Corre el delicioso rumor de que el Lord escocés se ha ido a vivir con su Lady a North Audley Street, tras el desgraciado incendio de la casa de Mount Street, pero los observadores dicen que la Dama le dio la bienvenida con los brazos abiertos. Se les ha visto juntos en la ciudad muy amigables.
-Septiembre 1881
El tiempo dejó de tener significado. La habitación giraba a su alrededor, las mujeres que no eran Sakura, le miraban desde los cuadros, eróticas, gloriosamente desnudas. El artista que había en Sasuke, le susurraba que los cuadros estaban muy bien pintados. Payne era exactamente el tipo de hombre al que Sasuke habría tomado bajo su protección, ayudándole a construir su carrera.
No había posibilidad ahora, pensó Sasuke con pena. La oscuridad venía y se iba, aunque no hubo ningún cambio en el nivel de la luz de gas. Perdía y recuperaba el sentido. No sentía los pies ni las piernas. Payne iba a dejarle morir allí.
Sasuke oyó su propia voz, cantando entre los labios agrietados.
En la ciudad de Bonny, donde yo nací. Había una criada…. que gritaba a los chicos ¡Alejaos de aquí! su nombre era Saaa-ku-raa…
La última vez que la había cantado, Sakura cerró la puerta del cuarto de baño de golpe, tras mirarle indignada. Su piel se había erizado mientras su mirada recorría su cuerpo en la bañera, y había tenido el absurdo temor de que ella no estuviera impresionada por lo que vio.
¿Todavía me desea? se había preguntado. ¿Seguiré siendo el hombre cuyo cuerpo le gusta admirar? ¿tocar? No se había sentido tímido con una mujer desde los quince años, pero a Sasuke le preocupaba que Sakura se burlara de él y se alejara.
Su nombre era Saaa-ku-raa.
—¿Sasuke?
Estoy aquí, amor. Ven a la cama, cariño, tengo frío.
—¿Sasuke? ¡Oh, Sasuke!.
Sasuke se obligó a abrir los ojos, deseando que la oscuridad se despejara.
Sintió una caricia sedosa sobre su piel, sintió el ligero olor de las rosas. Su hermoso rostro se cernía sobre el suyo, le ardieron los ojos al contemplar los rizos rosas.
—Sakura —, susurró. —Te quiero.
—Estás sangrando. Sasuke, ¿qué ha pasado?
El mundo se volvió negro por un momento, y cuando se hizo la luz de nuevo, sintió una toalla o una manta o algo que apretaban con fuerza en su costado. Dolía como el infierno. Pero eso era bueno, porque el dolor significaba que aún estaba vivo. La conciencia atravesó la niebla, y se asustó.
—No—, dijo con voz ronca. —Sakura. ¡Escapa! ¡Vete!
—No seas estúpido. Naruto está aquí. Y el inspector Inuzuka.
—¿Y Payne?
—Están buscándole. Sasuke, no te duermas. Sigue mirándome.
—Será un placer—. Le dolía sonreír, pero su bella esposa estaba a su lado, su olor reemplazaba, al terrible olor metálico de la sangre. —Tengo que desnudarte mi alma, mi amor. ¿Me dejas desnudar mi alma para ti?
Ella se acercó más. —Silencio, cariño. Vamos a llevarte a casa, y todo estará bien.
—No, no lo harás. He estado mintiéndote. Yo no he desnudado mi alma.
Sus ardientes lágrimas caían sobre su rostro.—Sasuke, no te mueras. Por favor.
—Voy a hacer todo lo malditamente posible por evitarlo—. Sasuke oyó que sus palabras salían como un murmullo al hablar.
Sakura no sería capaz de comprenderle. Tenía que hacer que lo entendiera.
—No puedo perderte—. Sakura acariciaba su cabello, ¡Cuánto le gustaban sus caricias! —No quiero vivir sin ti, Sasuke. Nunca fui una persona completa hasta que te conocí.
Completo. Eso era como Sakura le había hecho sentirse. Había sido lo mejor de él y cuando la perdió, se quedó sin nada. Eso era lo que Sai había estado tratando de decirle. Sasuke le cogió la mano, se sintió aliviado cuando ella se la apretó. —Te necesito, amor.
—No me dejes—. La voz de Sakura sonaba desesperada.
—Sakura—. Sasuke parpadeó, porque la palabra no había salido de él.
La rabia lo inundó de nuevo, cuando una sombra cayó sobre ellos, al acercarse la alta figura de Payne.
