CAPÍTULO 4.

Candy recibió un mensaje de texto de Terry. habían intercambiado números el día anterior, algo que todavía no se podía creer, en el mensaje le decía que quería que se vieran esta noche. Estarían los dos solos ¿Qué iba a pasar? ¿Tendría él algo muy bonito y romántico preparado? Parecía un sueño irreal. Una verdad le asaltó de pronto, tenía que decirle su verdadero nombre, pensó; no era correcto seguir mintiéndole de esa manera. Aunque no tenía una razón para cubrir su mentira, por eso era mejor revelar las cosas desde el principio. Odiaba las mentiras y sabía que esto podía dañar la confianza entre los dos. Eso la ponía nerviosa, tan nerviosa que ya empezaba a dar por seguro una relación formal con Terry Graham, así que debía dejar de atormentarse y arriesgarse con él. Sólo esperaba que Terry no le rompiera el corazón

Sin. embargo durante el día que, aunque habían estado bastante cerca el uno del otro, él no se le había acercado. Tal vez la estaba protegiendo, se decía. Si le hablaba, si se mostraba mínimamente interesado en ella, empezarían a hablar y los paparazzi estarían como buitres en sus cabezas y las cosas seguirían complicándose más para ellos. Pero eso evitó que sintiera decepción. Echaba de menos al Terry de antes, que se le acercaba, le hablaba, bromeaba y reía sin que le importara quien los viera.

Se alejo por los pasillos, venciendo su timidez, fue avanzando en medio de las personas, que la miraban unos con curiosidad, otros con incredulidad.

—Contigo quiero hablar —le dijo alguien tomándola del brazo,

Era el mánager de Stanford, un hombre cuyo aliento siempre olía a cigarro. La sujetaba con algo de fuerza, pero Candy no protestó, cuando al fin la soltó Candy se masajeo el brazo. Miro alrededor estaban en un lugar solitario, no se dio cuenta, y empezó a sentirse nerviosa. Y luego pensó que iba hacer si iintentaba hacerle daño

— ¿Qué desea? —le preguntó lo más calmada que podía, tenía un mal presentimiento.

—Decirte algunas cosas —contestó él—. No distraigas a Terry. Sal de su vida lo más pronto que puedas; ten en cuenta que no tienes la… —guardo silencio por un segundo Candy vio que la miraba de la cabeza a los pies, para volver oponer sus ojos oscuros en los ojos de ella, y luego siguió— No tienes las aptitudes de la que debería ser la acompañante de Terry..

— ¿Acompañante?-- ¿Acaso ese horrible hombre la estaba insultando?

—Estoy trabajando muy duro para que sea el actor favorito del mundo, y sí, poco a poco se está convirtiendo en uno ¿no te has dado cuenta? Delante de él no eres más que una… plebeya. Estás manchando su imagen, estás denigrando su perfección, estás…

—Es decisión de Terry.

— ¡Anoche te beso por que estaba ebrio! —exclamó Robert—. Quién sabe qué tenía en la sangre para que… ¡hiciera tal cosa delante de todos!

—En todo caso que me lo diga él mismo.

— ¿No te has dado cuenta de que es todo un caballero? No te lo dirá nunca; no de frente. Podrá estar terriblemente arrepentido, pero no rompería el corazón de una fan.

—Pero…

—No, niña. Escúchame bien. Soy su mánager, sé lo que es mejor para él, y lo mejor para él es que salgas de su vida. ¡Desaparece! Haz como que nunca ocurrió—. A Candy empezó a dolerle el corazón.

—Usted será el mánager de Terry, pero no es nadie para tomar decisiones de su vida privada por él.

—Oh, ya veo lo que quieres, sólo estás buscando…

—. No tengo por qué estar discutiendo con usted, como tampoco tiene el derecho de insultarme—. Él le tomó el brazo otra vez cuando ella quiso alejarse—. Y si no quiere tener problemas legales por acoso será mejor que deje de tocarme e insultarme.

