CAPÍTULO 6.
— ¿Y quien es mi madre …? Exigió Terry.
—Todas las preguntas que ahora tengas, te las contestaré cuando aceptes tus responsabilidades.
—No, no —repitió Terry pasándose la mano por el cabello.
—Necesito tiempo.
--Has cumplido veintiún años, debes cumplir ciertos protocolos… Pero te daré un año, sólo un año para estar en mi lugar. Eso es todo.
Terry había terminado como un hombre podía llegar a estarlo. ¿Pero qué podía hacer? Su existencia era una aberración, una maldición. Seguramente se merecía todas las cosas malas que le pasaban y le seguían pasando, porque alguien como él no debía existir. Desde siempre, su existencia estuvo marcada. Él tenía que ser el Duque de GrandChester, le gustase o no. Su mamá, la mujer a la que lloro por mucho tiempo y guardo en su corazón frio. El único recuerdo que le daba un poco de luz en su alma seca, y a la que había creído muerta. Estaba viva. Viva, y era ni mas ni menos que la Actriz más resplandeciente de Hollywood. Ellynor Becker. La irá llegaba y lo embargaba, cada vez era más. Si su madre no hizo nada por acercarse a él, él no la buscaría tampoco. No quería ser él, no quería vivir, no quería existir, se hundía cada vez más en un agujero oscuro y profundo, pero nada que llegaba al fondo, nada que terminaba de caer. Estaba cansado, cansado de estar triste, de sentirse solo. Y si se moría, concluía en ciertos momentos. Si seguía vivo sólo le quedaría un estúpido título. Y Richard tendría su victoria. Todo lo que habría hecho carecería de sentido, todo habría sido para nada. Pero si moría, Richard se quedaría sin nada. Ese sería el mejor castigo del mundo, por obligarlo a ser el próximo Duque de GrandChester. Miró la botella y se la pegó a la boca, pero estaba vacía, busco en todo su apartamento de lujo, pero no tenía nada de licor, así que aunque le costó salió y detuvo un coche, pidiéndole al conductor que lo llevara a un bar, él taxista no dijo nada; sólo soltó los frenos y lo llevó allí. Aunque no le importaba nada, por que ya no tenía nada, no tenía auto, ni licencia, ni tenía a Candice. Su Candice. Sólo había sido una semana y se había enamorado, y entregado a ella, y Candice se había marchado sin darle un motivo, una razón. Y él tonto y estúpido, la había buscado en la universidad a la que sabía por ella que estaría, pero nada.
Y busco y busco, hasta debajo de la tierra. Y estuvo a punto de perder su vida, tan cercas estuvo por que lo habían detenido por ir conduciendo el mismo su automóvil a exceso de velocidad, como si no fuera poco, intento callar al agente con dinero. Y eso sólo había empeorado las cosas. La fotografía de su lindo rostro sobornando a un oficial, los artículos de cómo Terry Graham y con una carrera prometedora, en el teatro había caído luego de tocar el mundo desde la cima. Toda su vida era una constancia en las redes sociales y ni tan sociales.Hatteway había estado llamándolo, cuando por fin le contestó, fue sólo para escucharle decir que, si seguía así, lo expulsarían del teatro. Pero no podía, él maldito de Robert no podía por que Terry Graham, era el dueño de la mitad de Stanford. Y así pasaron días y semanas.Asqueado de si mismo, Terry quería empezar de nuevo, pero necesitaba un trago, llevaba dos días sin una gota de alcohol en su cuerpo, pero la quería la necesitaba, sólo que le daba miedo pensar que podía perder el control con sólo probarlo, otra vez. Y aquí estaba, mirando y sentado en un mueble del bar, en su mano un vaso con whiskey con hielo.
—¿No te decides a si la beberás, o no?— Dijo alguien sentándose en el sillón que estaba a su lado —. Terry bajó el vaso para mirar al recién llegado. Era un hombre joven, tal vez de su misma edad, vestido de tal manera que parecía un Callejero, pero la forma de hablar y los modales le hizo pensar en alguien con cierto poder, y sus facciones bien cuidadas no eran de alguien que recibe ordenes, El tipo era de cabello rubio claro, bien afeitado, y a pesar de la escasa luz del bar, pudo ver sus ojos tan azules como el cielo en verano. Miró. a los lados, pero nadie les prestaba atención, y este no parecía ser un fan que quería un autógrafo. Se preguntó si acaso lo conocía de algún lugar. Él tipo lo miraba sonriente. ¿Por qué le sonreía?
— ¿Te conozco?
—Su tono. era arrogante, y dejándole saber que quería estar sólo.
—Ya veo,-- sonrió -- No... nos conocemos —dijo el hombre con la misma sonrisa, ignorando el tono petulante de Terry—, pero me necesitas, no acostumbro hablar de mis buenas acciones--. Terry lo miró un poco sorprendido—.Te molesta si me siento —pregunto señalando el banco junto al suyo.
