Lord Sanosuke S. Uchiha y su esposa anuncian el nacimiento de una hija, Sarada Louisa Uchiha, en las primeras horas del 22 de julio de 1882
Escocia, cerca del Castillo de Kilmorgan, Septiembre 1882.
Sasuke pintaba sobre el lienzo, haciendo caso omiso de los gritos que resonaban en torno a él.
Toda su atención estaba centrada en las sombras verdes y negras del valle que se extendía a lo lejos hasta el lago. Cerca de allí, su esposa, su hermano menor y su cuñada, sus sobrinos, y sus dos hijas corrían, pescaban, observaban la pesca o simplemente gritaban. Por lo menos, Aimee corría.
El niño de Sai y la niña de Sasuke, eran unos bebés que sólo agitaban sus puños en sus capachos. Sai estaba dibujado en el cuadro, al fondo, de pie en un arroyo con una camisa por fuera de su kilt y la caña de pescar. Ino y Sakura estaban en el primer plano de la imagen, dos mujeres sentadas en una manta de picnic, con las cabezas juntas. Los capachos de los dos bebés a su lado. Daniel corría detrás de Aimee, haciendo que gritara de placer. Los cinco perros se arremolinaban en torno a las damas, corrían hasta Sai, perseguían a los niños que corrían y volvían a empezar en un torbellino continuo.
Sasuke pintada con fiereza, tratando de capturar el momento exacto de las sombras antes de que el siempre cambiante cielo escocés convirtiera la imagen en otra nueva. Por fin dio un suspiro de satisfacción, tiró el pincel, y estiró los brazos.
—¡Gracias al cielo!, ya era hora de que terminaras—, su encantadora pelirosa esposa. Había dejado el luto por su padre al mismo tiempo que había tenido a su hija, segura en los brazos.
Llevaba un vestido azul, del color del cielo en verano. El vestido de Ino, que se sentaba a su lado era de color rosa brillante. Dos flores en un prado escocés.
—Me muero de hambre
—Hemos esperado que acabaras para almorzar—, dijo Ino. Comenzando a colocar platos y tazas para el picnic que el cocinero en Kilmorgan había metido en una cesta muy grande.
—¡Sai, a almorzar!— gritó.
Sai siguió pescando sin darse la vuelta. —Voy a buscarle—, dijo Sasuke.
Cogió a su hija, Sarada, y le dio un sonoro beso. La niña dejó de gritar y parpadeó. Sasuke con Sarada en el hueco de su brazo y se dirigió hacia Sai.
La corriente era poco profunda allí, burbujeaba sobre las rocas y formaba algunas pozas profundas en las que los peces se escondían.
—Las mujeres quieren que comamos—, dijo Sasuke.
Sai no se volvió. Su atención estaba fija en los remolinos de agua, observando el patrón de los mismos.
—Sai—. Sai desplazó su atención del agua y se centró en Sasuke.
Exactamente en Sasuke, mirándole a los ojos. Sai había mejorado mucho su actitud en el último año.
—Las mujeres quieren que comamos—, repitió Sai en el tono exacto que Sasuke había utilizado. —Bueno. Tengo hambre. Estuviste pintando mucho tiempo—. Sasuke se encogió de hombros.
—Quería hacerlo bien—. Sai arrastró su vista hasta Sarada, antes de acariciarla con su dedo la barbilla.
Había estado aprendiendo a hacer eso también. Sarada pataleó y dejó escapar un murmullo de aprobación.
—¿Sois felices Sakura y tú?—, Preguntó Sai a Sasuke, mientras regresaban.
—Desde que nos hemos vuelto a casar, ¿quieres decir?— Gordon había estado eufórico, cuando revocaron su separación y Sasuke había organizado una gran fiesta en Kilmorgan con flores, invitados y todos lo complementos.
Sai frunció el ceño, esperando pacientemente que Sasuke respondiera a la pregunta.
—Muy bien, mi sabio hermano pequeño—, dijo Sasuke. —Sí. Nos hemos reconciliado. Estamos muy contentos. Estallamos de felicidad, sobre todo en los últimos tiempos—. Puso su corazón en cada palabra.
A lo largo del año pasado, Sasuke había alternado entre su preocupación por Sakura y su entusiasmo por el bebé en camino. Casi había asfixiado a Sakura con su afán de protección, sin importarle sus miradas exasperadas, pero que le condenaran, si perdía otro niño. Nunca la dejaría sola otra vez.
El día del nacimiento de Sarada había sido el más feliz de la vida de Sasuke.
Había entrado en el dormitorio de Sakura encontrando a su mujer recostada en la cama con Sarada, sonriendo por su triunfo. Sasuke había querido pintarla así, una nueva madre, profundamente feliz con su bebé en brazos, su trenza rosa serpenteando por encima del hombro como un cometa en llamas. Sakura se había espantado, creyendo que estaba hecha un desastre, pero para Sasuke, nunca había estado más hermosa.
Sasuke había cogido a Sarada y la besó en su pequeña frente, dando gracias a Dios, por ella y por su maravillosa esposa.
—De hecho—, continuó Sasuke, sin ser apenas capaz de contener su alegría. —Sakura me ha dicho esta mañana que nuestro segundo hijo nacerá el próximo año—. No pudo evitar que una amplia sonrisa asomara en su cara.