—Huye—, trató decir Sasuke. —Aléjate.
En cambio, su bella mujer se puso en pie para enfrentarse con él.
—Usted le disparó. Maldito sea—. Le golpeó con los puños, y Payne se encontró defendiéndose de repente de unos sesenta kilos de mujer enfurecida.
Sasuke se debatía entre el pánico y la risa. Sakura era fuerte, tenía motivos para saberlo.
Pero no lo suficientemente fuerte. Gritó cuando Payne la alcanzó y la levantó del suelo. Sakura gritó asustada. Toda la furia de Sasuke, se centró en un solo punto. Oyó los gritos de sus antepasados zumbando en su cabeza, instándole a luchar contra su enemigo, matarle. Si hubiera tenido una claymore en la mano, Sasuke le habría cortado la cabeza al sajón.
Tenía que conformarse, porque no la tenía. Su fuerza salvaje le permitió levantarse. Tenía frío, la visión borrosa, pero Sasuke realizaría ese acto último para salvar a la mujer que amaba. Si moría en el intento, que así fuera.
Gruñendo, se arrojó contra Payne, que tuvo que liberar a Sakura, que se tambaleó hacia atrás, pero sin perder tiempo se puso a gritar con toda la fuerza de sus pulmones. Payne levantó su pistola y apuntó hacia ella.
¡No! Sasuke agarró el brazo del hombre, golpeándole en la mano para que la soltara. Payne luchaba con fuerza, aprovechando la pistola para golpearle de nuevo en el costado, lo que le hizo caer.
Sakura gritó algo, lanzándose hacia ellos que luchaban cuerpo a cuerpo. El cañón de la pistola pegado al cuerpo de Sasuke, apuntaba a Sakura, Sasuke la dirigió hacia sí mismo, mientras empujaba a Sakura al suelo, cuando sonó un disparo, seguido enseguida por otro.
Sasuke esperaba caer en el olvido. O sufrir un dolor insoportable. Tal vez uno primero y luego el otro.
En su lugar, Payne se desplomó en el suelo, con una expresión de asombro en su rostro. La sangre manaba de una herida en el centro exacto de su frente.
¿Qué demonios? Vio a través de una nube de humo, los fríos ojos del inspector Inuzuka, mirándole sobre el cañón de otra Webley.
Detrás de él estaba su hermano Naruto, un descomunal hombre, también con un revolver en la mano. Los ojos de Naruto reflejaban la furia que Sasuke sentía.
—Un asunto de familia, buena puntería, inspector—.Sakura estaba tirada sobre la alfombra, sus faldas negras extendidas a su alrededor, los ojos muy abiertos por el miedo.
Sasuke se balanceaba sobre sus débiles piernas, con la pistola de Payne todavía en la mano. La dejó caer.
—Sasuke— se levantó, y le abrazó intentando sujetarle cuando él se desplomaba. Se volvió mirándola con furia.
—¿A qué demonios crees que estás jugando, mujer?—, rugió. —Cuando un hombre tiene una pistola, tú corres. Podrías ser tú la que estuviera tirada en el suelo y no él.
—Sasuke, cállate—. Las lágrimas corrían por su rostro. —Deja de hablar y sigue con vida para mí. Por favor. — Sasuke se hundió en el calor de su cuerpo, mientras el fuerte brazo de Naruto lo sujetaba por el otro lado.
—Cualquier cosa por ti, Sakura, mi amor—, dijo Sasuke. —Todo lo que quieras.
—Te quiero, Sasuke—. Sasuke volvió la cabeza y besó su suave mejilla.
¿Habría algo que huela mejor que esta mujer, tan cálida y dulce?
—Te amo, Sakura—, suspiró. —Creo que voy a desmayarme ahora—.Lo último que recordó fue los labios de Sakura en su pelo, su voz suave diciendo una y otra vez que ella lo amaba.
Tres semanas más tarde:
Sakura se sentaba en el estudio de Sasuke con su vestido negro, las manos en su regazo. Un jarrón con rosas amarillas de invernadero, estaba sobre una mesa junto a ella, una mezcla de capullos y flores ya abiertas a las que habían empezado a caérsele los pétalos.
Sasuke estaba medio escondido detrás de su gran caballete, con sus botas de pintar y las fuertes piernas asomando por debajo de la falda, el ceño fruncido y el pelo sujeto por un pañuelo rojo. Apoyaba la paleta sobre el brazo desnudo y daba rápidas pinceladas sobre el lienzo.