—En absoluto -- Respondió con sarcasmo. El desconocido nuevamente le sonrió y le extendió su mano.
—Albert —se presentó, y Terry no extendió la suya inmediatamente, pero lo miró elevando una ceja, al ver que el extraño no se rendía, estrechó su mano.
—Terry GrandChester... --Graham-- corrigió. —Albert hizo oídos sordos.
--No creo que te convenga empezar el día estando ebrio —eso hizo reír a Terry.
—Eso me han dicho. Entonces, permíteme agradecerte por haber tenido una buena intención con un desconocido —Albert soltó la carcajada, y con su dedo señaló el vaso que Terry sostenía.
—No me atrevo —contestó al fin Terry bajando la mirada. Hubo un largo rato de silencio en el que Terry miró el vaso de whiskey en la mesa.
—Llegará un momento en que ganarás un poco de confianza en ti mismo, y serás capaz de brindar con tus amigos sin el temor de perder el control.—Terry lo miró entrecerrando sus ojos.
—Tienes experiencia en esto —señaló, y Albert sólo se encogió de hombros.
—Fui un adolescente problemático —admitió..
—Te recuperaste —Albert guardó silencio por un momento, y su sonrisa.—Oh, se necesita de mucha fuerza de voluntad para sostener tu debilidad en tus manos y no caer en ella, créeme.
Terry se echó a reír. Empezaron a hablar. De alguna manera, Albert le inspiraba confianza; tenía sentido del humor , y era agradable, y a pesar de haberlo conocido en su peor momento, no lo censuraba. Estaba viviendo en Nueva York por negocios, aunque era de Chicago e iba a ver a su familia con frecuencia, y luego de hablar de sí mismo, le hizo soltar un par de cosas acerca de él mismo.
—Entonces Graham es sólo el nombre artístico.
--Si.Siguieron compartiendo los amargos de sus vidas, aunque en realidad era Terry quien le contó su vida, llevado por la sinceridad y el tono confiable y confortable de Albert, Terry se dejó arrastrar. Después de un buen rato, se intercambiaron teléfonos, prometiéndose hacer negocios, y luego de un tiempo, Terry pudo considerarlo más que un socio y amigo, Albert lo había ayudado en todo.
Meses Después...
Terry, estaba sentado en uno de los sofás negros mirando a la ciudad por un largo rato, y al ver a Hatteway volvió a la realidad. Estaban en una importante reunión con todos los integrantes de la compañía Stanford, y al decir todos, se refería no sólo a los actores, sino a los representantes y abogados de cada uno. Hoy expiraban los años de contrato que habían firmado.
—¿Estás preparado a que sigamos juntos?, ¿o no? -- pregunto Robert.
— ¿Tú quieres que sigamos juntos? -- Respondió Terry mirándolo con desconfianza.
—He ganado bastante dinero hasta ahora —contestó encogiéndose de hombros—. No me molestaría seguir.
—Ya llegamos a la cima. ¿Te ves cinco años más haciendo lo mismo?
—Hay actores en la última etapa de su vida. ¿Por qué nosotros no?
—Porque no nos juntamos porque quisimos, sino porque fuimos unidos en un concurso a puerta cerrada, que tú ofreciste. No éramos amigos cuando empezamos… aunque ahora seamos socios, no cambió mucho en ese entonces, para llamarte amigo.
—Pero somos amigos ahora, ¿no?
— ¿Lo somos? —Robert se echó a reír.
— ¡Claro que sí! A pesar de todos tus errores y tonterías—. Terry elevó sus cejas como preguntando: ¿ah sí?, y Robert estuvo muy dispuesto a seguir hablando—. Tienes que admitir que entre los actores fuiste tú el que más escándalos provocó. Estuviste a punto de llevarnos a la mierda, Tampoco no diste obras en un buen tiempo. Decaímos, y, aun así, cuando te recuperaste, te recibí de vuelta y te hice mi socio.
—Parece que debo estar eternamente agradecido por eso.
—Yo ya sabía que ese mal trago fue por esa niña rubia—rio Robert ignorando las palabras de Terry—. Incluso llegaste a parecer un loco enamorado por ella y luego el beso que rompió los corazones de tus fans. La foto salió en todos lados, no entiendo cómo… —Robert se detuvo al fin, pues Terry se había puesto de pie de repente acercándose y el rostro que tenía era de furia
—No te atrevas a reírte de eso.
— ¿Qué te pasa? —preguntó un poco preocupado
— Tú mismo dijiste que era una más.
—Ese no es tu problema. No te atrevas a hablar de ella.
—Tú la trataste como una más, se lo dijiste al otro actor esa vez. Yo tenía razón, habría destruido nuestra compañía. Es una suerte que esa chica hubiese obedecido mis concejos y hubo desaparecido.