Sakura y él, habían estado celebrando convenientemente el anuncio.
—Se supone que debo felicitarte, ¿no?—, Dijo Sai, sacando a Sasuke de su ensoñación. —Ahora, tú debes felicitarme a mí.
Sasuke alzó las cejas. —¿En serio, hermano? ¿Tú también?
Sai asintió con la cabeza. —Ino también tendrá un hijo.
Sasuke se rió a carcajadas y golpeó a Sai en el hombro.
—Nuestra sincronización es impecable, hermano.
—Es sólo cuestión de probabilidades—, dijo Sai sin cambiar de expresión. —A los dos nos gusta disfrutar compartiendo la cama con nuestras esposas, y lo hacemos tan a menudo como podemos. La probabilidad de otro embarazo, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido desde que nuestros primeros hijos nacieron, es alta.
—Gracias por este análisis.
—De nada—, dijo Sai con toda seriedad, aunque Sasuke juró que vio un destello de humor en los ojos de su hermano.
—¿Y tú, Sai?— Preguntó Sasuke. —Yo te abrí mi corazón. Es tu turno. ¿Eres feliz?
Por toda respuesta, Sai dirigió su mirada a Ino. En ese momento, ambas mujeres se echaron a reír. Sakura echó atrás la cabeza, dejando al descubierto su blanco cuello, los labios rojos ampliamente abiertos con la risa. Probablemente las dos se reían de sus hombres. No es que a Sasuke le importara.
El sombrero de Ino salió volando y gritó cuando uno de los perros, divertido lo agarró con los dientes y salió corriendo. Se levantó de un salto y lo persiguió. Sai, sonrió a Sasuke, sus ojos iluminados con más alegría de la que Sasuke había visto nunca en ellos.
—Sí—, dijo Sai. —Estoy muy contento—. Se volvió y corrió a ayudar a rescatar el sombrero.
Sasuke se acercó a la manta, con Sarada en sus brazos, y se dejó caer junto a Sakura, que seguía riendo.
—¿Qué es tan gracioso, mi amor?
—Los highlanders y sus piernas.
Sasuke miró sus piernas morenas que sobresalían por debajo del kilt.
—¿Qué pasa con las piernas?
—Nada en absoluto, Sasuke, querido. Ino está pensando en escribir un poema sobre los highlanders.
Sasuke vio a Ino corriendo tras el perro, con la falda levantadas, agarradas en sus manos, Sai acabó con la persecución agarrando al perro por el collar.
Al lado de Sasuke, el hijo de Sai dormía en su cesta.
Realmente, ¿qué tienen de malo las piernas?—, repitió Sasuke.
—Nada en absoluto—. Sakura le miró ardientemente. —Me gusta pensar en ellas envueltas alrededor de las mías.
Sasuke tapó los oídos a Sarada.
—Realmente, querida, eres muy incorrecta.
—Me gustaría ser aún más indecorosa. La próxima vez, tal vez deberíamos ir solos de picnic.
—Podría arreglarse.
—Me parece extraño que estando embarazada, esté tan cachonda—,dijo Sakura pensativa.
A Sasuke le dieron ganas de reír ante su elección de palabras, pero sólo esbozó una sonrisa. Estaba tan hermosa sentada allí, con el sol iluminando su pelo brillante y los ojos refulgiendo como esmeraldas.
—No voy a discutir—, dijo Sasuke.
—Bien—. Sakura le hizo un guiño perverso y cogió a Sarada. —Tal vez podamos empezar ahora, mientras todo el mundo persigue a los perros—. Sasuke miró a Sai, que estaba tratando de persuadir al perro para que soltara el sombrero.
Daniel había cogido a Aimee y giraba con ella. Ino estaba un paso atrás y observaba a Sai con las manos en las caderas, sonriéndole amorosamente.
Sasuke pasó un brazo alrededor de Sakura y atrapó sus labios con los suyos. Entre ellos, Sarada hacía ruidos felices.
—Te quiero, Sasuke Uchiha,— murmuró Sakura.
—Te amo, Lady Sakura.
—Tuvimos un matrimonio escandaloso—, dijo con los ojos brillantes.
—Tal vez podamos hacer que este sea aún más escandaloso— Sasuke sonrió mientras volvía a besarla regocijado.
Aspiró el olor de ella, calentada por el sol, y la dulzura de los polvos de talco de Sarada.
—Mi pequeña y traviesa debutante—, dijo en voz baja. —Vamos a ser tan malos como desees. Toda la sociedad caerán fulminada cuando contemple nuestras decadentes costumbres—. Sakura se inclinó hacia él, dedicándole una sonrisa pecaminosa.
—Estoy deseando empezar—, dijo.
Fin
La historia no me pertenece es una adaptación al Sasusaku
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
Por fin termino está hermosa historia, y con ello quiero decirles que yo no adaptó por rw o por tener más seguidores, lo hago para que cuando tengan algún mal momento se distraigan y olviden por un momento las preocupaciones, porque eso es lo que yo hago cuando leo, ya sea alguna adaptación o creaciones propias, así que espero que esta adaptación dure un buen rato para que haga sentir mejor al que la quiera leer.