Todavía llevaba un vendaje en el lado donde la bala había penetrado en su carne, estaba curando bien. Mi constitución es fuerte, había dicho él, encogiéndose de hombros. Así era Sasuke, despreocupado con las cosas importantes.
Sakura estaba entumecida por la sesión, pero sabía que no debía moverse. Sasuke podía estar centrado en un dedo y si se movía, le haría perder la concentración. Un pétalo cayó de una flor, y ella en silencio lo amonestó.
Sasuke bajó su pincel y dio un paso atrás. Estudió la pintura durante mucho tiempo, mucho, mucho tiempo, inmóvil. La preocupación la roía por dentro. Se levantó de un salto, maldita postura.
—Sasuke, ¿Qué pasa? ¿Te duele?— Sabía que todavía no estaba curado, sin importar lo fuerte que aparentaba ser.
Sasuke no respondió, la mirada fija en la pintura. Sakura la miró con curiosidad, pero no podía ver nada malo en ella. Era una pintura clásica de Sasuke Uchiha, tonos marrones y negros apagados, contrastando con brillantes matices de rojo y amarillo. Sakura aparecía sentada, con una postura algo remilgada, sus rizos rosados recogidos sobre su cabeza, un mechón de pelo cayendo sobre su mejilla. Una pequeña sonrisa afloraba en su boca y sus ojos brillaban con buen humor. El cuadro no estaba terminado, pero ya brillaba con vida.
—Es hermoso—, dijo. —¿Cuál es el problema? ¿No te gusta?
Sasuke se volvió hacia ella, una extraña expresión en sus ojos.
—¿Cómo no va a gustarme? Es condenadamente maravilloso. Es la mejor cosa que he hecho.
Sakura, dijo con un hilo de voz. —¿Incluso mejor que los desnudos?
—Aquellos eran diferentes. Este. . . —, señaló Sasuke a la pintura con el mango de su pincel. —¡Este es precioso!
—Estoy contenta de que tu alta autoestima haya regresado.
Sasuke dejó caer el pincel y la cogió por los hombros, sin importarle que estuviera manchando de pintura amarilla su traje negro. Él la miró con atención, con una extraña mirada en sus ojos.
—Mi amor, Sai me dijo justo después de que muriera tu padre, que tenía que desnudar mi alma ante ti. Bueno, aquí está, lo bueno y lo malo de ella—. Señaló el retrato.—Esa es mi alma, llorando por ti.
Sakura lo miró de nuevo. La mujer que les miraba sonreía levemente.
—No lo entiendo. Es sólo mi retrato—..
—¿Sólo un cuadro?— Se rió Sasuke, pero las lágrimas humedecían sus ojos. —Esto es sólo un retrato. De ti. Pintado por mí, con amor en cada pincelada—. Tomó aliento. —Eso es lo que no entendía antes. Esta es la razón por la que mi talento se fue y ahora ha regresado de nuevo.
Se veía tan contento, que Sakura quería darle un beso, pero todavía no lo entendía. —¿Me lo puedes explicar?
—No puedo, amor. Siempre pensé que mi capacidad procedía de una suerte asombrosa, o de una borrachera, o de la lujuria que sentía por ti. Cuando pinté los cuadros eróticos, supuse que salieron bien por lo mucho que te deseaba.
Ella le lanzó una mirada astuta. —¿Has descubierto que ya no me deseas tanto?
—No, te deseo todo el maldito tiempo—. Sus dedos acariciaban su nuca, excitándola, relajándola.
—Explícate.
Él sonrió. —No fue dejar de beber lo que se llevó mi capacidad, amor, fue mi propia amargura. Ahora lo sé. Una vez que se me pasó la borrachera, estaba enojado contigo por haberme dejado, conmigo por ser la causa. Enterré mi amor porque dolía demasiado, y mis pinturas fueron horribles. Sólo cuando volví a permitirme amarte, sólo amarte a ti, sin importar lo que pensaras de mí, sólo entonces volvió mi capacidad de golpe—. Sasuke respiró hondo. —Creo que ahora puedo pintar cualquier cosa.
El corazón de Sakura se contrajo de felicidad, pero dijo: —Hay un fallo en tu razonamiento.
—No puede ser. Es lo que siento.
Ella sacudió la cabeza. —Pintabas muy bien antes de conocerme, he visto tus cuadros de esa época. Son excelentes. No finjas que no lo son.
—Creo que entonces estaba enamorado de la vida misma. Era joven, sometido al férreo puño de mi padre, y por fin me vi, libre de él. Podía hacer lo que quisiera. Pero entonces te conocí, y mi mundo se derrumbó.