— ¡Niña tonta! —dijo soltándola—. Pareces tímida e inofensiva, pero eres peligrosa. Candy se alejó, y Robert Hatteway se quedó allí, mirando su espalda sin poderse creerse que esa niña no tuviera miedo

Candy siguió a paso rápido, pero sentía una piedra en la garganta por la ira que sentía. Todos, alrededor, parecían estar en contra de lo que sucedía entre ella y Terry; todos parecían desaprobarlo. Se detuvo cuando escucho voces animadas. Miro con mucho cuidado y se sorprendió cuando miró que era Terry acompañado de otro actor.

— Vas enserio con esa muchacha. —Estaban hablando de ella. ¿Por qué todos opinaban? .

— ¿Con la chica de anoche? Claro que no —contestó Terry, y Candy abrió grandes sus ojos al oír que lo negaba—. ¿Cómo se te ocurre algo así?

— ¿Por el beso que le diste, tal vez? Terry meneó su cabeza acomodándose el vestuario.

—La euforia después del éxito. Nos fue demasiado bien, ¿lo recuerdas? La gente estuvo satisfecha…

—Pero la besaste, y luego desapareciste un buen rato, imagino que con ella. De veras, Terry, sé sincero. Yo de verdad no te imagino…

—Que no, hombre, que no—. Candy cerró sus ojos. Era comprensible que lo negara, siempre abría sido muy discreto con su vida privada, pero luego lo escuchó decir:

—Sólo fue un besó, nada sin importancia, un beso más ya sabes como son los fans—. Ambos soltaron la carcajada, y escondida, Candy los miró con el corazón roto.

—Pero sera mejor que te alejes de ella.

—Se irá en unos días, no la volveré a ver; todo esto se olvidará y asunto arreglado.

—Ah, ahora podremos contar contigo sin distracciones. Terry otra vez se echó a reír, y Candy lloró sintiendo un terrible dolor en su pecho, un dolor como nunca imaginó tener. Sin que ninguno de los dos se percatara de su presencia, salió y corrió de vuelta al cuarto donde se estaban quedando Annie y ella. Por supuesto, tenía que ser de esta manera. ¿En qué había estado pensando para creer que Terry Graham podía fijarse en ella? ¿Alguien como él?, se preguntó al instante, sintiendo que la ira desplazaba al dolor. Trataba de ubicarse en el ayer, en ese momento tan bonito cuando él la besó y le dijo tantas cosas. ¿Había sido cierto eso? ¿No lo había soñado solamente? Porque ese Terry lindo no se comparaba con el que había visto hoy. Sólo había necesitado pillarlo desprevenido para poder ver su verdadera personalidad. Lo mismo le había sucedido con Elisa. Cuando llegó a la casa Legan, ella había estado emocionada. ¡Tenía una hermana! Elisa y ella tenían la misma edad, así que podrían jugar juntas, salir juntas, hacer todo juntas. Y Elisa era tan bonita… Y luego se dio cuenta de que era mala, tan mala y venenosa como una víbora. Pero ahora le estaba doliendo mucho más, porque había entregado su corazón. Sólo fueron unos besos, se dijo; no es para tanto. Sí lo era, porque la herida que le había dejado en el corazón era grande, y dolía. Era un imbécil, eso es lo que era. Anoche la había besado tan bonito, le había dicho cosas tan bonitas, pero… era una actuación. ¡Pero que tonta, Terry era un actor! Todo había sido una ilusión. Entró a la habitación que compartía con Annie y se dejó caer al cerrar la puerta. No, no puede ser que todo haya sido una mentira…

—Idiota —dijo entre dientes, con lágrimas saliendo una tras otra de sus ojos—. Eres un idiota, Terry Graham ¿Cómo puedes burlarte así?—el llanto llenó su boca y fue incapaz de seguir hablando, aunque sólo le hablaba al vacío.

— ¿Candy? —llamó Annie entrando a la oscura habitación. Encendió la luz y la encontró sentada en el suelo. Caminó a ella extrañada, y cuando vio que había estado llorando, le tomó el rostro, sentía que algo no iba bien.

— ¿Qué te pasó,?

— ¿Ya me puedo ir?

— ¿Y por qué te quieres ir?

—Estoy… cansada. Quiero… quiero irme, Annie—. Annie la miró sorprendida.

— ¿Qué sucedió?

—Nada.

—Entonces, ¿por qué estás así?

