposo que se hará cargo de ella.
—Vete al infierno.
—Sakura lleva algún tiempo tratando de alejarse de ti. Pensé que lo había conseguido cuando te dejó hace tres años, pero no, tuviste que volver, girando a su alrededor, cuando ella te había dicho que no lo deseaba. Morirás por eso.
El miedo le inundó cuando se dio cuenta de que Payne llevaba mucho tiempo vigilándoles. Sin que nadie se diera cuenta. Sin que él lo supiera. No la había cuidado bien.
—Sakura es la única cosa que me importa—, graznó Sasuke. —Al infierno, ¿por qué estoy discutiendo contigo? Estás loco.
—No te preocupas por ella. Te quieres demasiado a ti mismo, olvidándote de lo que ella quiere, lo que necesita. Así es como sé que no eres el verdadero Sasuke, su verdadero esposo. Aprecio a Sakura. Voy a cuidarla y protegerla. Voy a adorarla como se merece.
—Si piensas que Sakura quiere que se la ponga en un pedestal, no la conoces muy bien. Le gusta su independencia.
Payne negó con la cabeza. —Quiere que la cuiden y me desviviré para cuidarla. Demostraré a mi padre que puedo hacer algo por mí mismo, demostraré a Itachi que no soy un derrochador. Por ella. Incluso mi arte no es tan importante como ella.
¡Dios mío, que humillante era escuchar esas verdades en boca de Payne!. Sí, Sasuke había intentado desesperadamente durante años que su padre se sintiera orgulloso, incluso cuando le dijo que no quería nada de él. Se había marchado tratando de demostrar su valía a su padre, incluso después de que el hombre estuviera muerto. Incluso había estado tratando de probar su valía ante Itachi, Naruto y Sai.
Sus tres hermanos habían convertido sus obsesiones en cosas útiles para la vida, mientras que Sasuke se había dedicado al arte para su propio provecho, como había explicado a Payne en el coche de punto.
¿Para su propio disfrute? Se preguntaba ahora. ¿O había decidido no tratar de exhibir o vender sus pinturas, porque temía que fueran un fracaso? Sakura nunca había pensado que Sasuke era inadecuado.
—La quiero—, dijo Sasuke, conteniendo su ira.
—¿Entonces por qué no te quedaste con ella? ¿Por qué saliste corriendo, dejándola vulnerable ante todos los hombres que se le acercaban? Así es como yo sé que soy el verdadero Sasuke Uchiha. Porque yo nunca le habría hecho esas cosas a Sakura. La habría tratado como a un ángel. Nunca supiste valorar lo que tenías.
¡Maldición!, el hombre era fascinante. Sasuke tenía que concentrarse.
—Nunca se quedará contigo—, dijo Sasuke. —Notará la diferencia.
Payne se levantó rápidamente, sacudiendo el revólver. Bien hecho, enfurece al loco armado.
—Ella va a venir. Vendrá y se quedará conmigo.
Sakura, se sensata, no vengas. Deja que me pudra.
Payne se alejó, con los cuadros del kilt Uchiha girando alrededor de sus rodillas.
La vista de Sasuke comenzó a nublarse, y la desesperación se apoderó de él. Nunca volvería a ver de nuevo a Sakura. Nunca volvería a verla sentada encima de él, su pelo rosa haciéndole cosquillas en el rostro, nunca vería sus brillantes ojos verdes, nunca olería la esencia de rosas que se aferraba a su piel. Nunca más volvería a tocar la suavidad como de pétalos de su piel, ni abarcaría con su mano su perfecto pecho. Se sentía a la deriva, estaba bailando con ella otra vez en el baile de Lord Abercrombie, vestida de satén azul con rosas amarillas en el pelo. La belleza de su rostro le atravesaba como un cuchillo. Le había hablado con voz suave, que le recordaba el buen vino, la había disfrutado con placer.
"Muéstrale tu alma", le había aconsejado Sai.
Sasuke no lo había hecho todavía. Había dejado que ella le amara, pero sin entregarse por completo a ella. Lo sabía y ese conocimiento le estaba matando. La rapté y me casé con ella, porque si no me la hubiera llevado, si le hubiera dado la oportunidad, nunca me habría elegido. Pero Sasuke había cambiado. Había renunciado a todo, superando obstinadamente todos los obstáculos que los separaban. Por ella.
¿Por ella? La persistente voz interior, preguntó. ¿O es que ella sintió lástima por ti al conocer tu calvario?¡Infierno y condenación! ni siquiera podía ganar una discusión con él mismo.
Sakura, por favor, necesito verte una vez más. Había amado a la decidida e ingenua debutante que conoció la primera noche. Había amado a la joven en la que se convirtió, lo suficientemente atrevida para sintonizar con la vida de Sasuke, soportando a sus disipados amigos y a sus modelos desnudas.
Sasuke había amado lo bien que su joven esposa se adaptó a su escandalosa vida con calma, y nunca se había dado cuenta de lo difícil que debía haberle resultado a Sakura. Nada en su crianza, ni en su educación en La Selecta Academia podría haberla preparado para alguien como Sasuke, ni siquiera la temible señorita Pringle. Y, sin embargo, lo había hecho.
Sasuke había amado a la mujer en la que se había convertido: la admirada por la sociedad, capaz de mantener la cabeza erguida y mirar a los vecinos a la cara, aunque su familia la hubiera repudiado y su matrimonio se hubiera deshecho. El mundo no había culpado a Sakura, había culpado Sasuke. ¡Qué listos!.
"Quiero amarte Sakura, no como el Sasuke reformado, no como el Sasuke escandaloso, sino como yo mismo. Como el Sasuke que realmente soy. El que te ama. Te amo, Sakura".
Y ya nunca tendría la oportunidad de decírselo.
La historia no me pertenece es una adaptación
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