Sakura deseaba poder detener el tiempo, el cuerpo de Sasuke apretado con fuerza contra el suyo, los ojos llenos de desnuda emoción.
—¿Por qué fuimos tan infelices?—, preguntó, casi para sí misma.
—Tú eras muy inocente, y yo un libertino depravado. Creo que era inevitable que no funcionara—. Sakura deslizó sus manos sobre sus hombros desnudos. Su piel era cálida y firme, los músculos sólidos debajo de ella.
—Aparentas ser un hombre muy malo, pero no es así. Te hiciste cargo de mí desde la noche que me conociste, y nunca dejaste de cuidarme. Velas por todos los que amas.
Sasuke la miró ofendido. —Soy un libertino disoluto, mi amor. Me he pasado años cultivando mi mala reputación. ¿Recuerdas que te enseñé a beber whisky puro y sentarte en mi regazo y besarme delante de mis amigos?— Se desinfló, cuando se le acabó el humor. —Yo quería hacerte tan mala como yo, porque sabía que nunca sería lo suficientemente bueno para ti.
—Siempre has sido bueno para mí—, dijo Sakura, poniendo el corazón en cada palabra.
—Cariño, me hieres. Incluso un sinvergüenza como yo tiene su orgullo.
Sasuke le apartó las manos, cubriéndolas, con las suyas. —Estoy tratando de desnudar mi alma ante ti, permíteme continuar, Sakura.
—Si así lo deseas.
Sasuke respiró hondo, cerró los ojos y cayó de rodillas. El movimiento le dolió, ella lo percibió cuando apretó sus manos.
—Mírame—. Sasuke extendió los brazos, sin soltarle las manos para que sus brazos se movieran juntos hacia los lados. —¿Qué ves?
Su sangre ardía. —Un hombre muy guapo con el que estoy casada.
—Un hombre perdido. No soy nada. Puedo pintar cuadros, que salen de mis manos, cuando no siento demasiada lástima por mí mismo. Esto es todo lo que hay, lo que ves aquí a tus pies.
—No hay...
La voz de Sasuke sonó dura. —Todo lo que hay, Sakura. Todo lo demás, el bromista, el bohemio salvaje, incluso el sinvergüenza libertino son disfraces que he usado para ocultarme del mundo. Pero todo es falso. He usado esas fachadas para impedir que me vieras y me despreciaras.
Ella sonrió. —Si creyera eso, nunca me habría casado contigo.
—Yo no te dejé muchas condenadas opciones, ¿verdad? Tenías razón cuando me dejaste, porque cogí todo lo que me dabas y lo desperdicié sin valorarlo. Y ahora aquí estoy, agobiándote y pidiéndote que me dejes regresar contigo, quieras o no—. Sasuke la soltó, dejando caer las manos a los costados.
Sus ojos mostraban el temor y el amor sin disfraz, y un dolor que nunca había visto antes.
—Pero esta vez, es tu decisión—, dijo. —Si no quieres que vuelva contigo, me iré. Me seguiré ocupando de ti como antes, pero sin ningún compromiso, sin que tengas que ocuparte de mí y sin mi obsesión por ti.
Obsesión.
Sakura había visto las pinturas en el refugio de Payne en Marylebone, los cuadros en los que aparecía y se había visto sucia, habían sido destruidos, pero fueron pintados por una obsesión.
Su mirada se deslizó a la pintura que Sasuke acababa de terminar, y más allá a la fila de sus cuadros de desnudos, que estaban vueltos contra la pared, para que ningún sirviente los pudiera ver por casualidad. Sasuke la había pintado en todos esos cuadros desde el amor. Payne la había pintado enloquecido por los celos y una extraña necesidad. Había una gran diferencia, y era fácil de verla en la imagen que ahora descansaba en el caballete de Sasuke.
Sasuke amaba a Sakura, realmente la amaba. Era obvio, en cada cosa que hacía.
—Sasuke—, dijo en voz baja. —Estar contigo siempre ha sido mi elección.
Sasuke la miró con tal asombro, que sus ojos se llenaron de lágrimas. —No, te obligué a elegirme—, dijo.
Ella sonrió, sintiendo como temblaba su boca. —No. Nunca lo hiciste. Yo te eleg a ti—. Sakura tocó la cara de Sasuke, amaba la dureza de su mandíbula, el roce de su barba incipiente.
—Maldito infierno—, susurró.
—Pobre Sasuke, te has arrodillado para nada.