— ¿Qué? —preguntó Terry sintiendo de repente que le faltaba el aire—. ¿Qué tienes que ver con eso?— Terry empezó a perder la cordura ¿Cuáles concejos?
—Pues que le advertí a la chica que debía alejarse de ti, y al parecer, fue por eso es que se fue; Y me hizo caso— Terry de repente sintió muchas ganas de pegarle a Robert.
— ¿Cuando?
—El día de las fotografías de la propaganda del cierre como ultima función —admitió con tranquilidad, sin saber que su vida estaba en peligro.— Tienes que reconocer. que he salvado a la compañía del desastre. Y tenía razón, tú casi acabas con todo..
— ¡Listos! —dijo la voz del representante de Terry entrando a la sala, saludando con un apretón de manos.
—Ya podemos empezar —dijo Robert separándose de Terry y encaminándose a una mesa enorme donde hablarían de cosas legales. Terry miró a todos lados, preguntándose si acaso Robert Hatteway había sido el que le arrebatara la posibilidad de ser feliz con Candice hacía un año. ¿Se había ido ella por las cosas que le dijo Robert? Era inocente. Pudo haberse sentido muy mal, y él no habría podido culparla por eso. ¿Habría sido por eso? Se dio cuenta de que no había dejado de buscar una razón. Desde que se había ido, cada vez que veía a una chica con sus señales, se giraba a verla otra vez. Había descubierto que le atraían sobremanera las rubias, sólo porque el cabello de Candice era rubio. A pesar de todos las mujeres que pasaron una noche con él, no había vuelto a sentir dentro de su alma la luz, la calidez y la calma que había experimentado cuando hablaba con ella. Y estaba descubriendo la razón por la que había perdido ese oasis de paz. ¿Quería seguir con esta gente diez años más? No, no quería. No tenía caso seguir; no necesitaba a Stanford para ganar dinero, ni para huir de Richard, como venía haciéndolo. Era un adulto que se valía por sí mismo.
Como era de esperar, el público no tomo la noticia bien. hubo llanto, reclamos, gente furiosa y hasta agresiva. La notícia de que la compañía Stanford cerraría al público, se había anunciado por Facebook, Twitter, Instagram, Noticieros, Youtube, e Internet, hacia una semana pero conforme fueron pasando las semanas, todo se fue calmando. Y luego de unos meses se filtró la noticia de que Terry Graham pensaba iniciar una compañía de teatro. Robert Hatteway le escribió furioso, diciéndole que se sentía estafado, robado. y luego de una semana le ofreció ser su mánager. Ni loco -- pensó Terry.
La noticia que le dio la vuelta a todos los canales de televisión en diferentes idiomas, fue cuando la corporativa de ABC ubicada en el barrio Upper de Manhattan en la Ciudad de Nueva York, revela el nombre de los dueños,. No uno, Dos hombres que dirigirán la cadena de Televisión más importante de América: A quienes conoceremos en la gala de la compañia. Los nuevos proyectos en la estructura del programa televisivo segmentado y cortado para infocomerciales, y construcciones programáticas compleja. Promete grandes cambios para el público.
El evento es esperado por los empresarios más importantes, para estrechar lazos ventajosos.
—Señor, El señor William ha estado llamando. Pidió que en cuanto llegará suba de inmediato a la sala de juntas. --Le informó su asistente con preocupación.
—Está bien.
—Todo marchaba a la perfección y dentro de los plazos fijados. --Le dijo Albert a su socio en cuanto este entró a la sala de juntas.
— Excelente. Ahora necesito los contratos que debemos preparar para las modelos.
—Aquí están. ¿Puedes encargarte de las entrevistas?
-- Cuenta con ello hoy mismo. -- Comentó Terry-- Pero habrá que buscar empleados especializados en actividades profesionales para decorar y diseñar los espacios para los demás más proyectos importantes.—Si. Ya estoy en eso, y todo está bien. --Y era verdad Albert sabía que los negocios estaban marchando muy ventajosos.
--Aquí tienes los datos de las modelos —Albert dejó una carpeta sobre la mesa.—En cuanto tengas a la modelo elegida me avisas y la llamaré para que lo firmen.
—Perfecto --aseguro Terry.
—No te olvides de incluir la cláusula de exclusividad de las fotografías y localizaciones.
—Vale.
Elisa Legan se puso de pie delante de Terry casi ansiosa por ser el centro de atención por él y sólo él. Pero no tenía que hacer esfuerzo para eso; ya su vestido hacía casi todo el trabajo, muy ajustado, corto y de color rojo. Terry extendió una mano invitándola a sentarse, y Elisa así lo hizo, con su espalda muy recta, pero consiguiendo el mejor ángulo para que él se fijara en su escote.
Continuará