—Porque… alguien como yo… no encaja… en la vida de alguien como él.

— ¿Encontraste a Terry con una fan?

—No, no se trata de eso.

—Entonces qué fue. Ya sé que te dije antes que no estaba de acuerdo, pero no me imagino a Terry siendo…

—Terry no me interesa.

—Amiga…

— ¿Nos vamos? —preguntó ella poniéndose en pie—. Dijiste que este era el último lugar de la gira y ya acabó. ¿Podemos volver? —Annie suspiró poniéndose en pie también, la miró como si meditara en algo profundamente, y al cabo de unos segundos pregunto

— ¿Qué te hizo Terry, Candy? —Ella miró a otro lado tratando de controlar su voz y su respiración. No imaginó que escuchar su nombre le dolería.

—Nada.

—Bien, pero no te creo...

--Empezaré a hacer la maleta. -- Interrumpió a Annie.

—Y yo iré a comprar los vuelos por internet —contestó Annie, y salió de la habitación de su amiga.

Terry suspiró cuando al fin quedó solo. Había simulado irse también, pero volvió tan pronto como pudo. En cuanto Candice llegara, la llevaría a muchos sitios. Quería vivir esto con ella, le parecía que Candice se merecía todas estas cosas bonitas, y no se había dado cuenta de que él estaba ansiando compartirlas hacérselas vivir. Esta tarde, había tenido que decir cosas desagradables, pero no había tenido alternativa. Si no lo hacia empezarían a molestar a la chica, exponerla en los medios, y asediarla hasta que todo se arruinara. Lo habían hecho ya en el pasado.

No quería exponer a Candice a nada de eso, la quería completamente a salvo, y había tenido que ensuciarse la boca diciendo cosas tan bárbaras. Pero se lo contaría a Candice, para que estuviera preparada. Y le contaría cosas de él también, Sólo tenía una semana que la conocía, pero sus sentimientos crecían aceleradamente. Se estaba emocionando, se estaba enamorando. Confiaba en ella, sabía que podía contarle esas cosas delicadas de su vida. De alguna manera, lo sabía. Tomó su teléfono y comprobó la hora. Candice debía estar por llegar. Pero oscureció y ella no llegó. Tomó el teléfono para llamarla, pero Candice no contestó. Llamó entonces a Annie.

— ¿Dónde está Candice? —le preguntó de inmediato—. estoy… esperándola.

—Oh, olvídalo. Ella no irá a ningún lado esta noche.

— ¿Qué? No. Hablamos en la tarde, y me confirmó que vendría.

—Me alegra que Candice sea más inteligente de lo que parece. Se ha librado de ti justo a tiempo. —Terry guardó silencio por un momento, luego del cual, preguntó:

— ¿No vendrá?

—No.

— ¿Está molesta conmigo por algo? —Annie suspiró.

—No quiere estar en tu vida... en resumidas cuentas, no te quiere a ti.

—Imagino que es por lo que dicen sobre el beso —insistió Terry—. Pero ya pasará, siempre se olvidan al tiempo de los chismes.

—Candy es una chica inocente, su amor es puro y verdadero. No te lo dará a ti, Terry. No insistas.

—Pero…

—Annie cortó la llamada, y Terry se quedó allí,. ¿Qué pasó?, se preguntó. ¿Qué había ocurrido? Volvió a llamar a Candice, le dejó mensajes, le pidió perdón si acaso había hecho o dicho algo. Pero ella no contestó.

—No, no —se repitió, y volvió a llamarla, para escuchar solamente el vacío al otro lado. Tenía un nudo en la garganta que no se soltaba por más que tragaba saliva y respiraba profundo. Su idea había sido llevarla de paseo.

Ella no había venido, y todos esos planes románticos que había estado ejecutando en su cabeza se habían quedado en la nada, al igual que sus sentimientos.Ella no había venido, y ni siquiera se había comunicado para cancelarle, dejándolo completamente plantado. Tragó saliva cuando se dio cuenta de que, aunque ese detalle, o esa falta de detalle lo molestaba, no podía sentirse del todo furioso. Desde el fondo, había sabido que las cosas no eran posibles, que era demasiado bello para que alguien como él pudiera tenerlo.

Continuará...