Una sonrisa repentina, desenfadada, le iluminó la cara. —No es por nada, cariño. He decidido hacerlo bien esta vez.
Era decadente, lo que hacía que Sakura le adorara. Estaba casi desnudo con un pañuelo en la cabeza, que le hacía parecer un gitano, le deseaba, quería caer con él al suelo, enmarañados en felices sueños.
—¿Hacerlo bien?— repitió la misma pregunta.
—Cortejarte. Se supone que debo ser el correcto caballero que corteja a una dama, ¿recuerdas? Derramar mi corazón en mi estudio no es el camino.
—Me gusta—, dijo Sakura. —Es perfecto—.Los ojos de Sasuke se ensombrecieron.
—No me tientes hasta que lo haya hecho como es debido. Nunca he hecho nada bien contigo.
—Muy bien, si es necesario, haz lo que creas que debas hacer.
—Sakura Uchiha—. Sasuke cogió sus manos otra vez, siempre de rodillas. —Hay algo importante que me gustaría preguntarte—. A Sakura el corazón le latía rápidamente.
—¿Sí?
—Le he pedido a algunos amigos que me ayudaran. ¿Quieres acompañarme a la ventana?
—Como quieras—. Era difícil mantener la calma mientras se comportaba con tanto misterio.
Se levantó con cierta dificultad, y Sakura fingió no notar el suave gruñido cuando se puso de pie. Le siguió a través del cuarto a la ventana, cuyas cortinas había corrido, para dejar entrar la luz. Sasuke abrió la ventana, el aire de principios de noviembre se coló en la habitación. Se asomó y gritó: —¡Ahora!— Una banda comenzó a tocar una melodía.
Sakura miró a su alrededor y vio a la pequeña banda del Ejército de Salvación de Sasuke, dirigidos por la sargento, tocando con entusiasmo. Junto a ellos estaban Naruto y Daniel, y los amigos del club de Sasuke.
Desplegaron una pancarta en la que se leía:
Sakura rompió a llorar. Se dio la vuelta para encontrar a Sasuke arrodillado a su lado, apretando algo en su mano.
—La primera vez no tenía anillo de compromiso—, estaba diciendo. —De hecho usaste uno de mis anillos, ¿recuerdas? Era tan grande que tenías que sujetarlo—. Sasuke abrió la mano, que escondía un bonito anillo de oro con incrustaciones de zafiros y un gran diamante. —Cásate conmigo, Sakura Uchiha. Hazme el hombre más feliz del mundo.
—Sí—, le susurró Sakura, y luego se volvió y gritó hacia fuera de la ventana. —¡Sí!— La multitud vitoreó a continuación.
Daniel gritó y saltó, Naruto se estaba riendo mientras dejaba caer la bandera, sacaba la botella de whisky y brindaba por ellos. Sasuke se puso de pie y abrazó a Sakura contra él, aplastándola.
—Gracias, mi amor.
—Te amo—, dijo Sakura, con el corazón en cada palabra. Él la acarició.
—Ahora, sobre ese bebé que estábamos tratando de concebir
Sakura ardía de entusiasmo. Había guardado el secreto durante una semana, hasta asegurarse de que Sasuke había sanado por completo antes de darle la noticia. —No creo que sea necesario seguir intentándolo.
Sasuke se echó hacia atrás, con el ceño fruncido.
—No tenemos…— Se detuvo, sin sonreír, sin enojarse, mirándola. —¿Qué es exactamente lo que quieres decir?
—Quiero decir lo que supones que quiero decir.
Las lágrimas inundaron los ojos de Sasuke junto con los suyos. —¡Oh, Dios!— Sasuke le apretó la cara entre las manos y le dio un fuerte beso en los labios.
La soltó, se volvió hacia la ventana y gritó hacia fuera: —¡Voy a ser padre!
Daniel empezó a bailar, utilizando la pancarta como el capote de un torero.
Juugo hizo bocina con las manos y gritó —¡Un rápido trabajo, viejo!
Sasuke cerró la ventana. Deliberadamente corrió las cortinas, impidiendo la vista a través de ellas, aunque Sakura aún podía escuchar los alegres sonidos de la banda de música.
Sasuke la tomó con sus fuertes brazos.
—Te amo, Sakura Uchiha. Tú eres mi vida .
Ella simplemente le miró, más allá de las palabras. Nunca llegaron a la habitación. El vestido manchado de pintura y la falda de Sasuke salieron volando, y él le puso el anillo en el dedo mientras la besaba en su camino hacia el suelo.
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
